La semana de grabaciones, pese a lo extenuante que fue para las y los bailarines, resultó ser un éxito gracias a la colaboración de todas las personas involucradas. Si bien las grabaciones habían culminado, el director sugirió una reunión con Danna, Arianna, Shion, Taylor y Aria.
-Básicamente todas las escenas están impecables, sin embargo, el estudio de grabación como parte de sus políticas, solemos pedir a los bailarines prolongar la estadía una semana más. Básicamente es para casos de emergencia donde debamos repetir alguna escena. - informó el director.
-De nuestra parte, creo que no hay ningún problema porque de todas maneras son gastos que ya estaban asumidos en el pago que hicimos. - respondió Arianna con tranquilidad.
-Por ese lado no hay problema, pero en el contrato que firmamos con ustedes no venía esa cláusula. ¿Qué opinan? - preguntó Danna interesada.
Taylor dirigió su mirada a Aria quien se había mantenido muy tranquila. Al bailarín le había llamado la atención la calma que Aria había demostrado en la semana; era como si el asunto de Kostas hubiese desaparecido por completo.
-Creo que no hay problema. Si para el Santuario no hay inconveniente en tenernos aquí. - respondió la peli azul.
-No, ninguno. Son más que bienvenidos. - respondió Shion con amabilidad. Ambos bailarines sonrieron.
Cuando la reunión terminó, Taylor se llevó a Aria hasta un lugar privado para hablar. Necesitaba sacarse esa espina que tenía atorada.
-Aria… ¿Está todo bien? - preguntó el joven asiático. - Escucha, te he notado tranquila, ¡muy tranquila en realidad!, es como si Kostas no existiera y eso me preocupa muchísimo porque mamá…
-Todo está bien. - cortó la chica. - No te preocupes. Yo… Decidí tomarte la palabra. Creo que estas personas pueden ayudarnos. Pero, por favor no digas nada, lo hice de manera confidencial, ya sabes por qué. - sonrió.
Taylor explotó de felicidad. Abrazó a su hermana alzándola por la cintura mientras giraba riendo.
-¡Gracias! ¡Vamos a salvarla! ¡Wow! - gritaba emocionado el bailarín.
Aria mantuvo una sonrisa falsa. No tenía corazón para decirle a Taylor que su madre había fallecido hacía dos semanas atrás.
. . .
Casa de Piscis.
Afrodita se encontraba preparando el almuerzo acompañado de Silvanna, Savanna, Josh y Aldebarán, a quién él personalmente había invitado luego de que le llegara cierto rumor de que el grandote estaba interesado en la otra gemelita. No pudo evitar sentirse encantado ante tan maravillosa noticia. Aldebarán tenía un corazón noble y era un gran hombre, sabía que tenía mucho amor para dar, simplemente no había hallado a la persona correcta, pero ahora sí. Además, él era excelente en juntar personas, no por nada tenía el nombre de la diosa del amor. Aria y Taylor aún no llegaban de su reunión con Danna y Arianna, por lo que aprovecharía para sorprenderlos.
Mientras picaba verduras, el Dorado de Piscis sintió la presencia de alguien solicitando permiso para entrar a su casa. Intrigado, salió, encontrándose a uno de los guardias de la entrada principal del Santuario.
-Señor Afrodita… - saludó respetuosamente el hombre reconociendo a su superior. - Lamento la intromisión.
-Está bien. Dime qué necesitas. - respondió el agua marina tranquilo.
-Hay una mujer en la entrada solicitando la presencia de la señorita Silvanna. - informó.
Afrodita arrugó su ceño. ¿Una mujer pidiendo ver a la gemela? Qué extraño.
-Está bien, le diré. Por favor, no la dejes sola ni por un instante. No sabemos de quien se trata…
-En realidad… - interrumpió el soldado. - Se trata de la mujer que estuvo con el señor Milo hacía unos meses atrás.
Afrodita levantó su perfecta ceja. Su mirada cambió drásticamente, se volvió fría ante el sentimiento de desconfianza que la visita de esa mujer le produjo. No era idiota, él también la conocía, era famosa en el pueblo. La mujer era dueña de uno de los mejores bares de Rodorio y solía acostarse con los clientes si así se le antojaba. Ya que Milo solía irse detrás de todo lo que tuviera falda, no tardó en enredarse con ella, por lo que tiempo después, fue vista varias veces en el Santuario. A todas luces, la mujer era una resbalosa, por eso él no la soportaba.
-Con mayor razón, no la dejes sola. - ordenó. - Y no permitas que esa mujer entre más allá. - finalizó para retirarse.
Con disimulo, llamó a Silvanna y le indicó que tenía visita. La gemela un poco extrañada, aceptó ir, eso sí, debía ir acompañada de uno de los guardias por orden de Afrodita. En cuanto la chica de orbes azules cruzó la Casa de Acuario por el paso exclusivo para diligencias, Afrodita utilizó su velocidad para ir en busca de Milo. No lo encontró en su casa, así que intuyó que debía estar con Camus. Gracias a Athena no se equivocó.
-Afrodita… - saludó Camus saliendo a recibirlo.
-Pido permiso para entrar, estoy buscando a Milo. - respondió de inmediato. Al francés le llamó la atención la seriedad inusual en los orbes celestes por lo que sin más prisa, concedió el permiso.
Al entrar, Milo se encontraba jugando con la pequeña niña de Camus, quien ya empezaba a dar sus primeros pasos.
-¿Uh? Afro, ¿qué rayos traes puesto? - se burló Milo al reparar en el delantal color rosa pastel.
-Cállate. - respondió de inmediato el dorado. - Estoy a punto de hacer mi acto de caridad del año. - ante la intriga en ambos hombres, Afrodita continuó. - Me acaban de informar que Natasha vino al templo y pidió ver a Silvanna. Debe estar con ella ahora mismo. - informó. El gesto de burla en el rostro de Milo se esfumó de inmediato, dando paso a uno de genuina molestia. - No sé qué está pasando, idiota, pero más te vale solucionarlo antes de que esa chica corra algún peligro o se entere su Excelencia.
-¡Demonios! - maldijo Milo mientras recogía las pertenencias de la pequeña Mikeyla con ayuda de Camus. - Te debo una Afro.
-En realidad, si, pero no lo hice por tí, sino por Silvannita. Si fuera por mí, le arrancaría todos los cabellos a esa Barbie oxigenada de Natasha. Ya en serio Milo, aprende a tener estándares altos y deja de acostarte con tanta perra barata. - regañó el sueco muy molesto.
Sentía su hígado arder ante las estupideces que sus compañeros solían hacer. Lo que sus hermanos tenían de atractivos, lo tenían de idiotas.
-Te juro que ya cambié Afro. - justificó Milo.
-La muchachita bailarina lo tiene comiendo literalmente de su mano, es un perro con dueña ahora. - le dijo Camus en francés. El galo aprovechó que Afrodita dominaba su idioma natal, ya que fue el único caballero que se tomó el tiempo de aprender los idiomas de sus hermanos como forma de hacer más amena su estancia en el Santuario y fortalecer vínculos.
. . .
En las afueras del Santuario, Silvanna llegaba acompañada del guardia, pero éste último, se detuvo unos cuantos metros antes para dar privacidad, siempre manteniéndose vigilante.
La chica de cabellos rizados se tensó un poco al notar la presencia de Natasha.
-¡Al fin llegaste! - exclamó la rubia con hastío.
-Es un camino largo. - respondió tranquila. - ¿A qué debo su visita? - preguntó directa. No tenía rencores hacia esa mujer, pero algo en su visita la inquietaba.
-Si, lo mejor es ser directa. ¿Qué hay entre tú y Milo? ¿Tienen sexo? - preguntó acercándose hasta quedar a pocos centímetros. Sacaba a relucir su altura que sus veintisiete años le otorgaban.
Silvanna se quedó en blanco. No daba crédito a lo que escuchaba.
-¿D-Disculpa? - preguntó aún perpleja.
-No te hagas la idiota. Sabes perfectamente de lo que hablo. - ofendió Natasha.
-N-Nosotros no tenemos esa clase de relación. - trató de explicar. La desfachatez con que hablaba esa mujer la ponía nerviosa. Sumado el hecho de que no comprendía por qué insinuaba esa clase de cosas cuando ella y Milo solo habían tenido una cita donde se sentaron a ver el atardecer.
-¿Ah no? ¿Me quieres ver la cara de estúpida? ¿Entonces por qué me dejó? ¡¿Ah?! ¡Explícame! Dejó de verme después de que los vi en el Centro Comercial de compras y pretendes que te crea. - continuó acusadora.
-No sé de qué está hablando. Solo me acompañó, es todo.
Al notar el nerviosismo en los ojos celestes, Natasha se armó de valor. Si la chiquilla le temía iba a sacar provecho. Nadie le quitaría lo que es suyo.
-¡Escúchame bien mocosa! - habló amenazante mientras la agarraba del brazo con fuerza. - Milo es mío. ¡Es mí hombre! Y no voy a permitir que una mocosa insípida como tú me lo quite. Así que más te vale no acercarte a él.
Los ojos de Natasha estaban dilatados por la cólera, su respiración era acelerada, sus manos temblaban. De la nada, la risa cantarina de Silvanna interrumpió el silencio, descolocando a Natasha.
-Vaya… Tú sí que eres una mujer lamentable. - El semblante de la morena cambió drásticamente. Ahí estaba esa actitud hiriente tan propia de su persona cuando se enojaba o se aburría de las personas. - ¿En serio crees que te tengo miedo solo porque me amenaces? Te das cuenta que estás amenazando a una chica… ¿diez años menor?... - preguntó haciendo resaltar la madurez de la rubia en comparación a la suya. - Aún soy menor de edad, una "niña" comparada contigo. Hasta aquí huelo tus inseguridades, tu miedo… Eres patética. - le soltó con genuino rencor.
-¡¿Acaso te crees mejor que yo idiota?! - reclamó Natasha sin poder creer que la chiquilla sacara sus garras.
- ¡Yo soy mejor que tú! Pero no por los motivos que crees, sino porque yo jamás rogaría el amor de un hombre, ni mucho menos amenazaría a otra persona para conseguirlo. Milo puede hacer lo que le plazca, no le debe nada a nadie y si no te quiere, en lugar de andar detrás suyo como parásito, invierte tu tiempo en subir tu autoestima. Nadie te va a amar de verdad si ni siquiera tú te amas. - finalizó Silvanna.
En ningún momento parpadeó, Silvanna la miró fijamente, desafiante, demostrándole que no le temía. Toda esa situación le trajo a su mente la conversación que tuvo Milo, donde él le confesó abiertamente que no había sido un santo en su vida y que había cometido errores, supuso que a esto se refería, pero el griego había decidido cambiar y ella prometió ayudarlo. Claro que, después de terminar con Natasha, decidió que lo mejor sería cortar el contacto con el dorado para evitar problemas más graves. Si Aria se entera armaría un escándalo, la conoce, es sobreprotectora y peor aún, podrían pensar lo peor de Milo, más si tenía esa fama. Lo último que quería era generarle al dorado algún problema.
Silvanna fue traída de vuelta a la realidad debido a una sonora bofetada que Natasha le propinó.
-¡Tú no sabes con quién hablas! ¡Te mataré mocosa infernal! Tengo mucho poder y en poco tiempo, me aseguraré de acabar contigo. Mi socio está por llegar a Rodorio y nadie va a salvarte. - amenazó nuevamente la rubia.
-Entonces… - Catrina alzó la voz saliendo detrás de un árbol. - ¿Te meto presa por amenazas o por abusar físicamente de una persona menor de edad? - Silvanna levantó la mirada aún sosteniendo su mejilla que estaba roja por el golpe. Alcanzó a ver que Milo y Camus venían con la señorita policía. - ¿O por qué mejor no me hablas de ese socio tan interesante?
La sonrisa de Catrina, aparentemente inocente, causó escalofríos en Natasha. Palideció al notar la presencia de Milo, quien tenía cara de pocos amigos. Silvanna desvió el rostro tratando de ocultar sus lágrimas. El golpe le dolió mucho.
-Silvanna… - Milo trató de acercarse para revisar el estado de la chica. Si alcanzó a ver cómo Natasha la golpeaba cobardemente, sin embargo, lo único que recibió de parte de la morena fue un "Aléjate de mí", para después empujarlo y salir corriendo.
-Milo, déjala. - ordenó Catrina al notar las intenciones del dorado de ir tras ella. - No hagas más grande el problema. Además… Aún debemos solucionar este inconveniente. - la voz de Catrina era tétrica y su mirada carmesí estaba oscurecida. A la pelinegra le causó mucho enojo como era despreciable mujer se aprovechó de la chica y su estado de vulnerabilidad.
Milo desvió su mirada hacia Natasha. La rubia recibió el desprecio del dorado como una fuerte bofetada.
-Yo había dejado claro las cosas contigo, pero por lo visto no fue suficiente. - esta vez, quien se acercó hasta quedar a milímetros fue el griego. Camus, sostuvo a Milo del brazo para controlar que no hiciera una locura. - Déjame en paz, piérdete de mi vista. Y te advierto, que donde llegues a tocar a Silvanna, olvidaré por completo quién eres y te mataré con mis propias manos.
Dicho esto, Milo se soltó y se retiró. Camus observó a la mujer; lloraba desconsoladamente, pero lo que le preocupó aún más, fue notar a la mujer de Shaka sonriendo. No sabía si ir detrás de su amigo para evitar confusiones, o quedarse por temor a que esa mujer asesinara a Natasha ahí mismo y tirara su cadáver en algún lago; tenía conocimiento de que la oficial aún estaba en tratamiento para recuperarse de las secuelas traumáticas que le dejó el anterior incidente.
-Catrina, yo la escoltaré hasta la salida. Podría por favor ir a ver a Silvanna. - pidió Camus.
La pelinegra simplemente guardó silencio y se retiró. Agradecía al cielo haber desarrollado tan buena intuición después de lo ocurrido con Higor, porque le pareció extraño notar al guardia caminando con la chiquilla. Al seguirla, notó la presencia de la mujer rubia y las diversas amenazas. Pero lo que más llamó su atención, fue la afirmación del supuesto socio que estaba por llegar a Rodorio. Lo asoció de inmediato a Kostas quien estaba por llegar, así que esa amenaza no fue una simple coincidencia, esa mujer debía tener relación con Kostas, estaba segura.
. . .
Cuando Milo divisó a Silvanna se detuvo y se escondió detrás de un pilar. La bailarina había sido interceptada por Aria, Taylor y Shura cuando estos pasaban por la Casa de Capricornio rumbo a Piscis. Milo suspiró imaginando lo peor. Maldijo por la bajo toda la situación.
-¡Silvanna! - exclamó Aria preocupada mientras la tomaba de la mejilla.
-¿Qué te pasó? - preguntó Taylor imitando a su hermana.
A diferencia de los bailarines, Shura percibió el cosmos de Milo a unos cuantos metros. Le llamó la atención el hecho de que se ocultara, por lo que supuso que el llanto de la chica de cabellos rizados debía tener relación con el Escorpio.
-N-No fue nada… - mintió Silvanna limpiándose las lágrimas. - No vi una roca y tropecé con ella. Estoy llorando porque me dolió.
El rostro de Milo adquirió un gesto de tristeza al escuchar la excusa. Se sentía como un completo cobarde por no salir y dar la cara, pero, admitía que tenía miedo.
-Aria… - intervino Shura. - Será mejor poner hielo en el golpe antes de que se ponga peor. Pueden pasar por mi templo. - autorizó. Honestamente, el peliverde se moría de ganas por cruzar palabra con Aria ya que hacía poco más de una semana que no hablaban y, había notado que su comportamiento fue muy fluctuante, lo que le preocupó, sin embargo, dada la presencia de Milo optó por averiguar qué sucedía.
Cuando el trío se retiró, caminó hasta donde su compañero permanecía oculto.
-Soy un cobarde… - habló el joven de cabellos morados al notar la presencia de Shura.
-¿Qué está pasando? - preguntó sin rodeos el español.
-Me gusta. - confesó Milo. - Y si, ya sé qué es menor. Te juro que no he hecho nada inapropiado. Estoy dispuesto a esperar el tiempo necesario por ella.
Shura suspiró. Shion iba a matar a Milo, eso era seguro. A pesar de ello, no pudo evitar sentirse identificado con el sentimiento de su compañero de armas, después de todo él estaba en las mismas condiciones con Aria y lo peor es, que ambos estaban en una situación donde las esperanzas de estar juntos aparentaban ser nulas.
-Entiendo cómo te sientes. - respondió Shura. Milo le devolvió la mirada sin entender. - La líder, Aria, tuvimos una relación cuando éramos adolescentes, pero no pudimos estar juntos por muchas razones, entre ellas la inminente Guerra Santa. No la olvidé ni por un segundo.
-Por Athena… ¿Qué pasa con nosotros? Todos parecemos críos. Primero Mu y Camus, luego la Barbie budista, ¡hasta DM! - se burló amargamente.
-Lo que nos sucede es que ya hemos sufrido suficiente, Milo. Es hora de soltar y seguir adelante, buscar ser felices. - aconsejó Shura mientras abrazaba a su compañero.
-¡Está bien! Entonces… Yo lucharé por Silvanna y a cambio tú lucharás por Aria. - propuso Milo. Shura sonrió.
-Esas chicas… - la voz de Catrina interrumpió el momento fraterno. - Cumplirán la mayoridad la próxima semana, el lunes para ser exacta. Es mi trabajo saberlo. - respondió con tranquilidad ante la pregunta muda de ambos hombres.
Había escuchado la conversación entre Shura y Milo, pero decidió darles privacidad esperando oculta en un árbol. Las palabras de Shura, "Soltar y seguir adelante", calaron hondo en Catrina. Ella aún vivía atormentada por su pasado y aunque las terapias la habían ayudado mucho no se sentía plenamente recuperada, pero al procesar esa palabras, sintió como si fuera liberada del peso que cargaba por lo que acarició su vientre, aun plano, de un mes de embarazo.
