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El día estaba soleado y agradable, la pequeña hada disfrutaba del clima en aquel bosque verdoso, había ido por unas plantas medicinales, pero el día estaba perfecto para jugar y disfrutar de la naturaleza.
Se encontraba apoyada en un amplio tronco de un árbol, sus ojos cerrados, su piel rosácea recibiendo los rayos del sol, una suave sonrisa adornaba su rostro .
Su nombre era Orihime, era una hada de solo 100 años de vida, había sido una bella orquídea en el jardín de su maestra hasta su transformación. Era una persona inocente del mundo pero con un gran sentido de valores y muy trabajadora.
Había aprendido el oficio de su maestra, quien se encargaba de conservar y vigilar el gran árbol de la vida, el que poseía las hojas del destino de seres espirituales y humanos.
Su maestra había emprendido un viaje dejándola a cargo del lugar y de su bello jardín llenos de espíritus florales para su compañía. Aún así ella se sentía sola, después de todos esos espíritus pasaban la mayor parte del tiempo dormidos en su forma floral.
Un ruido algo lejano sacó de su ensoñación a la pequeña hada. Orihime se asomó nerviosa detrás del árbol, no le gustaba interactuar con las otras hadas, siempre buscaban hacerla sentir mal por su origen humilde.
Pero la persona que estaba de pie no era un hada, era el amigo cultivador qué a veces venía a visitarla. Su porte altivo, su vestimenta oscura con un cinturón donde portaba la hermosa vaina de su espada, el símbolo qué colgaba del mango representaba el clan al qué pertenecía. Su largo cabello se encontraba recogido de forma aristocrática con una corona de jade*.
Era Ichigo Kurosaki, actual líder del clan de Karakura, y hermano del líder de la corte del Seireitei. Uno de los cultivadores más importante del mundo humano y espiritual.
—¿Qué haces en el bosque, pequeña hada? —preguntó deteniéndose a unos metros de ella.
Orihime se puso de pie, sacudió su delicado vestido de tela rosa y tul traslúcido, acomodó mejor el cintillo de rosas en su cabello y luego tomó la cesta donde había colocado las plantas y flores que había recogido hasta ahora.
Se acercó emocionada al cultivador con una sonrisa adorable. Sus ojos grises grandes e inocentes hacían qué cualquier persona se derritiera por ella, eso junto a su poco común cabello naranja hacía qué las demás hadas sintieran celos de ella.
—Vine por unas plantas pero el clima está tan hermoso que no pude evitar quedarme un rato a jugar —respondió la joven hada —. ¿También viniste por el clima al bosque?
Ichigo se terminó de acercar y acarició su suave cabello en un gesto cariñoso. El cultivador había conocido a esa pequeña hada un día que había sido herido en una batalla hace unos cuantos años atrás, la joven lo cuidó y trató sus heridas, desde entonces cada cierto tiempo venía a verla o a traerle algún regalo.
La pequeña hada no aparentaba más de 16 años aunque su edad real era mayor, para el mundo de las hadas y el celestial, ella era solo una Hada joven, apenas aprendiendo a manejar sus poderes.
—En realidad, vine a buscarte. Fui a tu casa pero vi que estaba vacía, así que me imaginé que habías venido a este lugar.
—¿Necesitas alguna hoja del destino? —preguntó preocupada por haber descuidado su labor.
—No, tranquila. Solo vine a visitar, te traje algo que encontré en uno de mis viajes
Orihime sonrió emocionada, Ichigo extendió la mano, su puño estaba cerrado por lo que ella no podía ver que tenía.
—¿Qué es?
—Luz de luciérnaga —respondió el cultivador.
Abrió su mano mostrando un cristal en forma de lágrima, destilaba un brillo azulado, la luz hacía qué el cristal tuviera una forma misteriosa qué llamó la atención de Orihime. La tomó con delicadeza para observarla mejor.
Pero en ese momento, apareció de sorpresa otro cultivador asustando a Orihime, haciendo que soltara el cristal en sus manos y fuera a parar al suelo.
—Disculpe la interrupción, maestro. Pero el líder de la corte, pidió que hiciera acto de presencia lo más rápido posible en el Sereitei —dijo el cultivador haciendo la reverencia respectiva a él y luego a la pequeña hada.
—¿Sucedió algo? —preguntó Ichigo curioso por la expresión de gravedad del otro cultivador.
—No lo sé, señor. Pero… —pareció dudar por la presencia de la hada qué en realidad parecía ignorar al mundo y solo había tomado el cristal qué se le había caído segundos atrás. Ichigo le dio una seña para que continuará con lo que estaba por decirp—. Bueno, señor, solo sé que tiene que ver con Hueco Mundo.
Al pronunciar esas palabras, Ichigo llevó sus manos hacia el mango de la espalda y la apretó con fuerza, observó a la pequeña hada qué también pareció salir de su mundo de fantasía en cuanto escuchó el nombre de aquel lugar.
Era la prisión más famosa de la corte celestial, donde cientos de años atrás habían capturado y sellado al famoso Rey de los demonios. Todo el mundo le temía a aquel lugar, era donde todos los pecadores e infractores más graves del mundo humano como el espiritual eran encerrados.
Una torre inmensa oscura al borde de la corte celestial, protegida por todo tipo de hechizos y protecciones. Nadie sin autorización se podía acercar, y realmente tampoco nadie lo haría si fuera de acceso público. La mayoría aun le temía a la leyenda del rey demonio.
—Voy en seguida —fue la respuesta de Ichigo.
El cultivador de menor rango se retiró, Ichigo frunció el ceño, en las últimas semanas había una fluctuación extraña de energía dentro de aquella maldita torre y eso no le daba buena espina.
Se giró a ver a Orihime, la joven hada lo veía asustada, le sonrió con paciencia y se volvió a acercar. Vio el cristal qué estaba en las manos de la hada y se dio cuenta que ya no brillaba, producto de la caída.
—Bueno, debo regresar, Orihime. El deber llama. Luego te traigo otra Luz de luciérnaga, por ahora lo mejor es que regreses a tu casa.
— Si… —respondió medio aturdida, él cultivador hizo una seña de despedida y se volteó para emprender el camino pero ella lo llamó antes —Ichigo, ten cuidado.
El cultivador asintió ante las dulce palabras de la hada y se fue dejándola de nuevo sola en el bosque.
Orihime guardó la luz de luciérnaga entre las plantas y flores de su cesta, llevó la cesta hasta el tronco del árbol donde antes había tomado el sol y la dejó ahí.
Luego de esperar unos minutos, empezó a seguir al cultivador. Ella no era una Hada poderosa pero no sabía que estaba ocurriendo en aquel tenebroso lugar y tal vez Ichigo necesitaría ayuda si sale herido, era lo único en lo que era buena, así que lo seguiría a escondidas y si necesitaba de su ayuda, prestaría su poder.
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Estaba por anochecer cuando los cultivadores convocados llegaron a la zona donde se encontraba aquella torre. Era un lugar flotante rodeado por un escudo de protecciones, tanto líderes de clanes como cultivadores inmortales rodearon el lugar y comenzaron a realizar matrices.
La torre parecía emitir un tipo de tormenta negra y eléctrica, esta se mantenía solo en sus alrededores golpeando el escudo sin traspasarlo. Fuera de él, el cielo estaba oscuro solo iluminado por la luz de las estrellas y de la luna.
Orihime permanecía oculta detrás de un montículo de nubes. Ichigo se mantenía de pie junto a él líder de la corte, Aizen Sosuke. Ella nunca lo había visto de cerca al líder de la corte, después de todo aún era una Hada sin rango así que nunca había pisado la corte, pero parecía un hombre intimidante, muy atractivo pero ese rostro impasible y esa mirada fría hacia qué Orihime no deseara acercarse a él, siempre había pensado que aquel hombre se vería como un ser celestial, alguien amable y agradable como era Ichigo pero lo único que había acertado de su imaginación había sido en lo terriblemente atractivo qué era.
La tormenta dentro del escudo pareció salirse de control, escuchó como el líder de la corte ordenó a todos mantener su formación mientras él mismo parecía recitar contra hechizos. Pero eso no parecía apaciguar aquella energía maligna, mientras más tiempo pasaba más espesa se volvía hasta que parecía una gran neblina negra golpear el escudo.
En algún momento, se abrió una pequeña fisura y un rayo de neblina salió despedido por ella, golpeando de lleno a los cultivadores cercanos y haciendo que rompieran la formación, más fisuras se abrieron, golpeando a los cultivadores desde varios puntos.
Orihime se llevó la mano a la boca en cuanto vio que no podían contener más tiempo el escudo. Escuchó como el líder de la corte ordenaba a todos los líderes de clanes colocarse en un punto específico de la formación. A Ichigo le tocó el que más daño había sufrido mientras recitaba las palabras un latigazo de aquella energía oscura lo fue a golpear.
La pequeña hada hizo un movimiento sin pensar en las consecuencias y se lanzó en dirección de Ichigo, en una fracción de segundo empujó al cultivador y aquel látigo agarró su cintura como si fuera un tentáculo y la arrastró dentro del escudo.
Justo en ese mismo momento el líder de la corte logró completar la matriz eliminando todas las fisuras del escudo y volviendo a enclaustrar dentro la energía maligna.
La calma volvió a ese lugar, la neblina maligna desapareció y aquella siniestra torre volvió a quedar en una ilusoria tranquilidad.
Ichigo había visto solo un pequeño rayo pelirrojo, sabía que alguien se había puesto delante de él empujándolo lejos del radio del ataque.
—Hermano, ¿viste eso? . Alguien acaba de salvarme pero… parece que fue arrojado dentro del escudo. ¿Hay alguna manera de averiguar si en realidad fue así? —expusó preocupado, el líder le dirigió una mirada serena.
—Alguien acaba de sacrificar su vida por proteger el escudo, Ichigo. Sé agradecido. —dijo con frialdad.
—¿Su vida? ¿No hay una manera de salvar a esa persona? No merece ser encerrada en ese lugar —rogó más angustiado.
—A menos que quieras que habrá el escudo y liberar a todos dentro, no hay otra manera de salir, Ichigo, y todos lo saben. Esa persona sabía las consecuencias y te salvó la vida. Se agradecido y sigue con tu vida.
Sin esperar respuesta se retiro del lugar, Ichigo apretó los puños por la frialdad de su hermano. Sabía que no había una manera pero se sintió culpable, ni siquiera sabía quién había sido la persona que lo salvó.
Un escalofrío recorrió su columna al recordar aquel destello rojizo, por su mente pasó la inocente hada qué dejó aquella tarde en el bosque, pero luego alejó ese pensamiento, ella no podía haberlo seguido hasta ahí.
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Orihime fue arrojada a través de esa nube de energía maligna aterrizando directamente en un blanco, enorme y seco árbol. El golpe la había mareado pero al lograr enfocar su vista se dio cuenta que estaba en un lugar árido, era un montículo de arena blanca, el lugar era frío e inhóspito, solo en el centro estaba aquel árbol seco contra el que se había estrellado.
Intentó caminar hasta el borde del montículo, había como una especie de escudo con muchas letras extrañas grabadas en él, en cuanto lo tocó volvió a ser arrojada dentro.
Ella suspiró resignada en el suelo, no había ninguna torre a la vista pero sabía que había caído dentro, aquella debía ser una de las celdas del lugar, pero no veía a más nadie con ella, lo agradeció, había escuchado cosas horribles de los huéspedes de ese lugar.
Se puso de pie y caminó hacia el árbol, algo en él atrajo su atención, era tan grande, debió ser frondoso en sus mejores momentos, ahora solo era un árbol seco, sintió como una especie de tristeza.
Colocó su mano en el tronco y transfirió un poco de su poder, tal vez podría darle un poco más de vida. El árbol pareció cobrar vitalidad, sus ramas sacudieron el polvo y para sorpresa de Orihime, aquel árbol desapareció dejando cerca a un hombre joven inconsciente.
La joven hada no pudo evitar acercarse con curiosidad, ¿aquel árbol era ese hombre? ¿Cómo era posible? Tal vez era un espíritu atrapado como ella en ese lugar. Con la fuerza que pudo giró el cuerpo del hombre, dejando su cabeza en su regazo para poder apreciarlo mejor.
Era un hombre de piel pálida como un fantasma pero de atractivas facciones, cabello negro largo desordenado y sin recoger, labios pequeños, sus ojos estaban cerrados por lo que no podía ver su color, llevaba una vestimenta ligera blanca, sin ropa externa por lo que podía ver su blanco cuello. Tenía dos marcas oscuras en los pómulos, parecían lagrimas pero Orihime sabía que aquella marca podía ser de un espíritu o…. un demonio.
—Eh, señor…. Despierte —era un hombre joven pero no sabía cómo dirigirse a él. Lo movió unas cuantas veces, pensó que estaba muerto pero pudo sentir energía en su cuerpo así que descartó ese pensamiento.
Colocó sus manos sobre él transfiriendole poder, tal vez estaba débil, después de todo sufrió una transformación. Estuvo unos minutos así hasta que sintió como la mano del hombre se movía quitando sus manos del pecho de él.
El hombre abrió los ojos y los más impresionantes ojos verdes la observaron, por un momento sintió un escalofrío, la mirada de aquel hombre era vacía y fría pero eso no me quitaba lo hermosa que era. Por un momento pensó que se podía perder en esa mirada.
—¿Señor, se encuentra bien? —preguntó rompiendo el hechizo en el que cayó, al ver como él se ponía de pie.
—¿Quién eres?
Su voz era fría al igual que su mirada. Orihime se sintió nerviosa pero aún así contestó.
—Orihime, señor. Acabo de ser arrojada a este lugar, ¿usted también quedó atrapado aquí? ¿Sabes donde estamos? —dijo rápidamente poniéndose de pie y siguiendo a aquel extraño hombre.
—Hueco mundo —respondió.
—Pensé que era una prisión pero no veo ni la torre ni a alguien más que nosotros.
—Porque no es exactamente la prisión, estás en un ojo de la mente —aclaró sorprendiendo a Orihime.
—¿De quién?
—Mía.
Orihime detuvo sus pasos, observó al hombre unos metros adelante de ella, parecía estar buscando algo en el escudo. Había escuchado que los cultivadores poseían un ojo de la mente, era donde ellos meditaban y entrenaban sus poderes, era como una zona solo de ellos. Entonces el hombre que tenía al frente debía ser un cultivador.
—Ahh eso explica el árbol y este lugar —dijo Orihime, aunque realmente no entendía nada porque tenía entendido que nadie podía entrar a un ojo de la mente a menos que compartieran energía y Orihime no había hecho eso, solo había sido arrojada dentro del escudo.
—¿Fuiste quien rompió el sello? —preguntó el hombre confundiendo más a Orihime.
—¿Sello? No, señor. Solo le di un poco de poder, no pensé que te transformaría, ¿eres un espíritu o un cultivador? Estoy confundida.
—No exactamente —El hombre se dirigió directamente a una parte del escudo, Orihime se asustó al ver que parecía dispuesto a tocarlo.
—¿Qué haces? No vayas a…
Fue muy tarde, el hombre tocó el escudo directamente con su mano, una niebla negra pareció ser emitida por ella golpeando esa pared pero no duró mucho tiempo antes de que fuera arrojado de nuevo a donde Orihime se encontraba.
—Mi fuerza aun no es suficiente —dijo para sí mismo poniéndose de pie. Luego vio a la joven hada y ella supo que iba a decir, empezó a alejarse de él.
—Noo, ya le di suficiente —dijo con voz suave pero huyendo de él, el hombre sólo la vio de manera fría, ella no sabía qué acción iba a tomar pero mientras más lejos mejor.
Él dio dos pasos y Orihime retrocedió cinco.
—¿Quieres salir de aquí? —dijo haciendo que Orihime se detuviera.
—Si —respondió con seguridad, para su sorpresa en un pestañear el hombre estaba frente a ella.
—Entonces dame de tu fuerza —sin previo aviso tomó su cuello y la besó.
Orihime no tuvo ni tiempo de reaccionar cuando sintió como su cuerpo parecía debilitarse y terminó apoyándose en él para no caer, aun con sus labios sobre ella.
Enojada por las acciones bruscas de aquel hombre cerró los ojos y lo mordió con fuerza haciendo que la conexión se rompiera y ella cayera al suelo. Él la vio sorprendida por su audacia pero prefirió ignorar aquella escena y volvió a ver el escudo.
Podía sentir la energía recorrer su cuerpo, le había robado una pequeña parte de la energía vital de esa hada pero se sorprendió de descubrir lo fuerte que era esa energía. Aquella pequeña hada no era tan inútil como parecía
—Bien, es hora de salir
¡Gracias por leer!
Corona de Jade: es el prendedor con el que se sostienen el cabello. Normalmente en los dramas históricos todos los hombres tienen su cabello largo y siempre recogido por algun ornamento, mientras el material sea más inusual, más rango tienen.
Ojo de la mente: No se llama literalmente así pero es el término qué decidí para esta historias. Los cultivadores crean un lugar en su mente donde meditan, es un lugar vasto y su ambiente depende de cada cultivador.
Amo los vestuarios de esos dramas históricos, son tan bellos *-* así que me imagino a los personajes con ese tipo de vestuario.
Hasta el próximo capitulo
