Buenas! Aproveché las vacaciones de invierno de la universidad para tratar de avanzar lo más posible con esta historia que tan cerca está del final. Así que aquí les traigo la confrontación final que tanto se esperaba, ¿no? Ojalá la disfruten.

Varios me preguntaron sobre Lucy y en quiénes está inspirada. Las principales inspiraciones para el personaje son Raven, Cloak (de Cloak & Dagger), Doctor Strange y Tokoyami (de My Hero Academia). Es una amalgama de todos esos. En el futuro veremos cómo es que funciona en más detalle.

Como siempre, agradecimientos especiales a los que leen y me dejan sus comentarios.

Luis Carlos: Quizás logre responder un poco a eso en este capítulo, pero la idea es que los tres hermanos no quieren contar con nadie más. Aceptan a gente común y corriente que también se sienten enajenados de la sociedad, pero ya con los metas es otro tema. Lo que quieren es permanecer juntos, seguros, y mezclar otro meta podría acabar perjudicándolos en cierto sentido. Sobre el heroísmo en Great Lakes, El Plástico insinúa un poco que cuando son profesionales ya pasa a ser más un trabajo con muchas trabas que una acción heroica.

ElTrasteroDeDemian: El problema es que Great Lakes no tiene héroes poderosos. Son todos héroes de nivel callejero, y el Triunvirato son realmente supervillanos. El Coleccionista era uno de los más poderosos, y lo mataron sin más cuando rescataron a La Cobra en el primer interludio. Hoy en día, la más poderosa de la ciudad debe ser Tormenta. Los héroes lo que buscan es minimizar el daño que pueden sufrir personas inocentes. Y es que por lo general el Triunvirato no es que sale a matar. Salen a robar un banco como La Cobra, pero no más que eso. No hay víctimas innecesarias a menos que se los provoque. Lo de Bobby, pues sí, es simp, pero además es mejor tener a alguien poderosa como Lori para ayudar a proteger a Ronnie que él solo.

daglas99: Muchas gracias por los comentarios tan positivos! Me parecía raro llamarla Omen en Español sin ninguna explicación… Quizás más adelante pueda introducirlo de forma más orgánica. Porque "Power Chord" por lo menos es un término que se usa en español también. Pero Omen… jajaja. Sobre las preguntas, sí, los personajes crecen en poder. Ya veremos si Lincoln aparece o no en la batalla. La Maldición de Royal Woods es un misterio, con el tiempo quizás aprenderemos más.

Guest: Gracias!

Jairo De La Croix: En cuanto a la discrepancia entre las actitudes de Nova en la historia de Ace y esta, en verdad las circunstancias son muy distintas. Con Tetherby, Nova estaba siguiendo los planes del Ace Savvy original, y no había ningún civil en riesgo a diferencia de la situación con La Tortuga o el ataque al banco. Fíjate que cuando tuvo que salvar a Lincoln y Clyde, Lori se mandó directo a la batalla contra el robot de la misma forma que lo hizo contra La Tortuga. No creo que sea tanto contradecirse, porque las situaciones eran muy diferentes.

J0nas Nagera: Me alegra que te haya gustado la escena entre Lori y Bobby, fue relativamente breve pero me gustó escribirla. La naturaleza de La Profecía será cuestión para otra historia, por ahora es más un misterio que otra cosa. Y muchas gracias por el comentario sobre el cómic. Todo lo malo hace que lo bueno valga más la pena al final.

LOKI LOGI: Gracias por tu entusiasmo y tus halagos!

hirosusanoolee: Muchas gracias!


El Dragón.

El humo a la distancia me obligó a acelerar. Dejé escapar más energía para atravesar el cielo como una estrella fugaz, partiendo las nubes a mi paso bajo los rayos del caído Sol que anunciaba la llegada del atardecer. Me detuve justo por encima de la estación de peaje, evitando el humo y buscando con la mirada entre los paramédicos y policías hasta que encontré a quien parecía estar a cargo.

— ¿Hace cuánto pasaron por aquí? —Grité desde la altura, recuperando el aliento.

—Una hora, más o menos —respondió, haciéndose oír por sobre el caos.

— ¿Eran tres? —Pregunté.

—No lo sé. Iban en una especie de tanque, sólo uno salió. Se fueron por allí.

Señaló a la rotonda donde cruzaban las carreteras, específicamente la continuación de la Interestatal 69.

Directo a Royal Woods.

Ni siquiera le agradecí. Me propulsé por el aire con la desesperación de una hermana asustada. "Antes de que acabe el día", había dicho la Profecía. Con lo cerca que el Sol se hallaba del horizonte, podrían encontrarse destrozando mi ciudad en aquellos instantes. Apreté los puños e incrementé mi velocidad. Quizás debería haber salido antes. Con menos energías, pero más rápido. Lo ideal hubiese sido detenerlos camino a Royal Woods, evitar que llegasen allí.

Un tanque. No podía moverse demasiado rápido, ¿no? ¿Me daría tiempo a cubrir la distancia con una hora de diferencia? No podía saberlo, pero debía intentarlo. La carretera acompañaba los desniveles del terreno, bordeando colinas y pasos montañosos. Seguí una línea recta, elevándome cuando fuera necesario, con los ojos atentos, buscando desde las alturas como un águila.

Sin ningún rastro de ellos, logré alcanzar los límites de la ciudad cuando el cielo ya se encontraba bañado de tonos anaranjados, y las sombras se alargaban en el suelo. Con desesperación, me interné a la ciudad por la Interestatal, ya convertida en la Avenida Underrated. Mis ojos me dolían de lo rápido que los movía, tratando de ver cada callejón, cada calle, cada edificio en búsqueda de algún tipo de tanque, o de cualquiera de los tres villanos, o de la evidencia de sus fechorías.

Justo en ese momento, cuando estaba comenzando a preocuparme por lo tranquilo y ordinario que todo se veía, un destello en la periferia de la ciudad llamó mi atención. Me enfoqué en aquella dirección.

Fuego.

Pequeño, pero definitivamente algún tipo de fuego. Sin desperdiciar un segundo, me lancé en aquella dirección. ¿Qué hacían por allí? ¿Es que no habían entrado por la avenida principal? ¿Se habían desviado, quizás para atacar por sorpresa? ¿Cuál sería su objetivo? No era una zona comercial ni industrial, ¿acaso iban a comenzar por los barrios de—?

El sonido de un objeto propulsándose por el aire fue la única advertencia que tuve para generar una capa protectora a mi alrededor. Un instante después, un cohete estalló justo por delante de mí, enviándome en caída libre directamente contra el asfalto. La explosión me aturdió. Tuve que cerrar los ojos y mover mi mandíbula como si estuviera masticando un chicle gigante para destapar mis oídos. Me incorporé tan pronto como pude, sin siquiera poder lamentarme por la pérdida de mi mochila, mi teléfono y ropa extra.

Unas personas se acercaron, asustadas, preguntándome cosas que no entendía. Les grité que se alejaran cuanto antes, oyendo mi propia voz como si hablara a través de una línea de teléfono.

Sacudí la cabeza y me concentré. Doblando en la esquina, con un cañón al costado echando humo, vi un vehículo gigante de seis ruedas con motivos de escamas en la carrocería. No cabía duda, aquel era el tanque que el sargento había mencionado.

La batalla estaba por comenzar. El vehículo comenzó a acelerar en mi dirección, y dos pequeños misiles dispararon hacia mí. No podía dejar que dañaran la ciudad, ni permitirles escapar o rodearme. Decidí intentar acabar con el problema cuanto antes. Extendí ambas manos sobre mi cabeza, creando una esfera de energía de tres metros de diámetro, y la lancé con todas mis fuerzas hacia los villanos.

Los misiles estallaron en pequeñas explosiones al entrar en contacto con la energía, la cual continuó avanzando en línea recta hacia el tanque. Al impactar, el vehículo explotó, volando por los aires y creando una columna de fuego y humo. Si todo hubiera salido bien, aquel habría sido el fin de los supervillanos, pero por supuesto, no tardé en notar la pesada figura de La Tortuga escapando de la explosión con un poderoso salto, cargando con dos personas a su espalda.

Aterrizó como un meteoro cerca de mí, destrozando la calle, sacudiendo los autos estacionados a los costados de las aceras, y provocando los gritos apabullados de los civiles. Su fría y asesina mirada se cruzó con la mía y me dedicó una sádica sonrisa.

De un salto por encima de la gigantesca espalda de La Tortuga, La Cobra se acercó a mí como un relámpago verde. Su horrible y desproporcionada máscara atrajo mi vista con sus orbes amarillos, pero ya sabía que debía concentrarme en los colmillos/cuchillas de su muñeca. Lancé varios rayos de energía para tratar de interceptarlo, pero el ágil villano los evitó con maestría.

— ¡Muere! —Gritó con su último salto, preparado para clavarme una estocada en el corazón.

Evidentemente, mi precisión no era tan buena como su agilidad, por lo que dejé de lado los ataques puntuales y decidí intentar con ataques de área. Reuní rápidamente energía en las palmas de mis manos, extendí mis brazos horizontalmente, y los junté con un poderoso aplauso un segundo antes de que La Cobra me alcanzara.

La energía estalló en una onda azulada que, sin el poder devastador que hubiera preferido, logró impactar en La Cobra, enviándolo de regreso con sus hermanos.

— ¡¿Todavía no aprendiste la lección?! —Gritó La Tortuga, atrapando a La Cobra y lanzándolo de nuevo hacia mí en un único movimiento.

La Cobra giró su cuerpo en el aire para estabilizarse y preparar una patada en mi dirección. Apreté los dientes y pateé con fuerza el suelo a mi derecha, impulsándome hacia la izquierda. Cuando La Cobra pasó volando a mi lado, intenté lanzarle un rayo de energía, pero él atrapó un poste de luz con su cola y aprovechó el movimiento centrífugo para darme una patada en mi brazo derecho que me envió a la acera de enfrente.

Usé mis poderes para propulsarme de nuevo a mis pies. Comencé a lanzar golpes al aire frente a mí, como si practicara con un saco de boxeo. Cada golpe al aire envió una pequeña ráfaga de energía concentrada o pequeños arcos, dependiendo de la forma en la que golpeaba. La Cobra comenzó una vez más a esquivarlos, acercándose un paso a la vez a mí.


Lo estás haciendo mal.

¡No puedo darte! ¡Te mueves demasiado! —Me quejé, tratando de recuperar el aliento.

Eso es porque reacciono antes que ti —me explicó Spade con paciencia—. Veo tu ataque y me muevo en consecuencia.

Entonces no hay caso —respondí con pesadez y resginación—. Nunca podré darte, no mientras reacciones más rápido de lo que mis ataques se mueven.

Ese es tu error. ¿Cómo crees que hice para detener a Guldo, el Ladrón Temporal capaz de saltar segundos en el tiempo?

No lo sé. No estudié ese caso.

Deberías, fue épico —me dijo con una sonrisa, antes de volver a su modo maestro—. Si yo hubiese atacado a donde él se encontraba, nunca lo hubiese atrapado. Cuando te enfrentas a enemigos así, o villanos más rápidos que tú, tienes que adelantarte a sus movimientos. Aprende a leer sus patrones de conducta, y anticípate a ellos. Ataca no donde tu enemigo se encuentra, sino a dónde se encontrará para cuando tu ataque llegue allí. Guíalos a una trampa. Es como el ajedrez.

Odio el ajedrez.

Yo también, pero de todo se aprende.


Derecha, izquierda, arco. La Cobra saltó a la izquierda, a la derecha, y se agachó. Repetí el patrón una vez más, y él volvió a evitarlo. Derecha, saltó. Izquierda, saltó…

Esta vez, di un gancho hacia arriba, creando un arco vertical que atravesó el aire y tomó de sorpresa a La Cobra, golpeándolo en todo el torso y el rostro, enviándolo directo contra una pared de ladrillo.

Me hubiese encantado aprovechar su aturdimiento para acabar con él, pero la sombra de un coche a punto de caer sobre mí me obligó a concentrarme en mi supervivencia. Estiré mis brazos y absorbí el impacto, atrapando el vehículo antes de que me destrozara a mí o la tienda detrás mío.

—Eres una verdadera molestia —dijo la voz de La Tortuga antes de que sus dos manos destrozaran la carrocería por la mitad, abriéndose paso hasta quedar justo delante de mí. Levantó un brazo para aplastarme como una mosca, pero maniobré lo suficientemente rápido como para evitar el impacto.

Recordando cómo había golpeado a Bobby aquella mañana, logré anticiparme al rápido movimiento hacia atrás de su brazo. Salté por encima, y reuniendo energía en mi pierna izquierda, le propiné una fuerte patada en el hocico que logró hacerlo retroceder.

—Tu debilidad es la cabeza —dije en voz alta, con seguridad—. Lo noté esta tarde. No eres tan duro allí.

—Tu debilidad es la misma de todos los héroes —replicó con brusquedad, frotando su nariz—. Ninguno sobrevive cuando les arranco el corazón.

— Si no es específico a mí no cuenta como debilidad. ¿Eso es lo mejor que tienes?

—Mis hermanos son lo mejor que tengo.

Creí que era algún tipo de frase filosófica, pero noté por el rabillo del ojo que La Cobra volvía a lanzarse contra mí. Ya sin tiempo para alejarme, no me quedó otra que rodear mis antebrazos con un resplandor azulado y comenzar a defenderme de los rápidos y poderosos golpes que lanzaba contra mí.

—Eres poderosa —me felicitó el villano, haciéndome retroceder con cada zarpazo que lanzaba en mi dirección—. Ninguno de los debiluchos de Great Lakes City podría hacernos frente de esta forma. Tienes mis respetos, Nova.

— ¿Quieres que te diga por dónde me paso tus respetos?

Con un gruñido, realizó una patada baja giratoria que me dio en los talones y me hizo caer de espaldas. Preparó una certera puñalada al corazón que habría acabado con cualquier héroe sin la habilidad de volar a través de la propulsión. Una llamarada emergió de las palmas de mis manos, alejándome de La Cobra al tiempo que lo golpeaba en el pecho.

— ¡Sólo retrasas lo inevitable! —Gritó La Tortuga, saltando en el aire para deshacer la distancia entre nosotros. Lanzó un puñetazo del que apenas logré defenderme con mis antebrazos. El impacto hizo temblar todo mi cuerpo, enviándome disparada por los aires, rodando en el suelo hasta impactar con un coche. Con la cabeza dando vueltas, me obligué a mí misma a levantarme, ignorando el dolor en mis brazos y rodillas.

La Cobra se acercaba una vez más, serpenteando en su carrera para que no pudiera predecir su siguiente movimiento. Decidí tomar prestado un movimiento de La Tortuga, tomando el coche abollado contra el que había impactado y lanzándolo contra La Cobra como un barril en un juego de los ochenta. El esbelto villano se detuvo, y aunque creí que lo había tomado por sorpresa, pronto entendí que se trataba de un esfuerzo combinado.

La Tortuga había lanzado un poste de luz que, como una jabalina, atravesó el aire, impactando contra el coche, deteniendo a ambos a mitad de camino. La Cobra aprovechó aquello como plataforma para lanzarse directo hacia mí.

—Tú no tienes súper resistencia —le advertí, mientras comenzaba a deslizarme por el aire para evitar sus veloces ataques—. Podría matarte si conecto un golpe certero.

— ¡Es difícil contraatacar cuando apenas puedes defenderte! —Se burló, realizando un ataque relámpago que me obligó a girar la cabeza para que el colmillo de su muñeca no se clavara en mi ojo.

Sentí el ardor y calor de una herida y la sangre brotando de un corte en mi mejilla. Con un grito, dejé que mi energía brotara de todo mi cuerpo, creando una pequeña explosión que le dio de lleno. Furiosa, aproveché que volaba por los aires para tratar de darle un certero golpe, pero justo cuando mi puño estaba listo para impactar de lleno en su rostro, La Tortuga se interpuso.

Mi puño se dobló en un doloroso ángulo que me hizo gritar. Aquel bien podría haber sido mi final si es que La Tortuga decidía aplastarme contra el suelo, pero en su lugar, me tomó de la cintura y me lanzó como una muñeca de trapo contra otro vehículo estacionado.

Sentí que el aire y las fuerzas me abandonaban. Al abrir los ojos, todo se veía doble. No me importó. Volví a ponerme de pie. Expulsé de un escupitajo el metálico sabor de mi sangre, y levanté ambos brazos para defenderme. La Tortuga y La Cobra se acercaban a paso lento. El Behemot imparable y el ágil asesino.

Existía la posibilidad de que pudiera enfrentarme a ellos individualmente. ¿Juntos? Era sólo cuestión de tiempo para que cometiera un error que me costase la vida. Mi única ventaja era mi rango de ataque. Mientras lograse mantenerme fuera de su alcance, todavía tendría posibilidades de resistir.

Me elevé en los aires, preparando en mi mente una estrategia, cuando la realidad me recordó un importante elemento del cual me había olvidado.

—Mi turno —dijo una profunda y rasposa voz, tan grave que erizó los vellos de mi cuello.

Un puño conectó con mi rostro en las alturas. Comencé a caer, aturdida y adolorida, pero me tomaron de la pantorrilla y tras girar en el aire para ganar impulso, me lanzaron directo contra la terraza de un edificio. Reboté en la losa de concreto, sintiendo el impacto en cada músculo y hueso de mi cuerpo.

Me apoyé en mis antebrazos y levanté la vista. Con el anaranjado firmamento de fondo, vi por primera vez a la temible figura de El Dragón descendiendo como un ángel de la muerte. Su armadura de tonos cálidos reflejaba la luz del sol, y sus ojos amarillos brillaban bajo la sombra de su casco. Levitó por el aire, la punta de sus pies rozando el suelo de la terraza hasta que finalmente hizo pie algunos metros frente a mí. Me miró con desprecio, manteniendo el silencio mientras me permitía reincorporarme.

—Así… Así que tú eres El Dragón.

Trastabillé, casi cayendo a mis rodillas, pero logré mantenerme de pie. Limpié la sangre de mis labios con el dorso de mi mano, y permití que mi energía cósmica rodeara mi cuerpo para tratar de apaciguar el cansancio y el dolor.

—El mismísimo —respondió, dando pasos en un arco a mi alrededor, evaluándome—. Y tú eres Nova. Protectora de Royal Woods. Y ahora, por haberte metido en asuntos donde no te llamaban, también su destructora.

Estiré ambas palmas, juntándolas una sobre otra frente a mí, y lancé una poderosa columna de energía. El Dragón voló, moviéndose en espiral para evitar mi ataque y reducir la distancia entre nosotros lo suficiente como para propinarme un potente golpe en el estómago.

—No tienes idea de lo mucho que deseo ver tu correr tu sangre —me dijo con inquietante sinceridad, tomándome del cabello para darme otro golpe al rostro.

Si bien cada golpe dolía en lo más profundo de mi ser, encontré cierto alivio al notar que no contaba ni con la agilidad superhumana de La Cobra ni con la fuerza implacable de La Tortuga. Con aquella información en mente, cuando El Dragón trató de darme otro golpe, concentré mi energía en un puño, y logré atrapar el suyo antes de que impactara en mí.

—Deberías enviar a alguno de tus hermanos si eso es lo que quieres —dije, antes de embestirlo y propulsarme por el aire, arrastrándolo conmigo.

Trató de liberarse, pero lo sostuve con fuerza, preparada para atravesar algún edificio con él por delante de la misma forma que lo había hecho con La Cobra la primera vez que luchamos.

Sin embargo, lo escuché soplar, y luego el sonido de chispas. Quizás meramente por instinto, decidí soltarlo. Justo a tiempo para evitar que liberara una llamarada sobre mi espalda. El fuego se dirigió a mí, y di un manotazo con mi mano para crear una pared de energía que impidió que las llamas me dieran.

Nos detuvimos en el aire, frente a frente separados por unos pocos metros.

— ¿Cómo es que vuelas si no tienes alas? —Pregunté, recuperando el aliento— ¿Qué clase de dragón no tiene alas?

—Los dragones chinos —respondió como si fuera obvio—. En Occidente, el dragón es visto como un símbolo del mal, una bestia, una encarnación del diablo. En Oriente Lejano, los dragones son criaturas sagradas, benévolas, proveedoras de buena fortuna y protección.

Río en voz alta, sacudiendo la cabeza. Abrió luego sus brazos, palmas arriba.

—Héroe para algunos, villano para otros. ¿Entiendes ahora por qué elegí ese nombre?

— ¿Además de porque escupes fuego de la boca? —Repliqué— Lo siento, es muy claro que eres un villano puro y duro. No importa cómo trates de justificarte.

—Ves lo que quieres ver. Ignoras lo que pueda complicar tu mirada tan inocente y estúpida del mundo. No aceptas siquiera la posibilidad de que haya una verdad más allá de tus prejuicios.

— ¡Los vi matar a sus propios secuaces! ¡Intentar acabar con personas inocentes! ¡¿Quién es el que se niega a aceptar la verdad?!

Un gas casi invisible escapó de su garganta, e instantes después de que su lengua chasqueara y produjera chispas, disparó una bola de fuego en mi dirección. Lancé una bola de mi propia energía para interceptar su ataque. Estallaron al impactar a mitad de camino.

Tomé nota del hecho de que aquel fuego podía detener mis ataques de energía.

Salí disparada hacia él, preparada para golpearlo, pero un gruñido por debajo me alertó de cómo La Tortuga acababa de lanzar a La Cobra como un misil contra mí. Me frené y detuve mi vuelo, justo a tiempo para evitar que me alcanzara. Lancé un ataque contra La Tortuga, quien se defendió cubriéndose con sus brazos inamovibles.

Por encima mío, El Dragón maniobró para atrapar a su hermano y permitirle usarlo como plataforma para lanzarse contra mí desde arriba.

— ¡Oh, vamos! —Grité, concentrándome.

Logré tomarlo por las muñecas, pero entonces enredó su cola alrededor de mi cuerpo, desestabilizándome. Comenzamos a caer.

—El abrazo de la constrictora —siseó con una sádica sonrisa, oprimiendo su agarre hasta quitarme el aire.

— ¿Ahora eres una boa? ¡Decídete por una especie!

Nos estrellamos contra la calle. El impacto, por lo menos, logró aturdir también a La Cobra. Aprovechando el momento, aumenté la energía en mi cuerpo y lo lancé lejos de mí. Estiré un puño y disparé un rayo de energía que debería haberlo dejado fuera de combate, pero una vez más, La Tortuga se interpuso, recibiendo mi ataque de lleno sin que le hiciera un rasguño.

—No dejaré que lastimes a mi familia —dijo con furia, golpeándose el pecho como un gorila o un orgulloso jugador tras marcar un gol.

— ¡Pues yo tampoco dejaré que le hagan nada a la mía!

Reuní energía alrededor de mi cuerpo, elevándome varios centímetros del suelo. La Cobra se recompuso y se colocó a un lado de La Tortuga, y El Dragón descendió de los cielos para colocarse entre los dos.

— ¿Qué no ves que no somos tan distintos después de todo? —Preguntó el Dragón con una sonrisa— En el fondo, lo que queremos es proteger a nuestros seres queridos.

— ¡Ustedes son asesinos!

— ¿Y qué crees que hubiera ocurrido con Cobra o conmigo si Tortuga no nos hubiera salvado de tu ataque a nuestro vehículo? Ni él ni yo somos súper resistentes. Tu ataque podría habernos matado. ¿En qué te convertiría eso?

—No trates de igualarnos —le advertí—. No todo es lo mismo. Yo nunca mataría a alguien inocente.

— ¿Ni siquiera para salvar a tu familia?

—Claro que no.

—Mentiras —dijo sencillamente—. Lo harías si te vieras obligado a hacerlo. Por supuesto, alguien como tú jamás podría entender lo que hemos pasado. La manera en la que la sociedad entera nos dio la espalda. El desprecio al que nos enfrentamos desde nuestra infancia. ¿Qué puede saber de dolor una niña heroína? No sabes lo que es sólo tener a tus hermanos, enfrentarte sola a un mundo que prefiere fingir que no existes.

Quería gritarle que por supuesto que lo sabía, que lo había sufrido durante mucho tiempo, en particular desde la muerte de Spade. Pero él me había enseñado que nunca debía darle información a los villanos.

— ¿Algún otro dato de tu triste vida que quieras compartir conmigo antes de que acabe con ustedes? —Dije, permitiendo que la energía fluyera con más intensidad a través de todo mi cuerpo.

El Dragón rió, La Tortuga hizo tronar sus nudillos, y La Cobra siseó con desprecio.

—Habrá tiempo para charlar cuando nos reunamos en el infierno —dijo El Dragón—. Por ahora, es hora de que mueras.

Los tres se lanzaron a mí.


Arrastré mi espalda por la corteza hasta que acabé sentada en el frío césped. Apoyé mi cabeza e intenté recuperar el aliento, pero todo lo que sentía era el dolor en mis músculos y el cansancio que envolvía cada fibra de mi ser. Leni ni siquiera llegó al árbol a un lado, dejándose caer boca abajo sobre el manto verde.

Abrázame, pastito —dijo—, quiero dormir.

No lo hagas, Eclipse, todavía debemos volver a casa —le recordé, poniendo una mueca de cansancio con tan sólo pensar en volar de regreso a nuestro departamento.

Vamos, no fui tan duro.

Las dos giramos la cabeza para dedicarle una mirada enfadada al mismísimo Ace Savvy, de pie con una gran sonrisa como si no hubiera pasado las últimas tres horas pateando nuestro trasero una y otra vez.

Bueno, tal vez sí —acabó por admitir, encogiéndose de hombros—. Pero ustedes eligieron este camino. Si querían una vida fácil, no deberían haberme convencido de entrenarlas para ser héroes.

No tiene sentido —dije, sacudiendo la cabeza—, ¿cómo es que no podemos siquiera tocarte?

Tengo décadas de experiencia bajo mi capa, pequeña aprendiz.

Lo sé, pero… Eclipse y yo tenemos poderes. ¿Por qué es tan difícil acercarnos? ¿Cómo es que incluso tras meses de entrenamiento seguimos siendo tan… tan patéticas?

No me resultaba agradable exponer tan abiertamente mis dudas y debilidades, pero ya no podía soportarlo. Ace Savvy no tenía poderes. Dos heroínas, una con telekinesis y otra con el poder de la radiación cósmica, deberían poder lidiar con un solo oponente sin poderes, sin importar lo extraordinario que fuera.

Ace se sentó a un lado, y en su mirada noté una comprensión y empatía que me tranquilizaron y molestaron al mismo tiempo. Odiaba sentirme como una niña pequeña frente a él. Debería mostrarme como una heroína, una guerrera.

De acuerdo, creo que es hora de responder a tus preguntas —dijo con sinceridad.

Leni giró para verlo, y yo dejé de pensar en el dolor para prestar atención a cada una de sus palabras.

Hay varios elementos. Uno, como dije, es la experiencia. Llevo protegiendo esta ciudad por décadas, y me he enfrentado a enemigos más poderosos, más duros, más rápidos, más inteligentes incluso que yo. Sé cómo responder a una variedad de situaciones, y eso es algo que sólo se aprende con la experiencia, lamentablemente. Es natural que tenga ventaja sobre ustedes allí.

Asentí. Por más que no me gustase admitirlo, era la realidad. No podía negarla.

En segundo lugar, no terminan de trabajar en equipo. Las dos luchan contra mí, pero cada una lo hace por su cuenta. En más de una ocasión, acaban por estorbarse más que por complementarse. Mientras continúen tratando de derrotarme sin combinar sus esfuerzos, seguiré teniendo la ventaja.

Vi por el rabillo del ojo que Leni me miraba, pero no me atreví a cruzar los ojos con ella. Sabía que probablemente era mi culpa.

Y finalmente, quizás lo más importante de todo, es que soy un héroe —dijo con sencillez—. Por ello mismo, tengo un arma secreta por la cual nunca podrán derrotarme.

¿De qué hablas? —Pregunté, aunque lo que en verdad quería decir era "¡Yo también soy un héroe!".

Los héroes pelean para proteger. En estos entrenamientos, mi objetivo es prepararlas para el mundo real, para los villanos que no los perdonarán y que intentarán por todos los medios derrotarlas y acabar con ustedes. Si no las preparo para las peores de las circunstancias, si no hago bien mi trabajo, algún día podría perderlas. No quiero que eso pase, así que doy lo mejor de mí cada vez, cada noche. Estos entrenamientos son de vida o muerte para mí, y dejo todo porque quiero protegerlas. Y eso es lo que hace que los héroes seamos imparables. Los villanos luchan por ellos mismos. Nosotros luchamos por los demás. Y con esa motivación es que podemos sobrepasar nuestros límites, anteponerse a lo imposible, realizar lo impensado con tal de proteger. Nunca podrán ganarme, porque su deseo por vencerme no puede superar mi deseo por protegerlas.

En algún momento de su discurso, su tono de mentor cambió por uno más emotivo, más personal. Un tono paternal que me dejó sin palabras y que pronto me tuvo con los ojos llenos de lágrimas al igual que Leni.

Ace sonrió, sacando dos pañuelos de su cinturón de utilidades y ofreciéndonoslos.

Felicidades, me hicieron usar los pañuelos después de tenerlos por cinco años en mi cinturón.


—Ríndete, Nova, y tu muerte será rápida y mucho menos dolorosa que esto.

Lancé un rayo a El Dragón, quien lo evitó con un elegante giro en el aire. Hubiera continuado por mi ataque de no ser porque tuve que volar para esquivar un cesto de basura que La Tortuga, e inmediatamente después comenzar a intercambiar golpes con La Cobra.

Más y más cortes aparecieron en mis brazos, prueba de lo mucho que me costaba seguirle el ritmo a estas alturas. Ya no reaccionaba tan rápido como debía. No podía pensar ni moverme como antes, y el cansancio y las heridas sólo añadían más estrés a mi cuerpo.

En un desesperado intento por salvarme, dejé que uno de sus ataques me propinara un corte en el antebrazo a cambio de la oportunidad de cerrar mi otro puño en el colmillo que usaba como arma, y destruirlo de un apretón.

— ¡Maldita seas! —Siseó con desprecio, pero todavía aferrando su muñeca con mi puño, lo lancé directo hacia una pared.

El Dragón logró atraparlo, mientras La Tortuga cargó contra mí. Esquivé un pisotón, y me disparé hacia el aire, encajando un gancho en su mandíbula. El coloso retrocedió un paso, y aproveché a tomarlo por las púas de su caparazón, y en un estallido de aura azulada, impulsé lo suficientemente fuerte como para derribarlo al suelo, donde cayó con un estruendo que sacudió las ventanas a nuestro alrededor. Enfoqué el poder que me quedaba —no mucho, he de admitir— en mis puños, y comencé a propinar una serie de golpes a su rostro.

— ¡Vete… a… dormir! —Grité entre golpe y golpe, girando su cabeza de lado a lado con cada impacto.

Levanté el puño una vez más, pero el zumbido de una llamarada me obligó a elevarme en el aire.

Lamentablemente, La Cobra se había anticipado a ello, y habiendo dado un impresionante salto, logró conectar un golpe directo a mi pecho que me catapultó de regreso al suelo.

Me reincorporé con lentitud. Apoyándome en mis antebrazos para levantar la cabeza y ver dónde se hallaban mis enemigos. La Tortuga volvía a ponerse de pie, aparentemente recuperada de mis ataques, si es que le habían hecho daño alguno en primer lugar. La Cobra y El Dragón lo flanqueaban, y los tres avanzaron nuevamente a paso lento en mi dirección.

—Un esfuerzo digno de ser recordado —dijo El Dragón, deteniéndose junto a sus hermanos—. Parte de mí se siente tentada de invitarte a unirte a nosotros. Con alguien como tú, nuestro dominio sobre Great Lakes City sería indisputable. Por otro lado, tu muerte y la destrucción de tu ciudad nos asegurará que no más héroes entrometidos amenacen nuestra supervivencia. Y siempre priorizaré a mi familia por sobre el poder.

Con sangre brotando de las múltiples heridas y cortes en mi cuerpo, apenas si logré levantarme unos centímetros antes de caer nuevamente al suelo. Necesitaba recuperar el aliento. No. Necesitaba seguir luchando. Debía ponerme de pie, sin importar mi dolor, sin importar mi cansancio. Sin importar las consecuencias.

—Pon fin a su calvario, Cobra.

—Con mucho gusssto.

Rodeé mi cuerpo de energía cósmica para intentar levantarme, pero mi poder vaciló, apagándose por momentos como una señal de neón en desuso. Vi a La Cobra acercarse a paso lento, prácticamente relamiendo el arma que le quedaba, preparado para apuñalarme y acabar con mi vida.

Imágenes de Leni comenzaron a pasearse por mi mente. Mis padres adoptivos. Spade. Comencé a levantarme, contra todo pronóstico, pero sabía que no sería suficiente, y lágrimas de resignación comenzaron a resbalar por mi rostro.

En ese momento, La Cobra entecerró los ojos, levantó la vista por encima de mí, y con una mueca de desprecio, realizó dos golpes al aire con el colmillo de su muñeca para desviar dos proyectiles.

Dos láminas de acero en forma de naipes con bordes verdes que estallaron en nubes de humo al momento del impacto.

Y cayendo justo entre La Cobra y yo, el pequeño Ace Savvy, Vigilante Nocturno, hizo su llegada heroica. Se puso de pie, su capa azulada flameando al viento, y viéndolo desde el suelo, mi cansada y agitada mente interpuso su imagen con la de Spade Nifty.

—Lamento llegar tarde —dijo, su voz tan infantil e inocente—, no quise perderme la primera mano. ¿Listos para la segunda vuelta?

Reconocí las viejas y trilladas frases de mi mentor. ¿Por qué imitaba su fascinación con el póker? ¿Para creerse él mismo que estaba al nivel del verdadero Ace Savvy?

¿O es que lo hacía porque quería generar en otros la misma alegría y esperanza que acababa de ofrecerme?

Volteó a verme, y aunque sus ojos no podían ocultar la preocupación que mi estado le causaba, no dejó de sonreír mientras me ofrecía una mano.

—Estaba en camino a las afueras a inspeccionar lo que Eclipse me dijo, pero luego pensé "¿Desde cuándo tienen un radar?". Tuve un mal presentimiento, así que regresé lo más rápido que pude. Las explosiones me guiaron.

Por más que mi corazón sintiera un inmediato alivio, una parte de mi mente todavía pensaba con claridad, y la razón me gritaba que no podía dejarlo participar de esta batalla.

—Ace —dije, llamándolo por su nombre de héroe sin ese sabor amargo que antes sentía en la boca—, no deberías estar aquí. Son villanos muy peligrosos.

—Lo sé —respondió, observando mis heridas—. Estuve leyendo sobre ellos esta tarde, después de que salieras en las noticias luchando contra La Tortuga.

—Entonces sabes que no dudarán en matarte si les das la oportunidad.

—Por eso no pienso dárselas. Ahora, ¿vas tú a darme la oportunidad de ayudarte, o quieres que me encargue de ellos yo solo mientras descansas?

Volvió a extender su mano.

No debería haber suspirado. No debería haber sonreído casi con resignación. No debería haber estirado mi brazo y permitirle que me ayudara a ponerme de pie. No debería haberme apoyado en él mientras recuperaba el aliento. No debería haberle dicho:

—Gracias, Ace.

—No hay problema. Dudo que mis naipes puedan hacer algo contra La Tortuga. ¿Qué poderes tiene El Dragón?

—Vuela y escupe fuego.

—Huh. Debería haberlo imaginado —dijo, rascándose la barbilla—. Bueno, por lo pronto, descansa un poco mientras me encargo de La Cobra.

—Es demasiado ágil. Sus reflejos son súper humanos —le advertí, tomándolo por el hombro cuando intentó separarse de mí.

Colocó una mano sobre la mía y me sonrió.

—Créeme, he estado entrenando con alguien mucho más rápida que él.

Y tras aquella críptica frase, se separó de mí y comenzó a caminar al encuentro con La Cobra. Extrajo una barra metálica de su cinturón de utilidades, y con un extraño movimiento la extendió hasta convertirla en un bastón de batalla prácticamente tan alto como él.

—Otro niño héroe que quiere morir con honor —dijo La Cobra con desprecio.

—Otro villano con un pésimo sentido de la moda.

La Cobra siseó.

—Hubo una época donde mi alma sufrió por haber matado a unos niños. Ya no soy esa persona. No derramaré ni una lágrima por ti.

—Lo harás cuando te derrote, ojos de serpiente.

Con un rugido, La Cobra se lanzó a toda velocidad contra Ace Savvy, pero él lo esperó hasta último momento para dar un paso al costado y contraatacar con una patada lateral. La Cobra saltó para evitarla y, girando su cuerpo en el aire, intentó conectar con su cola como un látigo, pero Ace usó el bastón como apoyo para impulsarse por encima del villano y lanzar una carta azulada.

Una corriente eléctrica recorrió el cuerpo de La Cobra, tensando sus músculos y obligándolo a caer de bruces al suelo.

La Cobra se reincorporó, y él y Ace Savvy comenzaron a alternar golpes y evasiones con una velocidad, gracia y precisión que mis ojos apenas podían seguir, como una danza coreográfica de violencia. Ace recibió un golpe en el pecho que lo catapultó hacia una pared, pero aún en el aire logró activar su pistola-gancho para elevarse sobre un poste de luz justo a tiempo para evitar un zarpazo de La Cobra, y contraatacó con una carta roja que estalló justo a los pies del villano, quien impactó contra un banco y dejó escapar un quejido de dolor.

— ¿Vas a llorar? —Lo provocó Ace.

— ¡Infeliz!

Mientras los veía, concentré mis esfuerzos en respirar profundo. Spade me había dicho que controlar mi respiración era la mejor forma de recuperar mis energías en medio de una batalla. La radiación cósmica presente en el aire podía entrar a mi sistema más eficientemente por los pulmones que por mi piel. En efecto, aunque el dolor continuaba casi inaguantable, un mero minuto de descanso me tenía de pie de nuevo, con mi aura brillando cada vez más intensamente.

Poco a poco, La Cobra comenzó a verse acorralado por los movimientos de Ace Savvy, que parecía igualarlo en reflejos y agilidad, pero contaba con muchos más trucos y herramientas para escabullirse y tomarlo por sorpresa. Quizás producto de la desesperación, sus ataques comenzaron a tornarse más violentos, al punto que una de sus estocadas logró quebrar al medio el bastón de Ace Savvy.

— ¡Te tengo! —Gritó victorioso La Cobra, preparado para asestar un golpe de gracia ahora que Ace no tenía su arma para defenderse del colmillo del villano.

Sin embargo, el joven héroe no dejó que la presión o los nervios le jugaran una mala pesada. Usó su antebrazo para desviar el golpe de La Cobra, y aprovechando la apertura, le propinó un golpe directo en el rostro para aturdirlo, una barrida para que cayera al suelo, y con una voltereta girando sobre sí mismo en el aire ganó velocidad y fuerza para conectar una patada descendente con su talón que quebró el colmillo restante de La Cobra.

—Tortuga, ve a ayudarlo —ordenó de pronto El Dragón.

La Tortuga comenzó a correr en dirección a Ace Savvy, tomando un coche estacionado a un lado de la acera y lanzándolo en su dirección.

El chico parecía listo para usar su pistola gancho y escapar del peligro, pero decidí no apostar todo a su velocidad de reacción, y me lancé hacia delante como un cohete, lanzando una esfera de energía que interceptó el vehículo y evitó que llegara contra Ace.

— ¡Gracias!

— ¡No me agradezcas aún!

La Tortuga atravesó los restos en llamas del vehículo y lanzó un puñetazo para aplastar a Ace Savvy, pero él rodó hacia atrás. Comencé a volar en círculos alrededor de La Tortuga, lanzando rayos continuos de energía, buscando darle en su rostro u algún otro punto débil que pudiera encontrar. Ace me imitó, y mientras evitábamos los devastadores golpes del villano, descargó una ráfaga de naipes de todos los colores.

La Cobra apareció de la nada, saltando para interceptarme, pero un naipe eléctrico lo detuvo justo antes de que cerrara su mano sobre mi garganta. En ese momento, La Tortuga dio un pisotón que creó un cráter en el suelo y envió volando a Ace Savvy por los aires. Maniobré rápidamente para alcanzarlo, estirando mi mano. Él entendió y la tomó, y cuando lo lancé contra La Cobra, ya tenía preparada una patada que impactó de lleno en el pecho del villano.

— ¡Ya basta!

La Tortuga estiró sus brazos y aplaudió, tal como yo había hecho un tiempo atrás para detener el avance de La Cobra. Sólo que esta vez, sin más energía que la de sus músculos, logró generar una onda expansiva que destrozó todas las vidrieras de la cuadra. Me dio de lleno en el aire, enviándome en caída libre, y también golpeó a Ace Savvy luego de que La Cobra lo pateara hacia arriba.

Ligeramente aturdidos, tardamos un instante en recuperarnos, tiempo suficiente para que La Tortuga avanzara hacia mí con un puño listo para derrotarme.

Lo habría logrado, de no ser por los restos del auto en llamas que se levantaron del suelo y se lanzaron contra él, dándole de lleno en el rostro. La Cobra siseó y comenzó a esquivar trozos de chatarra y escombros que se movían por el aire contra él, ocasionalmente golpeándolo en el hombro o la pantorrilla.

Levanté la vista para encontrarme con mechones rubios que flotaban en el aire, meciéndose en suaves ondas desafiando la gravedad. Me preocupé al verla allí, pero también he de admitir que sólo entonces comencé a creer que podríamos ganar aquella batalla.

— ¡Eclipse! —Gritó Ace Savvy, acercándose a La Cobra para resumir el intercambio de golpes— ¡Justo a tiempo!

— ¡Lo siento! —Respondió Leni, sobrevolando el campo de batalla para tomar cuanto escombro pudiera y lanzarlo contra La Tortuga— ¡Hubo un incendio en otra parte y fui allí primero!

Eso explicaba el fuego que había visto al llegar a la ciudad.

— ¡No se distraigan! —Dije, lanzando una bola de energía para interceptar un cesto de basura que La Tortuga lanzó a mi hermana.

— ¡¿Cuántas más basuras intentarán detenernos?! —Rugió el gigante.

—No necesitamos más —respondí—. Ya entenderán por qué se equivocaron al provocar a los héroes de Royal Woods.

Leni se elevó justo a tiempo para evitar una bola de fuego dirigida a ella, pero estaba demasiado ocupada tratando de maniobrar un poste de luz alrededor de las piernas de La Tortuga como para prestar atención a cómo El Dragón se dirigía a ella a toda velocidad.

— ¡Oh, no, no lo harás! —Grité, propulsándome tan rápido como me era posible para interceptarlo.

Chocamos en el aire, pero mi impulso era más fuerte que el suyo, por lo que lo arrastré lejos de Leni. Lo tomé por las muñecas, evitando que me golpeara con las garras en su armadura.

— ¡No dejaré que la toques! —Le grité en la cara.

—Ah —dijo con una maligna sonrisa—, entonces ella es parte de la familia que quieres proteger.

Me odié a mí misma. Acababa de darle más información de la que debería haber permitido. Traté de darle un rodillazo en la boca del estómago, pero logró separarse lo suficiente como para tomar impulso y propinarme un cabezazo que casi me hace perder la consciencia.

— ¡Me aseguraré de que no mueras! —Rugió, tomándome de una pierna y lanzándome más hacia arriba antes de acercarse volando y darme un golpe en el estómago— ¡Esperaré a que estés desangrándote en el suelo, y entonces la mataré delante de tus ojos! ¡Para que pases tus últimos momentos lamentándote por haberte metido con el Triunvirato de Reptiles!

Las llamas azuladas que rodeaban mi cuerpo estallaron en intensidad, deteniéndome en el aire y empujándolo lejos de mí.

— ¡Hoy pagarás por todo lo que hiciste en Great Lakes City! —Le aseguré, antes de juntar ambas manos y lanzar una columna de energía contra él.

Tomó aire de forma casi exagerada, curvándose hacia atrás, antes de estirar su cuerpo hacia delante y dejar escapar una llamarada tan inmensa que el cielo pareció volverse aún más anaranjado. Mi energía logró contener las llamas durante algunos segundos, pero pronto se volvió evidente que no lograría detenerlo del todo. Para evitar que aquellas llamas me dieran a mí o a alguien por debajo de nosotros, convertí la columna de energía en una explosión que consiguió disipar el ataque de El Dragón.

El villano comenzó a reír.

—Creías que yo era el más débil de mis hermanos, ¿no es así? No te culpo. Todo el mundo así lo cree. Así fue como nací, con una maldición.

— ¿Maldición? —Pregunté.

No porque realmente me interesara conocer su historia, sino porque permitirle monologar era la mejor manera de ganar algunos minutos de descanso para recuperar mis energías.

—Mis pulmones producen un gas que puedo encender y convertir en llamas más poderosas que cualquier otra fuente de calor en la Tierra —explicó, sobrevolando en círculos alrededor de mí—. Desafortunadamente, mi cuerpo tardó casi quince años en acostumbrarse a ese gas. Pasé toda mi infancia enfermo, débil, siempre al borde de la muerte. Mis padres no soportaron tener hijos mutantes, deformes, enfermos. Nos abandonaron. De no ser por el cuidado de mis hermanos, habría muerto. Y sin embargo, aquí estoy. Sobreviví al abandono, sobreviví a la condición con la que nací. Y eso me hizo más fuerte. Lo suficientemente fuerte como para devolverle el favor a mis hermanos y cuidar de ellos, protegerlos, guiarlos a ser lo que somos hoy en día.

— ¿Qué clase de hermano permitiría que su familia se convierta en criminales? ¿De guiarlos a ser asesinos y maleantes? ¡¿Cómo puedes decir que los proteges si los has llevado a esta clase de vida?!

—Una vida donde nos tenemos unos a otros. Donde no estamos solos. Donde no dependemos de la bondad de otras personas que nunca llegará. Donde…

Sintiéndome suficientemente recuperada, me lancé directo hacia él, mi puño por delante. Se elevó para evitar mi golpe y escupió fuego sobre mí. Cubrí mi cuerpo con una capa de energía, y posiblemente aquella protección me salvó de ser calcinada en aquel mismo instante. El fuego no sólo me envolvió, sino que me empujó por el aire, más parecido a mi propia energía que a un fuego común y corriente.

Pero mucho, mucho más caliente. En los segundos que permanecí dentro de aquella bola de fuego antes de propulsarme fuera, sentí que cada centímetro de mi cuerpo se preparaba para encenderse, protegido únicamente por la energía que absorbía el calor. Mis heridas abiertas picaron y ardieron, obligándome a dejar escapar un quejido. Cuando finalmente me liberé del abrasador agarre de las llamas, mi traje humeaba y mi cabello se sentía seco y a punto de quebrarse.

—No soy el niño indefenso que una vez fui.

La voz de El Dragón a mis espaldas me sobresaltó. Volteé justo a tiempo para cubrir mi pecho con mis antebrazos, bloqueando un golpe del villano que me hizo retroceder varios metros en el aire.

Acortó la distancia entre nosotros y se preparó para lanzarme otro golpe. Logré cubrirme una vez más, pero cuando preparé un puñetazo propio, él aprovechó la velocidad de su impulso para girar sobre su propio eje y propinarme una patada en el lateral de mi abdomen.

—Me curtí para convertirme en un guerrero.

Lanzó una bola de fuego prácticamente a un metro de distancia, la cual apenas evité al usar mi energía para propulsarme desde las manos a un costado. Desafortunadamente, El Dragón pareció haber esperado ese movimiento, y para cuando quise darme cuenta, ya estaba sobre mí, golpeándome en la cabeza con ambas manos para enviarme en caída libre.

Mientras frenaba mi caída, di una rápida mirada al campo de batalla. Ace Savvy y La Cobra continuaban enredados en un combate cuerpo a cuerpo, moviéndose alrededor de la calle como dos torbellinos. La máscara gigante de La Cobra estaba partida en dos, revelando la cabeza mucho más pequeña y proporcionada del villano, pero el traje de Ace Savvy también contaba con varios cortes.

Por otro lado, vi a Leni, de pie en la acera, con todo su cuerpo temblando mientras estiraba las manos, con una expresión de dolor en su rostro. A unos diez metros de ella, La Tortuga se encontraba pataleando y moviendo sus pequeños brazos desesperados, con su cuerpo suspendido dos metros por encima del suelo, inmóvil en su lugar sin nada de qué sostenerse ni posibilidad alguna de escapar.

El villano debía pesar varias toneladas, era más de lo que Leni podría mantener. Necesitaba acabar con El Dragón mientras Leni se encargaba de mantener a La Tortuga fuera de combate.

Desafortunadamente, mi oponente pareció notar lo mismo. Detuvo su persecución contra mí, tomó aire, y volvió a lanzar una imponente llamarada contra mi hermana.

— ¡No! —Grité, desplegando cuanta energía pudiera conjurar para volar a toda velocidad al encuentro del ataque. Comencé a girar como un tirabuzón, mis llamas azuladas expandiéndose por efecto de la fuerza centrífuga.

A medida que aceleraba, aumenté la energía que liberaba, y al impactar de lleno con el colosal ataque de El Dragón, el movimiento de mis llamas bastó para disipar la llamarada infernal.

Era hora de acabar con la pelea. Leni estaba haciendo un enorme esfuerzo para eliminar a quien probablemente era la mayor amenaza teniendo en cuenta nuestros poderes, pero hacerlo la dejaba en una posición muy vulnerable. El Dragón acababa de mostrar que entendía el peligro que ella significaba para ellos, y no dudaría en eliminarla de ser posible. Por el bien de Leni, debía actuar rápido y encargarme de El Dragón cuanto antes.

Volé hacia él, con la clara misión de vencer para salvar a mi hermana.

— ¡Cobra, acaba con la otra niña! —Gritó líder de los villanos, volando para encontrarse con mi ataque, nuestros antebrazos impactando en el aire.

Comenzamos a intercambiar ataques cuerpo a cuerpo, y debí enfocar toda mi atención en defenderme y contraatacar, por lo que no pude ir en auxilio de Leni. Por suerte, oí a La Cobra gritar de dolor, y a un confiado Ace Savvy decir:

— ¡Nada de retirarse! ¡Yo soy tu oponente!

Con ese peso fuera de mis hombros, empecé a liberar más energía en mis golpes, obligando a que El Dragón retrocediera.

—Estás equivocado —le dije, golpeándolo en sus antebrazos con la fuerza suficiente como para superar su defensa y conectar en su pecho, enviándolo a volar por los aires.

Mientras volaba en su dirección, di dos golpes al aire para enviar ondas de choque de mi energía cósmica, impactando en él con la suficiente fuerza como para evitar que se estabilizara y pudiera preparar un contraataque.

—Quizás es cierto que has pasado por malos momentos —continué, alcanzándolo justo a tiempo para encajar dos golpes en su torso—, ¡pero no pienses que eso sirve como excusa para justificar lo que han hecho!

Intentó escabullirse a un costado, lanzando una poderosa patada que logró conectar con mi pecho. Sin embargo, cerré mis brazos alrededor de su pierna y comencé a girar, arrastrándolo por el aire hasta liberarlo, lanzándolo lejos una vez más.

—Tenías a tu familia, justo como yo tengo la mía. Y eso es suficiente para mí. ¿El mundo está contra nosotras? ¡Pues que así sea!

El Dragón, en cuanto encontró su equilibrio, tomó aire y luego sopló como si quisiera apagar una vela, y el fuego, en lugar de materializarse como una gigante llamarada, se concentró como un soplete.

Estiré mis brazos hacia atrás, arqueando todo mi cuerpo, reuniendo energía en las palmas de mis manos, y contraataqué con un rayo de energía propio.

Los dos ataques chocaron en el aire, el naranja de sus llamas mezclándose con el azul de las mías en una centelleante explosión violeta que continuó mientras los dos mantuvimos el flujo de energía.

— ¡Sólo necesito a mi familia! ¡Mientras ella esté conmigo, no dejaré de sobreponerme a todas las trabas que el mundo quiera lanzarme! ¡Pero jamás me convertiría en un monstruo como tú, ocasionando en otros el mismo dolor que el mundo te causó!

La intensidad de las llamas de El Dragón creció, pero aunque el punto donde nuestros ataques se encontraban avanzó varios metros en mi dirección, no flanqueé, y continué canalizando las reservas que me quedaban.

— ¡Lo único que has conseguido es perpetuar el ciclo de violencia sin sentido! ¡Así no es como se acaban las injusticias, impartiendo el dolor en otros! ¡Acabará cuando todos demos lo mejor de nosotros! ¡Porque nunca estamos solos realmente!

Imágenes de Bobby cruzaron mi cabeza. La Tormenta, los Casagrandes. Mis vecinos, Richard, Sam, Kaylen, Eva, el señor Howlett. El nuevo Ace Savvy. Spade.

Como supuse, eventualmente El Dragón comenzó a quedarse sin aliento. No podía soplar por siempre, después de todo. Sus llamas comenzaron a caer en intensidad, y fue allí cuando di todo de mí, ganando metro tras metro en el choque de ataques.

— ¡Hay otros que pasan por nuestros mismos problemas, e incluso gente dispuesta a ayudar, incluso cuando parezca que nadie más lo hará! ¡Eso es lo que nos diferencia! ¡Yo no me rendí!

Finalmente, las llamas se extinguieron, y mi ataque avanzó como un torpedo hacia El Dragón, impactándolo de lleno en el pecho y enviándolo en caída libre directo al suelo.

Tras respirar hondo un par de veces, aceleré a toda velocidad para alcanzarlo antes de que su cuerpo se estrellara en el asfalto. Lo tomé por el borde de su armadura, y reducí la velocidad de su caída hasta que quedamos flotando a un metro del suelo. Su traje anaranjado estaba ahora abollado y quemado, al igual que su casco fracturado que dejaba ver los cansados ojos de un villano fuera de combate.

—Tú… Eres una… —dijo, aunque debió detenerse cuando comenzó a sufrir lo que parecía ser un ataque de asma.

—Una heroína —respondí—. Nova, de Royal Woods.

Intentó levantar un brazo para atacarme, supongo, pero estaba demasiado ocupado tosiendo y tratando de controlar su respiración como para tratar de causarme algún tipo de daño.

Aún sosteniéndolo, eché una mirada al campo de batalla justo a tiempo para ver cómo La Cobra tomaba a Ace por su capa, dispuesto a lanzarlo hacia atrás. La capa, sin embargo, se separó del torso de Ace sin ningún inconveniente, y aprovechando la confusión del villano, el pequeño héroe rebotó en una pared cercana para ganar altura y caer con una patada giratoria que golpeó a La Cobra en la cabeza con su talón.

La intimidante figura del villano se tambaleó un par de pasos antes de caer de bruces al suelo, inconsciente y derrotado. Ace suspiró, y se dejó caer al suelo para recuperar el aliento.

— ¡MALDITOS! —Gritó La Tortuga, sacudiéndose cada vez más fuerte.

— ¡Nova! —Me llamó Leni, cayendo a sus rodillas mientras mantenía una única mano sacudiéndose en el aire para mantener en su lugar al villano. Un hilo de sangre brotaba de su nariz sin control— ¡No puedo aguantar mucho más!

Lancé a El Dragón a un costado, sabiendo que no había nada que él pudiera hacer. Eché una mirada al sol, que todavía asomaba por encima del horizonte. Me concentré, y la energía comenzó a brotar desde lo más profundo de mi ser. Cada fibra, cada músculo, cada célula de mi cuerpo comenzó a liberar cuanta radiación cósmica tuviera guardada aún en mi sistema. Las llamas a mi alrededor crecieron en tamaño y brillaron con más fuerza que nunca.

— ¡Eclipse, levántalo tanto como puedas! —Grité, antes de lanzarme directo hacia La Tortuga.

Ella elevó su brazo al tiempo que yo tomaba a La Tortuga por la espalda, impulsándola hacia el cielo con la ayuda de mi hermana.

— ¡DÉJAME IR! —Gritó el villano, tratando en vano de alcanzarme con sus brazos— ¡MIS HERMANOS! ¡SI LES HICIERON ALGO, JURO QUE—!

—Que esto te sirva como lección —le dije, sintiendo el calor del sol poniente en mi espalda, regalándome las últimas energías que necesitaba antes de lanzar mi ataque definitivo— para que entiendas hasta dónde estamos dispuestas a llegar para proteger a nuestra familia.

Cuando los poderes de Leni llegaron a su límite de alcance, nos encontrábamos ya a cientos de metros del suelo, más cerca de las nubes que de la ciudad. Con el hermoso atardecer como paisaje de fondo, maniobré hasta colocarme justo por delante de La Tortuga.

Inició un movimiento para golpearme, pero se detuvo al notar cómo toda mi piel, cabello y traje brillaban en un tono azulado, la energía brotando de mí en forma de pequeños arcos eléctricos. Todo se detuvo por un instante mientras juntaba mis brazos y piernas a mi torso, y cuando abrí los ojos, vi en La Tortuga el verdadero terror.

Estiré mis brazos y piernas, dejando escapar un grito al liberar mi Supernova.

Las nubes cercanas se vaporizaron, los vientos comenzaron a girar alrededor del epicentro de la explosión, y por un instante, el cielo volvió a teñirse de celeste, como si fuera plena mañana.

El destello se vería como un segundo sol en las filmaciones de los medios y en los teléfonos de todos los ciudadanos que lograron captar la batalla. No pude ver con mis ojos el daño exacto que causé en La Tortuga, pero sí pude oír su grito ahogado antes del silencio.

Y luego, todo comenzó a dar vueltas, y al abrir los ojos, noté que estaba cayendo en picada. Intenté detener mi caída, pero apenas tenía las energías suficientes como para ralentizarla. A un lado mío, el cuerpo humeante de La Tortuga continuó cayendo como un meteoro, totalmente inmóvil por lo que pude ver. Un par de segundos después, oí un estruendoso impacto.

Cerré los ojos y me concentré, tratando de conjurar las fuerzas para suspenderme en el aire, pero todos mis músculos dolían, y aunque sabía que tenía las energías suficientes como para continuar volando por un rato más, mi cuerpo necesitaba un par de minutos para recuperarse luego de la Supernova.

Minutos con los que no contaría si es que me estrellaba en el suelo y moría allí mismo.

Justo cuando parecía que mi final se acercaba, sentí una suave y gentil fuerza que me empujó desde abajo, como una mano protectora que me ayudó a estabilizarme y detener la caída, hasta que me dejó con delicadeza de pie en la acera.

—Gracias, Eclipse —le dije a mi hermana, que mantenía una mano estirada en mi dirección.

—No hay… problema —dijo, antes de caer desmayada.

Hubiera querido hacer lo mismo. Desafortunadamente, el ruido de algo pesado moviéndose me puso alerta.

La Tortuga se arrastraba por el suelo. Empujándose con sus brazos, movía su maltratado cuerpo. Parecía estar intentando ponerse de pie, lo cual parecía ser las peores noticias que alguien podría darme en aquellos momentos, donde yo misma luchaba por mantenerme consciente.

—Miguel… Miguel, respira —escuché que La Tortuga decía con delicadeza—. Respira hondo. Por favor, Miguel. Gabriel… Gabriel, levántate.

Ace Savvy se acercó a mí. Se veía tan andrajoso y herido como el resto de nosotros, y caminaba con una mano cerrada a un lado de su pecho.

— ¿Entonces lo que decían las noticias es cierto? —Me preguntó— ¿Son hermanos?

—Son villanos —le aclaré.

—Lo sé. Créeme que lo sé. Pero eso no cambia cómo se sienten, ¿no?

La Tortuga comenzó a levantarse, aún de espalda a nosotros. Cuando finalmente volteó, lenta, muy lentamente, noté no sólo lo herido que se veía, sino que en sus gigantescos brazos cargaba con los cuerpos inconscientes de sus hermanos.

Su rostro ensangrentado y quemado, con un ojo cerrado, no se veía como el de un villano. Más allá de las grotescas diferencias, había en él las mismas emociones que había visto horas atrás en el rostro de La Tormenta.

Nos dirigió una mirada a Ace y a mí. Volteó luego hacia las barricadas que la policía había colocado algunas calles más atrás, alejando a los civiles de la batalla. Miró a sus hermanos, y finalmente a nosotros una vez más.

Noté una cierta desesperación en sus ojos.

—Llévatelos —dije, lo suficientemente alto como para que La Tortuga pudiera oírme pero no la policía—. Llévatelos y no vuelvan. Si lo hacen, nos obligarán a detenerlos de una vez y para siempre. ¿Querían que el mundo les dé una oportunidad? Es esta.

La Tortuga dio un paso hacia la izquierda sin separar su mirada de mí. Como si estuviera probándome, tratando de ver si lo decía en serio o si lo atacaría en cuanto me diera la espalda. Un paso siguió al otro, y pronto se alejó cojeando, ganando velocidad a medida que comenzaba a correr.

Las sirenas de la policía se activaron, pero poco podrían hacer para detener al villano.

—Eso fue muy compasivo de tu parte —me dijo Ace, sonando impresionado—. Se sintió como algo que Ace Savvy haría. Ya sabes, no yo, el verdadero.

Oír que me comparasen con Spade me llenó de alegría.

—Parecía ser lo correcto. Además, no tengo fuerzas para pelear contra él —admití, encogiéndome de hombros con una mueca de dolor—. Acabaría matándonos sin problema.

Ace rió.

—Sí. Mis cartas no le hacían nada. ¡Pero tu explosión fue genial! ¡Fue como un hechizo de nivel siete!

Sonaba a palabras de nerd, fuera de mi área de experiencia.

—Por cierto, no digas eso.

Me miró con confusión.

—Bueno, es decir, tampoco quería decir que era nivel nueve, me parecía una exageración.

—Me refiero a lo de "el verdadero". Tú también eres Ace Savvy.

Su boca quedó abierta, y el brillo en sus ojos lo hacía parecer aún más adorable que de costumbre.

Ugh, agradecí que Leni no estuviera consciente. Si hubiera leído mis emociones creería que lo estaba tratando como un hermano menor o algo así, en lugar del mocoso entrometido pero indudablemente valiente y valioso que era.

Recordé a Leni, y me acerqué a ella. El sangrado de su nariz se había detenido, y no había recibido ninguna otra herida. Tan sólo se había desmayado por el esfuerzo de mantener a un objetivo tan pesado como La Tortuga suspendido en el aire por tanto tiempo.

— ¿Se encuentra bien? —Preguntó Ace, arrodillándose a mi lado y observando con preocupación a mi hermana.

—Sí. Necesita descansar.

La tomé en mis brazos y la alcé. Mi existencia misma dolía, y ahora que la adrenalina comenzaba a abandonarme, era consciente de cada moretón, cada corte, cada quemadura y raspón que sufría mi cuerpo.

—Llévala a descansar —me dijo Ace Savvy—. Yo me encargo de la policía y los medios.

Dudé durante unos instantes.

—No te preocupes, no te robaré el crédito —me aseguró con una sonrisa.

Sonreí.

—Ni se te ocurra, creído.

Concentrándome, logré elevarme del suelo, cargando con mi hermana inconsciente. Antes de alejarme, volteé una vez más a ver al joven héroe.

—Gracias. No podría haberlo hecho sin ti.

El bastardo me guiñó el ojo. Oh, qué engreído. Algún día lo convertiría en un pretzel humano. ¿Cómo se atrevía a hacerme encariñarme con él?

Me alejé volando a duras penas. Atravesé la ciudad a muy baja altura, a veces ni siquiera pasando por encima de los edificios, sino más bien rodeándolos. La gravedad tiraba de mí con una fuerza sobrecogedora, y en más de una ocasión creí que las pocas energías que me quedaban me abandonarían, y acabaría en el suelo. Mi visión incluso comenzó a nublarse, pero cada vez faltaba menos para llegar a mi destino. Aprovechando la oscuridad del crepúsculo, me elevé en el cielo lo más que pude cuando faltaba un kilómetro, para que ningún civil pudiera seguirme en los últimos metros.

Finalmente, relajé mi energía, poco a poco, para descender casi verticalmente y sin un resplandor a mi alrededor que me delatara. Continué descendiendo, hasta que finalmente, apoyé mis pies en la terraza de mi edificio. Sentí mi estómago revolverse, pero seguí adelante, abriendo la puerta de la terraza. Paso a paso, bajé la escalera cargando con Leni.

Cuando tan sólo faltaban algunos escalones, sin embargo, todo pareció oscurecerse, y las fuerzas abandonaron mis piernas. Atiné a girar para que yo cayera al suelo con Leni sobre mí. Fue una dolorosa caída, pero mi cuerpo estaba tan cansado que no lo sintió del todo.

Con mis sentidos aturdidos, lo último que percibí antes de perder la consciencia fueron unos pasos apresurados y unas voces llamándome por mi nombre.