Ranma 1/2 no me pertenece. Este fic está creado para la iniciativa Rankane Week 2023 de "Mundo Fanfics de Inuyasha y Ranma".
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【Rankane Week 2023】
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―3―
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UN RECADO SENCILLO
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—Pasta de miso suave, tofu fresco, una col.
No parecía demasiado difícil.
No eran pocas las ocasiones en las que a Ranma le tocaba ir a hacer algunas compras necesarias para el hogar, y como buen invitado en la casa de los Tendô cumplía con los recados.
El problema radicaba en las interrupciones.
Su vida nunca había sido un remanso de paz, así que esperar que un martes a las 17:33h en plena calle comercial no ocurriera ningún incidente era casi un milagro. Un milagro que desde luego hoy no tendría lugar.
—¡Ranma-sama! —gritó una voz femenina, cargada y melosa. Sintió un escalofrío y la inherente necesidad de esconderse, a pesar de que ya casi le tocaba el turno en el puesto de verduras.
Maldiciendo entre dientes usó a una pobre señora de escudo, la cual tampoco se quejó demasiado, Kodachi pasó de largo, confundida, agitando su cinta de gimnasia rítmica al aire y mirando alrededor.
—Señora —susurró Ranma desde su espalda, parcialmente oculto entre un montón de cebollas—. Muévase despacio a la derecha, por favor —dijo, y la señora así lo hizo, facilitando al apurado adolescente un escondrijo detrás de una pila de cajas. Desde allí se las apañó para coger una col y dejar el dinero en el mostrador. Bien, ya solo quedaban dos cosas.
Con la col en una bolsa escudriñó desde el puesto de verduras, su siguiente objetivo estaba a más de cien metros en línea recta.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Akane, mirándolo con extrañeza.
Ranma pegó un brinco en el sitio y se llevó un dedo a los lábios, chistando, indicando que guardara silencio. Akane llevaba una gran bolsa sobre el hombro de la cual asomaba el mango de una raqueta. Ella siempre tan deportista.
—Tengo que comprar tofu y miso suave —susurró mientras ella se acercaba y escudriñaba también la calle.
—¿Y cuál es el problema?
—Kodachi, Shampoo, Kuno, quizás Ryoga, quién sabe… —contestó él.
—¿No te estás volviendo un poco paranoico?
Ranma la miró ceñudo.
—¿Y tú no estás muy despreocupada? Kasumi necesita esto para la cena.
—Bien —suspiró la chica, rindiéndose—. Hagamos los recados y regresemos cuanto antes.
Ambos salieron de su escondrijo, caminaron juntos por la calle comercial, hombro contra hombro mientras sus miradas se dirigían a uno y otro lado, con la desconfianza bailando en sus gestos. Llegaron a la tienda de tofu sin incidentes, lo cual no dejaba de resultar muy sospechoso.
Se pusieron a la cola, y justo entonces a sus espaldas hubo una explosión.
Era como si una tienda entera hubiera vomitado, los cascotes salpicaron por todos lados, el polvo voló por la calle y Ranma se apuró en cubrir a su prometida rápidamente, tomándola de la mano y arrinconándola contra un muro, con las manos sobre su cabeza y contra su pecho, aguardando.
—¿¡Quién demonios…!? —gruñó tosiendo, atisbando la calle mientras una sombra asomaba entre el polvo.
El maestro Happosai, en su diminuta estatura, miró en su dirección.
—Raaaaaanmaaaaaaa, ¿dónde está mi tesoooroooo? —preguntó mientras su aura se prendía en llamas, Akane apoyó las manos en el pecho del chico, intentando respirar.
—¿¡Qué le has hecho esta vez!?
—Oh, disculpa por salvar tus diminutos sostenes y ese par de bragas nuevas que te compraste —respondió él en tono irónico, ella pestañeó pasmada.
—¿Cómo qué diminutos?¿Y por qué sabes que me compré ropa interior nueva?
—¿¡Crees que ahora eso importa!? —dijo perdiendo los nervios, apretó la col bajo su brazo y agarró la mano de su prometida mientras comenzaba a correr a toda prisa, huyendo del distrito comercial.
—¡El tofu! —gritó Akane tirando de él delante de la tienda y atrapando un paquete de tofu, lanzando quinientos yenes a la pobre señora oculta tras el mostrador.
Corrieron a esconderse, pero el aura de Happosai no dejaba de crecer, la gente huía de la calle comercial y los dos adolescentes terminaron agazapados tras la mesa de una heladería, varias calles más adelante. Respiraron agitados, intentando recuperar el aliento.
—Qué locura… —suspiró Akane retirándose el sudor de la frente.
—¿Quién es ahora el paranoico? —dijo Ranma igual de agotado, haciendo girar la col sobre su dedo índice, como si fuera una pelota.
—Eres un imán paras los problemas —replicó ella, a lo que el artista marcial arrugó los labios, ofendido.
—Yo no tengo la culpa de vivir rodeado de pirados.
—Lo dices como si no fueras uno de ellos.
—Oye tú… —dijo con el ceño fruncido, y en ese momento un chico se aclaró la garganta, ambos miraron hacia arriba para ver a un camarero con una libreta en la mano.
—¿Qué vais a tomar? —preguntó el chico apoyando un bolígrafo sobre su libreta.
—No, si nosotros no… —comenzó Akane, Ranma la vio gesticular, con las mejillas aún calientes por la carrera.
—Yo quiero una tarrina con dos bolas de nata y chocolate —dijo desde el suelo, sorprendiendo a la chica, quien casi dio un brinco—. ¿Y tú?
Akane pestañeó, tragó saliva y ante la insistente mirada del camarero tartamudeó que quería un cucurucho de limón.
Se quedaron sentados en el suelo, tal y como estaban, ahora con la incomodidad flotando en el ambiente.
—Pensaba… Pensaba que sólo podías comer helados si eras una chica —dijo ella jugueteando con sus manos, claramente nerviosa.
—Pero si voy contigo es diferente.
—¿Diferente?
—Si parece que estamos en una cita, entonces…
Se dio cuenta demasiado tarde, los pensamientos habían escapado de su gran bocaza y ahora ella había escuchado justo lo que pensaba. Se llevó una mano a los labios y negó con la cabeza.
—E-es decir… ¡No como una pareja! Yo sólo… quería decir que…
—Los helados —dijo el camarero, quien raudo les sirvió lo que habían pedido, Ranma se rascó uno de los bolsillos del pantalón y le tendió unas cuantas monedas.
Akane le miró como si fuera la primera vez que lo viera, después sonrió sólo un poco. Sentados en el suelo terminaron sus helados, y cuando les pareció que todo estaba despejado se levantaron con mucho cuidado.
—¿Crees que… deberíamos volver por la calle comercial? —preguntó ella de forma cauta, la trenza del chico se meneó en negativa.
—Calles estrechas y pequeñas —susurró agarrando su mano—. Conozco un atajo.
Salieron a la carrera, semiagachados, sin dejar de echar vistazos rápidos a su espalda. Caminaron varias calles, y cuando parecía que podían respirar tranquilos escucharon el timbre de una bicicleta.
—¡Mierda! —masculló el chico, estrechando con más fuerza su pequeña mano dentro de la suya, tomaron un atajo y esquivaron a la amazona apenas por un segundo. Suerte que parecía ocupada con un reparto.
La casualidad quiso que terminaran escondidos en la entrada de un restaurante de yakitoris. Ranma miró a Akane mientras sus tripas gruñían ante el delicioso olor, ella rio un poco, con ojos brillantes.
—Bueno, me has invitado a un helado, supongo que es mi turno —dijo entrando en el local.
El chico la siguió un tanto confuso, pero bastante contento. Se sentaron en una mesa pequeña y apartada y pidieron pinchos de pollo, cerdo y verduras. Bromearon sobre la última ocurrencia del director del instituto, sobre cambiar los uniformes por camisas hawaianas y empezar a servir bebidas en cocos en la cafetería. Salieron mucho rato después, sonrientes y satisfechos.
Emprendieron el camino de regreso a casa, con la noche ya entrada y las estrellas en lo alto. La calle estaba vacía y solo sé escuchaba el sonido de los grillos.
Caminaban cerca del canal, y esta vez Ranma no saltó hasta la valla, si no que prefirió caminar a su lado.
Todo era demasiado bonito, demasiado… real.
Ranma miró a su prometida por el rabillo del ojo, ella estaba simplemente hermosa, con una sonrisa relajada y el aire agitando ligeramente sus cabellos. No pudo evitar sonrojarse ante sus vergonzosos pensamientos, no quería que acabara el día, ese momento.
Ella también le miró, cazándole de pleno.
—¿Qué? —dijo sonrojándose, haciendo un gesto adorable, metiendo un corto mechón de cabello tras su oreja. Ranma se aclaró la garganta.
—No, nada. Solo pensaba.
—¿En qué? —insistió curiosa.
—Cosas mías —contestó esquivo, apartando la mirada y fijándola en el horizonte. Y allí había una sombra. Se detuvo en seco adivinando que se trataba ni más ni menos que de Ryoga, ese idiota no tenía otro maldito momento para perderse cerca del dojô Tendô—. Espera —dijo volviendo a tomarse la confianza de tocar su piel.
—¿Qué ocurre?
—Vamos por otro lado —susurró saltando a la alambrada y tendiéndole una mano—. Vamos.
—¿Quieres andar por el río?
—Tú sígueme —insistió con premura, viendo la sombra acercarse poco a poco.
Akane suspiró, se ajustó su bolsa de deportes al hombro y tomó su mano. Ranma tiró de ella hasta que ambos estuvieron encima de la alambrada, entonces el artista marcial saltó hacia la inclinada rivera, que en esa zona estaba cubierta de suave hierba
—Salta —susurró nervioso, ella le miró dubitativa.
—Me voy a caer.
—Yo te cogeré —insistió extendiendo sus grandes brazos hacia ella, Akane tragó saliva y saltó.
Aterrizó en sus brazos, pero el empuje de su cuerpo hizo que Ranma resbalara y ambos rodaran sin remedio rivera abajo. Protestaron y ella emitió un pequeño grito, el chico pudo frenar justo a tiempo, antes de que cayeran al agua del canal.
Jadearon inquietos, con sus cuerpos en contacto, ella tendida bajo él con las mejillas ardiendo y las rodillas temblando.
—Ranma… —dijo absolutamente tentadora, con restos de hierba en sus cabellos revueltos.
Él tragó saliva por su áspera garganta.
—Akane, yo… yo…
—El tofu…
—¿El tofu?
Solo entonces Ranma sintió aquella cosa húmeda presionando sobre su estómago. El paquete de tofu había explotado en la caída y ahora ambos estaban manchados. Se levantó renqueante, mirándola culpable, aunque Akane parecía más avergonzada que otra cosa.
Se pusieron en pie, apoyándose uno en el otro y estallaron en carcajadas al ver las grandes manchas en su ropa, después se rieron aún más cuando vieron la pobre col, flotando en el riachuelo.
La pescaron con bastante esfuerzo varios metros más abajo, entre vítores y aplausos, y después reiniciaron su camino entre charcos y medias luces, con las manos entrelazadas para mantener el equilibrio. Para cuando llegaron a la residencia Tendô la hora de cenar estaba ya muy pasada.
Entraron en la casa aguantándose la risa para no despertar a los dormidos habitantes. Se retiraron los zapatos y dejaron lo que restaba del tofu sobre la encimera de la cocina. También dejaron la col, a la cual le faltaban varias hojas, la triste verdura crujió de forma extraña, y comenzó a expulsar agua del río por la base. Intentaron limpiarlo todo entre cuchicheos y risas, pero finalmente la metieron en un escurridor, dentro de la pila de la cocina.
Subieron hasta las habitaciones exhultantes, era todo demasiado ideal. Él se aclaró la garganta delante de su puerta, ella le miró sonriendo como nunca.
—Buenas noches —dijo Ranma finalmente, arrugándose en sus intenciones, no queriendo arruinar aquello, lo que quiera que fuese.
—Buenas noches —contestó ella, haciéndole la mayor caída de ojos que el artista marcial había contemplado en toda su vida.
Apretó los puños, contuvo el aliento. Prácticamente ahogó un grito de frustración. Se incendió por dentro y dio un paso atrás. Era un cobarde, un maldito cobarde.
La decepción bailó en el rostro de la muchacha, quien se dio la vuelta para entrar en su habitación.
Ranma se metió las manos en los bolsillos, dio un par de pasos hacia su cuarto y se detuvo. Regresó hasta su puerta justo en el momento en el que se cerraba, la abrió lo suficiente para colarse dentro y tomar su rostro, arrebatándole un suspiro abrumado, un suave beso en los labios.
Tembló ante el tacto, deshecho de anhelo, ella se asió a su cuello poniéndose de puntillas. Se prendieron en aquella confusa maraña, en su sabor y complicidad. Agotados, extasiados.
—Mañana… podríamos ir a comprar miso —dijo él sobre su boca, ella asintió absorta.
—Si, si. Miso, más tofu, lo que sea.
Ranma sonrió complacido, con el corazón cabalgando en su pecho a toda velocidad. La soltó con las mejillas encendidas, ella le despidió desde la puerta.
El chico de la trenza estalló de pura felicidad mientras se cambiaba para ponerse en pijama, se quedó atontado tocándose los labios con una sonrisa imposible.
Inesperadamente, aquella había resultado ser una cita perfecta.
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Tercer día y tercer fic.
En esta ocasión el tema propuesto era "Cita romántica", y se me ocurrió esta especie de cita con lista de la compra, en la que tienen que ir esquivando obstáculos mientras se lo pasan bien sin darse cuenta. Espero que os haya gustado, yo me divertí mucho escribiendo.
¡Ah! ¡Y este one-shot además cuenta con el increible arte de SakuraSaotome!, me encanta Ranma cargando la col, jajaja. Aunque bien es cierto que yo quería una Kasumi consternada a la mañana siguiente, viendo el tofu reventado y la col asquerosa en la cocina, pero es la semana Rankane y ellos son los indiscutibles protagonistas.
Gracias también a Lucita-chan por las correcciones que hace con el escasisimo tiempo que le resta de día y con todas las cosas que tiene últimamente en la cabeza.
Nos leemos mañana.
Besos!
LUM
