Cosmos congelado
capitulo 4.
Camino Helado
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Degel despierta con el sonido de cubiertos chocando contra la vajilla. Aunque al principio le cuesta trabajo ubicarse, pronto recuerda la situación que Kardia había tenido la noche previa y deja escapar un suspiro al ver al hombre sentado frente a la mesa, evidentemente recuperado y comiendo como desesperado, aunque todavía sin rastro de su ropa… ni de vergüenza.
-Aunque me alegra ver que estás mejor, preferiría no tener que soportar la vista de tus partes nobles.
Kardia voltea y le dirige una enorme sonrisa atiborrada de comida a su amigo.
-¡Hey! ¡Que bien que ya despertaste! Ya empezaba a preocuparme. Espero no te moleste que también me comí tu plato. Como no sabía a que hora te levantarías, pensé que no era justo que se enfriara tan deliciosa sopa. O peor aún, que se desperdiciara.
Degel voltea los ojos, la sonrisa pícara de su compañero casi lo hace gruñir de la frustración, pero, siempre el estoico, sólo hace un gesto de invitación con la mano.
-Por supuesto que pensaste eso. Pero adelante, no tengo inconveniente.
-¡Gracias! - Sin esperar más palabras, el caballero desnudo mete de nuevo la nariz en el plato, a pesar de lo cual continúa con la conversación, que esta vez es difícil de seguir por tener la boca retacada de comida. - ¿Por cierto, por qué te pusiste mi camisa en lugar de la tuya? No es que tenga objeción, por supuesto, pero se me hace extraño, con lo quisquilloso que eres…
Degel gruñe.
-Precisamente por eso, ¿o acaso ya lo has olvidado? Dado lo impúdico que eres, tuve que usar mi camisa para cubrirte pues todo el mundo te estaba viendo tus partes más impropias. Creo que después de eso, no volveré a utilizar esa camisa. O alguna que se le parezca.
Kardia voltea los ojos y encoge los hombros con desenfado.
-Aún no entiendo por qué te inquietas de que yo ande sin ropa. Es mucho más cómodo, ¿sabes? Te relajas como no tienes idea, algo que tú necesitas desde hace mucho tiempo, hermano. – Kardia sigue masticando, manteniendo el hilo de la conversación con el mismo desenfado. – Deberías intentarlo alguna vez. Le hará bien a ese helado corazón tuyo.
Como respuesta, Degel le lanza su propia camisa, la que le cubriera la pelvis, y que dejó tirada en el piso helado al levantarse buscando alimento.
- No pienso contestar nada más hasta que te hayas vestido completamente. Ya te lo dije, no es agradable la vista de tus vergüenzas.
La prenda golpea a Kardia sonoramente en el hombro, pero este la atrapa antes de que caiga al piso, sin ofenderse en lo más mínimo.
-¿Cuál es el problema? No es que te vayas a topar con algo que nunca hayas visto en tu vida, los dos tenemos lo mismo… claro, en diferentes proporciones. – El joven guiña el ojo y recibe como premio un almohadazo directo en la cara. - Pfff, andas muy delicado, Degel. - El peliazul protesta del ataque en lo que avienta la almohada a su lugar.
Degel se obliga a reprimir la sonrisa que pelea por dibujarse en su rostro, al recordar las mejillas sonrojadas de alguien en particular que sí se topó con algo que nunca había visto en su vida.
-Y tú andas muy parlanchín e impertinente. Mejor ve a reponer mi plato antes de que me hagas enojar de verdad.
-¡Está bien, está bien! - con una mano el hombre se empina el plato para terminarlo de un sorbo, y con la otra termina de acomodarse la camisa. - ¿Cuál es el plan de hoy?
-Resulta que yo tenía razón y Elsa pertenece a la realeza. Ayer, en lo que tú te divertías, nos invitó a su pequeño reino: se llama Arendelle, y es gobernado por su hermana. Parece que en su castillo hay una biblioteca lo suficientemente grande y antigua para obtener información sobre el poder que busca Hades, por lo que nos invitó para buscar lo que necesitamos y así poder seguir con nuestra misión. – Degel no se da cuenta que una ceja azulada se levanta, llena de incredulidad y diversión, mientras él sigue su monólogo. – Dice Elsa que abdicó no hace mucho en beneficio de su hermana, para poder quedarse a cuidar los Northuldra. Realmente no me contó mucho, pero suena fascinante, ¿no crees? Me encantará saber un poco más sobre esa historia, en lo que hacemos el viaje…
El silencio que de pronto lo ha rodeado interrumpe su perorata, cuando finalmente cae en la cuenta de que Kardia lo observa silencioso y divertido, inusitadamente atento a la información que le comparte.
-¿Qué te pasa?
La sonrisa de Kardia se ensancha.
-Así que… ¿invitados de Elsa, eh? ¿Que paso con lo de 'su Majestad?' ¿ya son tan amigos?
-Eso no te importa.
-¡Jajajaja lo sabía! ¡Caíste de inmediato en sus redes! Y no te culpo hermano, ¡es preciosa! pero me alegra saber que, si ella te permite esas familiaridades y hasta nos está invitando a su castillo, significa que también la hiciste caer en las tuyas. - un sorpresivo zapatazo dirigido a la cabeza, que apenas logra atrapar, lo hace trastabillar. – ¡Woah! ¡Pero no necesitas enfadarte tanto!
Degel le gruñe a su compañero, molesto por no haber logrado golpearlo.
-Más te vale que seas respetuoso con ella. En efecto es realeza, y fue la dueña de ese castillo, así que compórtate como su invitado de honor y no me hagas pasar vergüenzas como ayer.
Kardia se queda serio con sus palabras.
-¿Ayer? ¿Que hice ayer?
-¿Que recuerdas?
-Solo haber estado bailando y de pronto sentirme muy mareado y con dolor de cabeza. Te empecé a buscar, pero me moría de sed, así que tomé de un té muy raro que tenían para nosotros.
Degel mueve la cabeza, incrédulo.
-No era té, debió haber sido glögg.
-¿Un qué?
-Glögg, un vino caliente que… uff, olvídalo. El punto es que, cuando regresé estabas ebrio, desnudo y metiéndote con una chica local.
Eso lo paralizó.
-¿Qué…? ¿Yo? ¿Estas…? ¿Qué tan…?
-Por lo que pude ver, hasta el fondo.
Kardia se dejó caer pesadamente sobre el respaldo del silloncito, mientras se pasa las manos por el frondoso cabello.
-Rayos… de las mil cosas que pude haber hecho estando ebrio… lo peor es que no tengo ningún recuerdo de eso… - apesadumbrado, Kardia se pasa la mano por el rebelde cabello, para voltear de nuevo a ver a su compañero, completamente consternado, - sé completamente honesto conmigo, Degel: dime ¿ella era bonita?
Degel resopla ante la pregunta infantil.
-Vaya que eres un idiota…
Pero para su sorpresa, Kardia no le regresa el insulto y sólo mueve la cabeza en una negativa, realmente apesadumbrado ante sus posibles actos. Degel aprovecha que se ha quedado en silencio por, al menos, un momento, para lanzarle sus pantalones y su ropa interior.
-¿En verdad no recuerdas nada de eso?
Kardia, aún con la mirada perdida mientras trata de recordar los eventos de hace unas horas, permite que sus manos se muevan de manera automática mientras se coloca el resto de su ropa, cuando finalmente suspira, apesadumbrado.
-Por más que intento recordar algo, te juro por Atena que no. La noche anterior es como una mancha borrosa en mi mente.
Degel lo mira con semblante serio.
-Pues esa chica lo va a recordar muy claramente el minuto que salgas de aquí. Y Elsa también. La impresión que dejaste en ella evidentemente no fue muy agradable.
-¡¿También lo hice con Elsa?! - El peliazul se incorpora de un salto, asustado, pero, tiene que admitirlo, también esperanzado.
Una segunda bota voladora esta vez lo toma por sorpresa y le da de lleno en la cara, haciéndolo sangrar.
-¡Degel! ¡Me rompiste la nariz!
-¡Te lo tienes bien merecido por pensar esas estupideces! Yo que tú, ni siquiera podría ver a Elsa a los ojos: esa hermosa y digna mujer te vio en tu peor estado: desnudo, borracho y enfermo. Realmente me avergonzaste enfrente de ella. Además, ¿cómo te atreves a pensar que se acostaría con alguien como tú? Ella pertenece a la realeza. No caería tan bajo. Y lo que es peor, Elsa ve este bosque como un lugar al cual tiene la obligación de proteger, y eso incluye a su gente. Y tú no fuiste precisamente respetuoso y cuidadoso con ella ni mucho menos con su gente. ¿Tú que crees que debe de estar pensando de ti, ahora? ¿De nosotros?
En su defensa, Kardia se ve un poco compungido ante las palabras de su compañero.
-Bueno, entiendo tu punto, pero… tú también tienes la esperanza de que ella se acueste contigo, y no eres precisamente realeza.
Degel se pone tan rojo, sin saber si de furia o vergüenza, que Kardia mejor sale disparado del lugar, seguro de que su vida se encontraría en peligro inminente si decidiera quedarse un segundo más. Cuando sale, se encuentra con que el sol ya está alto en el cielo, y existe un gran bullicio alrededor de la mesa comunal, donde grupos de Northuldra de todas las edades se encuentran sirviendo el desayuno, mientras charlan animadamente sobre la noche previa. Algunos evidentemente más despiertos que otros.
Muy cerca del enorme caldero que contiene la deliciosa y caliente sopa, Elsa se encuentra ayudando animosamente a las cocineras que atienden a los más atrasados del grupo, cuando logra vislumbrar la figura del peliazul desde lejos gracias a la altura del joven caballero, cuya cabeza sobresale de los Northuldra promedio. A pesar de sentirse aún apenada por los acontecimientos de horas antes, (y principalmente, por la vista que tuvo de sus… características) decide confrontar la vergüenza de una vez y acercarse al joven. Toda su vida fue entrenada para ser reina, por lo que sabe muy bien manejar situaciones incómodas. Un tropiezo así no la hará dudar de sus habilidades diplomáticas, que tanto trabajo le costó a su adorado padre inculcar a la asustada adolescente que alguna vez fue.
Ni en mil años lo permitirá.
Con ese pensamiento en mente para armarse de valor, y antes de que este decaiga, la albina agradece a sus compañeras y se apresura a darle alcance al hombre.
-Buenos días Kardia. ¿Como te sientes?
El peliazul da un brinco al escuchar su cristalina voz, como si tomado por sorpresa, y sonríe de forma incómoda, tratando de no pensar en la opinión que ahora ella seguramente tendría de él, mientras las duras palabras de su compañero hacen eco en su mente.
-Bu-buenos días, señorita Elsa. Yo… mucho mejor, gracias. Degel es muy buen enfermero.
Una preciosa sonrisa se dibuja en ese rostro aperlado, iluminando el día del joven caballero. ¿Degel está seguro de que Kardia no lo hizo con ella? Él tampoco puede negar que le encantaría retozar con esta hermosa mujer, aunque sea sólo una vez… La melodiosa voz de la albina lo saca de sus pervertidos pensamientos.
-Me alegra mucho oír eso. Veo que estas buscando comida, ¿no fue suficiente un plato?
Kardia ríe nerviosamente y se lleva una mano a la nuca.
-No precisamente… Aún tengo hambre, pero más bien vengo a buscar el desayuno de Degel, eh… por error me comí su plato y no amaneció muy feliz.
La joven se lleva el dorso de la mano a los labios en un gesto muy femenino y elegante mientras ríe quedamente, divertida. Kardia empieza a entender cómo fue que Degel adivinó su estatus de realeza.
-Te entiendo, te puedo ayudar a ir por uno si quieres. No me gustaría que permaneciera enojado contigo más de lo necesario.
Kardia se inclina ante ella, blandiendo una enorme y pícara sonrisa plasmada en su rostro.
-Sería todo un honor tener de guía a tan bello miembro de la realeza Northuldra.
Elsa ríe discretamente ante su actitud obviamente sarcástica, segura de que cada vez le cae mejor este joven caballero, por lo que hace una reverencia siguiéndole el juego.
-Aunque tendré que corregirte, pues más bien es realiza de Arendelle, pero el honor sería mío, mi señor visitante de tierras lejanas.
Kardia levanta una ceja ante sus palabras, mientras le ofrece el brazo.
-'¿Señor de tierras lejanas?' Creo que alguien ha estado platicando mucho con Degel.
Elsa se encoje de hombros como respuesta.
-Bueno, ¿acaso puedes pensar que fuera de otra manera? Tenía que interrogarlo, pero te aseguro que no me costó trabajo en absoluto sacarle información: me ha confesado todo, desde sus orígenes hasta los tuyos. – La sonrisa de suficiencia en los rojos labios arranca una pequeña risa del joven peliazul, quien niega con la cabeza.
-¡Pobre de mi hermano! Ya lo tienes completamente en tus manos.
-¿Estás tratando de decirme que habitualmente Degel es un hueso duro de roer?
Kardia le guiña el ojo a la joven.
-Como un témpano de hielo.
Elsa se queda pensando un momento, para después sonreír con satisfacción.
-Bueno, creo que ha encontrado la horma de su zapato.
-Y que lo digas, mi bella dama. Estoy convencido de que esa horma está al rojo vivo, derritiendo eficientemente su helado corazón.
Mientras la joven albina guía a su acompañante para formarse a la fila de gente esperando se le sirva un plato, Elsa baja la mirada para evitar el rubor que amenaza teñir sus mejillas, y decide cambiar el rumbo de su conversación.
-¿Ya te comentó Degel qué haremos el día de hoy?
-Sí, me comentó que nos has invitado a tu castillo. ¿Entonces es cierto? ¿Perteneces a la realeza?
Elsa le sonríe suavemente, aunque Kardia no puede evitar pensar que se distingue un discreto dejo de tristeza debajo de esa sonrisa.
-Sí, en algún momento fue mi castillo, pero ahora pertenece a mi hermana Anna, y precisamente ya me ha contestado que está más que lista para recibirnos. Así que espero no nos tardemos mucho en ir.
Kardia resopla, divertido.
-No te preocupes. Degel se asegurará de que partamos pronto. Para él cada minuto cuenta, así que no nos permitirá entretenernos más de lo necesario.
Una delicada ceja se levanta ante la respuesta.
-¿Escucho un poco de molestia debajo de ese tono?
Kardia encoje los hombros.
-Bueno… Degel dice que iremos a una biblioteca a recabar información. Y cuando Degel se mete a una biblioteca, es seguro que estaremos horas dentro de ella.
-¿No te gusta la idea?
-Lo de recabar información lo entiendo, aunque no es mi forma de actuar. Lo que definitivamente no me convence es lo relativo a los libros. ¿Por qué, si podemos hacer cosas más útiles, tenemos que meter las narices en toneladas de letras y más letras?
-Algunos dicen que el conocimiento es poder, y el conocimiento más amplio sólo se encuentra en los libros.
-Sí, Degel dice eso todo el tiempo. Aunque si te soy sincero, sólo a él lo he escuchado decirlo. Y bueno, ahora a ti, si eso cuenta.
Elsa no puede evitar sonreír al sentir la reticencia del caballero, que le recuerda tanto al rechazo tan abierto que Anna tenía a sus incursiones en la biblioteca una vez que Elsa se volvió regente. Mientras extiende la mano para recibir el plato de sopa caliente que una Northuldra le tiende, la joven hace un esfuerzo por no ponerse nostálgica por el recuerdo de su hermana, y recupera el hilo de la conversación.
-¿No crees que Degel esté haciendo lo correcto?
-Yo no dudo de él en ningún momento. Es demasiado inteligente, ¿sabes? Demasiado astuto. Mi fe en él es absoluta, así que, si Degel dice que es lo correcto, entonces yo le creo. Es simplemente que preferiría que fuera algo más… afuera, ¿me entiendes? Algo más bien al aire libre, más que estar enterrados en una pila de libros en algún sótano lúgubre acompañados de lámparas de luces moribundas.
Una pequeña risa se le escapa a la albina ante las palabras del joven peliazul.
-Hablas demasiado rebuscado para ser alguien que declara no gustarle los libros.
-¿Y cómo podría ser de otra manera, teniendo a Degel hablándome día y noche de mil teorías e historias? Él sólo habla y habla de libros, de infinidad de leyendas y enseñanzas. No conoce otra vida más que la que existe en esas páginas. A veces logro bloquear el sonido de su voz, pero la mayoría de las ocasiones no me queda de otra más que escucharlo. ¡Es insufrible!
Esta vez, Elsa no puede evitarlo y ríe abiertamente al ver los aspavientos del joven caballero, tan parecidos a los de su querida hermana.
-Me lo imagino. Bueno, si estás de acuerdo, y para que no tengas que sufrir tanto, puedo coordinar que te presten las áreas de entrenamiento de los soldados arendellianos para que te entretengas mientras Degel y yo buscamos en la biblioteca esa información que tanto necesitan. ¿Te suena mejor esa actividad?
-Me encant…
Pero no logra terminar la frase, ya que un cuerpo tibio y suave colisiona con el de él.
-¡Kardia! ¿Como estás? ¿Como te sientes? ¡Ven! ¿Tienes hambre? Yo te conseguiré un plato.
-¿Y tú… eres…?
-¡Jajajaja como siempre tan gracioso! Soy Honeymaren, ¿recuerdas? Ayer te quedaste en mi tienda.
El peliazul se pone rojo como un tomate al darse cuenta de quién se trata la chica que lo tiene abrazado con tanta fuerza, pero antes de que pudiera rechazarla, siente la mirada inquisitiva de la albina ante la pregunta de la muchacha, y sospecha que le iría muy mal si da una respuesta equivocada.
-¡Ah! ¡Jaja… sí claro! ¡Te recuerdo, claro que te recuerdo! Perdón, aún ando dormido. - El atemorizado joven da un paso hacia la albina, buscando zafarse de esa situación. - Me tendrás que disculpar, pero…
-No te apures, Kardia, ve con ella. - Elsa interviene para impedir que el peliazul se escape, alejando de él el plato de sopa. - Yo atenderé a tu amigo.
Kardia ve a la albina con ojos suplicantes, pero ésta, con una mirada divertida, solo lo despide con un elegante movimiento de sus dedos, mientras Honeymaren lo abraza de la cintura para llevárselo al comedor.
-Ven, mi amor, no te preocupes por Elsa, ella entiende la razón por la cual estoy aquí: ¡para atender a mi hombre!
Elsa ríe abiertamente, al ver la mirada turbada del joven mientras es arrastrado por su mejor amiga, en eso, una voz varonil muy cerca de su oído le provoca un sobresalto.
-Espero que esa risa sea por algo positivo, y no por la cara de terror que tiene Kardia.
Cuando Elsa voltea a verlo, Degel le regala la mejor de sus sonrisas, pero la joven mantiene la suya juguetona, mientras pelea en silencio con el ritmo acelerado de su corazón ante la inesperada cercanía del alto hombre, y agradece no haber tirado el plato de sopa al momento de sentir su tibio aliento sobre el oído.
-Yo no tengo la culpa de que la cara de sufrimiento de Kardia sea tan entretenida.
-Estoy convencido de tu inocencia. ¿Ese plato es para mí?
Elsa asiente y le entrega el trasto caliente, invitándolo a sentarse en la mesa comunal. Una vez que el hombre toma su lugar, ella ocupa el que se encuentra en frente de él, tomando únicamente un vaso caliente de leche de reno.
-¿No vas a desayunar?
-Ya lo hice hace un par de horas; de todos modos, muchas gracias por preguntar. Ahora prefiero acompañarte un poco.
Degel asiente, infinitamente agradecido.
-Será un placer tomar los alimentos con tan agradable compañía. Y me alegra doblemente, pues quería platicar contigo antes de partir.
-Claro. Dime.
Elsa deja a un lado su taza y recarga ambos codos sobre la mesa, mientras entrelaza los dedos y aprovecha para descansar la barbilla sobre el dorso de sus manos, dedicándole al hombre una mirada llena de concentración por debajo de las largas pestañas, y tan fija en los ojos amatista de él, que lo hace perder el aliento por un momento. En la parte del cerebro del caballero que aún puede procesar pensamientos coherentes, se pregunta cómo hace esta mujer para parecer tan seductora, sin realmente intentarlo. El hombre carraspea para recuperar su compostura.
-Todos comentan sobre tu gran hazaña al controlar a dos espectros, de cómo arriesgaste tu vida, y de cómo demostraste gran valor y fortaleza a pesar de haber recibido algunas lesiones en el proceso, lo cual lamento enormemente que hubiera tenido que ser así. Y ciertamente no dudo en absoluto en tu capacidad para derrotarlos, pero aún me intriga su destino, pues no he escuchado del final de esa batalla, y sinceramente no me da la impresión de que seas una persona que entierra los cuerpos de sus víctimas.
Elsa se estremece ante las palabras.
-Eso es porque en efecto, yo no los enterré.
-¿No murieron?
-No. No soy una asesina.
Degel suspira hondo.
- Bueno, pero, te estaban atacando, tú sólo te defendías, y no sólo a ti misma, sino a tu amiga Northuldra. No es asesinato cuando está en riesgo la vida de alguien, ni cuando estamos en guerra.
Elsa niega con la cabeza, sintiéndose un poco indignada.
-Puede que sea asesinato justificado, pero es asesinato, al fin y al cabo.
Degel le sonríe de nuevo a la joven.
-No me gustaría discutir contigo la definición de legítima defensa ni la ética y la moral de la guerra en estos momentos, pues no creo que tengamos mucho tiempo y eres demasiado inteligente como para convencerte con algunos pobres argumentos, además de que, por lo que me has contado, tienes demasiado conocimiento sobre el tema, como para que yo salga tan bien librado si llegáramos a tener esa discusión.
Elsa sonríe aceptando el elogio, mientras sus mejillas se tornan de un suave tono rosado.
-Veo que gustas de halagarme, pero exageras demasiado. Mi conocimiento únicamente es teórico, en cambio estoy segura que tienes mucha práctica en la materia, por lo que tengo la certeza de que ganarías esta discusión.
Degel amplía su sonrisa y se inclina un poco hacia adelante, acercando su rostro al de la joven.
-Bien, no pienso negarlo, ni que tengo práctica, ni de que gusto de halagarte, aunque de todas formas siento que serías una digna rival si llegáramos a tener esa discusión.
Elsa se estremece ante la cercanía, pero no se echa para atrás, adoptando una actitud retadora y divertida mientras sus ojos se entrecierran, provocativos.
-La cual no tendremos ahora.
Degel resopla un poco ante su respuesta, divertido por la obstinación de la joven.
-La cual no tendremos ahora. Creo que hay cosas que apremian más que el placer de disertar contigo, y, si me permites ser honesto y preguntarte directamente, lo que me preocupa es saber qué hiciste con esos espectros. Si no terminaste con sus vidas, como insisto que hubiera sido lo más prudente, dudo mucho que los dejaras libres.
Elsa se endereza en su asiento, un mohín de decepción en los labios al ver que no habrá dicha batalla verbal, pero acepta el hilo de la conversación y, por la misma razón, decide ignorar la recomendación del caballero.
-En efecto, libres no están. Están prisioneros en un ataúd de hielo, custodiado por los Hermanos Gigantes de Piedra.
Los ojos de Degel se abren como platos ante la información, mientras se endereza, visiblemente sorprendido.
-¿Puedes hacer ataúdes de hielo?
Elsa levanta la barbilla, orgullosa.
-Sí, por supuesto. Así que no tienes nada de qué preocuparte: ten por seguro que están bien aprisionados.
Degel se queda pensativo por un momento.
-No lo sé, Elsa… los espectros son poderosos, dependiendo de los rangos con los que te hayas encontrado. Me preocupa que de alguna manera se liberen y terminen siendo un peligro para tu comunidad Northuldra. Me gustaría, después de obtener la información que necesitamos, que me permitieras hacerles una visita, ver si puedo reforzar la prisión que creaste.
Una delicada ceja se levanta, retadora.
-¿No confías en mí? ¿O en mis poderes?
Degel le toma una mano, tratando de reafirmarle sus sentimientos, y Elsa se encuentra a sí misma imposibilitada para retirarla.
-Confío en ti absolutamente. En quien no confío es en ellos. Son tramposos y peligrosos, y te lo repito, no quisiera que los Northuldra estuvieran en peligro porque nosotros no tomemos precauciones extra. Además, sus compañeros se encuentran alrededor de este bosque. Si ellos mismos no tienen el poder de liberarse de las ataduras que les impusiste, temo mucho que alguien logre ayudarlos, para lo cual, el resultado sería el mismo.
Elsa se resiste un poco a que duden de sus habilidades, pero, al fin y al cabo mujer inteligente y práctica, acepta la posibilidad del riesgo, así como la ayuda que este hombre tan caballerosamente le ofrece.
- Siendo así, ¿no prefieres que vayamos primero a ver a esos espectros, antes de ir a Arendelle? Creo que sería demasiada vuelta ir con mi hermana para luego regresar.
Degel niega con la cabeza.
-Se que será muy pesado para ti, pero el tiempo apremia para obtener la información que requerimos, y en cambio, confío en tus capacidades. Es simplemente que quiero tener la certeza de que estarás a salvo en el bosque una vez que nos vayamos de tus tierras, asegurarme de que esos espectros permanezcan encerrados. No es mi intención entrometerme ni ofenderte, sólo me preocupo por ustedes.
Elsa suspira, apesadumbrada, mientras finalmente logra recabar la fuerza de voluntad suficiente para retirar sus manos de las cálidas del hombre, casi arrepintiéndose al momento de perder ese delicioso contacto.
-Entiendo. Está bien, será como me pides: iremos primero al castillo de mi hermana, y después regresaremos al norte, para que puedas ver a los espectros y reforzar esa seguridad. ¿Eso te dejará más tranquilo?
Degel le sonríe ampliamente.
-Mucho más tranquilo. Gracias.
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Un par de horas después, prácticamente todos los Northuldra se encuentran a las orillas de la aldea para despedir al trío, Degel estrechando manos en agradecimiento y Elsa recibiendo las bendiciones de los líderes Northuldra, Yelana la última en darle el suyo, pues, por alguna razón que no sabe interpretar, siente un tremendo nudo en la garganta mientras coloca su palma sobre el pecho de la joven, donde reside el corazón, percibiendo una ominosa presión en su propio pecho ante la idea de dejarla ir a su nueva aventura.
-Por favor, Elsa, cuídate mucho. Sé que eres sensata y prudente, pero ahora más que nunca deberás de serlo.
Elsa le sonríe a la anciana Northuldra, mientras posa ambas manos sobre los delgados hombros.
-¡Oh, Yelana! No deberías preocuparte de esa manera. Sabes que soy poderosa, sabes bien que los cuatro espíritus me protegerán. Y sabes mejor que todo el mundo, que yo me encargaré de protegerlos a todos ustedes. Esa es mi promesa.
La anciana apenas reprime el llanto que se le escapa, preocupada de que su imagen estoica sea manchada, y abraza a la albina con fuerza, mientras acerca los labios a los blancos y castos oídos de la joven.
-También prométeme que usarás protección con cualquiera de estos muchachos.
Elsa se separa de ella mientras una delicada ceja se levanta, completamente perdida en el significado de sus palabras.
-¿Yelana? ¿A… a qué te refieres?
La Northuldra, quitándose una lágrima de las mejillas, le sonríe con complicidad.
-Ya sabes. Está bien que honres a Beiwe, pero dudo mucho que tu hermana quiera adquirir un heredero de esa manera.
Elsa abre mucho los ojos mientras siente cómo se tiñen de rojo sus mejillas, orejas y cuello al entender la insinuación de la mujer, cuando esta finalmente se separa de ella y se retira, riéndose al ser testigo de la virginal y esperada reacción de la chica. El Quinto Elemento aún se siente consternada, sin poder contestar, cuando sus ojos se topan con la figura de un igualmente consternado Kardia, que busca mil maneras, que no sean tan maleducadas, de deshacerse de los mil brazos que parecen haberle brotado a Honeymaren, pues la mujer lo tiene atrapado del cuello y de la cintura.
-S-sí… claro que sí te extrañaré… eh… Honeymaren… p-pero por favor, suéltame ya, tengo que irme con Degel.
-Y te soltaré, amor mío, sólo dame un beso más…
La joven Northuldra atrapa los labios de Kardia en un profundo y arrebatador beso, que no deja respirar al peliazul. Para su suerte, Ryder, después de estrechar la mano de Degel en despedida, (y amenazarlo de las mil muertes que tendría si descuida a Elsa por un segundo), acude a salvar el pellejo del Escorpión, al tomar a la chica de la cintura con ambos brazos y levantarla en vilo, arrancándola del cuerpo de Kardia y haciéndola gritar.
-¡Ya está bien, hermana! ¡Me avergüenzas!
Con piernas y manos pataleando y manoteando en el aire, la joven vivaracha lucha contra el fornido varón para liberarse, sin muchos resultados.
-¡Suéltame, bruto! ¡Tengo que despedirlo como es debido!
Ryder, en su defensa, resiste estoicamente los arañazos e insultos de su hermana, mientras hace gestos al hombre para que se aleje. Kardia no necesita que se lo digan dos veces, y sale corriendo en dirección de sus dos compañeros, que ya han empezado a adentrarse en el bosque.
-¡Hey! ¡Tienen que esperarme!
Degel y Elsa voltean a verlo por encima del hombro, riendo lo más discretamente posible, ante el predicamento del caballero. Una vez que les da alcance, Kardia se coloca entre ellos, jadeando, pero con una enorme sonrisa en el rostro al reiniciar su aventura… y deshacerse del predicamento en cuestión.
-¿Y bien? ¿Cómo haremos nuestro viaje?
Elsa, aún sonriendo, les señala hacia las sombras del bosque, mientras los guía hacia un pequeño claro.
-Arendelle está hacia el sur, a medio día de camino, si nos vamos a pie.
-Eso es demasiado tiempo… - Se preocupa Degel. - ¿Existe algo que podamos hacer?
La chica levanta una ceja mientras les regala una sonrisa que, sin intención, se vuelve seductora, provocando que el corazón de los dos hombres se salte un latido.
-Por suerte, vienen conmigo. ¡Nokk! ¡Ayúdanos!
Con un gesto de ella, el majestuoso caballo de agua sale del pequeño arroyo que divide en dos el claro, para caminar alrededor de la albina y luego acercar la testa, como invitándola a que lo acaricie. Elsa sonríe y pasa su mano tiernamente sobre la frente de la magnífica bestia para, con la otra mano, tomar su quijada y desde ahí congelarlo, creando de él un precioso modelo equino hecho de escarcha. Nokk relincha y pasea de nuevo alrededor de ella, su andar y sus gestos mostrando cuán orgulloso se siente de su apariencia. Y no es para menos, pues la escarcha rompe la luz del sol de una manera impresionante, como si mil diamantes formaran su cuerpo. Degel se acerca a él, maravillado de su apariencia.
-¿Puedo…? - Más que a Elsa, la petición es hacia el mágico animal, aunque es la albina quien le contesta con un asentimiento de cabeza, para después tomar la mano de él, tratando de ignorar el escalofrío que le recorre ante el contacto, y guía sus dedos hacia la frente de la fantástica bestia. Nokk bufa inquieto, pero le permite hacer, y Degel se estremece ante la sensación de su palma contra la escarcha. - Es… fantástico… Elsa, esto es… eres maravillosa… - Kardia carraspea ante la abierta declaración del peliverde, para después soltar una carcajada al ver el rojo intenso de las mejillas, orejas y cuello de la joven, de la que hace eco el caballero. - Emh… quiero decir que… es maravilloso lo que haces con la nieve… yo… yo nunca…
Kardia palmea fuerte a su compañero en la espalda, para llegar y salvarlo de la situación.
-Estoy de acuerdo, es increíble lo que hiciste con tu mascota, - Nokk bufa enojado ante la burla, pero no hace más, - sin embargo, es solo uno, y nosotros tres, dudo mucho que pueda llevarnos a todos.
Por respuesta, Elsa levanta una ceja, como si aceptando el reto.
-Es que aún no has visto nada. - Con un movimiento de sus manos, crea pequeños torbellinos de nieve, los cuales toman la forma exacta de Nokk, terminando en bellos muñecos de nieve en forma de caballos, reproduciendo casi a la perfección la forma del indómito espíritu del agua.
-Bien… - dice Kardia, impresionado sólo parcialmente. Ya antes había visto a Degel hacer figuras con el hielo, si bien, tiene que admitirlo, no tan perfectas. - ¿nos subimos y hacemos de cuenta que estamos avanzando?
-¡Kardia!
Pero Elsa no está ofendida, y al contrario sonríe, cuando Nokk olfatea uno de los muñecos, el cual imita el gesto, sobresaltando a la magnífica bestia y a los dos caballeros.
-¡Whoa! - exclama Kardia, mientras él y Degel dan un paso atrás. - ¡el muñeco se movió!
Elsa sigue sonriendo, mientras se acerca al 'muñeco' más cercano a Degel.
-Aún no entiendo el motivo de esta habilidad, - dice tranquila, mientras acaricia la crin del caballo helado, el cual mueve la cabeza, evidentemente complacido por la atención, al mismo tiempo que Nokk lo olfatea por detrás de la mano de ella, - pero por alguna razón los muñecos de nieve que creo, si los creo con suficiente sentimiento en mi mente, cobran vida.
Degel se acerca a ella y al caballo con cautela, pero a la vez con toneladas de fascinación.
-Interesante… - su voz es apenas un susurro, los ojos fijos en el animal, a pesar de lo cual se sobresalta cuando Elsa de nuevo le toma la mano para guiarla hacia el corcel de nieve a que lo acaricie, con Nokk siguiendo el movimiento. Pareciera como si el espíritu del agua estuviera dilucidando entre sentirse emocionado u ofendido. Cuando sus dedos tocan la superficie fría y suave, Degel sonríe, sintiéndose como un niño de nuevo.
-Es un regalo de bienvenida para ustedes dos. Y mi solicitud oficial de disculpas por haberlos ofendido inicialmente.
-Elsa… esto no es necesario… - pero antes de que Degel pueda rechazar el regalo, Kardia toma por sorpresa a los dos, dándole un fuerte abrazo a la albina, a quien después toma de la cintura y la levanta en vilo haciéndola girar con él, mientras ríe fascinado.
-¡Regalo aceptado! ¡Muchas gracias su Majestad!
-¡Kardia! ¡Bájala, la vas a lastimar!
Aunque quisiera decir que no es para tanto, Elsa está de acuerdo con el peliverde: el poderoso abrazo del hombre le saca el aire de los pulmones y le lastima sus ya de por sí sensibles costillas, asustándola ante tal efusividad, mientras la joven siente sus pies volando en el aire y, realmente sin pensarlo, entierra las uñas en los hombros del peliazul, tratando de aferrarse a la seguridad de sus poderosos músculos. Kardia da una vuelta más y la deja en el suelo, para después hincarse respetuosamente frente a ella.
-¡Es el regalo más bello que hemos recibido, su Majestad!
Elsa ríe discretamente tratando de ser educada y a la vez sobreponerse del susto y del dolor, mientras Kardia se levanta, emocionado en acariciar al corcel que ya lo está buscando, como si supiera que le pertenece. Después, ya respirando con tranquilidad, los ojos azules de la albina buscan al peliverde, quien se encuentra fulminando con la mirada a su imprudente compañero.
-¿Y a ti, Degel? ¿Te ha gustado el regalo?
Cuando el par de ojos se encuentra, Elsa titubea al ver la intensidad de la emoción detrás de los irises color amatista. Degel, sobrecogido de la emoción (¡es hielo! ¡Hielo que ha cobrado vida!) y sin saber cómo expresarlo en palabras, le toma ambas manos, para después llevarlas hacia sus labios y darle un tierno y prolongado beso lleno de adoración en los nudillos.
-Estoy de acuerdo con mi amigo. Es el regalo más bello y útil que hemos recibido.
Elsa se sonroja ante el gesto y retira las manos inmediatamente, como si le quemaran, turbada por lo que el contacto de su piel con los tibios labios de él hace en su cuerpo.
-B-bueno… me alegra mucho oír eso. P-pero hay que partir ya, antes de que nos alcance la noche.
Y así, los tres se dirigen a sus respectivas monturas cuando en eso de una rama cercana, salta la pequeña salamandra azul, cayendo en el hombro de la albina.
-¡Hola Bruni! ¿Nos vas a acompañar? - la salamandra le sonríe tiernamente, hasta que nota la mirada violeta del hombre frente a él, y le responde echando chispas y gruñendo, para después escupir una lengua de fuego. - ¡Bruni! - Elsa lo reprende, pero el hombre reacciona rápido y mueve la cabeza, por lo que la bola de fuego pasa por un lado de su cabeza y quema una rama cercana, la cual la reina de las nieves apaga con un movimiento de muñeca.
-¡Vaya! ¡Hasta que te dejas ver, bribón! - Degel lo regaña, ocasionando que la salamandra gruña aun más, y Elsa decide ponerlo en las palmas de sus manos para tratar de apaciguarlo y a la vez presentarlo con los caballeros.
-Tranquilo, Bruni, él es mi amigo Degel, y también Kardia.
-¿Qué demonios es eso? - pregunta Kardia, intrigado, mientras Bruni gruñe y echa chispas. La albina lo calma acariciando su lomo con un dedo helado, ocasionando un leve siseo al apagar la llamita, y que el animalito finalmente se relaje. Un poco.
-Este es Bruni, espíritu del fuego y mi amigo. Lo siento, no sé por qué anda un poco sensible.
Nokk acerca la nariz para olfatear al pequeño espíritu, quien le da una lamida para después subir sobre su frente y colocarse entre las orejas del corcel de agua, aparentemente su lugar favorito. Elsa voltea a ver a Degel, ligeramente apenada, pero antes de que ella puede decir algo, el hombre solo levanta una mano, tratando de sonar apaciguador.
-No necesitas decir nada, el pequeño y yo ya nos conocemos, pero por ti olvidaré lo acontecido, y haré todo lo posible por ganarme su confianza.
Elsa asiente, aún apenada, recordando el momento en que Bruni quemara los cabellos del Santo de Atena.
-Te agradezco que no te tomes personal sus acciones. Bruni puede llegar a ser un poco… posesivo. Pero es un espíritu muy responsable, te lo aseguro. Nos ayudará cuando lo necesitemos.
-¿Posesivo? Yo más bien diría celoso. – Kardia interviene antes de que Degel pueda responder, y Bruni le gruñe de nuevo, provocando que Nokk resople para apaciguarlo. Elsa sólo acaricia el lomo de Bruni para calmarlo.
-Bien, ya que nos conocimos todos, creo que ha llegado la hora de partir. -Acto seguido, la joven beldad monta su corcel de escarcha, siendo imitada por los otros dos caballeros, para los tres emprender su viaje a Arendelle, con Nokk a la cabeza guiando con extremo orgullo a sus dos nuevos compañeros.
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Llevan apenas media hora de recorrido cuando súbitamente Elsa siente una ominosa opresión en el pecho, obligándola a desacelerar su carrera y a fijar sus ojos hacia el este, donde siente la máxima exhalación. Puede sentirlo de nuevo, esa llamada desesperada de los árboles, clamando su nombre. Pero no puede entenderlos: sólo sabe que es su nombre el que gritan en silencio.
-¿Qué sucede? – Kardia es el primero en preguntar, pero la joven apenas y puede oírlo, todos sus sentidos puestos en escuchar el llanto del bosque. Degel coloca su corcel helado al lado de ella, y tratando de no asustarla, roza suavemente su mano. El contacto, aún así, la hace estremecer, pero logra sacarla de su ensimismamiento, y Degel se preocupa al encontrar los hermosos ojos azules llenos de angustia.
-¿Qué pasa, Elsa? Habla conmigo, por favor.
Por un momento la joven lo ve con una mirada desconocida, para después regresar la vista hacia el este, hasta que lentamente niega con la cabeza.
-No… no lo sé, Degel. Siento que… el bosque me llama. Como cuando los conocí la primera vez. No es una llamada alegre. - La joven se lleva la mano al pecho, tratando de disminuir la sensación, sin éxito. – Siento… no logro ubicar el lugar. – un par de ojos angustiados voltean a ver los del Caballero de Atena. – Pero siento que me están llamando. Y con desesperación.
Degel le toma la mano.
-Está bien, Elsa. Podemos ir a ver qué pasa, ¿eso te tranquilizaría?
La joven asiente lentamente, y sin volver a articular palabra, azuza a Nokk para dirigirse al este, donde ya ha notado que el mágico corcel, al igual que el pequeño Bruni, tienen puesta la mirada. Degel y Kardia intercambian una mirada, pero sin articular palabra, deciden seguir a la joven albina.
Después de unos minutos de cabalgata, sienten la tierra temblando, mientras parvadas de aves surcan el cielo, escapando del movimiento telúrico.
-¿Qué fue eso?
Degel se acerca a ella, también observando el cielo y a la parvada huyendo.
-Me dio la impresión de que fue un temblor.
Pero la respuesta no la tranquiliza en absoluto.
-¡Imposible! Nunca tiembla tan alto hacia el norte.
-¡Allá! ¡Miren!
Kardia señala unas montañas al frente, aparentemente en movimiento, y Elsa sonríe ligeramente.
-Oh! ¡Claro! Deben de ser los gigantes de piedra. Aunque se sintió demasiado fuerte para sólo ser ellos… - pero ante una mejor inspección, Elsa se da cuenta que no es normal su movimiento. - Los gigantes de piedra están agitados… ¿que estará pasando? - Elsa de pronto recuerda su angustia inicial, y parece que Degel lo percibe.
-¿Quieres que vayamos a ver qué pasa?
La antigua reina de Arendelle solo asiente con la cabeza. Por alguna extraña razón, tiene una sensación terrible oprimiéndole el pecho. Los tres se dirigen al lugar a todo galope, y Elsa, en el trayecto, mueve sus dedos para crear un pequeño montículo de nieve, al cual se arroja Bruni, con un gesto de extremo placer. La angustia de la albina es tal, que prefiere engañar al pequeño espíritu a que se quede atrás, y no exponerlo al peligro. En unos minutos llegan al río, y logran observar que los tres hermanos mayores de los gigantes están librando una batalla con un grupo de hombres vestidos de negro… y con armaduras muy parecidas a las de los espectros que ella mandara encerrar en el ataúd de hielo.
-¡Espectros de Hades! - grita Kardia, mientras de un brinco desmonta de su caballo para ponerse la armadura. Degel se baja de su propio caballo y quiere armarse también, pero Elsa desmonta de un salto y lo detiene, tomándolo del brazo.
-¿Qué pasa? Degel por favor explícame, ¿por qué esos hombres atacan a mis gigantes?
Degel quiere salir corriendo a apoyar a su compañero, pues contó al menos siete espectros, pero la angustia de la joven es evidente. Así que respira para calmar sus ansias y la sujeta de los hombros.
-Yo tampoco sé por qué, solo se que lo que buscan significa malas noticias para la humanidad, y por la actitud tan agresiva que tienen, me da la impresión de que encontraron al menos una pista en tus gigantes. - Elsa quiere protestar, preguntar más, pero Degel la apremia, - ¡Elsa no hay tiempo! Te prometo que te explicaré todo lo que quieras, pero ahora es urgente detener a… - en ese momento, una sombra se cierne sobre ellos, haciendo que la albina abra mucho los ojos.
-¡Cuidado!
Un gigantesco puño de piedra se dirige hacia ellos, y Degel apenas logra reaccionar empujando a la albina a un lado, recibiendo directamente toda la fuerza del golpe que lo manda volando varios metros atrás, destruyendo a su paso tres árboles para que finalmente un cuarto lo detenga. Degel cae inconsciente al suelo, mientras un segundo puño se dirige hacia él para rematarlo, pero en ese momento Elsa se tira sobre el cuerpo inmóvil del hombre, protegiéndolo, mientras le grita al gigante.
-¡Basta! ¡No lo lastimes! Es un amigo y viene conmigo. ¡Es mi amigo!
El gigante, al verla, titubea por un momento, mientras Elsa se aferra al cuerpo inconsciente del caballero.
-¡Basta por favor! ¡El no quiere hacernos daño! Por favor…
Un grupo de hojas gira alrededor del puño cerrado, cuando Gale también intercede por el hombre. Finalmente, el gigante asiente y abre el puño en señal de haber entendido. En cuanto lo ve, la atención de Elsa se posa en el joven inconsciente debajo de ella, y los ojos azules se abren como platos al ver que existe sangre saliendo de una herida en la cabeza.
-¡Degel! Oh no… - Aún sobre el hombre, la ex reina lo toma de ambas mejillas, tratando de despertarlo. - ¡Degel! ¡Levántate! ¡Hay que sacarte de aquí!
Su angustia está creciendo al voltear a ver a Kardia, quien ya se dio cuenta de la situación, pero al tratar de correr en su ayuda, uno de los espectros le cierra el paso, mientras otros cuatro lo rodean, evitando que se mueva del lugar.
-¿A dónde vas, caballero? ¿Acaso te arrepientes de habernos encontrado?
Kardia sonríe irónicamente.
-En absoluto. Esto va a ser muy divertido.
Y mientras Kardia pelea por librarse de los espectros, la Reina de las Nieves finalmente siente vibración proveniente del pecho del peliverde, el cual emite un gruñido al estar regresando de la inconsciencia.
-¿Q-que me… pasó?
Elsa se levanta, y tomándolo de la mano, lo ayuda a sentarse, mientras crea un pedazo de tela de escarcha, muy parecido a su vestido, y lo coloca sobre la herida sangrante de Degel, quien respinga al contacto, pero la deja hacer, especialmente al notar que el pedazo de tela mágica se tiñe de inmediato de rojo.
-Perdona… el gigante pensó que me estabas atacando y...
Degel levanta la mirada hacia el enorme gigante, quien se ha hincado enfrente de ellos, una mirada extraña que, de cierta forma, pareciera apenada, mientras el monstruoso espíritu gruñe algo ininteligible para él.
-Él es el Hermano Mayor. Degel, está pidiendo una disculpa. Sólo buscaba protegerme.
El caballero, un poco mareado y aún dudoso, asiente lentamente.
-E-está bien. Yo… hubiera hecho lo mismo.
En ese momento un sonido estruendoso los asusta a ambos, mientras el Hermano Mayor se endereza súbitamente, haciendo una mueca de dolor en su rostro de piedra, para después explotar frente a ellos en mil pedazos de roca, permitiéndoles ver que, detrás del gigante, se materializa la figura de uno de los espectros, uno el doble de alto de Kardia y como cuatro veces más ancho, quien traicioneramente ha golpeado al gigante por la espalda, su cosmos fracturando la figura del Espíritu de la Tierra.
-¡Nnooooooooo!
Elsa grita al ver al gigante cayendo en una lluvia de piedras y trata de levantarse a auxiliarlo, a hacer algo, pero de pronto es presa de un dolor intenso que le atraviesa el pecho, y la obliga a caer de rodillas, una mano sujetando su seno palpitante de dolor, y la otra enterrando las uñas en la tierra, haciéndola sangrar. Degel solo atina a hincarse a su lado, tomándola de los hombros para evitar que caiga más.
-¡Elsa!
OoooooooOOOOOOOOOOOooooooooo
A/N: Iba a terminar el capítulo mucho antes, pero como soy una mala persona quise dejarlos en un cliffhanger ¡juar juar juar! Y esque les prometí que tendrían mucha acción, pero por alguna razón me gusta mucho ver a Degel y Kardia platicando entre ellos, y más cuando interactúan con Elsa. Espero que, a pesar de eso, les esté gustando la historia, así que agárrense de algún lado porque el siguiente capitulo es intenso. Espero que toleren un poco de angst y batallas, también espero sea de su agrado.
Como dato curioso, glögg es un vino caliente típico de los fiordos de Noruega, de hecho, es lo que invita el príncipe Hans a tomar durante la primera película. Me imaginé que, no conociéndolo, Kardia se lo toma como agua para saciar su sed, sin antes notar que tiene alcohol. ¡Pobrecito!
Muchísimas gracias a todos por sus fantásticos reviews, en especial a Aletuki, Legión de Luna y Serena Saori, con sus comentarios me hacen escribir más. Por cierto, Aletuki, creo que no te he dicho que es un honor estés leyendo esta historia, ¡tus fanfics han sido una inspiración para mí!
Legión de Luna: ¡Muchas gracias por tu lindo comentario! qué bueno que te sigue gustando la historia! A mí me encanta la vivacidad de Kardia y su deseo por succionar la vida, así como su casi completa falta de respeto a las leyes… lo que, obviamente, de vez en cuando le debe de traer un problema, como ahora. Jajajaja! Pero al final es un bicho con buen corazón. ¡Ya pronto llegan a Arendelle! Espero que disfrutes su estancia allí.
Holis: a mí también me encanta Kardia, él es genial! No te parece? Me alegra muchísimo que te esté gustando cómo se va desarrollando la relación de Elsa y Degel. Muchas gracias por comentar!
