Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
La historia es mía
.
Canciones del capítulo:
Chora, me liga — João Bosco & Vinícius
Ai se ue te pego — Michael Eló
..
Capítulo 9: É isso que você quer?
Doce horas más tarde…
Aquí estoy rompiendo de nuevo mi regla «¡nunca más bebo, lo juro!», pero es que después de los acontecimientos de hoy en verdad lo amerita. Todo en mi mente es un caos; palabra perfecta para resumir —o más bien definir— que mi vida se ha convertido en una montaña de situaciones irreflexivas.
Esta noche no quiero pensar ni recriminarme por las cosas qué hice, por las inapropiadas qué dije y menos aún, quebrar mis sesos lucubrando la razón por qué Edward me dejó las llaves de su casa. ¿O será que solo se le cayeron...? Además, tampoco entiendo por qué, después de comportarse como un caballero de armadura dorada, la noche de mi nefasto comportamiento, jamás volvió por mí.
«¿Nefasto? Después de lo grosera que fuiste, querrás decir…»
En fin, sólo quiero divertirme y olvidar, y lo estoy haciendo de la mejor forma que encontré —por supuesto que sé mis ideas no son de lo mejor, pero…—, enfundada en un azul y minúsculo vestido que cubre lo justo y necesario, tacones de vértigo y mi buen amigo Dom perginon.
Desde la barra del club, veo como los sudorosos cuerpos se balancean bajo las titilantes y coloreadas luces de neón, que alumbran la pista de baile haciendo hipnóticas figuras, al son de una festiva canción. Bailo en el asiento al ritmo de la contagiosa música, mientras disfruto del costoso champán.
—Ola, você quer dançar? —Una masculina voz me invita a bailar, intentando hacerse escuchar por sobre los decibeles.
Giro el rostro y lo miro, es un hombre guapo de cabello negro y ojos celestes como el cielo, sus dientes son muy blancos, posee una linda sonrisa.
Sin pensarlo dos veces y bajo la premisa que esta noche he de divertirme, bebo el burbujeante líquido hasta el fondo, dejo la copa en la barra, tomo la mano que me ofrece y le permito que me guie hasta el animado gentío.
Las efervescentes notas, poco a poco comienzan a invadir todos mis sentidos, bailo de forma insinuante, en perfecta sincronización con mi pareja, que me apresa de la espalda y acerca a su tonificado cuerpo. Me giro en sus brazos, elevo los míos al cielo, echo la cabeza hacia atrás y con sus manos puestas en mis caderas, me balanceo al ritmo de los juguetones tambores.
La música cambia, se torna más sensual, mi guapo compañero aúlla extasiado junto al resto de la pista de baile y al unísono, comienzan a cantar:
—Nossa, nossa. Assim você me mata. Ai, se eu te pego. Ai, ai se eu te pego. Delícia, delicia. Assim você me mata. Ai, se eu te pego. Ai, ai, se eu te pego.(1)
Siento que sus manos liberan mis caderas por unos segundos, cuando se posan otra vez, me doy cuenta que han sido reemplazadas por otras bastante más grandes… Otro hombre es el que me ciñe a su cuerpo de forma posesiva y su presencia, me envuelve acelerando los latidos de mi corazón. Es mucho más alto que mi acompañante anterior y su perfume… es el mismo olor afrodisiaco y masculino, sí ese que es capaz de provocar múltiples orgasmos, que olí esta mañana…
«¡Dios mío! ¡Qué no sea un sueño!», esperanzada cierro los ojos suplicando porque no me equivoque y sea mi sexy chico de Ipanema, y le permito guiarnos con ese dominante agarre que hace arder, hasta la fibra más íntima de mi ser.
—Sábado na balada —canta en mi oído con esa aterciopelada voz que confirma mi más ferviente deseo—. A galera começou a dançar… —mis rodillas tiemblan y ahora mi corazón, parece que se va salir de mi pecho—. E passou a menina mais linda —agrega con un tono salido de las mismas profundidades del infierno y con un brazo rodea mi cintura—. Tomei coragem e comecei a falar —entona pegando por completo su irreal anatomía a la mía—. Nossa, nossa. Assim você me mata. Ai se eu te pego. Ai, ai se eu te pego…(2)
«¡Oh, madre santa! —Eso es su…, su descomunal miembro pegado a mi trasero, bamboleándose hacia mí, al ritmo de la música como si me estuviera ¿cogiendo?—. ¡Voy a tener un orgasmo aquí mismo!»
—Delícia, delicia. Assim você me mata. Ai se eu te pego. Ai, ai se eu te pego.
Sus grandes manos me giran, fieras apuñan la tela de mi vestido en la parte baja de mi espalda y ronronea sobre mis labios—: Arrancaste de mí esta mañana —me adhiere a su caliente y marmóreo cuerpo que exuda ese adictivo aroma, que está haciendo que imagine las más pervertidas situaciones y mece mi cuerpo junto al suyo de forma tan perfecta, como si hubiésemos nacido para pecar el uno con el otro.
Quiero contestar, decirle cualquier cosa, pero no puedo porque mis neuronas se han ido de paseo, ¡es increíble! ¡Estoy bailando con Miembro-Man!
Siento que arderé en llamas gracias a la temperatura que emana su dorada piel y a sus seductores movimientos, que me incitan de manera indecorosa. Todo en él grita sexo, sexo duro, prohibido y maravilloso; tal como el roce de su pecho en mis erectos pezones y el de su gloriosa polla, donde llevo necesitándolo toda mi vida.
¡Edward me matará de placer y aún estamos con ropa!
—Nossa, nossa. Assim você me mata. Ai se eu te pego. Ai, ai se eu te pego —canta encima de mis labios, exhalando su adictivo aliento que me embriaga y veo una sonrisa traviesa, dibujarse en su masculino rostro de ángel.
Su expresión es hermosa, juguetona como la de un niño y se amplía hasta hacerse radiante, cuando sin avisarme nos hace girar repetidas veces por la pista de baile. Con fervor me tomo de sus brazos y hechizada por sus penetrantes ojos, la música comienza a parecerme lejana, todo se mueve en cámara lenta a nuestro alrededor.
Rendida a estas desconocidas sensaciones que me confunden, me pierdo en ese mar esmeralda y, al verme reflejada en esas aguas furiosas y a la vez calmas, el mundo literalmente se detiene para mí; solo existimos Edward y yo, y el poder de su mirada que es la fuerza que me sujeta.
Nos detenemos abruptamente, las manos de Edward acarician mi espalda con las palmas abiertas, abrasadoras la abarcan por completo y me aprieta hacia él, como si no quisiera que se colara el más mínimo gramo de aire entre nosotros. Su agitada y cálida respiración golpea mi rostro, sus labios se abren y su tentadora lengua sale para humedecer el inferior, con un cadencioso movimiento.
Cierro los ojos, es abrumador sentir como todas mis terminaciones nerviosas cobran vida e internamente suplico: «¡Sí! ¡Bésame, chico de Ipanema! ¡Bésame!».
Pero pasa lo que menos esperaba en el mundo...
Mi hermoso sueño, ha explotado en miles de pedazos, porque en lo que me parece un suspiro, ya no estoy protegida en sus cálidos y tonificados brazos, estoy sola y estática en medio de la pista de baile. Desesperada lo busco entremedio de la gente con la mirada, muevo mi cabeza en todas direcciones, pero Edward… Edward, ya no está.
Él, se ha ido.
Mis ojos se llenan de lágrimas de rabia e impotencia, necesito volver al hotel con urgencia, incluso si pudiera tomaría un avión y volvería a Seattle, para alejarme de toda esta locura. No soporto la humillación, lamentablemente por lo pronto hago lo único que puedo hacer: recolecto lo que me queda de dignidad, retiro mi cartera de guardarropía y salgo corriendo del club, lo más rápido que mis altos tacones me lo permiten.
La brisa marina abrasa mi cuerpo en cuanto estoy en la calle, es un frío bálsamo para mis lágrimas contenidas, que queman mis ojos y garganta. Me quito los zapatos, cruzo la calle y con el alma herida, me voy por la arena.
«¿Qué mierda fue lo que hice mal? —Me pregunto contemplando la plateada luna que refleja toda su magnificencia en el mar—. ¿Por qué me dejaste abandonada después de cómo me mirabas?», pero por más que lo pienso no encuentro una respuesta coherente o tal vez no puedo razonar con claridad, por culpa de su masculina esencia, que se ha impregnado como un invisible tatuaje por mi piel y de sus abrasadoras manos, que aun puedo sentir por todo mi cuerpo.
.
.
Me siento aún más frustrada cuando entro al hotel. Refunfuñando me calzo los zapatos y atravieso el lobby, decidida a intoxicarme con el contenido del frigobar; pero mi grandiosa idea de caer dormida en la absoluta inconsciencia, es interrumpida por el chico de la recepción que me intercepta.
—Buenas noches, señorita Swan.
—Buenas noches —respondo intentando ser amable y sonreír.
—Perdone que la interrumpa, pero le han dejado un recado urgente. Es de Seattle y me han pedido encarecidamente que se lo entregue en persona —explica el motivo por el cual me ha detenido y extiende un elegante papel color crema con el sello del hotel.
Tomo el papel agradeciéndole con otra sonrisa, continúo hacia los elevadores, llamo uno y mientras espero, desdoblo el «recado urgente» y leo:
Bella, ¿dónde te metes? ¿Puedes dignarte a atender el teléfono?
Tenemos que hablar de tu nuevo libro.
Mike.
Resoplo molesta y rodo los ojos. ¿No le dejé bien claro a Mike que he venido aquí para descansar? Mañana le llamaré y se lo volveré a recalcar; comprendo que Michael es mi editor y está ansioso porque vuelva a publicar, pero vacaciones tengo derecho a tomar. Arrugo el papel con saña, lo meto dentro de mi cartera y entro al elevador que ha abierto las puertas. Marcó el número cuatro, me apoyo en uno de sus fríos muros, cierro los ojos y suspirando me pregunto: «¿Por qué a mí?».
La campanilla que anuncia mi piso, hace que me incorpore de mala gana, estoy agotada. Salgo hacia el desierto corredor, pero no alcanzo a caminar un par de metros, cuando sucede algo que hace saltar mi corazón de la impresión: Un cuerpo enorme y masculino, me ha atrapado contra el muro.
Estoy aterrorizada, no me atrevo ni a respirar, sin embargo me armo de valor, necesito pedir ayuda. Abro los ojos —aunque no quiero ver el rostro de mi atacante— y grito, pero se atasca en la base de mi garganta al descubrir quién es él.
Mi respiración se vuelve errática cuando una de sus enormes manos acaricia mi pierna derecha, atrevida asciende sumergiéndose por debajo de mi vestido hasta llegar a mi trasero y lo apresa con dulce posesión. Luego devuelve el camino, una danza de erótica delicadeza, para tomar mi muslo, elevarlo hasta apoyarlo en su cadera izquierda y, licencioso rozar su enorme y erecto miembro, por sobre mis bragas.
Sus ojos me miran cargados de lujuria y múltiples promesas, y como animal en celo susurra sobre mis labios—: É isso que você quer?(3)
Nota de autor:
(1)Nossa, nossa. Assim você me mata. Ai, se eu te pego. Ai, ai se eu te pego. Delícia, delicia. Assim você me mata. Ai, se eu te pego. Ai, ai, se eu te pego: ¡Dios mío! ¡Dios mío! Así, tú me matas. ¡Ay si te cojo! ¡Ay, ay si te cojo! Cariño, cariño. Así, tú me matas. ¡Ay si te cojo! ¡Ay, ay si te cojo!
(2)Sábado na balada. A galera começou a dançar… E passou a menina mais linda. Tomei coragem e comecei a falar. Nossa, nossa. Assim você me mata. Ai se eu te pego. Ai, ai se eu te pego…: sábado en la discoteca, la multitud comienza a bailar… Y pasó la chica más linda. Me armé de valor y le fui a hablar. ¡Dios mío! ¡Dios mío! Así, tú me matas. ¡Ay si te cojo! ¡Ay, ay si te cojo!
(3) É isso que você quer?: ¿Esto es lo que quieres?
En el otro capítulo! Lo que todas esperan! Que emoción! Que opinan se esperaban el final? Ha sido malo Edward?
Le mando un gran abrazo a un par de hermosas lectoras que están enfermas de COVID, deseo que se mejoren pronto y su familia se encuentre bien.
Gracias por el cariño de siempre.
SOL
