Los personajes pertenecer a Stephenie Meyer
La historia es mía y está registrada en Safe Creative
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Capítulo 5: Más que un miembro perfecto un verdadero dios
Dos horas después…
Cosmopotilan: Cinco.
Estado etílico: Ebria.
Estado anímico: Desilusionada de la vida.
Lugar Físico: Bar del hotel.
—Como te decía Thiago, tenía una cosa, tan, pero tan pequeña…—le indico el porte con el dedo índice y pulgar.
Rio a carcajadas al ver el tamaño, estoy siendo muy indulgente.
—¡No! ¡Espera! No es así, es… —mis dedos casi llegan a tocarse—. ¡Así!
—No puede ser tanto —sonríe y niega con la cabeza mientras seca una copa.
De seguro él piensa que estoy exagerando producto de mi borrachera.
—¡Oye! No te rías de mi desgracia. ¡Sí, es verdad! —Rio otra vez y bailo sentada en la silla, el alcohol y la música alegre, hacen que vea mis desdichas con cierta diversión.
Comienzo a balancearme hacia los lados, dejándome llevar por el ritmo de los tambores. Con mis sentidos adormecidos levanto los brazos, cierro los ojos y me bamboleo sensual echando la cabeza hacia atrás, y un «coisa mais linda» creo escuchar, pero no sé decirlo con certeza. La verdad, estoy muy ebria.
—¡Otro cosmopolitan! —exijo alegre, después de beber lo que queda en mi copa hasta el fondo y dejarla en la barra con algo de fuerza.
—El exceso de alcohol, nunca es bueno —habla de pronto una voz masculina de marcado acento británico.
—¡Ed, amigo! ¡Qué gusto tenerte por aquí! Tiempo que no venías por estos lugares —Thiago saluda al individuo que se ha sentado a mi lado, que huele como los dioses, posee la voz más sexy que he escuchado en mi vida y que además, se atreve a opinar sobre mi estado etílico.
«¿Quién le ha dado permiso a este idiota para opinar?», pienso furiosa.
Ni siquiera lo miraré, por hoy he tenido suficiente con los hombres. Menos mal que en los estantes del bar hay tantas botellas, que no se ve reflejado en el espejo, porque de lo último que tengo ganas, es de verle la cara de entrometido.
—Sí, bastante tiempo. La verdad es que he tenido mucho trabajo, pero vine esta noche, porque hoy en la playa, vi algo que me encantó y creo que ya lo encontré.
Thiago le da una mirada que no sé cómo descifrar y le pregunta—: ¿Lo de siempre?
—Sí, gracias —contesta con aquel acento educado y yo me comienzo a cabrear de que entorpezca nuestra conversación.
—¡Oye, idiota! Estoy hablando con Thiago. ¿Qué no lo ves? ¡No, interrumpas! —Le pego una palmada en su brazo sin siquiera mirarlo.
El barman ríe a carcajadas, deja el nuevo cosmopolitan frente a mí y comienza a preparar el cóctel del entrometido. Con una cálida sonrisa, me indica que continúe.
—Mmm… ¿en qué iba? ¡Ah! ¡Sí! En el maní. Es que lo juro, esa cosa jamás me penetró, nunca sentí nada de nada y el imbécil de Jacob, juraba que yo gozaba. ¿Sabes qué? Después de todo, yo soy la única culpable, mucho antes lo debería haber dejado…
—Y ¿por qué no lo hacías? —Interesado pregunta mi nuevo amigo, al mismo tiempo que le entrega un whiskey al entrometido.
—¡De estúpida! ¿Qué más? —Bebo un buen sorbo—. El maldito me engañó. Me hizo llegar virgen al matrimonio, con la cabeza llena de infantiles cuentos con respecto al amor, respeto y un millón de porquerías más. Ilusiones que por cierto, se destruyeron la misma noche de bodas, con aquel ínfimo y atrofiado pedazo de carne.
—Podría recurrir a la cirugía plástica —sugiere «don entrometido» en un tono que grita soy el maldito dueño del mundo—. Hay muchos hom…
—¡Hey! ¿Estás sordo o qué? —Otra vez lo reprendo sin mirarlo—. No. Te. Metas. Nadie te ha preguntado, ni le interesa tu opinión.
Él ríe con suavidad. No sé, qué diablos le provoca tanta risa.
—Bueno, en fin… Al menos ya lo dejé…—suspiro arrastrando las palabras. Lo más probable que cuando me pare de aquí, se me moverá el piso y miles de cosas más.
—¿Por qué esa cara de tristeza? —pregunta Thiago, al ver mi repentino cambio de ánimo.
—Es que la peor de mis desgracias no termina ahí. —Inspiro profundo—. Dejé al idiota de Jake porque quería vivir, ser feliz y finalmente saber que es tener un buen pedazo de polla entre las piernas… ¡Por Dios! ¡Tengo veintiséis años! ¡Soy escritora de libros eróticos! ¿Sabes lo terrible que es, escribir todas esas escenas calientes sin haber vivido ni siquiera una?
—¿En serio? ¿Ni una sola? —El barman pregunta incrédulo, su boca está abierta de par en par.
—Nop, nada de nada —niego con la cabeza.
—Que mal… Y ¿qué pasó?
—¡¿Qué pasó?! Pasa qué por fin encuentro el hombre perfecto en la playa… ¡Madre mía, cómo era de perfecto! —suelto excitándome de recordarlo, sin importarme con quién estoy—. Un Adonis hermoso, de cuerpo perfecto, miembro perfecto y la sonrisa… ¡Te mueres la sonrisa! Y sus ojos verdes… ¡Ay, si me perdería en esos ojos de depredador todo el día! Te juro que estuve a punto de tirarme encima a suplicarle que me follara…
Thiago ríe por mis honestas y para nada medidas confesiones, y creo que oigo al entrometido atragantarse con su whiskey.
—Pero si ya lo encontraste, ¿cuál es el problema? ¿Por qué simplemente no te le acercas?
—¡Es que eso hice! Cuando vi por primera vez emergiendo del océano su maravillosa longitud, de inmediato decidí que sería mío. Lo seguí y cuando ya estaba resuelta a hablarle, pasó lo peor…
—¿Lo peor?
—¡El maldito es casado! ¡Casado! —Me lamento lloriqueando y golpeo mi frente con la barra del bar—. El muy descarado cuando salió del mar, me sonrió y coqueto me guiñó un ojo, pensé que tendría una oportunidad. ¡Maldita suerte la mía!
—¿Estás segura?
—¡Claro! Lo vi con su mujer e hijo en la playa, el pequeño es su vivo reflejo. Menuda afortunada, se ve un buen padre y más encima tiene el privilegio de tener a ese dios en su cama, con aquel pedazo de polla todas las noches —suspiro presa de la más pura de las envidias.
—¿Cómo puedes estar tan segura de que está casado? ¿Alguien te dijo que lo era? —pregunta don entrometido, intentando de nuevo meter su cuchara.
«¿Qué no sé cansará?»
—¡Oye! ¡Otra vez molestando! —«Esta vez, le diré unas cuantas…», me paro del alto taburete de un salto.
Craso error, monumental error, el piso bajo mis pies se mueve cual terremoto y la cabeza me da tantas vueltas que apenas atino a poner una mano en la barra, para no darme de bruces en el suelo.
Cierro los ojos intentando que el mundo deje de girar, inspiro profundo y los abro, pero apenas puedo enfocar, el jodido se ve doble… ¿Doble? ¡No! ¡Qué doble! ¡Triple! ¿Tiene los ojos verdes?
—A ti… ¿Quién demonios te dio permiso para opinar? —pregunto arrastrado las palabras—. ¿Por qué te interesa tanto? Lo más probable es que también tengas un maní, al igual que el idiota de Jake. ¡Sí! ¡Un maní! ¡Todos los hombres son unos cerdos mentirosos! —Tambaleante y con la vista totalmente borrosa, me acerco hasta él y en su cara le grito—: ¡Cerdo!
Después de mi atrevimiento, prometo que intento mantenerme despierta, pero la gran cantidad de alcohol que tengo en la sangre gana y el mundo se vuelve negro. Apenas soy consciente de escuchar un lejano «¡diablos!» y creo que unos fuertes brazos me sujetan, luego de eso, silencio.
¿Qué puedo decir? Al menos a mí se me salen cosas terribles e inconfesables cuando estoy ebria ¿y a ustedes? ¿Alguna a pasado alguna vergüenza tan grande como la que acaba de pasar Bella? Y el hombre misterioso del bar, pues me imagino ya saben quien es... ¿Que creen que piense él?
Y por último, muchas gracias por sus lindos RR y por su amistad durante años y una calurosa bienvenida a quienes se incorporan.
Nos leemos. Un beso.
SOL
