Poliandría II El rapto de la reina

Sanyūichi

—Akane, acércate. Quiero presentarte a Azafrán, tu nuevo guardaespaldas personal.

La emperatriz de Nerima se quedó asustada por lo que oyó. Incapaz de moverse o siquiera respirar.

—El príncipe Azafrán decidió eliminar a Shampoo del tablero. Así que ve a la capital ahora mismo.

—Pero, la amazona aún no se vuelve emisaria. Fue su Alteza Real quien me pidió instigarla para alcanzar el puesto —Naguri se quejó—. Creí que una vez lo obtuviera la eliminaríamos y yo obtendría su posición.

—No cuestiones. Solo obedece. Su Alteza quiere los detalles de la situación en el oeste, dado que no enviaste ninguna misiva para informar la partida secreta de la emperatriz apresúrate a enmendar tus errores.

—¿No envié ninguna? ¡Imposible! Informé la movilización secreta, también la existencia de cañones en la embarcación de Poliandría.

—¿Cañones? —la voz del otro sonó tremula—. Su Alteza Real no recibió ninguna misiva. —Antes de que pudiera por algo más, un soldado corrió a la tienda militar para informar los avances implacables del ejército enemigo—. Maldita sea. Seguramente ya saben que eres un espía e interceptaron tu mensaje. Sal de la zona de conflicto primero y ve a un lugar donde puedas enviar las misivas de forma segura. Yo me encargo del ejército contrario ¡Guardias! Llévenla a la capital.

Akane finalmente salió del aturdimiento, no debía permitir que ese mensaje llegara a su destino. Con sigilo se mantuvo siguiendo a la escolta de Shampoo, observando como era transportada en un carromato mercante a las afueras del campamento. Apretó los dientes en medio del dilema. No había nadie detrás de ella para cubrir su espalda ¡Pero tampoco es que pudiera llamar a más refuerzos estando tan lejos de la batalla!

Si fuera una princesa, sin dudar seguiría al vehículo hasta frenarlo, sin embargo no podía desperdiciar su vida. Además, Sasuke seguramente intentaría matar a Shampoo; tras oír la discusión entre estas personas comenzó a creer que incluso la misma Shampoo no tenía idea de que su guardaespaldas era una espía de Tohoku. Es decir, planeaban matarla de cualquier forma.

La silueta del carromato se volvió cada vez más distante, dejándola sin tiempo ni opciones. Miró alrededor tratando de encontrar algo para su propia defensa, hallándose un arco. Tomando el arma se echó a perseguir a Naguri sin otro pensamiento.

En la batalla, Sasuke intentó atacar a Shampoo pero falló, la mujer era terriblemente hábil en la lucha e incluso admiró su capacidad de liderazgo, al grado de avanzar con la caballería sin gran dificultad entre los enemigos. Él no pudo demostrar demasiado de su mano o sería descubierto. Su gama de técnicas eran de uso exclusivo para la protección de la familia imperial de Nerima. Además, no encontraba a la emperatriz por ningún lado, su prioridad siempre sería ella.

Dejó de lado sus ataques con la señora del oeste a favor de peinar la zona aunque sin éxito. El sudor frío lo invadió empezando a desesperarse. Ya no importaba Shampoo, debía encontrar a la emperatriz antes de que sucediera una catástrofe. Corrió directamente hacia el contingente de arqueros de Akane revelando su identidad antes de ser convertido en puercoespín—. Sigan hacia adelante hasta eliminar el campamento enemigo.

Ante sus órdenes, la brigada vociferó entusiasmada. Si el samurái Sasuke estaba aquí, la emperatriz también debería estarlo.

Por su lado, ella seguía corriendo detrás de Naguri, se habían alejado de la zona con velocidades bajas debido a la herida de la mujer, aunque solo llevaba a dos personas con ella todavía tuvo cautela, seguramente esos soldados poseían un gran nivel de artes marciales. Afianzó el agarre sobre su arco antes de saltar a la copa de un árbol apuntando al conductor.

¡Shua!

El arma voló rompiendo el viento, produciendo un silbido hasta encontrar su marca en el hombro del conductor que se quejó soltando las riendas y asustando al caballo. Akane quiso embestir su cabeza contra un árbol, detestaba su mala puntería sobre objetivos en movimiento.

—¡¿Qué fue eso?! —gritaron desde dentro.

—¡Nos atacan, nos están atacando!

Ante sus palabras sucedieron saetas aunque ninguna pudo dar en el blanco. Luego del intercambio, el soldado dentro del vehículo salió para tomar las riendas del caballo, obligando al otro para refugiarse dentro. El aumento de velocidad le impidió a la de cabello azul asestar más ataques, también aumentando la velocidad de su carrera. Si no se apresuraba iba a perderlos. Arriesgándose por no conocer el territorio, tomó una vía más rápida en medio de los árboles, las malezas rasgaron su piel dejando ardor a su paso aunque logró llegar al siguiente tramo de camino justo para pararse delante. Apuntó la flecha y disparó está vez atravesando el cogote de la bestia provocando el colapso del carruaje.

Con el impulso de su transporte descartado, este se volcó provocando gritos desde dentro. Su chofer se levantó para enfrentar a la persona delante suyo, llevándose una sorpresa al notar las vestiduras de su propio ejército—. Ey ¿Qué demonios crees que haces? Estamos transportando a la señora Naguri hacia la capital. Regresa a la guerra.

Akane no reveló su identidad antes de lanzar una nueva saeta. Desafortunadamente el soldado tomó su lanza desviando el proyectil.

—¡Insolente! ¿Acaso no sabes que la señora Naguri es nuestra aliada? Muévete del camino.

La de ojos almendra siguió sin moverse, tensando la cuerda del arco lista para disparar. Quería escuchar todo lo que pudiera antes de iniciar una refriega, no tenía ninguna otra arma consigo y debía admitir que sus habilidades con arco no eran tan grandiosas. Desperdició demasiadas en su primer ataque, solo tenía tres más.

A esas alturas, Naguri ya había salido del desastre dentro de la carpa junto al antiguo conductor, ambos heridos la observaron sintiéndose inquietos— ¿Qué diablos sucede con ese mocoso? Elimínalo de una vez —exclamó el hombre herido.

—¡Espera, ella es la emperatriz de Nerima! —Naguri había identificado efectivamente a Akane gracias a los mechones de cabello que se escapaban del pañuelo atado a su cabeza—. Ella es Akane Tendo.

Al oírla, ambos soldados sintieron resquemor. No esperaban que de todas las personas de encontrarían con la emperatriz enemiga en medio de este camino tan estrecho. La tensión se elevó entre ambos bandos, Akane sentía el sudor en las palmas alerta por cualquier tipo de señal con la que ellos pudieran pedir ayuda. Este era su territorio y no les sería difícil convocar más refuerzos.

—Sakamoto, Naguri ¿Pueden moverse? —cuestionó el hombre de la lanza, también contemplando sus propias opciones. En este punto del camino ninguno tenía posibilidad de llamar refuerzos porque era una de las zona más desoladas del valle, además se suponía que sus defensas mantuvieron a raya a los invasores. Solo tuvo una ventaja: conocer el territorio. Aprovecharía la menor oportunidad para huir de ese arco apuntándole e informar la infiltración de esta mujer, a juzgar por su figura solitaria, no debió traer a nadie consigo. Le sería difícil volver con su comitiva.

—Yo si, pero la señora Naguri… —el tal Sakamoto estaba alarmado, la herida de ella no era en sí grave, pero el zarandeo de hace rato exacerbó su situación, incluso una mancha de sangre comenzaba a vislumbrar sus ropas.

—Señora Naguri. Espero que entienda mi posición. Me aseguraré de que su memoria jamás sea borrada de nuestra gente.

—Espera ¿Qué quieres decir?

—Sakamoto. Dale una baya de honor.

El aludido se sintió inquieto. También comprendía las ramificaciones de su posición, pero todavía dudó ante la orden. La baya de honor era una píldora redonda que contenía veneno. Un veneno fatal para evitar sucumbir a las torturas en caso de caer presa del enemigo—. Pero, nosotros podríamos derrotarla.

—Esta mujer tiene un arco. Va a disparar contra alguno de nosotros en cuanto tenga oportunidad. He obtenido todo lo que quería saber del oeste, ella será una carga ¡Apúrate y hazlo!

Sakamoto apretó los dientes extrayendo la píldora de su cintura.

Fue entonces que Naguri saltó a la defensiva—. No, no me puedes hacer esto Sakamoto ¡He servido a la familia de su Alteza durante toda mi vida! ¡Soy mucho más importante para él de lo que piensas, incluso ayudé cuando asesinaron a la tardía emperatriz de los Fukui! ¡Tu no puedes decidir tomar mi vida cuando le pertenece al príncipe heredero!

—¡Sakamoto!

En medio del intercambio, una de las flechas de Akane voló a velocidades vertiginosas, cortando la muñeca del hombre con la lanza. Este mismo se lanzó al ataque para evitar que ella dibujara su arco una vez más, comenzando una batalla cuerpo a cuerpo.

Continuará…