—Kenny, ¿tú alguna vez... has tenido sexo con otro hombre? —curioseo Stan al pausar el juego que estaban jugando en la consola de la sala.

—No, ¿por qué? —respondió el rubio al despegar la vista de la pantalla hacia su amigo que lo sorprendió un poco con su pregunta.

—Porque te quiero joder, Ken. ¡Me gustas mucho! Quiero que seas mi bottom —manifestó el pelinegro, con algo de rubor en su rostro.

Secretamente se lo había dicho a su mejor amigo. Echarse al niño más caliente, sexy y pervertido a la cama, eso lo hacía un reto de primera. A parte de que él también, es uno de sus mejores amigos.

—¡Vaya! Y, ¿eso desde cuándo? —interrogó el rubio al dejar el control a un lado y acercarse un poco más al contrario, ahogando ese espacio del sofá.

—No lo sé... Simplemente digo que eres un niño muy lindo.

Stan acomodó su cuerpo casi de medio lado para besar a Kenneth en una posición incómoda, tras estrellar el control de la consola contra el suelo, abriendo un poco sus labios que hicieran contacto con los de él; mientras que con su mano excitaba el miembro del menor para ponérselo bien duro. Kenny apretó un poco las piernas al sentir que una dolorosa erección está por venir.

—Amor, vamos a la cama. ¿Sí? —demandó el pelinegro al despegarse un momento de McCormick y poder disfrutar todo de él, en su habitación.

—Sí... Vamos bebé que me estoy muriendo de las ganas porqué me rompas bien rico... —susurro McCormick con esa vocecilla que al pelinegro le encantaba oírlo, cuando se trataba de sexo.

Ambos se levantaron del sillón y subieron las escaleras con mucha premura hacia la habitación del mayor, antes de que los señores Marsh llegarán del supermercado y les arruinará la diversión. Stanley, de inmediato, cerró la puerta con seguro. Sabía que está oportunidad no se presentaba dos veces, ya que ambos tenían novias y hoy cumpliría su fantasía a toda cabalidad.

Entonces, cargó al rubio entre sus caderas, aprovechando que su estatura era más alta que la de él, por uno o dos centímetros de diferencia. Kenny se sujetó hacia el pelinegro con los brazos rodeando su cuello y las piernas habían agarrado sus cuadriles. Otro beso, quería Kenneth antes de que lo tumbará a la cama, sintiendo que los pasos del mayor lo conducían precisamente a eso. Stanley, solo le siguió el juego.

Despacio lo tumbó contra la cama, aún no quería desprenderse del beso que ahora sus labios eran suyos, deseaba que el tiempo transcurriese lento y que sus padres se demorarán haciendo las compras.

Kenny desvío sus labios por sentir los bordes de Stan ahora en su cuello, succionando esa piel que dejaría una pequeña marca y que a lo mejor en ese momento, no le importaba en la pregunta que su novia le haría, si le llegase a ver ese rastro de infidelidad. Ella pensaría que fue otra mujer; pero jamás un chico y uno de sus mejores amigos. Estaba fuera de su alcance.

Varias veces repitió el nombre de Stan con frases cortas cerca de su oído, pidiendo que le atendiera su amiguito, aunque él tenía prisa por atender el suyo. Y como top quería mandar siempre en la relación.

—Vamos Ken, atiéndelo... Juega con él... —demandó el pelinegro con una voz dulce que enseguida el rubio obedeció la instrucción que Marsh le dió, tras acomodarse encima de la cama.

Kenny había iniciado con un pequeño masaje entre sus manos y luego introducírselo en su boca, observando de vez en cuando, la reacción del contrario que muy seguido gruñía por sentir el placer que ahora el rubio le estaba dando. Stan agarró sus cadejos rubios por intensificar un poco más la movida.

Después de un rato, el rubio termina con un beso en la punta de su falo y enseguida se acomoda de nuevo en la parte de arriba de la cama, para que el contrario ahora le atendiera su miembro erecto, tras quitarse algo de las prendas de abajo; mientras su chaqueta solamente le bajó la cremallera y dejó al descubierto su torso, listo para que él lo besará por ahora. Stan asintió de chupárselo así como él lo hizo anteriormente, sin despojarse tan rápido de su vestimenta.

—¡Ay, qué rico, mi amor! —exclamó Kenneth, al tirarle de un solo jalón el gorro de su compañero que siempre trae consigo, dejándole de paso algunos mechones adoloridos por la acción tan brusca de su parte.

—Anda amor, volteate... —dijo Stan al sobarse esos mechones jaloneados y luego quitarse algunas prendas que le estaban incomodando, aunque presentía que sus padres ya estaban por caer.

Kenny asintió en recostarse boca abajo y esperar a que el mayor se acomodará encima de él, quería sentirlo adentro con movimientos ínfimos que el pelinegro introdujo poco a poco el miembro en su entrada, sin lastimarlo del todo.

Un quejido de placer emitió el rubio al sentir que su compañero ya había comenzado con esas leves embestidas que golpeaban contra el colchón de la cama. Stan acercó una de sus manos al tomarle el mentón del menor y continuar con la misma línea del empujón; mientras que con su boca chupaba esa zona erógena del cuello dónde fue marcado anteriormente, con la intención de marcar también su territorio, aunque esto podría provocar un disgusto con su novia y por ende sabía que su amigo Ken era lo que más le importaba en ese momento.

—Ahora quiero que te voltees... —impostó Stan al detener por un momento el balanceo y separarse del menor para que él se acomodará boca arriba y enseguida cuadrará un poco las piernas hacia sus caderas y asímismo besar su boca de vez en cuando, en el intermedio del vaivén.

Kenny observó al contrario, mientras sus manos se tensionaban al agarrar la colcha en ambos lados de su perfil, unas pequeñas lágrimas mojaron su rostro al sentir como el mayor le daba con moderación, sentía como si está fuera la primera vez en su vida que alguien lo desvirgará.

—Amor, ¿Te estoy lastimando? —preguntó Stan al ver que sus ojitos estaban un poquito rojos del llanto que produjo en sentir ese dolor rompiendo toda su entrada.

—Un poquito... Pero no te preocupes, sigue amor... —Comentó el rubio, jalando un momento a Stanley para besar esos labios que callarán ahora sus gemidos llenos de dolor y placer.

—¿Estás seguro mi vida? —interrogó Stanley por segunda vez al soltarse un momento de los labios de McCormick—, Ten en cuenta que tú eres lo que más me importa, en este momento —Agregó con algo de fragilidad en sus palabras.

Kenneth sonrió al estrecharlo nuevamente contra su cuerpo y aferrarse a esos bordes que tanto le llamaban la atención de chuparlos como fruta.

Stan atrajó a su compañero a que se sentará encima de él para asímismo continuar con el vaivén y seguir besando esos labios que ahora se estaban obsesionando de tenerlos siempre juntos a los de él. De igual forma, estaba involucrando un poco sus sentimientos y tal vez esto le haría perder un poco el control de la situación.

Quiso demostrar que esto solo era un juego sexual; pero en realidad se estaba enamorando más del rubio y por ende terminaría de nuevo su relación con Wendy, si Kenny lo llegase aceptar como pareja, después de este encuentro.

Tal vez era tonto pensar que el rubio lo hiciera, ya que siempre lo ha visto inalcanzable para él. Solo un amigo. Eso le dolía en lo más profundo de su corazón. De igual manera, recordó el consejo que su mejor amigo le dió, en una fiesta de adolescentes, cuando estaban reunidos varios chicos del salón.

No quería sufrir por otro amor, ya bastante tenía con lo de Wendy, cuando tenían nueve años.

Sin embargo, la voz de Kenny lo hizo sacar de sus pensamientos y sentir que ya se había corrido dentro del menor. Sus mejillas colorearon algo de vergüenza, porqué temía que para el rubio no era lo que él esperaba.

—Tranquilo bebé... Sácame la leche con tu boca —habló el rubio al acomodarse de nuevo en la cabecera de la cama, dejando a su paso las piernas abiertas para que Stanley le cumpliría su deseo, suponiendo que se había puesto un poco tenso por la venida y no porque realmente lo quería.

El pelinegro asintió, de sentir toda la corrida en su boca, aunque la emoción de tenerlo para él, lo hizo sacar a flote cuando Kenny le preguntó ¿Qué le había pasado?

—No nada, sino que... Tal vez esto era lo que no esperaste —Respondió Stan en una pausa corta tras limpiar de su boca todo ese líquido blanquecino que le escurría por las paredes de sus labios.

—Tonto, claro que lo disfruté... En medio de todo, fuiste muy tierno y eso me gustó... Gracias amigo... —comentó al darle un beso en la frente.

—¿Sí, bebé? —cuestionó Stan al mirarlo fijamente.

—Sí amor, me gustas demasiado. Entonces, ¿Qué dices otra ronda, antes de que tus papás lleguen?

—Sí, mi amor... —asintió el pelinegro con un beso en los labios, aunque esto significará que él podía ser su juguete sexual. No sabía hasta donde podía llegar, aunque lo amará en secreto.

—Te amo... —dijo Ken al cortar el beso y dejar al contrario un poco confundido con esas dos palabras y aunque Stan quería preguntar, el rubio lo calló con dos dedos sobre sus labios.

Kenneth McCormick no quería arruinar el momento con temas que no venían al caso y mucho menos tocar el pasado, solo hoy se enfocó en ser el bottom de Stan.