Cosmos Congelado
capítulo 7.
Romper el Hielo
Anna se dirige despacio hacia el manzanar que se encuentra en el centro del jardín principal. No sabe si debería intervenir, pues realmente no conoce a estos muchachos, sin embargo, hay dos cosas que la obligan a caminar hacia adelante: su hermana definitivamente está involucrada emocionalmente con al menos uno de ellos, por lo que su bienestar bien podría significar el bienestar de Elsa. Y… nunca ha podido quedarse sentada cuando alguien está sufriendo, y seguramente esta no será la excepción. Tomando en cuenta esto, Anna camina con paso más firme, más decidida. En cuanto llega al manzanar se alegra al ver la silueta del Santo Dorado de Escorpión dibujada en una de las ramas altas del árbol, ¡sabía que le atinaría si apostaba por el manzanar como buen sitio para ocultarse! Anna sonríe, parece que no ha perdido su toque.
Kardia, acostado sobre la rama más gruesa y con los pies sobre el tronco, avienta una manzana hacia arriba, para después darle una mordida y seguirla aventando, mientras piensa mil improperios dirigidos hacia el caballero de Acuario.
-¿Verdad que es un excelente árbol? De niña siempre me subía aquí cada vez que mis padres me regañaban, pero sobretodo cada vez que Elsa no contestaba mi llamado. Es un árbol muy sabio. Da buenos consejos.
Estaba tan metido en sus pensamientos, que Kardia se sobresalta ante la inesperada voz, tanto, que casi cae de su rama, para después buscar a la dueña de esa melodiosa voz, volteando para todos lados sin poder encontrar el origen.
-¡Aquí abajo!
El hombre asoma la cabeza, y en efecto, debajo de la rama que ocupa se encuentra nada más y nada menos que la mismísima reina de Arendelle. Sin embargo, en vez de alegrarse ante tan grata sorpresa, el Santo de Escorpión está tan acostumbrado a los regaños, que de inmediato pierde la alegría inicial y suspira, apesadumbrado, para acto seguido gritarle una disculpa.
-Su Majestad me perdonará, en un momento me bajo de su árbol.
-¡Oh no! Por favor, acompáñame un rato más.
Sin importarle mucho el decoro, la reina de Arendelle se quita la capa, la cual deja abandonada en el pasto y, sin mayores dificultades, de un habilidoso brinco se sube a la rama más cercana, sobresaltando al caballero que casi se lanza hacia ella para evitar que la mujer caiga.
-¡S-su Majestad! ¡¿Qué hace?!
Anna le manda una mirada divertida, mientras se balancea de la rama para luego apoyar su pie sobre el tronco del árbol y poder subir hasta la cintura.
-¿Qué te parece que hago? ¡Alcanzándote, por supuesto!
Anna pierde por un momento el equilibrio y pareciera que está a punto de caer al frente, Kardia sobresaltándose de nuevo al extender un brazo, pero de nuevo regresa a su posición al ver que la joven recupera el equilibrio y logra subirse bien a la endeble rama.
-Yo creo que es algo debería dejar de hacer, su Majestad. Se puede raspar o de otra manera lastimar su suave piel. De verdad no tengo inconveniente en bajarme.
La joven pelirroja resopla, minimizando sus preocupaciones.
-¡Tonterías! Este árbol y yo nos conocemos desde hace tiempo, él no tiene secretos para mí, y yo quiero que me acompañes.
Haciendo un mohín para ocultar su placer, Kardia acepta y se recarga de nuevo, mientras vigila los movimientos de la pelirroja desde una posición más conveniente, aunque empieza a sentirse incómodo: sus ojos no pueden dejar de ver a la joven reina de cabellos de un vivo color, admirando a placer las largas piernas bien formadas, que en ocasiones se descubren por hábiles movimientos al buscar apoyo para subir más ramas, mientras deliciosos labios rojos se entreabren por el esfuerzo… Kardia de vez en cuando gruñe, obligándose a sí mismo a desviar la mirada, tratando de preservar el pudor de su anfitriona. Anna, inconsciente de ser la causa del sufrimiento del Santo Dorado, continúa parloteando mientras alcanza la rama del hombre y de inmediato busca un lugar cómodo para ella misma.
-Me alegra haberte encontrado, pensé que te sentirías muy solo aquí arriba.
Kardia resopla, buscando mostrarse enfadado.
-La verdad preferiría estar solo.
-¡Pfft, claro que no! A nadie le gusta estar solo.
-Su Majestad, debería salir un poco del castillo para que vea que es todo lo contrario.
Anna, ahora cómodamente recargada en el tronco y a los pies de Kardia, hace un ademán con la mano para minimizar sus palabras.
-Jajajaja, ¡mi novio solía decir eso todo el tiempo! ¿sabes? Y por favor, deja ya eso de 'su Majestad', me haces sentir vieja, además, los amigos de mi hermana también son mis amigos.
-¡¿Tienes novio?! - A pesar de que su exclamación la sobresalta, la reina se sonríe al ver con qué facilidad el caballero ha perdido las buenas maneras. Su sonrisa se ensancha aún más ante el recuerdo del rubio, llegando a ser la más brillante que el Santo Dorado ha visto, dejándolo embelesado… y más deprimido a la vez.
-Así es, comprometidos de hecho. Kristoff es el amor de mi vida, un gran hombre, si me preguntas; estoy segura de que serán buenos amigos también en cuanto lo conozcas.
-Pues… muchas felicidades, supongo. - El Santo dorado no puede evitar sentirse más enojado a cada minuto.
-¿Supones?
-Bueno… - Kardia reinicia su juego de aventar la manzana, tratando de mostrarse indiferente, - eso de tener a la misma persona contigo todos los días por el resto de tu vida, debe ser… muy deprimente.
Anna se pone roja por la opinión tan negativa.
-¡Claro que no! ¡El amor verdadero es así! Eres feliz con sólo tener a la persona al lado, sientes que no necesitas nada más.
-No lo creo. - Él insiste, dispuesto a romper la burbuja de la joven. - Para mí que son sólo historias o exageraciones. Porque debe llegar un momento en que te hartes. O bien empiezas a conocer como es la persona en realidad, sus malos hábitos y lo que tienen de diferente y finalmente decepcionarte. O mejor, se aburre y te cambia por un modelo más joven y bella y ya.
Anna estaba a punto de contestar de forma reactiva, enfurecida ante una opinión tan horrible y pesimista del amor, pero se obliga a recordarse a sí misma el motivo de su visita. Esto no es por ella.
-¡Vaya! Sí que tu hermano te hizo enojar.
-¡Por supuesto que estoy enojado! - Kardia se incorpora un poco y levanta la voz cuando la pelirroja le recuerda su emoción previa. - ¡Degel es un estúpido que sólo piensa en sí mismo, sin importarle qué haré yo cuando él se muera! ¡Y no es mi hermano!
Dos delicadas cejas se elevan de la sorpresa.
-Pero… Elsa dijo…
-No sé por qué ella te dijo algo así, pero no somos hermanos. ¡Ni siquiera es mi amigo!
Anna no sabe que pensar. Elsa jamás le mentiría, y él está siendo muy grosero con ella… pero la joven reina suspira, tratando de tener paciencia, ver las cosas como son, y no por lo que aparentan. Es evidente que el santo de Escorpión sufre, pero se niega a aceptarlo, y ella suspira de frustración ante tal problema. ¿Qué haría Olaf en estos momentos?
-Elsa… parece apreciar mucho a tu… conocido.
Después del arrebato, Kardia exhala profundo y vuelve a recostarse, de nuevo aventando la manzana al aire.
-No sé de los sentimientos de ella, pero sí te puedo decir que el estúpido de Degel está completamente vuelto de cabeza por tu hermana. Y me alegra, a ver si mejora su actitud con eso.
-¿Por eso lo confrontaste a que le dijera a Elsa? ¿Es cierto eso de que quiere morirse pronto?
Kardia titubea, y la pelirroja se da cuenta.
-¿Alguna vez él dijo abiertamente que quería morirse?
-Pues… no. - El peliazul se pone rojo, al darse cuenta que le han caído en la exageración. - Bueno… no lo dijo como tal, pero… ¡pero no necesitaba decirlo! ¡Sus temerarios e irresponsables actos hablan por él!
-¿A qué te refieres?
-Pues… - Kardia se inquieta, ya que aún no se siente en confianza como para contarle cosas tan personales a una extraña… pero pensándolo bien, Degel se abrió completamente a Elsa, sin tapujos, ¿por qué Kardia no podría hacer lo mismo? - verás, después de que se enteró de que la señorita Serafina falleció, Degel, mi usualmente prudente y tranquilo amigo, empezó a ofrecerse a todas las misiones más peligrosas, incluso hubo una en que regresó de ver a la Sombra de Géminis casi tan maltratado como ahora. Por eso me enojé tanto. Él experimentó un combate cuerpo a cuerpo y casi muere en esa batalla tan difícil, superándolo sólo porque Deuteros estaba ahí con él, ¡y traía puesta la maldita armadura! ¡¿Y el condenado se atreve a pelear sin ella confrontando un peligro igual?! ¡Aargh! ¡¿No está como para golpearlo?!
Anna estuvo atenta todo el tiempo a los aspavientos del caballero, y su mirada se endulza al reconocerse a sí misma en su enojo.
-¿Me permites compartirte algo? Elsa es mi única hermana, y yo la adoro. Pero… no entiendo por qué, es muy insegura de sí misma a pesar de ser la persona tan impresionante que es… y eso me exaspera. Pero me enfurece todavía más que se expone a muchos riesgos, tratando de protegernos a todos, buscando cargar ella sola el peso del mundo sobre sus hombros, ¡y eso me desespera muchísimo! Porque no me permite ayudarla, porque siempre me hace a un lado por pelear ella sola esas batallas.
-¡Eso! ¡Exacto! - Kardia brinca de emoción, sentándose de piernas cruzadas frente a la joven reina, al encontrar sus emociones explicadas tan perfectamente en palabras, haciendo aspavientos con las manos para mayor énfasis. - ¡Es lo que me desespera de Degel! ¡Desde aquella vez, siempre quiere ir él solo!
-¿Verdad que esa actitud te hace enojar mucho?
-¡Sí!
-¿Como para poder golpearlo en ese momento, para poder descargar todo tu coraje y frustración?
-¡Sí! ¡Claro que sí! - Es evidente que el Santo Dorado no cabe en sí mismo de la emoción al escuchar sus sentimientos tan perfectamente descritos.
Anna ríe. Es extremadamente raro ver a alguien haciendo los berrinches que ella habitualmente hace a causa de las insufribles acciones de su hermana, siente como si estuviera viéndose a sí misma, como si estuviera viendo a través de un espejo. Uno muy atractivo, por cierto.
-La verdad te envidio.
La súbita y franca frase hace titubear al caballero.
-¿Ah sí? ¿Por qué?
-Porque me siento tan furiosa cada vez que Elsa me hace a un lado, arriesgándose tontamente, que siempre me muero de las ganas de darle una bofetada, y, aunque en ese momento me asustó mucho verlos peleando entre sí y gritándose con tanta furia, pensándolo en retrospectiva, se debió haber sentido fantástico el golpe que le diste a tu compañero por tratarte así.
Kardia sonríe maliciosamente, para luego, en un gesto de desenfado, subir los brazos sobre su cabeza para estirarse cuan largo es… lo que le permite a Anna tener un atisbo de un bien definido abdomen al momento en que su camisola se sube un poco más de lo debido. La reina se sonroja y se obliga a ver a los ojos al peliazul.
-Sí… se lo tenía merecido por andar tomando riesgos tan estúpidamente, y aún más por lo que me dijo.
-Realmente te importa él, ¿verdad?
-¡Por supuesto que sí! ¡Es mi camarada! Mi mejor y único amigo que tengo en el Santuario, él es… casi como un hermano. - Kardia baja la voz ante tal aseveración, porque ahora sabe que es cierto, y que Elsa nunca mintió. Por muchas que sean las diferencias en sus personalidades, Kardia verdaderamente ve al caballero de Acuario como su hermano, pues desde que se conocieron, siempre han andado juntos, apoyándose mutuamente. Contra su voluntad, el pensamiento lo hace sonreír. Anna asiente, comprendiendo.
-Pero entonces no es que se quiera morir, ¿verdad?
Kardia exhala, su mirada triste.
-Bueno, tal vez no lo exprese en voz alta, o quizá con todas las palabras, pero ha estado actuando de manera demasiado temeraria, tanto que a veces da la impresión de que está tentando a la muerte. Como te dije, le dolió mucho el fallecimiento de la señorita Serafina, y a veces me da la impresión de que se arriesga de más para castigarse a sí mismo por no haber estado ahí para ella. Pero él no está acostumbrado a las batallas cuerpo a cuerpo que ahora busca cada vez que puede, su manera de pelear siempre ha sido con sus libros, con sus conocimientos. Es tan inteligente que en cuanto tuvo edad, se volvió uno de los principales consejeros del Patriarca, ¿sabes? y siempre a la derecha de Sísifo… pero ahora…- Kardia niega con la cabeza, sintiéndose bastante entristecido por el futuro de su amigo. - Mi esperanza es que lo que siente por tu hermana sea lo suficientemente fuerte como para regresarle la intención de sobrevivir la guerra.
Anna titubea, pues no quiere entrometerse mucho en la vida de Degel, a quien casi no conoce. Pero si, en efecto, su hermana siente algo por él, más le vale a Anna saber todo sobre este hombre.
-¿Y… me puedes platicar quién era esta señorita? ¿Algún familiar de Degel?
Kardia se recarga de nuevo la rama, ambos brazos en la nuca, mientras rebusca en sus recuerdos.
- Sí, algo así como su hermana. Verás, Degel nació en Francia, pero cuando quedó huérfano se fue a Bluegard donde lo criaron, quedando bajo la tutela del señor García, regente de esas tierras, y por azares del destino regresó a adiestrarse al mismo lugar como caballero, esta vez con el Gran Maestro Krest de Acuario como su tutor, por lo que toda su infancia y parte de su adolescencia se crió con Serafina y su hermano Unity. Para Degel, ellos son su familia y Serafina era como su hermana. Incluso quizá mucho más que eso.
Anna está atenta a la historia, entendiendo de cierta forma las circunstancias del caballero, y por qué de pronto se ha unido tanto y tan rápido a Elsa. La reina de Arendelle aún no sabe qué pensar de esa rápida cercanía, ni de la íntima escena entre los dos que presenció hace unos minutos.
-¿Y Degel… la quería mucho? ¿A esta señorita que dices?
Kardia sólo encoge los hombros.
-Me imagino que sí. Era más que evidente que el lazo que tenían era muy profundo. Perderla sin poder despedirse lo golpeó mucho.
-Entiendo… - Por alguna razón, esa pregunta hace que Anna se sienta como una intrusa en los sentimientos del santo de Acuario, por lo que, sintiéndose culpable, prefiere cambiar el hilo de la conversación. - Entonces… ¿qué fue exactamente lo que ocurrió? ¿Qué te dijo Degel que te hizo enojar tanto?
Kardia fija su mirada en ella, dubitativo de poder abrirse tanto, pero al final decide que la reina es de fiar, por lo que inhala profundamente para exhalar un largo y apesadumbrado suspiro, determinado en confesarse.
-Degel y yo… estábamos platicando sobre la batalla que se presentó hoy, lo difícil que fue, y lo preocupante que resultó ver que el objetivo de los espectros de Hades es Elsa. Incluso platicamos de lo aterrada que ella se veía cuando la amenazaron con violarla y luego entregarla a Hades, que digo, es entendible, no es una amenaza que pueda tomarse a la ligera…
-¡¿Qué hicieron QUEEE?! – Anna casi se cae del árbol al sujetar con fuerza la camisa del peliazul para obligarlo a sentarse de nuevo, después de escuchar información tan impactante. Kardia abre los ojos como platos, ante el ataque sorpresa y al darse cuenta de su error… pero en especial al tener el bello rostro cerca del suyo y de forma tan inesperada, la joven inclinada sobre él de una manera más bien inquietante.
- ¿C-cómo…? ¿Quieres de decir que Elsa no… no te contó sobre la batalla?
-¡Sí claro! Me contó que hubo una batalla y el motivo de esta… ¡pero nunca, jamás, que ella era el objetivo! ¡y menos aún que amenazaron con violarla!
Kardia se endereza hasta quedar completamente sentado, sintiéndose bastante culpable, y pasa saliva, aterrado, al caer en la cuenta de que muy seguramente ha hablado de más, metiendo en un enorme problema a la albina, y probablemente también a Degel, por lo que decide no abrir la boca.
Muy mala decisión, ya que Anna se aferra aún más a su camisa para jalonearlo un poco.
-Dime la verdad, Kardia, ¿es cierto que trataron de violar a Elsa?
Hace mucho que el joven no sentía un sudor frío como el de ese momento, pero la mirada de la reina es demasiado aterradora, por lo que le cuesta trabajo hacer un esfuerzo por minimizar la situación.
-Emh… ¡Ppffft! ¡no! ¡Claro que no!
Una delicada e incrédula ceja se levanta, la mirada llena de amenaza.
-¿Ah no? ¿Entonces?
-Bueno… no en ese momento…
La fuerza del jalón lo toma por sorpresa, en especial cuando la nariz de Anna casi toca la suya; pero lo más aterrador, son esos hermosos ojos azules ahora echando chispas como si estuvieran poseídos, y que ahora se encuentran fijos en los suyos propios.
-Escúchame bien, caballero. – Anna le habla en un susurro, grave y lento, con un tono tal, que parece que cada palabra es una amenaza para su vida. – Soy una mujer paciente, tranquila y comprensiva, además de que me considero habitualmente una buena anfitriona. Pero si no me confiesas en este momento qué fue exactamente lo que le pasó a mi hermana, te juro que las torturas del infierno serán como un soplo de aire primaveral para ti, comparado con lo que pienso hacer contigo.
Kardia pasa saliva con dificultad y, haciendo su mejor esfuerzo por recomponerse, le regala una de sus mejores sonrisas.
-¡C-claro! Claro… pero no es necesario que maltrates la mercancía…
Anna parpadea, perpleja ante las palabras.
-¿La… mercancía?
El joven suspira ligeramente aliviado, al notar que ha logrado distraer su atención, mientras con ambas manos rodea las pequeñas de ella que tienen sujeta su camiseta con un agarre tal, que lo está lastimando.
-Mire, su Majestad. Le suplico no se enoje con su hermana. Le prometo que le platicaré cada detalle terrible y sucio que quiera escuchar. Pero debe de entender que Elsa seguramente no le explicó con lujo de detalles, precisamente para que usted no reaccionara de la manera en que lo está haciendo ahora.
Anna lo jala de nuevo de la camiseta, casi gruñéndole a la cara.
-No estoy reaccionando de ninguna manera anormal. Estoy demasiado tranquila comparado con lo que estoy pensando hacerte si no sueltas la lengua. Solo dime qué pasó con mi hermana, y te soltaré.
Una gruesa gota de sudor empapa la frente de Kardia.
-B-bueno… realmente no hubo una violación como tal… si me pregunta, a mi parecer el espectro sólo quería asustarla, ¡y vaya que la asustó! Jejeje…
-¿No la tocó? ¿Ese… espectro que dices, hubo algún momento que sus manos tocaran a mi hermana?
-Emh… sí, bueno… sí la estaba tocando… ¡Pero, no de la manera que crees! Sólo la tenía agarrada de las muñecas y los tobillos.
Los ojos de Anna se abren como platos, la furia intensificándose.
-¡En donde tiene las quemaduras! ¡¿Esa bestia fue quien la lastimó?!
Si pudiera hacer que se lo tragara la tierra, Kardia sería un hombre feliz.
-Sí… bueno, no… Esas quemaduras se las hizo en el momento en que su salamandra incineró la sapuris del espectro. Es decir, no fue Stand quien le quemó la piel, sino Bruni, pero si no lo hubiera hecho, no lo hubiéramos matado.
-¡¿Mi hermana mató a una persona?! ¡¿cómo es posible que se haya vuelto una asesina?! ¿Y dónde estabas tú en ese momento?
Kardia señala orgullosamente el vendaje sobre su cabeza.
-Defendiéndola, por supuesto. De hecho, derrotar al espectro fue un trabajo en equipo entre los tres. Y no fue asesinato, fue en absoluta defensa propia.
Escuchando que su hermana no estaba sola combatiendo, la hizo sentir un poco mejor. Pero sólo un poco. Anna finalmente deja ir la camiseta del caballero y se endereza, aún furiosa, pero un poco más pensativa, y también un poco asustada.
-Dime, Kardia. ¿Ese es el nivel de enemigos que mi hermana enfrentará de ahora en adelante?
El joven peliazul se queda serio por unos momentos, mientras se acomoda la camisa, pues no quisiera mentirle a la pelirroja. Pero tampoco quiere admitir la verdad, especialmente al ver la reacción que produce en la joven.
-Solo puedo decirte que Degel y yo entregaremos la vida antes de permitir que algo le pase a Elsa. Puedes tener la certeza de eso.
Anna se le queda viendo un momento, como analizando sus palabras. Buscando falsedad detrás de sus ojos.
-Para ustedes es muy fácil prometer con sus vidas.
Kardia sonríe de lado.
-Créame, reina mía, que no es una promesa vacía. Puedes ver en las heridas de Degel que es absolutamente cierto.
Pero la joven no se deja convencer tan fácilmente.
-¿Por qué? ¿Cuál sería la razón por la cual ofrecieran su vida por una desconocida? ¿Tan enamorados están de ella?
Kardia se queda sorprendido por un momento ante la aseveración de la joven.
-Yo nunca dije que estuviera enamorado de ella. – De inmediato levanta las manos en señal de rendición cuando una delicada ceja se levanta llena de incredulidad. – No te ofendas, tu hermana es preciosa, seguramente miles de hombres deben de estar fascinados con ella. Puedes incluir a Degel en el grupo. Pero ella simplemente no es mi tipo. Y a pesar de eso, daré mi vida por proteger a Elsa.
-¿Por qué?
-Porque soy un caballero, porque juré proteger a quien me necesitara. Y porque, por alguna razón, tu hermana es muy importante para poder ganar esta Guerra Santa.
-Eso es algo que aún no me has querido decir. ¿Por qué Elsa es tan importante para la guerra que ustedes están llevando?
Kardia se encoje de hombros, apesadumbrado.
-Aún no lo sé; ni siquiera Degel, con toda su inteligencia, conoce la razón. Pero ese es precisamente el motivo por el cual hemos acudido a ti: encontrar el secreto oculto en tus tierras, y el secreto detrás del involucramiento de tu hermana. Entiendan, por favor, que nuestra misión es protegerlas a ustedes, a tu reino, y a todo el mundo.
-¿No es una broma?
-Yo nunca bromeo respecto a eso.
Anna se queda en silencio por un momento, su mirada perdida en el fiordo, para, después de unos minutos, regresarla con el caballero.
-¿Es cierto eso que le gritaste a tu hermano? ¿De que podrían morir en alguna de las batallas venideras?
A pesar del tema, el joven sonríe maliciosamente.
-Es una guerra, su Majestad, en la guerra siempre hay guerreros muertos; y casi como tradición, de los 180 que somos inicialmente durante las Guerras Santas, sólo sobreviven dos o tres caballeros, que transmitirán el conocimiento a las siguientes generaciones. Entonces, sí, las posibilidades de morir son muy altas para ambos. Pero ahora que Degel sabe que puede estar mejor, tengo fe de que buscará ganar sin tener que sacrificarse estúpidamente. Si todo sale bien, él tendrá un lugar a donde regresar, a alguien que lo está esperando. Es motivo suficiente para querer sobrevivir.
La mirada de Anna se vuelve un poco de reproche.
-No me convence mucho que uses a mi hermana para convencer a Degel de que quiera superar una pérdida.
Kardia levanta las cejas sugestivamente.
-Créeme cuando te digo que debes de considerar a Degel un buen partido para tu hermana, pues no sólo es el más inteligente de todos los caballeros, sino también el más educado y culto. Además del más rico. Seguramente hasta una reina puede ver en él alguien digno para sí misma.
Anna se queda pensativa ante las palabras del caballero, tan parecidas a las de Elsa, pero decide mejor cambiar de tema. Ay cosas que apremian.
-Esa guerra de la que me hablas… ¿me puedes contar más?
Kardia se queda serio, pero decide que es lo mejor, ser honesto con la reina. Después de todo es su hermana la que está envuelta en este embrollo. Además, quizá puedan obtener más ayuda de su parte si se entera de todo lo que necesita saber.
-Está bien, pregúntame lo que quieras. Pero primero, tendremos que conseguir más manzanas.
ooooooooooOOOOOOOOOOOOOOOooooooooooo
Después de un rato, con un discreto dolor de cabeza ante tanta información ominosa, y al ver que el ánimo del caballero, por el contrario, ha mejorado enormemente, Anna lo acompaña a mostrarle sus aposentos designados, asegurándole que están lo más cerca posible de la enfermería, en caso de que quiera estar pendiente de su amigo. Kardia, al despedirse, vuelve a hacer una reverencia, tomando de la mano a la monarca para besarle los nudillos, sin embargo, en esta ocasión la mirada de él es más bien intensa.
-Te agradezco que hayas compartido la tarde conmigo. No tienes idea lo mucho que significa para mí.
Y en esta ocasión, Anna se sonroja ante tal mirada, a pesar de ser el mismo gesto con el que se conocieron.
-¿Ya te sientes mejor?
-Mucho mejor, y de eso te estaré eternamente agradecido.
-Me alegra haber podido ser de ayuda.
Kardia se queda unos segundos más con los dedos de la reina, y su mirada penetrante la hace sentir un escalofrío en la espalda.
-A mí me alegra mucho más que hayas decidido rescatar este pobre corazón.
Nerviosa, Anna recupera su mano secuestrada, mientras da un par de pasos hacia atrás para alejarse del caballero.
-Sí… claro… no necesitas mencionarlo. Descansa. Buenas noches.
La sonrisa de Kardia sigue siendo pícara, al notar las respuestas de la pelirroja.
-Buenas noches, su Majestad.
Kardia se despide y se retira, mientras Anna inspira profundo para desacelerar los desenfrenados latidos de su corazón. Una vez sintiéndose más tranquila, sigue su camino, tratando de no darle más importancia a la inesperada reacción que ha tenido con las atenciones del caballero, ni al rubor que aún incendia sus mejillas. Después de caminar unos minutos llega a la enfermería, segura de que ahí encontrará a su hermana. Y en efecto, Elsa se encuentra sentada en una silla a un lado de la cama de Degel, éste último completamente dormido. El hombre sigue desnudo de la cintura para arriba, aunque lleno de plastas hechas de plantas medicinales, que cubren cada una de las partes heridas de su magullado ser. Anna respinga al darse cuenta que, de hecho, las plastas cubren gran parte de su cuerpo. Debió haber sido una batalla terrible. Su mirada se oscurece aún más al recordar lo que Kardia le contara: las amenazas a su hermana, y la promesa de los Santos de Atena de protegerla. Ahora no puede negarlo: por lo menos Degel sí cumplió su promesa de arriesgar su vida por la protección de la vida de Elsa.
Al menos sabe que no tendrá que enfrentar este reto sola.
La reina igualmente nota que la albina acaricia el antebrazo del hombre distraídamente, mientras lo observa dormir, su mente evidentemente perdida en sus pensamientos. Movida por un súbito impulso, la joven pelirroja abraza a su hermana por detrás, necesitando urgentemente ese contacto, el saber que ella está en el castillo, a salvo. En sus brazos. El abrazo efusivo hace que la albina se sobresalte, para después sonreír.
-No es bueno atacar a alguien tan poderoso por la espalda. Podría lastimarte, ¿sabes?
Anna sonríe a medias, su cara escondida entre los pálidos cabellos de Elsa.
-No sabía que, aparte de reina y Quinto Elemento, también fueras buena enfermera.
Las palabras arrancan una pequeña risa de la albina.
-La vida simple de los Northuldra no es tan simple como yo pensé, y dado que siempre son necesarias unas manos extra para ayudar, he procurado aprender de ellos el arte de la curación, y si te soy honesta, se me hace un tema fascinante. Pero veo que no soy la única de aquí que ha aprendido y evolucionado: he podido notar que tú eres mejor reina de lo que yo alguna vez fui.
Anna, reticente, deja ir el abrazo y se endereza, para, con un ademán de la mano, minimizar el halago.
-¡Nah, pamplinas! Yo solo sigo la guía que papá y tú me dejaron. Si crees que soy buena es por el reflejo de sus enseñanzas. Pero ven, dejémonos de halagos tontos y mejor te invito a terminar con la copa que nos interrumpieron tan cruelmente, antes de que te vayas a dormir.
Elsa accede de inmediato, aunque por la manera en que ve al herido, como para despedirse, pareciera que le cuesta trabajo dejarlo, pues se toma su buen tiempo en levantarse, situación que no pasa desapercibida para la sabia y joven reina, quien sonríe de lado maliciosamente.
-Dime por favor que ya lo besaste.
-¡¿Qué?! - la albina se sobresalta y sonroja de forma intensa ante la pregunta, mientras Anna se ríe. - ¡¿Cómo te… por qué me preguntas eso, hermana?!
Anna sólo se encoge de hombros, su sonrisa aún torcida y divertida.
-Pues porque es más que evidente que te mueres por hacerlo.
-¡Claro que no!
-¡Oh vamos, Elsa! - la pelirroja no para de reír ante el brillo rojo tomate de la piel de su hermana. - ¿Me vas a decir que no deseas darle aunque sea un besito?
Elsa está a punto de voltear a verlo, pero reprime el impulso, sabedora de que sólo se delatará ante tal acción.
-Ya deja de molestarme y ven, mejor te acepto tu invitación. - Dicho esto, la albina se levanta bruscamente y toma a su hermana del brazo, obligándola a salir del cuarto, la pelirroja haciendo un puchero divertido pero dejándose llevar por su beligerante hermana.
-¡Eres una aguafiestas! ¡Algún día te escucharé decirlo abiertamente!
A pesar de las palabras profanas, Elsa aun así sonríe, contenta de tener a su hermana para sí.
-Pero no será hoy, así que deja de decir en voz alta tales atrocidades y camina, que el glögg se enfriará si no llegamos a tiempo con Gerda.
ooooooooooooOOOOOOOOOOOOOOOoooooooooooooo
Después de cenar con su hermana y disfrutar de varias horas juntas en el salón del té, pasada la medianoche deciden finalmente dar por terminado el día. Las dos van caminando por el pasillo, dirigiéndose a sus aposentos, brazo con brazo y aún conversando animadamente, cuando se topan con la silueta trastabillante de un testarudo varón de cabellos turquesa y exquisito torso al desnudo, quien apoya el cuerpo en la pared para no caer.
-¿Degel? ¡Oh! ¡Degel!
Las dos corren a darle alcance, y Elsa lo toma de las mejillas para verlo a los ojos.
-¿Degel, que está pasando? ¿Por que no estás en la enfermería? ¿Cómo lograste llegar hasta aquí?
-¡Oh… Elsa! - Él le toma los codos con ambas manos, alegre de verla, y la rubia siente la temperatura de sus palmas y de sus mejillas muy elevada. - Me alegra que estés aquí… uno de los sirvientes me indicó el camino a la biblioteca, pero… creo que me perdí.
-Sí amigo, aunque déjame te digo que no andas tan perdido… - Anna sonríe sarcásticamente al ver que, mientras las manos de ella aún sostienen las ardientes mejillas, las manos de él han bajado a la femenina cintura, pero Elsa le dirige una mirada de reproche a su hermana, haciéndole guardar silencio. Por primera vez Degel voltea a ver a la pelirroja.
-Tú… debes ser…
-Anna, la hermana de Elsa. - El hombre se inclina en una reverencia pero pierde el equilibrio, casi cayendo hacia adelante, apenas sujetado por Elsa y la misma Anna, por lo que, una vez que logran recargarlo en la pared, la reina de Arendelle toma su mano alegremente, en señal de saludo, para permitirle que bese sus nudillos, aunque no puede del todo sonreír, pues el contacto con la piel del caballero ha hecho que ambas sean muy conscientes de la fiebre tan alta que el hombre está sufriendo.
-Por supuesto que eres su hermana. - El joven sonríe tiernamente, a pesar de su dolor. - Son igual de hermosas las dos.
Anna le sonríe aún más. Teniéndolo cerca, puede ver claramente por qué el apego tan súbito por parte de su hermana: Degel no solo es atractivo y varonil, sino además, bastante caballeroso y educado, como bien le dijera Kardia.
-Mucho gusto pero, no creo que sea buena idea que estés fuera de tu cama. Tienes fiebre alta y definitivamente no te ves en buen estado.
Degel trata de negar con la cabeza, pero el movimiento lo hace sentirse mareado.
-Creo que exagera, su Majestad. Es cierto que no estoy en mi mejor momento, pero definitivamente estoy mucho mejor que hace rato.
-Degel, no deberías minimizar tu malestar.
El joven de ojos violeta comienza a sentirse molesto por tanta insistencia, sumado a la ansiedad que lo carcome por terminar su misión, pero, siempre el caballero galante, inspira profundo para llenarse de paciencia.
-En absoluto estoy haciendo eso. Sólo digo que es urgente que vaya a la biblioteca, y ya descansé demasiado. Leyendo libros descansaré mejor.
Para su mala suerte, el Santo de Acuario se da cuenta que la reina de Arendelle es aún más testaruda que el Quinto Elemento.
-¡De ninguna manera permitiré que uno de mis invitados se arriesgue de forma tan inconsciente! Pero te propongo un trato. Llamaré a que nos ayuden para que regreses a la enfermería, y si te apetece, puedo hacer que te lleven nuestra selección de libros más antiguos a ella.
El joven la mira, incrédulo.
-Agradezco la propuesta, pero dudo que pueda ser de verdadera ayuda. Será difícil que puedan saber lo que estamos buscando.
-Entonces te puedo mandar al bibliotecario para que lo orientes.
-¿A estas horas de la noche?
Anna se yergue cuan alta es, llena de orgullo.
-Soy la reina. El personal está a mi disposición las 24 horas del día.
Degel levanta una ceja de doble partidura ante la aseveración, mientras se recarga un poco más en la albina beldad, quien apoya su mano en el poderoso pecho, mientras se suma a las protestas del peliverde.
-¿No te parece que es un abuso del personal? Seguramente el señor Fritz ya se encuentra descansando en sus aposentos.
Anna minimiza su preocupación con un movimiento de la mano.
-Te aseguro que el hombre ha descansado lo más posible en toda su vida. Por una noche que lo despertemos para pedir ayuda, dudo mucho que vaya a provocarle un infarto. Además, Degel ha manifestado que es una situación urgente, ¿no es así?
-Es correcto.
-Entonces, ¡no se diga más! Iré por el personal de la enfermería y una camilla, mientras mando a alguien más para traer al señor Fritz. Y no quiero hablar más al respecto. – Degel y Elsa reprimen su intención inicial de continuar con las protestas al ver la animosidad de la pelirroja beldad. Anna se voltea para salir corriendo a pedir ayuda, pero en el último momento duda y voltea a ver a la albina. - ¿Estás segura de que te puedo dejar con él?
Elsa le sonríe para tranquilizarla.
-Sí, por supuesto. Yo me encargo de este testarudo.
-¿De verdad estarán bien los dos?
-Claro que sí. No es como que vayan a atacarnos en este momento.
Degel decide intervenir, al notar que la joven duda todavía.
-No se preocupe por su hermana, su Majestad. Le aseguro que daré mi vida por protegerla, de ser necesario.
- Sí… ya lo he visto. - Anna no se siente del todo convencida, pues no es que el hombre tenga en estos momentos la capacidad de proteger a nadie, con las lesiones que porta, además de que tampoco es que le preocupe que sean atacados en el castillo… pero… dejar a Elsa sola con él… Anna sacude la cabeza, reprimiéndose a sí misma su paranoia: ¡Por Dios! ¡Elsa es toda una mujer, y el Quinto Elemento! ¡Seguramente puede caminar dentro de la seguridad del castillo con quien ella quiera! Por lo que, sin decir otra cosa más, la reina se retira buscando a alguien que le ayude a cargar con tan pesado trofeo.
Elsa mientras tanto, tiene ahora ambas palmas sobre el pecho desnudo de Degel, impidiendo que éste camine más, acercando su cuerpo lo más posible al de él, pero aún dudosa de permitir del todo ese contacto tan íntimo. Degel le sonríe y recarga su frente en la de ella, sintiéndose más tranquilo ahora que la tiene tan cerca.
-No son necesarias tantas molestias, Elsa. Realmente me siento mejor.
-Puedo ver que tus heridas están sanando. - La albina afirma, al ver las quemaduras y magulladuras del pecho y hombro, y retirar un mechón de cabello de la cara de él para ver mejor una quemadura en el cuello. - Pero aún tienes fiebre, debes descansar.
Degel niega con la cabeza, y después la toma por sorpresa, al trazar con sus dedos suavemente una línea en la mejilla de la albina, quien se sobresalta al contacto.
-En efecto estoy sanando, nuestro proceso de sanación es mucho más acelerado que el del resto de la población. Aunque estoy pensando que el tuyo también lo es, pues el horrible moretón que tenías en la mejilla ha desaparecido. Así como tu labio roto. – La albina inhala profundamente al sentir ahora sus dedos acariciando el hipersensible labio, pero nota que, en efecto, no existe dolor al contacto. – Es una suerte que tu hermana no llegara a verlos. ¿Cómo están tus costillas?
Elsa se queda pensando un momento.
-Pues… ya no me han molestado desde hace varias horas, incluso las había olvidado. ¿Supongo eso se debe a que ya he curado?
Degel sonríe, complacido.
-Me alegra saber eso. Supongo también significa que afortunadamente no estaban del todo rotas, solo resentidas.
Elsa se encoje de hombros, como para restarle importancia, aunque a la vez satisfecha de sanar tan rápido. Seguramente será una habilidad muy útil para todos ellos en estos tiempos turbulentos.
-Bueno, no estoy tan segura. Desde pequeña he tenido una velocidad de curación incrementada. Es decir, mi hermana y yo desde muy niñas fuimos inquietas, pero Anna siempre se frustraba porque, cuando las dos salíamos lastimadas, ya sabes, las típicas rodillas raspadas o rasguños o cortadas, en unas horas yo ya estaba como nueva, y en cambio ella se pasaba varios días sanando.
Degel se lleva la mano a la barbilla, pensativo.
-¿Será que el origen de tu rápida mejoría provenga de tu poder como la reencarnación del Quinto Elemento?
-Siempre lo pensé, que el hecho de tener un poder de hielo hacía que mi cuerpo se recuperara con mayor velocidad, como mi capacidad de crear vida. Pero no lo había cuestionado… hasta hoy.
-Bueno, es una fantástica habilidad, en especial si tomamos en cuenta lo que has pasado hasta este momento.
Elsa le sonríe, orgullosa.
-Sí, lo he estado pensando. – En eso, abre los ojos de par en par para luego fruncir el entrecejo. - ¡Pero no me cambies el tema! ¡Debes ir a descansar sin demora! Tú quedaste peor que yo en esa batalla.
Degel niega de nuevo con la cabeza, esta vez suavemente, al sentir un poco de vértigo con el movimiento, pero no acepta su debilidad verbalmente y en cambio, se sostiene en la albina para reafirmar su postura.
-No hay tiempo para descansar, Elsa. Venimos aquí para buscar respuestas, y éstas apremian, más ahora que han revelado que es a ti a quien buscan. No permitiré que te pongan una mano encima.
Elsa se enternece con sus palabras, sus manos acariciando suavemente el poderoso pecho del caballero, pero también se preocupa.
-Te agradezco la intención, pero en estas condiciones ni siquiera puedes llegar a la biblioteca. Ven, acompáñame, estaremos de regreso sin problemas y mañana podrás buscar todo lo que quieras.
-¡No! - Degel la empuja lejos de él, y ella casi cae. Él abre los ojos muy grandes, asustado de haber usado tanta fuerza en ella. - Elsa… lo siento… yo… - Apenado, decide mejor retomar su camino, sin embargo, cuando el hombre trata de caminar, se tambalea de nuevo, por lo que la albina regresa a su lado y lo obliga a recargarse en la pared una vez más. Degel fija sus ojos violeta en los de ella, tratando de transmitir su angustia.
-Por favor entiende, Elsa. Es necesario… tenemos que hacer todo lo posible por adelantarnos al enemigo, y en cambio ahora llevamos mucha desventaja. Y sin quererlo, me siento demasiado… vulnerable.
Una delicada ceja se levanta.
-¿Vulnerable?
-¿Has escuchado eso de que el conocimiento es poder?
-Sí, por supuesto.
-Pues en estos momentos el enemigo es más fuerte que nosotros sólo por ese aspecto. Te quiere a ti, y no saber para qué me desespera. Por no decir que me preocupa pensar en lo que usualmente les pasa a las mujeres durante una guerra…
Ella está a punto de preguntar, pero a su mente llega el recuerdo del Espectro que la tenía atrapada, de sus intenciones impropias para con ella… y hacia la joven Northuldra que salvó primero. Agradece al caballero por su intención, pero no quiere exponerlo más. ¡Dios! ¿Qué haría Anna en estos momentos?
-Está bien, te ayudaré, pero hay que esperar a mi hermana.
Degel vuelve a negar suavemente con la cabeza.
-Ella no me dejará llegar a la biblioteca. No entiende el verdadero peligro en el que se encuentran.
Una delicada ceja se levanta, retadora.
-Puede que mi hermana sea la reina ahora, pero yo soy la mayor, por lo que me hará caso. - Después de decirlo, la albina se sienta en el piso, su espalda recargada en la pared y frente a la ventana, para después palmear el lugar al lado de ella. - Ven, prometo que no es un truco. Sólo quiero que la esperes sin que te lastimes más. - El hombre aún duda, volteando a ver el pasillo y pensando en irse, pero sabe muy bien que, sin las hermanas, no hay manera de que llegue a su destino muy pronto que digamos… y la verdad es que se siente tan cansado…
-¿Prometes que sólo será un momento? ¿Que me acompañarás?
-Prometo que haré todo lo que esté de mi parte para que puedas obtener la información que necesites.
Degel asiente, parcialmente satisfecho, y, con dificultad, se sienta a su lado, sus cuerpos sin tocarse, pero aún así sintiendo el calor que emana de ellos. Así sentados, pueden ver perfectamente el cielo desde su posición, y como si hubiera estado programado, en ese momento aparece una magnífica aurora boreal en el cielo. Los ojos violetas del Santo se iluminan de fascinación y alegría.
-Tiene muchos años que no veía una aurora boreal… es preciosa…
Elsa se alegra de verlo tan feliz.
-Pensé que habías nacido en Francia.
-Y así fue… No te mentí cuando te dije que soy francés, como tan inteligentemente dedujiste. Pero al perder a mis padres fui criado por un familiar al norte de Siberia, en una tierra que se llama Bluegard. Y como si predestinado, fue ahí también donde regresé a hacerme caballero de Atena. Es un lugar inhóspito, mucho más frío y difícil para vivir que tu reino, pero igual que aquí, es un reino pequeño lleno de gente amable y gobernado por unos reyes sabios y buenos. Y… - Degel guarda silencio, pero no permite que la tristeza invada su mirada, y en cambio sigue disfrutando de la vista. Elsa puede sentir las barreras del Santo de Atena caerse por una fracción de segundo, y le agradece ese momento de confianza, por lo que recarga su cabeza en el hombro de él, mientras ambos observan el cielo iluminado. Después de unos minutos, siente la cabeza de él reposando en la suya, y su respiración más pausada, más profunda. Tratando de no moverlo, ella voltea hacia arriba y se da cuenta de que se ha quedado profundamente dormido. La albina sonríe, levantándose mientras procura no despertarlo y, usando su poder, crea una nueva camilla de hielo, para poder llevarlo a su cama. En eso llega Anna con tres sirvientes.
-¿Qué hiciste, hermana? ¿Lo golpeaste?
Divertida, Elsa le responde de inmediato.
-¿Cómo crees? Más bien debería agradecerte.
-¿Ah sí? ¿Y se puede saber por qué?
-Pensé en qué hacer en tu lugar, con qué me golpearías si fuera yo la que se ha puesto necia, y recordé que tu arma más poderosa contra mí es, de hecho, tu encanto. - La reina se carcajea ante la sonrisa de satisfacción de su hermana.
-¡Muy bien jugado! ¿Y ahora a la enfermería, cierto? Propongo que le pongas unas cadenas para que no se mueva. - Elsa es quien ríe ahora, pero piensa que no es tan mala idea después de todo. Entre risas y conversación ligera, Anna despide a la servidumbre que la había acompañado. Después de unos pasos y que la reina se ha quedado viendo la camilla de hielo, finalmente su curiosidad es demasiada. - Si podías hacer eso desde un principio, crear un artilugio de hielo para llevarlo a donde quería ir, ¿por qué no lo hiciste?
La sonrisa de la albina se transforma en una de completa travesura.
-¿Y facilitarle las cosas? Por supuesto que no. Él ya sabe que conmigo le costará un poco más de trabajo. Además, prefiero que descanse. Ya escucharé su sermón después.
Pero a pesar de sus palabras, Anna sonríe al darse cuenta de que, de hecho, el camino al corazón de su hermana se le está poniendo demasiado fácil para el Santo de Acuario.
oooooooooooooOOOOOOOOOOOOOoooooooooooo
A/N: He aquí la respuesta para todos aquellos que se imaginaban a Kardia usando sus encantos con la reina de Arendelle. ¡La verdad me encanta la idea! La pregunta es, ¿acaso Anna caerá en sus redes y dejará a Kristoff? ¿O le romperán el corazón a nuestro alacrancito? Por otro lado, la química entre Degel y Elsa se hace más fuerte. ¿Quién quiere ver un beso? XP.
¡Muchísimas gracias por todos sus comentarios! ¡Me hacen muy feliz!
