Cuenta regresiva

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Dia no lo negaría, estaba asustado de que un "tú y yo" junto a Plati fuera imposible cuando, en aquel lejano inicio de año, le había comentado sobre aquella Ceremonia Filial de los Berlitz.

Porque significaba que ella ya tenía un prometido, que no podía elegir con quien estar, que debía casarse y que, evidentemente, "el elegido" seria alguien apto en todos los sentidos pues debía de aportar a la casa Berlitz y ayudar a seguir su legado y distinción y toda esa parafernalia que conllevaba ser de un linaje que llevaba existiendo en la región desde hace varios siglos.

Así que, viendo así mismo, Diamond no se sentía con las aptitudes necesarias para figurar en los candidatos. Tal vez por ello nunca quiso dar el paso firme con ella y se mantenía distante de cruzar esa delgada lineal entre amistad y romance.

Era difícil, claro.

Abrazarle y no poder susurrarle palabras de amor.

Sentirla a su lado y no decirle que era lo más importante en su vida, que desde que le vio por primera vez cayo rendido a sus pies.

Que su perfume lo tenía memorizado en su cerebro y que viendo como marchaban las cosas, tenía que dejarla partir con quien fuese.

Todo cambio al ser citado por Walter Berlitz en privado mediante una carta.

"Debes ser tú" le dijo Walter.

Aun esas palabras rebotaban en su mente, de día y de noche, a toda hora, en todo momento…

¿Cómo que yo?

Es decir, no es que no se diera el valor que sabía que tenía como humano, pero, ¿estaban seguros? ¿Era lo correcto?

Además, algo estaba muy mal con todo eso desde un inicio y le molestaba de sobre manera.

–Diamond –

–dime –

–es imposible hablar con la señora Ginger en estos momentos, como veras… –dijo Marx, señalando a la señora de pelo rubio que lloraba a mares en medio de la habitación, rodeada de sus pokemons. –ha estado así desde el día de la desaparición de su esposo, el doctor dice que está en shock por la perdida y que no podemos hacerla hablar –

Diamond miraba a la señora Shelby con extrañeza. Lloraba como una magdalena, regando lagrimas sin parar, había llegado hace poco al lugar, pero juraría que gimoteaba del llanto con las mejillas rojas y la respiración entre cortada.

–¿no ha dicho nada? –

–nada de nada –respondió Marx, rascándose la cabeza con pena, quería serle de ayuda al chico, pero era imposible –por cierto, no te había visto desde esa noche en Oreburgh… gracias por ayudarme –

–¿Qué? No, sargento, soy yo el que agradece tu ayuda –

Marx bajó la cabeza, mostrando con orgullo una estrella que se habían añadido a otra que ya estaba en su chaqueta anteriormente.

–son unos genios, tu plan y el de Pearl funcionó como reloj suizo, esos tipos aparecieron en las ruinas de Solaceon town como por arte de magia –comentaba el agente, realmente emocionado. –atrapamos a todos esos tipos raros y obtuvimos la mercancía –.

Diamond sonrió en silencio, se alegraba por el ascenso de Marx –no no, el crédito es de la señorita, nosotros solo usamos la información que nos dio ella y te mandamos donde se necesitaba. –

–caray, eres realmente modesto, ¿y aun le dices señorita? –bromeó, dándole un codazo.

Diamond se ruborizó.

–no me digas –siguió Marx –a ella le gusta ese trato de princesa ¿verdad? Ah, eres todo un galán ¿Quién lo diría? –

–no sé de qué hablas –respondió Dia mirando distraídamente hacia la señora Shelby a lo lejos. Sentía algo extraño en ella.

–claro claro… y eso que se dice por ahí que el coqueto es Pearl –siguió hablando Marx, que como siempre parecía que no necesitaba aire para respirar y que nadie le detenía en hablar –como sea, felicidades por tu compromiso, espero sean muy felices –

Dia igualó la inclinación de cabeza, agradeciendo de corazón sus palabras.

—tenia un amigo —volvió a hablar Marx de manera pensativa —que decía que casarse era un desperdicio de tiempo… ¿sabes? Se rió de mi cuando le dije que me casara jajaj ese tonto… como lo extraño. —

El aura melancólico inundó a Diamond, no se atrevio a interrumpir su monologo.

—era el mejor agente aéreo que conocí, decía que había vivido para ello porque de pequeño se calló a pleno vuelo de su Staravia, tenía una cicatriz horrible sobre el ojo derecho, justo en la ceja —

—¿cicatriz? —

—si, Diamond, era una marca profunda, a él le daba vergüenza enseñarla ajaj yo le decía Anakin… ay Angus, amigo, como te extraño —dijo Marx, suspirando al final, se alegraba que luego de un tiempo podía hablar de su amigo sin llorar.

El humorista llevó su diestra al hombro del policía, un pequeño gesto que Marx agradeció

—sobre lo otro que me pediste… —habló Marx adoptando seriedad —me tomará algo de tiempo, pero puedo hacerlo, cuando lo tenga te lo enviaré por el correo del poke-reloj. —

—muchas gracias —dijo Diamond, sonriendo levemente —una última cosa, Marx –

–lo que sea por el suertudo número 1 de Sinnoh –

El apodo no le hacía mucha gracia, pero se valía de ello –ese día, hace dos noches cuando nos quedamos en Hearthome city esperando que llegase PenDragón… –

–aja –

–me enteré que la carta Ultimátum de Hearthome se difundió en los noticieros esa misma noche y-- –

–vale, no sigas, ¿quieres saber cómo los noticieros supieron de algo confidencial? –preguntó Marx oliendo por donde iba el asunto, Diamond asintió, el policía miró a todos lados procurando que no le escuchase nadie –esto es un secreto a voces, pero… todo lo que tenga que ver con noticias filtradas de la policía a los medios es obra de ella… –

–…¿de quién? –preguntó Dia bajando un poco para escuchar al pequeño policía.

Marx abrió los ojos, moviendo sus manos con vehemencia –ella, ella… Romy de Jubilife TV –


–okay… si… vale, yo me encargo… no, amigo, de hecho, este trabajo parece perfecto para mi… –Pearl hablaba por el comunicador telefónico, amaba ese aparato que conectaba por voz a dos personas, sensación diferente del pokereloj y del comunicador radial que solían ocuparlos solo para misiones. Debía de agradecerle a la señorita el poder tener tal tecnologia–…¿eso te dijo Marx? Pues es mentira, ni que fuera un golfo… ¿Cómo que poco me falta? Dia, no te permitiré estas bromas… si si, ya me concentro... sí, estaré ahí para la cena antes que ustedes dos vayan a- auch–

Tan distraído estaba al caminar que no vio que chocó en la recepción de Jubilife TV con la persona que justo buscaba.

–lo siento tanto –se disculpó el ojiambar junto a Chimhiko.

Aquella chica, menuda y con lentes, ni siquiera le miró, al contrario, se concentró en recoger sus folios esparcidos por el suelo procurando tener todos en su dominio, parecían valiosos.

Pearl le ayudó y cuando estuvieron de nuevo ambos de pie con todos los folios en las manos de la chica fue que pudieron verse a los ojos –oh, Pearl, el salvador de Sinnoh y su Infernape –le dijo apenas le identificó.

–Hola, discúlpame por lo de hace poco –

–no hay cuenta de ello, está en el pasado y eso no me interesa, lo mio son las exclusivas, el presente. –

El rubio frunció levemente el ceño viéndole caminar hacia la salida. No perdió tiempo y le siguió el paso –estoy apenado por mi acción anterior, ¿puedo invitarte a un café en compensación? –

Romy se detuvo en la acera, girando a verle, parecía que buscaba en su mirada la verdad –es lo que se esperaba de ti, Pearl –

–¿disculpa? –

–ya sabes, las revistas de chisme dicen que eres un ligón de primera –

El rostro de Pearl se desencajó –¿qué? No es cierto… –si era un pan de arceus, pensaba el rubio para sí.

–me remito a los hechos –

–pero no te estoy coqueteando –

–¿por qué no lo harías? –

–porque estás a la defensiva –

–tampoco tengo tiempo, no lo vale, de seguro romperás mi corazón –

–puede ser diferente esta vez –

Romy volvió a detenerse mirándole con aburrimiento –… ¿lo ves? Eso lo diría un ligón –y luego reanudó su marcha.

Pearl suspiró fuertemente, no lo hacía porque quisiese, las palabras salían de su boca… él no "ligaba" tan solo… apreciaba ver la reacción de las chicas a sus palabras…. Carajo, sonó tan de ligón….

El ojiambar volvió a correr hacia la castaña periodista viendo que se disponía a subir a un auto.

–Hank, busca tu abrigo, iremos a Snowpoint –le ordenó Romy a su conductor/camarógrafo que miró con enojo al Pokedex Holder

Pearl los escuchó hablar por unos segundos antes de intervenir. –bien, me atrapaste, quería encontrarme contigo –le dijo, apoyándose en el auto viéndole guardar sus cosas en el baúl.

–no tengo tiempo para esto –

–Pero si para hablar sobre PenDragón –

Romy volteó a verle, sus ojos brillaron al escuchar aquel nombre.

Pearl continuó –sé que sabes que estoy en la operación de capturar de ese loco –

–…¿y? –

–estoy dispuesto a compartir valiosa información contigo si tu haces lo mismo conmigo… –

La periodista se relamió los labios, era una oportunidad única, pero, la sonrisita de triunfo que veía en el rostro del rubio le daba mala espina…

Su intuición de periodista, por el contrario, le decía que dejase de pensar mucho y fuese a la acción pues, una primicia era una primicia y ella vivía para ello.

–¿Cómo sé que esto no es un farol? –cuestionó, caminando alrededor del chico.

Pearl supuso que ella desconfiaría, por lo que sacó su As bajo la manga –te hablaré sobre la cueva primigenia –

Romy abrió desmesurado sus ojos azules.

Llevaba dos días tratando de hallar la fuente que dio con el redescubrimiento de esa cueva mitológica y olvidada, pero nadie en la policía parecía saber la fuente confiable.

Ahora, este ángel rubio con sonrisa triunfadora de un 1.79 aparecía frente a ella y le endulzaba el oído con determinación, incluso sentía que el chico no se detendría hasta obtener lo que quisiera.

–…bien –aceptó, cerrando el baúl de paso con fuerza –pero no me acostaré contigo –

Pearl bufó de inmediato, frunciendo el ceño igual que ella –pff, como si eso fuese a ocurrir. –

–mañana en la cafetería de Jubilife –

–comprendo –

–y no es una cita –

–definitivamente no es una cita… espera ¡¿Qué cafetería?! –


—buenas tardes, señor —

—buenas tardes, señorita, lindo jueves —saludó el señor anciano frente a ella, quitándose su sombrero brevemente. — déjeme felicitarle por el anuncio de su compromiso, espero que sean muy felices —

Platinum sonrió sinceramente, haciendo una leve reverencia —muchas gracias, lo aprecio mucho —

Si, era un hecho.

Y ya todos lo sabían.

Era sorpresivo incluso para ella, pero por ello no quitaba el hecho de que flotara en una nube de azúcar de felicidad que solo Diamond podría ocasionarle desde hace dos días de la revelación.

—¿y donde ha dejado a su prometido? —preguntó el señor, viendo a todos lados.

—ya que estamos ayudando a la policía, estamos investigando diferentes pistas por separado —

—oh ya veo ya veo, espero que el efecto de separación no le afecte tanto jaja —

Ya estaba afectando, pensó la heredera sin dejar de sonreír.

—entonces déjeme agradecerle por ayudar a la policía, que ese rufián de PenDragón o como se llame haya entrado a mi edificio me preocupa ¿Qué dirán mis inquilinos? No se sentirán seguros y me acarreará problemas, estoy seguro —

—no se preocupe, le puede decir a sus inquilinos que todo estará bien y que nada les sucederá —

—menos mal —

—sin embargo, me ayudaría mucho si me hablase sobre la persona que vive en el apartamento en el que entró PenDragón —

El señor alzó el rostro mirando a la puerta del susodicho apartamento en cuestión. Ambos estaban en el primer piso de aquel edificio donde Platinum había tenido su encuentro con PenDragón hace dos días atras.

—Es el apartamento del joven Johnston —

—¿Como dice? —

—Johnston, Johnston McCulley —aclaró, como si con ello todo estuviera dicho.

Pero Platinum fruncia el ceño, sintiéndose mareada. No podía ser cierto… No se habría atrevido a… ¿o podía ser una coincidencia?... No, conociendo a PenDragón, de seguro es una broma de efecto lento que hasta ahora alcanza a su objetivo.

—¿sucede algo, señorita Berlitz? —

—Oh no, señor, disculpe usted, solo me quedé pensando —

El anciano asintió, sonriendo a la par —bueno, Johnston es un chico trabajador, tendrá más o menos 25 años o por ahí, sale temprano a trabajar y regresa muchas veces pasada las 12 pm —

¿Tan tarde? Pensó Platinum

—es alto, pelinegro, le he dicho que busque otro trabajo, pero parece de esos chicos sin muchas ambiciones, como si quisiera pasar desapercibido —

—¿de que trabaja el joven? —

—Es repartidor de periódicos de Pokemon News Press en Solaceon town —

Platinum asintió lentamente, entendiendo, con aquella información muchas cosas, era esclarecedor. —¿sabrá cuando vuelve? —

—Como le digo, solo llega a casa a dormir, incluso cuando está en casa no se nota que esté dentro, es bastante silencioso, ehm ¿Cuándo vuelve? Pues… —el señor apoyo las manos en su barbilla para pensar —podría ser entre alguna hora pasada la tarde, pero ahora que veo él no ha recogido el aviso del agua que repartí el lunes, es extraño y ya es jueves —

—¿entonces no ha regresado, desde cuándo? —

—hn… me parece haberlo visto yendo para el trabajo la mañana del domingo junto a su Alakazam… sí, estoy seguro porque era el día en el que las noticias estaban muy movidas a causa del incidente de Eterna el día anterior, lo recuerdo claramente —

—cuando se refiere a la mañana como tiempo, podría ser entre las ¿6 o 7 am? —

—No señorita, él es repartidor de periódicos, esos chicos trabajan antes que el sol salga —

¿Tan temprano? Interesante —si no es mucha molestia ¿cree que pueda entrar a revisar la habitación? —

—Bueno señorita, eso sería bastante invasivo y poco ético, pero si hubiese algo que el maldito de PenDragón haya dejado o hecho dentro del apartamento no me beneficiaria con Johnston. —

—pero la policía ya revisó el lugar —

—fueron unos holgazanes, solo entraron por 5 minutos y luego se fueron —se quejó el señor, agitando su bastón al aire —y confío en usted, señorita Berlitz, es un honor que ayude a la causa —

—me halaga, señor, y abusaré de su confianza, necesito investigar por qué PenDragon, de todos los apartamentos del edificio, eligió este precisamente —

El apartamento era el primero a la derecha del primer piso, no era el más lindo, ni el más vistoso… ni siquiera tenía una alfombra que te diese la bienvenida, pero PenDragón había escogido aquel lugar para su salida fortuita y tenía que averiguar por qué.

Con el permiso del anciano pudo entrar al apartamento por 2da vez…

Más tarde, en su casa, Platinum se encontraba frente al piano de cola tocando ligeras melodías que iban apareciendo en su mente.

Aquel mecanismo le permitía concentrar sus pensamientos en algo en concreto dejando que sus dedos tuviesen vida propia sobre el teclado.

—¿y bien? —le preguntó Pearl, nada más llegar.

La heredera no detuvo su acción, al contrario, parecía que sus ojos se iban a la pequeña piedra de diamante que estaba fija en su dedo anular.

Un precioso anillo, prueba irrefutable que "eso" había sucedido.

Que no soñaba.

Que era una realidad.

Y que, aunque fuese mañana el fin del mundo, era oficialmente la prometida de Diamond.

—¿señorita? —

—¿Pearl? ¿Cuándo llegaste? —

—hace poco, ¿está tocando Shakespierr?

—Chaikovski—corrigió la dama, la melodía del lago de los cisnes no podía confundirse con nada más en el mundo. —Bienvenido, ¿Cómo te fue? —

—muy bien, tengo una cita —informó, acostado en el sillón central de la sala con total relajación.

Platinum sonrió levemente —ninguna novedad entonces —

—¿por qué dices eso?... es una verdadera cita, ya sabes, cita de trabajo —aclaró, acostándose a lo largo del sofá.

Que extraño nombre para una cita, pensó Platinum girando a mirar a su amigo —¿Cuál es la diferencia? —

—…que ella dijo que no era una cita, momento ¿qué es ese olor? —siguió diciendo el rubio viendo a Diamond entrar en ese momento por la puerta con su look de repostero —creo que el estado de felicidad de mi amigo depende de la decena de pasteles que crea a cada hora —se quejó Pearl porque usualmente no le disgustaba el olor a pan horneado -al estar siempre cerca de su amigo- pero ahora parecía su colonia personal.

Plati carcajeó levemente, negando.

—¿Está segura de que él debe de hacer eso y no estar estudiando protocolo real? —pregunto Pearl, queriendo seguir molestando a Dia.

La ojigris rió de nuevo viendo el ceño fruncido de su novio que escuchó claramente las querellas. —Dia sabe comportarse, además, adoro verlo cocinar —comentó con una gran sonrisa, abrazando al chico por el cuello cuando éste fue a brindarle de los pastelitos que traía en una charola.

Pearl negó, sonriendo mientras los miraba embargado en felicidad recordando aquel acontecimiento de hace dos días.

Al rubio casi se le salen los ojos de sus orbes cuando, nada más volver a la biblioteca de llamar a Marx, como había dicho que haría, encontró una escena de lo más variopinto.

Platinum, Diamond, Yanase y Walter Berlitz celebrando algún festejo pagano del cual desconocía.

Doblemente cayó de espaldas, se levantó y volvió a caer cuando vio a Walter pasarle a Diamond una pequeña caja negra.

Lo siguiente tampoco se lo esperó, ver a su amigo arrodillado frente a Platinum fue impactante, con muchos sentimientos aflorando en su ser, felicidad, sorpresa, duda, ¿Qué carajos pasó en todo el trayecto en el que se había ido a dejarle un mensaje a Marx?

—Plati… ¿te casarías conmigo? —

No importaba ya pues estando en primera fila visualizando a Platinum derramar unas cuantas lágrimas y proclamar un "si, Dia ¡Quiero casarme contigo!" a la propuesta de Diamond supo que debía de decir una sola cosa frente al beso de la pareja y los aplausos aprobatorio de los padres de la misma —¡vivan los novios! —

Tampoco debía de ser muy ansioso, aunque se le hiciese difícil, pues horas más tarde del revuelo y el planeamiento informal de la "boda" su amigo se apiadaría de su ser y le explicaría en confidencia la situación.

De vuelta al presente, Pearl fijaba su mirada aun en sus amigos.

Lo que siempre quiso el rubio estaba sucediendo y ahora estaba ascendido oficialmente a violinista real con todas las letras, solo debía de verlos para saber que estaban tan enamorados como nunca—"…Pearl"— comentó de repente haciendo que los comprometidos dejaran de sonreírse y le miraran confundido —...por si están buscando nombres para bebés —explicó, con diversión.

La risa nerviosa de la pareja, emergió de sus gargantas sin que ellos lo pudieran evitar.

Porque aquel tema estaba implícito en el aire entre ellos y ni siquiera lo habían hablado por mucho que hace dos días se había anunciado la boda en un comunicado oficial de la casa Berlitz apenas se ejecutó la pedida de mano.

Diamond se levantó de su lugar dirigiéndose hacia el rubio con las mejillas coloradas —tonto —le dijo, ofreciéndole a la par del Muffin —tiene chocolate —

—mis favoritos, gracias —comentó el rubio dándole una mordida al postre, satisfecho de haber molestado lo suficiente a su mejor amigo. —¿ya fijaron fecha? —

—Para eso es la reunión de ahora — La ojigris se levantó de su lugar caminando al sofá central —posiblemente sea el día del aniversario de la región, aun no nos decidimos —

—¿justo luego de su cumpleaños? Vaya cuenta regresiva eeh—

Los 3 irían a la dichosa reunión de planificación, el problema era que aquellas reuniones les quitaban tiempo para investigar sobre PenDragón, la red de tráfico y ahora, la desaparición de Shelby.

—antes que tengamos que irnos a la reunión —comenzó a hablar Diamond mientras se quitaba el mandil y dejaba la bandeja en la mesa —debo decirles lo que descubrí hoy —

—lo mismo digo —secundó Platinum.

—también yo —intervino Pearl terminándose su Muffin.

Lo que los tres se dijesen, sería crucial para la línea de acción futura.

Porque por algún tiempo, aquel sujeto se mantendría en las sombras, esperando el momento exacto de actuar a su favor.

Rumbo a la recta final. Estoy bastante feliz.

Gracias por leer.

K.I