Aclaraciones: Algunos datos, y hechos cannon del manga/anime, serán cambiados a mi conveniencia para mejor desarrollo de la historia.

Disclaimer: No soy dueña de One Piece, ni de ninguno de sus personajes a excepción del OC.
Adverencia: Spoilers sobre algunos datos de One Piece, y totalmente del arco de Dressrosa.


La mirada que me dieron en el momento en que me alejé de Doffy para ir directo a mi habitación, era como si creyeran que habían ganado la batalla, al quedarse con él. Como si eso me diera celos, cuando era todo lo contrario, las prefería cerca de él, para que en cambio me dejaran en paz por completo, si lo entretenía lo suficiente podría pasar el resto de la tarde y noche tranquila sin preocuparme porque viniera por mí.

Sin haber tenido oportunidad de tomar una ducha en todo el día, casi salté al agua de mi regadera en cuanto entré a mi habitación, deseando como cada vez que su rocío tocaba mi piel, se llevara todos mis problemas con él. Funcionó para enfriarme después de haber sido besada por el idiota psicópata, también para relajarme del largo que había tenido, pero no para sacarme sus palabras de mis pensamientos.

Una parte de mí gritaba que solo era más manipulación emocional, que si me creía una sola palabra que dijera, una sola, sería el camino para que comenzara a creerle, de perderme en sus halagos, en creer que le importaba más allá de usarme. Pero otra, la parte de mi orgullo, intentaba convencerme de que si alguien era capaz de entrar en el caparazón del rey del bajo mundo, solo podría ser yo, quien lo conocía mejor que nadie.

Dejé que mi cabello se llenara de agua, llevando mi cabeza hacia atrás, agradeciendo la textura de este, y que no necesitara usar secadores de pelo para lograr mantenerlo en su lugar como en mi otra vida. Había pasado casi un año en este país, un año cerca de Doflamingo como su pequeña mascota personal, a ello le atribuí mis dudas, culpé de todo a la costumbre que desarrollé estos meses. A estar alejada de otras personas.

Sin embargo, una imagen de Doffy en el lecho de su madre vino a mí. Aún tenía ocho años cuando vio a su madre enfermar por la pobreza, la falta de comida en buen estado y lo básico para vivir había dicho demasiado para ella. El Doflamingo que lloró a su madre, de quien no obtenía nada, a quien amaba de manera desinteresada fue en quien pensé mientras salía de la ducha. Mi conciencia me gritó que si tenía sentimientos, que podía ser más que ese manipulador quien no le importaba nadie.

Negué con rapidez en cuanto terminé de secarme, intentando sacar esas ideas de mi cabeza. Mi primera regla no establecido conmigo misma era no intentar descifrarlo, no intentar ver al humano detrás del psicópata, no estaba aquí para que sintiera algo por él. Ni mucho menos que desarrollara sentimientos por mí, eso solo sería un gran error. Si llegaba a sentir algo por mí, aun llevándolo a Impel Down, se atrevería a escapar solo para buscarme, no tendría nunca escapatoria de él.

Por ello aun pasando casi una hora en el agua pensando en eso, me obligué a dejarlo a un lado mientras me colocaba mi ropa habitual, mis pantalones cortos, y mi blusa corta, mientras mi pelo seguía húmedo suelto. Aún era temprano para la cena, faltaba por lo menos una hora para tener que volver a cenar con la familia después de dos meses sin hacerlo. Pero era un disgusto que era mejor pasar con rapidez para poder volver a mi habitación, leer alguna novela, o libro de historia y descansar.

Terminando de ponerme mis sandalias, me dirigí a la puerta, respirando profundo para tomar el valor que necesitaba para salir de aquí y enfrentar esto que ahora era mi vida. Sin embargo, mi seudo ritual fue interrumpido por ruidos extraños que venían del pasillo en el momento en que entreabrí la puerta, evocando que la abriera con más rapidez, encontrándome con dos chicas, que no debían tener más que un par de años que yo, con el pelo desarreglado y ayudándose a caminar la una a la otra.

Por un milisegundo me cuestioné que les pasó para tenerlas en ese estado, incluso abrí mi boca para preguntarles, pero se cerró tan pronto como unos gemidos me hicieron salir de mi habitación, encontrándome con la puerta de mi compañero contiguo abierta, y una escena que dudaba poder sacar de mi cabeza en corto plazo. Ni siquiera noté cuando las dos chicas siguieron su camino ignorándome, al solo quedarme inmóvil observando el contenido de la habitación.

El dragón celestial se encontraba desnudo por completo, con las piernas abiertas, sentado en la cama, con una chica en cada mano masturbándola, y estas gimiendo como perras en celo, pero no era eso lo que me dejó aun viendo, sino que otras dos mujeres le estaban dando sexo oral a la vez al emplumado desnudo, lo cual me daba una vista por primera vez de su miembro. La estimación que había tenido al verlo por debajo de la ropa no se alejaba de la realidad, era grande, aunque por instante dudé si tanto como para dañarme en gran magnitud.

—Heis —me sacó de mis pensamiento recordándome que me había mantenido más de un minuto frente a la puerta como espectadora—. Únetenos —me llamó antes de sentir sus hilos en mis brazos y piernas con intenciones de arrastrarme, pero sin importarme las consecuencias a futuro, usé mi haki del rey avanzado para romper su agarre por completo.

—Paso —le dije sin miedo alejándome con prisa de la puerta hasta la barandilla de concreto del pasillo para tirarme por esta hasta el segundo piso, ni siquiera pensé en darle oportunidad de perseguirme por el pasillo.

Ni siquiera me di cuenta de que estaba hiperventilando hasta que me recosté de la puerta de mi oficina en cuanto la cerré, sin poder evitar pensar en lo cerca que tuvo eso. No pensé ni por un segundo que lo que había pasado había dicho sido un accidente. Llevaba meses en este castillo, y nunca presencié algo como eso. No notaba cuando llevaba alguna de sus mujeres a su habitación, ni cuando tenía sexo. Por ello fue que supe que su recamara de alguna manera estaba insonorizada.

Me abracé a mí misma intentando calmarme. Era lo más cerca que había estado de obligarme a hacer algo que no quería. Si hubiera dudado un solo instante me habría arrastrado a su habitación a unirme a su orgía, aun sino quisiera hacerlo. Necesité otros minutos para alejarme de la puerta e ir a mi escritorio sin intenciones de siquiera ir al comedor a cenar, no quería verlo de nuevo, no quería acercarme.

Intenté distraerme entre mis apuntes, cuadernos, e investigación. Incluso cuando nada de eso funcionó, terminé por ir hasta mi maqueta del castillo que había completado unas semanas atrás, para contemplarla y pensar en expandirla, hasta tener una Dressrosa en miniatura en mi oficina. Sin poder concentrarme en nada más, comencé a dar algunos detalles fuera del castillo en miniatura, hasta que recuerdo de lo que había visto quedó en el fondo de mi mente.

Apenas noté que el tiempo había pasado al notar la falta de luz natural desde mi ventana, haciéndome cuestionarme si podría evitar ir al comedor, si vendría a buscarme, si me atrevía a no ir a comer con la familia. La pregunta pasó con rapidez a segundo plano en cuanto la puerta se abrió de golpe, dado paso al dueño de mis pesadillas.

—Ya iba al comedor a cenar, no era necesario venir a buscarme —exclamé fingiendo serenidad, cuando aún estaba nerviosa por su presencia y lo que había pasado hace una hora.

—No vine a buscarte para cenar —aclaró sonriendo al cerrar la puerta y dar un par de pasos hacia mí, mientras me mantenía detrás de mi maqueta, como si eso impediría que me tocara si se le antojaba—. Me desobedeciste.

—No voy a ser una de tus putas, ya te lo he dicho —me defendí sin miedo, podía castigarme por ello, pero me negaba a ser parte de su harem, aún tenía algo de dignidad en mí—. Nunca accedí a ser parte de tus orgias —añadí intentando no dejar mi valor a un lado mientras se acercaba más a mí.

—¿Ese era el problema? —soltó como si fuera una broma de mal gusto, y desviar su camino hasta un mueble que él mismo había colocado antes de marcharse en mi oficina, un diván lo suficientemente grande como para que pudiera sentarse y sobrar espacio, dado que todos mis muebles en esta área estaban hecho para mi medida no la suya—. Es decir que no te negarías a complacerme si te lo pidiera ahora —añadió hablando con un tono que no podía saber si era un desafío, o solo una pregunta—. Me pediste tiempo, y me fui dos meses…

—No quiero tocar algo que tenga fluidos de otras mujeres —abandoné mi escondite detrás de mi modelo para caminar hacia él, aun nerviosa, podía sentir mi corazón golpear mis costillas a la perfección. Parte de mí se negaba a aceptar lo que estaba por pasar, y otra solo lo ansiaba, lo anhelaba, moría de curiosidad de si sería capaz de proporcionarme tanto placer o aún más que la última vez que me tocó.

—Tomé un baño antes de venir a verte —exclamó dejándome sin excusas y haciéndome cambiar de estrategia, si lograba complacerlo un poco, darle algo, podría dejarme en paz por lo menos por hoy. Por lo que sin haber hecho algo así en esta vida antes, me detuve delante de él, quedando casi a la misma altura, incentivándome a quedarme de pie entre sus piernas, y colocar mis manos sobre su pecho sin haberme dado el gusto antes de acariciarlo con calma.

Mordí mi labio sin darme cuenta hasta que el sentí el sabor de mi sangre, mientras acariciaba cada parte de su pecho, sin él oponerse ni mostrar incordia por ello. Maldije para mis adentros por que un hombre tan horrible por dentro se viera tan apetitoso por fuera, sabía que me arrepentiría de esto en unas horas, que me sentiría asqueada, pero intenté enterrar esos pensamientos en el fondo de mi conciencia antes de deslizar mis manos hasta su cuello para besarlo.

Sin dejarme tener el control por una vez, sentí su mano en mi rostro para inmovilizarlo antes de usar la otra para obligarme a sentarme con las piernas abiertas sobre él, rodeándolo, y volviéndome de nuevo a la altura que me correspondía, obligándolo a tener que encorvarse un poco para continuar besándome. Lo cual nunca parecía importarle, al resultarme tan natural.

Sin terminar de acomodarme en sus piernas, invadió mi boca con su lengua logrando que solo me concentrara en ello, gimiendo sobre sus labios al sentirlo rozar la mía, y luego envolverla como solo él podía hacer. Mientras mantenía mis manos de nuevo en su pecho al no poder alcanzar de nuevo su cuello. Su jugueteo con mi lengua apenas duró lo que parecieron pocos minutos antes de que comenzara a follarme con ella la boca, excitándome en cada movimiento.

Podía sentir como la humedad bajaba por mi entrada, deseando atención, y casi grité de la sorpresa y excitación al notar como me había acomodado en sus piernas de tal forma que nuestras entrepiernas se rozaran por encima de nuestras ropas, haciéndome sentir aún más el tamaño que poseía. Sabiendo que si seguía dejando que hiciera lo que quisiera me follaría en cualquier momento, me aparté un poco rompiendo el beso a regañadientes, dado que su agarre en mi cara casi no me ayudaba a que me lo quitara de encima.

—Déjate llevar —susurró sobre mis labios antes de besarlos de manera corta, sin dejarme permitir que me hiciera creer que suplicaba por mi cuerpo, solo quería manipularme.

—Quiero intentar algo —intenté apaciguarlo un poco, lo suficiente para que me soltara y me dejara bajarme de sus piernas antes de agacharme hasta arrodillarme delante él, evocando que me mirara con su sonrisa burlona, como si me estuviera dando permiso para que siguiera con lo que iba a hacer.

Intentando no temblar por los nervios, llevé mis manos hasta su pantalón, para quitar el cinturón, y desabotonar el único botón que tenía. Sin dejarme hacerlo todo, se apresuró a terminar de quitárselo por sí mismo, dándome una vista directa de su miembro, casi con orgullo de ello. Era tarde para arrepentirme, no tenía idea de si podía con ello, pero aun así llevé mis manos hasta su ropa interior para dejarlo salir, y acariciarlo para obligarme a convencerme de que solo era una felación, no iba a pelear ni mi vida dependía de esto.

Aun temía del tamaño, que no pudiera rodearlo bien con ambas manos, pero aun así lo hice. Las llevé por toda su longitud, familiarizándome con su tamaño antes de comenzar a darle placer, llevando una de mis manos por toda su longitud, y dejando la otra en sus testículos sin saber del todo si le iba a gustar, pero al ver que no se quejaba continúe haciendolo, dando pequeños masajes allí antes de darle la primera lamida a la punta de glande, y escucharlo por primera vez soltar un gemido ronco.

Sonreí sintiéndome orgullosa de lograr hacerlo gemir, de cómo el hombre que tanto solía intimidarme, ahora se retorcía de placer con solo un movimiento de mi lengua. Volví a repetirlo, lamiendo aún más su glande, saboreándolo, y sintiendo un poco lo que había usado para ducharse, el olor a geles de baño me inundaron tan pronto lo tuve delante, confirmándome lo que me había dicho.

Con menos miedo que antes recorrí toda su longitud con mi lengua, sin él moverse con quejarse, hasta volver a la punta y lograr introducirla completa en mi boca. Supuse que en mi mundo algo así sería imposible, pero tener la altura que él tenía también, no necesitaba lógica en este lugar, y por ello continúe adentrándolo en mi boca, unos veinte centímetros, casi la mitad de toda su longitud, llegando a chocar contra mi garganta, sin causarme daño, por lo que proseguí a entrar por ella, tal como solía follarme la boca. No logré más de diez centímetros más antes de alejarme un poco y volver a repetirlo.

Su mano me tomó inadvertida al tomarme por el cabello y acelerar la felación, el movimiento de entrar y salir de mi boca para follarme sin causarme daño, para mi sorpresa. Lograba tomar suficiente aire entre cada estocada. Apenas logró calmarse cuando lo sacó de mi boca una vez más.

—Usa tus manos, estoy cerca —me indicó entre gruñido evocando que lo mirara al rostro antes de volver a engullirme con su miembro mientras lo saboreaba en el proceso, logrando que terminara por venirse en toda mi boca. Intenté no creer que había sido considerado en no hacerlo sin pedir permiso antes, o sin avisar, pero no quería pensar en eso ahora, mientras tragaba cada resto de fluido dejado en mi boca—. ¿Lo habías hecho antes? —preguntó rompiendo el silencio entre ambos.

Negué con la cabeza al morderme el labio inferior, sin poder negar que eso había excitante, tenerlo retorciéndose de placer en mi boca fue algo impresionante de ver. Sin haber dañado mis rodillas de alguna manera al arrodillarme para complacerlo, me puse de pie para sentarme a su lado, ignorando un poco el hecho de que seguía semi desnudo. Aun con su pene flácido por la descarga, se veía imponente.

—Nunca había tenido la oportunidad, lo encuentro algo más íntimo que solo tener sexo —respondí su pregunta formulada, ignorando como había llevado su mano hasta mi pierna casi de manera natural—. Aunque debes estar acostumbrado a que te complazcan de esa forma —añadí rompiendo la tensión entre nosotros, y restándole importancia de la peor manera, pero no quería que pareciera algo más de lo que era.

—No —exclamó borrando su sonrisa, sin entender a qué se refería—. Lo intentan, pero no lograr soportar como tú antes de que pueda correrme, a veces lo logran entre dos, pero en mucho más tiempo —casi podía jurar que se escuchaba algo hastiado de ello, como si solo mencionarlo le molestara.

—Aceptaré tener sexo contigo con una sola condición —solté de golpe logrando que me sonriera de nuevo—. Sé que es lo que has querido desde que volviste, y que sería difícil seguir negándome, pero…

—Dime que quieres —me interrumpió apretando su agarre en mi muslo.

—Solo será por esta vez, podemos hacerlo hasta que te canses o lo que pueda aguantar, pero no será algo que se repita —coloqué mi mano sobre la suya antes de verlo al rostro—. Será una aventura de una noche nada más, no pienso convertirme en otra de tus amantes, o parte de tu harem.

—Por algún lado se empieza —exclamó dejándome en claro que no lo había tomado en serio por lo que me dispuse a ponerme de pie y mirarlo de manera directa—. Bien, pero con la condición que si quieres que se repita, te dejarás llevar de nuevo.

—Vas a ser mi perdición —pensé en voz alta tomando el pantalón del suelo para tirárselo—. No pienso follar en mi oficina, tardaría mucho en quitarle el olor a sexo.