Cosmos Congelado
Capítulo 23
Cerebro Congelado
Advertencia: escenas filosóficas adelante (¡o sea, es Asmita, por Dios!) sáltense este capítulo si el onanismo intelectual no es lo suyo. El siguiente capítulo tiene un poco más de acción (de varios tipos de acción, jejeje) por lo que seguro será más de su agrado. Están advertidos.
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Elsa da un paso hacia atrás, sorprendida ante las palabras del extraño frente a ella, levantando las manos hacia el frente como para detener cualquier avance del hombre.
-¿Un… un sol? U-una disculpa, caballero, pero yo no soy ningún sol. Ni siquiera sabes quién soy.
Asmita le sonríe, igualmente las palmas al frente, pero en su caso, con un gesto apaciguador.
-Sí, por supuesto que me refiero a usted, su Alteza, aunque lo que quiero decir es que huele a un sol, al poder de un universo creador. Y claro que sé de su existencia, no sólo su hermana me ha contado sobre usted, sino que, además, la misma Atena es quien me ha mandado en su ayuda.
Los ojos de la joven se abren de par en par al escuchar el nombre de su adorada hermana.
-¿Anna? ¿Conociste a Anna? ¿La viste?
Asmita asiente lentamente.
-Vengo de estar con ella, su Alteza, y no se preocupe, ella está bien, aguardando impacientemente su retorno a salvo. Si le tranquilizaría más saberlo, Sísifo convocó a varios de nosotros para resguardar Arendelle y a su reina, por lo que ella está más que segura en su castillo.
La joven abre los ojos de par en par al escuchar sus palabras, mientras una discreta sonrisa ilumina su rostro. ¡Qué fantástica noticia! ¡Un grupo de Santos Dorados, gente tan poderosa como Degel y Kardia, resguardando Arendelle! Elsa deja escapar un suspiro de alivio, sintiendo como un poco del enorme peso sobre sus hombros se ha levantado.
-Eso… realmente es una gran noticia, caballero, le estoy eternamente agradecida por compartir conmigo tan grata información. Pero por favor, dígame más. ¿El ejército de espectros… aún…?
El caballero niega con la cabeza.
-Lamento decirle que, mientras hablamos, el ejército de Hades aún se encuentra navegando hacia sus tierras, dispuestos a atacarlas, pero al menos ya sabe que no estarán solos en esa batalla: como bien le he dicho, un grupo nutrido de los nuestros, incluyéndome a mí, estaremos ahí para protegerlos. Dígame su Alteza, ¿eso le hace sentir mejor?
Elsa suspira de nuevo y asiente, definitivamente más tranquila al saber que su hermana, que todo Arendelle, estarán a salvo.
-Una vez más gracias caballero, por contarme. Y… por venir en mi ayuda.
El Santo Dorado de Virgo asiente en señal de respeto.
-Ha sido un placer, su Alteza. – Asmita da un paso al frente, pero, a pesar de que el Santo Dorado fue el afortunado mensajero de tan alegres novedades, la respuesta de Elsa sigue siendo dar un paso hacia atrás. Asmita se reprime de avanzar hacia ella una segunda ocasión, notando su desconfianza.
-Dijiste… dijiste algo respecto a que tengo olor a un sol. ¿Qué quisiste decir con eso?
El hombre se mantiene impasible, sus ojos azules fijos en ella, mientras da un paso hacia adelante, y sonríe tristemente al ver que la respuesta de la blanca beldad frente a él vuelve a ser dar otro paso hacia atrás, en evidente desconfianza.
-Por favor, no debería temer mi presencia, su Alteza, - el hombre más cercano a Dios habla con la voz más suave posible, mientras de nuevo levanta las palmas en señal de apaciguamiento. – Como dije, vengo en nombre de mi diosa Atena, para salvarla y resguardarla, pero…
Ante la pausa del caballero, una delicada ceja se levanta.
-¿Pero?
Asmita suspira, tratando de frenar sus emociones mientras su sonrisa se ensancha, y coloca una mano sobre su pecho, como si buscando frenar los sentimientos que los recuerdos producen en él.
-Pero le pido mis más sinceras disculpas, y si permite mi atrevimiento, quisiera ser brutalmente honesto respecto a los sentimientos que usted me inspira. – Las palabras del caballero, dichas con tanta vehemencia, hacen sonar las alarmas de la hermosa albina, quien da un siguiente paso hacia atrás. Asmita niega con la cabeza, aún sonriendo, ante la respuesta de la joven. – No, su Alteza, no de esa forma. Permítame explicarle: llevo muchas reencarnaciones buscando el aroma que alguna vez percibí, hace milenios, en una persona muy especial, y que me dejó fascinado. Muchas reencarnaciones en que he estado a punto de alcanzar el Nirvana, pero ese único deseo, esa única aspiración, me ha detenido: el deseo de volver a percibir el olor a soles y explosiones. El olor a vida y a creación.
En vez de aclararle la situación, la joven albina se siente aún más confundida ante las extrañas palabras del recién llegado.
-¿Reencarnaciones? Pero…
Asmita ríe un poco ante la confusión de la mujer.
-Estoy seguro, por lo que he percibido, y conociendo a Degel, que estoy ante una persona culta y letrada, y que sabe a lo que me refiero; tengo la absoluta certeza de que no tengo necesidad de explicarle el concepto a una diosa como usted.
Elsa se endereza un poco ante lo que considera una afrenta a sus conocimientos.
-Sí, por supuesto que soy una persona culta, y conozco que hay religiones que creen en la reencarnación… además de que… – Elsa siente que empieza a exaltarse, pero no puede remediarlo: ha sido tanta información en tan poco tiempo, que siente que su cabeza está a punto de explotar. Tratando de tranquilizarse, la joven le da la espalda al caballero, resoplando enojada, mientras lucha por dominar sus emociones. Sin embargo, la duda es demasiada, la frustración la tiene muy sobrepasada, por lo que, los nervios alterados y necesitando sacar su enojo con quien se deje, sin quererlo da un paso al frente, su mirada fija en el hombre rubio, mientras manotea activamente para dar énfasis a sus palabras. - Degel dice que yo misma soy la reencarnación de una diosa, pero aún no entiendo, ¿cómo podrían afirmar tal cosa? ¿Cómo puedes tú? Yo sólo soy una simple mujer, que por alguna razón que aún no tengo del todo claro me han dado estos poderes que no quiero y nunca pedí, no tengo ni un solo recuerdo de mi vida previa, ¡de lo que me aseguras con tanta certeza! y si no hubiera sido por Degel, nunca me hubiera enterado de que…
Sin tomarse personal la evidente agitación de la joven, Asmita siente su corazón latiendo con fuerza ante la oportunidad de platicar más con esta mujer sobre temas que él personalmente adora, sin embargo, se obliga a sí mismo a reprimir su deseo de dar un paso al frente, entendiendo que podría agitarla más, ahuyentarla más, aún cuando realmente ella no tiene a ningún lugar donde pueda huir. No dentro de la dimensión que Deuteros ha creado para ella.
-Esta es una conversación que me encantaría tener con usted, su Alteza, con más detalle y más tiempo. Pero no puede ser en estos momentos, y seguramente no en esta dimensión, por lo que digamos que, así como ha renacido en usted la diosa de la creación, el hombre más cercano a dios ha vuelto a nacer en mí también.
Una delicada ceja llena de incredulidad se levanta.
-¿Quieres decir que somos parecidos?
Asmita asiente lentamente.
-Parecidos en cuanto al motivo de que llegáramos a este mundo. Pero diferentes, pues la deidad que ha reencarnado en su cuerpo es única. Y es esa deidad la que mi propia reencarnación ha buscado volver a admirar.
Elsa niega con la cabeza mientras de nuevo da un paso hacia atrás, perdiendo los bríos que la habían invadido y con una mano acariciando sus cabellos, una vez más llena de dudas y miedos. Una parte de ella, más bien una gran parte de ella, no ha terminado de aceptar lo que Degel le había revelado, lo que este hombre asevera con tanta insistencia. Profundos ojos azules regresan a los del caballero, leyéndose consternación e incredulidad detrás de ellos.
-Dime por favor, caballero, hazme entender, dame una razón lógica por la cual he de creerte, un argumento de peso que me haga entender… que me explique por qué crees que yo…
-No lo creo, señora mía. – Rompiendo su ciclo de dudas, y como para hacer énfasis en sus palabras, Asmita inspira profundamente, percibiendo el perfume de la albina beldad. - Realmente es usted esa deidad, pues mi mente recuerda perfectamente su olor a sol. A miles de explosiones creadoras de universos. A milenios de evoluciones y despertares. Usted, como ya le dijera anteriormente, huele a vida.
Ante tal aseveración, Elsa niega con la cabeza. Ser el Quinto Elemento ya de por sí es una gran revelación, pero realmente aceptar que es una diosa…
-¿Por qué se niega a aceptarlo, su Alteza? ¿Por qué es tan difícil para usted admitir el increíble poder que fluye por sus venas?
Ojos cristalinos se dirigen a los pacíficos del caballero, mientras ambas manos cerradas en puños se aprietan sobre su suave pecho, y la albina beldad hace un esfuerzo por ser lo más honesta posible, sabiendo que muy seguramente no tendrá otra oportunidad de serlo.
-Porque… mis hombros siempre han estado cargados de grandes responsabilidades, primero primogénita, luego reina, después Quinto Elemento, ¿ahora diosa? ¿Qué más desea el mundo de mí que no le he dado ya? – Ambas manos cubren su rostro en un gesto de angustia. - ¿Qué más puedo rescatar que no he rescatado ya? ¿A quién más de los que amo he de poner en riesgo para lograr lo que todos esperan de mí?
Asmita no se impacienta ante las preguntas dichas con tanta zozobra, incluso de cierta manera parece que las esperara.
-No puedo responder a eso, su Alteza, desearía, pero no soy yo quien deba responder. Es cierto que una vez más sus hombros llevarán un gran peso. Pero también debe de saber que esos hombros pueden con eso y mucho más. - Asmita da un paso hacia ella, tratando de consolarla, pero Elsa vuelve a dar un paso hacia atrás para alejarse, y esta vez la mirada dorada del Santo de Virgo es triste. – Puedo entender su reticencia hacia mí, su desconfianza, especialmente después de lo que ha tenido que sobrevivir, pero debe creerme cuando le digo que no tiene nada que temer de mí. Yo sólo soy un simple peón de la vida, - Asmita da un paso hacia ella, sus ojos azules siempre fijos en los de la mujer, a pesar de que ella da otro paso atrás, - un hombre que está a punto de pasar al otro plano astral, listo para realizar el sacrificio que Atena requiere de todos nosotros. – Un paso más, y en esta ocasión, para placer del Santo Dorado de Virgo, Elsa no se mueve. – Un hombre que se siente avergonzado por la felicidad que le embarga al ver cumplido su sueño más deseado.
-¿Qué es…?
Elsa apenas susurra, bajando las manos de su rostro, y se da cuenta que no puede retirar los ojos del hermoso hombre, pero en esta ocasión no por terror ni pánico, sino por una emoción lo más parecida a la tranquilidad, a una paz que nunca ha experimentado, sintiendo, al fijar su mirada en esos ojos azules, como si un fresco rocío la bañara de pies a cabeza, relajándola.
Asmita por su parte, amplía su sonrisa, mientras lentamente da unos pasos más, finalmente quedando a su altura.
-Ver a los ojos a la representación en carne viva del máximo ser creador.
Como si fuera parte de su movimiento, Asmita la toma por ambos codos, para, siempre con sus cristalinos ojos fijos en los de ella, acercarse lentamente y al final darle un suave beso en los labios.
Increíblemente y contra todo lo que pensaba, Elsa no siente la necesidad de rechazarlo como ella esperaría: no siente el terror que apenas unos minutos antes la embargara durante el ataque de Deuteros, pero tampoco el fuego en su vientre que Degel le provoca cada vez que la toca.
No.
El beso de Asmita, suave y apenas el roce de los labios, lo que ha provocado en ella es una inmensa sensación de paz, de absoluta tranquilidad, como si esa caricia pudiera transmitirle toda la seguridad del mundo: la certeza de que, no importa lo que pase, todo estará bien.
-Y así será, su Alteza.
Asmita finalmente se separa de ella y da un paso hacia atrás, no dejando ir aún sus codos, para, en un fluido movimiento, hincarse frente a la aún sorprendida mujer y colocar la frente sobre el cálido vientre de la diosa nórdica, como si orando, en esta ocasión sí haciendo sentir incómoda a la joven, quien, a pesar de todos sus deseos, por una extraña razón no se ve con la fuerza de dar el paso atrás para alejarse de nuevo.
-¿Qué… qué haces?
El Santo de Atena sólo pasa tres segundos en esa posición, para después reincorporarse, su rostro iluminado por una enorme sonrisa.
-Sólo agradezco a los dioses por darme esta oportunidad, su Alteza, pues gracias a este momento me considero un ser sumamente bendecido.
Dicho esto, el hombre finalmente la suelta y se aleja de ella, sonriéndole con la máxima satisfacción y cayendo en un silencio suave, mientras la observa atento, como si esperando a que ella actuara.
Elsa tiene que pestañear varias veces para despertarse del estado de estupor en que el inesperado beso del bello hombre, y su posterior oración, la han dejado.
-Umh… ¿Qué… qué fue todo eso?
Asmita coloca sus manos detrás de la espalda, mientras trata de explicarse.
-Siento que le he provocado incomodidad, y esa nunca ha sido mi intención. Pero era mi máximo deseo el tocarla de nuevo, el orar sobre su sagrado vientre, y no he podido resistirme. – Algo en las palabras del hombre hacen que Elsa voltee a ver a Deuteros sin realmente pensarlo, observando cómo el hombre se mantiene hincado, silencioso, con la cabeza baja, y Asmita asiente. – Así es, su Alteza, mis acciones sobre usted le dicen que no soy mejor que este hombre que se ha dejado llevar por los deseos que usted ha inspirado en él, y no tengo disculpa, aún cuando, en mi caso, he decidido no ser violento. Le prometo que yo también me incluiré en el juicio de Atena.
Elsa voltea rápido a verlo, sorprendida ante sus palabras.
-No creo que sea necesario que te sometas a su juicio… tú no me lastimaste, tú no me forzaste…
-Y sin embargo, el beso fue completamente en contra de su voluntad. Si bien no fui agresivo como mi compañero, en cuanto a la forma de obtener lo que yo deseaba, de todos modos, cumplí mi deseo sin tener en cuenta su aprobación. Eso me hace tan culpable como Deuteros. - El aludido levanta discretamente la mirada hacia su compañero, quien le dirige a su vez una mirada llena de reproche. – Eso no justifica en absoluto lo que hiciste, lo que hicimos los dos. El castigo que ha impuesto Atena sobre ti es por la violencia que usaste. El castigo que nos dará, tanto a ti como a mí mismo, será por reclamar lo que no nos pertenece, contra la voluntad de una diosa.
Deuteros vuelve a bajar la mirada, apesadumbrado, y Elsa abre los ojos muy grandes, finalmente entendiendo.
-¡Lo hiciste a propósito!
Asmita regresa sus cristalinos ojos hacia los de la albina.
-¿Hacer qué, su Alteza?
-Robarme ese beso, tocarme sin mi permiso, ¡lo hiciste a propósito para que perdonara a tu compañero!
El hombre niega con la cabeza, una mirada de tristeza dibujada en su rostro.
-No para que lo perdone, pues lo que ha hecho no tiene justificación, sino para que entienda a Atena, que lo ama y que nos ama a todos con fervor. Este hombre quien, a pesar de ser un buen hombre, simplemente se dejó llevar por sus más bajos instintos; pero su Alteza, sus acciones fueron sólo eso, un error de juicio, sin ningún otro motivo oculto. Esto no justifica sus actos, por supuesto, pero Deuteros, por la forma tan ruin en la que creció, no conoce la restricción ni está acostumbrado al respeto, su educación no fue tan elevada como el resto de sus congéneres, por lo que no podemos esperar algo mejor de él.
-¡Pero él…!
Asmita levanta una mano, tratando de apaciguarla.
-No me malinterprete, su Alteza, él y yo recibiremos nuestro castigo ejemplar, sin dudar y sin quejarnos. Sólo deseo que entienda, que cualquier buen hombre puede caer en la terrible tentación, en el error máximo, no por maldad, sino por yerro humano. Esa es la razón por la cual le pido que no odie al resto de mis hermanos por lo que Deuteros ha hecho, por muy terrible que su acción haya sido. Hasta yo, el hombre más cercano a Dios, he caído en la tentación de su belleza y su divinidad.
Elsa se queda sin habla, por primera vez después de haber sido coronada, pues no puede negar que el Santo tiene razón, pero aún siente tanta rabia por la invasión a la que Deuteros se atrevió… la joven cierra los ojos, tratando de contener su furia y luchando por ser sabia en lo que ordena sus pensamientos y sus emociones.
-Quisiera… desearía de todo corazón poder estar cuando sean castigados. Tengo derecho de presenciar el pago por el pecado que infligieron. Pero puedo entender tu punto. No… no buscaré represalia contra tus compañeros, como bien has pedido. Pero sí exijo que este hombre aprenda de su error.
Asmita se hinca ante ella, la cabeza agachada y una mano sobre el pecho.
-Así será, su Alteza. Se lo prometo.
En el momento en que Asmita se levanta, un recuerdo aún más importante llega a la mente de la albina, y ella finalmente da un paso adelante.
-Quiero preguntarte algo más. Dijiste… mencionaste que… Degel… y yo…
La sonrisa de Asmita se hace más brillante.
-Que es usted la esposa legítima de Degel.
Un escalofrío le recorre la espalda al escuchar de nuevo las palabras, y la albina no puede discernir si de placer o de miedo.
-¿Es… es cierto eso?
El hombre se encoge de hombros.
-¿Por qué habría de dudarlo? ¿Acaso no fue la mismísima Atena quien los bendijera de tal forma?
Elsa abre mucho los ojos cuando llegan a su mente las palabras de la tierna y hermosa adolescente que es Atena, presentándose ante Degel y ella en las profundidades de Ahtohallan.
…Entonces no se diga más. Bendigo esta unión con todo mi corazón, y que nadie, ni el cielo mismo, se atreva a negar o a separar lo que yo he unido…
Esas ciertamente fueron palabras de compromiso bendecido, y Elsa no puede negarlo ahora: no sólo fueron las perfectas palabras las que sellaron dicha promesa, sino que además, fue un acto realizado en una estancia tan sagrada como el recinto escondido de Ahtohallan. Ella verdaderamente se ha convertido, ante los ojos de Atena y de Ahtohallan, en la esposa legítima de Degel. La joven albina siente la sangre cayendo a sus pies.
-Yo… yo no…
La sonrisa de Asmita desaparece por un momento.
-¿Acaso no lo desea? ¿No era su intención estar con mi hermano?
…Sí. Todo mi corazón le pertenece a Degel…
Realmente no fueron palabras vacías las que le dijo a Atena, su corazón habló en ese momento, tiene la certeza de ello. Entonces, ¿quién está hablando por ella ahora? ¿Por qué está dudando?
-¿A qué le tiene miedo, su Alteza?
Elsa se sobresalta al despertar de su introspección y darse cuenta que Asmita está de nuevo a milímetros de su rostro, sus profundos ojos azules viendo a través de ella, leyendo los recovecos de su alma.
-¿M-miedo?
-Sí, miedo. Puedo verlo en sus ojos. Puedo escucharlo en los latidos de su corazón. ¿Por qué tiene tanto miedo?
Las palabras del alto caballero le sorprenden sobremanera. Elsa pensó que había perdido todo miedo una vez que se había vuelto el Quinto Elemento. Parece que se equivocó.
Al tratar de dar un paso hacia atrás, para alejarse del Santo de Atena, para retener un poco de su cordura, el Quinto Elemento se da cuenta de que la enorme mano del caballero está posada sobre su espalda baja, sujetándola. Pero no de una forma invasiva y posesiva, como Deuteros. No de una forma sensual, como Degel. Más bien, como para sostenerla, prever su colapso evidente. No como atacante o amante, sino como hermano, presto para apoyarla.
Pero ella ya no es esa mujer. Ya no necesita ese soporte.
Es hora de que Elsa de Arendelle realmente pierda todo el miedo.
Determinada, Elsa levanta una mirada dura para fijarla en el caballero que la sostiene, mientras lo toma de la mano que la sujeta para retirarla de su espalda, educada pero firmemente.
-Yo no le temo a nada. Ya no. Tienes razón, Asmita, fui yo quien aceptó a Degel, recibiendo voluntariamente la bendición de tu diosa Atena. No pienso negar ninguna de esas verdades. Simplemente me has tomado por sorpresa.
La sonrisa sincera de Asmita no se hace esperar, y asiente, dando un paso hacia atrás para respetar el espacio de la albina.
-Eso me llena de mucha alegría.
Elsa le regresa la sonrisa, pero, por una razón que no entiende, su mirada de inmediato se dirige a buscar a su atacante. Deuteros, completamente dócil, continúa hincado frente a ellos, silencioso como una tumba, con la cabeza gacha y la mirada fija a los pies de ellos. Como si Asmita hubiera escuchado sus pensamientos, le contesta la pregunta que ni siquiera sabía que quería formular.
-Él no es un hombre malo, su Alteza, no realmente, no como su hermano. Pero entiendo su desconfianza, y puede tener la certeza de que ya no le hará más daño, ni a usted ni a Degel, no debe de preocuparse. Sus acciones son terriblemente penadas en nuestro Santuario, por lo que él recibirá el castigo conducente.
Elsa levanta una delicada ceja, sintiéndose incrédula ante sus palabras sin saber exactamente por qué.
-¿Realmente será castigado?
Asmita asiente.
-Igual que yo, Atena. Los dos seremos castigados por nuestros actos. La voluntad de Deuteros, así como la de todos nosotros, está regida por la diosa Atena, y cuando ella ordena algo, nosotros simplemente obedecemos. Ahora usted se encuentra bajo la protección de la diosa de la Sabiduría: él y yo estamos obligados a resarcir el daño que le hemos ocasionado.
Elsa aún no puede entender por qué Asmita se permitirá ser juzgado sólo para probar un punto, pero decide mejor no ahondar en eso. Su interés yace en no tener a Deuteros frente a ella, y especialmente, que ni siquiera voltee a ver a Anna. Si lo que dice Asmita es cierto, y él actuó por no saber controlarse cuando la vio a ella, ¿qué haría al conocer a Anna, a quien Elsa considera aún más hermosa?
-¿Deuteros regresará a Atenas? ¿No lo veremos en Arendelle?
Asmita asiente de nuevo.
-Deuteros no pondrá ni un solo pie en su castillo, se lo aseguro. Y tiene también mi promesa, y la promesa de la mismísima Atena, que los dos seremos juzgados como es debido. Pero, independientemente de la voluntad de nuestra diosa, siendo la parte agravada, ¿quiere que permanezcamos en tus tierras, para que sea su propia mano quien nos castigue?
Elsa se le queda viendo al hombre hincado, sopesando la oferta. Como si hubiera sentido su mirada, Deuteros levanta la vista hacia ella, y la joven albina nota que no existe ya ardor en esos ojos azules, ni deseo, ni enojo, pero tampoco arrepentimiento. Es como si hubieran quedado vacíos de cualquier sentimiento. Sin embargo, no puede observarlo mucho tiempo, ya que el cuerpo de Asmita se interpone entre sus miradas, para obligar al Santo Dorado de Géminis a bajar los ojos de nuevo, obedeciendo su castigo.
-No necesita contestar eso ahora, su Alteza. Piénselo y ordene lo conducente. Mientras tanto, opino que deberíamos regresar de una vez, Degel está combatiendo solo, y quizá sea algo que no sea mucho de su agrado.
Al escuchar las palabras del caballero, los ojos de la albina se abren de par en par.
-¿Degel está combatiendo? ¡¿Solo?¡ ¡Por qué no me lo dijiste antes! ¡Debemos ir a ayudarlo!
Asmita le sonríe, y extiende su mano hacia ella.
-No se diga más. Vayamos por Degel, entonces.
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A/N: Este es el capítulo más pequeño que, espero, les voy a dejar. En este caso es intencional, ya que, aunque inicialmente era un único capítulo, decidí dividirlo en dos de manera que pudieran saltárselo sin más dificultad, pues seguramente habrá muchos de ustedes que no les agrade eso de filosofar.
La idea es complacerlos en lo que más pueda.
En otras cosas, okay, puede que Asmita esté muy muy OOC, pero… pensé que, siendo el hombre más cercano a dios, debe también saber ser amable y suave, compasivo, aún cuando habitualmente se le muestre frío y alejado. Pensé que, para la gente común, él podría bien comportarse como un monje común. Y frente a una diosa, sobretodo si consideramos que Elsa es la reencarnación de la diosa que dio vida al planeta, Asmita debería sentirse humilde, ¿no lo creen?
Además… bueno, también me sirvió para un poco de catarsis, un poco tratar de entender la naturaleza humana y tratar de salir adelante de esta misantropía que había empezado a echar raíces dentro de mí. Aún cuando hay demasiado machismo en mi país, y por lo tanto mucha violencia de género, muchos feminicidios, y me muero de miedo de que mi hija corra el riesgo de sufrirlo, también es mi obligación enseñarle que existen hombres buenos en este mundo, hombres que la amarán y la cuidarán si ella aprende a corresponderles con amor y respeto. Es… un poco difícil de asimilar, en especial dadas mis propias experiencias, pero este es mi primer intento. Lamento que se haya vuelto muy filosófico.
Y bueno, esperemos que la historia les siga gustando a pesar de esto. ¡Muchas gracias!
También siento mucho la confusión porque haya gente llamando su Alteza o su Majestad a Elsa, aparentemente de forma aleatoria. Realmente es a propósito, pues, mientras el título correcto es Alteza, pues ella abdicó en su hermana, y por lo tanto vuelve a ser princesa, hay gente que le sigue dando el título de reina, en reconocimiento o por respeto. En general, quienes la llaman así son Degel, Kardia, Kai y Gerda. Deuteros, cuando lo hace, más bien lo hace en tono de burla. Y los espectros, bueno… ellos realmente no saben mucho de quién es ella, por lo que sólo copian lo que hacen los demás. De ahí que haya capítulos en donde le dan el título de Majestad. Espero que esto sea coherente y aclare la probable confusión (o críticas).
Espero que, a pesar de todo, les haya gustado un poquito el capítulo. y espero también, de todo corazón, que me dejen un par de reviews para platicar con ustedes. Que pasen un bonito día!
