Flufftober 21: Fight and apologize/Pelear y disculpa.


El ambiente dentro del campamento era tan espeso que podías tocarlo con la punta de los dedos. A todos se les ataba la lengua cuando intentaban hacer un comentario para aligerarlo y no lograban cambiar a mejor las cosas, sino, todo lo contrario.

—Gracias por la comida.

Hak se levantó del tucón donde estaba sentado y se marchó sin más palabras, el aura amenazante que desprendía era incluso repelente a JaeHa con sus bromas pesadas. Nadie le rechistó una sola sílaba más allá de Yoon dando un pequeño pujido para minimizar el asunto. Luego todos se concentraron en sus platos, al menos eso intentaron.

Aunque era obvio que las miradas de cada uno se dirigían a la única mujer del grupo -y fuente de enojo de la bestia del trueno-. Porque si, Hak estaba enojado con la persona que más adoraba en el mundo y eso era extremadamente raro pero al parecer no imposible.

—Estuvo delicioso Yoon. Muchas gracias. —Ella ignoró todas las miradas a su alrededor comenzando a perseguir al azabache porque al parecer, no iba a dejar las cosas estar hasta que él perdiera por completo la paciencia. No oyó las palabras para detenerse igual que entonces.

El joven de ojos azules estaba tendido contra un árbol, con las manos detrás de la cabeza mientras arrugada el ceño con fuerza. Como si se estuviera auto-amonestado— ¿Qué quieres, princesa? —increpó con voz grave y sombría cuando la escuchó acercarse.

—Quiero entrenar —ella respondió con tono parejo.

—Hoy no hay entrenamiento.

—No estoy pidiendo tu opinión.

—Olvídalo.

—No.

—Princesa...

—Es una orden.

—No voy a obedecer.

—¿Por qué?

¿Por qué?

No, ella no lo preguntó ¿Cierto? Hak abrió los ojos de golpe. Al levantarse, sus casi dos metros de altura se tragaron la figura menudita de Yona con su sombra. Él apretaba los puños a sus costados, intentando controlarse. Pero maldición, ella tenía un aura igual o más furiosa que él. Por primera vez en mucho tiempo quiso realmente llevársela a Fuuga y dejarla ahí hasta que se recuperara. Los vendajes asomándose por debajo de su manga le espinaban los ojos.

—Si te refieres a la herida, no me duele demasiado. Puedo blandir él bokken y...

—Princesa.

—Haré mis movimientos con cuidado...

—Princesa.

—Así que no debes preocuparte de que empeore.

—Hablo en serio. No voy a entrenar contigo con el brazo lastimado.

—¿Pero qué es lo que te molesta tanto? ¿Que me haya lastimado el brazo o que lo haya hecho protegiendote? Con ninguna de mis otras heridas has hecho tanto escándalo.

Perfecto. Hak lo perdió con aquello.

—¿Qué me molesta tanto? ¡Que hayas metido los brazos para recibir la flecha en mi lugar! ¡No debiste hacerlo! ¡Si Pukkyu no tiraba de tu manga la flecha habria atravesado tu brazo por completo!

—¡Iban a volver a herirte si no lo hacía!

—¡No es gran cosa! La flecha no me iba a matar.

—No me importa. Ya te lo he dicho, estoy dispuesta a levantar una espada para protegerte o a recibir el daño si hace falta. Son mis heridas así que no las menosprecies.

—No la estoy menospreciando, princesa. Pero hacer algo tan descuidado...

—¿Por qué no entiendes que es importante para mí?

—¿Y tú por qué no entiendes que no me gusta que te lastimes por el simple hecho de que detesto verte herida? —Hak soltó repentinamente. Para él, ver a la persona más preciada en su corazón tener que lidiar con la supervivencia era algo que de alguna manera le disgustaba.

Claro que admiraba su fuerza y determinación para vivir. Pero la parte de él que conoció su lado mimado y delicado todavía no podía acostumbrarse a verla llena de suciedad y cubierta de heridas a pesar de no demostrarlo. Además, se sentía frustrado por ser la causa de ellas. Respetaba las que la princesa consiguió durante sus propias batallas pero el amargo sabor de ver su sangre manchandole la piel al protegerlo le desgarraba el pecho.

No entendía a su propio corazón deseoso de abrazarla hasta fundirla consigo, al mismo tiempo que le pedía sacudirla por los hombros para hacerla entrar en razón.

—Detesto incluso cuando te haces daño mientras caminamos por senderos difíciles. Me hace sentir impotente. Aún si no quieres valorarte a tí misma, para mi eres demasiado importante. Así que no hay entrenamiento. —Dichas estas palabras se alejó antes de hacer algo de lo que se podría arrepentir.

Atrás quedó ella sintiendo su corazón latir con fuerza.

Al día siguiente, el grupo se había adentrado en una aldea para conseguir suministros y dinero. Yoon colocó su puesto medicinal como siempre aunque no se atrevió a pedirle a Hak que utilizara su carisma para atraer clientela. En cambio le entregó algo de dinero para sus armas que tanto entusiasmo le causaban, pues desde el día anterior pasó de molestia a tener un semblante tan sombrío que en cualquier momento comenzaría a llover sobre él.

El chico de ojos azules no se quejó por el «día libre» pero aún consiguió algunos -muchos- compradores. Luego de un rato, desapareció del radar de Yona que lo había estado mirando desde... no sabía cuándo. Sin otro pensamiento se separó del grupo para buscarlo. Caminando entre la multitud del mercado, fue sorprendida por un bollo vaporizante delante suyo.

Siguió la línea del brazo ofreciendo el delicioso manju y capturó el lateral de Hak. Aparentando calma. Estaba a punto de hablar hasta que él le ganó la palabra—. Es un soborno. Para hacer las paces.

Yona simplemente se largó a reír.

¿No era lo mismo que ella dijo cuando recién se convirtió en su guardaespaldas? Sujetó el manju de sus manos, sonriendo en su dirección—. Lo siento también, Hak.

—No hace falta que te disculpes, princesa.

—No lo hago por lo que pasó. Lo hago por si alguna vez tengo que hacerlo de nuevo —el azabache frunció las cejas, desafortunadamente ella no le permitió ningún alegato—, después de todo, si no estás ¿Quién va a tomarme como esposa? —soltó repentinamente antes de morder el panecillo.

Hak olvidó su molestia, lo que iba a decirle e incluso cómo respirar.

Fin.