Eliza bajo el miscroscopio

Eliza fue educada en casa básicamente desde que nació. Su madre le enseñó a leer y obviamente sus primeras palabras fueron los nombres científicos de los animales que se encontraban en el camino:

- Phyllobates terribilis.

- Lilobates tedibis.

- ¡Muy bien Manzanita!- Nigel alzó los puños celebrando y asustó a la rana dardo que estaba sobre una roca y que Marianne grababa.

Contaba zebras, dientes de cocodrilo, aprendió a sumar y restar con los dedos de las manos; le enviaban por correo a su madre las materias que debía estudiar y le compraban libros en inglés y uno que otro en el idioma local. Debbie le explicaba los temas que se le facilitaban (sorpresivamente era muy buena en Literatura), ella siguió los pasos de su madre y entró a la facultad de Periodismo. Cuando iba a terminar la preparatoria Eliza sabía que quería seguir haciendo lo que sus padres hacían: viajar y proteger a los animales.

Le era fácil hacer amigos, incluso humanos, pues sabía que probablemente no los volvería a ver. En muchos pueblos la gente no tenía luz, menos teléfono para llamadas internacionales o internet. No sabe cómo están ellos ahora. Era muy intuitiva y aplicada para sus clases, pero tenía cero capacidades para mantener amistades a largo plazo, generar relaciones profundas, hablar de otra cosa además del clima.

Revisó detalladamente los planes de estudios: Biología incluía mucha botánica. Las plantas no parecían tan interesantes como los animales, pues no podía hablar con ellas, pero le resultaron útiles, como la ortiga que causa urticaria, o la piña que te degrada la lengua mientras te la comes. También llevaría materias interesantes como micología y microbiología que incluía algunas enfermedades bastante asquerosas; veterinaria le enseñaría a diagnosticar y operar animales, sí, pero la mitad de las materias eran enfocadas a perros, gatos y ganado agrícola (vacas, caballos, cabras). Llevaría dos materias de Fauna silvestre en los seis años de toda la carrera. Además, sabía que tendría que sacrificar algunos ejemplares para observar sus tejidos y órganos, sólo así aprendería a operarlos eventualmente. No soportaba que un ratón le rogara por su vida antes de tener que dormirlo. Terminó decidiéndose por biología porque en las prácticas puedes acampar en el bosque.

-Si no quedo seré una fracasada, una nini, mantenida- la pobre chica ya tenía marcas en los muslos de tanto rascarse. Abrió torpemente la ventana de su correo electrónico, pues los resultados del examen que había hecho en primavera se publicarían ese día.

-Si no quedas seguirás viajando con nosotros y ayudarás a editar las películas que tu madre grabe. Muchos matarían por una pasantía con el poderosísimo Nigel Thornberry- su padre levantó la barbilla fingiendo arrogancia.

- Tu vanidad justificada no me ayuda en este momento, papá- le temblaban las manos y se le cayó el mouse.

- Yo reviso el correo- la empujó suavemente de su silla y se sentó frente a la computadora-, salte.

La pelirroja caminaba en círculos como león enjaulado sobre el techo de la casa rodante y se deshacía y volvía a hacer las trenzas.

Nigel asomó su cabeza a través del quemacocos sin ninguna expresión. Se quedó inmovil viendo los pies de su hija.

- ¡¿Y?!

- Pasaste. Debes matricularte para que se te asigne tu habitación y escojas tus materias dentro de un mes.

- ¡¿Qué?!- brincó violentamente y entró de regreso para leer la carta por sí misma. Tenía el sello y la firma del secretario académico.

Eliza quedó en segundo lugar en su examen de ingreso en la Universidad de Oxford, no sabe si a pesar o gracias a que fue educada en casa. La verdad es que pasó muchas noches estudiando, pues sabía que no sólo vendrían preguntas de zoología, y que no podía preguntarles a sus animales. Tuvo que repasar matemáticas, que siempre la dejaban con sueño, inglés y otras materias.

La pelirroja metía desordenadamente su ropa a su maleta la noche anterior a su vuelo. Cuatro pantalones, un jumper, diez blusas, dos chamarras, sus botas de campo, unas chanclas para baño y unas sandalias. Desodorante, su shampoo sólido, bálsamo labial, ligas para el pelo, un cepillo, calcetines…

- Mi celular, mi laptop… -Estaba segura de que olvidaría algo y tendría que comprarlo, sólo esperaba que no fuera algo tan caro.

- Me parece una falta de respeto que no quieran incluirme para estudiar contigo. La mitad del tiempo soy más educado que tú- Darwin entró caminando sobre sus dos patas que parecían manos y con aire ofendido.

- Entiendes que no puedes ir conmigo esta vez ¿verdad? – la chica no lo volteó a ver, tenía demasiadas cosas en la cabeza - Podrían expulsarme y esta vez sí quiero estar ahí.

- ¿Quién me defenderá de Doni? - el chimpancé preguntó exageradamente y se acomodó en la hamaca roja que estaba colgada en la esquina.

- Debiste aplicar para estudiar teatro, rey del drama - cerró la maleta y se sentó encima.

- Tú sabes más que todos los compañeros que vas a tener - su amigo agarró una de las revistas de bandas de Debbie y la ojeó -, probablemente más que los profes.

- Hay cosas que no puedo aprender a través de mi laptop, Dar. Si le pregunto a un ocelote qué le duele de qué sirve si no sé cómo curarlo - enredó el cargador de su celular y lo metió al estuche-. Algunas clases serán muy aburridas: usar bata blanca, horas frente a un miscroscopio. No te gustaría.

- Te verás bonita con bata blanca- Darwin suspiró y la abrazó muy fuerte. Sabía que crecería mucho durante el tiempo que estuviera lejos -. Tendré que vivir con eso.

- ¿Llevas tu medicina para la alergia? - Marianne entró con una canasta llena de toallas para bañarse. Traía un paliacate en la cabeza color amarillo.

- Sí, ma.

- ¿Calcetines, ropa interior?

- Mamá - contestó la hija ligeramente molesta -, ¿cuántos años tengo?

- Dieciocho. ¿Tu pasaporte?

- Sí, ¿no confías en mí? – la verdad es que se había olvidado por completo del pasaporte. Y su madre lo sabía porque ella lo tenía guardado en el cajón de "documentos importantes que no se pueden perder".

- Tengo que confiar en ti, no me queda de otra - le sonrió con un brillo de tristeza en los ojos.

- Será más difícil localizarlos a ustedes que a mí. Si pasa algo no creo que haya señal en una cueva en Tailandia, donde probablemente estarán grabando- le hizo notar con una mezcla de envidia y nostalgia.

- Por eso te enviaremos cartas, fotos, reportes mensuales. Será como si no te hubieras ido. A cambio espero lo mismo.

- Haré lo mejor que pueda. Sé que si no doy señales tomarán un avión, interrogarán al director y aparecerán en mi cuarto sin avisar.

- Qué bien nos conoces, hija - le apretó el brazo con cariño.


Qué te digo, los capítulos están en Facebook y es una joya de serie. Siempre digo que gracias a ella escogí mi carrera.