El último viaje
5
Dos años después
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La vida en Japón no era lo que la joven de cabellos verdes pensaba. Desde que llegó a la tierra del sol naciente, dos años atrás, había tratado de buscar motivación en sus labores diarias entreteniéndose con sus amigos de bronce como Jabu, Ichi o Nachi. Seiya y los demás habían logrado recuperarse con éxito de la última batalla viviendo en paz de ahí en adelante.
Razones para mantenerse tranquila, tenía de sobra aunque eso no la hacía sentirse mejor.
La gran mayoría de ellos vivían en los alrededores de la casa de Saori siendo solo Shun y Shaina quienes vivían en su casa. Hyoga se volvió a Siberia, Shiryu se encontraba en China, Ikki continuaba desaparecido y Seiya pasaba tiempo con su hermana quien ahora trabajaba en el orfanato al lado de su amiguita Miho. A veces Jabu la forzaba a unirse a sus actividades a lo cual Shaina aceptaba tratando de integrarse y de divertirse con los demás.
—Son buenos chicos, alegres y divertidos —se decía la joven volviendo a casa esa noche luego de salir con todos a distraerse tras el largo día.
No obstante, Jabu notaba cierta tristeza en los ojos de la joven pese a que ella trataba de disimularlo y mostrarse alegre conviviendo con todos cuando la ocasión lo ameritaba, pero el santo de unicornio podía leer la mirada de su amiga, en cómo suspiraba sin estar conciente y como parecía haberse vuelto más dura conforme pasaban los meses.
—¿Cuánto tiempo más te amargarás la existencia? —le dijo unos meses después de su llegada a oriente cuando la invito a salir en plan de amigos— ¡Ya déjalo por la paz! Si lograste olvidar a Seiya, podrás olvidar al espectro.
—Ya basta Jabu… —comenzó a decir algo molesta— No estoy de humor para escuchar esto, además no tienes idea de como me siento.
La joven molesta se adelantó dejando atrás a su amigo quien, desde hacía varios días, no dejaba de fastidiarla.
Lo peor era que, incluso dos años después, el unicornio estaba en lo correcto y ya no valía la pena lamentarse sino seguir adelante y encontrar a otra persona, o bien, no buscarse otro amor pues no lo necesitaba. Razón por la cual rechazaba a todos los que se le acercaban, uno que otro santo de bronce había intentado conquistarla sin éxito. Nachi o Ichi, quienes se vieron rechazados amablemente por la amazona a razón de que eran grandes amigos y nada más.
—No necesito pareja por ahora —se reafirmó molesta caminando a la casa de Saori ubicada a las afueras de la ciudad—. Ya me cansé de que no me dejen en paz, puedo arreglármelas sola —apenas llego a casa dejo de refunfuñar deseosa por meterse en la cama.
Sabía que, tarde o temprano, toda la tristeza que aún sentía pasaría. Como bien Jabu había mencionado filosamente en repetidas ocasiones: si había logrado olvidar a sus amores fallidos pasados, podría olvidar al juez. No deseaba hacerlo por ahora, pero un día de estos él se desvanecería de su recuerdos sin que ella se percatara.
Shaina continuó su camino sujetando con aprehensión el colguije bajo sus ropas que él le obsequió.
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Aquella mañana Saori citó a la amazona a su oficina ya que debía discutir algo con ella lo antes posible. La joven entro en el amplio despacho de la diosa tomando asiento en uno de los mullidos sofás mientras Tatsumi le ofrecía café. Saori estaba delante de la ventana revisando un documento que le mostró enseguida.
—¿Programa de protección al patrimonio cultural? —preguntó la joven sin entender apenas miró la primera página.
—Así es. Verás, el gobierno de Grecia se percató de la caída del Patriarca y el cese de actividades en el Santuario mostrándose dispuestos a abrir el lugar a los turistas.
—¿Qué?
—El Santuario ha dejado de funcionar como sitio de entrenamiento oficialmente siendo reconocido por diferentes entidades como "un lugar arqueológico" que debe preservarse.
—No entiendo… ¿Eso quiere decir que jamás volverá a operar como tu recinto, como el lugar donde se honraba tu memoria y se te protegía?
—Shaina —replicó Saori sonriente—, creo que no ha operado como tal desde la guerra santa del siglo 18. Los últimos 243 años no sucedieron cosas precisamente buenas. Con Hades derrotado, no ocurrirá nada más y, siendo honestos, creo que podría tener otro fin que no sea el de torturar aprendices de caballero.
—Pero… ¿dónde entro yo en todo este proyecto?
—Necesito que regreses al Santuario. Dentro de un mes acudirán diferentes mandatarios locales a recorrerlo, me presentaré también para ese entonces, pero requiero que acudas primero ya que Marin te entregará los avances que hay hasta ahora.
—¿Marin ya no estará a cargo de esto?
—No, ella… Ha tomado una decisión y nos dejará dentro de poco ya que tiene otros planes personales, ¿entiendes?
—No me comentó nada… —dijo Shaina con tristeza y casi decepción.
—Arreglare tu traslado a Grecia para dentro de una semana. Mi jet privado podrá acercarse a la mitad del camino, pero debido a un problema de agenda el resto del viaje deberás hacerlo en vuelo comercial.
—Entiendo…
La joven salio de la sala llena de sentimientos encontrados pues, por un lado le hacía feliz volver a Grecia debido lo que significaba para ella, pero, por otro lado, el saber que Marin se retiraba de su puesto como amazona y como cabeza temporal de las actividades que aún se llevaban a cabo en el Santuario, le parecía duro. Era cierto que había un cese de ciertas operaciones en ese territorio sin embargo, era el sitio al que podía llamar hogar, el lugar que la vio crecer y no terminaba de asimilar que ahora sería un punto turístico.
—Será mejor que me apresure a viajar cuanto antes para verla antes de que se vaya de ahí.
Con un poco más de calma y cabeza fría, Shaina analizó lo que significaba volver al viejo continente pues podría retomar el contacto con la persona que le interesaba si es que él aún estaba interesado. Cabía la posibilidad de que Radamanthys ya hubiera pasado página luego de dos años y no respondiera a su llamado.
—Más le vale no haber hecho algo así… —pensó molesta un momento después pues si volvía no solo era por las actividades en el Santuario, si no para estar con él—. ¡Haré que se arrepienta si es que me cambio por otra persona! —repetía.
La ruta de vuelo que le fue comunicada en los siguientes días era: jet privado hasta el aeropuerto de Toronto donde debía abordar un vuelo comercial que la llevaría hasta Atenas haciendo una larga escala en la ciudad alemana de Frankfurt. Shaina observó a la secretaría de la diosa quien la observaba avergonzada.
—Le pido disculpas, señorita Shaina, no pudimos encontrar un vuelo ese mismo día. Serán veinticuatro horas en Frankfurt y este es el comprobante de su reservación de hotel. El lugar está a solo una estación de tren desde el Aeropuerto.
—No tengo ningún problema —respondió sonriente.
Había recibido la mejor noticia en dos años: volvía a casa, tendría un puesto importante como encargada de todo el proyecto que Saori le encomendó -gozando de una paga justa- además de que tendría veinticuatro hermosas horas en un punto al que el juez del Inframundo tenía permitido ir. No bien había cerrado la puerta del salón cuando su cabeza comenzó a maquilar fantasías sobre un reencuentro.
—¡No me importan las circunstancias y esas tonterías! —se decía delante del espejo—, me reencontraré con él así deba ir hasta el mismo Inframundo a buscarlo.
Su viaje sería dentro de un par de días ya que a Saori le interesaba mucho que llegara allá cuanto antes. De hecho, como apoyo a la joven cobra, Jabu sería quien la acompañara apenas volviera de sus días de descanso. Eso sería un par de días después de que ella se adelantara.
—No hay problema, podré con todo mientras él se desplaza hacía allá —comentó confiada a la diosa quien se quedaría al lado de Shun como su protector mientras los demás estaban fuera.
Una vez más, Shaina empacaba su enorme maleta con todas sus pertenencias esperando no volver al oriente en una larga temporada. Tenía varios objetos significativos con ella los cuales guardó con sumo cuidado pues le traían recuerdos importantes. Cuando todo estuvo listo se preparó para ir a la cama ya que saldría rumbo a Canadá en el jet privado a eso de las 4am para un viaje de diez horas hasta Toronto.
Desde ese lugar le esperaban un aproximado de ocho horas hasta la ciudad de Frankfurt donde ella esperaba tener su anhelado reencuentro.
—No me importa si está con otra persona… —se decía persistente tras girarse sobre las mantas varias veces sin poder permitirse ni un momento de descanso—. Lo recuperaré. Dos años no representan nada para él, así que no debería haberme olvidado. ¡Más vale que no! —el terror que ocurriera con Radamanthys lo mismo que con Seiya y otras personas se manifestó desde lo profundo de su memoria.
Sus imaginaciones amenazaban con quitarle el sueño por esa noche ya que estaba dedicando demasiado tiempo en alucinar cosas sin sentido y sin fundamentos por lo que, haciendo un gran esfuerzo, es que logró conciliar el sueño a eso de las diez.
La joven dejó Japón saliendo de la casa de la diosa aquella mañana antes del amanecer deseosa por dormir un poco más durante el largo traslado en avión.
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En el Inframundo
Minos y Aiacos observaban a Radamanthys llenar libro de registro tras libro de registro casi sin parar desde hacía dos años exactamente, concluyendo que aquello ya era demasiado. El juez de wyvern parecía estar mucho más absorto que otros días ignorando a todos a su alrededor asistido por Lune.
—Amigo… —Minos lo llamó preocupado repitiendo el mismo discurso desde hacía meses— Hace casi dos años que no sales al mundo mortal ni has tomado un descanso significativo. De verdad este ritmo de trabajo acabará con tu mente.
—Todo está bien Minos —Radamanthys respondió mecánicamente sin levantar la mirada—, no necesito salir por ahora. Hay mucho que hacer.
—Pero… ¿no quieres que vayamos a The Churchill arms por unos tragos al menos?
—¿Por qué te preocupa tanto que salga o no salga del Inframundo? —preguntó de pronto algo fastidiado por tanta insistencia— Siempre me echas bronca cuando salgo y ahora que no he puesto un pie afuera, me sigues fastidiando.
—Escucha, solo te pedí que permanecieras aquí unos treinta días o cuarenta a lo mucho; dos años sin salir ni una sola vez, me parece exagerado —indicó Minos genuinamente preocupado por su amigo—. Terminarás por volverte loco.
—No es verdad, salí un día o dos hace como año y medio; además, como si eso me importara —respondió tajante poniéndose de pie—. Estaré en el palacio del juicio el resto del día. Vayan de paseo ustedes si quieren.
Dicho esto, se retiró al edificio de la corte sin ánimos de discutir.
Minos deseaba que su repetitiva etapa de duelo terminará pronto, pero parecía que duraría más de lo esperado. Ya lo conocía, se había puesto así en dos o tres ocasiones aunque, la mayor diferencia, era que la mujer que lo tenía tan mal estaba viva en alguna parte del mundo y él no tenía autorizado contactarla. No podía intentarlo siquiera.
—Pero, así hubiese una oportunidad de reunirse con ella, solo podría verla unos treinta minutos más o menos y, luego de eso, tendría que esperar años para poder citarla otra vez. No vale la pena proponérselo —se dijo el grifón pensativo.
Radamanthys y Aiacos se ocuparon de los juicios esos días casi sin descanso. El wyvern estaba motivado por la terapia ocupacional a mantener la mente ocupada lo más posible para no pensar en ella, para no pensar en Shaina, quien aún estaba en su mente tantos meses después. La garuda lo observaba de tanto en tanto sorprendido por su inquebrantable concentración, habilidad numérica y capacidad de emitir un juicio en tiempo record.
—No quiero ser mala persona —decía Aiacos por lo bajo—, pero si así trabajara siempre, tendríamos más tiempo libre y terminaríamos todos los reportes en cosa de horas.
Minos los alcanzó un momento después y, sorprendentemente, avanzaron el trabajo más rápido de lo esperado sin embargo, para el grifón no era natural tanta abstracción de parte del dragón.
—Escucha tu desempeño hoy día es sobresaliente, pero… —Minos y Aiacos lo observaron preocupados mientras Radamanthys los observaba con calma.
—Ars totum requirit hominem —respondió el wyvern poniéndose de pie al final de su turno para volver a la sala de trabajo y conciliar los reportes.
—Creo que no estás precisamente entero y nunca hablas en latín— replicó Minos molesto—, ¡basta amigo, tomate un descanso a la voz de ya!
—¡No necesito descansar, Minos!
—¡No te estoy preguntando! Agenda una cita contigo mismo en el mundo mortal, así sea en las tabernas de mala muerte que tanto te gustan, pero sal del Inframundo y vuelve hasta mañana. ¡Hazlo ahora!
—Bien…
Minos era muy insistente con eso ya que tenía algo de miedo de que su colega comenzara a perder la cabeza y se pusiera agresivo con todos. Contenerlo requería muchos soldados ya que poseía gran fuerza física y, lo que menos deseaba, era que ocasionara caos. En un momento de gran exaltación, era capaz de manipular su cosmos como para destruir la mitad del inframundo, en apariencia podría ser el más débil en cuanto a técnicas sin embargo, poseía una energía poderosa y caótica.
Radamanthys volvió sumamente molesto a su templo. Minos lo echó del Inframundo por veinticuatro horas al menos y podría molerlo a golpes por eso, no obstante la idea de vaciar sus penas en alcohol una tarde entera, no sonaba tan mal. Antes de tomar una decisión, se aproximó al librero más cercano observando la única foto que tenía al lado de Shaina. La imagen de la joven aún no se desvanecía del papel, clara evidencia de que ella todavía lo recordaba.
Le dolía en el alma no poder verla siquiera y más sabiendo que estaba en los recuerdos o pensamientos de la chica. Tenía miedo de que ella le olvidara para siempre gracias al inminente paso del tiempo; sabía que mantener viva esa esperanza no lo llevaba a ningún lado, pero era lo único que le quedaba por ahora. La esperanza de volver a verla algún día, no importaba cuanto tuviera que esperar.
Dejo la foto en su sitio lanzando un largo suspiro preparándose para salir.
El juez regreso a la sala buscando algo sumamente importante y que ya llevaba rondando en su cabeza varios días: un cigarrillo. Si había algo que deseaba con anhelo era el llevarse a los labios el pequeño y delgado tubito de papel relleno de tabaco, eso seguramente le levantaría el ánimo de cien formas. Se dispuso a buscar entre las gavetas si habría alguna cajetilla disponible topándose con el panfleto doblado en tres, al cual dejó de prestar atención hace como año y medio más o menos.
La extrajo observando que continuaba en blanco e intacto luego de haberlo hecho pedazos más de una vez en un ataque de ira, de haberlo quemado diez veces y de haber descargado sus más poderosos ataques, el papel continuaba tal cual. La magia pagana de la que estaba hecho aquel documento infernal lo superaba con creces, fue así que decidió probar una técnica nueva que era abandonarlo en alguna parte del mundo mortal a ver si así conseguía deshacerse de él.
El espectro encaminó sus pasos a la única ciudad que encontraba más o menos interesante pese a que también estaba harto de ella. Londres lo había visto recorrer sus calles incansablemente por más de cien años y, a esas alturas de su interminable vida, deseaba un cambio sustancial; ver otras calles, escuchar otro idioma, un cambio en su panorama o lo que fuera. El juez pensaba en todo esto y más mientras recorría Westminster bridge dando la espalda al edificio del Parlamento, fumaba con calma recordando el infame panfleto el cual extrajo de su chaqueta.
Lo analizó con cuidado considerando dejarlo caer para que se lo llevara el Thames a donde fuera, lo más lejos que la corriente permitiera.
—¡Seré un maldito inmortal hasta el final de los días! —pensó furioso sujetando el papel listo para hacerlo trizas.
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El vuelo de Shaina salió de Toronto puntual a la hora marcada, la joven no tuvo mayor complicación en su paso por el ajetreo por el aeropuerto hasta llegar a la terminal de su salida dejandose caer en el asiento metálico con un café en la mano. Se sentía descansada por haber dormido alrededor de ocho horas de corrido debido al cansancio y su tiempo de espera era muy corto. El avión hacia Frankfurt despegó en cosa de una hora más o menos.
La amazona llego al Aeropuerto de Frankfurt muy temprano por la mañana acelerando sus pasos para poder pasar por migración cuanto antes y buscar su equipaje ya que estaba deseosa por salir del lugar y llegar al hotel.
Más que otra cosa, deseaba llamar a Radamanthys cuanto antes, pero quería estar lista antes de ese reencuentro que no estaba concretado aún ni tenía certeza de que él fuese a aparecer desde el Inframundo; no obstante, ella quería prepararse manteniendo la fé. Apenas se le entregaron las llaves de su habitación se metió a la ducha preparando sus mejores ropas y un juego de lencería provocativa.
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Radamanthys iba de un lado al otro sobre la ladera de Westminster bridge pensando que hacer con el panfleto indestructible fumando y fumando con aprehensión. Se encontraba tan abstraído pensando en eso que no presto atención a algo a su alrededor. Se detuvo por un instante tratando de razonar que ocurría: alguien lo llamaba con insistencia.
El panfleto paso a segundo plano ya que lo guardó en el bolsillo de su chaqueta enfocando toda su atención al llamado; el cosmos era inconfundible, la esencia era única y la conocía tan bien que le costó varios minutos caer en cuenta de que Shaina lo llamaba con insistencia desde un punto lejano dentro de su jurisdicción.
—No está en la cercanía —cerró los ojos con aprehensión tratando de localizar el orígen del llamado—. Hacía el sur… rumbo al este… en tierra teutona… en ¿Frankfurt? —le desconcertó mucho que ella lo llamara desde ahí, pero no dudó en trasladarse hasta allá en cosa de minutos.
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El hotel se encontraba sobre la amplia avenida transitada que corría paralela a las vías del tren. Tan solo había que caminar una cuadra muy larga para llegar ahí desde la estación. El alto edificio moderno tenía a sus alrededores tiendas y una pequeña plaza comercial así como sitios para sentarse y una fuente redonda y alargada.
La joven tomó asiento notando como su corazón parecía querer explotar. Estaba terriblemente nerviosa pensando mil tonterías en su cabeza. Su respiración era agitada y su pecho dolía, cosa que trataba de mitigar sin éxito mirando a todas partes a la espera de que él apareciera.
Radamanthys llevaba varios minutos recorriendo la enorme manzana cercana a la estación Gateway Gardens del tren sin dar con el punto exacto donde estaba ella pues justo salio del lado que daba a un amplio e interminable parque público. Tenía la impresión de que ella lo llamaba desde uno de los dos hoteles que estaban frente a él dirigiéndose al primero de ellos notando que su llamado se hacía un poco más fuerte sin embargo, tras recorrer la entrada y el lobby no la encontró por ningún sitio saliendo del edificio muy extrañado.
—Sé que está aquí, pero ¿dónde exactamente?
Dirigió sus pasos a la calle más cercana notando la existencia de varios locales comerciales justo frente a él, había posibilidad de que ella estuviera en uno así que echó un vistazo.
Shaina se encontraba en el hotel que el juez ignoró sentada en el mismo sitio comenzando a perder la esperanza, revisó su reloj de pulsera notando que llevaba media hora, más o menos, esperando. Al mismo tiempo, trataba de contener sus lágrimas o arruinarían su aspecto. Quizás, no tenía sentido haber creído que se reencontraría con él, pensaba triste y casi enfadada porque su llamado no hubiera generado respuesta alguna.
—Tal vez… quizás… —no quería dejarse llevar por la rabia que nacía en su interior, tan solo se limito a respirar hondo y dar el beneficio de la duda esperando solo otra media hora más— O, es probable que esté muy atareado con algo —se repetía llamándolo con más intensidad.
Apenas ella intensificó su petición, fue que Radamanthys pudo identificar dónde estaba ya que llevaba recorriendo la calle un buen rato sin dar con Shaina. Se percató que no debió cruzar el parque sino continuar derecho pues el hotel donde estaba ella era el que daba a la esquina de la calle opuesta a su ubicación.
Tras maldecirse así mismo por su descuido, emprendió el camino lo más rápido que pudo esperando que ella continuará ahí. Aunque, ahora que sabía que ella estaba en ese hotel, le sería menos difícil dar con ella en los siguientes minutos.
Un momento después, el juez llegó al sitio sintiéndose presa de un nerviosismo poco usual en él: Shaina estaba sentada en una banca frente a la fuente observando a todas partes con aprehensión mientras el rubio se aproximaba a ella en silencio deseando sorprenderla. Lucía hermosa pues llevaba puesto un vestido corto y sin tirantes, que lucía muy fácil de retirar, acompañado por unos zapatos abiertos que él le obsequió tiempo atrás y aún colgaba de su cuello el colguije con forma de dragón.
Tuvo que calmarse un poco antes de acercarse a la fuente.
Shaina no se había percatado aún de su presencia cuando escuchó una voz que le susurraba.
—Ha pasado el tiempo… —la joven dio un respingo tan repentino que Radamanthys tuvo que sujetarla fuertemente del brazo o caería al sueño— Disculpame no quise asustarte —el joven tomo asiento a su lado notando como ella aun no salía de su impresión mirándole con ojos casi desorbitados.
—Pensé… —balbuceó la joven con lágrimas en los ojos— Que no vendrías… —el corazón de Shaina latía con tal rapidez que le imposibilitaba hablar correctamente— Que…
Acaricio su rostro para tranquilizarla mientras ambos se miraban con intensidad. No había palabras aún pues los dos se observaban tratando de encontrar alguna señal de paso del tiempo, pero parecía que todo estaba tal cual lo dejaron. Shaina se abalanzó sobre él no pudiendo contener su deseo por verlo y por estrecharse contra su pecho al mismo tiempo que el hombre se aferraba a ella.
—Por un momento, creí que no responderías a mi —dijo ella.
—Me trasladé hasta aqui apenas sentí tu voz —respondió el juez con suavidad acariciando la cabeza de su compañera—, pero creo que tome un camino equivocado pues te busque en las calles de atrás. Lo importante es que te encontré.
Radamanthys no lo pensó dos veces sujetando su rostro con ambas manos para besarla por un largo rato siendo correspondido al instante. Ambos lo habían deseado con ansias desde hacía dos años quedandose juntos por varios minutos más no sintiendo el tiempo a su alrededor ni nada más.
—¿Crees que los empleados del hotel se molesten si entro acompañada por alguien que no sea un huésped?
—Pensé que querrías charlar o caminar un poco —dijo el rubio de pronto sonriendo pues sabía a donde pretendía llevarlo.
—No por ahora. Solo estaré en esta ciudad hasta mañana y quiero pasarlo contigo todo el tiempo, vayamos a mi habitación de hotel. Solo que no sé cómo…
—Estás olvidando algo —replicó él—, soy un espectro. Nadie sabrá que estaré justo detrás de ti. Solo dirígete a tu habitación como si nada sucediera.
—De acuerdo —respondió Shaina dibujando una amplia sonrisa en sus labios besándolo nuevamente ya que apenas si podía creer que estaban juntos en esa ciudad de Alemania.
La joven volvió sobre sus pasos como si fuera sola atravesando el ajetreado lobby sin prestar atención a nada. No le importaba no salir a conocer la ciudad ni los alrededores, pues solo tenia en la cabeza hacer suyo al juez el resto de la tarde y noche. Además, debía comunicarle su traslado a Grecia y planes a futuro.
Radamanthys iba detrás de ella encantado por poder ejercer una vez más ese poder suyo para pasar desapercibido a los ojos de los mortales portándose como un auténtico espectro. Era como un fantasma pues la gente le pasaba por un lado sin notarlo siquiera, sin percatarse que una persona de su altura y complexión como la de él, pasaba desapercibido.
Apenas entraron al ascensor, Shaina sintió en carne propia aquel sentimiento conocido como "sensación de ser observado por alguien", de hecho las personas que estaban con ella se sentían incómodas pues miraban a todas partes como tratando de localizar a quien los miraba por encima de sus cabezas; el juez del inframundo tenía mucho de no practicar esa táctica encontrándola muy divertida. Ambos descendieron en el piso correspondiente para alivio de los huéspedes un instante después.
Apenas cerraron la puerta no se dieron tregua mutuamente.
El juez despertó varias horas más tarde observando como la luz del exterior se filtraba a través de una parte abierta de la cortina. Su reencuentro duró todo el día prácticamente pues, hacían pausas para charlar un poco o para comer algo, pero retomaban la actividad amorosa momentos después tratando de no hacer ruido o no reír muy alto.
Shaina dormía a su lado aferrada a él. La joven creyó que él había buscado a otra persona y él pensó que ella lo habría olvidado. Nada más lejos de la realidad pues, ni él había pensado en reemplazarla ni ella lo había sacado de sus pensamientos sintiendo gran alivio tras aclarar semejante malentendido.
—¿Qué hora es? —preguntó la mujer medio adormilada.
—Casi las once de la noche. ¿Quieres un poco de agua?
—Si —la chica adoptó una actitud juguetona nuevamente aferrándose a él sonriendo y acariciando su rostro mientras el juez susurraba palabras dulces a su oído.
—Así que volverás a Grecia a cumplir con la extraña petición de tu jefa —comentó apenas Shaina lo soltó para poder acercarse un par de botellas con agua.
—El Santuario se volvera un lugar turístico… apenas puedo creerlo.
Ambos se envolvieron en un par de batas que estaban colgadas en el armario tomando asiento en la mesita ubicada más allá. La habitación era amplia y tenía una gran cama ya que la secretaria de la diosa quiso compensar su falta de atención a los vuelos de avión, Shaina le habría reñido en cualquier otra circunstancia, no obstante ahora le venía bien pues estaba acompañada y la habitación era estupenda. En algún momento de la tarde pidió un abundante servicio mientras su acompañante volvía al Inframundo por unos momentos a buscar uno que otro efecto personal sin notificar su regreso a Minos ni a nadie más. No deseaba ser molestado.
—Aprovecharemos para conocer el complejo a fondo. Solo puse un pie en el Santuario brevemente cuando Kanon me llamó, pero apenas salí de ahí, no he vuelto a visitarlo.
—Te llevaré a conocerlo, seré tu guía de turistas —respondió sonriente.
—¿Entonces te veré en un par de días?
—Si, espero ya estar asentada en algún sitio para esos momentos. Debo ver a Marin antes de que se vaya y atender otras cosas ahí, en cualquier caso, me haré tiempo para estar juntos.
—De acuerdo.
No se alejaron del hotel al día siguiente permaneciendo en la cercanía ya que habían salido de la cama algo tarde luego de un largo encuentro amoroso por la mañana, y no deseaban perder tiempo en traslados de tren optando por quedarse en la cercanía y pasear un poco en el parque que estaba detrás.
El avión de la joven despegaba a las cinco en punto, por lo que apenas terminaron de almorzar se dirigieron al aeropuerto sintiéndose felices porque esa no era una despedida sino un "hasta luego", les fue menos difícil separarse aunque prolongaron su tiempo juntos hasta que prácticamente faltaba una media hora para ser llamados a abordar.
—Déjame saber cuando aterrices, será muy tarde y te acompañaré a tu casa o donde debas ir —dijo el juez de pronto.
—¿De verdad me acompañaras?
—Si. Será de noche y no quiero que camines sola por las calles.
—Está bien —en realidad serían alrededor de las 9 cuando aterrice en Atenas, pero con tal de estar con él más tiempo, lo llamaría para que la escolte.
Se despidieron un momento después mientras el juez se alejaba lo suficiente para volver al inframundo y trabajar un par de horas antes acompañarla de nueva cuenta.
Estaba por entrar en su territorio cuando pasó por su mente el infame panfleto, el cual sacó de su bolsillo dispuesto a arrojarlo a la basura y entrar al inframundo estando seguro de que allá no lo encontraría. En ese instante sintió como si el mundo se detenía al observar que nuevamente se formaba un remolino de palabras delante de sus ojos sobre el papel.
"Apoyo al Inmortal sin Nombre
Información sobre el proceso de
regreso a la mortalidad
¡Lea con cuidado!"
—No puede ser… —tuvo que buscar donde sentarse ya que estaba a punto de irse de espaldas al suelo.
Leyó el documento con cuidado reflexionando sus siguientes pasos pues las instrucciones decían que debía llamar a un número de Londres para una consulta y revisión de su caso. Se había olvidado del tema por completo, pero el panfleto detecto algo dentro de su persona o quien sabe como funcionaba aquello, lo importante era que la esperanza estaba en sus manos envuelta en magia pagana.
Radamanthys pensó con calma que si tenía un motivo muy fuerte para volverse mortal así tomara tiempo, si la información que le dieran fuera justo lo que necesita para retomar su vida humana, donde sea que esta se haya quedado, lo haría gustoso. Le daría las noticias a Shaina apenas bajara del avión ansioso por ver la expresión de su rostro.
Sacó un cigarrillo sintiéndose maravillosamente y como nunca en mucho tiempo regresando a la corte del silencio. Lo único que no sabía era cómo lo tomaría Minos cuando se lo comentara.
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FIN
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*Notas: Como lo dije hace un tiempo, aun no tengo bien trabajada la parte del panfleto pero nuestro juez decide volver a la mortalidad en este final alterno. Osea si lo haría más adelante solo que aqui se aceleró eso. Sentí feo separarlos por lo que en este what if retoman su relación, pero… de pronto una nueva línea de "que sucedería si…" se ha abierto ante mis ojos. Oh no!
