…–¿Realmente por un solo embarazo encaró semejante investigación? –preguntó Hunter sorprendido–. Siempre pensé que había sido por algo más drástico, como que ninguna mujer a bordo del SDF-2 había logrado quedarse embarazada.
–En realidad por un solo salto hiperespacial eso que usted está describiendo fué exactamente lo que ocurrió. Ninguna mujer quedó embarazada excepto una. Ese único embarazo se manifestó porque en realidad se había originado previamente, hace muchos años, justo antes de una transposición quedando trunco, hasta que la próxima transposición permitió que siga su evolución. Si nosotros los humanos llegáramos a estar envueltos en una guerra, teniendo que hacer transposiciones continuamente como estrategia de reagrupamiento a través de la galaxia, como ocurrió hace unos días con los enfrentamientos a los Daafensacs, la reproducción humana podría llegar a complicarse aún más.
–Sea por un embarazo o por muchos, realmente su equipo desarrolló un trabajo sumamente innovador.
–El contar con el apoyo incondicional de la Almirante Hayes siempre facilita cualquier investigación, más aún en proyectos ambiciosos o complicados como este.
–Por supuesto. Ella sabe inspirar a su gente y sacar lo mejor de cada uno. Yo soy un buen ejemplo de ello –dijo Rick Hunter medio en bromeando y medio en serio–. Y…, ¿por qué el componente se llama 21g? Es un nombre bastante extraño.
–Ja, ja… –se rió Lang por la ocurrencia de Hunter–. En realidad se llama 21, porque fue a la veintiunava transposición que finalmente logramos un resultado favorable. Y la "g" porque teníamos muchas variantes, de la "a" hasta la "j", y fue justamente la variante "g" la que resultó ser la más exitosa.
–Guau. ¿Veintiún transposiciones? Realmente necesitaban el aval de la Almirante Hayes.
–Se complicó más de lo que pensábamos –admitió Lang.
–Supongo que este era uno de los temas de lo que íbamos a hablar el otro día cuando tuvimos que suspender por fuerza mayor la reunión que íbamos a tener entre la Almirante Hayes, usted y yo.
–Así es. Dos de los temas ya los compartí de manera extraoficial recién con usted.
–¿Y hay algún otro tema extraoficial del que pueda adelantarme, Dr. Lang?
Emil Lang tenía el sobre con el resultado de ADN de las hijas de Hunter en el primer cajón de su escritorio. Su primer impulso era dárselo de inmediato, pero cuando se le venía a la mente la advertencia de la Almirante Hayes, le entraba la duda.
–No. En realidad no –contestó con voz vacilante.
–¿Tiene miedo que la Almirante Hayes se enoje con usted? –lo desafió Hunter.
–Umm, algo así. No miedo, sino respeto.
–Hmm, seguro que en todos estos años ha hecho un par de cosas a sus espaldas y cuando ella finalmente lo descubrió, desató su furia contra usted. ¿Cierto?
El Dr. Lang se sonrojó por la certeza en las palabras de Hunter.
–Le prometo que si ella se enoja, yo voy a asumir toda la responsabilidad. Ya estoy bastante curtido en ser el foco de las rabietas de nuestra querida Almirante Hayes. Aprovechemos que ya estoy aquí para ver todos esos temas pendientes.
En realidad había otros temas pendientes los cuales Lang quería explicarle al Almirante Hunter como por ejemplo la forma en que habían logrado incrementar la rapidez en los fusibles de los VT, o la nueva aleación que descubrieron para mejorar el metal que se utiliza para proteger el casco de la nave cuando ocurren roturas o abolladuras a causa de meteoritos, pero ninguno tan delicado como el sobre que Lang se moría de ganas de entregarle a Hunter para finalmente terminar de archivarlo de una vez por todas.
–Prefiero esperar a la Almirante.
–Me parece justo. Creo que estando en su lugar también haría lo mismo. Bueno, quizás podamos reagendar dicha reunión algún día que venga aquí al SDF-2 para explicar matemáticas a las gemelas Archer-Hayes. No me dieron escapatoria. Son unas niñas muy insistentes.
–Lo ví a lo lejos en el partido de fútbol cuando habló con ellas –acotó Lang, quien después se quedó pensando. Si Hunter ya conocía a ambas niñas, seguramente la Almirante Hayes ya le había dado la noticia sobre su paternidad. No tenía nada de malo en darle finalmente el sobre.
–Tengo algo para usted, Vicealmirante –dijo Lang abriendo su cajón–. Algo extraoficial.
Rick miró a Emil de manera cómplice, levantando levemente sus cejas. El científico tenía las agallas para desafiar a Lisa, y eso merecía el respeto de Hunter. Del cajón salió un sobre sellado, el cual el Dr. Lang entregó a Rick.
–"...Vicealmirante Richard Hunter…" –leyó en voz alta lo que decía el membrete del sobre –. ¿Qué es esto? –preguntó Rick.
–Es justamente lo que me pidió la Almirante Hayes que le entregara en la próxima reunión. Pero como bien dijo usted, ya que está aquí…
–Claro… –dijo Rick mientras comenzaba a abrir el sobre con algo de desconfianza. ¿Qué sería lo que Lisa quería mostrarle, y porque el Dr. Lang tenía tantas dudas al respecto?
–La muestra para el estudio –comenzó a explicarle Lang–, la tome de un cabello suyo que quedó en el casco que usted utilizó aquella vez que vino al SDF-2 junto a los Sterling para probar algo que estábamos desarrollando.
–¿La vez que hicimos equipos cruzados entre los Sterling y Archer?
–Si, exactamente. Me temo que hice el estudio sin su consentimiento.
–No tiene que darme explicaciones. No tengo problemas –le respondió Rick sin saber realmente a qué apuntaba Lang.
–No hablaba de usted Vicealmirante, sino de la Almirante Hayes. Cuando me di cuenta que podía usar su cabello para el test, no dudé en encargarlo cuanto antes sin consultarlo con nadie. Además ninguno de los otros estudios que realicé hace años los hice con su conocimiento, asique porqué pretender hacerlo de manera diferente con el último.
–Entonces sí ha hecho cosas a espaldas de Lisa Hayes.
–Debo admitir que demasiadas, pero siempre termino confesándole mis faltas. Más de una vez me ha dedicado la misma mirada gélida de Donald Hayes con esos ojos verdes que heredó de su padre, los cuales me dan bastante escalofríos.
Hunter sabía que al Dr. Lang le encantaba dar largas explicaciones antes de llegar al punto en concreto. Había escuchado innumerables quejas de Max y Miriya durante el embarazo de Dana, de cómo el científico los tenía horas explicándole cosas sin sentido para luego darles la estocada final con tres palabras que lo resumía todo. Por eso decidió quedarse en silencio y dejar que el científico terminara de llegar al punto, tal como Max hizo innumerables veces cuando acompañaba a Miriya durante los chequeos prenatales en el laboratorio del Dr. Lang.
Cuando Rick terminó de abrir el sobre y vió que efectivamente era un estudio médico, comenzó a leerlo con detenimiento.
Al ver el enunciado, su corazón dio un vuelco. Ya había visto este tipo de estudio médico hace muchos años, antes de partir de la Tierra en el SDF-3, cuando encargó un análisis de ADN para sacarse la duda si realmente él era el padre de los hijos que había tenido junto a Minmay. El resultado que figuraba en aquella ocasión, era el mismo que tenía ahora frente a sus ojos, con la única diferencia que en la hoja que sostenía entre sus manos, figuraban otros nombres: Richard Hunter, Beth O'Donnell, Sarah Susan Hayes Archer y Grace Amelia Hayes Archer.
La mente de Hunter se puso en blanco. Lo que acababa de leer era algo totalmente impensado. «¿Grace Amelia?», repetía Rick en su cabeza, una y otra vez. Era como si el resultado del análisis clínico tuviera menos valor que ver ese nombre impreso en el papel.
–Como es un documento que voy a adjuntar de forma oficial al expediente, tuve que poner los nombres legales de las niñas, por eso aparece el apellido compuesto que ellas tienen a partir de que el General Archer las adoptara legalmente. Con respecto al nombre de la Almirante Hayes decidí mantener su alias, ya que todos los otros estudios de ADN que encargué sin su consentimiento, figuran con ese mismo nombre –le explicó Lang al ver que el Vicealmirante Hunter no despegaba sus ojos de la hoja impresa.
–¿Sin su consentimiento? –repreguntó Hunter casi en un susurro.
–Si. Debo admitir que al principió yo no le creí que el padre de las niñas no estaba a bordo del SDF-2. Por eso encaré un estudio de ADN con la población masculina compatible, sin notificar a nadie. Cuando ella se enteró…
–...ardió…Troya…–agregó Rick con voz entrecortada.
–Algo así. Ella siempre insistió con su paternidad, Hunter, incluso mucho antes que yo pudiera comprobar la teoría con mis 21 transposiciones. Al momento del divorcio con Archer, la Almirante en un principio se opuso a darle al General el aval para que él pueda adoptar a las niñas como su padre, alegando que ella no podía quitarle a usted ese derecho. Pero en ese momento yo coincidí con los argumentos que el General Archer le dio al inutil del juez de paz que llevaba su caso. Él ya era el padre de esas dos niñas en los hechos. La adopción no era más que un trámite legal para ratificar algo que ya se daba en la práctica…
–¿Qué juez? –preguntó Rick intentando seguirle el hilo de la historia, mientras que en su cabeza no podía dejar de repetir el nombre de su madre y su tía una y otra vez.
–El juez Anthony Joseph Edwards, tan inservible como su hermano, Thomas Riley Edwards. El juez Edwards obligó a Archer a realizar tres veces el estudio de ADN porque quería asegurarse que efectivamente el General realmente no fuera el padre biológico de las niñas. Cuando yo le pregunté porqué había hecho un estudio médico tres veces, el juez me respondió que eran recaudos porque desconfiaba de los resultados. Archer tuvo que acudir a mí para que yo le explique a Edwards, el juez no el vicealmirante, que el estudio siempre iba a dar negativo, porque Archer no tiene el mismo tipo de sangre compatible con las niñas, además de que él ya sabía de antemano que no era el padre biológico de las niñas. Algo tan básico. Uf…, mejor ni recordar la mala sangre que tuve que pasar intentando explicarle a ese energúmeno los principios básicos de la genética. Además como si eso fuera condicionante para adoptar a alguien. Justamente un padre tiene que acudir a la opción de adoptar a un niño porque no son consanguíneos… Bueno, mejor olvidarlo. Si algun dia llego a divorciarme, solo espero que no me toque ese hombre como juez. Es un inoperante que vuelve algo doloroso en un calvario asegurado.
La cara de Lang estaba rojo como un tomate de la furia, en cambio la de Hunter estaba blanca y pálida como una hoja. Se quedaron en silencio unos segundos, cuando se escuchó un golpeteo en la puerta de la oficina.
–Dr. Lang –dijo una voz del otro lado de la puerta–, ¿está ahí?
–Sí teniente Weber, pase.
–Ya estamos listos para el simposio, Dr. Lang –dijo el teniente asomando su cabeza.
–Bien, ya estoy allí en unos segundos –dijo Lang. Cuando Weber volvió a cerrar la puerta, el Dr. Lang miró a Hunter con atención–. No es lo mismo saber la verdad que verla impresa en un papel, ¿no es cierto? Supongo que es por eso que la Almirante Hayes también quería estar presente aquí cuando usted tuviera este estudio en sus manos. Pensándolo bien, debería haber esperado un poco más para entregárselo.
–No se preocupe, Lang –dijo Hunter con voz rasposa–. Tarde o temprano esto iba a salir a la luz. Pero, no puedo dejar de…
–...¿asombrarse?... –preguntó Lang, a lo cual Hunter asintió con la cabeza–. Realmente agradezco que esta anomalía se haya manifestado en la Almirante Hayes –agregó el científico–. No creo que el equipo le hubiera puesto tanto esfuerzo en encontrar una solución si la cuestión se hubiera dado en un simple civil. Realmente el problema es más grave de lo que parece. Bueno…, debo irme –dijo Lang mientras se paraba de su silla. Como vió que Hunter tenía una cara de abatido y además no se movía de su asiento, le dijo: –Tengo una reunión con parte de mi equipo justo ahora en el laboratorio, pero usted puede quedarse aquí el tiempo que sea necesario. Incluso si necesita que luego le explique los valores que figuran impresos en el estudio…
–No es necesario que me los aclare. Los entendí de inmediato. Pero sí voy a quedarme un rato más aquí si no le molesta.
–En absoluto, Vicealmirante Hunter –dijo Lang mientras rodeaba su escritorio para dirigirse hacia la puerta. Cuando pasó al lado de Rick, el científico apoyó su mano en el hombro de Hunter y agregó: – Esas niñas tienen mucho amor para dar. En eso salieron a su madre. Ellas adoran al hombre que las crió y al cual ellas le confirieron su merecido rol de padre, pero estoy seguro que usted conquistará muy fácilmente sus corazones. Si usted acepta la voluntad de esas niñas, va a tener a Archer como su aliado.
Rick tenía un nudo atragantado en la garganta. Se sentía perdido. Sin fuerzas para moverse. Incluso le costaba respirar. Solo atino a asentir con su cabeza a lo que dijo Lang. Luego largo un fuerte suspiro lleno de frustración y desasosiego.
–Se nota que ellas lo quieren mucho –admitió finalmente Hunter.
–Realmente es un gran padre para esas niñas –dijo Lang–. Ví como usted saludó al General Archer cuando terminó el partido de fútbol. Me alegra saber que usted y él estén en buenos términos –admitió justo antes de cerrar la puerta cuando se retiró de su oficina.
Cuando Hunter escuchó el ruido del pestillo de la cerradura a sus espaldas, descontroladamente las lágrimas comenzaron a caer desde sus ojos.
Tenía toda la visión borrosa pero no podía ni mover sus manos para limpiarse la cara. Lo único que invadía sus pensamientos era el nombre que Hayes había elegido para sus hijas. Lisa no podría haber escogido unos mejores nombres para esas dos niñas. Hunter recordó cuán frustrado estuvo cuando no pudo ni siquiera participar en la elección de los nombres de los bebés que tuvo junto a Minmay. Lisa en cambio, a pesar de estar a miles de parsecs de distancia de la Tierra donde se encontraba Rick, y teniendo que enfrentarse sola a los avatares que le iba a brindar la maternidad, aun así eligió honrar a una de sus hijas con el legado de su identidad paterna.
«Lisa… ¿embarazada?… ¿previo a una transposición?…El antojo del Strudel de manzana cuando regresamos de la nave zentraedi era real. Aún tenía las hormonas convulsionadas por tener a mis bebés en su vientre…», recordó Rick con nostalgia. «…y luego me admitió sobre su antojo al chocolate en el café…y esas niñas…, que son tan bocafloja como cualquier Hunter… ¡Diablos!», pensó Rick con frustración.
Rick comenzó a recordar lo ocurrido el primer día que volvió a reencontrarse con Hayes a bordo del SDF-2 mientras estaban encerrados en ese baño. Lisa intentaba decirle algo difícil de explicar, pero él siempre con su gran bocota la interrumpió empeorando toda la situación.
Veintiún transposiciones. Hasta ese extremo tuvo que llegar Lang para evitar el fenómeno. Ahora Rick lo entendía demasiado bien. Pero en lugar de hacérsela fácil a Lisa para que le explicara lo que había ocurrido, Hunter se la complicó más y lo único que logró fue que Lisa se replegara más en sí misma, cometiendo los mismos errores del pasado.
Cuando Rick Hunter le propuso matrimonio a Lisa Hayes, él juró que nunca volvería a repetir esos malos entendidos con ella los cuales los habían alejado a ambos entre sí durante tanto tiempo. Y aquí estaba de nuevo, con una sensación de déjà vu que le dejó un sabor amargo al enterarse a través de un tercero que él era el padre de las hijas de Lisa.
No habían aprendido nada. En lugar de escucharla, él la alejó. En lugar de sincerarse con él, ella lo postergó.
Rick comenzó a imaginarse lo difícil que debe haber sido para Lisa enfrentarse a esa situación estando sola. La incertidumbre que debe haber sentido cuando se enteró que tenía a dos bebés en su vientre a pesar de no haber tenido relaciones con nadie. Y el mal nacido de Edwards, golpeándole el vientre a una mujer indefensa. Ahora Rick entendía porque Archer nunca lo supo. En el momento del embarazo, Jack ni siquiera era la pareja de Lisa.
Hunter se sentía el peor de los idiotas. Se quedó en la Tierra para hacerse cargo de su paternidad ya que era impensado para él abandonar a sus hijos, los que engendró junto a Minmay por un estupido desliz de una noche, y todo este tiempo había dejado a la mujer que amaba criando a sus dos hijas completamente sola.
«¡Maldición! Necesito volar, AHORA. Es lo único que puede calmarme», pensó Hunter mientras veía como sus manos temblaban de los nervios.
Tomó su teléfono y se comunicó de manera directa al hangar donde tenía guardado el Alfa Uno.
–Jefe Garcia, necesito que prepare mi VT de inmediato… Sí, ya sé que hace un rato lo llamé para cancelar mi práctica de vuelo, pero cambié de opinión… Perfecto.
Tomando fuerzas, Hunter se paró con mucha dificultad porque comenzó a sentirse muy mareado. Se sentía con baja presión, por eso se le hacía difícil estar de pie. Sacó fuerzas de donde no tenía para llegar hasta el hangar número siete del SDF-3, donde lo esperaba el Alfa Uno listo para el despegue. Le llevó más tiempo del esperado llegar hasta allí, porque estaba caminando demasiado despacio.
Cuando cruzó por la manga que conectaba el SDF-2 con el SDF-3, decidió acortar camino para llegar rápidamente al hangar 7, pasando por afuera de la base, en un sector de la nave donde había población civil. Justo cuando estaba por reingresar al corredor que conectaba las entradas de los diferentes hangares, Rick Hunter se encontró cara a cara con la última persona que quería enfrentar en estos momentos.
–Hola Rick. Necesitamos hablar.
–Hoy no estoy de humor para tus juegos, Minmay.
