CAPITULO 1

Las madres casamenteras están unidas en su dicha: ¡Sasuke Uchiha ha regresado de Grecia!

Para información de aquellos amables y desconocedores lectores que vienen por primera vez a la ciudad, el señor Uchiha es el tercero del legendario octeto de hermanos Uchiha, sigue a Anthony y Benedict, y precede a Daphne, Eloise, Francesca, Gregory y Hyacinth.

Si bien el señor Uchiha no posee titulo de nobleza, y es muy improbable que lo posea, es el séptimo en la linea de sucesión para el titulo de vizconde; viene detrás de los hijos del actual vizconde, de su hermano mayor Benedict y sus tres hijos, sigue siendo considerado uno de los mejores partidos de la temporada, gracias a su fortuna , su cara, su figura y, por encima de todo, su encanto. De todos modos es difícil pronosticar si el señor Uchiha sucumbiera a la dicha conyugal en esta temporada; sin duda esta en edad para casarse (treinta y tres años), pero nunca ha manifestado un interés decidido por ninguna damita de linaje adecuado, y para complicar aun mas las cosas, tiene una detestable tendencia a marcharse de Londres en un abrir y cerrar de ojos con rumbo a algún exótico.

Ecos de Sociedad de Lady Whistledown, 2 de abril de 1824.

- ¡Mira esto!- exclamo Portia Haruno con un grito agudo-. ¡Ha regresado Sasuke Uchiha!

Sakura levanto la vista de su labor. Su madre tenia cogido el ultimo numero de Ecos de Sociedad de Lady Whistledown como uno se agarraría, digamos, a una cuerda salvavidas si estuviera colgando de lo alto de un edificio.

- Lo se - musito.

Portia frunció el ceño; detestaba que alguien, cualquiera, se enterara de un cotilleo antes que ella.

-¿ Como leíste el Whistledown antes que yo? Le dije a Briarly que me lo apartara y no permitiera que nadie lo ...

- No lo vi en el Whistledown- la interrunpio Sakura, antes que su madre fuera a castigar al pobre y asediado mayordomo - . Me lo dijo Felicity ayer por la tarde. A ella se lo dijo Hyacinth Uchiha.

-Tu hermana se pasa muchísimo tiempo en casa de los Uchiha.

-Como yo- observo Sakura, tratando de discernir adonde quería llegar su madre.

Portia se dio unos golpecitos con el dedo a un lado del mentón, como hacia siempre que estaba tramando algo.

- Sasuke Uchiha esta en edad de buscar esposa.

- ¡Sasuke no se va a casar con Felicity!

- Cosas mas raras han ocurrido - dijo Portia haciendo un leve encogimiento de hombros.

- No que yo haya visto - musito Sakura.

- Anthony se caso con esa niña Kate Sheffield, y eso que era aun menos popular que tu.

Eso no era del todo cierto, pensó Sakura, pues en su opinión las dos habían estado en un peldaño igualmente bajo de la escala social. Pero no tenia mucho sentido decirle eso a su madre, que tal vez creía haberle hecho un elogio a su tercera hija al decirle que no había sido la menos popular durante esa temporada. Noto que se le tensaban los labios; los elogios de su madre tenían la costumbre de aterrizar como aguijones de avispa.

- No piense que ha sido mi intención criticar - dijo Portia, de repente toda consideración- La verdad es que me alegra que te hayas quedado soltera. A no ser por mis hijas, estoy sola en este mundo, y es agradable saber que una de vosotras podrá cuidar de mi vejez.

Sakura tuvo una visión del futuro , el futuro que acababa de describir su madre, y sintió un repentino deseo de salir corriendo y casarse con el deshollinador. Hacia ya tiempo que se haba resignado a una vida de soltería eterna, pero siempre se las arreglaba para imaginarse sola en una casita junto al mar.

Pero ese ultimo tiempo su madre solía condimentar sus conversaciones con referencias a su vejez y ala suerte que tenia porque tendría a su hija para cuidar de ella. Que mas daba que tanto Prudence como Philippa se hubieran casado con hombres muy adinerados y poseían sus buenos fondos para ocuparse de dar todas las comodidades a su madre. O que su madre fuera moderadamente rica; cuando su familia le estableció su dote, le reservaron la cuarta parte de ese dinero para su cuenta personal.

No, cuando su madre hablaba de ser cuidada no se refería a dinero; lo que deseaba era una esclava.

Exhalo un suspiro. Era demasiado dura para juzgar a su madre, aunque solo fuera en sus pensamientos; y eso lo hacia con muchísima frecuencia. Su madre la quería. Sabia que su madre la quería. Y ella quería a su madre. Solo ocurría que aveces no le caía nada bien su madre. Era de esperar que eso no la hiciera una mala persona. Pero francamente, su madre era capaz de poner a prueba la paciencia de la mas amable y bondadosa de sus hijas y, como su tercera hija era la primera en reconocer, sabia ser un poquitin sarcástica a veces.

- ¿ Por que no crees que Sasuke se casaría con Felicity? - le pregunto Portia.

Sakura levanto la vista, sorprendida, pensaba que ya habían acabado con ese tema; debería haberlo sabido, su madre no era otra cosa que tenaz.

- Bueno- dijo haciendo una pausa para pensar- es doce años menor que el.

-Pfff- musito Portia haciendo un gesto con la mano para descartar eso- Eso no es nada, y lo sabe.

Sakura frunció el ceño y continuación lanzo un gritito, al enterrarse casualmente la aguja en el dedo.

- Ademas- continuo Portia alegremente- tiene - repaso la hoja Whistledown en busca de la edad exacta- ¡ treinta y tres años! ¿ como pretende evitar una diferencia de doce años entre el y su esposa? Supongo que no esperas que se case con alguien de "tu" edad.

Sakura se chupo el dedo herido aun sabiendo que era horrorosamente grosero hacerlo. Pero necesitaba meterse algo en la boca para no decir algo horrible y horriblemente malévolo. Todo lo que decía su madre era cierto. En muchas bodas de la arustocracia, tal vez incluso en su mayoria, los hombres eran doce y mas años mayores que sus novias. Pero no sabia por que encontraba que la diferencia de edad entre Sasuke y Felicity era mayor aun, tal vez por que... no logro evitar una expresión de repugnancia.

- Es como una hermana para el. Una hermanita menor.

-Francamente, Sakura. A mi no me..

- Es casi incestuoso - mascullo Sakura

-¿ Que has dicho?

- Nada- repuso, volviendo a coger su labor.

- Estoy segura de que dijiste algo.

- Me aclare la garganta- explico Sakura, negando con la cabeza- . Tal vez oíste..

- Te oí decir algo.¡Estoy segura !

Sakura gimió. Su vida se extendía larga y tediosa ante ella.

- Madre- dijo con la paciensia de, si no un a santa, al menos de una monja muy devota- Felicity esta prácticamente comprometida con el señor Albansdale.

Portia empezó a frotarse las manos.

- No se comprometerá con el si logra pescar a Sasuke Uchiha.

- Felicity preferiría morirse antes que ir detrás de Sasuke.

- Noo, desde luego que no. Es una niña inteligente. Cualquiera puede ver que Sasuke Uchiha es mejor partido.

-¡Pero Felicity ama al señor Albansdale!

Portia se desinflo, desanimada, en su mullido sillón.

- Y el señor Albansdale posee una fortuna perfectamente respetable.

Portia se dio unos golpecitos en la mejilla con el indice.

- Cierto. No tan respetable como una tajada Uchiha- añadió en tono agudo- pero nada despreciable, supongo.

Sakura vio que era el momento de dejarlo estar, pero no pudo evitar que se abriera la boca una ultima vez:

- De verdad, madre, es una pareja maravillosa para ella. Deberíamos estar encantadas.

- Lo se, lo se_ gruño Portia- lo que pasa es que he deseado tanto que una de mis hijas se case con un Uchiha. ¡Que éxito! Seria la comidilla de Londres durante semanas. Años, tal vez.

Sakura enterró la aguja en el cojín que tenia al lado. Era una manera idiota de descargar la rabia, pero la única alternativa a ponerse de pie de un salto y gritar a voz en cuello "¿Y YO?" . Al parecer Portia creía que una vez que se casara Felicity, acabaría para siempre toda esperanza de una unión con un Uchiha. Pero ella seguía soltera, ¿ no contaba nada eso? ¿ era demasiado desear que su madre sintiera por ella el mismo orgullo que sentía por sus otras tres hijas? Sabia que Sasuke no la elegiria por esposa, pero ¿no debería una madre ser por lo menos un poquito ciega a los defectos de sus hijas? Era evidente que ni Prudence ni Philippa ni Felicity habían tenido jamas una oportunidad con un Uchiha. ¿Por que su madre parecía pensar que sus encantos superaban tanto los de ella?

Muy bien, tenia que reconocer que Felicity gozaba de una popularidad que superaba las de sus tres hermanas juntas. Pero ni Prudence ni Philippa fueron jamas incomparables. En los bailes revoloteaban por el perímetro del salón igual que ella. Pero claro ya estaban casadas. Ella no habría deseado casarse con ninguno de sus dos cuñados, pero al menos ellas ya eran esposas.

Por suerte la mente de Portia ya andaba por pastos mas verdes.

- Debería ir a ver a Violet- estaba diciendo- . Que aliviada debe de estar por el regreso de Sasuke.

- Seguro que Lady Uchiha estará encantada de verte- dijo Sakura.

- Esa pobre mujer, se preocupa mucho por el ¿sabes?

-Lo se.

- De verdad, creo que eso es mas de lo que tendría que soportar una madre. Tanto que viaja, solo el buen señor sabe donde, a países que son claramente paganos...

-Creo que en Grecia se practica el Cristianismo- mascullo Sakura volviendo la atención a su labor.

- No seas impertinente, Sakura Haruno, y ademas, ¡son católicos!- concluyo, estremeciéndose ante esa palabra.

-No son católicos - replico Sakura, renunciando a su labor y dejándola a un lado - Son ortodoxos griegos.

- Bueno, no pertenecen a la iglesia de Inglaterra- insistió Portia sorbiendo por la nariz.

- Siendo Griegos, no creo que les preocupe terriblemente eso.

Portia la miro des-aprobadora, con los ojos entrecerrados.

- ¿ Y como sabes lo de la religión griega? No- hizo un espectacular ademan con la mano- no me digas, lo has leído en alguna parte.

Sakura se limito a pestañear, tratando de pensar en alguna respuesta.

- Ojala no leyeras tanto- suspiro Portia- igual podrías haberte casado hace años si te hubieras concentrado mas en la finura social y menos en ... menos en ...

-¿Menos en que? - tuvo que preguntar Sakura.

- No lo se. En lo que sea que haces que te tiene contemplando las estrellas y soñando despierta con tanta frecuencia.

- Simplemente pienso- repuso Sakura mansamente- Aveces me gusta parar a pensar-

-¿ Para que?

Sakura no pudo evitar sonreír. Esa pregunta de madre resumía mas o menos lo que diferenciaba a madre e hija.

-No es nada madre. De verdad.

Portia dio la impresión de que quería decir algo mas pero lo pensó mejor. O tal vez solo tenia hambre. Cogió una galleta de la bandeja de te y se la echo a la boca.

Sakura alargo la mano para coger la ultima galleta y entonces desidio dejarse la a su madre; podría convenir le mantenerle llena la boca. Lo ultimo que deseaba era verse envuelta en otra conversación acerca de Sasuke Uchiha.

-¡Ha llegado Sasuke!

Sakura levanto la vista de su libro, Breve historia de Grecia, para mirar a Eloise Uchiha, que entro como una tromba en su habitación. Como siempre, no la habían anunciado. El mayordomo le las Haruno estaba tan acostumbrado a verla por allí que la trataba como a un miembro de la familia.

- ¿Si?- pregunto, consiguiendo fingir, en su opinión, una indiferencia bastante realista.

Claro que ya habia escondido la Breve historia de Grecia debajo de Matilda, la novela de S.R Fielding que hiciera furor el año anterior. Todo el mundo tenia un ejemplar de Matilda en su mesilla de noche. Y era lo bastante voluminoso para ocultar el otro libro.

Eloise fue a sentarse en el sillón del escritorio.

- Si, y viene muy bronceado. Todo ese tiempo al sol, supongo.

-¿Fue a Grecia verdad?

Eloise negó con la cabeza.

-Dice que la guerra ahí ha empeorado, por lo que era muy peligroso ir alli, asi que se fue a Chipre.

- Caramba, caramba - dijo Sakura sonriendo - Lady Whistledown se equivoco en algo.

Eloise sonrio, esa descarada sonrisa Uchiha, y nuevamente Sakura pensó que suerte era tenerla como amiga intima. Las dos eran inseparables desde los diecisiete años; juntas pasaron sus temporadas en Londres, juntas llegaron a la edad adulta, y juntas se convirtieron en solteronas para la consternación de sus respectivas madres.

Eloise aseguraba que no había conocido a la persona adecuada, a Sakura, claro, nadie nunca se lo propuso.

- ¿Le gusto Chipre?

- Dice que es fantástico. Ay como me gustaría viajar. Tengo la impresión de que todo el mundo ha estado en alguna parte, menos yo.

- Ni yo- le recordó Sakura.

-Ni tu. Gracias a dios por ti.

-¡Eloise!- exclamo Sakura arrojando le un almohadón.

Pero también ella agradecía a Dios por Eloise. Todos los días. Muchas mujeres se pasaban toda la vida sin tener ni una sola amiga intima, y ella tenia a una a la que podía contarle casi todo. Nunca le había dicho nada acerca de sus sentimientos por Sasuke, aunque tenia la idea de que Eloise lo sospechaba. Pero por tacto no lo mencionaba, lo cual le confirmaba la certeza de que Sasuke no la amaría jamas. Si a Eloise le hubiera pasado la idea por la cabeza aunque solo fuera un momento, habría comenzado a urdir estrategias casamenteras con una tenacidad que impresionaría a cualquier general del ejercito.

Cuando le interesaba algo Eloise era un tipo de persona bastante mandona.

- ... y dijo que el agua estaba tan agitada que echo las tripas por la borda, y - Eloise se interrumpió, mirándola enfurruñada- No me estas escuchando.

-No - reconoció Sakura- bueno, si, algunas partes. No puedo creer que Sasuke te haya dicho que vomito.

- Bueno, soy su hermana.

- Se pondría furioso si supiera que me lo has contado a mi.

Eloise hizo un gesto de protesta con la mano.

- No le importa, eres como otra hermana para el.

Sakura sonrió, pero suspiro al mismo tiempo.

- Madre le pregunto, como no, si pensaba quedarse en la ciudad para la temporada- continuo Eloise.- y , como no , el se puso terriblemente evasivo, así que decidí interrogarlo yo...

- terriblemente inteligente por tu parte - musito Sakura. Eloise le arrojo el almohadón.

- y por fin logre que me digiera que si que piensa quedarse por lo menos unos meses. pero me hizo prometer que no se lo diré a madre.

- Bueno, eso no es ...- Sakura se aclaro la garganta- terriblemente inteligente por su parte. Si tu madre cree que el tiempo que va a pasar aquí es limitado, redoblara sus esfuerzos para casarlo. Y yo diría que eso es lo que mas desea evitar el.

- Ese parece ser su objetivo en la vida- convino Eloise.

- Si la tranquiliza diciéndole que no tiene ninguna prisa por marcharse, tal vez ella no lo acosaría tanto.

- Interesante idea , pero probablemente eso es mas cierto en teoría que en la practica. Mi madre esta tan resuelta a verlo casado que no le importa aumentar su empeño, sus esfuerzos normales ya lo vuelven loco.

- ¿ puede alguien volverse doblemente loco?- musito Sakura.

- No lo se. Ni creo que me interese descubrirlo.

Las sos se quedaron calladas un rato y de repente Eloise se incorporo de un salto.

- Tengo que irme.

Sakura sonrio. Las personas que no conocian muy bien a Eloise creían que esta tenia la costumbre de cambiar de tema con frecuencia , y bruscamente, pero ella sabia que la verdad era totalmente diferente. Cuando Eloise tenia la mente puesta en algo era incapaz de olvidarlo. Lo cual significaba que si de pronto quería marcharse , eso tenia que ver con algo que habían hablado antes esa tarde.
—Esperamos a Sasuke para el té.

Sakura sonrió. Le encantaba tener razón.

—Deberías venir —añadió Eloise.

Sakura negó con la cabeza.

—Él querrá que sólo esté la familia.

—Puede que tengas razón —dijo Eloise, asintiendo levemente—. Muy bien, entonces, me voy. Siento terriblemente hacer tan corta la visita pero quería estar segura de que sabías que Sasuke está en casa.

—Whistledown —dijo Sakura.

—De acuerdo. ¿De dónde saca la información esa mujer? —observó Eloise, moviendo la cabeza pensativa—. Te juro que a veces sabe tanto sobre mi familia que pienso si no debería asustarme.

—No puede continuar eternamente —comentó Sakura, levantándose para acompañar a su amiga hasta la puerta—. Alguien va a descubrir finalmente quién es, ¿no te parece?

Eloise llegó a la puerta, cogió el pomo, lo giró y tiró.

—No lo sé. Yo también lo pensaba. Pero ya van diez años. Más en realidad. Si la fueran a descubrir, yo creo que ya lo habrían hecho.

Sakura la siguió por la escalera.

—Finalmente cometerá un error. Tiene que cometerlo. No es más que un ser humano.

Eloise se echó a reír.

—Mira tú, y yo que creía que era un Dios menor.

Sakura se sorprendió sonriendo de oreja a oreja. En eso Eloise se detuvo y se giró tan de repente que Sakura chocó con ella y a punto estuvieron las dos de caer rodando por los últimos peldaños de la escalera.

—¿Sabes qué?

—No logro ni empezar a elucubrar —repuso Sakura.

Eloise ni se molestó en hacer una mueca.

—Apostaría que ya ha cometido un error.

—¿Qué?

—Tú lo dijiste. Ella, o podría ser él, supongo, lleva más de diez años escribiendo esa hoja. Nadie podría hacer eso tanto tiempo sin cometer un error. ¿Sabes qué creo yo?
Sakura abrió las palmas en un gesto de impaciencia.

—Creo que los demás somos tan estúpidos que no notamos sus errores.

Sakura la miró fijamente un momento y luego le entró un ataque de risa.

—Ay, Eloise —dijo, limpiándose las lágrimas de los ojos—. Cuánto te quiero.

Eloise sonrió de oreja a oreja.

—Y va bien que me quieras, solterona que soy. Tendremos que instalar casa juntas cuando lleguemos a los treinta y seamos verdaderas viejas.

Sakura se agarró a esa idea como a un bote salvavidas.

—¿Crees que podríamos? —exclamó. Después de mirar furtivamente a uno y otro lado del vestíbulo, añadió en voz muy baja—: Madre ha comenzado a hablar de su vejez con alarmante frecuencia.

—¿Qué tiene de alarmante eso?

—Yo aparezco en todas sus visiones, sirviéndola a cuatro patas.

—Ay, Dios.

—Una expresión más moderada que esa me ha pasado por la mente.

—¡Sakura! —exclamó Eloise, pero sonriendo.

—Quiero a mi madre.

—Ya lo sé —dijo Eloise en tono algo apaciguador.

—No, de verdad, la quiero.

A Eloise empezó a curvársele la comisura izquierda de la boca.

—Ya sé que es verdad. De verdad.

—Es sólo que…

Eloise la interrumpió levantando una mano.

—No hace falta que digas nada más. Lo comprendo perfectamente. Yo… ¡Ah!, buen día señora Haruno.

—Eloise —dijo Portia, irrumpiendo en el vestíbulo—. No sabía que estabas aquí.

—Soy tan sigilosa como siempre. Descarada, incluso.

Portia le sonrió indulgente.

—Supe que tu hermano ha regresado a la ciudad.

—Sí, todos estamos dichosísimos.

—Seguro que lo estaréis, en especial tu madre.

—En efecto. Está fuera de sí. Creo que ya está haciendo una lista.

Portia se reanimó toda entera, como le ocurría siempre que se mencionaba algo que pudiera considerarse un cotilleo.

—¿Una lista? ¿Qué tipo de lista?

—Ah, ya sabe, la misma lista que ha hecho para todos sus hijos adultos. Posibles cónyuges y todo eso.

—Ah, pues eso me hace pensar —dijo Sakura en tono sarcástico—, qué constituye «todo eso».
—A veces pone a una o dos personas absolutamente inadecuadas como para destacar las cualidades de las verdaderas posibilidades.

Portia se echó a reír.

—¡A lo mejor te pone a ti en la lista de Sasuke, Sakura!

Sakura no se rió. Eloise tampoco. Portia no pareció notarlo.

—Bueno, será mejor que me vaya —dijo Eloise, aclarándose la garganta para disimular un momento incómodo para dos de las tres personas reunidas en el vestíbulo—. Sasuke irá a tomar el té. Madre quiere que esté toda la familia.

—¿Vais a caber todos? —preguntó Sakura.

La casa de lady Uchiha era grande, pero entre sus hijos, cónyuges y nietos sumaban veintiuno. Una prole numerosa en realidad.

—Iremos a la casa Uchiha —explicó Eloise.

Cuando su hijo mayor se casó su madre, Violet, se marchó de la residencia oficial de los Uchiha. Anthony, que heredó el título de vizconde a los dieciocho años, le dijo que no tenía que marcharse, pero ella insistió en que él y su esposa necesitaban su intimidad. En consecuencia, Anthony y Kate vivían con sus tres hijos en la casa Uchiha, mientras Violet vivía con sus hijos solteros (a excepción de Sasuke, que tenía sus habitaciones propias) a sólo unas manzanas, en Bruton Street número 5. Después de más o menos un año de infructuosos intentos de ponerle un nombre a la nueva residencia de lady Uchiha, la familia optó por llamarla simplemente casa Número Cinco.

—Que lo paséis bien —dijo Portia—. Tengo que ir a buscar a Felicity. Estamos retrasadas para la prueba con la modista.

Eloise esperó que Portia desapareciera en el rellano de la escalera para comentar a Sakura:

—Me parece que tu hermana pasa muchísimo tiempo en la modista.

Sakura se encogió de hombros.

—Felicity está a punto de volverse loca con tantas pruebas, pero ella es la única esperanza de madre para un matrimonio verdaderamente grandioso. Creo que está convencida de que Felicity va a pescar a un duque si lleva el vestido adecuado.

—¿No está prácticamente comprometida con el señor Albansdale?

—Me imagino que él va a hacer la proposición formal la semana que viene, pero mientras tanto madre mantiene abiertas sus opciones. —Miró hacia arriba poniendo los ojos en blanco—. Será mejor que adviertas a tu hermano para que guarde las distancias.

—¿Gregory? —preguntó Eloise, incrédula—. Pero si aún no ha terminado la universidad.

—Sasuke.

—¿Sasuke? —exclamó Eloise desternillándose de risa—. ¡Uy, qué gracioso!

—Eso fue lo que le dije yo, pero ya sabes cómo es cuando se le mete una idea en la cabeza.

—Bastante como yo, me imagino —rió Eloise.

—Tenaz hasta el final.

—La tenacidad puede ser algo muy bueno —le recordó Eloise—, en el momento oportuno.

—De acuerdo —replicó Sakura, sonriendo sarcástica—, y en el momento inoportuno es una absoluta pesadilla.

—Alégrate, amiga —rió Eloise. Por lo menos te has librado de todos esos vestidos amarillos.

Sakura se miró su vestido de mañana, que era de un tono de azul que sentaba muy bien, si ella se lo decía.

—Dejó de elegirme la ropa cuando por fin comprendió que ya estaba oficialmente para vestir santos. Una hija sin perspectivas de matrimonio no vale el tiempo ni la energía que le consume ofrecer consejos sobre moda. No me ha acompañado a la modista ni una sola vez desde hace más de un año. ¡Dicha!

Eloise le sonrió a su amiga, observando de paso que su piel adquiría una hermosa tonalidad melocotón y crema siempre que llevaba colores más fríos.

—Fue evidente para todos el momento en que te permitieron elegir tu ropa. Incluso lady Whistledown lo comentó.

—Escondí ese número para que no lo viera madre —confesó Sakura—. No quería que le hiriera los sentimientos.

Eloise pestañeó varias veces y luego dijo:

—Eso fue muy amable por tu parte, Sakura.

—Tengo mis momentos de caridad y buen talante.

Eloise soltó un bufido.

—Uno diría que un componente esencial de la caridad es la capacidad de no atraer la atención a que uno la posee.

Sakura frunció los labios y la empujó hacia la puerta.

—¿No tenías que irte a casa?

—¡Me voy! ¡Me voy!

Y se fue.

Era bastante agradable estar de vuelta en Inglaterra, decidió Sasuke, tomando un trago de un coñac francamente excelente. En realidad era bastante raro que le gustara volver a casa tanto como le gustaba partir. Dentro de unos meses, seis como máximo, le entraría nuevamente el prurito de marcharse, pero por el momento, Inglaterra en abril estaba fantástica.

—Es bueno, ¿verdad?

Sasuke levantó la vista. Su hermano Anthony estaba apoyado en la parte anterior de su inmenso escritorio de caoba, moviendo su copa hacia él. Asintió.

—No me había dado cuenta de lo mucho que lo echaba de menos hasta que volví. El ouzo tiene sus encantos, pero esto —levantó la copa—, es celestial.

—¿Y cuánto tiempo piensas quedarte esta vez? —le preguntó Anthony, sonriendo irónico.

Sasuke fue a ponerse junto a la ventana a fingir que miraba hacia fuera. Su hermano mayor ni siquiera intentaba disimular su impaciencia con él por su gusto de ver mundo. Y la verdad, no podía decir que no lo comprendiera. De tanto en tanto resultaba difícil hacer llegar cartas a casa, por lo que seguro que su familia tenía que esperar un mes o incluso dos para saber cómo estaba.

Pero si bien no le agradaría nada estar en su piel, sin saber nunca si un ser querido estaba vivo o muerto, esperando constantemente que el mensajero golpeara la puerta, eso no bastaba para hacerlo mantener sus pies firmemente plantados en Inglaterra. De vez en cuando sencillamente tenía que alejarse. No había otra manera de explicarlo.

Alejarse de los miembros de la aristocracia, que lo consideraban un pícaro encantador y nada más, alejarse de Inglaterra, que alentaba a los hijos menores a entrar en el ejército o en el clero, opciones que no se avenían en nada con su temperamento. Incluso alejarse de sus familiares, que aun cuando lo amaban incondicionalmente no tenían la menor idea de que lo que de verdad deseaba, en lo más profundo de su ser, era hacer algo. Anthony poseía el vizcondado, con la miríada de responsabilidades añejas; llevaba las propiedades, administraba la economía familiar, se ocupaba del bienestar de los incontables aparceros y criados. Benedict, su hermano cuatro años mayor que él, ya gozaba de fama como pintor; había empezado con papel y lápiz, pero a instancias de su mujer pasó a pintar al óleo, y uno de sus paisajes ya colgaba en la National Gallery.

Anthony seria siempre recordado en el árbol familiar como e séptimo vizconde Uchiha. Benedict viviría a través de sus cuadros hasta mucho después que abandonara esta Tierra.

Pero él no tenía nada. Administraba la pequeña propiedad cedida por su familia y asistía a fiestas. Jamás se le ocurriría ni soñar con declarar que no se divertía, pero a veces deseaba algo más que diversión.
Deseaba una finalidad.

Deseaba dejar un legado.

Deseaba, si no saberlo por lo menos esperar que cuando hubiera muerto, se lo recordaría de alguna manera distinta a como aparecía en los Ecos de Sociedad de Lady Whistledown. Exhaló un suspiro. No era de extrañar que se pasara tanto tiempo viajando.

—¿Sasuke? —dijo su hermano.

Se giró a mirarlo, pestañeando. Estaba bastante seguro de que le había hecho una pregunta, pero en algún momento mientras dejaba vagar la mente, se le olvidó qué.

—Ah, sí. —Se aclaró la garganta—. Me quedaré hasta que termine la temporada, por lo menos.

Anthony no dijo nada, pero habría sido difícil no ver su expresión de satisfacción.

—Si no otra cosa —añadió Sasuke, fijándose su legendaria sonrisa sesgada en la cara—, alguien tiene que mimar a tus hijos. No creo que Charlote tenga suficientes muñecas.
—Sólo cincuenta —convino Anthony, con la voz sin expresión—. La pobre cría está horrorosamente descuidada.

—Su cumpleaños es a finales de mes, ¿verdad? Creo que tendré que descuidarla un poco más.

—Y hablando de cumpleaños —dijo Anthony, instalándose detrás de su escritorio en el enorme sillón—. De este domingo al otro es el de madre.

—¿Por qué crees que me di prisa en volver?

Anthony arqueó una ceja, y Sasuke tuvo la clara impresión de que estaba tratando de decidir si realmente había vuelto para estar en el cumpleaños de su madre, o sencillamente aprovechaba el momento para hacer ver lo oportuno de su vuelta.

—Vamos a darle una fiesta —explicó Anthony.

—¿Y os lo va a permitir?

Sabía por experiencia que a las mujeres de cierta edad no les gustaba que les celebraran los cumpleaños. Y si bien su madre seguía siendo muy hermosa, sí que tenía una cierta edad.

—Nos vimos obligados a recurrir al chantaje —reconoció Anthony—. O aceptaba la fiesta o revelábamos su verdadera edad.

Sasuke comprobó que no debería haber tomado ese trago de coñac; se atragantó y por un pelo logró evitar rociarlo sobre su hermano.

—Me habría gustado ver eso.

Anthony esbozó una sonrisa bastante satisfecha.

—Fue una brillante maniobra por mi parte.

Sasuke apuró el resto del coñac.

—¿Qué posibilidades hay, crees tú, de que no aproveche la fiesta como ocasión para encontrarme esposa?

—Muy pocas.

—Ya me lo parecía.

Anthony se apoyó en el respaldo del sillón.

—Ya tienes treinta y tres años, Sasuke…

—Dios de los cielos —exclamó Sasuke, mirándolo incrédulo—, no empieces a regañarme.

—Ni lo soñaría. Simplemente te iba a sugerir que mantuvieras los ojos abiertos durante esta temporada. No tienes por qué buscar una esposa, pero no te hará ningún daño mantenerte por lo menos abierto a la posibilidad.

Sasuke miró hacia la puerta, con la intención de atravesarla muy pronto.

—Te aseguro que no me repugna la idea del matrimonio.

—No se me ha pasado por la cabeza la idea de que te repugnara —dijo Anthony con voz arrastrada.

—Pero no veo mucho motivo para precipitarme.

—Nunca hay un motivo para precipitarse —replicó Anthony—. Bueno, rara vez en todo caso. Simplemente dale el gusto a nuestra madre, por favor.
Sasuke no se había dado cuenta de que seguía sosteniendo la copa vacía, hasta que se le deslizó por los dedos y cayó sobre la alfombra con un fuerte clinc.

—Buen Dios —susurró—, ¿está enferma?

—¡No! —exclamó Anthony, en voz demasiado alta y enérgica, por la sorpresa—. Nos va a sobrevivir a todos, no me cabe duda.

—Entonces, ¿qué pasa?

Anthony suspiró.

—Simplemente deseo verte feliz.

—Soy feliz.
—¿De veras?

—Demonios, soy el hombre más feliz de Londres. Lee a lady Whistledown. Ella te lo dirá.

Anthony miró la hoja que tenía sobre el escritorio.

—Bueno, tal vez no en ese número, pero en cualquiera del año pasado. Me ha llamado encantador más veces de lo que ha llamado terca dogmática a lady Danbury, y los dos sabemos qué proeza es ésa.

—Encantador no equivale necesariamente a feliz —objetó Anthony dulcemente.

—No tengo tiempo para esto —masculló Sasuke. Nunca le había parecido tan estupenda la puerta.

—Si fueras verdaderamente feliz —insistió Anthony—, no vivirías marchándote.

Sasuke se detuvo con la mano en el pomo.

—Anthony, me «gusta» viajar.

—¿Constantemente?

—Debe ser así, si no no lo haría.

—Ésa es una respuesta evasiva si he oído alguna.

—Y ésta —dijo Sasuke mirándolo con una pícara sonrisa— es una maniobra evasiva.

—¡Sasuke!

Pero él ya había salido de la sala.

SI LES GUSTO DEJEN UN COMENTARIO, Y SI LES GUSTARIA QUE ADAPTARA OTRA HISTORIA DE ESTA FAMILIA, SOLO DIGAN CUAL. SALUDOS :)