Flufftober 20: Tulips/Tulipanes
Tulipanes. La rodearon tan pronto ingresó al departamento, su olor invadió sus sentidos haciéndola aspirar a fondo. La estancia estaba tenuemente iluminada por velas repartidas sobre los muebles. Acercándose al primer bouquet -el más cercano- contempló una envoltura de caramelo decolorada acompañada por una nota.
¿Te acuerdas cuando nos conocimos? Había sido una tarde en el parque que quedaba cerca de nuestro edificio. Tu mamá no quería dejarte ir a jugar con ningún niño pero la convencí de alguna manera y me obsequiaste un dulce cuando volvimos a casa. En ese tiempo ni siquiera sabía que éramos vecinos. Desde entonces has sido mi mejor amiga.
La sonrisa que se extendió en su rostro estaba impregnada de dulzura, el recuerdo de ese día era imborrable para ella. En ese entonces se había mudado a un nuevo edificio y no tenía amigos más allá de su primo, quien le presentó a cierto muchachito de cabello negro y ojos azules con el que fue a mirar a un gato callejero cerca de los toboganes del parque.
Acarició los tulipanes amarillos, recordando esa época de grandiosas aventuras con sus dos mejores amigos. Luego dio un paso más allá, encontrándose una canasta de tulipanes naranjas. También sosteniendo una nota y una fotografía de ellos dos durante la escuela elemental.
No te lo he dicho a menudo. En realidad creo que nunca lo he hecho pero, has sido una de las personas más importantes en mi vida. Desde que te conocí la mayoría de mis días fueron brillantes y llenos de alegría, tanta, que a la fecha sigue iluminando mi camino.
Al siguiente mueble, contempló un ramo de tulipanes rosados, que tenían una tarjeta de corazoncitos y ositos melosos con la frase «¿Quieres ser mi Valentín?». Obviamente acompañada por otra nota.
Hubo un tiempo en el que me asustaba la forma en que comencé a verte, cómo me di cuenta de que ya no éramos los mismos niños que jugaban a trepar árboles y competir quién subía más alto en el columpio. Me asustaba que al verte te dieras cuenta del calor apoderándose de mis mejillas o de lo nervioso que estaba cerca de tí.
La chica parpadeó con cierta sorpresa, no esperaba que él hubiera tenido sentimientos por ella desde tan corta edad. Un revoloteo se levantó desde su estómago llenándola de emoción desbordante. La sonrisa en sus labios se estiró más, volviendo sus orbes púrpuras dos lunas menguantes. Volvió a dar otro paso alcanzando un bouquet de tulipanes rojos. Ahí tenía las entradas al cine que utilizaron el día que se formalizó su noviazgo hace cinco años. Levantó la nota, divirtiéndose por su contenido.
Si no mal recuerdo, ni siquiera pusimos atención a la película. Solo estábamos tonteando con las palomitas. Es una lastima que el restaurante al que fuimos ese día ya no esté abierto, tenían buenas papas fritas. A veces pienso que no ha pasado mucho tiempo desde la primera vez que te dije que me gustabas. Porque sigo haciéndolo como ese día. Sin importar cuantos anman puedas comer, te voy a seguir amando.
Yona rodó los ojos.
Giró en todas direcciones para encontrar al responsable de este espectáculo sin verlo por ningún lado. Pensaba que iba a salir por sorpresa de algún lugar pero no había señales o algún ruido siquiera. Con curiosidad empezó a buscar por todo el sitio, llamándolo por su nombre.
Al ingresar en la alcoba de ambos, pudo notar un último ramo de tulipanes blancos sobre el edredón gracias a las veladoras del buró. Avanzó tomando entre sus manos la hoja doblada, casi soltandola por el impacto de su mensaje.
Yona, si estás de acuerdo. Cásate conmigo.
Ella estaba a punto de llorar. Entoncesla voz de su novio -corrección, prometido- la sobresaltó—. Escuché que los tulipanes blancos quedan bien para el ramo de novia.
Yona sintió los ojos aguarse y su corazón casi estallar por la felicidad—. Hak...
—¿Qué dices, princesa? ¿Nos casamos?
Fin.
