-¿"Intercambio de corazón"? - preguntó Kagome, atónita por la reciente declaración de Kagura.
-Es la unión de dos almas, hechas por un objeto especial. - explicó la anciana Urasue. - Si se realiza correctamente, ambas estarán juntas, hasta que las separe la reencarnación.
Rin agachó la mirada con seriedad.
-Sin embargo... - prosiguió Kagura. - para realizarlo, el demonio y el humano, o, en este caso, el humano y el hibrido, deben estar dispuesto a sacrificar algo que iguale su unión.
-Podría ser cualquier cosa. - agregó Naraku. - Y este, es el gran inconveniente por el que lo prohibí hace mucho tiempo.
-Majestad. - Enju se acercó a él y lo reverenció, al igual que Kiba. - Lamento haberle causado problemas por mi ausencia.
De sus ropas, sacó el pergamino del clan Inuzuka y se lo extendió.
-¿Qué es esto? - cuestionó Kagura.
-Es la descripción completa del "intercambio de corazón". - explicó la bruja. - Como no estaba segura si la información era verídica, tuve que consultarlo con la líder actual del clan Inuzuka.
El Youkai asintió, abriendo el pergamino y leyendo un poco de su contenido. Con curiosidad, Mirai y Kagura también se asomaron al papel, quedando sorprendidas con un apartado en específico.
-¡Ay, no es cierto! - exclamó la joven de ojos carmesí, quedando tan atónita como la subordinada de su padre. - ¡Esto debe ser una maldita broma! ¡¿Hasta cuándo voy a estar ligada a este viejo estúpido y su mundo de...?!
Sin dejarla terminar, la mujer la golpeó en la cabeza con su abanico, ganándose algunas muecas extrañas por parte de los menores.
-¿Y ahora qué diantres te sucede, prima? - cuestionó Shikamaru, arqueando una ceja.
En un movimiento certero y rápido, la joven le quitó a su padre el pergamino y se lo dio a Naruto, para que quedara a la vista de todos.
-¡Miren! ¡Miren esa parte! - exclamó resentida, cruzándose de brazos y haciendo un puchero.
Leyendo con atención lo indicado por Mirai, todos se sonrojaron de golpe.
-¡Ay, dios! - gritó Sakura, tapándose los ojos.
-¡A ver! - en eso, Kushina se paró frente a ellos y les arrebató el pergamino. - ¡Déjennos leer también!
-¡M-Mamá! - pidió Naruto, viendo espantado como Toga y A también examinaban el contenido.
-¡Mamá, no lo leas! ¡Es peligroso! - agregó Karin.
Sakura y Shikamaru los vieron con gotitas de sudor bajando por sus cabezas.
-¡Viejo estúpido y sinvergüenza! - Mirai volvió con su padre y empezó a darle golpes en el brazo derecho. - ¡Lo tenías todo planeado para que yo nunca tuviera ninguna oportunidad con Sasuke! ¡Simplemente no es justo!
Nuevamente enfurecida, Kagura hizo una mueca y volvió a golpearla con su abanico, dejándola arrodillada en el suelo, con un gran chipote en su cabeza.
Sasuke y Hinata, como ignoraban por completo lo que decía el pergamino, decidieron tomarlo de las manos de Kushina; sonrojada y en shock, para leerlo atentamente.
-"Quienes estén interesados en llevar a cabo este procedimiento, para el propósito que sea necesario, deben tener, por lo menos, un mes de convivencia juntos, afirmando ante su majestad, el rey del inframundo, que están enamorados y que han tenido...".
Llegando a la última parte, ambos se sonrojaron y desviaron la mirada.
-¿"Qué han tenido..."? - preguntó InuYasha, arqueando una ceja.
-¡Intercambios físicos! - concluyó la anciana Urasue, asustándolo, tanto a él como a Itachi, parado a su lado izquierdo. - Un besito, un abracito, una toma de manos...
-Ah... - musitó el mayor de los Uchiha, con un tic en su ojo derecho. - eso...
-¡¿Pues qué fue lo que pensaron cuando se los expliqué la otra vez?! - preguntó la bruja, poniendo sus manos sobre sus caderas.
Kagome, Rin y Sesshomaru, los vieron con una gotita de sudor bajando por sus cabezas.
-¡Bueno! ¡Hay que darnos prisa! - exclamó Miroku, acercándose a Sasuke y a Hinata para empujarlos gentilmente de regreso a un templo. - ¡La noche no durará para siempre y ustedes ya deben estar listos!
-¡Yo buscaré la ropa! - dijo Kagome, llevándose consigo a InuYasha y a Itachi.
-¡Llevaré el maquillaje! - comentó Sango, tomando los brazos de Rin y de Kushina.
PPPPP
3 horas después, con el viento soplando fuertemente en aquella colina solitaria, Naraku, Kagura, la bruja Urasue y Enju, acompañaban a Sasuke y a Hinata.
Para la ocasión, estaban vestidos con ropas tradicionales japonesas. Él llevaba una camisa de manga larga y pantalones holgados, ambos de color negro. Y ella usaba un kimono oscuro, con estampado de flores blancas.
Su cabello lo tenía recogido en un gran moño, siendo amarrado con un adorno proporcionado por Rin. Las getas en sus pies la hacían caminar despacio, ya que temía tropezarse con tantas piedras escondidas en el camino. Y más, por ser de noche.
-Sasuke, Hinata. - Naraku los llamó, poniéndolos más tensos y nerviosos de lo que ya estaban. - Nosotros ya no podemos acompañarlos. Tendrán que seguir solos desde aquí.
Kagura se acercó a ellos y les entregó el collar une almas.
El mismo objeto que Tsubaki y Madara utilizaron tiempo atrás para unir, no solo sus vidas, sino también sus destinos.
-Cuando estén completamente en la oscuridad, los dos deberán ponerse ese collar. - comentó la bruja Urasue. - De esa manera, comenzará el ritual.
-¿Tienen alguna duda? - preguntó Enju. - ¿No olvidan nada?
Ambos negaron con la cabeza, haciéndola suspirar. Se tomaron de la mano y empezaron su largo trayecto a la cima de la colina, para entrar al pequeño templo que yacía abandonado.
Luego de un par de minutos, deslizaron juntos la puerta corrediza, asustándose por el repentino aleteo de unos murciélagos que salieron despavoridos de ahí.
-Cielos... - dijo el Uchiha, atónito. - por la forma en la que lo describieron, creí que sería como la casa de Enju.
Hinata asintió.
Después de quitarse los zapatos, cerraron la puerta corrediza y caminaron por el impecable piso de madera, hasta llegar a un antiguo altar.
Previamente, Miroku y Sango colocaron incienso en el último escalón, por lo que el lugar tenía un relajante aroma a lavanda.
Sin soltarse de las manos, se sentaron en posición de cuclillas, uno frente al otro, sobre una alfombra circular de color rojo.
Sasuke tragó saliva. Se sentía tan nervioso que no estaba seguro de cómo describir sus emociones, algo que, sin duda entorpecería ese momento tan importante para ellos.
Y como si la situación no pudiera ponerse más caótica para él, tuvo que ver atónito y sonrojado como Hinata se quitaba el kimono, dejando al descubierto su torso y sus pechos resguardados en un sostén violeta oscuro.
-O-Oye... - alcanzó a susurrar, antes de que la joven se le abalanzara, rodeando su cuello con sus brazos y aprisionando sus labios.
Las sensaciones que le evocaban se sentían tan bien, que se dejó llevar, acostándose en la alfombra y permitiendo que le abriera su camisa y recorriera su torso desnudo con un camino de besos. Acto seguido, regresó su rostro a la altura del suyo y devoró sus labios, robándole el aliento.
-Hina... - pronunció entre jadeos, sin dejar de recibir sus besos en su boca y sus caricias en su cabello.
Unos segundos después, se separaron, admirándose y respirando agitados.
Cuando Sasuke bajó sus ojos de su cara a su torso, se dio cuenta de que a su sostén, por accidente, se le había quitado el seguro, con sus manos pasando por encima de su espalda, de arriba abajo.
Hinata, dejando pasar por completo ese detalle, llevó su mano derecha a su pecho, sintiendo los latidos de su corazón.
Ya estaban en armonía.
Separándose, se sentó de nuevo frente a él, ayudándolo también a inclinarse hacia adelante.
-¿T-Tienes la navaja? - interrogó, pasándose las manos por uno de sus mechones de cabello.
Al hacerlo, finalmente se dio cuenta de que su sostén estaba flojo, por lo que se volteó automáticamente, dándole la espalda.
Sasuke sonrió de lado. Se acercó a ella y le susurró gentilmente en el oído:
-Te ayudaré a ponértelo.
Hinata, sonrojándose, asintió. Se colocó el tirante faltante y las almohadillas en su sitio, sosteniéndolas en sus brazos, hasta que el joven puso el seguro.
Tragó saliva. Se giró de nuevo y, atónita, vio la navaja en la palma izquierda de Sasuke.
Como si nada hubiera sucedido, tomó de nuevo su lugar y, accionando el botón del objeto, sacó la cuchilla y se hizo un pequeño corte, entre el cuello y su hombro izquierdo.
Al ver la sangre brotando, el muchacho se acercó inexpresivo y bebió un poco, llevándola a su garganta para tragarla.
Acto seguido, la hibrida le entregó la navaja, realizando el mismo procedimiento.
En cuanto el aroma de la fruta Tsuchigumo se hizo más presente en sus fosas nasales, la joven, sedienta, tiró saliva por los lados de sus labios.
Avergonzada, se limpió y negó con la cabeza, para luego acercarse a su hombro derecho.
Su sangre era tan deliciosa que disfrutaba como le quemaba la garganta.
-H-Hinata...
La voz del Uchiha la hizo reaccionar, separándose de golpe de él, con un violento rubor en sus mejillas.
-¡P-Perdón! - al exclamar aquello, Sasuke se le acercó y la besó con ternura en los labios.
Cuando retrocedió, tomó el collar une almas y lo colocó por encima de sus cuellos. Enseguida, agarró las manos de Hinata y la miró directo a los ojos, a la vez que el collar comenzaba a brillar, apagando las luces de las velas a su alrededor.
-A partir de este momento...
Hinata, aún avergonzada, asintió y sonrió.
-A-A partir de este momento...
-...decido otorgarte mi alma... - dijeron al mismo tiempo. - esperando que mis latidos se sincronicen con los tuyos, para que podamos ser uno solo.
-Por toda la eternidad... - Sasuke cerró los ojos.
-Por toda la eternidad... - Hinata lo imitó, juntando su frente con la suya.
-Hasta ser separados por la reencarnación.
Volvieron a hablar al unísono, incrementando el brillo del collar une almas, el cual, también entrelazaba con chispas las esencias espirituales de ambos, convirtiendo aquello en un baile disfrutable para sus ojos, ya abiertos, y sus corazones.
El momento era tan mágico, que Sasuke aprovechó su distracción, para acercarse a ella y besarla de nuevo en los labios. Cuando se separaron, las chispas dejaron de alumbrar el lugar, haciéndolos sonreír por estar uno junto al otro en la oscuridad.
PPPPP
-Ay... - suspiró Mirai, apoyando sus brazos y su cabeza en el borde de un balcón, con una perfecta vista del pequeño templo sobre la colina. - ¿No crees que mi padre pide demasiado, solo para unir dos almas? - le preguntó a Kanna, parada a su izquierda.
-Esa fue la condición que su majestad le impuso a la primera mujer que tuvo la fruta Tsuchigumo en su interior y al humano maldecido por una bruja.
Mirai arqueó una ceja, viéndola confundida.
-Para que la mujer pudiera ayudar, tanto a su majestad, como al humano, creó el intercambio de corazón para ponerlos a prueba. Si conseguían enamorarse en 30 días, de manera que no pudieran vivir el uno sin el otro, su majestad uniría sus almas, hasta el momento de su reencarnación.
-¿Por eso Tsubaki y Madara consiguieron hacerlo? - interrogó, levantándose.
-Su caso fue curioso. El alma de Madara jamás debió ser atraída por el alma de Tsubaki, ya que su destino era estar con otra mujer.
-¿Abi?
Kanna negó.
-Sin embargo, al quedar cautivado por Tsubaki, Madara desafió el destino de su alma, uniéndola a la de ella. Pero el trayecto de las almas es incierto. Un día, podrías nacer como humano y al otro, como un demonio o como un insecto.
-¡Ay! ¡Hablar contigo es muy confuso! - exclamó la joven, revolviéndose sus cabellos negros. - ¡Ahora entiendo porque casi nunca hablas!
-Mirai. - en eso, su padre apareció ante ella, haciéndola soltar un pequeño grito de terror.
-¡Oye! ¡Ten compasión...! - gritó enojada, pateando el piso. - ¡Primero me decepcionaste con ese pergamino y ahora me asustas solo porque si!
Dando un paso hacia ella, Naraku la abrazó.
-¿Viejo? ¿Qué haces...?
-¿Estás segura de que quieres convertirte en humana? - la cuestionó, sorprendiéndola más de lo que ya estaba, para luego separarse de ella. - Hay algo que puedes hacer. Pero... eso significaría perder todos los recuerdos relacionados al inframundo... y a mí.
Mirai abrió sus ojos de par en par.
-Te daré tiempo para que lo consultes con tu madre y lo pienses mejor. - Naraku besó su frente y dio media vuelta para retirarse junto a Kanna.
Sin embargo, la joven se lo impidió, abrazándolo por la espalda.
-Viejo tonto... - sollozó, comenzando a llorar. - pensé que no me querías por ser una hibrida. Por eso creí, que si me convertía en humana, podría ser aceptable para ti... como mi madre lo es.
Naraku se giró hacia ella y correspondió su abrazo.
-Seas humana o una hibrida, yo te quiero porque eres mi hija. - comentó, llamando su atención. Y más, cuando comenzó a acariciar con dulzura sus cortos cabellos negros. - Si me ausenté mucho de este mundo, es porque aún existen demonios que desean liquidarme. Y de ninguna manera, podía permitir que tú y tu madre quedaran involucradas en ese mar de sangre.
Sollozando de nuevo, Mirai lo volvió a abrazar, cerrando con fuerza sus ojos y ocultando su rostro en su pecho.
Fin del capítulo.
