…El interno de la oficina del Almirante Hunter comenzó a sonar sin parar. Rick estaba algo concentrado leyendo unos e-mails sobre el abastecimiento de municiones para los VT, cuando lo interrumpió la molesta chicharra de su teléfono.
–Hunter –dijo Rick de forma abrupta cuando levantó el tubo.
–Hola, Rick –lo saludó Miriya–. Me pidió la molesta de mi hija que antes de salir a patrullar te haga recordar lo que le prometiste anoche –le recordó la meltran sobre el partido de fútbol de Dana contra el equipo femenino del SDF-2–. Max está en los simuladores con unos jefes de escuadrones practicando algunas nuevas maniobras, así que no va a poder ir tampoco.
–Uff…, ¿A que hora empieza?
–En dos horas. Ya sabes como se pone mi hija si llegas tarde. Saca a relucir su ADN Zentraedi.
–Le prometí que iría así que no voy a fallarle. Voy a estar allí. Suerte con tu patrulla, Águila Uno.
–Ja…, seguro prefieres estar en mi lugar en una aburrida patrulla sobre un avión, que alentar a un par de adolescentes jugando al fútbol. Hazme un favor, saca algunas fotos si Dana llega a meter un gol. Hasta luego, jefe –cortó Miriya abruptamente la conversación.
Rick no pudo dejar de sonreír al escuchar las ciertas palabras de su alocada amiga. Definitivamente preferiría estar volando que respondiendo unos aburridos y abrumadores e-mails. Pero también reconocía que le gustaba ser alguien especial para su ahijada, incluso complaciendo al Pequeño Demonio aceptando convertirse en su cábala para algún partido importante donde ella compitiera.
Mirando la hora, Rick se dió cuenta que al terminar el partido ya no tendría sentido el regresar a la oficina para resolver ningún problema por e-mail, por lo que aprovecharía ese tiempo para hacer una breve salida al espacio con su avión, el Alfa Uno. Pediría a los mecánicos del hangar que se lo tengan preparado para más tarde.
–Almirante Hayes, tiene una visita –dijo Julie Andersen a su jefa.
–¿Quién es, Teniente?
–El Comandante Riber.
–Que pase –respondió gratamente Lisa por esta inesperada visita.
–Hola Lizzie. ¿Cómo estás? –la saludó Karl con alegría.
–Con mucho trabajo como siempre, pero muy contenta de que estés aquí.
–Le pregunté a la Teniente si tenías la agenda ocupada, y me dijo que pensabas retirarte temprano, así que decidí venir a buscarte para pasar tiempo con mi novia. Además ayer en la cena querías hablar conmigo pero tus hijas no nos dejaron solos ni un minuto.
–Es que estaban muy contentas con el rompecabezas que les regalaste. Realmente les fascina armarlos.
–Solo seguí tu recomendación cuando lo compré. Quería llevarles algo que realmente pudieran disfrutar.
–Les encantó. Fue todo un éxito.
–Tanto éxito tuvo el rompecabezas que no nos quedó otra alternativa que armarlo todos juntos anoche. Yo quería estar a solas con la mujer más hermosa del SDF-2 pero ayer se me frustró esa oportunidad –dijo Karl con un brillo especial en sus ojos que Lisa notó de inmediato.
–Mmm. Estoy por terminar este informe y en un rato soy toda tuya. ¿Podrías esperarme unos minutos? –dijo una sonriente Lisa.
–Seguro.
Mientras Karl la esperaba descansando en el sillón que Lisa tenía en su oficina, ella terminó de redactar el último argumento del informe que estaba preparando, donde refutaba la acción a su juicio equivocada que habían adoptado un grupo de Tenientes e Ingenieros que estaban bajo el control del Vicealmirante Edwards relacionado a un inconveniente de abastecimiento de agua, la cual en realidad no solucionaba la raíz del problema. Cuando finalmente terminó, dio un largo suspiro por el agotamiento que le generaba estar en constante alerta controlando lo que hacía o dejaba de hacer su Vicealmirante a cargo.
Cuando terminó de cerrar su computadora y prepararse para salir junto a Riber, su teléfono celular comenzó a sonar. Al ver el contacto que aparecía en la pantalla se alarmó un poco. La llamada entrante era de Jack. Archer solo la ubicaba en su celular por temas personales. Quizás algo le había pasado a alguna de sus hijas.
–Karl, me esperas un momento. Tengo que atender esta llamada.
–Claro –respondió despreocupado el científico.
–Hola, Jack. ¿Pasó algo?
Cuando Riber escuchó que Lisa estaba conversando con su ex-marido, Karl se tensó de inmediato. Odiaba con todo su ser a ese piloto arrogante que había logrado convertirse en el esposo de su bella y dulce Lizzie antes que él. Karl no podía entender cómo era posible que Lizzie terminara desposándose con alguien completamente opuesto a sí mismo. Si hubiera elegido como esposo a algún científico, podría llegar a entenderlo. Pero enamorarse de un militar, cuando Lizzie siempre se había quejado del trabajo de su padre, y encima a alguien como Archer que además era piloto, los cuales tenían la reputación de ser demasiado temerarios, era elegir como pareja a un hombre situado en el extremo completamente opuesto a lo que Riber representaba.
Karl podía no estar de acuerdo con ser un temerario, pero ciertamente no era ningún cobarde. Cuando era estudiante de ingeniería él había formado parte como voluntario al destacamento de Bomberos y se había enfrentado al peligro para salvar vidas en varias oportunidades. Pero tener que salvar vidas matando a otros era algo que Karl no podía tolerar, ni siquiera con el pensamiento. Era un pacifista extremo. Siempre lo sería. Incluso hoy en día, a pesar de haber pasado tantos años en cautiverio, pensaba que la única solución para no tener que terminar alistado en algún destino militar participando de un enfrentamiento con otro ser humano, había sido el recluirse en Marte como investigador.
Por eso Karl desconfiaba de Archer, desde siempre. Cuando él estaba lejos en Marte, Lizzie le relataba qué cosas hacía durante el día, y gran parte de sus historias giraban en torno al tiempo que pasaba junto a ese piloto. Por eso cada vez que lograba comunicarse con ella y escuchaba lo que Lizzie hacía junto a Archer, los celos de Riber iban en ascenso. Un día Karl explotó de bronca y frustración, teniendo con Lizzie su primera pelea de pareja. La distancia física entre ellos empeoró aún más las cosas para lograr una pronta reconciliación. Riber tenía la sospecha de que alguien como Archer seguramente intentaría hasta el cansancio tratar de conquistar a una mujer tan especial como lo era Lizzie. El piloto de seguro aprovecharía la ausencia de su prometido quien estaba localizado en otro planeta para lograr su conquista. Finalmente ese maldito con suerte tuvo su recompensa, convirtiéndose en el primer esposo de Lizzie.
Pero ahora, después de veinte años, Riber estaría rectificando su gran error. Lizzie se convertiría finalmente en la Sra. Riber, tal y como debió ser desde un principio.
–De acuerdo, Jack... No te preocupes… No es necesario que te apures en concluir lo que estás haciendo junto a los líderes de escuadrón. Hazlo tranquilo…Sí… Yo me ocupo de llevar a las chicas a la práctica de fútbol… Sí, yo les aviso que su papá después va a pasar a buscarlas cuando terminen el entrenamiento… Hasta luego… –Lisa exhaló cuando cortó la llamada. Mirando con un poco de remordimiento hacia Karl, a Lisa no le quedó otra alternativa que convencer a su prometido de hacer un pequeño desvío en sus planes: –¿Te molestaría acompañarme a buscar a mis hijas a la escuela? Te prometo que será algo rápido. Después podemos estar los dos solos –dijo ella abrazándolo cariñosamente–. ¿Te parece?
–No hay problema –contestó el científico algo resignado.
Lisa y Karl partieron de la mano a retirar a las hijas de la joven Almirante por la escuela. Luego los cuatro se dirigieron al sector polideportivo donde las niñas hacían su entrenamiento. Al llegar, se dieron cuenta que había más gente que la habitual. Ellas se acercaron corriendo a su entrenador para saludarlo, y Karl lo reconoció como el doctor que sutilmente lo había invitado a retirarse cuando estaba visitando a Lizzie en el hospital.
–Hola entrenador –dijo Grace.
–Buenas tardes, pequeñas.
–¿Por qué hay tanta gente? –preguntó Sara.
–Hoy vino un equipo de la otra nave para jugar contra nosotros.
–¿Las chicas tienen partido hoy? –preguntó Lisa algo preocupada ya que no quería obligar a Karl a quedarse a ver jugar a sus hijas.
–No Almirante –le contestó John Erickson de manera formal. Si bien en la intimidad él la llamaba cariñosamente Beth, frente a los demás siempre había mantenido la formalidad, tratandola con el respeto que ella se merecía por ser la oficial de más alto rango a bordo–, pero vamos a alentar al equipo de la categoría mayor que sí va a competir. Además quiero aprovechar para que mis jugadoras vean como se desenvuelve el equipo superior en la cancha, para poder hacer luego una charla táctica con el grupo enseñándoles nuevas estrategias de juego.
–¿Mami, vas a quedarte para alentar a nuestro equipo?
–Mmm… –murmuró Lisa algo insegura mientras miraba de reojo a Karl–, hoy no es un buen día, preciosa. La próxima vez, si el entrenador me avisa con anticipación, intentaré hacerme un rato para ver aunque sea el primer tiempo. ¿De acuerdo?
Su hija se encogió de hombros y ambas gemelas se alejaron hacia las gradas donde sus compañeras verían el partido.
–Almirante, quizás pueda acercarse al grupo de jugadoras para darles una palabras de aliento antes de irse– le sugirió John.
–De acuerdo. ¿Cómo se llama el entrenador de la liga superior?
–Jaime.
–Bien, gracias John –le dijo Lisa con una suave sonrisa que no pasó desapercibida para Karl Riber, quien quería irse de allí lo antes posible.
Mientras Lisa se dirigía hacia el grupo de jóvenes para darles palabras de aliento, los dos hombres se quedaron observándola en un incómodo silencio, uno al lado del otro.
–¿Usted además de ser el doctor de Lizzie también le sobra tiempo para ser entrenador de fútbol de sus hijas? –preguntó con altanería Karl.
–Si, así es –respondió orgulloso John Erickson–. Es casi un hobby para mi, aunque me lo tomo con el compromiso que se merece. ¿Y usted, además de ser el ex-novio que la dejó sola para escaparse a Marte, ahora la juega de futuro esposo comprensivo y responsable?
–¿Perdón?
–Creo que me escuchó –dijo John bastante serio.
–¡No la deje sola! –se defendió Karl–, ella vivía con su padre.
–Sí claro. Porque ella se llevaba tan bien con el Almirante –ironizó John.
Si algo sabía el Dr. Erickson, es que el padre de Beth estaba en contra de que su hija avanzara en su carrera como militar especializada en naves espaciales, y por eso ella había ingresado al mundo de la moda para fastidiarlo y lograr doblegarlo, cosa que ella logró bastante rápido.
–¿Conoció al Almirante? –preguntó Karl Riber sorprendido.
–No. Pero ví como ella padecía la mala relación que tenía con su padre por estar siempre en desacuerdo con él. Y también recuerdo lo mucho que ella sufría por la ausencia de su "prometido". Espero que sus intenciones sean sinceras Riber, porque si llega a lastimar a Beth de nuevo me va a conocer enojado.
–¿Beth? –preguntó indignado Karl–. A ella no le gusta que le digan así.
–¿A no? ¿Cómo puede estar tan seguro?
–Lo sé porque fuí y soy su prometido. ¿Y usted quién se cree para tener semejante confianza con Lizzie?
–Lamentablemente yo soy su ex-novio, mi querido amigo –dijo con frustración–. Pero usted no puede reclamarle nada a Beth porque como dice el refrán: el que se fue de Sevilla, perdió su silla; y usted se fue no solo de Sevilla, sino que se fue del Planeta Tierra –se enojó el antiguo compañero de Lisa Hayes. Erickson espero un breve momento antes de continuar para que sus duras palabras penetraran en la cabeza del idiota que tenia enfrente–. ¿Cuáles son sus intenciones con Lizzie? –preguntó enfatizando el sobrenombre que Karl Riber le daba a Lisa Hayes.
Riber se molestó al escuchar esas crudas palabras en boca de alguien que no lo conocía. Lo estaba juzgando sin saber lo mucho que tuvo que liderar por estar enamorado de la hija del Supremo Comandante del Ejército, siendo él un pacifista acérrimo.
–Solo quiero hacerla feliz… –explicó Karl.
–Eso espero. Porque sino va a tener una larga fila de ex-novios queriendo darle su merecido, Riber.
«¿Ex-novios? ¡Qué diablos! Pensé que Lizzie solo había estado con Archer y nadie más. Pero al parecer también estuvo con este doctor y con algunos más.»
En ese momento Lisa regresó con una sonrisa. Dar charlas de motivación antes de un partido había sido algo estimulante para la joven Almirante.
–¿Cómo estuvo? –preguntó John viendo la cara de satisfacción de Lisa.
–Por como las motivé, deberían ganar el partido.
–Ojalá que así sea. Con permiso –se excusó el doctor–, mi grupo me espera.
Antes de alejarse hacia las gradas donde estaban sus alumnas para ver el enfrentamiento deportivo entre el SDF-2 y el SDF-3, John Erickson miró por última vez con ojos amenazantes hacia Riber, advirtiéndole al científico que estaba dispuesto a defender a Lisa si él volvía a lastimarla.
–¿Vamos? –preguntó Karl algo impaciente.
–Si. Estoy lista –respondió Lisa Hayes.
Cuando la pareja estaba por dirigirse hacia la salida, un fuerte alarido se escuchó del otro lado de la cancha.
–¡LISA!
Al darse vuelta, la Almirante Hayes ve a una joven adolescente con una corta cabellera rubia corriendo a toda velocidad hacia su dirección. Cuando la joven se detuvo delante de ella con la respiración agitada por la corrida y una gran sonrisa en su cara, Lisa pudo darse cuenta que tenía frente a ella una réplica exacta de Max Sterling con una pizca de Miriya Parino.
–¿Dana?
–Si tía Lisa, ¡soy yo! –respondió entusiasmada la hija mayor de los Sterling.
–¡No puedo creer lo mucho que has crecido! Es increíble lo grande y hermosa que estas –dijo emocionada Lisa Hayes.
–¿Viniste a ver el partido? Sé que eres la Almirante del equipo contrario pero como mi madrina deberías alentar un poco también a mi equipo. ¿No crees? –Lisa iba a contestar pero Dana no le dió tregua–. Me contó tía Helena que tus hijas juegan al fútbol al igual que yo. ¿Están aquí? Tío Rick me dijo que cuando las viera las iba a reconocer enseguida porque eran una copia exacta a su madre. Dijo que eran unas Mini-Lisa. Bueno pero en realidad ahora no puedo saludarlas porque mi entrenador está por darnos la charla técnica que siempre nos da justo después de terminar de entrar en calor, así que debo regresar al vestuario, pero no quería dejar de saludarte, tía Lisa. Mamá me contó que vamos a usar una corona de flores junto a tus hijas en el casamiento. Estoy tan entusiasmada. Va a estar genial conocer finalmente a mis primas. Ya siento que voy a adorarlas. Por cierto Lisa estas igual a como te recordaba. De todas mis tías siempre pensé que eras la más hermosa. Pero no se te ocurra decírselo a las demás. Mucho menos a tía Vanessa o a tía Sammy. Bueno, debo irme, adiós –se despidió Dana dándose la vuelta para regresar con sus compañeras de equipo a concluir con la entrada en calor.
–¡Dana! –exclamó Lisa enseguida. La adolescente retrocedió mirando a la mujer que tanto la habia cuidado en su niñez y vió como ella le estaba abriendo sus brazos para darle un abrazo.
La joven se acercó a su madrina y se dejó envolver por su calidez. Ese amoroso abrazo hizo retrotraer a Dana a su temprana niñez, recordando como siempre terminaba a upa de Lisa, quien consentía todo el tiempo a su ahijada jugando durante horas con ella. Mientras estaban fundidas en un fuerte abrazo, Lisa le susurró al oído:
–Espero que ganes el partido… No se lo digas a nadie. Mucho menos a mis hijas. Será nuestro pequeño secreto. Te quiero, Pequeño Demonio.
–Yo también te quiero mucho, tía Lisa –le respondió mientras aún seguían abrazadas.
Cuando Dana se alejó corriendo tan rápido como había llegado, una sonriente Lisa Hayes miró a Karl con felicidad para finalmente ir junto a él a su casa. Al ver a su prometido, se dió cuenta que él tenía una cara seria. Demasiado seria. Enseguida Riber la tomó de la mano y comenzó a arrastrar a Lisa con paso acelerado, alejándola de allí. Cuando estaban a mitad de camino, Lisa se cansó de que Riber la estuviera tironeando todo el tiempo, y con enfado se soltó de su agarre.
–¿Qué demonios te pasa Karl? –dijo Lisa enfrentando a su novio en la mitad de la calle.
–No me dijiste que invitaste a los Sterling a nuestro casamiento.
–¿Qué? –preguntó Lisa sorprendida.
–No sabía que eras tan cercana a los Sterling como para ser madrina de su hija mayor. Vi como saludaste de manera afectuosa a la Coronel Parino el primer día que nos vimos, y también como bailaste con el General en la fiesta, pero creí que todo eso era mera cortesía de ambas partes. ¿De verdad Dana Sterling va a usar una corona de flores?
–¿Conoces a Dana?
–Toda la tripulación del SDF-3 conoce a la hija mayor del General y la Coronel –respondió Karl algo que a su entender le parecía bastante obvio–. Debiste avisarme si pensabas invitar a alguien del SDF-3 a nuestra boda.
Lisa lo miró sorprendida. No entendía lo que Karl le estaba planteando.
–No creo que deba darte explicaciones si invito o no, a mis amigos a nuestra boda. ¿Cual es tu problema con eso?
–Realmente no me siento cómodo con el General Sterling, y creo que él tampoco se siente a gusto conmigo. No quiero compartir ese momento tan especial frente a alguien que no tolero.
«¿Karl tiene un problema con Max?», pensó Lisa completamente shockeada. «¿Con Max le agrado a todo el mundo Sterling? Hasta a Jack le cayó bien Max, y Archer es muy difícil de complacer. Si hacemos una encuesta en la RDF incluso creo que Max estaría medio punto por encima de Gloval como el militar más querido. A la única persona que conozco que no le agrada Max Sterling es al pseudo pacifista Lynn Kyle, pero ese hombre es un caso perdido», razonó Lisa con rapidez en su mente.
–Te guste o no te guste, Max Sterling va a estar siempre a mi lado en los momentos más importantes de mi vida. Así que vas a tener que tolerarlo si quieres estar conmigo.
Karl se sorprendió que Lizzie le hubiera dado semejante ultimátum. ¿Acaso estaba eligiendo a Sterling por sobre él? ¿Cuántos hombres tenía Lizzie en su vida? ¿Archer? ¿El Doctor? ¿Sterling? De golpe la lista se iba expandiendo cada vez más.
Nunca se habia enfrentado a una molesta Lisa Hayes. Era algo completamente impensado para él. Siempre la habia idealizado como una mujer dulce y tranquila. Esta faceta tan dura, tan característica del padre de Lisa, era un desagradable imprevisto para Riber. Estaba descubriendo que su prometida tenía demasiado de los Hayes dentro de ella. Quizás era algo que habia potenciado después de tantos años de servir en la milicia. Algo asustado al ver la seriedad en las palabras de su prometida, Karl decidió por primera vez en su relación con Lisa Hayes claudicar a sus exigencias para complacer a regañadientes a su novia.
–De acuerdo. No te enojes. No es para tanto. Si Sterling accedió a venir a nuestra boda debe ser que ya está saldado el problema entre nosotros. ¿Vamos? –le rogó Karl a Lisa tendiendole nuevamente la mano para seguir caminando juntos.
Cuando Lisa sostuvo su mano en la de Karl, sintió un escalofrío en todo su cuerpo. Era como si en ese mismo instante se le hubiera caído un velo de los ojos, y estuviera mirando a un Karl Riber completamente diferente al que ella había estado viendo hace solo un momento.
Lisa había sido muy crítica con los defectos de Archer, sobre todo en el último tiempo de su convivencia en común previo al divorcio. Y con Hunter, desde el día uno, Hayes se había mostrado poco tolerante a algunas de las falencias del piloto más bocón de la RDF. Pero su relación con Karl era diferente. Ella siempre lo había idealizado. Quizás demasiado. Ahora toda esa idealización se habia derretido de golpe, exponiendo el lado oscuro del científico crudamente frente a sus ojos. Era una verdad excesivamente áspera para Lisa Hayes.
Cuando Lisa se casó con Jack ella sabia cuales eran las cosas que le molestaban de él, y por mucho tiempo lo bueno opaco lo malo. Cuando aceptó la propuesta de matrimonio de Rick, estaba dispuesta a emprender una vida junto a él conociendo sus fortalezas pero aceptando que debía lidiar también con sus debilidades. Pero con Karl Lisa había vivido una relación idealizada. Vanessa tenía razón. Ella no conocía todas las aristas de Karl Riber. ¿Estaría Lisa dispuesta a casarse con un hombre que le estaba dando demasiadas incertidumbres?
Mientras ambos se dirigían en un ensordecedor silencio hacia la casa de la Almirante Hayes, Lisa pensaba que ni bien Karl regresara esa noche al SDF-3, ella intentaría comunicarse con Max y contrastar con su versión del problema. ¿Habría quedado Karl resentido por lo que pasó durante el rescate? Lisa había escuchado las grabaciones y no le pareció algo tan grave priorizar una vida en lugar de unos proyectos. Lisa empatizaba con la frustración de no poder poner el deber en primer lugar, pero de ahí a estar enemistado con alguien como Max era algo demasiado extremo. Ningún problema podría ser insalvable para Max Sterling, quien incluso había elegido como esposa a una mujer que había sido el enemigo. De seguro Karl estaba exagerando.
