…Hunter se dirigió desde el hogar de los Sterling, directamente a la que fuera la casa donde él y Helena vivían juntos. Cuando llegó a la puerta de entrada, si bien podría haber ingresado utilizando el codigo para desbloquear la traba, Rick prefirió tocar el timbre ya que en realidad hace varios días que no estaba viviendo allí, y quería respetar la privacidad que Helena le había exigido cuando decidieron de común acuerdo que por el momento lo mejor para ambos era que Rick se mudara por un tiempo a las barracas del SDF-3.

Cuando Helena abrió la puerta, un delicioso aroma a pollo a la cacerola envolvió todos los sentidos de Rick Hunter.

–Tuve durante todo el día un extraño presentimiento que vendrías a verme –dijo una sonriente Helena.

–Y por eso preparaste mi plato favorito –le respondió Rick con otra sonrisa.

–Pasa, piloto –le indicó Helena de manera cariñosa mientras le señalaba con la cabeza que ingresara al que había sido su hogar–. Todavía no cené. ¿Quieres acompañarme?

–Claro –contestó Hunter mientras se la hacía agua a la boca de solo pensar como iba a saborear ese manjar que su esposa sabía hacer tan bien, solo para él.

Pasaron gran parte de la cena conversando sobre cómo habían pasado el día, que cosas bizarras les había ocurrido a cada uno, e incluso Rick le contó a Helena como habia descubierto que Max hace tiempo que jugaba en línea con Archer y él se acababa de enterar recién ahora.

–¿Te molesta que nuestro adorado Max te haya dejado de lado por otro piloto? –bromeó Helena con Rick.

–No…, en absoluto. Solo que a veces siento que estoy demasiado enroscado en las responsabilidades de ser un Almirante y me olvido de relajarme un poco con mis afectos.

–Ven –le indicó Helena a Rick para que se sentara a su lado en el sofá–, voy a hacerte esos masajes que tanto te gustan.

Rick se acomodó de espaldas a Helena, y se dejó masajear los hombros por esos dedos mágicos que siempre sabían dónde tocarlo para lograr que todo su cuerpo se aflojara.

Gracias…– dijo Rick en un suspiro cuando Helena concluyó.

Ambos estaban enfrentados, y Helena le estaba haciendo caricias en el cabello revuelto de Rick.

–¿Qué pasa? –dijo la mujer casi en un susurro mientras lo miraba a los ojos.

–No estoy siendo del todo sincero contigo –dijo con tristeza Rick.

Helena sonrió. Ella ya sabía lo que Rick tenía en su confundido corazón mucho antes de que él mismo se diera cuenta.

–Lo sé. Creo que ambos sabíamos que esto podía pasarnos el día que el SDF-3 se encontrara con el SDF-2. Pero no eres el único al que le pasan cosas. Yo… –la duda de seguir contándole a Rick trabó a Helena por un momento–, también estuve reviviendo mi pasado –confesó algo avergonzada.

–Ja…, lo sabía. Estuviste viéndote a escondidas con Archer.

–No fue a escondidas –se defendió–, pero si nos encontramos un par de veces.

–Mhmm...

–¿Qué? –preguntó Helena a la defensiva.

–¿Solo…, viéndose? –se burló Rick intrigado.

Helena se sonrojo. La conversación con Rick se estaba poniendo escabrosa y ella se sentía algo avergonzada al respecto.

–¡Claro que sí!

–¿Me estás diciendo que estuviste "viendote" con el Gigante Asesino de manera furtiva en el hangar y que él no intentó absolutamente nada?

–¿Cómo sabes que nos vimos en el hangar? –le preguntó sorprendida.

–Soy el Almirante de esta nave. Tengo ojos, ¿o no?

–Uf. De acuerdo –se sonrojó por un momento Helena–. Quizás intentó besarme…, pero definitivamente sabes que soy una mujer muy difícil…, y además soy una mujer casada.

Rick estaba totalmente de acuerdo con Helena. Ella no era una mujer con el sí fácil. De hecho cuando se dió cuenta que la quería más allá que solamente como amiga, y quiso comenzar una relación con ella, Helena fue un hueso duro de roer. Pero en ese entonces el desafío de querer tenerla hizo que Rick la deseara aún más.

Mirándola a los ojos, le acarició el cabello rojizo, acomodándole algunos mechones rebeldes detrás de su oreja, y luego colocó su mano en la mejilla de Helena para acariciarla suavemente.

–Eres demasiado especial, y me salvaste de mi propia autodestrucción, pero es injusto de mi parte retenerte cuando me estás pidiendo que respete tus espacios para replantearte las cosas. Para replantearnos nuestras cosas. Y si soy sincero contigo, yo también necesito ese espacio para entender que me pasa.

Con los ojos llorosos, Rick lentamente comenzó a quitarse su anillo de bodas, para luego apoyarlo sobre la mesita frente al sofá.

–Ahora eres completamente libre –dijo Hunter mientras se le caía una lágrima rebelde.

Cuando Helena vio el anillo de Rick brillando contra la tabla de madera le dió un escalofrío. Como pareja habían tenido sus momentos difíciles. Helena lo habia echado enfurecida una vez, y por momentos, cuando se sentía débil por su enfermedad, trataba de aislarse de todos, incluso de Rick. Pero durante todo ese tiempo Hunter nunca se dió por vencido. Jamás se quitó el anillo aunque Helena hace tiempo que no usaba el de ella. El saber que su marido a pesar de todo aún usaba el símbolo de su unión como esposos era algo que Helena en secreto valoraba. Pasara lo que pasara, Hunter aun seguía unido a ella. Ese amor que se habían jurado el día que se casaron, aún latía dentro de su corazón. ¿Pero ahora, Rick ya no la amaba, o realmente la amaba tanto que la estaba liberando de ese hilo que la mantenía atada a él, dándole la libertad de descubrir lo que realmente ella necesitaba para sentirse completa?

–¿Quiero…, uf…, quiero pedirte algo más? –dijo Hunter hablando con dificultad–. Quiero que le des una tregua de tres meses.

Helena se sorprendió al escuchar que fuera el propio Rick quien le pidiera que ella le diera una tregua a Archer. Cuando Helena aceptó ser oficialmente la novia de Hunter, y ellos comenzaron a salir más como pareja que como amigos, Rick se dio cuenta que a partir de ese momento ella comenzó a comportarse de manera escurridiza. Como si el estar comprometido con alguien fuera la causa de un montón de dudas e inseguridades que la atormentaban.

En ese entonces, Rick Hunter le pidió una tregua de tres meses a Helena. Si en tres meses ella estaba segura que no quería tener nada con él, se apartaba y Rick no volvería a molestarla.

Al sacarle ese peso de encima a Helena, teniendo ella la libertad de romper el compromiso de noviazgo, ella pudo relajarse y lograr abrir por completo su corazón a Rick, comenzando un intenso romance que al cumplir los tres meses estaba tan sólido que nunca más necesitó alejarse de su lado.

En cambio la relación de Helena con Jack Archer en el pasado,habia tenido sus idas y vueltas. No habían logrado tener como pareja una relación continua en el tiempo. Ellos vivieron momentos de mucha felicidad pero de forma totalmente fragmentada cuando ambos trabajaban juntos en Base 6. Pasaban fines de semana increíbles donde el corazón de Helena explotaba de alegría, o transcurrían varias semanas hundida en la tristeza absoluta por algún malentendido de un intercambio en el TacNet.

Helena no podía creer que Rick le estuviera pidiendo que ella se dé la oportunidad de forjar una verdadera relación junto a Jack Archer, tal cual lo habia hecho en el pasado con Hunter.

–¿Y si cuando termina la tregua me doy cuenta que aún quiero continuar con él?

–Si ese día llega, entonces lo nuestro solo será un hermoso recuerdo –le respondió Rick. Ya tenían ambos los ojos completamente llenos de lágrimas, y suavemente, mientras Rick le estaba secando la mejilla a Helena con su pulgar, se acercó a ella y la besó de forma tierna en sus labios. Rick se tomó su tiempo para saborear sus tiernos labios, y frotar la punta de su nariz en la suavidad de las mejillas de Helena.

Mientras la abrazaba posesivamente contra su cuerpo, sintiendo la sensualidad de sus curvas y la calidez de su aliento, una ola de emociones lo invadió. Comenzaron a sucederse en su mente los recuerdos más felices que compartieron como pareja.

El día que la beso por primera vez. Cuando hicieron el amor luego de haberle propuesto matrimonio. Su primer aniversario de casados. La fogosa reconciliación que tuvieron luego de una estúpida pelea a raíz de un falso artículo publicado sobre una supuesta infidelidad de él junto a Minmey. El día que nació Maia Sterling y ambos se miraron a los ojos cuando abrazaron a esa adorable niña deseando poder tener un hijo juntos. El día que Helena lloró hasta la madrugada cuando le informaron que su enfermedad estaba avanzando y su pronóstico no era alentador. El día que Helena lo echó por primera vez de la casa por haberse comportado como un piloto temerario en lugar de ser un sensato Almirante, y esa misma noche ella fue a buscarlo a la barraca usando una lencería tan sexy que Hunter no podría olvidarlo jamás. Siete largos años de matrimonio con sus altos y también con sus bajos.

Tantos recuerdos, tantas historias compartidas, tanta reciprocidad, tanto amor. Con ese abrazo Hunter se estaba despidiendo de la mujer que lo habia rescatado de su propio infierno personal y le habia demostrado que valía la pena intentar ser feliz nuevamente a pesar de los duros golpes que le había dado la vida.

Te amo, Helena. Nunca lo olvides.

Ella apoyó su cara sobre el cuello de Rick y comenzó a sollozar.

–¿Por qué duele tanto? –dijo ella mientras intentaba estabilizar su respiración.

Rick se mordió sus labios porque también estaba angustiado. Beso la humedecida mejilla y mirándola a los ojos se despidió: –Duele porque fue hermoso. Pero los dos queremos algo más. Algo nuevo. Algo diferente. Es mejor ahora que más adelante cuando alguno de los dos, o ambos, salgamos lastimados– explicó Rick para darle algún sentido a la tristeza que sentía en su corazón–. Si en tres meses él no logra hacerte feliz, estoy dispuesto a volver a ponerme esa sortija. Quiero que la guardes junto con nuestro anillo de compromiso. Sé que lo tienes guardado en tu alhajero. Estoy dispuesto a volver a usarlo si me lo pides. Podemos intentar algo nuevo, diferente. Pero quiero realmente dejarte libre antes de volver a estar juntos, si es que alguna vez volvemos a intentarlo.

–¿Y si ella te propone darse una oportunidad durante estos tres meses?

Rick suspiró agobiado. No solo estaban hablando de Archer aunque no se habían animado a nombrarlo. El fantasma de Lisa Hayes también estaba presente en esa despedida. Pero Hunter no podía responderle a Helena esa pregunta, porque era una respuesta incierta para él.

¿Qué pasaría si Lisa decidiera no casarse con Riber, y en lugar de eso, le pediría a Rick vivir juntos como lo habían hecho hace tiempo en Ciudad Monumento, antes de que Hayes partiera al espacio en el SDF-2?

–No creo que eso pase –dijo Rick con algo de remordimiento.

–¿Pero y si pasa? –insistió Helena.

Rick le habia dado a Helena la libertad que ella tanto le reclamaba dejándola estupefacta. Ahora era el turno de Helena de sacudir al taciturno piloto y hacerle ver que no debía desaprovechar ninguna oportunidad.

–¿Qué crees que deba hacer? –preguntó algo inseguro Rick. Aunque sabía cuál era la respuesta a esa pregunta, no quería lastimar a Helena. Rick quería asegurarle a Helena que él la esperaría sin buscar a ninguna otra mujer, ni siquiera a Lisa Hayes, si era algo que ella verdaderamente se lo pedía. Incluso la esperaría a sabiendas de que una vez que Archer la tuviera en sus brazos, no la largaría jamás. Pero Helena le habia dado tanto amor incondicional a Rick durante todos estos años, que ella se merecía eso y mucho más.

–No quiero que desaproveches ninguna oportunidad –le respondió la mujer con seriedad–. ¿Me lo prometes?

Una vez más Helena le demostró cuánto tenía para dar. Podría egoístamente decirle que rechace la posibilidad de estar con Lisa por tres meses, hasta ver si lo de ella con Archer funcionaría o por el contrario resultaría sería un terrible desastre. Si ese fuera el caso, lo lógico sería darse una tercera oportunidad junto a Rick dejando esa puerta abierta. Pero en lugar de pedirle que se sacrificara, ella también lo dejó libre.

–No te merezco, ¿lo sabías…? –sonrió Rick.

Tomó la mano de Helena en la suya, y la besó con suavidad. Luego se levantó para irse, y Helena lo acompañó hasta la salida. Antes de abrir la puerta se volvieron a fundir en un tierno abrazo. Ambos podían sentir los latidos del corazón del otro. Estaban sintiendo la calidez del cuerpo del otro, quizás por última vez.

–Descansa –dijo mirando a Helena a los ojos, aun sosteniéndola entre sus brazos–. De todos modos debo reconocer que últimamente te veo mejor que nunca. ¿Será porque ya no estoy acá, molestándote como siempre?

–Tonto…– respondió Helena golpeandolo con suavidad y de manera burlona el brazo a Rick–. Es el nuevo remedio que desarrolló el Dr. Lang. Realmente es un genio. Me está haciendo efecto y me siento renovada. Incluso me dijo que revirtió alguno de los efectos colaterales de la antigua medicación. Ya no tengo casi calambres…

–Excelente.

–Sí –sonrió–, y me dijo que lo más probable, cuando esté tomando la dosis completa y esté totalmente recuperada, pueda intentar quedar embarazada –dijo con ilusión Helena.

–Guau…–sonrió Rick. Sabía de los deseos de Helena de convertirse en madre, y como el medicamento que había estado tomando a diario todos estos años para contrarrestar su rara enfermedad, le habia coartado esa ilusión.

Con más razón, Rick se dio cuenta que si verdaderamente pensaban que aún era posible tener un futuro al lado de Helena, e incluso planificar tener un hijo juntos, debían hacerlo como un verdadero matrimonio, no como una pareja a medias, por lo que el tiempo de estar separados sin ataduras era más necesario que nunca.

De todas maneras, una vocecita dentro de él le decía que era muy probable que Archer le ganara de mano.

–Vas a ser una madre espectacular –le aseguró Rick.

Abrazándola nuevamente, Hunter besó el cabello rojizo de Chase y algo abrumado por todo lo que se habían confesado mutuamente con Helena, Rick se dirigió hacia su barraca para descansar…