Furia de los emperadores
Capítulo 3: Odio puro
POV KYUBI
Mi carcelero vino a visitarme junto a una mocosa Hyūga... es algo curioso si lo analizo, deben de tener algún tipo de unión para que ambos se encuentren... sus ojos, ¡JA! Puedo oler su miedo, su incredulidad, tal vez me divierta asustándolos por algunos mo... ¿Qué demonios?...
Odio... Odio en su más puro estado... una furia incontrolable que espera a salir y arrasar con todo... ¿Por qué ese odio?
Fin POV
...
Intrigado, el zorro demoniaco había decidido indagar más para llegar al fondo de ese odio, su habilidad para leer las mentes era inigualable, aún más cuando el lugar en el que se encontraba era de su total dominio, con cautela acercó sus garras a la cabeza de ambos pequeños, una simple concentración de chakra en sus garras bastó para entrar en su mente...
Y lo vio...
Cada golpe, herida, desprecio, burla, corte, quemadura, laceración, patada, todo el daño físico y mental que los pequeños habían sufrido a lo largo de su vida, y poco a poco también pudo ver el odio en los ojos de los pequeños, y con ello las preguntas de los pequeños en base a la enseñanza de nunca tomar venganza...
¿Por qué debemos de guardar ese odio?..
¿Por qué debo perdonarlos por todo el dolor?...
¿Por qué ellos toman venganza por algo que yo no hice?...
¿Por qué no debo de odiarlos?...
¿Por qué?...
Hacer lo mismo que ellos... ¿No te hace igual a ellos? Vaya mierda de hipocresía cuando ni siquiera puedes cumplir con esa misma enseñanza, joder, incluso llegar a extremos como para quitarle el ojo a un pequeño niño que suplicaba que pararas... llevar a una niña a suplicar por su vida, y no conforme con ello querer violarla...
SOLO SON NIÑOS...
Niños que habían vivido un infierno en vida, no se le hacía extraño que, al verlos, estuviesen resignados a morir, era su única salvación para ser libres... no debían de vivir la mierda que les pasó... no debían...
¿Por qué no hacerlo?
Era la pregunta que rondaba en la cabeza del Kyūbi, odiaba a los humanos más que a nadie, su sed de poder los había hecho seres sedientos de poder, esa fue la razón por la cual fue sellado en primer lugar, odiando a sus dos Jinchūriki anteriores, por osarse a usar su chakra sin su permiso, pero aquel niño solo quería defenderse, hacerles ver que él también puede defenderse, ella quería hacerles ver que no tenían control de su vida... ¿Por qué no hacerlo?... ¿Por qué no ayudarlos?...
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¿Qué os trae a ustedes, a mis aposentos? -con sumo interés preguntó el gran zorro-
No lo sé -confesó resignado el rubio-
Pero... si... si esta... estamos aquí qui... quiere decir que... que estamos co... condenados a mo... morir -dijo la ojiperla lamentando la vida que le tocó-
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Los pensamientos de Kurama se concentraban en solo una palabra... incredulidad... por ver cómo ellos estaban resignados a morir, ninjas que habían librado grandes batallas podrían resignarse a morir por el enemigo, pero que lo hiciesen niños que apenas exploraban el mundo decía mucho del daño mental que tenían, así que... sin nada que perder había tomado una decisión...
Acogerlos...
Guiarlos para que cumpliesen sus planes, no permitiría que ellos sufriesen más y, si querían tomar cartas en el asunto él lo permitiría... después de todo... ¿Por qué no devolver el golpe?...
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Kurama -susurró el gran Bijū-
¿Eh? -cuestionaron ambos niños-
Mi nombre es Kurama, creo que deberían saberlo... después de todo quiero ayudarlos -confesó con un leve toque de lástima-
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La noticia los agarró de sorpresa, ¿Por qué el Kyūbi, un Bijū de inmenso poder se interesaría por unos mocosos? Sin embargo, Kurama no había terminado de hablar, apenas estaba comentando.
"Quiero contrales una historia, tal vez eso los saque de dudas"
¿Qué perdían al escuchar una historia? Después de todo, se habían resignado a morir, daba igual si se sentaban y solamente escuchaban, así que, a pesar de que las heridas y el dolor estaba pasando factura, ambos niños se sentaron cerca de las rejas y, agarrados de las manos, escucharon lo que, para ellos, sería la primera y única historia que alguien les contaba.
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"Hace tiempo, una princesa apareció en este mundo, Ōtsutsuki Kaguya, una hermosa mujer de piel blanca como su sedoso cabello, fue presentada ante el emperador de un pequeño país, un hombre leal a su país, Tenji, con el tiempo el emperador se enamoró de aquella princesa y del fruto de su amor quedo embarazada de gemelos, no obstante, la misma guerra tocaba puerta a su país, y debido a la desesperación aquel emperador tuvo que darle caza a su amada mujer, la cual, obligada a protegerse, comió el fruto prohibido de un árbol, dotándola de un poderoso armamento, nombrado chakra, con ello pasó a ser conocida como Usagi no Megami, la Diosa Conejo"
Poco a poco a los pequeños les empezaba a intrigar la historia, a pesar de haberse resignando a morir querían saber más de la historia, así que solo guardaron silencio, se acurrucaron junto al otro y siguieron escuchando... ¿Qué más podían hacer?...
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"Con el poder que obtuvo, decidió acabar con las guerras en el mundo, usando un potente Genjutsu, el Mugen Tsukuyomi, para finalmente acabar con los conflictos bélicos, con el paso del tiempo decidió liberar del Genjutsu a algunos humanos para que siguiesen existiendo, pasaron algunos meses y un evento ocurrió para felicidad de la diosa, Kaguya dio luz a sus dos gemelos, Ōtsutsuki Hagoromo, el Rikudō Sennin, Sabio de los Seis Caminos, y Ōtsutsuki Hamura, el antecesor y fundador del clan Hyūga, ambos conocidos como los hijos de la diosa -suspira- debido a que, el poder del fruto la había corrompido, junto a la desconfianza de los humanos, la Diosa Conejo no vio otra opción que fusionarse junto al árbol para formar al Jūbi, la bestia de 10 colas, en un intento de arrebatarle el chakra a ambos hermanos, y, tras una batalla larga y realmente dura, ambos hermanos sellaron a su madre, en un cúmulo de rocas, dando así origen a la Luna, lugar donde Hamura y sus seguidores se irían a vivir para resguardar a la Usagi no Megami, con Kaguya fuera de la ecuación, solo era cuestión de eliminar al Jūbi, y se hizo al sellarse en Hagoromo, volviéndose en el primer Jinchūriki en el mundo"
¿Era cierto todo esto? ¿Era una historia de fantasía o era real? Y de ser real, ¿Por qué tendrían que saberlo? Aún más en momentos antes de morir, ya fuese por Kurama o por las heridas causadas por los habitantes de Konoha, un mar de preguntas tenían en mente los pequeños, pero, Kurama no había terminado... Estaba lejos de terminar...
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"Hagoromo decidió viajar por el mundo, predicando una manera de comunicarse entre todos en un ambiente de completa armonía, el cual denominó como "Ninshū", no obstante, la maldita avaricia humana uso esos conocimientos para manifestar su chakra en forma de arma, con ello los humanos se enfrascaron en batallas por el poder y las riquezas del mundo, Hagoromo buscaba la paz para que todos conviviesen en armonía, al darse cuenta de que tomaría tiempo decidió concentrarse en otras cosas, entre sus viajes encontró el amor y, fruto de la relación nacieron dos retoños, Otsutsuki Indra, el hijo mayor, y Otsutsuki Ashura, el menor, hijos del sabio de los seis caminos, chicos que forjaron un camino a partir de sus ideales, con el tiempo fueron creciendo, así como Hagoromo, el cual debía hacer algunas cosas antes de morir, entre ellas tuvo relación con el Jūbi, ya que, al morir, esta bestia quedaría libre, sin más que perder, Hagoromo usó su poder y creó 9 bestias legendarias hechas de chakra, a las cuales denominaron a futuro como Bijūs... Hagoromo fue quien me dio vida... en cierto modo, él es mi padre..."
Decir que los niños se habían impresionado era poco, ¿Tanto tiempo ha vivido Kurama? ¿Tanta historia ha quedado en el pasado? ¿Por qué nadie sabe de esto? ¿Para qué fueron creados los Bijūs? Cada pregunta que se hacían los confundía más, pero seguían intrigados por saber la historia, por lo cual dejaron de lado sus pensamientos y se concentraron en la historia... que poco a poco se desenvolvía...
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"Fui el primero de los 9 Bijūs en ser creado, poco a poco fueron apareciendo los demás, Gyūki, Chomei, Saiken, Kokuō, Son Gokū, Isobu, Matatabi y Shukaku, al terminar de aparecer, padre nos dio la tarea de expandir sus conocimientos para llevar al mundo a una era de paz interminable, el tiempo paso y, antes de morir, padre debía de elegir a un sucesor, por lo cual, probó el ideal de sus hijos al cuestionar estos para lograr la paz, Indra usaría el poder para traer la paz, mientras que Ashura buscaría esta por medio del amor, por lo cual le dejo su legado a su hijo menor, enojado, Indra optó por derrotar a su hermano para lograr su visión de la realidad, y, tras pelear contra Ashura, este cae muerto, dando inicio a un ciclo de rencarnaciones, que se extendió a lo largo de los años..."
¿Por qué Kurama les contaba todo esto?...
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"A lo largo de los años mis hermanos y yo hemos visto el desarrollo del mundo, lo que cada humano ha hecho, y al ver cómo se mataban entre sí decidimos intervenir, no obstante, al olvidar las enseñanzas de padre nos vieron como demonios, trataron de capturarnos para aprovecharse de nosotros, así que desaparecimos durante mucho tiempo... hasta la batalla que llevó a cabo en el valle del fin... Madara me controló para pelear por él, en contra de Hashirama, las últimas transmigraciones de Indra y Ashura, tras la batalla, me encerraron dentro de la esposa del Shodaime, no bastó con la mierda de encerrarme, jodió a mis hermanos al buscarlos, someterlos y regalarlos como cachorros a las demás aldea en su estúpido intento de traer paz, fue un maldito estúpido que provocó guerras venideras donde jodió todo el continente elemental… Joder, mis malditas Jinchūrikis solo querían controlar mi poder, y el día en que naciste me controlaron para destruir la aldea… Maldita mierda -poco a poco un instinto asesino cubre lentamente el lugar- TODOS SABÍAN QUE ESTABA SIENDO CONTROLADO… ¡Y AUN ASÍ LOS BASTARDOS ME ECHARON LA CULPA!"
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Odio, era lo que inundaba el lugar, era lo único que había en las alcantarillas, en el momento en el que los pequeños habían sentido el odio de la legendaria bestia, tenían sentimientos encontrados que a cada segundo los intrigaban más...
Miedo... miedo a lo que el zorro podría hacer con ellos en ese estado...
Sorpresa... ambos se encontraban sin palabras... ¿Qué podían hacer en frente del Kyūbi? ¿Qué hacía aquella majestuosa bestia encerrada?...
Incredulidad... ¿Qué tan mierda había sido la vida con ellos y con el Kyūbi como para encontrarse en aquellas alcantarillas?...
Emociones y sentimientos, dispersos por la mente de los pequeños, pero, ante todo tenían algo en común, algo que sobresalía de todo lo que sentían en el momento...
Odio... odio puro... odiaban ver al zorro encerrado, odiaban ver que no podía hacer nada contra el que lo controló... porque en el fondo podían entender ese odio...
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Porque era el mismo odio que ellos tenían guardado...
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Odiaban cada maldito golpe que les daban, odiaban cada maldito corte que les hacían, odiaban cada maldito insulto que les decían, odiaban ser atados y usados como sacos de boxeo... odiaban ser débiles y tener que ver cómo los demás sonreían ante la incapacidad de los niños al ver cómo no podían protegerse por ellos mismos...
Ella odiaba a su familia, odiaba que la usaran como diana para practicar su puntería, odiaban que la desvistieran para ver con placer como su blanquecino cuerpo era cubierto por su sangre, odiaba su vida, odio hecho de que, por un golpe de suerte se salvó de ser violada por su primo, por aquel idiota que solo la quería usar como su esclava sexual... odiaba ser débil… odiaba no poder hacer nada... Si tan solo pudiese ser más fuerte para protegerse...
Él odiaba las burlas que los aldeanos le hacían ver, odiaba a aquellos niños que fingieron debilidad para tenderle trampas, odiaba ser el saco de práctica de los Shinobi, odiaba sentir su charco de sangre tras cada golpiza que le proporcionaban, odio el momento en que lo llevaron a rastras al gélido lago solo para lanzarlo con la esperanza de que el mismo frío le provocase hipotermia... odiaba no poder hacer nada... ¿Por qué no tomar venganza por cada golpe dado?...
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Kurama…
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¿También tienes odio guardado?
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La respuesta era sencilla, dos letras, dos míseras letras que fácilmente salieron de su boca…
Sí…
Los pequeños, se acercaron con lentitud al gran zorro y, sin decir algo, abrazaron su pata, haciéndole ver que no es el único con ese odio… ese maldito rencor…
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No importa lo que pase Kurama…
No te dejaremos solo…
Porque al igual que nosotros…
Tienes algo que nos une…
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Y eso es…
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Odio puro…
