Ranma 1/2 no me pertenece. Este fic está creado para la iniciativa Rankane Week 2023 de "Mundo Fanfics de Inuyasha y Ranma".
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【Rankane Week 2023】
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―4―
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RCP PARA PRINCIPIANTES
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—¡Akane! ¡Te quiero!
A tan absolutamente vergonzosa afirmación le siguió una enorme sonrisa, el chico tenía una confianza en sí mismo equivalente al peso del sistema solar.
Y después se zambulló en la piscina sin dejar de mirarla fijamente.
La aludida no cabía en sí de sorpresa, la chica del bikini amarillo se tapó la cara con ambas manos, avergonzada, mientras sus amigas pegaban grititos emocionados y otros tantos chicos aplaudían la temeridad del interesado.
Qué patético.
Apenas acababa de empezar la temporada de baño y Ranma ya tenía ganas de que acabara. Las hormonas revolucionadas de los adolescentes eran el menor de sus problemas, lo peor eran los universitarios graciosos y con ganas de darse un revolcón en los cambiadores.
Estaba harto de limpiar, estaba harto de pegar gritos y estaba harto de vigilar niños. No le pagaban lo suficiente, pero necesitaba cada yen para pagarse los estudios. Suspiró y se ajustó las gafas de sol. Se cruzó de brazos debajo de la sombrilla mientras no perdía ojo al efusivo enamorado, quien emergió del agua radiante y sin un ápice de vergüenza.
No le gustaba, los tipos como él le ponían de los nervios. Con sus músculos de gimnasio, su falso moreno, su sonrisa pagada de sí mismo. Él era auténtico, sus músculos eran fruto de años de disciplina en las artes marciales, su piel tostada de entrenar a la intemperie, a fuerza de sudor. Y respecto a la autoconfianza… Bueno, se sabía atractivo, pero él nunca, jamás, ni en un millón de años se atrevería a decirle a Akane que la amaba.
Porque la amaba, llevaba haciéndolo los últimos cinco años, desde aquella competición regional de artes marciales. Ella competía en el femenino, y él fue a mirar por simple curiosidad, fue un flechazo antes del primer KO.
Desde entonces y siempre que tenía ocasión, la miraba. Vivían en el mismo distrito aunque iban a institutos diferentes, eso había complicado las cosas. Además, al principio le costó un poco aceptarlo, Ranma siempre había pensado que prefería las chicas tranquilas y femeninas, y ella había resultado ser todo lo contrario.
Akane era enérgica y apasionada. Se metía en líos, se buscaba peleas, y era tremendamente popular entre los chicos. Además, estaba esa sonrisa. Cuando sonreía el mundo se iluminaba, sus ojos brillaban de forma especial y a él se le movía el suelo bajo los pies.
Una vez fue a visitar su dojô como excusa, acompañando a su madre. Resultó ser un lugar impresionante. Ella no estaba en casa, pero justo cuando se iba se cruzaron en la puerta, y ella le miró. Juraría que lo hizo, una larga mirada.
Obviamente le conocía, sería difícil no hacerlo. Él se había esforzado por estar en lo más alto de los podios de su categoría, y ella también hacía lo suyo en el femenino, ¿no deberían, al menos, ser amigos?
El chico de la trenza se cruzó de brazos enfurruñado, viendo como el otro tipo salía de la piscina e iba directo hacia ella. Sintió la bilis ascender por su garganta, ¿a quien quería engañar?
Lo envidiaba por ser capaz de hablar con Akane sin que se le trabara la lengua, por tener esa confianza, por poder gritar, sin vergüenza, que la amaba. ¿Y si a ella le gustaba? ¿Estarían saliendo?
Volvió a fijar la vista en la piscina, salió de debajo de la sombrilla, tocó su silbato y les gritó a un grupo de niños que dejaran de correr.
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Oh no. Oh no. Justo delante de él.
Akane se tapó la cara muerta de vergüenza, pero no por lo que todas sus amigas pensaban. Si había insistido tanto en pasar el día precisamente en esa piscina era porque se había enterado, casi por casualidad, de que él trabajaba allí.
Y no es que quisiera molestarle en su trabajo, pero no podía perder la oportunidad de observarlo por horas a cambio de una mísera entrada de doscientos yenes.
Por supuesto sus amigas habían invitado a otros tantos chicos de clase a pasar la tarde, y el resultado era que Shinnosuke había decidido declararse una vez más, esta vez en sus malditas narices.
¿Qué iba a pensar? ¿Que estaba saliendo con él?
Un peso frío se instaló en su estómago, llevaba estúpidamente enamorada de Ranma Saotome desde que era una cría. Ese chico se le había metido dentro de la cabeza desde la primera vez que le vio pelear, hacía ya tantos años, en aquel campeonato regional.
Y eso que se suponía que ella odiaba a los chicos, siempre le confundían con uno por llevar el pelo corto y practicar artes marciales. Con los años había intentado ser más femenina, y para su propio bochorno se había dedicado a pasear innecesariamente delante de su instituto. De hecho para hacerlo debía dar una vuelta de más de quince minutos de regreso a su casa, pero no le importaba si algún día conseguía verle.
Ranma era un genio, se movía como nadie. Además era guapo, y alto y tenía esos ojos de ensueño, y por si fuera poco parecía amigable, o al menos lo era con la gente que conocía. Le había visto hablar con sus amigos entre risas, una vez incluso le vio caminando junto a una chica. Ese día regresó a casa con la cabeza gacha y se dedicó a golpear un árbol del jardín hasta que le sangraron los empeines y los nudillos.
Lo peor era saber que para él ella siquiera existía como mujer, aunque la conocía, obviamente. Se había esforzado para que así fuera, dándolo todo en sus torneos, pero jamás se había atrevido a dirigirle una sola palabra. Ni siquiera aquella vez que lo encontró en su casa, de visita con su madre, ¡qué vergüenza!
Y siendo sincera, ¿cuanto más tiempo podría permanecer soltero? No tenía tiempo que perder, no podía seguir así, observado desde la lejanía.
Ignoró a Shinnosuke y se puso en pie. Debía decirle algo, llamar su atención. Se acercó al borde de la piscina, pero él estaba ocupado regañando a un grupo de niños.
Era un día especialmente caluroso, y ella se había puesto ese bikini tan provocativo que le había recomendado Nabiki "para seducir a tu artista marcial". Con las mejillas sonrojadas y las manos temblando se ajustó el pequeño sostén tipo bandeau y metió los pies de forma recatada dentro del agua, como había visto hacer a otras chicas.
Lo cierto era que no sabía nadar, pero ese era un secreto que prefería que no saliera a la luz. Él estaba dando una vuelta de reconocimiento a la piscina, seguro que la vería, seguro que, esta vez sí, se fijaría en ella.
—¿Nos bañamos? —dijo su pretendiente, ese día estaba especialmente insistente, lo cual de forma habitual solía pasar por alto.
—No, no me apetece. Así estoy bien —contestó Akane echando una rápida mirada al socorrista, el cual ahora se había detenido ante la llamada de un grupo de señoras.
—Vamos, deja de estar tan seria. Será divertido —insistió una vez más, tirando de su brazo y haciendo que se levantara. Akane le miró con el ceño fruncido, pero después vio pasar a todas sus amigas acompañadas de los chicos de clase, riendo, formando alboroto, y tirándose uno detrás de otro al agua.
—E-es que yo… —dijo intentando zafarse, lo que el chico interpretó erróneamente como un sutil coqueteo.
—Bien, de golpe es mejor, así no sentirás el frío —dijo tomándola por la cintura, en un gesto que la hizo pegar un grito de terror.
—No, no, por favor, ¡Shinnosuke! ¡No! —El chico la alzó en volandas sin parar de reír, esa clase de escenas no eran del todo raras en las piscinas públicas, protagonizadas por jóvenes con demasiadas ganas de pasarlo bien.
El muchacho la agarró y a pesar de toda su resistencia terminó por tirarla al agua mientras reía.
Lo último que escuchó Akane fue el agudo sonido del silbato del socorrista.
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Ranma se acercó hacia el estúpido tipo hecho una furia. Su figura por sí sola era imponente, pero sus pasos rápidos acompañados de su rictus enfadado hicieron que todos se alejaran a su alrededor.
Se retiró las gafas de sol mientras apuntaba con un dedo al imbécil y se lo enterraba en mitad del pecho con dos golpes secos.
—PROHIBIDO EMPUJAR —dijo con los dientes apretados, mucho más enfadado de lo que en circunstancias normales debería haber estado.
—E-estamos jugando, nada más —Se excusó el pobre chico encogiéndose sobre sí mismo, acobardado.
—Eh… —dijo una pequeña voz femenina en algún lugar.
—¡Es peligroso! —siguió Ranma—. Podría haber caído mal, o encima de alguna persona.
—¡Miré bien antes de tirarla! ¿Qué problema tienes?
—Tengo problemas con los chulitos como tú.
—¡Eh! —repitió la voz, de fondo.
—¿Chulito? Limítate a hacer tu trabajo y entretener a las señoras.
—¡No me digas cómo hacer mi trabajo!
—¡No ha salido! —chilló una de las chicas absolutamente histérica, y entonces, y solo entonces ambos dejaron de lado su pelea y miraron hacia la piscina.
Ranma perdió el color de la cara, y en menos de lo que dura un pestañeo ya se había zambullido en el agua, sin retirarse siquiera la camiseta.
Nadó más rápido que en toda su vida, se sumergió en lo más hondo de la piscina sólo para verla allí, forcejeando apenas, con la mirada ida.
La agarró por las axilas y la subió a la superficie, la arrastró hacia la orilla donde una multitud se había congregado. La llevó hasta el borde y de un empujón valiéndose de sus fortísimos brazos la sacó fuera del agua, apenas pesaba.
Salió el mismo impulsándose, y en pocos segundos estaba sobre ella, con su camiseta blanca transparentando empapada, con sus cabellos negros goteando sobre su rostro, mirándola con la respiración entrecortada, lleno de pavor.
Akane le devolvió una mirada borrosa, confusa, Ranma tomó aire y unió su boca a la suya, empujando dentro una bocanada. Ella desorbitó los ojos, la multitud soltó una exclamación.
Ranma se separó de su boca apenas unos centímetros antes de volver a apoderarse de ella con una nueva bocanada, Akane se retorció bajo él, se giró y comenzó a toser violentamente.
El chico se apartó y colocó una mano sobre su espalda, dándole golpes fuertes, cerciorándose de que ella respiraba de forma adecuada.
—Maldita sea, ¡casi la matas! —gritó alzando la mirada, el idiota enamorado estaba temblando.
—Yo… No sabía que ella no…
—Vamos, debe verte un médico —dijo Ranma alzándola en brazos sin más dilación, para absoluta consternación de Akane, quien no estaba muy segura de no estar muerta en realidad.
—P-pero… —intentó decir con voz estrangulada, él la miró con tal preocupación que no pudo más que guardar silencio.
—Hay una clínica del otro lado de la calle, no te preocupes, te pondrás bien —dijo él saliendo del recinto con ella en brazos, apenas llegó a calzarse unas sandalias y alguien le colgó una toalla y la bolsa de Akane.
Dio un par de indicaciones para que alguien se ocupara de llamar a la compañera que solía darle los relevos como socorrista y salió del lugar como alma que lleva el diablo.
Llegó hasta el lugar en unas cuantas zancadas, entró como un huracán, sin soltar a la muchacha hasta que un amable médico insistió en que podía encargarse él solo, es más, parecía conocer a Akane a la perfección.
El empapado socorrista se vio de pronto condenado a esperar en una pequeña sala, rodeado de personas mayores que le observaban con diferentes grados de curiosidad antes de comenzar a cuchichear entre ellos.
Ranma caminó arriba y abajo, como un león enjaulado, y finalmente se dejó caer en una de las sillas. Se pasó la toalla que llevaba al cuello sobre el pelo, después se percató de que tenía al hombro un gran bolso de corte femenino. El bolso de piscina de Akane.
Entonces y sólo entonces se permitió comenzar a pensar. Los nervios le mordieron el estómago con dientes afilados y puntiagudos, sus manos comenzaron a temblar. Ella había estado a punto de ahogarse mientras él se dedicaba a gritar a su novio, muerto de celos. Si le pasaba algo… Si por su maldita culpa ella…
—Quiere que entres —dijo el doctor, asomándose un momento a la sala, el chico se quedó unos instantes en shock, paralizado en su silla, como si acabara de escuchar mal.
Aún así se puso en pie, y con las piernas y los brazos tiesos, caminando como un robot, entró en la consulta.
Akane estaba sentada en la camilla igual de empapada que él, pero el color había regresado a su rostro y parecía sorprendentemente en buen estado.
—Es una chica fuerte —dijo el doctor dándole una palmada en la espalda—. Muchas gracias por salvarla —concluyó saliendo de la pequeña sala de exploración, seguramente para continuar con su trabajo.
Ranma se quedó pegado a la puerta como un pasmarote, sintiendo como sus mejillas se incendiaban, cómo le dominaba el pánico al mirar su expresión tímida. Akane se encogió ante su escrutinio y trató de taparse un poco con los brazos.
—¿Podrías… darme mi ropa? —fue lo primero que salió de sus labios, y Ranma se sintió como un completo imbécil al comprender que no quería verle a él, si no que simplemente quería su bolso.
—Ah, si, si, por supuesto —dijo dándoselo y después alejándose un par de pasos—. E-estás muy mojada, quizás necesites… —Le tendió su toalla, pero antes de que ella llegara a aceptarla se encontró dudando—. Aunque ya la he usado yo, puede que te de asco… Seguro que el doctor tiene toallas.
—No, no, es perfecta, gracias —dijo ella extendiendo la mano con premura para alcanzar la toalla.
—Bien, pues… —Se miró los pies, maldita sea, no sabía qué hacer con los pies—, creo que debería volver.
—Oh —dijo ella mientras se echaba la toalla por los hombros, arrugó las cejas profundamente decepcionada—. ¿Tienes que hacerlo?
El chico de la trenza dudó ante su pregunta.
—Aunque si necesitas que alguien te acompañe a casa quizás yo podría…
—Si —se apresuró a decir ella antes de que terminara la frase—, solo dame un segundo para cambiarme.
Ranma asintió, le dirigió una nueva y fugaz mirada antes de regresar a la sala de espera.
Tal y como había prometido Akane estuvo lista enseguida, comenzaron a caminar en un silencio tenso hacia el dojô Tendô. En un momento él le dirigió una mirada de soslayo, encontró a la chica encantadoramente sonrojada, con la yema de sus dedos posados suavemente en sus labios, pensativa.
El socorrista supo exactamente lo que estaba pasando por su mente, y no pudo más que intentar buscar una excusa.
—No soy un aprovechado —dijo—. Te estabas ahogando.
Ella pestañeó sorprendida.
—Lo sé —contestó rotunda—. No estaba pensando eso.
—¿No?
—Estoy mareada —dijo ella deteniéndose, Ranma la miró apenas un momento antes de agacharse dándole la espalda.
—Yo te llevo —Se ofreció, y para su absoluto deleite sintió el cuerpo de ella apretándose contra su espalda. Se puso en pie pasando la manos bajo sus piernas, llevaba un maldito vestido corto que dejaba toda aquella blanca y exquisita piel a su alcance. La sintió suspirar de absoluto alivio, apoyando la cabeza en su hombro en un gesto demasiado íntimo—. Tu casa no está lejos.
—¿Te acuerdas de donde vivo? —preguntó pasando las manos por su cuello, afirmando el agarre y prácticamente hablándole al oído. Al chico se le erizaron los cabellos de la nuca.
—Y-yo… Un día fui con mi madre, quizás no te acuerdes —inició una nerviosa excusa.
—Es difícil olvidarte, Ranma Saotome —dijo su voz, haciendo que su corazón diese una voltereta, un maldito salto mortal—. ¿Tú… sabes mi nombre? —preguntó ella sin embargo, con una ligera tensión en su voz, era una pregunta estúpida, claro que él sabía de ella, pero quería escucharlo, quería oírlo de sus labios.
—Akane —dijo en un tono profundo, agarrando con firmeza sus muslos y apretando el paso, el dojô Tendô apareció al final de la calle.
Ranma la dejó en el suelo en la misma puerta de su casa, con delicadeza, Akane le sonrió tímida.
—Me gustaría agradecértelo —siguió la chica.
—N-no es necesario —dijo él, aunque en el fondo estaba deseando que ella lo hiciera—. Es mi trabajo, no me debes nada. Además, tu novio podría enfadarse —soltó su maldita boca sin que pudiera controlarla.
—¡No tengo novio! —exclamó ella sonrojada, más rápida que el rayo, mirándolo con los ojos abiertos y los labios temblando—. No salgo con nadie, así que estoy absolutamente disponible para agradecerte por tu rescate.
—Oh —dijo él sin aliento, porque aquello sonaba a cita, lo mirara por donde lo mirara. Ella se tapó la boca, estaba encantadora, con el pelo revuelto y las mejillas ardiendo. Ranma no pudo evitar sonreír ligeramente invadido por la timidez—. Bien, ¿mañana a las ocho? Conozco un sitio especializado en yakitoris, y puedo dejar que me invites a cenar.
—Suena genial—ella le dedicó esa sonrisa hermosa y amplia, perfecta, enmarcada en su labios perfectos.
Ranma hizo un sonido atragantado que disimuló girándose un poco pasándose una mano por el pelo. Tomó aire, le quemaba.
—Entonces pasaré a buscarte mañana —dijo mientras daba varios pasos de espaldas, Akane le miraba fijo, sus ojos enormes brillando.
—Te espero —susurró, y él supo lo que había dicho simplemente por el movimiento de sus labios, esos labios que tenía todas las intenciones de volver a tomar.
El socorrista regresó trastabillando y con la cabeza en las nubes a su puesto de trabajo. La verdad es que había sido la primera vez que había tenido que realizar un boca a boca, aunque si recordaba bien las indicaciones del instructor, no la había aplicado de forma estrictamente necesaria.
Le habría bastado con incorporarla y darle unos pequeños golpes en la espalda, animándola a toser.
Siempre podría excusarse en los nervios, pero en honor a la verdad, sí que había sido un poco aprovechado. Porque en aquel instante, con el corazón descontrolado y el cerebro espídico habría gritado de absoluto alivio al ver sus ojos abiertos. No supo qué había pasado, simplemente sus instintos le dominaron y lo hizo. Demonios, de haber estado en cualquier otro lugar la habría besado bien y no con aquel malogrado intento de respiración asistida.
No había sido un beso ideal, pero es que él sólo era un principiante. Tendría que practicar mucho, y estaba dispuesto a empezar al día siguiente, cuando la acompañara a casa al terminar su cita.
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Cuarto día de nuestra semana y cuarta locura.
El tema de hoy era "Beso ideal", pero claro, no tengo claro que entre ellos exista algo así como "ideal" sin ser una completa locura.
En este nuevo AU mi mayor inspiración ha sido el CALOR que hace en España y el veranito, ¿que si he visto algún socorrista buenorro? Me temo que este año aún no, pero no pierdo la esperanza. En todo caso creo que Akane ha recibido toda la atención que pretendía. Cuando escribo a Akane jamás suele tener un caracter tan lanzado, pero me vais a permitir un poquito de OOC en favor de la diversión.
Gracias de nuevo a Lucita-chan y a SakuraSaotome por todo su arduo trabajo.
¡Nos leemos mañana!
LUM
