DGM no me pertenece.

Un poco de OOC y medio cliché no le hace mal a nadie.

Calor corporal

Perdido, estaba totalmente perdido, ¿no pudo hallar un mejor momento para perderse de esa manera?

Allen había salido en una misión para recuperar una inocencia, pero la misión solo llevó a una batalla con los akumas que quedaron a vigilar, porque otros ya se habían llevado la inocencia antes de que él llegara. Había llegado tarde. Pero, lo peor fue que, al ir completamente solo, se había perdido como siempre y el mal clima lo atrapó. Se encontraba en un gran bosque donde llevaba un buen rato nevando. Quería usar el arca para salir de allí, pero lo tenía prohibido, sin embargo, si no hacía algo rápido, moriría congelado. No llevaba puesta ropa apta para ese clima. Ya sentía las manos entumecidas y sentía que, si se tocaba la nariz, se caería a pedazos.

La gran tormenta de nieve que azotaba la región ni siquiera lo dejaba ver bien su camino, por lo que terminó cayendo en un gran hoyo. Moría de hambre, estaba exhausto, no veía nada y ya no sentía el cuerpo. Qué irónico, un exorcista muriendo congelado y no asesinado por los akumas.

Ya no soportaba más, comenzaba a cerrar los ojos cuando escuchó la voz de alguien, pero ni siquiera tuvo las fuerzas para gritar por ayuda y terminó desmayándose sobre la nieve que poco a poco lo cubría.

—¡Allen! —fue lo último que escuchó.

.

—Eres un idiota, un grandísimo idiota.

Allen escuchaba esas quejas como si fueran algo muy lejano. Sentía también como alguien lo ponía en una cama y le quitaba su uniforme junto con su camisa. ¿Su camisa? Abrió los ojos rápidamente al ser un poco más consciente de lo que pasaba.

—¡¿Road?!

—Al fin despiertas, idiota.

¿La Noah era la que lo había salvado? ¿Lo había llevado ella sola hasta esa extraña habitación dónde se encontraban?

Ella al notar que él observaba a su alrededor, confundido, le explicó lo ocurrido.

—Eres el más grande idiota que conozco Allen, ¿cómo pudiste perderte y desmayarte en un bosque cuando hay una tormenta de nieve? ¡Pudiste haber muerto!

—¿Tú me salvaste?

—Sí, escuché que los akumas se habían encontrado contigo, así que quise ir a verte, cuando te encontré enterrado en la nieve. Te traje a mi mundo de sueños. Y ahora, por favor, quédate quieto para que pueda quitarte tu ropa.

—¡¿Qué?!—fue en ese momento en que Allen se dio cuenta de lo que Road hacía—¡¿qué estás haciendo?!—le gritó, quitando sus manos de su cuerpo.

—Estás muy mojado y casi congelado, si no te quitas ahora la ropa será muy peligroso. Mis velas te dan calor, pero será mucho más rápido el calor humano.

—¡No por eso tienes que desnudarme!

—Claro que sí, ¿de qué servirá darte mi calor si aún tienes la ropa mojada?

—No, no te dejaré.

Allen intentó ponerse su camisa nuevamente, pero Road se la quitó hábilmente y la lanzó al otro extremo de la habitación.

—¡No ves cómo estás temblando, idiota! Si no quieres que te quite nada más, está bien, pero no te vuelvas a vestir.

Road le había gritado tan contundentemente que prefirió no intentar nada más, después de todo lo estaba ayudando, pero se quedó literalmente boquiabierto al ver como ella se quitaba la falda y su blanca blusa.

—¡¿Qué haces?!—le preguntó tartamudeando y girando la cabeza hacia otro lado en un intento de no mirarla.

—Te voy a dar de mi calor.

—¡¿Qué?!

—¿Quieres callarte y obedecerme? Es por tu bien.

Nuevamente Allen no hizo nada para negarse. Vio cómo la Noah se subía junto a él en la cama con solo su ropa interior. Se sentía un total pervertido, pero no puedo evitar pensar que ese conjunto con encajes la hacía verse muy linda. Road lo empujó contra la cama, recostándose junto a él y cubriendo el cuerpo de ambos con una manta. Allen cerró los ojos mientras sentía cómo Road pasaba sus brazos alrededor de su torso desnudo, igualmente entrelazó sus piernas con las suyas. Todo su cuerpo se tensó al sentirla tan cerca. Su piel era muy cálida y comenzaba a relajar su cuerpo helado, pero no podía estar tranquilo con la sensación que dominó en su estómago. Y en nada ayudaba sentir sus pechos contra su piel, aunque hubiera tela de por medio.

—¿Qué pasa? —el aliento de Road contra su cuello hizo que el cuello de su nuca se erizara—¿nunca habías estado así de cerca con alguna chica, verdad?

—Obviamente.

—Me alegra poder ser la primera y espero poder ser la única.

Allen prefirió no decir nada al respecto.

A pesar de lo nervioso que estaba, comenzó a relajarse poco a poco hasta que se quedó dormido.

Varias horas después, despertó de un sueño revitalizante. Se sintió tan cómodo y relajado que no quiso abrir los ojos, pero al querer estirarse, notó algo pesado sobre de él. Movió sus manos hasta allí y sintió algo suave y redondo y al hacerlo, ese algo, se movió rozando con una parte de su cuerpo que sin proponérselo logró que lanzara un pequeño gemido.

—¿Qué fue eso, Allen? —le preguntó riendo la persona que estaba sobre él.

Allen abrió sus ojos con sorpresa.

—Qué atrevido eres—le dijo Road Kamelot.

Con un gran grito, Allen se alejó de ella lo más que pudo, pero solo logró llegar hasta el respaldo de la cama.

—¿Y ahora qué te ocurre? ¿Acaso olvidaste que dormimos juntos?

Allen la miró de pies a cabeza, ella se encontraba en ropa interior.

¡Era cierto! Road lo había salvado de morir congelado y para hacerlo entrar en calor más rápido le quitó parte de su ropa. ¿En verdad habían dormido juntos casi desnudos?

El pobre enrojeció aún más.

—Gracias Road, pero es mejor que me vaya ya.

—¿Tan pronto?

—Sí, todos deben estar preocupados por mí.

—Supongo que no hay más remedio, pero antes de irte, dime una cosa, ¿qué fue eso de recién? Tocaste mi pecho y gemiste.

—¡Yo no hice eso!

—Allen, acaba de ocurrir, claro que lo hiciste.

—Yo no…—ahora entendía que era eso que había tocado. Se asustó más cuando se percató que la expresión de Road había cambiado. Algo tramaba.

—¿Road? —preguntó con mucha cautela.

—Allen, si quieres jugar solo tienes que pedirlo.

—¿Jugar? ¿A qué te refieres?

Road se acercaba a él, estaba en peligro, lo sabía. Debía huir ¡y ya! Pero algo en su cuerpo evitaba que se moviera o era esa mirada tan provocativa que ella le daba.

La Noah se sentó en sus piernas, inmovilizándolo.

—¿Qué haces?

—Jugar—dijo ella sonriendo.

—Road—amenazó lo mejor que pudo, pero se notaba que estaba muy nervioso—, no sé a qué juego te refieres, pero es mejor que te detengas ahora.

—Qué aburrido eres Allen, yo solo quiero divertirme un poco contigo.

Allen observó con detenimiento, como Road acarició suavemente esa parte de su cuerpo que lo había hecho gemir y ahí estaba de nuevo ese sonido involuntario. Entró en pánico y a la vez se moría de la vergüenza, pero seguía sin tener la fuerza suficiente para evitarlo.

—Dices que no quieres Allen, pero tu cuerpo lo exige a gritos.

—¡Eso no es cierto! —gritó asustado—y deja de tocarme de esa manera, no somos nada como para que lo hagas.

—Pero, ya te he dicho antes que me gustas, Allen.

—Pero, tú no me gustas a mí.

La expresión del rostro de Road volvió a cambiar, ahora de juguetona y salvaje, se notaba seria y decidida.

—Veamos si con esto logro hacerte cambiar de opinión.

Road se puso de pie en la cama, con los pies a cada costado de las piernas de Allen y ante la mirada atónita del chico, se quitó la suave camisola blanca que traía, así como sus pantaletas de encaje.