Ubicado 5 años después de Luna Nueva, y al día siguiente de que Anastasia deja a Christian.

Es decir, está ubicado alrededor del año 2011, pero, honestamente ya me acostumbre a la tecnología de la actualidad, y es muy probable que se me filtre una que otra cosa. Por lo que, fingiremos que viajamos en el tiempo con las comodidades de ahorita.


Esto contiene mucho LEMMON. También tiene temas relacionados al BDSM, por favor si vas a leerlo, QUE SEA BAJO TU RESPONSABILIDAD.


Disclaimer, ya se la saben… Twilight y sus personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La serie de 50 Shades y sus personajes son de E.L. James. Yo juego con los personajes y los hechos. Si ven algo que sea reconocido, no es mío.

Está inspirado en la canción So it goes, de Taylor Swift, entre otras.


Isabella POV

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Hay algo caliente sobre mi piel. Uno de mis brazos, y mi espalda se siente más cálidos que él resto de mi cuerpo.

Me remuevo con la sensación, es extraña, pero agradable.

Mis sentidos comienzan a despertar. Mis ojos arden, molestos por sentir también el calor sobre ellos. Luchan por abrirse, en busca del culpable, pero se encuentran con una cegadora luz que los obliga a cerrarse de nuevo.

Una de mis manos se mueve, quiero tratar de cubrirme la luz para poder ver a mi alrededor, pero, cuando mis músculos tratan de ser movidos, se engarrotan y duelen.

¿Qué carajo?

Mi cerebro se despierta de golpe. Eso no es normal, mi cuerpo nunca despierta de esa manera, ni aunque duerma el doble de tiempo, tampoco cuando me quedo dormida en alguna extraña posición en el sofá por pasar la noche leyendo algún libro.

De nuevo, me esfuerzo por mover mi cuerpo. O al menos eso intento.

Hay un peso extra sobre mi espalda baja.

¿Se cayó mi edificio y tengo una pared sobre mí?

Mi mente comienza a trabajar en busca de la posible respuesta. Flashes de la noche anterior me asaltan de golpe.

El Pink Door, la pelea, yo siendo lanzada a la calle. Mi llegada al Lounge, los ojos grises, sus labios sobre mí, la escalera, el auto, el beso en el ascensor, la habitación.

Abro los ojos de golpe. Mi cabeza se gira, mi mirada se topa con el rostro de un hombre. Está profundamente dormido. Su rostro se ve tranquilo, su boca ligeramente abierta y casi puedo jurar que tiene una sonrisa en sus labios.

Mi mente me muestra flashes de ese rostro junto al mío la noche anterior. Me permito un tiempo para apreciarlo con más cuidado. La sombra de su barba sigue ahí, tal y como la recordaba, sus pestañas son largas, curvas y pobladas. Su cabello rizado está bastante despeinado, el sol que entra de mis espaldas hace que el cobrizo oscuro de su cabellera, brille con reflejos más claros.

Siento una punzada en mi pecho al ver el color cobrizo, pero me siento agradecida de ver que, aunque son similares, son muy diferentes los colores.

Mi mano se mueve hacia su rostro, con la yema de mis dedos rozo con cuidado la piel de sus ojos. Recorro sus parpados, sus pobladas cejas, sus mejillas, su nariz, sus labios.

La calidez de su piel bajo mis dedos es increíble. Es una sensación muy humana.

Mientras mi mano sigue pasando por su rostro, observo el resto de su cuerpo.

Su pecho desnudo está visible para mis ojos. Hay una leve capa de vellos rizados en el centro de su pecho. Su torso muestra una muy cuidada figura, sus abdominales están perfectamente esculpidos. La "V" en sus caderas es como un camino hacia mí perdición.

Para suerte mía, la sabana está haciendo un arduo esfuerzo de cubrir las partes más interesantes de su cuerpo.

La silueta se mueve un poco. Ahogo un grito, cierro los ojos con fuerza. Mi corazón comienza a latir desembocado, me quedo quieta esperando que se despierte y diga algo, o mejor dicho, que grite.

Por milagro, no sucede nada.

Maldición, ¿Qué hago?

Me debato unos minutos, mi cerebro sobre piensa en el millón de posibilidades que podían ocurrir si me levanto de la cama. Mi cabeza duele, pero es el impulso que necesito para decidirme a ser valiente y tratar de moverme. De nuevo, algo me lo impide.

Es cuando noto que hay uno de sus brazos sobre mi cuerpo. Me tiene apretada por la cintura con fuerza.

Mierda, mierda, mierda.

¿Qué hora es? Mi cerebro se pregunta.

Con la ayuda de mis ojos, hago una revisión por mí alrededor, busco desesperadamente con la mirada mi celular, pero, lo que en realidad empiezo a observar es toda nuestra ropa esparcida por varios lugares de la habitación y algunas almohadas en el piso.

¿De casualidad no está mi dignidad por algún lado?

Suelto un profundo suspiro. Tengo que irme de aquí, ya, antes de que siga humillándome más.

Me muevo muy despacio y con mucho cuidado. Mis labios se aprietan con cada músculo que se mueve, aún estoy luchando contra el dolor que se enciende en varias áreas de mi cuerpo. Al perecer el día de hoy, mis músculos tendrán dificultades para moverse.

Tomo una de las almohadas que aún se mantienen sobre el colchón, mientras me voy moviendo, voy remplazando mi cuerpo con ella. Mi mirada está fija en el masculino cuerpo a mi lado, siente el movimiento y se remueve un poco, pero su respiración y sus leves ronquidos me dicen que sigue profundamente dormido.

Cuando me logró liberar por completo, es inevitable que suelte un suspiro de alivio.

Me pongo de pie al lado de la cama con rapidez, el dolor de cabeza, acompañado de un mareo me arroja al piso. Cierro los ojos y aprieto mis labios para evitar soltar un grito de dolor. Mi trasero arde y me duele por el golpe, pero, para mi buena suerte, creo, hay una esponjosa alfombra bajo de mí que amortigua la caída.

Vuelvo a quedarme quieta esperando alguna reacción, pero nada sucede.

Me pongo de pie, miro a mí alrededor de nuevo, frente a mí, los dos muros de ventanales me muestran la ciudad. Seattle está compuesta por miles de edificios cubiertos de metal, cristales y más cosas de esas, para mí, es una jungla de metal, pero el día de hoy, me parece muy tranquila.

El sol se ve entre las bases de los edificios, iluminando la ciudad. Aunque el sol ya se muestra, aun puedes notar las estrellas en lo alto del cielo y su reflejo en los edificios.

Veo mi reflejo en uno de los ventanales. Estoy desnuda, despeinada y con el maquillaje corrido. Froto mi rostro con mis manos. Espero que los vecinos de los edificios de al lado no estén despiertos aún.

Sin molestarme en cubrir mi desnudez, me dispongo a buscar todas mis cosas. Encuentro cerca de mí los zapatos que usaba anoche, no puedo evitar el suspiro que aparece en mis labios, estas malditas cosas eran mi sueldo completo de un año. Los había comprado por impulso en el centro comercial hace algunos meses, no los había usado, dije que los guardaría para una ocasión especial. Supongo que el día de ayer fue mi excusa para usarlos por primera vez.

El recuerdo asalta mi mente de nuevo. Mi madre llevaba varias semanas hablándome de ese hombre, según palabras de ella, era encantador, divertido, fresco y cautivador. También dijo que teníamos muchas cosas en común. Durante días, me llamaba diciendo lo mismo, rogándome para que le diera una oportunidad.

Sé que ella quiere lo mismo que todos. Todos creyeron que sería solo cuestión de días, que mi dolor no duraría mucho, pero se equivocaron. Los días se hicieron semanas, y las semanas en meses, ellos solo perdieron la esperanza cuando pasó un año.

Ahora, seguí con mi existencia, pero, sé que siguen temiendo que vuelva atrás. Desean que siga adelante con mi vida.

No puedo mentir, yo también quiero eso. Yo también anhelo seguir adelante, yo también quiero vivir y no solo existir.

El día de ayer, permanecí lo más indiferente posible, no se lo mostré a nadie, pero, me sentía muy emocionada por la cita. Cuando acepté la oferta de Reneé, me dije a mi misma que esta era mi oportunidad. Me compre este vestido nuevo, me peiné y maquillé como nunca lo había hecho, antes de salir de casa, decidí que era una ocasión especial para usar por primera vez los zapatos.

De nuevo, en mi mente aparecen flashes de como los usé. Mi mirada se va de nuevo al cuerpo que descansa sobre la cama. Un sonrojo aparece en mi rostro tomándome por sorpresa. La sensación es familiar, pero desconocida a la misma vez.

Sacudo mi cabeza, despejo mi mente otra vez. Debo salir de aquí, si paso otro minuto aquí, es muy probable que haga de nuevo otra locura. Tengo que irme antes de que eso suceda.

Sigo con mi búsqueda, necesito mis pertenencias. Más adelante, en otro logar del suelo, encuentro mi vestido, lo deslizo con rapidez sobre mi cuerpo, al menos me da la sensación de estar cubierta.

Muevo mis pies de nuevo, la planta de uno de ellos se encuentra con un objeto extraño. Me inclino para mirar más de cerca el objeto extraño, parecen ser retazos de alguna tela. Mis dedos los extienden frente a mis ojos, abro la boca con sorpresa.

No me jodas.

Aprieto el objeto con fuerza entre mis puños, cierro los ojos, tratando de controlar las emociones en mí. Finalmente, suelto la respiración y lanzo lejos la tela, de todas maneras, no me va a ser de utilidad. Ahogo en mi garganta un gruñido desesperado.

Genial, ahora debía irme a casa sin nada debajo del vestido, o buscar la manera de amarrarme todos los trozos de mi ropa interior a la piel. Por supuesto eso no va a suceder.

¿Será una hora prudente para irme a la calle sin ropa interior?

Mi rostro se estira y mis ojos ven un reloj en una de las mesas de noche que están al lado de la cama.

Son las 06:11 am.

Bien, aun no es tan tarde como esperaba. Aun puedo irme a casa sin ser notada por nadie. O al menos eso ruego.

Termino de cruzar la habitación, aun con mis pies descalzos. Abro la puerta y asomo mi cabeza en busca de cualquier cosa que me alerte de alguien, pero no hay nadie en el pasillo. Salgo y me giro a cerrar la puerta, doy una última mirada al hombre en la cama.

—Espero volver a verte —murmuro al cerrar la puerta.

Me muevo a través del pasillo, hay más habitaciones y más espacios, no sé si hay alguien más durmiendo en alguna de las otras recamaras. Honestamente, no quiero averiguarlo.

¿Cómo voy a explicar lo que hago aquí?

Recorro la planta alta en busca de alguna escalera o de algo que me indique dónde está la salida. Finalmente, encuentro el camino.

Bajo sigilosamente por la escalera que me encuentro, suplico por que este sea el camino correcto. Unos escalones más abajo, me encuentro mi bolso, me inclino a recogerlo y revisar su contenido para asegurarme que está todo. Mi celular está apagado, supongo que se quedó sin batería en algún momento de la noche; mi cartera está intacta y con todas mis tarjetas e identificaciones y las llaves de la casa siguen en su lugar.

Suspiro de alivio.

Termino de bajar los escalones restantes, siendo recibida por un espació bastante amplio. Mis ojos recorren el lugar.

Hay un enorme televisor en una de las paredes, frente a él, hay una sala de estar en un espacio a desnivel, está conformada por dos enormes sofás de color gris oscuro y otros cuatro de menor tamaño pero del mismo color. Detrás de estos, hay un juego de dos sofás individuales, un par de sillas y una mesa que combinan con el resto de los muebles.

Del lado izquierdo de ese espació, hay algo que golpea mi estómago con fuerza. Ahí, en un espacio más alto que el resto del lugar, sobre una alfombra majestuosa hay un enorme piano de color negro que brilla bajo el resplandor de la luz que entra por la ventana gigante a su lado.

Mi cuerpo se tele transporta 5 años en el pasado, un piano, una ventana con vista al bosque, un hombre cobrizo, sus dedos danzando sobre las teclas, profesando una melodía bastante conocida para mí.

Siento mi estómago revolverse, la bilis sube hasta mi garganta, mi cabeza comienza a dar vueltas de nuevo. Mis ojos pican, el agujero en mi pecho se abre, recordándome que está ahí, presente, palpitante e hiriente. Mis pulmones jadean en busca de aire.

¡Sal de aquí ahora! Me grito.

Mi cuerpo reacciona, mis piernas se mueven, mis ojos encuentran la puerta de color metal. Corro en esa dirección, mi mano aprieta con furia el botón. Se escucha la campana que anuncia la llegada del ascensor, no me importa si alguien me descubre, solo quiero irme.

Las puestas de metal se abren, me lanzo al interior. De nuevo mis dedos presionan con fuerza los botones para cerrar las puertas, cuando finalmente lo hacen, mi cuerpo se recuesta sobre una de las paredes, poco a poco me deslizo hasta el suelo helado de metal.

Abrazo mis piernas con mis brazos, meciéndome en un inútil intento de calmarme. Las lágrimas se deslizan por mis mejillas, mi labio tiembla por los sollozos. Mis dedos tironean mi cabello, uno de mis puños golpea mi pecho tratando de hacerme reaccionar.

El tiempo pasa demasiado rápido, el ascensor me avisa que hemos llegado, las puertas se abren y yo sigo en mi posición.

Lucho con todas mis fuerzas para controlarme, pero me toma tiempo hacerlo.

Mi respiración vuelve a ser constante, limpio las lágrimas de mi rostro con el torso de mi mano. Sé que mi maquillaje ya está arruinado y esparcido por toda mi cara, qué más da un poco más. Acaricio mi pelo, peinándolo en vano. Me pongo de pie, salgo justo antes que las puertas se cierren de nuevo.

Me giro a ver mi reflejo en las puertas de metal.

Sí, mi aspecto es un asco. En cualquier momento que alguien me vea, va a suponer lo peor y me harán miles de preguntas sobre mi estado.

Camino del pasillo de los elevadores, no me molesto en colocarme los zapatos que tengo en mis manos. Salgo a un recibidor enorme y vacío. Los escritorios del fondo parecen la recepción de un hotel muy lujoso, supongo que debe ser donde controlan las entradas y salidas de los visitantes y huéspedes.

—Señorita, ¿Necesita ayuda? —la voz de una mujer me sobresalta.

Giro mi cuerpo en la dirección de donde vino la voz, es una mujer, se ve madura pero no muy grande de edad, y luce preocupada.

—¿Se encuentra bien? —pregunta, su rostro se frunce.

Mis ojos la analizan, usa un traje negro con camisa blanca debajo de éste, su cabello recogido en un moño perfectamente hecho, en su cadera hay un cinturón, se parece al de los policías. De un lado de su cadera se encuentra un arma, del otro, un radio. Debe ser de la seguridad del lugar.

—Si —respondo tratando de sonreír. —Me encuentro bien.

Hace una mueca, sé que por mi estado y mi apariencia, no me cree.

—¿Necesita algo? —pregunta de nuevo, su voz es conciliadora, pero alerta.

—¿Un taxi? —mi voz es más una pregunta que una respuesta.

—Deme un momento —asiente y avanza en mi dirección, pasa de largo, se detiene frente a los escritorios y toma un teléfono.

Me quedo quieta, mirándole. Aún hay lágrimas rebeldes en mi rostro, pero trato de disimular al momento de limpiarme.

—Ya viene en camino —dice en mi dirección.

—Gracias —le digo con honestidad.

Me quedo de pie en el mismo lugar, esperando a que algo suceda.

—Tome asiento, por favor —señala un lugar al lado de nosotras. —Yo le aviso cuando llegue el taxi.

Le ofrezco una sonrisa que parece una mueca forzada, pero acepto su ofrecimiento. El lugar que me señalaba estaba algo escondido, serviría como mi escudo si alguien entraba. La mujer me da una mirada y se aleja de mí, camina hasta una habitación bastante bien disimulada con el resto del lugar.

Entra por una puerta, se queda abierta. Estiro mi cuello para ver el interior, parece ser la oficina de seguridad del edificio, hay otras personas dentro, puedo escuchar sus susurros. Es probable que estén hablando de mí.

Unas luces llaman mi atención, escucho el sonido de un auto que se detiene en la entrada.

—Señorita, llegó su taxi —me anuncia la mujer, su rostro tiene una sonrisa amable y preocupada.

—Gracias —respondo. Me levanto de la silla, caminando por donde su mano me indica.

—¿Segura que se encuentra bien? —pregunta. Mis pasos se detienen, sé que sus palabras tienen un doble significado.

—Le aseguro que no me ha pasado nada —mi voz es cansada. —Anoche, la fiesta… se terminó tarde.

—Oh, es por eso —murmura. De repente su rostro se relaja. —Lo lamento, creí que…

Le ofrezco una sonrisa. —Lo sé, no se preocupe.

Seguimos caminando hasta la entrada del edificio.

Abre la puerta de cristal y me señala el exterior.

Mi cuerpo se estremece al sentir el frio de la mañana golpear mi cuerpo, mis brazos se colocan a mí alrededor tratando de mantener mi propio calor. La mujer cierra la puerta antes de que yo pueda llegar a ella.

Le miro sorprendida y asustada por su repentina acción.

—En la oficina tenemos cosas que han olvidado las personas —me mira avergonzada. —Si no le molesta, puedo conseguirle un suéter.

Me quedo en silencio.

—Lo lamento señorita, yo… no pensé… creo que debo —me mira asustada, su voz tartamudea, puedo ver en su rostro que esta avergonzada.

—Seria asombroso —acepto su oferta. Me mira sorprendida.

—Si le molesta, yo puedo…

Abre los botones del saco de su uniforme, comienza a deslizarlo por sus hombros. Me sorprende su acción, se ve preocupada por el hecho de que me ofreció ropa de un extraño, ¿Por qué le preocupa eso? ¿Será que los habitantes de este lugar son así? ¿Ya le habrán dicho algo al respecto?

—¡No se preocupe! —chillo más alto de lo que deseo. Ella salta sorprendida. —Si me permite uno de los suéteres que han olvidado, estaría perfecto.

—Pero, señorita… —dice aun no muy convencida.

—En verdad no me molesta.

Mi sonrisa amable y el nuevo tono convincente de mi voz, son suficiente para hacerla caminar hasta el lugar donde se encuentran las cosas olvidadas. Regresa con un abrigo de color negro, está afelpado y parece muy cómodo.

—Por favor —me extiende su mano con la prenda en ella. Le sonrió mientras deslizo la tela por mis hombros.

—Gracias, señora... —mis ojos buscan su identificación.

—Davis —me muestra su tarjeta. Me extiende su mano.

—Mucho gusto —tomo su mano apretándola. —Soy Isabella Swan.

Ambas sonreímos. Las presentaciones se terminan. La puerta se abre nuevamente frente a mí, esta vez, me deja salir. Se adelanta un poco y abre también la puerta del taxi.

Me deslizo al interior, le ofrezco al conductor un saludo cordial.

—Por favor, conduzca con cuidado —la mujer le pide al conductor. —Tenga cuidado, señorita.

—En verdad se lo agradezco —dije con un nudo en mi garganta.

El conductor arranca el auto, le doy mi dirección. Rápidamente salimos de la bahía del edificio, adentrándonos a las calles de la ciudad.

El resto del camino, me permito cerrar los ojos y dejar que las lágrimas de nuevo aparezcan en mi rostro.

Me siento estúpida. No hay más palabras para describirme. Soy una estúpida por permitirme, esas pocas horas, jugar a ser el tipo de mujer que nunca sería.

Además, ahora me estaba arrepintiendo de haber dejado mi ropa interior en el suelo de esa habitación ¿Quién soy? ¿Cenicienta? ¿Cenicienta moderna que deja la ropa interior en vez de los zapatos?

Carajo, ¿En qué mierda estaba pensando? Ni siquiera conocía al tipo y había accedido a venir a su departamento. ¿Y si resultaba ser un asesino en serie? Mierda, si eso hubiera sido, no estaría en la parte de atrás del taxi tratando de descifrar mi vida. Sí Charlie se entera de esto, me mata él mismo.

Me limpié furiosamente las lágrimas con el torso de mi mano, debía mantenerme calmada, tampoco conocía al conductor del taxi como para confiar ciegamente en que sí me dejaría en mi edificio, debía pensar fríamente para asegurar mi llegada a mi casa.

Mierda, mi casa. Un nuevo infierno me espera.

¿Mi departamento estará solo? ¿Se habrá dado cuenta que no pasé la noche allí?

De repente las ganas de llegar a mi casa se han esfumado. Pero como siempre, mi mala suerte es tan grande, que, mientras me ahogo en la desesperación, el taxi se detiene justo a la entrada de mi edificio. Aclaro mi garganta y trato de guardar la compostura, o al menos, aparentarlo.

Le pago al señor conductor que fue tan amable de traerme sin hacer un comentario de mi aspecto y a la hora. Me bajo del auto tratando de hacer el menor ruido posible, lo que menos necesito en este momento, es que el vecino chismoso me vea y les cuente a todos.

Quiero creer que son cerca de las 7 de la mañana, aunque entre semana seria común que las personas estén pasando por mi calle, los domingos no es así. En el vecindario todos somos flojos y nos levantamos tarde los fines de semana.

De todas maneras, echo una mirada para asegurarme que no haya nadie. Un suspiro de alivio me asalta al ver todo desierto. Decido quitarme de nuevo los zapatos, así seré más silenciosa. Entro al edificio, quedo frente al elevador.

¿Será prudente que suba por él?

Al final decido que no, es mejor usar las escaleras, es menos probable que me encuentre a alguien por ahí. Todos se pelean por el elevador. Como dije, somos flojos en este lugar.

Mientras subo por los escalones, no puedo evitar pensar en que parezco la protagonista de una película de terror, subiendo a escondidas y alerta, pero aun en espera que el diablo se aparezca frente a mí.

Sonrió orgullosa cuando logro subir los tres pisos sin ser detectada.

Giro a la izquierda en busca de mi puerta, me detengo cuando llego al pasillo en forma de "T" que conecta los únicos dos departamentos que hay de este lado. Me acercó a la puerta de la derecha, recargo mí oído en ella, buscando algún sonido que me diga que ya ha despertado. Hago un pequeño baile de felicidad cuando no distingo ninguno que llame mi atención.

Regreso por el pasillo, esta vez acercándome a la puerta de la izquierda, la mía.

Saco con cuidado las llaves de mi bolsa, aún estoy mirando a mí alrededor en la espera que alguien me atrape. Siento mi mano temblar cuando meto la llave a la cerradura y la giro.

La puerta se abre, me muestra la tranquilidad de mi casa. Entro en ella y la cierro con cuidado, dando una última mirada al pasillo.

—¿Llegas o te vas? —preguntan a mis espaldas.

—¡Carajo! —grito. Mi cuerpo salta por la sorpresa, dejo caer todo al suelo. —Me asustaste.

Me inclino para recoger las cosas que cayeron a mis pies.

—¿Qué haces aquí? —pregunto. Aun siento mi corazón latir con bastante fuerza en mi pecho.

—Desperté temprano, quería un poco de café, pero el mío se terminó —se encoge de hombros. —Vine a robarte un poco.

A mi nariz le llega el aroma del café. Supongo que usó la cafetera.

—¿Entonces? —me mira, sus brazos están cruzados sobre su torso, aun lleva puesto el pijama. —¿Vas entrando o vas saliendo?

—¿Voy a correr? —respondo, mi voz sale más en tono de pregunta.

—Claro, a correr —asiente, me mira en silencio, le regreso la mirada, me siento incomoda. —¿Y usarás los silettos Loubuitin que cuestan tu sueldo completo para correr? —su ceja se levanta, apunta a los zapatos en mis manos.

—¿Sí? —ahora si es una pregunta.

—¡Mentirosa! —me grita. Mi cabeza se queja del sonido. —Llevo más de dos horas aquí y no estabas en tu habitación.

—Yo… —trato de pensar en alguna excusa que sea razonable.

—Tú… ¡¿Tú qué?!

—Yo te suplico que no grites —me arrastro hasta el sofá, me dejo caer en él.

—¿Tienes resaca? —su voz en burlona.

—Y cargo de conciencia —me quejo. Me mira con confusión.

—Un momento —murmura. Sus ojos se pasean sobre mi silueta, por primera desde que entré, se da cuenta del estado en el que estoy.

—¿Qué fue lo que pasó anoche? —pregunta.

—¿Qué tan honesta quieres que sea?

—¡No jodas! —grita.

—Angela, por favor, no me grites —lloriqueo. —Estoy justo aquí.

—Acabas de llegar, traes puesto el vestido de anoche, el maquillaje corrido y tienes una resaca del demonio —enumera mis desgracias. Muy amable de su parte.

—¡Cuéntamelo todo! —corre a mi lado en el sofá.

—Angela… —un gruñido sale de mi garganta.

—Lo siento, lo siento —se disculpa. —Cuéntame, por favor.

Le doy una mirada, no quiero hablar, pero, sé que no me dejará tranquila hasta que no esté al tanto de todos los detalles.

—¿Qué quieres que te cuente? —pregunto con resignación.

—¿Quién era el de la cita? ¿Lo conozco? ¿Cómo es? ¿A dónde fueron? ¿Pasaste la noche con él? ¿Te cogió duro? Por tu aspecto creo que sí. ¿Él te trajo? ¡Respóndeme!

—¡Angela, para! —grito.

Mi cabeza está punzando, mis ojos se quejan por la luz que entra al departamento, y mi cuerpo duele como si un camión me hubiera pasado por encima. Además, estoy a nada de soltarme llorando de nuevo. Por supuesto que mi amiga lo nota, en este tiempo, ambas hemos aprendido a conocernos y a reconocer los sentimientos de la otra para saber cuándo nos necesitábamos.

—¿Qué sucedió, Bella? —me abraza. Se siente reconfortante.

—La cita fue horrible —explico. —El tipo fue un cabrón y arruino todo desde el primer segundo.

Me mira extrañada.

Le cuento con lujo de detalle todo lo que pasó en la cita que Reneé había organizado para el día de ayer, también le cuento como terminé en el Lounge sintiéndome más miserable que de costumbre.

—Que mierda —se queja. —Y pensar que tu madre nos habló maravillas de él.

—Supongo que su máscara funciona con algunas personas.

Bajo mi cabeza, la coloco entre mis manos, apretándola. Me duele demasiado como para pensar en todo lo que mi madre decía del tipo.

—Espera, espera, ay algo que no entiendo.

Me quedo en silencio.

—Si la cita fue un asco y te fuiste a beber tu sola... ¿Dónde pasaste la noche?

La miro. Mis músculos se contraen, mi cuerpo se congela.

—No lo sé —mi voz tiembla.

—¡¿Cómo carajos no vas a saber?! —grita con angustia. —¡¿Qué demonios significa eso?!

—Significa que no lo sé —suspiro. —Sé que estaba en el distrito central de negocios, pero no sé exactamente dónde.

Abre la boca, me mira estupefacta.

—¿Estuviste con alguien? Por supuesto que estuviste con alguien —jadea. —¿Con quién?

Trato de tragar el nudo de mi garganta. De nuevo, me siento estúpida y avergonzada. Puedo sin problemas explicarle como estuvieron las cosas después de la cita, puedo contarle todo lo que pasó en el Lounge, pero aun así no puedo responderle todas sus preguntas.

—No lo sé. —soy honesta.

—¡¿Qué mierda significa eso? ¿Cómo puedes decir eso así de tranquila?!

Siento la punzada de nuevo en mi cabeza. Llevo 1 hora despierta, ya me he humillado con dos personas y siento que la resaca va a hacerme cometer un asesinato, aun no sé si la persona que morirá soy yo o Angela.

—Pues —carraspeé. —No estoy muy tranquila, si te soy honesta.

—¡Isabella! —grita desesperada.

—Bien, de acuerdo, conocí a un tipo en el bar.

—¿Cómo era? ¿Era caliente? ¿Era de esos que te ponen de rodillas solo con verles? —sus preguntas son muy ansiosas.

Oh Angela, si tú supieras.

—Sabes a la perfección el tipo de personas que van al Lounge —digo tratando de ahorrarme detalles.

—Millonarios, políticos, empresarios, famosos, solo la alta gama de la ciudad —enumera. —Bueno, y nosotras.

No puedo evitar la risa que escapa de mis labios. Sí, nosotras somos de las pocas personas que pueden entrar al Lounge sin ser nada de lo que ha mencionado Angela, y aunque lo intentamos, no somos de las que encajan en ese lugar. Pero, es de los pocos lugares en donde nos sentimos cómodas.

—Bueno, el hombre de anoche era… —pienso en una manera de describirlo, —era como esos que has mencionado, pero era del tipo que cualquier mujer desea.

Se pone una mano en la boca para ahogar su grito. —Detalles, necesito detalles.

—Su voz era, grave y muy dominante, su aroma era masculino y usaba un perfume exquisito, y su sonrisa, hizo que mis piernas temblaran —un grito de mi amiga me interrumpió, reí por lo bajo. —Estaba usando un traje muy elegante y estoy segura que era muy costoso, parecía de esos Gánster que salen en las películas.

Vuelve a gritar. Maldita sea, ¿Por qué grita tanto?

—¿Y qué pasó? —golpea mi rodilla con desesperación.

—Llegue al Lounge con un humor de los mil demonios a causa del idiota. —suspiro. —Abajo estaba abarrotado y no tenía ánimos de bailar, así que subí al bar decidida a ahogar mis penas en alcohol. Pedí un trago, él se dio cuenta y comenzamos a hablar a partir de eso —mi mente me llevó de vuelta al pasado. —Te juro que fue una conexión instantánea.

—¿Tanto así?

—Fue como si el destino me quisiera mostrar que no era la única que había tenido un día de mierda —medio sonrió por mis propias palabras.

—La semana pasada fue una mierda total, para todos —concuerda mi amiga. Sé que habla del trabajo. —¿Qué más sucedió?

—Hablamos por un tiempo más…

—¿De que hablaron?

—Pues… —me vuelvo a sentir insegura, no sé cómo va a reaccionar. —Pues según lo que él me dijo, ¿Su novia? ¿Su esposa? Lo dejó.

Angela me mira seria. —¿Quién dejaría a un hombre como él? Al menos como lo describes, no es del tipo que alguien abandonaría.

Ouch, yo si soy de ese tipo.

—No, Bella, no lo digo por ti —rectifica sus palabras. —Nadie debe abandonar a alguien de la manera en la que ellos lo hicieron contigo, eso no tiene justificación.

Sacudo la cabeza alejando los recuerdos.

—Bueno, supongo que si alguna vez los vuelvo a ver —murmuro, —les agradeceré el gesto. No todos los días se puede conocer a un tipo como el del Bar.

Angela salta del sofá con sorpresa. Me mira como si estuviera presenciando un milagro.

—Cuando vuelvas a ver a ese hombre, recuérdame agradecerle el acto de magia que ha causado en ti —habla risueña. —Es un mago. En un segundo causó en ti lo que yo llevo intentando por años.

—Si —mi sonrisa se borra, —lo siento por eso.

Ella mueve su mano, le resta importancia al asunto. —Sígueme contando. ¿Te ofreció un trago? ¿Te sacó a bailar?

—Sí y sí —asiento. —Mientras hablábamos, pidió una botella de un coñac de esos caros, la bebimos entre ambos y luego fueron dos de esas, luego tres. Bajamos a la pista de baile y seguimos bebiendo y tonteando. —muerdo mi labio. —Después el alcohol hizo su función y en lo único que podía pensar eran en tenerlo entre mis piernas gimiendo mi nombre.

—¡Por Dios! —chilla. —¡¿Quién eres tú y que has hecho con mi amiga?!

Suelto una carcajada.

—¡Tu preguntaste! —le doy un empujón.

—¡Ya lo sé! —se ríe. —¿Y que más pasó? Bella, no me tortures así —hizo un puchero.

—Me acorraló contra una pared y me besó —otro grito proveniente de ella me interrumpe. —Por supuesto que mi fuerza de voluntad se fue al carajo.

Angela sigue gritando y tironeando de mi ropa. Mi cuerpo se queja de nuevo, enviando dolor a cada extremidad de mí, me debo resignar a escuchar sus gritos, por más que lo intente, sé que no voy a poder calmarla.

—Espera —me mira con lastima. —Iré a traerte algo para el dolor de cabeza.

Se pone de pie y se pierde en la cocina, mis ojos la siguen, abre un cajón y saca un frasco de pastillas. Sirve un vaso con agua y regresa a mí. Coloca en una de mis manos el vaso y en la otra un par de capsulas, las ingiero ansiosa.

No me había dado cuenta de lo sedienta que estaba hasta que vacío todo el contenido del vaso. Angela regresa de nuevo a la cocina, se asegura de volver a mi lado con una jarra llena del líquido refrescante. Espera paciente a que beba toda el agua que yo quiera. Finalmente, aleja el vaso de mi mano.

—¿Conoces al bombón de anoche? —pregunta de repente.

—No recuerdo haberlo visto antes —digo después de exprimir mi cerebro en busca de la respuesta.

—Quizás solo era alguien que vino por negocios —dice pensativa. —¿A qué se dedica?

—No le pregunté eso.

—Bueno —asiente compresiva. —¿Cómo se llama? Quizás podemos encontrar información en internet.

—No le pregunté su nombre —me encojo de hombros.

De la nada siento un líquido frio estrellarse contra mi rostro. El sueño, la pesadez en los ojos y la confusión que sentía se esfumó de inmediato.

Miro a mi amiga con el rostro dislocado por la sorpresa. ¿Me acaba de lanzar el contenido del vaso en la cara? ¿Por qué?

—Isabella Marie Swan —dice mi nombre completo. Sé que va a regañarme, su tono me lo dice. —Cuando una mujer conoce a ese tipo de hombre, lo primero que haces es preguntarle su nombre y luego dejas que se meta en tus piernas. Nunca es al revés.

—Es que, yo estaba, estaba muy ocupada como para, para preguntarle —balbuceo.

—Ya me imagino con qué —rueda los ojos. Subo mis manos a mi rostro para quitar el exceso de agua.

—¿Acaso no se te paso por la cabeza? —pregunta molesta. Niego. —¿Qué tal que ese era el hombre de tu vida? No, no ¡Ese hombre puede ser el amor de tu vida! ¡Y no tienes manera de contactarlo!

—Oye, detente. —le miro molesta. —Solo fue algo que pasó por el alcohol y el momento, es todo.

—¡Es que no puedes saberlo! —se cruza de brazos. —No sabes lo que pasará el día de mañana.

—Angela, no necesito ningún "amor de mi vida" —levanto mis dedos para hacer comillas en el aire. —Estoy bien sin eso.

Ni yo creo las palabras de mi boca.

—¡Oh vamos, Bella! —hace una mueca. —No seas tan negativa.

—No soy negativa —digo ofendida. —Solo realista. No soy el tipo de mujer que se puede ligar a un hombre que tenga muchos millones en el banco.

—Ya lo hiciste una vez —murmura entre dientes mientras gira su rostro para evitar que la escuche, por supuesto que la escucho con claridad.

Le doy de nuevo una mirada molesta. ¿Hoy es el día de recordarme el pasado?

—Sí, tienes razón. Ya lo hice una vez y mira como terminé —suspiro.

—¿Y si esta vez es diferente? —ataca de nuevo. —¿Qué tal que esta vez te sucede como Julia Roberts en mujer bonita?

—No soy prostituta —le aclaro. —Ya sé que parezco una, pero no lo soy.

—No me refiero a eso —gira los ojos de nuevo. —Bueno, sí admito que ese abrigo y el vestido no ayudan a que crean lo contrario.

La miro ofendida de nuevo.

—El punto es que, en la película de mujer bonita, el sexy millonario se encuentra con la desalineada Vivian y se acuestan, bueno, es por contrato, pero luego, ambos se dan cuenta de cuanto tienen en común y de lo mucho que están bien juntos y ella se enamora de él y luego él de ella.

—Sí, muy bonita película —la corto. —Pero, yo no soy Julia Roberts y no creo que él sea Richard Gere —sacudo la cabeza.

—Pero si eres una mujer que tiene la vida desalineada como Vivian, y él también tiene la vida revuelta como Ed… —se corta al momento de decir el nombre, —como el personaje de Richard Gere.

—¿Y eso qué?

—Quizás si ambos se conocen bien, se pueden dar cuenta que son como la pareja de esa película y terminan juntos.

La miro, escéptica.

—Angela —hablo despacio. —No creo que él venga en una limosina a buscarme y me ofrezca flores y un futuro juntos.

—¿Por qué no? ¡Si él fue el que te trajo a casa, quizás…

—Vine en un taxi —la interrumpo.

—¿Qué? —me mira sin poder creerme.

—Desperté antes que él y me escapé —le explico.

—¡¿Te escapaste?! —grita demasiado fuerte.

—No sabía que decirle, tampoco me sentí valiente como para quedarme y prepararle el desayuno. ¡Carajo, Ang! Él tipo terminó con su novia 24 horas antes de que nos acostáramos.

—¿De quién es el abrigo? —mira el objeto con asco.

—Una mujer del equipo de seguridad me lo ofreció del baúl de cosas perdidas—suelto la respiración. —Además me ayudo a pedir el taxi.

Me mira amenazadora, su rostro me da miedo. —Que amable mujer.

Le doy la razón.

—Anoche, ¿Le dijiste por lo menos tu nombre al tipo? —gruñe.

—Pues, no.

—Entonces respóndeme algo —asiento de nuevo. — ¿Cómo quieres que, ese bombón parecido a Richard Gere, te venga a buscar?

Me quedo callada. Ya no tengo armas para defenderme.

Ambas nos quedamos en silencio por un tiempo. Supongo que Angela se quedó en silencio para tratar de calmarse, yo me quedé inmóvil para evitar que me saltara encima. Me golpeo internamente, mi amiga tiene razón, tuve la oportunidad delante de mí, y ahora se ha escapado de entre mis dedos.

—Escucha Bella —habla después de un rato. —Me alegro que tu noche mejorará después de la patética cita con el idiota. Ya aprendimos la lección sobre creerle a Reneé.

Sonrió en respuesta. Sí, ya no dejaré que mis padres se metan en mi nula vida amorosa.

—Pero Bella —me toma de las manos, las aprieta en el proceso, —no hay nada de malo con que sigas con tu vida. No es un delito que salgas y te diviertas, o que conozcas a personas nuevas. Tampoco es un pecado quieras darte otra oportunidad en el amor.

Le miro incomoda.

Ese era el tema que evito como si fuera la peste. Es el tema del que todos mis conocidos hablan, ya sea frente a mí o a mis espaldas, pero resulta ser que, es el tema del que yo no quiero hablar.

—No es tan fácil, Ang.

—Lo sé —asiente. Por supuesto que lo sabe. —Sabes que, cuando que descubrí el engaño de Ben, la pasé mal. Me dolió muchísimo. No fue una traición, fueron dos personas las que me traicionaron.

—Lo recuerdo bien —esta vez soy yo quien aprieta su mano.

—Pero dolió mucho más saber que, ellos siguieron con su vida como si nada hubiera pasado, mientras yo sufría —se quedó callada por un momento. —Hasta que me dije que era suficiente.

Yo sigo en silencio.

—Quizás este es el momento en el que tú decidas que es suficiente.

Cierro los ojos por las emociones que me embargan.

—¿Aun sales con el pelirrojo? —pregunto en un miserable intento de aligerar el ambiente.

—No —se encoje, — lo dejamos la semana pasada.

—¿Por qué?

—El imbécil decidió que era buena idea ex-esposa.

Suelto una risa irónica. Ella solo suspira.

—Iré a terminar el desayuno —anuncia. —Date una ducha y vuelves a comer algo.

Me da una palmada en la rodilla y se levanta.

—Te ves del asco —dice mientras camina a la cocina.

—Eres un amor —le respondo sonriendo. Ella ríe.

Disfruto de la soledad y el silencio que me rodea. Quisiera quedarme aquí el resto del día, sin moverme, pero sé que ella tiene razón. Mi aspecto debe ser horrible y supongo que mi aroma también.

Me pongo de pie, cruzo mi casa para ir a mi habitación. Está tal cual la dejé, con todo esparcido por la cama a causa de las prisas de ayer. Ya me ocuparía de eso después. Me desvisto y entro al baño para mi ducha. Al inicio tuve la idea de que eso sería rápido y suficiente para sentirme limpia, pero mi cuerpo necesita descansar. Mi ducha terminó siendo media hora dentro de la bañera.

Cuando salí, me tomé el tiempo de secarme con cuidado y hacer una evaluación de los daños. La verdad, la entrepierna me arde, el trasero esta irritado, muy rojo, y duele demasiado. En mis oídos retumban las palabras de anoche, esa frase que dijo mientras tenía mi cuerpo a su completa disposición.

"Quiero marcar tu cuerpo" "Quiero que recuerdes que soy yo el que estuvo aquí" "Quiero hacerte mía por el resto de mi vida"

Ay carajo, siento que estoy de nuevo bajo su hechizo. Angela tiene razón, es una especie de mago o hechicero y yo soy solo el conejo dentro de la jaula esperando a que él haga su magia.

Busco ropa holgada para dejar mi piel descansar y recuperarse. Para distraerme, limpio el desorden que hay por toda mi habitación. Cuando estoy satisfecha con el resultado, salgo a la cocina para encontrarme con Angela.

—Vaya, que diferente te ves —sonríe cuando me ve. La imito. —Siéntate.

La obedezco, me colocó en la barra que está frente a la cocina. Ella se encarga de servir dos platos de comida y acercar todo frente a mí. Toma asiento a mi lado.

—¿Qué pasó ayer cuando me fui? —le pregunto mientras picoteo mi plato. Ayer cuando salí de la oficina, era un total desastre.

—Pues, el señor Grayson siguió hablando con los demás— me narra. —Aún no sabemos qué va a pasar. Ya se está analizando la situación, pero, después de la demanda y de cómo lo manejó el imbécil de Benjamín, tememos por los accionistas.

—¿Que dice Suzanne?

—Sigue creyendo que es que algún súper héroe vendrá a rescatarnos —susurra. Ella insiste en que es mejor venderlo

—No es mala idea —razono, —si alguien lo compra, puede restructurar todo. Incluso sin dejar de lado al señor Grayson. Lo malo son los posibles compradores.

—Por eso el señor Grayson se niega a vender —me explica. Hago una mueca.

—Pero ya perdió mucho dinero con la demanda y eso. Si no vende, tendría que buscar miles de préstamos para que siga funcionando.

—¿Y si el periódico entra en concurso mercantil? —pregunta.

—Eso es lo que Benjamín quiere —digo entre dientes. —Sabes que ha buscado cada oportunidad para hacer caer las acciones y así comprarlas.

—Él quiere comprar el periódico ¿Verdad? —me mira. —¿Es una venganza en contra del Señor Grayson? ¿De nosotras?

—Creo que es en contra de los accionistas y la mesa directiva. Si ellos lo hubieran elegido, él sería el vicepresidente y no Suzanne.

—Es que fue muy estúpida la manera en la que llevó la demanda, le dimos todas las pruebas y aun así no las usó. —chillé molesta. —Y el idiota cobró muy buen dinero por perder.

—Y esa es la razón por la que tú y yo somos parte del circulo bajo de los directivos —Angela luce sorprendida por nuestro descubrimiento.

—Mientras Benjamín es solo un abogado más de la firma que cobra muy buen dinero por hacer estupideces.

—¡Ese cabrón! —Angela golpea la superficie de la barra.

—¿Ya sabes cuándo daremos la noticia? —le cambio de tema. —Tengo entendido que se hará una rueda de prensa.

—Se agendó dentro de dos semanas —me dice. —El señor Grayson me pidió que no dijéramos ninguna razón hasta no saber el desenlace, para evitar movimientos indeseados.

Asiento compresiva.

—Quiero que para la rueda de prensa presentemos una solución, no solo una triste noticia —su voz sale triste.

Angela y yo nos habíamos encariñado bastante con el periódico. Cuando nos mudamos a Seattle, casualmente chocamos con el Señor Grayson, el CEO del Seattle Times, claro que en ese momento no lo sabíamos. Él fue nuestro súper héroe en esta ciudad. Nos salvó de vivir en la calle.

—¿El lunes tenemos otra junta?

—Sí, a las 10 —responde ella.

—Ya se nos ocurrirá algo —le digo en un vano intento de tranquilizarla. Ella solo suspira.

Nuestra conversación camba de tema. De repente nos vemos distraídas en distintos temas más relajantes. Hablar con Angela siempre resulta un bálsamo. Cuando terminamos de comer, entre ambas nos encargamos de limpiar y ordenar todo. Mas tarde, Angela dijo que se iría a su departamento porque tenía ropa para lavar. Así que me quedé sola el resto de la tarde.

Las pastillas que me había dado más temprano, hicieron su efecto al instante. Pude moverme por todo mi departamento limpiando y ordenando todo el desastre, además, una de las desventajas de vivir en una ciudad era que, sin importar cuando limpiaras, siempre había una capa de polvo.

Unas horas después, mi cuerpo volvió a doler por lo que tuve que tomar otro par de capsulas para terminar las actividades de aseo. Terminé antes de lo esperado, pasé el resto de la tarde recostada sobre el sofá, viendo una serie y dormitando de vez en cuando.

Básicamente pasé todo el día reuniendo las fuerzas necesarias para enfrentarme mañana a la cruel realidad.


Concurso Mercantil: Es un recurso legal al que acuden las empresas que no están en condiciones de estar al corriente con los pagos a sus acreedores; bajo este procedimiento pueden buscar acuerdos y reestructurar sus obligaciones. La idea de los concursos mercantiles no es declarar en quiebra definitiva a las empresas sino darles la oportunidad de reorganizarse para continuar operando.


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No duden en dejarme un RR diciéndome lo que piensan, se los agradecería muchísimo. Y no olviden pasarse por mi sotras historias.

¡Nos leemos en el siguiente!