Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
La historia es mía.
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Capítulo 2: El primer día del resto de mi vida.
Luego de pasar un día más en Seattle arreglando los detalles para mi descabellada aventura, intentar conseguir algunas prendas de verano en pleno invierno, lidiar una hora por el teléfono con los regaños de mi madre, interrogándome por qué diablos he dejado a Jacob sin ninguna explicación que a ella le parezca convincente y hablar con mis abogados para que inicien los trámites del divorcio, estoy recostada en una cómoda butaca de primera clase. Después de trece horas —con una escala en Atlanta de casi dos—, ya solo me quedan tres para llegar a mi destino: Río de Janeiro, Brasil.
Son las cinco de la mañana, aún falta un poco para el amanecer, pero de igual forma mi mirada se pierde por la ventanilla. Cuando viajo, aunque el cielo esté oscuro, siempre miro hacia afuera, es algo que me gusta hacer, quizá por mis ansias de volar, escapar, de sentirme libre de lo que ha sido mi encasillado y «supuestamente» perfecto mundo.
Recién comienzo a tomar conciencia.
Hasta ahora mi vida ha sido sin altibajos, controlada, planeada de principio a fin desde que estaba en el instituto; monótona creo que es la palabra más adecuada para describirla. Solo en mi mente me he permitido viajar a lugares lejanos, vivir historias emocionantes, apasionadas y ¡diablos! ¡Cómo he soñado!
Me casé con Jacob a los veinte años, cuando comenzamos el segundo año de periodismo en la Universidad de Washington. Estaba pletórica, me casaría con el amor de mi vida, nos graduaríamos juntos, ¡al fin cumpliría todos mis sueños! Y vivíamos felices y comeríamos perdices; cosa que evidentemente jamás sucedió… Nuestra felicidad fue esquiva y Jake no se tituló por mérito, sino gracias a su flamante beca deportiva.
¡Cómo estaba de ciega! Uní mi vida a un músculo sin cerebro y para colmo, poseedor de un vergonzoso maní.
Capitán del equipo de béisbol, todo un sueño para una adolescente come libros como yo. Nunca encontré una explicación convincente o razones poderosas por las cuales se enamoró de mí; hasta ahora. La verdad es que lo dilucidé el día que nos casamos y, por culpa de las ansias desesperadas de tener mi final de cuento de hadas, lo bloqueé en mi mente para que mi mundo no se derrumbara a pedazos.
Nos hicimos novios el último año de instituto y Jake para mí, era un flamante caballero de armadura dorada, el cual me amaba y respetaba tanto, que quería llevarme virgen al altar. Sin embargo, mis desbocadas y adolescentes hormonas, se negaban a aceptar tal caballerosidad, querían mucho más y no tenían la más mínima gana de esperar. Tal fue mi anhelo por explorar mi sexualidad que, paulatinamente, los inocentes cuentos de príncipes encantados que escribía desde niña, se tornaron eróticos plasmando todos mis deseos frustrados en aquel cuaderno de Hello Kitty que aún conservo, como si en el estuvieran escritos los secretos más ocultos de la humanidad.
Hasta que el inminente día llegó, el día en que mis lujuriosas ensoñaciones se harían realidad. Con obviedad, no esperaba que Jacob fuera en la cama como uno de los expertos personajes de mis libros —debido a la inexperiencia de los dos—, sabía que todo eso vendría cuando tuviésemos más práctica y confianza, y así como dos enamorados, podríamos jugar. Tristemente ni en mis peores pesadillas, vislumbré lo que pasaría esa noche.
Ataviada en mi blanco, virginal y sexy conjunto de ropa interior, nerviosa esperaba sentada en la orilla de la cama que Jake saliera del baño. Cuando por fin lo hizo, sólo vestía un bóxer negro, dejando a la vista aquel cuerpo de infarto que prometía y mucho.
Con lentitud se acercó hasta a mí y me dio un beso casto y dulce en los labios, tomó de mi mano y me guio para que nos acostáramos dentro de la cama. Me desconcerté con su actitud. ¡Aquello que él estaba haciendo era como de abuelos! ¡Y yo me moría por mirar! ¡Por ver todo!; sin embargo, convencida de que la noche sería especial, accedí sin chistar.
Una vez acostados, arropados hasta el cuello y Jacob apagó la luz de la mesa de noche, ese fue el primer indicio que mi esperada noche de bodas, sería un completo desastre. Estaba incrédula, había anhelado tanto hacer el amor con él y ni siquiera lo podría ver. No obstante, aun sin perder las esperanzas seguí su juego. Juego erótico, que jamás comenzó.
Sus caricias no fueron las esperadas, aquellas manos que prometieron llevarme al cielo con aquel toque delicado y sugerente, jamás lo hicieron y no hubo palabras ardientes o de amor, ni las indicadas. Solo pasó que prácticamente en un abrir y cerrar de ojos, ya me encontraba sin ropa interior y con él moviéndose con frenesí encima de mí. Y esperé y esperé…, hasta que todo terminó y yo me quedé desolada, sin haber sentido en lo absoluto.
Después de eso, Jacob se dio la media vuelta y se quedó dormido.
En silencio lloré lo que restaba de noche, imaginando en que quizás algo estaba mal en mí, no había sentido dolor y ¡qué decir de la penetración! Fue casi nula. Así que después de infinitas lágrimas y mientras Jake roncaba como un animal, me animé a encontrar respuestas a mis dolorosas dudas y partí, buscando por la más obvia: mirando aquel miembro con el que soñaba y se me negó ver y tocar por años.
Una vez que prendí la luz y levanté las sábanas, ahí frente a mis ojos, como un insulto para las apasionadas y nada remilgadas mujeres de este mundo, estaba mi cruda realidad. Jacob me había engañado como el más vil de los perros, porque esa cosa que tenía entremedio de una mata de pelo negro, era cualquier cosa, menos un arma mortal para dar placer, era una mísera porción de carne atrofiada.
El muy maldito me embaucó todos esos años y muy tarde me di cuenta; cuando ya me había atado a él de por vida.
Suspiro pesado al recordar esa noche y sacudo mí cabeza para alejar los desalentadores pensamientos. Lo importante ahora, es que ya tomé esta transcendental decisión y ya nada me amarrará a ese condenado matrimonio que nació muerto. Hoy comienza el primer día del resto de lo que me queda de vida y partiré de la mejor forma: ¡Con un ardiente hombre entre mis piernas!
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A las ocho en punto, el avión toca tierra en la loza del aeropuerto internacional de Río de Janeiro. Al descender de la aeronave y salir por la manga, camino por unos interminables pasillos de forma circular hasta que llego al control de aduanas, las personas que atienden —a pesar de la hora— se ven muy animadas.
Una vez timbrado mi pasaporte, una cinta transportadora me lleva a recoger mi maleta. ¿Visita al Duty Free? Descartada. Mi norte es un indecente y blanco bikini y mi cuerpo recostado en la playa.
Finalmente, después de casi diecisiete horas, traspaso las puertas eléctricas que me dan la bienvenida a Brasil.
Bueno mis hermosas, Bella al fin está en el destino de su loca aventura, ¿cómo creen que le irá en su búsqueda? Y por último ¿que opinan del maldito maní? Mira que venir a engañar a nuestra amada loquita de la forma más vil.
Si encuentran algo distinto en el orden es que estoy editando los capítulos, para que la historia tenga más sentido, además que había unos capítulos enormes. Así la lecturas será más fácil.
Por último, un millón de gracias a todas mis hermosas que me han seguido a esta cuenta, gracias por la fidelidad y el cariño de tantos años, gracias también a las que pasan silenciosas y una calurosa bienvenida a quienes recién se integran y me han agregado como autora favorita.
¿Lindos Reviews?
Las quiero y les dejo besos
SOL
