Furia de los emperadores

Capítulo 8: Hijo del Kasekage

El continente elemental había cambiado mucho a lo largo de los años... al menos en lo que respecta a sus fuerzas... saber que, una Hyūga sin sellar que estaba siendo adiestrada para ser sumisa, y un Kyūbi Jinchūriki necesitado de amor obviamente eran noticias jugosas para cualquier aldea, por lo cual entrenar fuerzas de rastreo y captura para atrapar al par de niños se volvió una prioridad para todos, Konoha se encontraba en completa desesperación al saber que... habían perdido su arma y a su puta personal...

Sarutobi Hiruzen, Sandaime Hokage de Konoha, había planeado volver sumiso a Naruto, sabía de antemano que los sentimientos y emociones... por alguna extraña razón que no comprendía del todo... eran la verdadera fuerza de un Jinchūriki, así que, con el permiso de Kushina y Minato tras repudiar a su hijo, planeó volverlo falto de amor, con ello se volvería leal a la aldea, no tenía amigos en los cuales apoyarse... y por boca de Hyūga Hana sabía que Hinata quería conocer al pequeño rubio, para entablar amistad con él... así que pensaba utilizarla y después romperla en frente de él con "AMBUS de otra aldea" para quebrarlo... y así volverlo una marioneta, un títere que se sacrificaría por la aldea mientras él tenía horas de sexo con la esclava Hyūga... la desaparición de los pequeños fue algo que nunca esperó que pasase...

El enojo que tenía hacia los ancianos era fuerte, así que decidió jugar al azar, algunos aldeanos terminaron decapitados por la grandiosa idea de aventar al río al pequeño rubio, otros solo fueron torturados y unos quedaron impunes, su furia solo aumentó al saber que el resto de aldeas querían hacerse con el Uzumaki y la Hyūga, era el único Jinchūriki actual hasta la fecha, y nadie perdería la oportunidad de tener a su merced al Bijū más fuerte... así que empezó una cacería...

Cada aldea peinaba de sur a norte el continente elemental, algo seguro y, que ellos creían, es que nunca podría estar en Uzu, pues los espías ubicados en Konoha informaban de los sucesos, y sabían que el pequeño no tenía idea de su clan, así que pensaron que iba a ser una misión fácil... ilusos...

Los tres años llegaron, y el mundo se encontraba en una completa tensión, el poder de Kyūbi era algo por lo que matar, así que los entrenamientos tortuosos se volvieron la especialidad de cada aldea, con ello podrían tener una oportunidad de atrapar al Jinchūriki y debilitar las reservas de sus rivales... cada aldea tenía sus prioridades... sin pensar que el mismo rubio y la ojiperla se meterían en plena boca del lobo...

Cada aldea hacía lo mejor que podía, y poco a poco la fuerza de sus Shinobi aumentó... así como los malos tratos... y en este momento, en Sunagakure no Sato, un niño pelirrojo se encontraba cuidando a su única amiga... junto a un gran rencor guardado...

A pesar del arduo sol que hacía en el desierto, se podía apreciar flora en algunos espacios, un callejón de ellos conducía a un área con flora típica del lugar, y en medio de todo esto se encontraba un banquito pegado a una sombrilla... lugar donde los pequeños emperadores habían aparecido...

Acurrucados, con sus vestimentas de emperador que Hagoromo y Hamura les había concedido al estar junto a Kurama, los pequeños empezaban a despertar, al igual que cuando llegaron al país de los antepasados, se preguntaban lo mismo.

"¿Cómo llegamos aquí?"

Era algo intrigante, pero, de nuevo, lo atribuirían a poderes especiales de ambos hermanos, así que solamente se reincorporaron para adaptarse al calor del desierto, un verdadero calor infernal.

Antes de que los pequeños pudiesen hablar, un magatama en el collar de Hinata empezó a brillar, volviéndose arena, y formando el ying-yang, se vio en su esplendor una esfera, la cual empezó a tomar forma... dejando ver a lo que el magatama representaba...

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Hecho de arena, con varias líneas de color negro que asemejaban sellos, una cola larga hecha de pequeñas colas, pupilas en forma de Shuriken, a pesar de su pequeño tamaño, no dejaba de impresionar su presencia, postrándose en frente de los niños, se encontraba la encarnación de la arena, el Tanuki monstruo... Ichibi no Shukaku...

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Genial, aparecimos en un paraíso para mí... eso me alegra mucho -exclamó eufórico Shukaku-

Shukaku-sama -habló con respeto la pequeña Hinata, mientras hacía una reverencia-

Cierto, se me olvidaba... ¿Cómo están pequeños? -preguntó con cierta alegría el Tanuki de arena-

Bien, gracias por preguntar .-agradeció el Uzumaki, inclinándose también-

Bueno, sé que tienen muchas preguntas, así que les diré todo lo que padre me pidió decirles... así que siéntense y escuchen -dijo autoritariamente a sabiendas que sería lo primero que ambos emperadores le preguntarían-

...

¿Por qué no hacerlo? Tal vez esa era la razón por la cual aparecieron en ese lugar, así que decidieron escuchar al pequeño Shukaku y escuchar su historia, tan pronto se sentaron, una cúpula de arena se formó, rodeando por completo a los presentes.

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"Esta cúpula distorsiona el flujo del tiempo, al menos mientras les cuento la historia... bien, para empezar, deben de estar conscientes de la relación Jinchūriki-Bijū al morir, cuando el carcelero se encuentra en sus últimas, podemos liberarnos si el sello que nos contiene es débil o en su caso el mismo carcelero rompe el sello desde su espacio mental, de no ser así morimos junto a nuestro Jinchūriki, ese fue el caso de casi todos mis hermanos... según tengo entendido, padre les pidió que encontráramos a un nuevo Jinchūriki que nos portase, generalmente debería ser un recién nacido o un niño para adaptarse a nuestro chakra, pero debido a las circunstancias en que nuestros antiguos carceleros murieron, tenemos una muy poca de nuestro chakra, por lo que podremos entrar en cualquier persona de cualquier edad, una vez dentro de nuestro nuevo Jinchūriki, podremos rastrear el resto de nuestro chakra perdido."

¿Cómo rastrearíamos el chakra?

...

"De eso me encargaré con mis habilidades. A lo largo de mi existencia conviví con verdaderos maestros de arena, conocí a un hombre con un garfio en su mano izquierda y cicatrices de batalla, si bien recuerdo su nombre era Sā Kurokodairu, ese desgraciado siempre lo veías fumando, aunque admito que lo respeté en su momento al lograr pelear en pleno mar sin necesidad de poseer o almacenar arena para sus ataques, tenía una habilidad extraña que volvía su cuerpo en arena, con él pude desarrollar muchos ataques, como agradecimiento decidí darle el título de Shichibukai (Guerrero del mar)... mi último Jinchūriki fue una niña ciega de nombre Toph Beifong, su habilidad de sentir las ondas sísmicas fueron su manera de ver el mundo, fue emboscada por enemigos de Kumogakure, por lo que recurrió a mi chakra para ver y atacar a la vez, al morir mi chakra quedo impregnado a lo largo del desierto, por lo que mi actual Jinchūriki tiene que ser un buen manipulador de arena para ir recuperando el chakra, por fortuna este parece estar ubicado en un gran punto en específico"

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¿Entonces...? -cuestionó el rubio-

¿Cómo encontraremos a su nuevo carcelero? -preguntó dudosa la ojiperla-

Primero tendrán que usar un henge para que parezcan locales de Suna y ocultar a la vez su apariencia, hecho eso solo tienen que caminar, yo me encargaré de rastrear a mi futuro portador -comentó, analizando el lugar con emoción-

¿Así de sencillo? -cuestionó incrédulo el Uzumaki-

Al menos sí en mi caso, como estamos rodeados de arena puedo percibir el chakra por medio de este, solo caminen y yo me encargaré, si llego a encontrar algo les avisaré telepáticamente... ¿Entendieron? -preguntó con autoridad-

Vale -afirmó la casi azabache-

A trabajar -habló decidido-

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Hijo del Yondaime Kasekage, su madre murió cuando lo trajo al mundo, infundiendo su chakra en la arena existente en una calabaza, su amor era tan grande que protegería a su amado niño incluso aún después de su deceso, sin embargo, los planes de su esposo eran diferentes, y, para desgracia del recién nacido, solo le traerían desgracias a futuro... obligándolo a generar el sentimiento que lo haría superarse a sí mismo... odio...

Tras la muerte de la antigua Ichibi Jinchuriki, parte del chakra demoniaco se trató de colocar en el pequeño niño, esperanzados en que el chakra lo convirtiese en el arma perfecta de Suna. En combinación con el chakra de la madre, el pequeño desarrolló una habilidad para controlar la arena... pero los resultados no son siempre lo que uno espera...

Al no controlar bien su habilidad, el pequeño causaba muchos accidentes que terminaban en el rencor del pueblo, hartos de esto, cada aldeano decidió tomar represalia por algo que el pequeño no podía evitar, fue en ese momento que su don, su habilidad para usar y manipular la arena se volvió en el escudo del pequeño, el escudo que lo protegía de su hostil hogar... era la representación del amor de su madre...

Falto de amor, con varios intentos de asesinato, era imposible que hiciese amigos bajo su reputación, sin embargo, dos personas siempre estuvieron a su lado sin importar el qué, sin importar los castigos que se les imponía por acercarse al monstruo de arena... eran los únicos en ese lugar que comprendían su odio...

Cabello marrón y un gran parecido facial con su padre, aprendiendo el uso de las marionetas a corta edad para proteger desde distancias considerables a su hermano pequeño, así como evitar golpes de los demás en sí mismo, vestido con un pantalón AMBU negro junto a un lazo rojo atado a su cintura, una sudadera larga y holgada con una capucha con orejas de gato y un bulto envuelto en vendas, sandalias negras y guantes negros de tela ligera, aquel chico era el segundo hijo del Kasekage... Sabaku no Kankurō...

Cabello castaño oscuro y ojos negros, vestida con una blusa verde que colgaba de su hombro izquierdo, una camisa sin mangas blanca, un corto pañuelo amarillo atado alrededor de su cuello y una falda corta negro, con medias hasta los muslos largos, sandalias marrones y guantes negros, sus padres murieron frente a ella, quedando huérfana, destruida, encontró apoyo en aquel chico que decían asesinaba, y sin importar si la gente la hería por estar con el monstruo, ella seguiría con él hasta el resto de su vida... era su única amiga, Matsuri...

Pelirrojo, de piel pálida y sin cejas, con párpados ennegrecidos y ojos turquesas, vestido con un pantalón azul y una camisa de manga corta negra, junto a sandalias y una capa de color beige, su único objeto de felicidad era un oso de peluche que tenía en estos momentos su amiga, mientras él, junto a la ayuda de su hermano Kankurō, vendaba sus heridas provocadas por los aldeanos, solo podía detener el sangrado, pero los cortes que le hicieron le imposibilitaron la movilidad de sus pies, era imposible que volviese a caminar... el pequeño niño se lamentaba, un pequeño que respondía al nombre de Sabaku no Gaara...

Su hermana lo odiaba por haber asesinado a su tío en un entrenamiento, el único recuerdo cercano a su madre, su padre se lamentaba tenerlo en el mundo, pues esto fue la causa de la muerte de su amada esposa, la aldea lo repudiaba, aquel pequeño podía aguantar las burlas, humillaciones y los intentos de agresión y asesinato, pero... ¿Por qué ella tuvo que pagar con ese precio?... ella solo quería estar a su lado, y por ello terminó incapacitada... no quería que eso pasara... no debía pasar... solo quería poder para proteger a su hermano y a la única niña que de verdad lo apreciaba... ¿Por qué... no ayudarlo?

...

...

...

Lo encontré...

Es hora de ponerlo a prueba...

...

...

...

¿Por qué pasó esto Kankurō?

...

No lo sé, pero no te culpes...

...

Ella no tenía la culpa... lo siento Matsuri... yo... yo... no sé qué hacer... no lo sé...

...

El frío había descendido, y con ello la luz de luna se hizo presente en toda la aldea, aquel trío de amigos se encontraba en un parque abandonado, lo único llamativo de ese lugar era el cajón de arena en el que estaban reposando, el pelirrojo lloraba a mares por el daño que la aldea le había hecho a su amiga, esta, pese al dolor, abrazó a su amigo para tratar de calmarlo, junto al joven marionetista, entre los tres se encontraba su unión, el oso de peluche... el único rastro de felicidad de Gaara...

Estaban tan centrados en aquel abrazo que no habían visto como una gran cúpula de arena se había formado alrededor de ellos, la misma arena que protegía al pelirrojo parecía reaccionar a la extraña cúpula, y, visible al trío apenas tomaban nota de la situación, una esfera se mostraba en frente de ellos, poco a poco tomando la forma de un Tanuki de arena, detrás de aquel extraño ser se postraron dos figuras, una niña y un niño, ambos vestidos con ropajes nobles de color negro que, junto al sombrero estilo Kage, dejaba ver que eran ropas de emperadores... emperadores que tenían un objetivo...

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Encontraste a tu carcelero...

E Imagino que lo pondrás a prueba...

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Así es... es hora de que vea si es digno de volverse mi compañero...

Su talento es nato...

Era algo obvio... después de todo...

Ese chico... es el hijo del Kasekage...

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Guerreros de antaño/anteriores Jinchūrikis

Shukaku:

Sā Kurokodairu - Sir Crocodile, One Piece.

Toph Beifong - Avatar.