Para Gwen no había sido una buena noche.
Ese día había comenzado casi llegando tarde a clase, un examen de francés inusualmente difícil y una discusión con Kevin. Y eso había sido antes de terminar su jornada escolar. Tras eso, fueron junto a su primo Ben a pelear contra una sección de los Forever Knights. Nada complicado. Pero por estar distraída pensando en la estúpida pelea con su novio, casi le dio un disparo que hizo que perdiese la concentración en el escudo de maná que tenía bajo ella, cayendo a un lago. Cayendo a un lago helado en pleno invierno.
Y por supuesto, terminó enfermándose.
Al llegar a casa después de que Kevin la dejase, se fue a duchar y tras ponerse su pijama se fue directamente a dormir. Pasó mala noche y al despertarse cuando sonó el despertador para ir a correr como todas las mañanas simplemente pensó que moriría.
No se movió de su cama, ni se preparó para ir al instituto ni bajó a desayunar. No tenía ni fuerzas ni vitalidad para salir de ahí. Natalie al ver que su hija no hacía acto de presencia, subió a su habitación para ver si todo estaba en orden. Y se la encontró tapada con las mantas hasta la cabeza y con la cara totalmente roja. Fue por un termómetro para tomarle la temperatura y al ver la marca del aparato le recomendó quedarse en cama y no ir a clase hasta que se encontrase mejor.
Eso fue hace ya dos días. Esa noche del viernes, Kevin y Ben había ido a investigar una zona por un aviso de los plomeros/fontaneros. No fue nada complicado, solo una pequeña nave de un aliens que se había extraviado. Le ayudaron a reparar su nave que por el aterrizaje había sufrido algunos imperfectos y en un par de horas ya estaban volviendo a Bellwood.
La misión de esa noche no había sido demasiado difícil ni peligrosa. Y además el coche de Kevin no había sufrido ningún daño, por lo que Ben no entendía ni el mal humor ni el gesto enfadado del osmosiano. Pero claro, luego cayó en cuenta de la ausencia de la otra integrante del equipo.
-Sigo pensando que, si no estuviese Gwen en el equipo, no te hubieses unido.- soltó aquel comentario sin ningún tipo de maldad mientras miraba a su amigo.
Aun con su mal humor, Kevin esbozó una sonrisa de suficiencia e incluso chulesca.
La verdad es que se sentía en deuda con Ben por haberle dado una segunda oportunidad después de todo lo que hizo durante su niñez. Pero era cierto, si la pelirroja no hubiese estado en el equipo, él no se hubiera unido al grupo que en ese momento formaban únicamente los dos Tennyson.
No sabía explicarlo, pero en el instante que vio a la pelirroja de nuevo, algo en su interior se activó. Y un sentimiento de protección nació en él. Y cuanto lo agradecía.
Si no hubiese sido por sus sentimientos por Gwen, no hubiesen salvado el universo tantas veces, no se hubiese convertido en plomero/fontanero, no hubiese usado sus poderes para hacer el bien, no hubiese sido una mejor persona…
Tenía tanto que agradecerle a esa linda nerd pelirroja. A ella y a su primo el rarito del reloj. Después de haberles intentado matar tantas veces, en especial a Ben, se habían convertido en lo más parecido a una familia que había tenido nunca. Y eso era algo que nunca podía agradecer.
Su novia era tan inteligente que había cambiado su vida a mejor. Y el hecho de no tenerla cerca, hacía que su humor rápidamente se tornase en uno gruñón.
-Oh, vamos, no puedes estar así solo porque Gwen se haya puesto enferma.-en la voz de Ben se notaba cierta molestia.
-¡Por supuesto que no estoy así únicamente por no verla! Es solo…- poco a poco empezó a bajar el tono de sus palabras.- El problema es que tu prima sigue enfadada por la discusión que tuvimos y ni siquiera me contesta los mensajes. Solo me mandó un único mensaje que decía "no vengas a verme".
-Oh, entiendo. Pero supongo que habrás ido de todas formas, ¿verdad?
-Por supuesto que he ido. Y tu tía solo me dice "Está enferma, Kevin. Lo mejor será que la dejes descansar.". - repitió aquella frase con el tono reticulado de la madre de la pelirroja.
Ben se sentó a su lado, encima del capó del coche de Kevin. Debería ser bastante frustrante para él no poder ver a Gwen.
-¿Por qué os peleasteis?
El osmosiano se tomó su tiempo para responder. O más bien no respondió porque no tenía la respuesta.
-¿No lo sabes?- Ben siguió preguntando para el malestar de Kevin.
-No lo recuerdo. Fue algo sin importancia. Y ahora por esa tontería ni siquiera me contesta el teléfono.- su frustración hablaba por él mientras su gesto acompañaba sus sentimientos.
-Bueno, Gwen puede ser bastante testaruda…
Y tras eso, la conversación finalizó. Ninguno más volvió a sacar el tema.
Se montaron ambos en el coche, Ben ocupando el asiento del copiloto, aquel asiento que siempre solía ocupar su novia. No hablaron mucho en el viaje de regreso a Bellwood, cuando llegó a la casa del Tennyson, se despidió de él y se marchó de allí con el rugido del motor de su coche.
Durante la pausa de un semáforo, miró su teléfono móvil encontrándose con una cantidad nula de mensajes de Gwen. Pasaba la medianoche, la misión había acabado y no tenía ningún tipo de ganas de volver a su hogar. Se paseó por las calles desiertas de aquella ciudad en su coche. Un paseo nocturno siempre le animaba. Pero sin darse cuenta acabó llegando de manera inconsciente al hogar de la anodita.
Detuvo el motor y salió del coche. Las luces estaban apagadas por lo que tanto la pelirroja como sus padres ya deberían estar durmiendo. Se acercó a la casa, con paso tranquilo mientras se aproximaba a la ventana de la habitación de su chica. No se le hizo mucho problema escalar y abrir la puerta con sus poderes. Entró en completo silencio.
Se quedó completamente quieto, esperando que sus ojos se adecuasen y se acostumbrasen a la oscuridad de la habitación de la Tennyson. No fue hasta que la escuchó toser en su cama que no se acercó. De un par de zancadas hasta llegar a ella, se sentó a su lado y puso su mano sobre su frente. Notó con facilidad la alta temperatura en el cuerpo de su novia.
Sobre su mano, notó la de la pelirroja.
-Te dije que no vinieras, te voy a contagiar.- su voz estaba impregnada de un tono un poco más tosco que de costumbre, seguramente por la tos que la afectaba. Se movió entre las mantas para encender la luz de su mesita de noche.
-No me contestabas los mensajes, tu madre no me dejaba verte… ¿Tú sabes lo mal que lo he pasado estos días?- su tono empezó levemente alterado e incluso enfadado, pero al verla en ese estado con sus ojos brillantes, las mejillas encendidas y su voz tan débil, todo eso por la fiebre no pudo evitar que su voz se fuese relajando.
Puso su mano sobre su mejilla, acariciándola con su pulgar, algo que la anodita agradeció.
-Te he echado de menos.- le sonrió con cariño, algo que Kevin rápidamente emuló.
-Pensaba que todavía estabas enfadada conmigo.- se sinceró mientras se tumbaba a su lado.
-La verdad es que ni siquiera recuerdo por qué discutimos. Además, estos días me dolía tanto la cabeza que ni siquiera pensé en eso.
Tras decir eso, notó los labios de Kevin sobre su frente, depositando un suave y tierno beso.
Por su parte, Kevin se acomodó mejor en la cama, aferrándose más fuerte a ella. Sentía la calidez extra de su piel producto de la fiebre y su respiración levemente jadeante. Pero ya no importaba, la tenía entre sus brazos y cerca de él.
Gwen se sentía inesperadamente mejor. Después de pasar dos días casi sin salir de cama y con una fiebre infernal, además de un dolor de cabeza que le martilleaba la mente sin cesar. Por fin, sentía paz. Aun sentía su cuerpo arder y se encontraba mal, pero al estar cerca de él, hacía de manera mágica que su psique descansase.
Ni las tontas discusiones, ni el temperamento de Gwen, ni la inmadurez de Kevin, ni absolutamente nada podría hacer que su amor y cariño se viese levemente debilitado.
….
Y este es el capítulo de la semana. La verdad es que no estoy para nada contenta con este capítulo, pero espero por lo menos que vosotros lo disfrutéis.
Extro, creo que no has leído bien el capítulo o no lo has entendido del todo.
Intentaré subir el siguiente el sábado que viene, pasad una buena semana
