Los personajes de Naruto no me pertenecen.

Aclaraciones: Universo Alternativo. Modern Times.


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Capítulo 3

Los Males de la Caja de Pandora

Parte 1

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La cajera de la florería terminó de envolver cuidadosamente su elección personalizada y Minato pagó con efectivo. No era que temiera que sus contadores privados le preguntaran el por qué se andaba gastando el dinero en ramos de flores cuando su esposa había muerto hace más de una década pero siempre le gustaba ser precavido de cualquier imprevisto.

Ir a la casa de Hinata, sabiendo que no tenía ni cuatro horas de haber salido del hospital y mostrarse debajo del umbral con un ramo de girasoles no era una idea brillante, sobre todo si el primo de ella se hallaba en su departamento. Prefería quedarse al margen, incluso tenía la información del envío a domicilio, un servicio que la empleada del local se encargó de explicarle. Era mejor hacerlo de ese modo que visitar a Hinata sin tener una buena excusa que le ayudara a no levantar sospechas sobre su interacción con la joven mujer.

—¿Caballero?

Minato pareció quedarse pensando por mucho, la voz de la cajera lo despertó y con una sonrisa amable se disculpó.

—Perdón, no la escuché. ¿Me decía?

—No se preocupe —la mujer le sonrió—. Solo le preguntaba si hará uso de nuestro servicio a domicilio.

Que alguien más le entregara las flores a Hinata no representaba ningún problema pero desde la noche anterior, cuando la llevó en brazos hasta su auto para manejar a alta velocidad hacia la clínica, no había podido verla; y con anterioridad, a casi un mes desde su último encuentro, el tacto de la piel tersa de ella entre sus yemas casi se había desvanecido, así como el aroma impregnado en sus camisas. Deseaba verla, ser él precisamente quien le entregara los girasoles que Hinata tanto amaba, ver cara a cara su sonrisa de alba y las mejillas teñirse de rosas.

Pero ella necesitaba su espacio ahora. Casi habían sido descubiertos por su propio hijo en un lugar público. Minato no podía hacerle eso a Hinata, iba en contra de lo que ambos establecieron. Llevarían en el anonimato su relación, con total discreción. Lo sucedido la noche anterior fue un mero accidente, una casualidad de la cual esperaba no volviera a repetirse. Sus acciones y la repentina preocupación que sintió por la heredera del Grupo Byakugan no levantó sospechas, ni siquiera Menma le cuestionó por qué actuó de esa manera con alguien a quien, relativamente, no conocía.

Todo estaba bien.

—Pienso que eso es una buena idea —aunque quisiera verla, tocarla y preguntarle si todo estaba bien, abrazarla y asegurarse del bienestar de Hinata, Minato optaría por suprimir sus propias ansias y actuaría con autodominio.

—Estupendo —la cajera se acercó al computador—. Si gusta brindarme los datos de la dirección y le aseguro que su entrega será enviada lo más rápido posible.

El celular vibró pero no era ninguna notificación que realmente le interesase. Menma se mostró curioso más de una vez, dando un vistazo a la pantalla de su celular, pensando que al fin recibiría una señal de parte de Hinata Hyuga.

Le estaba dando tiempo, suponía que para ella todo aquello era repentino. Y aunque no era su pasatiempo andar enviando flores, él pensaba que su acción no debería considerarse apocalíptica. Tuvo una historia con Hinata, y aunque no todo terminó como un cuento de hadas, ella le agradaba. No había rencores entre ambos, habían terminado bien, de una manera madura, casi aburrida como Suigetsu le comentó alguna vez cuando éste se enteró sobre la relación que mantuvo con la joven Hyuga.

Lo sucedido en el bar lo sorprendió. Nunca esperó que en su primera noche de regreso a Tokio, después de pasar aproximadamente dos años en el extranjero, su primer encuentro sería con su ex; dudaba si aquel término sería el correcto de aplicar considerando que Hinata ni él en ningún momento se comportaron como una pareja lo haría, románticamente hablando. Sus actividades siempre estuvieron enfocadas en la cama y en el interior de su departamento durante los días universitarios.

La reacción de Hinata le hizo sospechar que la huella que dejó no era precisamente buena en la memoria de la Hyuga; ésta pareció reaccionar como si hubiera visto a sus peores pesadillas cobrar vida y plantarse en frente de ella.

De algún modo le recordó al bachillerato, a esa chica tímida de mirada cabizbaja que siempre andaba detrás de Naruto, su gemelo, suspirando y comportándose como una acosadora en lugar de una boba enamorada.

Más de una vez Menma quiso destruir las ilusiones de Hinata, diciendo en voz alta a Naruto cuándo se daría cuenta de que Hinata Hyuga babeaba por él y ver, entretenido, cómo se desencadenaría la escena, pero siempre ganaban sus pensamientos de que él no tenía por qué envolverse en los asuntos ajenos, sobre todo de la Hyuga.

Al salir de la ducha Menma esperó encontrarse con Hinata aun dormida, pero para su sorpresa ya estaba despierta. Vio con curiosidad cómo la cama estaba hecha y eso le hizo alzar una ceja, en especial cuando la vio completamente vestida.

—Pudiste dormir un poco más —dijo y la joven dio un brinco en su sitio, girando para verle. Las miradas de ambos se conectaron. Ella lucía nerviosa.

—No quería causar problemas —dio como respuesta Hinata, abrochándose su jersey.

Menma bufó.

—No iba a correrte en mitad de la madrugada, no soy un monstruo, ¿sabes?

—Lo siento, no era mi intención… Ah, q-quiero decir —Hinata comenzó a tartamudear y a Menma le seguía impresionando que, aun después de acostarse más de una vez ella siguiera comportándose de ese modo como si fuera la primera vez que hablaban—. N-No quiero que mi presencia te moleste, p-por eso decidí alistarme para marcharme…

—Al menos deja que te llame un taxi —Menma cruzó la habitación para recoger la playera que descansaba en el sofá próximo a su escritorio—. Es de madrugada, sería peligroso que caminaras sola…

—Y-Ya pedí un Uber, e-estará aquí pronto. Aun así, gracias…

—Realmente quieres irte rápido, eh. ¿Qué pasa? ¿No te hice sentir bien?

De inmediato el rostro de ella se sonrojó por la pregunta tan directa y por lo que aquello implicaba. Estaba completamente seguro de que a Hinata le llegaron los recuerdos de lo que hacía un par de horas hicieron en la cama, y eso generalmente le hacía sonreír por notar lo nerviosa que siempre la ponía, sorprendiéndose a sí mismo de que, sin importar cuánto hiciera con ella teniéndola bajo su cuerpo, a completa merced, todavía continuaba divirtiéndose con las reacciones de ella incluso fuera de la cama.

—Y-Yo… N-No es eso… —apenas dijo en un pequeño murmullo, aun temerosa de verle directamente.

—Puedes ser honesta —se sentó al otro extremo de la cama, dándole la espalda, un poco de espacio para que no se ahogara con sus palabras. Él era consiente de cuán nerviosa se ponía Hinata cuando algo la abrumaba—. Confesar si llegaste a tu orgasmo o no, aunque por la forma en que tus piernas apretaron mi cadera…

—¡E-Eso…! —abochornada de que él dijera aquellas cosas con tanta naturalidad Hinata casi perdió la compostura, algo que venía sucediéndole cuando estaba cerca de Menma. Él siempre la orillaba a un estado en el que a veces deseaba simplemente gritar y decirle que dejara de jugar con ella—. S-Solo —pero luego recordaba que ella no era así, que Hinata Hyuga casi nunca alzaba la voz, por lo que optó por tranquilizarse, respirar hondo, contar hasta diez—. S-Solo hago lo que debo de hacer. N-No tenemos una relación formal, n-no debemos actuar como si fuera así. C-Conozco mi lugar en esta relación y no me molesta marcharme —sintió las mejillas cada vez más rojas y pesadas.

Aun cuando él no la estuviera observando, todavía sentía el nudo en la garganta.

—L-La pasé bien p-pero…

La notificación por parte de la aplicación interrumpió a Hinata. Ella se sintió infinitamente aliviada de no terminar la oración, de no dejar que esas ideas bobas la terminaran haciendo su marioneta y dijera algo de lo cual arrepentirse. Quizá más adelante, cuando lo pensara claramente, por fin pudiera ser honesta con Menma.

—Creo que tu Uber llegó.

No obstante Menma no pareció tan interesado en lo que ella tenía que decir. A Hinata no le quedó de otra que seguir el juego y asentir, caminando hacia la puerta principal, con la sombra de Menma detrás suyo, alejado por un par de pasos.

—H-Hasta luego —se despidió como siempre lo hacía, ya con sus zapatillas puestas y ese conjunto de niña buena que le quitó entre pasos hacia la cama, ocultando su mirar aperlado debajo de aquel flequillo.

—Hm —respondió él sin esforzarse en decir algo más elaborado, viéndola partir.

Después de aquella despedida Hinata lo citó dos meses después para hablar sobre la ruptura de su relación. Y a partir de ese momento, la chica de tímida mirada pero de gloriosos labios tonalidad cereza que tanto le gustaba morder salió de su vida así como entró.

La bebida que le mandó fue un regalo sin motivos ocultos. Menma se reconocía así mismo como un tipo que no siempre trae buenas intenciones ni una sonrisa de Sol como Naruto, pero tampoco gustaba de aprovecharse de los débiles, siempre y cuando no fueran una completa molestia. E Hinata no entraba en esa categoría.

Simplemente quiso ser cordial. No esperaba encontrársela en aquel bar, simplemente citó a su padre después de darle la buena nueva de que ya estaba en Japón y que quería hablar con él sobre todo lo que hizo en Europa y su investigación.

El encuentro con Hinata fue al azar.

Confesaba que el tiempo había hecho resaltar su belleza sutil. El cabello le había crecido más y no parecía ocultar su atractiva silueta bajo ropas de talles más grandes, sino en sofisticados trajes de mujer de negocios, formales y elegantes que eran propios de una futura heredera de un gran imperio empresarial. No llamaba la atención rápidamente pero cuando la mirada caía en su figura era difícil dejar de admirarla sin percatarse de ello. Como una silenciosa hipnosis.

Un encanto que fue quebrado cuando vio el cuerpo de Hinata ser atrapada por los brazos de su padre. Antes de que el barman llamara a la ambulancia o el personaje del bar acudiera al auxilio su progenitor ya había salido hacia el estacionamiento, directamente al auto y con aquella castaña yendo tras él. Menma intentó seguirle el paso pero solamente recibió un mensaje de su padre que tenía que llevar a la joven a la clínica donde se atendía la familia Hyuga, prometiéndole hablarle en cuanto todo se tranquilizara.

El espíritu de buen samaritano por parte de Minato Namikaze era conocido por casi todos. Nadie dudaba de sus bien intencionadas acciones ni su honesto corazón pero Menma esperó, en medio de todo ese inesperado acto, que el responsable llevar a la joven al médico fuera la amiga de Hinata o aquel primo que parecía ser más bien un perro guardián, no su padre.

Entendía que Hinata era la hija de Hiashi Hyuga, por lo tanto su padre había tenido contadas interacciones con ella. No había nada sospechoso. Pero algo no cuadraba en su lógica.

—Le estoy dando demasiada importancia —susurró al percatarse que se estaba ensimismando demasiado en algo que no merecía pensarse más de una vez.

Su padre simplemente hizo una buena acción, ayudó a una damisela en problemas. Siempre actuó así. Cuando su madre vivía, ella nunca se cansaba de relatar todas las anécdotas que hubo entre ellos cuando fueron jóvenes y lo mucho que quedó su madre encantada gracias al heroico actuar de su padre.

Hinata era un punto y aparte. No debía prestarle más atención de la necesaria. Quizá en el futuro tendrían más reencuentros debido al círculo social en el que vivían pero el pasado de ambos no tenía por qué volver a hacer acto de presencia en algo que ya estaba concluido.

Aunque él no negaría un viaje por el sendero de los recuerdos si Hinata estaba dispuesta.

—Siempre y cuando deje de tener miedo de responderme —se dijo con diversión, dejando el celular lejos de él para centrarse en el documento que estaba escribiendo.


—¿Y esas flores?

Odiaba que Neji fuera tan observador. Muchos en su familia le apodaban el Ojo de Gavilán por el escrutinio que tenía, especialmente con las nuevas adquisiciones en su departamento. U objetos no identificados.

A pesar de que el miedo en Hinata no tenía comparación a aquella vez en la que Minato dejó sus bóxers accidentalmente en su departamento y Neji la visitó al próximo día, que éste supiera que alguien le había enviado flores —y que precisamente ese alguien fuera Menma Namikaze— no era una buena idea porque Neji comenzaría a preguntar, y con cada pregunta todo se tornaría en un interrogatorio del cual no podría huir.

—Las compré para mí —mintió. No era buena del todo pero había mejorado un poco a comparación de años anteriores—. Creí que alegrarían mi departamento —sonrió, esperando que Neji no viera nada raro su comportamiento y que su fascinación por las flores ayudara.

Neji estudió a su prima por un momento y después observó el ramo aun descansando en la mesa. No sería de extrañar que a Hinata le gustase decorar su departamento con flores, siempre había sido muy afín de éstas. Si pudiera poseer un lugar más amplio estaba seguro que ya tendría un jardín propio.

—Lo siento —bufó imperceptiblemente, tallándose los ojos—. Creo que estoy cansado.

—D-Deberías ir a descansar, Neji-niisan, has pasado casi toda la noche en vela —Hinata lo decía sinceramente—. Puedes quedarte en la habitación de huéspedes si gustas…

—No, regresaré a casa —rechazó suavemente la invitación de su prima. Pensaba que era mejor darle su espacio y que reposara—. Por supuesto, si deseas que me quede no tendré…

—En lo absoluto —Hinata negó, no queriendo causar más problemas—. Ve a descansar, estaré bien.

Él la miró profundamente por un largo rato que no supo muy bien si seguir soportando el contacto visual o rehuirle, aunque esto último seguramente Neji lo consideraría sospechoso y le preguntaría, otra vez, si las cosas se encontraban bien.

—¿Segura?

—Completamente.

Neji suspiró sin poder ganarle a Hinata.

—De acuerdo. Pero no dudes en llamarme si algo ocurre.

—No pasará nada, Neji-niisan. Gracias a ti tengo lo que necesito. Solo me daré una ducha y regresaré a la cama, no haré nada más. Lo prometo.

—Me adelanté y le pedí a Lee que se encargara de tus ocupaciones en lo que regreso a la oficina.

—No tienes que hacer eso, ya estás demasiado ocupado…

—No es ningún problema, te lo aseguro. Así que procura preocuparte por tu bienestar. Mientras tanto, me encargaré de informarme de un buen especialista. En cuanto te sientas lista, podré compartirte la información.

Hinata hizo una mueca fina con sus labios, asintiendo en silencio. Sinceramente no creía que necesitara de la atención de un especialista cuando el problema de raíz no era el estrés de la oficina y sus obligaciones dentro de la empresa. Le gustaba trabajar, y aunque en sí su posición representaba un reto debido a su tímido carácter, gustaba de sentirse útil.

—Si el doctor no hubiera insistido, no haría nada de esto.

—Lo sé, Neji-niisan —soltó un suspiró pequeño. Neji siempre tenía buenas intenciones, nunca hacía las cosas para obrar mal—. Está bien, lo pensaré. Si decido algo, serás al primero que le diga.

Con su respuesta Neji sonrió, sintiéndose más seguro. Avanzó hacia ella, acariciando su cabello y dando un beso a su frente de manera cariñosa.

—Descansa.

—Tú también.

Nuevamente se despidió de Neji desde la puerta, viéndole avanzar hasta que ya no le vio. Cerró con suavidad la puerta, con las piernas temblorosas. Del bolsillo de su pantalón sacó la nota que alcanzó a esconder antes de que Neji ingresara a su departamento.

La misma nota que Menma Namikaze escribió con su puño y letra.

Por obvias razones no iba a responder ni guardaría el contacto. Fingiría que nunca recibió tal arreglo floral ni que leyó la tarjeta a causa de la confusión. Se mantendría fuera de la vida de Menma. El encuentro de ayer sería el último que tendrían, lo juraba.

—El mundo no puede ser tan pequeño como para que me lo vuelva a topar, ¿cierto?

No lo sería si el hombre con el cual se acostaba no fuera precisamente el padre del responsable de su inquietud.

Hinata recordó que no tenía buena suerte, era de las personas que siempre sacaba en las galletas de la suerte los papelitos que le presagiaban mala fortuna. Incluso Tenten insistía en irla a ver a una chamán para que le hiciera una limpieza, algo a lo cual se negaba al no querer profundizar demasiado en lo abstracto.

Sus peores pesadillas eran que su relación con Minato acabara debido a la revelación de ésta al público, más específicamente a los hijos de éste. Podría con el desprecio de su padre o de cualquier otro integrante de su familia, pero la presión que ejercería la mirada de decepción de Minato en cuanto supiera que tuvo una historia con sus dos únicos hijos sería demasiado para ella.

Mantener un contacto con Menma podría conducirla a que ese escenario se hiciera realidad.

—No va a pasar —se dijo a sí misma.

Si la relación que ella y Minato mantenían debía acabarse, que fuera en buenos términos y no por accidentes o la intervención de terceros. Disfrutaba de la compañía del rubio, del calor que éste le proporcionaba, de la risa que compartía con ella en la cama cuando ninguno quería levantarse y de los ojos de intenso azul que le miraban con un sentimiento que la hacía sentir la mujer más afortunada del mundo.

No iba a permitir que aquello terminara tan pronto.

Con decisión Hinata se levantó, tomando el ramo de flores. Dentro de sí se sintió mal debido al hermoso arreglo y que en sí las flores no eran las culpables, sino la intención detrás de éstas, pero no dejó que su corazón débil flaqueara.

Fue al depósito de basura donde dejó caer las flores intactas junto con la tarjeta que partió en diminutos pedazos que nadie se molestaría en recolectar.