Holaa, hemos llegado a la parte final, gente.

Ha sido un largo viaje y aquí acaba todo.

Les agradezco por todo su apoyo y por mantenerse leyendo incluso cuando más tardé en actualizar, espero volver a encontrarlos en próximas historias, hasta pronto. Cuídense, besitos.


—La conversación con Emil no fue divertida.

Bella, aun con el libro en las manos y sin voltear a mirarla, respondió como llevaba haciendo hasta la fecha, con empatía, aunque dejando claro que razones tenían de sobra para estar a la defensiva con ella. Podía ser su amiga, pero no por eso iba a callarse su opinión al respecto.

—Me imagino. No debe ser gracioso tampoco para él ver como su hermana vuelve a caer tan fácil por la persona que le rompió el corazón.

Para estar enfrascada en el libro su respuesta llegó con bastante acierto y, aunque le causó un regusto amargo en la boca, sabía que tenía razón. Soltó un suspiro audible antes de apoyar su mentón sobre las palmas para enfocar la vista en las estanterías repletas de libros y las mesas a unos metros de distancia con personas enfrascadas en sus propias lecturas.

Llegaron a la biblioteca para leer un rato y distraerse, pero los recientes acontecimientos no salían de su cabeza por lo que terminó contándole a su amiga cada detalle de los últimos días; si bien consiguió hacer las paces con Elsa, era claro que las cosas seguían inestables, sin contar que Emil todavía parecía querer echarla de su casa cada vez que la encontraba ahí.

Cómo olvidar cuando aprovechó la ausencia de su hermana en una de sus visitas para tenderle una emboscada con la conversación que ya suponía habría de llegar en algún momento, no era tan ingenua como para creer que la dejaría entrar de nuevo sin al menos una advertencia de por medio.

¿Cuándo te vas?

La pregunta la tomó desprevenida, Elsa llegaría en cualquier momento por lo que no era una conversación que quisiera tener justo ahora, pero Emil no parecía dispuesto a esperar más tiempo para decirle lo que estaba pensando. La había dejado pasar y se dejó caer en el sillón de enfrente con poca gracia mientras la observaba fijo.

Ya lo veía venir, pero igual resultaba molesto tener que explicarse tantas veces, sin embargo, sabía que era lo mínimo que les debía, su desaparición no podía ser olvidada tan fácil sólo con presentarse y pedir disculpas ¿no? O al menos eso le daban a entender ellos porque el chico no era el único con una actitud distante.

No pienso irme, Emil.

No te creo, ya una vez me dijiste que no le harías daño a mi hermana y rompiste tu palabra.

Lo sé y lo lamento, ya me disculpé con ella por eso también.

No parecía satisfecho.

Si ella decidió tenerte en su vida otra vez es su decisión, pero no lo entiendo. Me caías muy bien, parecías una gran persona hasta que le rompiste el corazón.

Todos cometemos errores, Emil.

¿Por qué lo hiciste? ¿La quieres?

No pudo evitar sentirse ofendida, si bien sus acciones dejaban mucho qué desear, se estaba esforzando por demostrar que la quería, que si regresó fue por ella, para poder enmendar las cosas, nadie aparte de Elsa tenía derecho a dudar de su amor porque estaba ahí, podía sentirlo circulando por su cuerpo como un ser vivo y si pudiese convertiría su cuerpo en cristal para dejar ese sentimiento a la vista de todo el mundo. Ya lo intentaba un poco, dándole todo de sí.

Si estoy aquí es porque la quiero.

¿Entonces cuando te fuiste es porque no la querías?

¡No! Es decir, sí... No fue eso, ¿de acuerdo? Lo que pasó fue que la persona a la que no le tenía aprecio era a mí misma, no sentía que fuera suficiente como para arriesgar a tu hermana a lidiar con todo sólo por mi culpa y he perdido la cuenta de las tantas veces que he intentado disculparme contigo y con todas las personas a las que lastimé, incluyendo a Elsa. Sólo quiero hacerlo bien esta vez.

Se sentía frustrada por no conseguir su confianza y entendía que era un proceso que podía tomar tiempo, a veces la desesperación le jugaba en contra; si tuviera una varita mágica lo primero que haría sería volver al pasado, ser un poco más inteligente y renunciar a querer hacerlo todo por su cuenta porque gran parte de sus problemas venían de la necesidad de aislarse en sus peores momentos creyendo que nadie podía ayudar.

Emil la observó con cautela un rato más permitiéndole mantenerse en sus pensamientos como si supiera que estaba dando cuenta mentalmente de todos sus arrepentimientos. Dejó de mirarla al hablar, su vista quedó en la puerta de entrada mientras se pasaba las manos por la escasa barba.

No intento sonar grosero contigo, sé que tuviste tus problemas, lamento lo que hizo Hans con ustedes, sé que en su mayoría es culpa suya, pero no quiero volver a verla mal. Intento ser precavido.

Y lo entiendo, Emil, sé que me equivoqué, pero no quiero pagar por el mismo error el resto de mis días. Antes hubiese creído que sí, pero no lo merezco.

El chico sonrió, no con alegría, pero tampoco parecía sarcástico con el gesto, pensaría que quizá la sonrisa se le escapó.

Tienes razón, sólo no me des más motivos para creer que cometo otro error al aceptarte aquí.

No lo haré, sé que tengo los ojos de todos sobre mí. Se siente un poco como si esperaran que falle en cualquier momento —dijo con un suspiro.

No es así —le aseguró mirándola otra vez—. Vamos a la cocina, me ayudarás con la cena, Elsa no tardará en llegar y sería bueno que comiera algo más que "Anna", ¿no crees?

Anna lo siguió a la cocina después de quedarse unos segundos avergonzada de más por sus palabras con las mejillas y las orejas rojas.

—Tranquila, seguro termina por perdonarte —dijo Bella dejando por fin su libro de lado y sacándola de sus recuerdos—. Tendrá que hacerlo si ya hasta sabe lo que le haces a su hermanita.

El rostro de Anna enrojeció y se arrepintió de contarle a su amiga esa parte de la historia, ahora ni ella ni Emil la dejaban tranquila con el tema y cambiarle el tono de piel a rojo parecía convertirse en su juego favorito.

—¡Bella! Eso no es gracioso.

—Disculpa, pero la cara que pones cuando saco el tema sí que lo es—Bella parecía encontrar el asunto muy hilarante—. Además, se acostumbrará a verte si ya vives en su casa.

Se apartó un poco de donde había estado inclinada para hablarle en voz baja. Llevó uno de sus mechones sueltos tras su oreja fingiendo pensar en algo qué decir porque no era tal como ella se lo estaba diciendo y el hecho de que sugiriera que sí la sorprendió.

—Lo estás exagerando.

—Anna, pasas todo el día ahí, incluso duermes ahí, ¿no se trata de eso cuando vives con alguien?

—No pasó todo el día ahí —intentó defenderse porque lo demás no podía negarlo.

—¿De dónde venías antes de nuestra salida?

Anna no contestó lo que hizo a Bella sonreír. Sabía que sólo intentaba bromear con ella, pero le impresionó darse cuenta de que tenía razón; no pasaba mucho tiempo lejos de Elsa desde que regresó, quizá porque intentaba no darle más motivos para creer que se volvería a ir, pero de todos modos no conseguía sentir que todo había encajado a la perfección, quizá porque todavía tenía cosas por hablar con ella.

Observó de nuevo a su amiga quien se olvidó de la conversación para continuar con su lectura y le agradeció en silencio por no haberse ido, por ser la única que pudo escuchar y creer su versión de la historia. Era buena ayudándola a quedarse con los pies en la tierra como ahora que con sus bromas consiguió bajar su nivel de nerviosismo.

No pudo volver a concentrarse en su propia lectura, así que dejó el libro de lado para recargar la cabeza en el respaldo con cansancio. Pese a estar bien con Elsa comenzaba a preocuparle por cuánto tiempo podrían mantenerse así.

—¿Quieres ir a comer algo? Muero de hambre.

Le dio la razón, ella tampoco había probado bocado desde que salió de casa de Elsa esa mañana. Se detuvieron en el restaurante de Kristoff donde su amigo las recibió con el cabello tapándole un poco los ojos como ya era costumbre, no entendía por qué no era capaz de recordar que debía cortarlo si ni siquiera lo dejaba ver.

Rodó los ojos al pasar a su lado y le levantó el flequillo de la cara.

—¿Necesitas que te lleve a la peluquería?

—No tienes que cuidarme como a un niño —dijo quitándole la mano de su cara con una sonrisa recién formada.

Kristoff las acompañó en su almuerzo, desligándose una vez más de sus responsabilidades en el restaurante con tal de pasar un minuto al lado de sus amigas. Volvió a quitarse el cabello del rostro unas cuantas veces más durante la conversación lo que le hizo ganarse un par de burlas más por parte de Anna, pero no le importó demasiado porque estaba feliz de tenerla ahí.

Sin duda su amiga había cambiado, llevaban años de conocerse y sabía que la Anna que él conocía nunca hubiese sido capaz de afrontar la reacción de Elsa ni de regresar siquiera, pero esa muchacha frente a su silla estaba poniendo todo de su parte para compensar el daño causado y para encausar su vida de una forma que le permitiera sentirse cómoda con ella. No se lo dijo, pero le daba cierto orgullo verla crecer así, salir en lugar de pasar las dificultades a escondidas.

—¡Eso no es verdad! —se quejaba ella de algo que no llegó a escuchar—. Vamos, Kristoff, dile que no es cierto.

—¿Qué cosa? Perdón, no prestaba atención.

—Le decía a Anna que su cabello comenzó a ondularse de un tiempo para acá.

Él la observó para intentar comprobarlo.

—Eso creo, pero no entiendo por qué es importante.

—Es que no lo es —protestó su amiga.

Bella sonrió y rodó los ojos ante el comentario.

—Que eso sucede cuando estás enamorado.

—¿De verdad? Parece difícil de creer que el cabello sepa algo así.

—Porque es imposible, son cosas que Bella se inventa.

—No lo es, aunque parezca algo mágico siempre sucede.

—Sigue siendo raro para mí —admitió el chico—, pero es verdad que tu cabello es más ondulado ahora.

Anna no quiso llevarles más la contraria porque era obvio que sólo querían reírse un rato de su vergüenza, así que giró a ver por la ventana y se excusó en su bebida mientras sus amigos se miraban el uno al otro en un complot silencioso.

Sólo devolvió la vista a la mesa cuando su celular comenzó a emitir pitidos y le ganó la sonrisa porque ese sonido era exclusivo para una persona.

—¿Quién te ha enviado mensaje? —cuestionó su amigo intentando asomarse por encima de la mesa para ver la pantalla—. Has puesto una sonrisa…

Alejó el celular para que no pudiera leer su conversación y lo miró por un segundo con la respuesta en la lengua, pero Bella se le adelantó.

—Seguro es Elsa, con nadie más pondría esa expresión.

No podía negarles que era ella y eso la hizo sentir todavía más expuesta. Es decir, sabían quién era, así que preguntarle sólo era una excusa para molestar a su versión enamorada y ni siquiera podía defenderse porque le ganaba la risa.

—Ya basta, chicos, saben que es ella.

Bella sonrió mientras volvía a mirarse con su amigo antes de devolver la vista a ella otra vez.

—Lo sabía.

—Sí, pones esa expresión de borrego a medio morir.

Frunció el ceño con desagrado porque en su imaginación eso que insinuaba el chico no se veía nada bien.

—¿Qué clase de expresión es esa? No soy un animal.

La discusión sobre su situación sentimental le llevó un buen rato más hasta que por fin decidió regresar a casa, la de Elsa claro, últimamente pasaba más días ahí que en la propia, pero la chica no parecía tener quejas al respecto, así que continuaría haciéndolo, incluso si después era molestada por eso con sus amigos.

Apenas la encontró se abrazó a su cintura dejando su mentón en el hombro de la chica y besó su mejilla con ternura; sentía que todo el día la había echado de menos. Ella no giró, pero un amago de sonrisa apareció en sus labios, aunque no por eso se detuvo de su labor fregando los platos de la cena. Le gustaba cuando estaban juntas, pero se sentía nerviosa sin razón alguna, le daba la impresión de que tendría una conversación no muy agradable, por eso se quedó a esperarla sin soltarse de su cuerpo con la esperanza de estar imaginando todo.

Elsa la alejó unos pasos cuando terminó y se giró para verla sin volver a acercarse, se mantuvo apoyada sobre el fregadero con los brazos cruzados, incluso si Anna no hizo por alejarse más y dejó las manos a cada lado de su cuerpo para encerrarla e imponerle su cercanía. Pese a todo, no era una situación incómoda, de hecho, casi se echa a reír en su cara y le daban muchas ganas de besar la punta de su nariz llena de pequitas, si no lo hizo fue para centrarse en lo que quería decir.

—Anna, tenemos que hablar.

Puso tal expresión que esta vez no pudo suprimir la risa, aunque intentó contenerla con la palma de la mano, lo cual sólo provocó una mirada enojada en el rostro de la pecosa.

—Dioses, Elsa, no puedes decir algo así de la nada —replicó llevándose la mano a la cara y alejándose hasta quedar casi sobre la mesa—. Si te has reído quiero pensar que no es nada malo.

—No lo es, Anna.

—Bien. ¿De qué se trata? ¿Por qué me asustas?

—Creo que llevamos un tiempo contigo en mi casa y…

—¿Me vas a correr? Quiero decir, supongo que es un poco cansado tenerme aquí todos los días y lo entendería, pero…

—No, Anna, nada de eso, no pienso correrte, sólo que debemos hablar del rumbo que va a tomar nuestra relación, ni siquiera sé si tú consideras que estamos saliendo porque nunca hemos hecho alusión a estarlo, así que… ¿Qué dices?

Anna suspiró y se quedó pensativa, intentando recordar si era cierto y pronto entendió que tenía razón, habían comenzado a actuar como pareja casi de inmediato sin siquiera pararse a tener alguna conversación y tampoco estaba segura si llamarla novia porque nunca lo hablaron.

—Que tonta soy, tienes razón —la miró fijo un rato más y volvió a tomarle las manos con cariño—. Elsa, ¿quieres salir conmigo? Sé que a veces me equivoco y no hablo de las cosas como te gustaría que hiciera, pero si me das la oportunidad prometo hacerte muy feliz y cuidar tu corazón como nunca he cuidado nada en mi vida.

—Sé que yo saqué el tema, pero lo que has dicho suena como película romántica —dijo antes de apoyar su mejilla en su hombro—. Y sí, quiero intentar hacerlo bien, pero contigo.

—Sólo dije lo que sentía —respondió al sostenerla más cerca.

Esta vez no se contuvo y se separó para besar su nariz y desperdigar besos por todo su rostro sólo porque sí, porque la quería, tenerla cerca la hacía feliz, a pesar de lo lejos que estuvo durante lo que le pareció una eternidad. No justificaba su ausencia, pero podía entenderla y tenía tantas ganas de confiar en que todo saldría bien esta vez que decidió saltar a su lado con el miedo incluido.

—Todavía tenemos que hablar de algo más.

—¿Más?

Anna hizo un puchero que le pareció gracioso, así que volvió a besarla.

—Sí, sólo una cosa más, lo prometo.

—De acuerdo, te escucho, cariño, háblame de lo que quieras.

Se recargó contra la mesa atrayendo a Elsa con ella de modo que quedara entre sus piernas y la observó como si acabara de caer del cielo o algo parecido.

—Si me sigues mirando de esa forma no podré concentrarme.

—Tendrás que hacerlo porque es la única manera de mirarte que conozco.

Volvió a besarla y luego decidió intentar ignorar el brillo de sus ojos para hablar de lo que tenían pendiente.

—Es momento de que regreses a donde estabas viviendo.

—¿Qué? Pensé que no me estabas corriendo, Elsa, yo…

—Anna, sabes que es momento de volver, has estado aquí esforzándote por no darme razones para pensar que te irás y te lo agradezco, pero no soy esa clase de persona a la que debes pasar toda tu vida probándole cosas. Tienes una vida pendiente allá, Mérida me dijo lo que tienes en pausa, tu trabajo, todo, y no quiero ser yo quien te prive de seguir con lo que amas.

—Tú eres lo que amo, no quiero estar en ningún lugar donde no estés tú —escondió el rostro en su abdomen—. No quiero estar lejos de ti de nuevo, fue horrible.

—No dije que tuvieras que estarlo.

Anna la miró a la cara otra vez.

—No estoy entendiendo.

—Digo que pienso ir contigo esta vez, si no te importa.

Parpadeó repetidamente sin terminar de creerlo, ¿por qué razón querría ella hacer eso? Tenía su vida hecha ahí, no tenía mucho sentido, pero estaba segura de haber entendido bien en esta ocasión. Elsa quería irse con ella.

—¿Por qué? Es decir, yo amaría estar contigo donde tú quieras, pero… ¿por qué?

—Porque yo también quiero estar contigo y no quiero que dejes tus cosas por mí.

—Pero las estarías dejando tú, no quiero quitarte eso.

—En realidad, eso no es verdad. La compañía para la que trabajo tiene varias sedes en otras ciudades y están dispuestos a dejarme trabajar desde otra parte, y si te refieres a mi vida con Emil… Amo a mi hermano, pero no vamos a estar juntos para siempre.

—Ya veo…

Elsa comenzó a inquietarse con su silencio porque dejó de mirarla para concentrarse en el agarre de sus manos en su cadera. Tal vez lo que creyó que era una buena idea no le gustaba a Anna, quizá ni siquiera quería regresar a vivir allá, en realidad nunca lo mencionó, ni una sola vez, pero Mérida juró verla tan feliz con las niñas a las que entrenaba que pensó…

—¿Vivirías conmigo? ¿De verdad?

—Sólo si tú quieres.

—¡Amo la idea! Elsa, te amo a ti, nada me haría más feliz que tenerte conmigo todo el día todos los días. Gracias.

Se paró casi de un salto y la besó apretando las manos contra sus mejillas. Cada vez que la veía sentía que no podía quererla más, pero luego iba y decía cosas como éstas dejándola sin palabras y entendía que para querer a Elsa ni siquiera existía un límite factible. El amor sólo iba creciendo cada vez más hasta dejarla desarmada, si la chica quisiera herirla de la nada, no habría defensa alguna que se lo impidiera.

—Te amo, Anna —dijo una vez que la soltó.

—¿No quieres casarte conmigo ahora mismo?

Elsa rio.

—Creo que para eso sí deberíamos esperar un poco más.

—¿Te puedes ir a vivir conmigo, pero dudas en casarte? —preguntó levantando una ceja.

Ella se encogió de hombros.

—Son cosas distintas, pero podemos hablar de eso después.

—De acuerdo, aceptaré ese no por ahora.

—Gracias —besó su nariz—. Eres un amor cuando no estás huyendo.

Anna rodó los ojos.

—Tal vez espere a que aceptes casarte conmigo para huir durante la boda.

—Romperías tu promesa de cuidar mi corazón.

—En ese caso supongo que tendré que quedarme porque no me gusta romper mis promesas.

Elsa quiso salir de su abrazo, pero no la dejó, tenían la sonrisa pintada en el rostro de cuando la vida simplemente se siente bien al lado de alguien.

—Te prometo no volver a irme.

Asintió.

—Te haré cumplir tu palabra.

Eso hizo reír a Anna.

—No tendrás que obligarme a nada, te lo prometo.


Respuestas a los reviews.

Chat'de'Lune: Sí, de hecho sin querer se le cumplieron las palabras de Mérida (palabras que saqué de una canción, pero da igual jaja) Tienes razón en que Hans merece un castigo peor, pero al menos ya está lejos de la vida de la chicas y no volverá a molestar. Que bueno que te haya gustado la reconciliación, gracias por leer y comentar, nos vemos en alguna otra ocasión, espero. Hasta pronto!