Disclaimer: Esta historia y sus personajes no me pertenecen. La historia es de Brigid the Fae y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Capítulo 8

Había pasado una semana antes de que Kagome regresase a la Época Feudal. Inuyasha y sus homólogos la acompañaban, y el youkai y el humano iban a escoltarla hasta la aldea antes de unirse a él en la obra. Kagome puso los ojos en blanco a propósito mirando al hanyou cuando este le recordó que no fuera a buscarlo. Pero lo que dijo después casi le provocó un latigazo cervical.

—Si me necesitas para algo, díselo a Kikyo y ella vendrá a buscarme. ¿De acuerdo?

No, no… no estaba «de acuerdo» con eso. Una ola de algo la recorrió tan rápidamente que se sintió mareada. ¿Ira? Eso estaba ahí, sin duda, pero no iba dirigida contra la otra mujer en cuestión. Estaba enfadada con su marido, quien no le dejaba ver su futuro hogar. Y, a pesar de ello, ¿no pasaba nada por enviar a la mujer que primero le había importado al lugar donde Kagome quería empezar su propia familia?

El silencio en el ambiente debería haber enviado chispas con la rabia hirviendo que estaba intentando sofocar. Kagome giró sobre sus talones y le dirigió una sonrisa a Inuyasha que le hizo retroceder un paso.

—Claro —dijo dulcemente—. Mantendré mi palabra, querido.


Si antes no sabía que la había fastidiado, ahora sí que lo sabía. Inuyasha sintió que se le apretaba el culo en cuanto Kagome le sonrió y, cuando dijo «querido» con ese tono, estuvo seguro de que no iba a cagar en una semana. Pensó que sin duda iba a activar las cuentas que le rodeaban el cuello, pero se dio la vuelta y emprendió sola el camino hacia la aldea, dejando a sus homólogos atrás.

El youkai lo miró y silbó.

—La cagaste.

—Lo sé.

El humano asintió a su derecha.

—No fue… buena idea mencionar a Kikyo en esto.

—Lo .

El Inuyasha youkai respiró hondo y exhaló.

—Bueno… supongo que es hora de ir a encarar la ira de nuestra esposa, humano. Será mejor que la alcancemos antes de que Kagome se vuelva inestable y explote un árbol o algo así.

—Te sientes valiente.

—Puedo usarte a ti como escudo si intenta purificarme. En el peor de los casos, probablemente vuelvas a ser virgen. —No le prestaron ninguna atención a Inuyasha mientras comenzaban su viaje por el bosque tras Kagome, siguiendo con la charla como si no hubiera cometido el error más estúpido en meses.

¡No había pretendido que sonase como si estuviera alardeando del conocimiento de Kikyo sobre la casa delante de su propia esposa! ¡La puta cosa todavía estaba con la estructura al descubierto! Realmente no había nada que ver, pero Kagome sabría al momento cuál era su objetivo a juzgar por la forma de los cimientos. No quería estropear la sorpresa. Eso era todo.

El anciano me va a desollar, pensó, girándose para seguir su propio camino hacia la obra. Había sido difícil acercarse al abuelo para pedirle permiso para recrear el hogar en el que Kagome había vivido durante tanto tiempo porque ella siempre estaba cerca. Cuando al fin había soltado lo que quería, el anciano se había reído y le había preguntado por qué no había dicho nada antes. Con Kagome en clase y lejos del alcance como para oírlos, el abuelo extendió su copia de los planos de la casa en la mesa ante Inuyasha.

Habría que hacer cambios, por supuesto. Era imposible que pudiera hacer todos los lujos como la electricidad o las cañerías. El abuelo había sido paciente con él mientras el hanyou explicaba la infraestructura de la casa media en la Época Feudal y, a su vez, se dibujaron nuevos planos para acomodarse a los materiales que estarían accesibles para Inuyasha. Algunas habitaciones se fusionarían, otras se convertirían en almacenaje, pero habría espacio para la comodidad de Kagome.

Asumiendo que Kagome no me mate antes de que pueda terminarla.

Debería haber sabido que las cosas no iban a encajar fácilmente entre Kagome y Kikyo. La primera estaba evidentemente lidiando todavía con la sensación de sentirse inadecuada al lado de Kikyo, y Kikyo no había pretendido convertirse en absoluto en amiga de su mujer. Pero así había sido y, con una estúpida frase, era posible que Inuyasha hubiera arruinado esa amistad, así como haber sido exiliado de la cama de Kagome.

Ella sabía que Kikyo había venido a la zona mientras yo trabajaba. La mente de Inuyasha estaba intentando encontrar un ápice de esperanza de que se pudieran arreglar las cosas. Kikyo me había encontrado después de la división y no estaba molesta con eso. Pero cuando le dije a Kagome que le pidiera a Kikyo que fuera a por mí… eso la cabreó. ¿Cree que Kikyo está recibiendo un trato especial?

Inuyasha le dio una patada a la hierba al saltar a los árboles. Si Kagome fuera a darse la vuelta, podría haberlo visto e intentado seguirlo, y no podía permitir eso. Moverse entre los árboles fuera de la vista hacía algo para calmar su mente, y eso mismo necesitaba enormemente. Kagome estaba enfadada y, cuando Kikyo oyera lo que había hecho, probablemente querría reunir un ejército en respuesta a su estupidez. Estaba verdaderamente jodido.

Hace que el malentendido entre nosotros sobre que yo todavía desee a Kikyo parezca nada. Kagome sabía que tenía el corazón de Inuyasha, no había duda de ello. Pero a pesar de sus palabras y acciones, había un problema con el que peleaba Kagome que no podía arreglar él en su lugar.

Su mujer estaba celosa de su primer amor.

Era una estupidez. No se parecían en nada. El talento en bruto de Kagome era en realidad más fuerte que los años de entrenamiento de Kikyo. Pero el hecho de que Kikyo lo hubiera conocido primero irritaba a Kagome, y era un sentimiento razonable. Kikyo había conseguido el primer beso de él, pero Kagome sería la primera y la única mujer con la que yaciera, y no entendía por qué no podía recordar eso en esos momentos de celos.

Es porque pensabas que amaste primero a Kikyo, empezó a hacer efecto su lógica. Kagome piensa que le estás dando un trato especial a Kikyo porque ella fue la primera.

El pie de Inuyasha se saltó una rama y casi se estampó de cara contra la rama de delante de él. Se estiró con ambas manos y la agarró, casi partiéndola con su fuerza mientras intentaba parar. El hanyou soltó lentamente la rama y se movió para apoyarse contra el tronco del árbol. Su mente iba a toda velocidad y no tenía nada que ver con su casi pérdida de equilibrio.

En aquel entonces no sabía qué sentía exactamente por Kikyo, pero no era la clase de amor que sentía por Kagome. Tal vez era una forma de amor. El mundo le había rechazado, así que, naturalmente, cuando una mujer con una cara bonita lo encontró tan intrigante como él a ella, estaba destinado a pasar. Pero esa clase de amor no le llenaba el corazón de calidez. En aquel entonces, estaba listo para cambiar la parte central de sí mismo si eso significaba que sería aceptado por primera vez en su vida por alguien aparte de su madre. Pero era más que su ganancia personal: todo lo relativo a la personalidad de Kikyo era intrigante para él. Era distinta, a pesar de cómo se presentaba, había una versión de ella que probablemente se ocultaba incluso a sí misma. Por entonces, Inuyasha pensaba que, si cambiaba una parte de él, con el tiempo Kikyo dejaría caer la fachada y mostraría su auténtico yo.

Entonces, ese imbécil trastornado de Naraku atacó a Kikyo y la cabreó tanto que disparó a Inuyasha contra el árbol sagrado antes de morir porque pensaba que lo había hecho él. Pero ahora estaba viva de nuevo por gracia de su esposa y al fin estaba teniendo la oportunidad de encontrar la versión auténtica de sí misma.

Como cuando se le había echado encima a favor de Kagome el día de la división. La antigua Kikyo nunca habría gritado, mucho menos maldecido.

Joder, ¿Kagome y él estaban siendo una mala influencia para Kikyo? De verdad que no necesitaba a Kaede dándole un sermón sumado a todo lo demás.


A Kagome no le sorprendía que tanto el Inuyasha youkai como el humano estuvieran manteniendo una distancia segura al seguirla mientras iba hacia la aldea. El hanyou sabía que había metido la pata y obtuvo una pequeña cantidad de satisfacción en cuanto a eso porque estaba cabreada. Celosa de Kikyo, incluso, y esa era la emoción más chirriante con la que estaba lidiando.

Había dolido que le dijeran que Inuyasha estaba evitando tocarla porque no confiaba en sí mismo, pero era más fácil de tragar que darse cuenta de que estaba celosa de Kikyo porque él le había dado un trato preferente tanto si había pretendido hacerlo como si no. Los instintos de chica moderna que tenía dentro saltaron casi inmediatamente a ideas de qué otros lujos podría estar dándole a Kikyo, pero privándola a ella de ellos. Era un sentimiento ridículo, pasando de ira, a celos y a dolor a mucha velocidad porque sabía que no era así.

De verdad pensaba que, cuando habían tenido la charla aquel día en su cuarto, las cosas se habían resuelto entre ellos, pero algo en la forma en que dijo su frase simplemente… le sentó mal. A Kagome le parecía «bien» mantenerse alejada de su futura casa porque sabía que él estaba trabajando duro y que quería sorprenderla con ella completa. Incluso podía aceptar que Kikyo fuera capaz de verla en construcción, la otra mujer se había convertido en amiga de su grupo, después de todo tenía sentido. Kikyo había sido la que lo había encontrado después de que se dividiera, lo que significaba que estaba velando por su bienestar.

Entonces ¿por qué la idea de Kikyo siendo la intermediaria entre ellos la molestaba tanto? ¿Inuyasha no confiaba en que ella no estropeara la sorpresa?

—El hanyou no pretendía que lo que dijo saliera como salió —intervino finalmente el Inuyasha humano—. Simplemente es…

—¿Idiota? —ofreció el Inuyasha youkai—. Es cierto que tenemos nuestros momentos estúpidos.

—Es verdad, por desgracia…

Kagome suspiró.

—No creí que fuera ese el caso —empezó—, pero aun así duele, ¿sabéis? Me ha estado manteniendo alejada de donde sea que haya estado yendo desde que empezó esto y creí que era solo eso. Pero cuando paró de mostrar hasta una diminuta muestra de afecto, eso dolió aún más. No sé si todavía guardo ese rencor…

Es posible. —La voz del youkai sonó como si estuviera teniendo mucho cuidado con lo que decía a continuación—. Estás en todo tu derecho. El hanyou no te culpa, pero… escúchame… creo que puede que esta sea una cosa que tengas que liberar, compañera.

Kagome paró de andar, se giró y vio que ellos también se detenían, pareciendo ligeramente alarmados.

El Inuyasha humano añadió rápidamente:

—No hace ningún bien que te pese de este modo, se refiere a eso. Y, siendo justos, uno de nosotros va a volver a hacer algo estúpido en el futuro con lo que puede que te frustres. Está prácticamente en nuestra sangre.

Eso consiguió hacerla sonreír. Una sonrisa genuina.

—Aprecio la sinceridad —les dijo—. Creo… creo que sé lo que tengo que hacer para superar esto.


Kagome no fue directamente a la cabaña de Kaede, como probablemente se esperaban los dos Inuyashas. En cambio, viró a la izquierda, caminando hacia otra que estaba a poca distancia. Ellos siguieron manteniendo la distancia, creyendo que era mejor dejar que ella llevara la batuta. Kagome los condujo a una pequeña cabaña con un árbol joven que proporcionaba sombra ante la brillante luz del sol. Cuando la figura que estaba sentada en un taburete bajo debajo de la copa del árbol levantó la mirada y los vio acercarse, se dieron cuenta de que era Kikyo.

No es que ninguno fuera a ser lo bastante tonto como para hacer comentarios al respecto, pero ver a la mujer vestida con un sencillo yukata de diario parecía extraño. Todavía se ponía la mayoría de los días la familiar ropa de sacerdotisa, pero parecía que estaba empezando a intentar acomodarse a una nueva vida.

—¿Kagome? ¿Qué te trae hoy por aquí?

—Necesito hablar contigo —dijo, cerrando la distancia entre ellas. Cuando se detuvo a unos metros de ella, Kagome no se anduvo con rodeos con sus palabras—. Tengo celos de ti, Kikyo. Sé que es una estupidez que me sienta así, pero no puedo evitarlo. Es que… Inuyasha me dijo cuando atravesamos el pozo que, si le necesitaba, tenía que decírtelo e irías a por él para traérmelo.

Kikyo pareció sobresaltada por la confesión, pero cuando Kagome continuó, se encontró respirando hondo a través de la nariz. Ya se estaba enfadando en apoyo a Kagome.

—¿Quién diablos se piensa Inuyasha que es? —Frunció el ceño—. Tú eres su esposa…

—Lo sé…

—¿Qué derecho tiene para decirte qué hacer…?

—Kikyo, entiendo por qué lo dijo. —Kagome alzó las manos en gesto tranquilizador—. No quiere estropearme la sorpresa de la casa. Eso es todo.

Ella resopló, cruzándose de brazos. Dio un poco de miedo cómo la acción hizo que Kagome pensase en otras veces en que ella se había cabreado. Kikyo incluso se parecía a Inuyasha con ese frunce. Había… ¿había influido de algún modo en su personalidad?

—Sea como fuere, es de mala educación ladrar órdenes como si él fuera el rey de su propio dominio.

—Nuestra madre era noble, ¡para que lo sepas! —dijo el Inuyasha humano en voz alta.

—Y el viejo era un daiyoukai, así que, si queremos usar etiquetas, eso me convierte a en el rey…

Sin perder un instante, Kikyo miró más allá de Kagome y levantó la voz para que el youkai la oyera.

—Tú eres un real animal de bellota.

El Inuyasha humano aulló ante el comentario y Kagome volvió al instante a la tarde en su habitación cuando le había estado haciendo una mamada al youkai e intentando ignorar la risa. Esta vez fue un poco más difícil, ya que podía ver la expresión del Inuyasha youkai, y Kagome también soltó una carcajada.

Carraspeó, deseando que desaparecieran las risitas mientras volvía a mirar a Kikyo.

—Antes de que eso subiese de nivel, lo que quería decir era que… parece como si Inuyasha te tuviera en un pedestal porque ambos os conocéis de hace más tiempo. Supongo que estoy celosa porque yo aparecí mucho más tarde, ¿sabes? Cuando caí a esta época por primera vez, todos me comparaban contigo, Kikyo. Inuyasha incluso me dijo que tú eras más guapa cuando nos conocimos. Y durante los últimos años, he tenido en la cabeza que nunca estaré a la altura de todas las cosas que has hecho.

La expresión de Kikyo había cambiado de la ira a la sorpresa, luego a la empatía, y finalmente a lo que parecía arrepentimiento.

—No conoces toda la historia de mi vida, Kagome —dijo en voz baja—. No hay nada de lo que tengas que estar celosa. Los ancianos de mi familia me entregaron para que me convirtiese en la sacerdotisa de la aldea porque no podían cuidar de mí ni de mi hermana después de que nuestros padres fallecieran a causa de una enfermedad. Yo era demasiado joven como para que me entrenaran para una vida que no estaba segura de que quisiera, pero no me atrevía a decepcionar a la gente. No había nadie más. Al final, puse la vida de mi hermana en peligro y ella perdió la vista a causa de ello.

»Vi cómo las otras chicas de mi edad vivían una vida que yo nunca podría tener. Cómo se pintaban los labios de bonitos colores y se decoraban el pelo con horquillas. Veía pasar los días de cortejos a hacer ceremonias matrimoniales, a luego asistir con el nacimiento del primogénito. Vi a llorosas madres jóvenes sonreír con alegría cuando les presentaba a su bebé. También he visto el dolor en el rostro del padre cuando he tenido que decirle que su esposa no sobrevivió al parto. He tenido que reubicar a recién nacidos porque el padre no pudo soportar la pérdida de la madre, encontrar al bebé llorando y hambriento sin entender adónde se habían ido sus padres.

»Kagome, solo he hecho las cosas que he hecho porque no había otra opción. No escogí mi primera vida, me obligaron a ella porque nadie más quería la carga. Y cuanto mayor me hacía, más empezaba a resentir mi camino. No creí que fuera justo que no pudiera escoger por mí misma. Los días en los que me topé por primera vez a Inuyasha me sentí… tranquila por primera vez en muchos años. No hubo un día en el que sintiera que él fuera a darme órdenes. Cuando nos sentábamos y hablábamos, simplemente existíamos. Me dio días que puedo recordar con cariño, porque yo no tenía un deber para con nadie más que para conmigo. —Kikyo se estiró y agarró las manos de Kagome con las suyas—. Si hay alguien que debería sentir celos, esa soy yo.

—¡¿P-Por qué?! —A Kagome le daba vueltas la cabeza. Kikyo había hecho mucho por la aldea a expensas de su propia libertad y había hecho cosas increíbles, pero estaba celosa… ¿de ella?—. ¡No puedo imaginarme el motivo! Tengo libros de texto que me han hecho llorar y exámenes que estudiar para esta semana que probablemente vayan a hacer lo mismo…

—Tú tienes libertad —insistió Kikyo—. Siempre has tenido un aura de libertad a tu alrededor. Tu familia te apoya, ¿sí? Puedes escoger dónde quieres construir tu futuro. Las prendas que te pones, puedes escoger qué te gusta. Tu poder en bruto es inigualable, no olvidemos eso.

—Estaba suprimido…

—Y si los aldeanos supieran la mitad del talento que tienes, me estarían comparando a contigo, porque yo he entrenado toda mi vida y soy incapaz de hacer lo que puedes hacer tú sin agotarme por completo.

El Inuyasha youkai sintió que era buen momento para meterse en la conversación.

—Sabes que Kagome no podía disparar una mierda cuando cogió un arco por primera vez…

¡Inuyasha!

Qué. Cojones. —Las palabras del Inuyasha humano se mezclaron con el arrebato de Kikyo.

—¡Estaba defendiendo a nuestra compañera!

—¡¿Diciendo que dispara mal?! —No podía determinar si debía golpear a su homólogo o adelantarse y advertirle al hanyou del «siéntate» épico que podría tener lugar.

—¡Pretendía insinuar que Kagome mejoró con la práctica! —resopló el Inuyasha youkai—. ¡Kagome no apuntaba una mierda al principio, pero siguió haciéndolo, e incluso con sus poderes amortiguados por la magia, acabó mejorando! ¡Si Kagome puede hacer eso, entonces Kikyo también!

Kagome y Kikyo vieron cómo la versión humana de Inuyasha ponía distancia poco a poco entre el youkai y él. Kagome miró a la otra mujer, cuyos labios estaban fruncidos en gesto de irritación. Sabía que no pretendía que fuera un insulto, pero…

—¿Hasta… dónde crees que llega el hechizo de las cuentas? Digo, si lo usara en el Inuyasha youkai, ¿alcanzaría al Inuyasha hanyou?

—Mm… no lo he considerado.

—Kagome, ¿debo ir a decirle al hanyou que se baje de cualquier sitio elevado?

Negó con la cabeza en dirección al Inuyasha humano.

—No, no voy a hacerlo. Estaba intentando dar un argumento de verdad.

—Fue muy insensible —apuntó Kikyo. No parecía muy divertida mientras se giraba de nuevo hacia Kagome—. Sigo estando celosa de ti, pero supongo… que el youkai sí que hizo un comentario válido. Ambas hemos tenido experiencias para las que no estábamos capacitadas y, al final, hemos salido más fuertes.

—Supongo que sí.

Kikyo se estiró y agarró una vez más las manos de Kagome.

—Destruiste con éxito la joya sagrada cuando yo no pude. A pesar de todo el reconocimiento que los aldeanos me otorgaron por ser tan poderosa, eres quien realmente lo es. Sin pretenderlo, me has dado una nueva vida, así que sí, tengo celos de ti —dijo con una sonrisa.

—Puedes vivirla como quieras —le recordó Kagome, correspondiendo a la sonrisa. Pareció como si se le hubiera levantado un peso del pecho. Miró hacia la pequeña cabaña. Era aproximadamente del tamaño de la que Miroku y Sango estaban arreglando para su vida juntos. Kikyo quería estar cerca por su hermana, pero también quería su propio espacio sin la sensación de volver a caer en viejas costumbres—. Y es bueno ver que lo estás intentando.


Pasaron las horas mientras las dos mujeres hablaban. Al final, convencieron a los homólogos de Inuyasha para que se unieran a ellas después de que Kagome jurase que no iba a decir esa palabra. Eso llevó la conversación a un territorio que nadie se esperaba: a Kikyo preguntando cómo había llegado Inuyasha a tener las cuentas en primer lugar.

Kagome contó la historia con vacilación, escogiendo cuidadosamente las palabras para no decir esa accidentalmente de pasada.

—Y supongo que toda la razón de que esa palabra se me viniera a la cabeza fue por las orejas —dijo tímidamente.

—He de confesar que las uní con la misma intención. —Kikyo miró a Kagome, y luego de nuevo a sus manos inquietas—. Solo que… estaba pensando en el término… «amado»…

El Inuyasha youkai se rascó la oreja, aburrido de la conversación.

—Hay que reconocerle esta a la compañera. Al menos la palabra que usa es apropiada.

—Sí, puedo verlo… —dijo Kikyo secamente—. Debería haber escogido algo más adecuado, como «cachorrito»…

No soy pequeño

¡Lo sé! ¡Lo vi! —Puso las manos sobre la boca en cuanto salieron las palabras. Kikyo miró a Kagome, quien parecía dividida entre reírse y permanecer serena—. Kagome… lo que quería decir era que… cuando fui a llevarle ese día la comida a Inuyasha…

—¡Me lo contó, no pasa nada! —le aseguró Kagome—. Yo también me reí entonces. ¡No de ti, quiero decir! Es un poco sorprendente, ¿no?

—La primera vez no te quejaste —le dijo el Inuyasha youkai con una amplia sonrisa.

No… no lo había hecho, pero tampoco es que hubiera estado despierta del todo. No había forma alguna en que Kagome fuera a mencionar que se había preguntado si había estado soñando, porque eso se habría interpretado mal de todas las formas imaginables. Le lanzó una mirada al youkai, pero se negó a morder el anzuelo.

—¿Por ver a tres Inuyashas o porque dos de ellos estuvieran desnudos? —preguntó Kikyo. Parecía lista para aceptar su destino a manos de la otra mujer—. Siento como si hubiera mancillado tu confianza en mí, Kagome. Tanto mi hermana como Sango me han dicho que no es así, pero…

—Oh, bueno. Tienen razón. —Se encogió de hombros—. No puedes evitar que haya pasado, o que lo vieras desnudo. No hubo ningún daño, a excepción de un poco de incomodidad. A menos que… Inuyasha hiciera algo asqueroso…

—¿Por qué me miras a mí? —El Inuyasha youkai pareció ofendido.

—Porque tú serías el que lo hiciera —disparó Kagome en respuesta.

—¡Me puse los calzoncillos cuando me los tiraron! No es culpa mía que Kikyo mirara dos veces

¡Estaba sorprendida!

Kagome se mordió el labio, observando el intercambio entre el youkai y la antigua sacerdotisa. Tampoco podía culpar a Kikyo de aquello. Inuyasha era… sorprendente… y la había vencido la curiosidad. Al menos, tuvo la decencia de mantenerse tapado en cuanto estuvo vestido, a diferencia de cuando ella había sido testigo de él sacándose la manta para ir a cazar. Movió la mirada, encontró la del Inuyasha humano, y se descubrió mascullando:

—Yo también.

¿Era malo que de repente quisiera saltarse el resto de su visita? Kikyo y el youkai estaban demasiado concentrados en ganarle al otro en insultos como para darse cuenta de si se escabullía hasta el pozo con el Inuyasha humano, ¿verdad?

Oh, ¿a quién pretendo engañar? El Inuyasha youkai sabría que voy a estornudar antes de que lo hiciera.

¿Es necesario, digo, realmente? Allí estaba ella de nuevo. Melocotón, al fondo de su mente, queriendo influenciarla. Ahora eres la esposa de Inuyasha. Si quieres montarlo, no tienes que darle excusas a nadie…

Sería de mala educación…

¡¿Primero te quejabas por no conseguir su pene y ahora actúas como si no quisieras que te estrellara contra la cama?! ¡Arg, mujer, decídete! Sé perfectamente que ya estás mojada…

No… NO lo estoy…

Aprieta más las piernas y lo oiremos todos, Melocotón sonaba particularmente engreída en su mente. ¿Cuántas veces has follado desde la división? ¿Y cuántas has acabado?

Una.

UNA. A mí me parece un poco injusto cuando te paras a pensarlo. Si Melocotón estuviera sentada al lado de Kagome, habría estado contando las ocasiones con los dedos. El youkai te hizo llegar… hizo que acabaras, debería decir, ya que empezaste eso tú sola, y luego le hiciste una mamada sin recibir nada a cambio. Después, le sacaste uno al humano esa mañana, pero tú no tuviste oportunidad porque te interrumpieron.

¡Eso no iba para mí, en primer lugar!

ERROR. Tú también te mereces tener un orgasmo. Pensaba que habíamos hablado de esto.

¡Esa mañana no lo estaba planeando para mí!, insistió Kagome. ¡Y también tenía que prepararme para ir a clase! ¡No había tiempo!

Entonces, HAZ tiempo. Como ahora. Di que tienes que volver a casa a estudiar. Ellos no tienen por qué saber que vas a estar estudiando con la cara contra la almohada para no gritar…

¡Melocotón…!

—¿Kagome?

—¿Qu-Qué? —Kagome parpadeó, mirando a su alrededor. Kikyo y los dos Inuyashas la estaban mirando con curiosidad—. Lo siento —masculló—. Estaba en mi mundo. —El youkai parecía como si sospechara adónde habían vagado sus pensamientos.

Si Kikyo tenía alguna idea de lo que había estado pensando, no hizo alusiones a ello.

—¿Tus estudios? —ofreció—. Mencionaste que vas a enfrentarte pronto a exámenes. ¿Necesitas más tiempo para prepararte?

—Mm…

—El humano puede ayudarte con la parte de Historia —intervino el Inuyasha youkai, dirigiéndole a él una mirada penetrante—. Si no recuerdo mal, el chico va a estar entrenando toda la tarde, así que no habrá interrupciones

El Inuyasha humano parpadeó, abriendo la boca para hacer un comentario antes de que asimilara las palabras.

—Oh. Oh, cierto. Sí, creo que la cena también iba a ser tarde. ¿El hanyou se acuerda?

—Podemos ir a decírselo —dijo Kikyo, poniéndose en pie y agarrando la mano de Kagome para llevarla consigo—. Me siento fatal por haberte tenido alejada de tus estudios. Estás muy cerca del final de tu instrucción y tienes que triunfar.

—Mm…

¿Cómo iba a decir que estaba pensando menos en estudiar para exámenes y más en estudiar todas las formas en que podía hacer que Inuyasha pusiera los ojos en blanco? Kagome sintió que la golpeaba una oleada de culpa mientras Kikyo tiraba de ella por el camino de tierra. Había vuelto al pasado de visita y, en su lugar, se había distraído con sus propios pensamientos calenturientos.

Y entonces, durante el más breve instante, Kikyo la miró y le guiñó un ojo.

¡Dios mío, lo sabe!

¡Pudo verlo bien! ¡Sabe qué vas a recibir! ¡Acéptalo y vete a montar ese caballo!

—¿Sabes? Me quedan varios meses antes de que se acaben las clases —intentó explicar Kagome—. Habrá más exámenes…

Kikyo se acercó y mantuvo la voz baja, aunque Kagome sospechaba que el youkai aun así la oyó.

—Sí, pero si tienes tiempo para estudiar sin que nadie interrumpa, yo aprovecharía la oportunidad si fuera tú. —Como Kagome no respondió, suspiró—. ¡No sé, supongo! No puedo decir que yo haya… ¡ya sabes a lo que me refiero!

Sí, así era, y estaba a punto de volverse más incómodo si seguían con esta conversación. De verdad que no quería restregarle a Kikyo que se estaba poniendo cachonda con Inuyasha, teniendo en cuenta todo, aunque la otra mujer no estuviera interesada. Le recordaba demasiado a cómo se ponía Eri cada vez que tenía novio, y no quería actuar así.

Kagome asintió rápidamente.

—Mm… gracias por… defenderme —contestó, esperando que fuera suficiente. De verdad que no se atrevía a darle las gracias a la mujer por decirle en esencia que fuera a acostarse con el lado humano de su marido.

Kikyo sonrió y Kagome juró que estaba en otra dimensión, porque esto se estaba volviendo raro incluso para ella. Sintió que el Inuyasha humano le daba la mano, conduciéndola hacia el pozo cuando estuvo a la vista. Con un gesto de la mano, Kagome acabó en brazos del humano antes de que él saltara por la abertura del pozo, llevándolos de regreso al futuro.


—Si hubiera sabido que este pozo un día se convertiría en un portal selectivo al futuro, no estoy segura de que hubiera tirado dentro los huesos de los youkai que purifiqué. —El youkai que tenía al lado resopló—. Podría purificarte, ¿sabes?

El Inuyasha youkai sonrió con satisfacción.

—No vas a hacerlo.

—Podría.

—No vas a hacerlo porque no quieres molestar a Kagome.

Kikyo juntó los labios formando una fina línea mientras la sonrisilla del youkai se convertía en una completa sonrisa de idiota.

—No me voy a dignar a responder a eso. —Giró sobre sus talones y se encaminó hacia la línea de árboles que conducía a la obra. Él podía seguirla o no, pero iba a ser buena amiga y a contarle a Inuyasha que su esposa iba a volver a sus «estudios».

Si fuera vulgar, le diría a Inuyasha en cambio que volvía a su época con su macho. Probablemente no iba a estudiar nada, a menos que… Kikyo reprimió un estremecimiento. Eso no era algo en lo que quisiera pensar realmente. Lo había visto cuando no estaba… preparado. No quería saber cómo conseguía Kagome que funcionase.

El Inuyasha youkai acortó la distancia e igualó su paso, metiéndose las manos en los bolsillos del hakama moderno azul oscuro. No era un hakama, pero se le escapaba cómo lo llamaba Kagome, y no iba a preguntarle al youkai por cabezonería. Era un nombre extraño que notaba raro en la lengua, pero…

—Sabes que Kagome no va a estudiar.

—¡Arg! —gimió Kikyo en voz alta—. ¡¿Por qué sentiste la necesidad de recordármelo?! ¡Acababa de olvidarme!

El youkai parpadeó casi solemnemente. No se había esperado su arrebato.

—¿Estás celosa de que Kagome…?

—¡Claro que no! ¡No quiero imaginarme a mi amiga desnuda, para empezar, mucho menos haciendo nada innombrable con una versión de ti! ¡Ya he visto demasiado de ti como para que me dure toda esta segunda vida, y después vas y me recuerdas que no solo funciona tu miembro, sino que le estás dando uso! ¡No quiero la imagen de tu desnudez bailando en mis sueños por la noche, ni aunque no estuvieras casado con Kagome! —Kikyo se detuvo tan rápido que el youkai casi la adelantó. Levantó un brazo y gesticuló hacia él—. ¿Todo esto? ¡No me remueve nada dentro!

El silencio siguió a aquella diatriba frenética y el youkai simplemente se la quedó mirando. Permaneció allí con las manos todavía metidas en los bolsillos.

—Cuando dices «todo esto»… ¿te refieres a o a todas las partes del hanyou?

Kikyo parecía lista para gritar.

—Solo estoy intentando averiguar si el humano es más atractivo…

—Tienes suerte de que no tenga mi arco…

—Porque hemos comparado penes y no hay ninguna diferencia, así que, si uno de nosotros es superior, tiene que ser por el atractivo físico…

—Más te vale darles las gracias a tus estrellas porque Kagome te ame, o te juro que…

El Inuyasha youkai sonrió, una sonrisa genuina que la sorprendió.

—Lo hago cada maldito día. Tengo que ser el hijo de puta más afortunado porque así sea. —Se le empezaron a sonrojar de verdad las mejillas—. ¿Sabes que hubo un momento en el que pensé que ella diría que no, incluso después de saberlo todo? Kagome me dijo que me ama, al margen de cualquier instinto que tirara de mí hacia ella.

—Hablas como el hanyou.

Soy él. Una parte de él —corrigió el youkai—. Puede que siga siendo el lado inu youkai completo, pero soy tan él como el humano. Nos hemos separado, pero al final seguimos siendo la misma persona. Simplemente soy la versión más atractiva.

Kikyo no iba a hacer comentarios sobre eso. No iba a afirmar abiertamente lo que ambos sabían, que no expresaba interés en youkai de ninguna clase. Los ojos rojos y verde azulados eran sorprendentes a primera vista, a pesar de lo humanas que hubieran sido sus expresiones. Fue en ese momento que comprendió completamente cómo se habrían desmoronado sus planes egoístas. La perla nunca habría separado a Inuyasha porque no había nada que arreglar de él. Quien estuvo roto no fue él en ningún momento. Se giró y siguió andando.

—Kagome es muy afortunada.

—Keh. Sí que lo viste, ¿no?

—¡No por eso! —dijo entre dientes—. ¡Estaba hablando de tu persona! Me refería a que Kagome es muy afortunada porque ha encontrado amor que complementa su alma. Trabajáis bien juntos, incluso cuando peleáis. Has llegado a confiar en Kagome y eso es algo que nosotros nunca pudimos hacer. Incluso si Naraku no hubiera interferido en aquel entonces, todavía seríamos las mismas dos personas que se mantienen alejadas.

No sacaban ese tema a menudo porque el ambiente en el espacio que los rodeaba siempre se ponía tenso. El youkai abandonó toda broma cuando habló a continuación.

—Al hanyou no le gusta admitirlo, pero se sentía igual. No es una ofensa a tu persona, los youkai tienden a ser selectivos en cuanto a con quién construyen la confianza. Al igual que los humanos.

—¿Puedes culparlo? Fui yo la que creó las cuentas que llevas puestas ahora.

—Han sido útiles. —Se encogió de hombros—. Una vez aplastaron al humano, así que fue gracioso. Pero cuando estaba demasiado lleno de ira, demasiado concentrado en mantener vivo al hanyou, fueron lo único que me hizo volver en mí. No voy a mentir… apesta chocar contra el suelo a una velocidad que parte cuellos.

Kikyo pareció repugnada tanto por la descripción del Inuyasha youkai como por la imagen.

—A pesar de ello… ahora que he tenido de tiempo de reflexionar como es debido sobre mi antigua vida, no estoy segura de que pudiéramos haber hecho que funcionase nada. Ahora está claro que la perla no se habría destruido, pero después de ver cómo podría corromperse, me duele pensar que casi la usé en ti. —Movió la mano y le dio manotazo en el brazo de repente—. ¡Y tú me lo habrías permitido!

—¿Qué puedo decir? Estaba solo y al fin me había encontrado con alguien que estaba dispuesto a hablar, no a escupir.

—Las damas no escupen —resopló Kikyo casi con altivez.

—Es verdad. Kagome traga… ¡¿qué cojones, mujer?! ¡Para de pegarme!

Kikyo siguió pegándole en el hombro, yendo tan lejos como para levantarse el yukata para poder perseguirlo cuando empezó a correr. El Inuyasha youkai podía dejarla atrás con facilidad y ambos lo sabían. No se adelantó demasiado, solo lo suficiente para mantenerse fuera de su alcance.

Y ahí fue cuando a ella se le ocurrió que el youkai no era como se había esperado. Era vulgar y hablaba sin pensar, pero no había amenazado su vida ni una vez. Reconocía que estaba desarmada y permanecía al alcance para protegerla. Probablemente la acompañaría de regreso a la aldea antes de que volviera a irse.

Cuándo… ¿cuándo pasó esto?

¿Cuándo se había sentido satisfecha al lado de un youkai?

Tenía que ser una consecuencia de haberse convertido sin querer en amiga de Kagome.

Maldición —masculló por lo bajo. Su vida sí que había dado un giro.