Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

La historia es mía.

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Capítulo 6: ¿E.C?

Día tres.

Hora: ¿Medio día?

Resaca: De los mil demonios.

Lugar: ¿Mi habitación?

Los rayos del sol dan de lleno en mi rostro, me remuevo incómoda y pongo un brazo encima de mis ojos, necesito espantar la molesta luz. La cabeza me martillea como si lentamente me estuvieran enterrando millones de agujas y tengo tanta sed, que creo que soy capaz de beber toda la reserva de agua dulce de la tierra.

Hoy será el día: «¡Nunca más bebo, lo juro!». Como si alguien en realidad cumpliera la absurda y arrepentida aseveración.

Giro sobre mi cuerpo, dándole la espalda a la ventana y abrazo la almohada intentando conciliar el sueño, pero mis sienes palpitan de tal forma que es imposible. Por unos segundos tomo valor para abrir los ojos y ¡diablos! el maldito y brillante sol los quema.

Aún estoy algo borracha, no soy capaz de razonar con claridad, sólo sé que necesito aplacar esta resaca de los mil demonios, por lo que a tientas me levanto y gracias a una intervención divina llego de una sola pieza al baño. Me desvisto sin atreverme a mirar mi reflejo en el espejo, debo ser un desastre. Entro a la ducha y abro el agua fría al tiempo que apoyo la frente en los azulejos, esperanzada en que gélido y vital elemento ayude a sentirme mejor.

Fragmentos de borrosas imágenes poco a poco llegan a mi cabeza...

«Como te decía Thiago, tenía una cosa, tan, pero tan pequeña».

«¡No! ¡Espera! No es así, es ¡así!».

«¡Otro cosmopolitan!».

¡Qué atroz! ¡Qué vergüenza! ¡¿Qué estupideces dije?! ¡¿Qué otras idioteces habré hablado?! ¿O hecho? ¡Dios, apenas puedo recordar! De pronto una luz de alerta se enciende en mi interior, un cartel refulgente y enceguecedor que grita: ¡Peligro! ¡Peligro!

«¡Demonios! ¿Cómo diablos llegué hasta aquí?», abro los ojos asustada, mi corazón comienza a latir a mil por hora, no puedo recordarlo. Golpeo la cabeza en los azulejos, para ver si alguna cosa se remueve dentro o tal vez, como una forma de autocastigo para mi irreflexivo comportamiento, pero aparte de un jodido chichón y ayudar a aumentar mi dolor, no recuerdo nada.

Absolutamente, nada.

No sé cuánto tiempo me llevará esta ducha, pero estaré dentro de ella hasta que mi mente comience a reaccionar…

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Arrugada como una pasa y envuelta en una bata salgo del baño, llamo a la recepción para pedir algo de comida, un par de analgésicos para mi dolor cabeza y una bolsa de hielo para el chichón. Veinte minutos después me siento en la terraza con la bolsa de hielo en la cabeza —una «linda» imagen— y muerdo lentamente una tostada. Disfrutando del jugo de naranja, comienzo a evaluar mi deplorable actuar.

Primero que todo de algo estoy más que segura, anoche no llegue hasta aquí por mis propios medios. Segundo, a quien me haya traído, tengo que agradecérselo hasta el final de los tiempos y tragarme mi vergüenza, por ser una loca sin cerebro, ya que hoy al despertar, aún estaba con la ropa de anoche y no me falta absolutamente nada. Tercero, de aquí en adelante no beberé más alcohol de la misma manera y lo prometo con solemnidad haciendo una crucecita sobre mi corazón, por lo que no me arriesgo a que se abra el cielo y me parta un rayo por mentirosa.

Sólo ruego porque Thiago, sea la persona quién me trajo hasta aquí.

Mientras contemplo el mar y disfruto de la suave brisa que ayuda a despejar mis sentidos, unos penetrantes ojos verdes vienen a mi mente. Suspiro frustrada. ¿Qué haré con el hermoso Adonis? ¿Será que en verdad es casado? ¿Me habré apresurado en sacar conclusiones?

«¡Claro que te apresuraste tonta! ¡Y como la estúpida que eres, te fuiste a ahogar en alcohol, en vez de presentarte frente a ese dios! ¡Ahora podría estar durmiendo en tu cama después de haberte cogido sin compasión!», me reprende la voz de mi conciencia, es implacable y la muy maldita tiene razón, ya que si repaso los pequeños detalles que pude recabar ayer, ahora hay cosas que no cuadran.

Por ejemplo, por muy cariñoso que haya sido con la chica, jamás le dio un beso en la boca y creo que tampoco le vi alianza, aunque eso no puedo asegurarlo. Entonces siendo objetiva, aparte de solo gestos afectuosos, no la trató como si fuese su pareja y yo como la idiota desesperada que soy, quizá saqué conclusiones equivocadas un segundo después de ver al niño.

La esperanza crece dentro de mí y comienzo a trazar un nuevo plan.

Esta vez haré las cosas bien y antes de acercarme a él, investigaré todo lo que pueda de ese hermoso hombre que me ha dejado hechizada. Suplico porque pueda encontrarlo en la playa, si no, todas mis ambiciones se convertirán en polvo.

Me visto con un short de jeans que poco deja para la imaginación, una camiseta blanca de tiritas, debajo llevo un bikini azul, tomo el bolso con mis implementos de playa y salgo de la habitación con nuevos bríos.

Lo primero que hago es buscar a Thiago en el bar del hotel. Necesito saber si él fue, quién rescató mi borracha humanidad, además de disculparme por mi imperdonable condición de anoche.

Olá, boa tarde —saludo al chico rubio que está detrás de la barra ordenando unas botellas—. Você fala inglês?

—Sí. ¿Qué necesita, señorita? ¿Desea algo de beber? —ofrece con una sonrisa estampada en su cara, como si fuera de lo más obvio que he venido hasta aquí para eso.

«¿Será que después de anoche, me he convertido en la pobre pasajera solitaria y alcohólica del hotel?».

—¿De beber? ¿Yo? —pregunto con terror al recordar, el terrible dolor de cabeza que tenía hace media hora atrás—. No, gracias. Busco a Thiago, ¿él se encuentra? —Repaso con la mirada el recinto con la ilusión de hallarlo.

—No, él no está.

—Y, ¿sabes cuándo viene? —Me apresuro en averiguar.

—Dentro de tres semanas. Se fue a Angra do Reis a visitar a su familia.

—¡Tres semanas! —chillo más fuerte de lo normal, me siento agobiada, al punto que estoy a un segundo de ponerme a llorar, mi optimismo se ha esfumado en un suspiro—. Está bien, no importa. Muchas gracias —acepto resignada a no enterarme de la verdad, ya que a él no le preguntaré ni en un millón de años, suficiente vergüenza he pasado ya.

Mortificada de mi reprochable y escaso juicio, comienzo a arrastrar los pies fuera del bar, cuando me llama:

—¡Espere! Usted es Bella, ¿verdad? —consulta con curiosidad.

—Eh…, sí —contesto recelosa, no entiendo cómo es que lo sabe.

«¿Será que en realidad me he hecho la fama de la ebria del bar? ¿La inconsciente beoda que tienen que ir acostar?».

—Thiago pasó por aquí esta mañana antes de viajar y le dejó esto… —rebusca bajo la barra para luego poner un objeto brillante enfrente de mí—. Dijo que a usted y a su amigo se les olvidó antes de irse.

Lo miro como si tuviera un tercer ojo en la frente.

«¡¿De qué demonios está hablando?! ¿Esto? ¿Amigo? ¿Irse? ¿Yo? ¡¿Y con un supuesto amigo?! ¡Amigo! ¡Diablos! ¿En qué mierda me he metido? —Cierro los ojos, mi corazón palpita como un loco—. A ver, vamos Isabella tranquilízate, inspira negro, exhala rosa, inspira negro, exhala rosa», repito de forma inútil y trato de serenarme para hacer frente a los nuevos hechos.

Aquí, el chico rubio, proclama a los cuatro vientos que yo me he retirado del bar con un supuesto «amigo» ayer por la noche, pero… ¡no sé de qué jodida cosa está hablando!

«¡Qué vas a saber! ¡Si estabas tan borracha, como si estuvieses nadando dentro de una cuba!». «¡Cállate idiota!», silencio a mi conciencia, por ser tan malditamente juiciosa, con desesperación preciso rememorar aunque sea un mínimo instante.

¿Cómo es posible que me fuera con un supuesto hombre y yo no retuve en mi mente ni siquiera su cara? Y lo más importante, ¿para hacer qué?

¡Maldición! Si me hubiese cogido un ardiente espécimen masculino, después de desearlo por tanto tiempo, al menos lo recordaría, ¿no? ¡Qué mala suerte la mía! O tal vez… ¿Tan deficiente fue mi rendimiento en la cama que me abandonó antes de que yo despertara?

Aunque por otro lado, asumiendo que pasó algo interesante con mi «supuesto» amigo, estoy segura que algún vestigio en «mi parte» casi inexplorada reclamaría recordándome que por fin, le han brindado tan anhelada intromisión. Pero no, me siento igual que ayer.

Y desperté vestida…

Abro los ojos, ellos se fijan en el objeto brillante del que espero encontrar respuestas. Lo tomo nerviosa, como si se tratara de una secreta y peligrosa arma de destrucción masiva, y lo expongo en la palma de mi mano derecha. Es un pretencioso y varonil llavero, plateado y rectangular del cual cuelgan tres llaves y un mando como para abrir un portón eléctrico; al parecer, son de una casa. La geométrica figura tiene grabadas unas elegantes iniciales: E.C.

«¡¿Quién diablos es E.C?!», ¿será posible que él me haya llevado hasta mi habitación? Y lo más importante, si en verdad fue así… ¿Aún existen los hombres que respeten el estado etílico de las mujeres? ¿Es real ese tipo de caballero?

Guardo las llaves en mi bolso de playa y salgo del bar con más dudas de las que traía, menudo enredo en el que me he metido. ¿Qué haré ahora, si la única persona que me puede dar las respuestas que necesito ya no está?

«¿E.C? ¿E.C?», repito en mi mente una y otra vez, pero solo unos penetrantes ojos vienen a mi nublada memoria.

Y hablando de penetrantes ojos… Hay unos verdes de ensueño que son portadores de un privilegiado miembro.

«¡Qué se joda E.C! —Pienso excitándome al recordar la degustable longitud y a su sexy dueño—. Mi chico de Ipanema», sonrío como una idiota al darme cuenta cómo lo he bautizado.

No me mortificaré un segundo más ya que es evidente que la solución, no la tendré en un futuro próximo; me enfocaré en mi hombre ya que él, es lo único que me importa.

Acomodo el bolso en mi hombro y cuando estoy a punto de atravesar las cristalinas puertas del hotel que dan a la playa, una idea mil veces mejor atraviesa por mi calenturienta mente, al son de las notas de Misión Imposible:

«Atención agente Swan, su misión si decide aceptarla, es encontrar sin oportunidad de error aquel miembro de infarto. Los nuevos datos sugieren que el sexy e irreal espécimen masculino frecuenta la playa de Ipanema y aún se presume comestible y soltero, de modo que le queda lo que resta de día para ubicar su paradero e infiltrase en sus dominios o más bien que él se entierre duro y sin compasión en el suyo. Para ganar tiempo, hemos decido por usted que el mejor lugar para llevar a cabo su vital misión es el balcón de su habitación, además de proporcionarle unos lentes larga vistas. Como ya sabe, si usted es capturada o muere sin ser follada como es debido, la secretaría negará tener conocimiento de sus acosadoras y delirantes acciones. Este mensaje se autodestruirá en cinco segundos. Buena suerte».


Pobre Bella ha estado con su Adonis y no lo recuerda. ¿Alguien ha despertado así de borrada al día siguiente? Yo tengo que confesar que miles de veces jajajaja.

Bien aquí comienza la locura! ¿Alguien imagina que tipo de agente sera Bella? ¿Cómo le irá en su cometido? Encantada leeré sus conclusiones en un lindo RR. Nos leemos pronto!

Como siempre gracias a las que me acompañan durante años, a las que ya se están incorporando a la nueva cuenta, y a las nuevas que por primera vez leen esta historia y me han agregado como autora favorita.

Se les quiere, besos!

SOL