Furia de los emperadores

Capítulo 27: Recordarte

A pesar de ser un lugar muy pequeño, la calidez del hogar era muy reconfortante, y después de escuchar el juramento de lealtad de la Uzumaki mayor todos los presentes decidieron descansar un rato, cosa que, aunque le venía de perlas, no tomo el rubio, había un asunto que arreglar... y por desgracia tenía que ser atendido ya...

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"Volveré en un rato chicos, ahorita vuelvo"

Todos habían asentido a las palabras del rubio, excepto una ojiperla que se encontraba intrigada por la acción del ojiazul, por lo que decidió seguirlo, saliendo de la pequeña cabaña en un momento de distracción... quería estar con su amado...

"Sabes que puedo sentir tu chakra Hina... ¿Qué haces afuera?"

"Me conoces muy bien Naru, y por eso sé qué harás una locura... y sabes bien que no me la perdería por nada"

Sin entablar palabras, ambos pequeños se acercaron a un árbol, sentándose debajo de este, listos para hablar...

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¿En qué piensas? -preguntó la ojiperla acomodándose al lado de su amado-

En todo lo que ha pasado -suspira- ya casi son cuatro meses desde que iniciamos nuestra travesía, y hemos estado en peligro demasiadas veces... lo ocurrido en el Santuario de Lava fue algo que nos superó... -comentó con pesar, recordando lo vivido-

Lo sé... créeme que realmente lo sé... me paralicé del miedo... no pude reaccionar... -confesó con culpa la Hyūga-

No te culpes Hina... -trató de consolar el Uzumaki-

No... no puedo quitarme esa culpa... si tan solo yo... -habló con voz quebrada la pequeña Hinata-

Por favor no te culpes... no me gusta verte llorar... -pidió angustiado el Uzumaki-

Me... me aterré Naruto-kun... por primera vez no sabía que hacer... solo reaccioné... yo... no quería que abusaran de ti... no... -fue interrumpida al sentir a su amado abrazándola-

Gracias a lo que hiciste sigo intacto jeje... sabes... no habíamos hablado de eso... -comentó con mucho pesar el rubio-

No quería recordarlo... me aterra la idea de perderte... -confesó sollozando-

Siempre estaré para ti... tú misma lo dijiste... soy TU esposo, TU novio, TU amado... hasta dijiste ser la MADRE DE MIS HIJOS jeje... -añadió con una tenue risa-

Lo sé... creo que hablé... sin pensar je... -confesó sonrojada, para después cambiar su semblante a uno deprimente-

¿Qué tienes Hinata-chan? -preguntó con preocupación el Uzumaki-

¿Crees que algún día pueda quitarme el sello que me colocaron? -preguntó decaída, tocando su vientre-

¿El que te impide tener hijos? -preguntó, sabiendo la dolorosa verdad que atormentaba a su pareja-

Sí... aún tengo pesadillas con ese día... a base de golpes rompieron mi himen... me dolió bastante... no quiero que me quiten mi sueño de formar una familia... yo... -trató de hablar, rompiendo en llanto-

Te lo dije no... cumpliremos juntos nuestros sueños... trabajaré en alguna manera de romper ese sello sin dejarte daños... -prometió-

¿Qué hice para tener a un novio tan comprensivo? -pidió saber mientras se secaba sus lágrimas-

Soportaste una mierda de infierno Hinata-chan... gracias por aparecer en mi vida... -agradeció, dándole un beso en sus finos labios-

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Dejándose entregar al momento, ambos niños se abrazaron y besaron de manera amorosa bajo aquel árbol, no había lujuria o deseo en ese beso, solo el sentimiento de un amor puro e inocente... y a pesar de todo lo que hablaban, ninguno pensaba en dar el siguiente paso... ni siquiera pasar a caricias... solo querían besarse, abrazarse, vivir ese puro amor que tanto los unía... y dejar que el tiempo hiciese fluir su vasto amor... a pesar de estar en peligro siempre hay tiempo para amarse...

...

Habían pasado menos de treinta segundos cuando ambos emperadores se separaron, manteniendo su abrazo cálido... ambos mirándose a los ojos y sonriéndole al otro, a pesar del infierno que vivieron nunca se arrepentirían de conocerse, ante los demás era un amor que surgió apresuradamente, un intento de amor por parte de niños inexpertos... pero para el dúo iba más allá de las palabras...

Para ella, su amado ojiazul la salvó de morir, la cuido, nunca la miró con lujuria, veló sus noches cuando tenía pesadillas, jugaba con ella en sus ratos libres... él fue su primer amigo, su primer compañero y su primer amor... él lo era todo para ella, y al iniciar el viaje quedó demostrado al pelar a su lado, no frente a él, no detrás de él... si no junto a él... como emperatriz no dejaría de estar al lado de su emperador...

Para él, su amada ojiperla fue la niña que le hizo quitarse cualquier pensamiento suicida, aferrándose a ella como si su vida dependiera de ello, y desde ahí se prometió protegerla, velar sus noches, darle abrazos cuando los necesita, ser el hombro para desahogarse... ella era su amada ángel y nadie la alejaría de su lado... nadie tocaría a su amada emperatriz... era una promesa... y como emperador estaba dispuesto a cumplirla...

...

Gracias por amarme... nunca te dejaré... -prometió la ojiperla, chocando con suavidad su frente con la de su novio-

Tampoco te dejaré... eres el amor de mi pequeña y triste vida... gracias por darme tu corazón... -agradeció el rubio con una cálida sonrisa-

Siempre será tuyo... siempre seré tuya... -recordó, secándose las lágrimas restantes-

Me gustaría que pudiésemos estar así... sin AMBUS que nos persigan... -agregó-

Hablando de AMBUS, ¿Por qué ha sido fácil el enfrentarlos? -preguntó mientras se acomodaba en el pecho de su novio-

Dejaron de lado su entrenamiento para volverse rastreadores... y muchas veces subestiman nuestras capacidades, aunque habrá que entrenar más duro... -teorizó, pensando en el mismo punto que su novia-

No lo niego, los escuadrones de élite estarán sobre nosotros, y son un desafío mayor... -recordó, analizando a los escuadrones que habían enfrentado-

No hay nada que nos detenga, lograremos la paz y, cuando acabemos, finalmente tendremos una familia -prometió el rubio-

Siempre sabes cómo animarme -agradeció con una tierna sonrisa-

Todo por mi amada emperatriz -regalándole un casto beso-

Por cierto, ¿A qué saliste? -preguntó recordando el motivo por el cual salió-

¿Recuerdas la historia de cómo conseguí el contrato de los zorros? -preguntó-

Sí... sé que mentiste, pero no sé por qué -comentó dudosa-

Kurama me lo cedió, la historia detrás del contrato es algo doloroso para él, solo lo sabe su clan y yo, no quiere que sus hermanos escuchen su historia -explicó con un poco de pesar-

Entiendo, por eso mentiste -comentó entendiendo la razón-

Sí, prometí ir dentro de dos días, pero prefiero adelantar todo esto para el viaje, no quiero quedarme aquí -añadió para el leve asombro de la emperatriz-

¿Irás solo? -preguntó esperanzada, queriendo ir también-

No, nunca te dejaría de lado, en lo que platicamos Kurama me comentó lo que había que hacer para aparecer en el territorio de los zorros -respondió con alegría-

¿Cuándo nos vamos? -cuestiono emocionada-

De una vez, Kurama encontró el método para ir a su hogar sin tener que esperar a que un zorro nos invoque -respondió parándose por la emoción-

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Ambos se habían parado después de su conversación, inmediatamente el rubio empezó a trabajar según lo dicho por Kurama: hacer un gran círculo con la sangre del invocador, desde el centro realizar nueve líneas que sobresalgan del círculo hecho, infundir chakra Bijū en el centro y realizar los sellos para la invocación. Una vez estuvo preparado todo, el rubio cargó a la ojiperla en su espalda para evitar cualquier problema...

"¿Lista para irnos Hinata-chan?"

"Siempre a tu lado Naruto-kun"

Rápidamente el ojiazul empezó a trazar sellos de mano, no necesitaba morderse el pulgar, después de todo para hacer el círculo y las líneas tuvo que cortarse la mano. Al trazar el último sello en emperador había agolpeado el piso, exactamente en el centro del círculo...

"¡Invocar: Gyaku Kuchiyose no Jutsu!"

Al instante la sangre colocada en el suelo empezó a reaccionar, brillando tenuemente, y de una explosión de humo ambos niños habían desaparecido del lugar... era hora de afrontar un nuevo reto...

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Una gran pradera se veía en el sitio, lleno de vida, múltiples flores que le daban vida al lugar, verde pasto donde se podía apreciar movimiento, pequeñas casas de madera formando calles, piedras que marcaban múltiples caminos, luciérnagas que actuaban como luz y, sobre todo, un gran árbol de sakura en el centro de todo, se podía ver cómo las hojas caían de este, probablemente para dar paso al invierno. En un estallido de humo ambos niños aparecieron en el lugar y sus ojos admiraron el glorioso paisaje... la vaga descripción que le dio Kurama se quedaba corto a comparación de lo que veía...

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La ojiperla se había bajado de la espalda de su amado y, entrelazando sus manos, tomaron rumbo hacia el gran árbol de sakura. En el camino podían apreciar con más detalle todo lo que había en el lugar, casas con hermosos diseños orientales, múltiples decoraciones de zorros, pequeños ríos que fluían libremente por todo el lugar, pequeños templos, parques, fuentes... era un verdadero hogar para vivir en armonía...

Poco a poco los pequeños se acercaban al gran árbol, sin embargo, a la par múltiples zorros se acercaban con cautela, tenían su idea de los humanos según todo lo que había vivido Kurama, por lo que, en primera instancia era raro ver a dos niños humanos deambular libremente por el lugar, planeaban atacarlos, sin embargo, eran cautelosos, ni sabían que habilidades poseían y, de atacar a ciegas podrían lastimar a sus hermanos... tenían que resignarse a seguirlos...

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Frente a ellos, se encontraba el imponente árbol que apreciaron al llegar, viendo más de cerca, había múltiples detalles que hipnotizaban sus ojos, zorros tallados en la madera, múltiples hoyuelos de donde se podían ver guardias, pequeños destellos de luz iluminando el lugar, y ante ellos un gran arco con dos zorros guardianes... era el momento de enfrentar cualquier problema...

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No sabían que hacer en ese momento, apenas habían dado un paso y múltiples zorros los emboscaron, todos con un rostro de ira y desprecio, ambos sabían el porqué, sin embargo, no querían tener que lidiar con esto, no querían pelear, pero no había otra opción... o eso creían...

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"Lo siento Gaki, pero no quiero ningún problema hoy... no estos días"

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Esas habían sido las palabras que el rubio pudo escuchar, sabía que eran de Kurama, y no sabía por qué se disculpaba, tan pronto como escucho eso, empezó a dormitar, junto a la ojiperla quien también sentía los mismos síntomas, de un momento a otro ambos habían caído inconscientes frente a la multitud de zorros, quienes quedaron atónitos tras el desenlace, planeaban atacarlos, deshacerse de los intrusos y proteger su hogar, no esperaban que un chakra rojizo cubriera totalmente al rubio, y poco a poco una forma de zorro se hacía presente... no había ningún ruido más que la leve brisa y el chakra burbujeando...

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Poco a poco el zorro de chakra se había más visible, mostrando más detalles de la criatura, marcas en su rostro, un torso bien esculpido, filosas garras unidas a majestuosas piernas capaces de soportar largos lapsos de combate, y poco a poco ese chakra cambiaba por un pelaje naranja, todos los presentes sabían de aquel ser, era el único con esas distintivas marcas, y, sobre todo, era el único con ese inusual número de colas... frente a los zorros se formó en su majestuoso esplendo el líder a quien ciegamente habían jurado lealtad, el líder quien los acogió y les enseño a protegerse... el único lazo vivo con el legendario Gintarō... ondeando sus colas, se encontraba en toda su gloria el legendario Kyūbi no Yōko... Kurama...

"Es un gusto volver a ver a mi gente... me sorprende los avances que han hecho en este lugar... claramente no han dejado que mi ausencia marchite el glorioso encanto de nuestra pradera... gracias por darle vida a mi hogar..."

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Nadie podía moverse, cada uno de los presentes reconocería esa voz al instante, fue la misma voz que alguna vez sus antepasados escucharon, la misma presencia que les brindaba seguridad y calidez, el mismo Bijū que les prometió cuidarlos y darles un hogar... rápidamente las crías se acercaron al imponente zorro, gritando de alegría por encontrar a su héroe, seguido de los jóvenes y finalmente los más grandes, cada uno de los zorros quería saludar a su líder, abrazarlo, demostrarle la falta que hizo desde que fue sellado, lo habían extrañado profundamente... había una oportunidad de recuperar parte del tiempo perdido...

"¡KURAMA-SAMA!"

"¡QUE BUENO QUE SIGA VIVO!"

"¡LO EXTRAÑAMOS DEMASIADO!"

"¡NO QUEREMOS PERDERLO DE NUEVO!"

Cada uno de los presentes lloraba de alegría, extasiados por volver a ver a su líder, gritos eufóricos alabando su regreso era lo que se escuchaba en todo el lugar, en medio del pequeño festejo, una cría de zorro se acordó de los dos pequeños que se encontraban inconscientes... se habían olvidado completamente de los pequeños...

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Kurama-sama, se olvidó de los cachorros humanos -comentó Kitami llamando la atención de todos-

Es cierto, acércalos pequeña -solicitó el Bijū-

Kurama-sama, ¿Por qué el cachorro puede invocas a miembros de nuestro clan? -preguntó un zorro anciano levemente molesto-

Es la razón por la cual vinieron ambos, antes de que peleen, quisiera mostrarles los recuerdos de ambos cachorros, no quiero conflictos en estos días... solo vean mis ojos...

...

Tocando la frente de ambos niños, Kurama empezó a proyectar frente a su clan la vida de los pequeños, tantos años de dolor en pocos minutos, al final, cada uno de los zorros tenían una cara de asco, repulsión, las familias de ambos pequeños habían dejado a su suerte a sus crías, abandonaron a un cachorro solamente por ideas erróneas. Al igual que los Uzumaki, la familia era valiosa para los zorros, una traición de familia era imperdonable, odiaban a los humanos por haber hecho del mundo en el que vivían un caos, sin embargo, esos dos cachorros frente a ellos querían solo un lugar donde vivir en armonía, algo que sus antepasados también buscaron, ellos realmente eran diferentes, y entendían el por qué Kurama le permitió firmar el contrato de invocación al rubio. Todos ahí entrenaron para ayudar a quien guiaría el mundo a una paz verdadera y duradera, ahora podían ver que, frente a ellos, los dos cachorros podían lograr ese sueño... finalmente su invocador había aparecido, junto a una posible invocadora...

...

Después de que los recuerdos desaparecieran, cada uno de los zorros se reunió en círculo, esperando a que los pequeños despertasen, no paso mucho tiempo cuando ambos daban signos de despertar, poco a poco se incorporaban, hasta quedar plenamente conscientes, lo primero que notaron es que Kurama estaba fuera del sello, seguido de que el Uzumaki no estaba muerto y que todos los zorros del lugar los rodeaban, instintivamente, y por experiencia, el dúo se puso en guardia con O-katana y dagas en mano, esperando cualquier movimiento, sin embargo notaron que nadie se movía, momentos después se escucharon gritos de alegría, siendo estos provocados por las crías, quienes estaban alegres de tener nuevos amigos para jugar, ambos emperadores solo pudieron soltar sus armas antes de ser tacleados por las pequeñas bolitas de pelos que lamían con alegría el rostro de ambos niños, quienes solo reían por las lamidas que les daban. Para todo aquel que viera la escena moriría de ternura, y algo quedaba en claro... ellos REALMENTE eran diferentes...

Durante un buen rato, varios zorros se acercaban al dúo de emperadores para conocerlos, las crías no dejaban de jugar con ellos, rápidamente se habían encariñado con sus nuevos invocadores, entre los zorros conocidos tres de ellos habían destacado, Kitara, una zorra café con dos colas, experta en el manejo de armas a distancia, Kitemi, una pequeña zorrita de pelaje blanco con líneas negras en sus patitas, hermana de Kitami, y al igual que esta, se especializaba en el rastreo e infiltración, y por último Kitsomura, un gran zorro negro de cuatro colas, maestro del asesinato silencioso. A pesar de ser un momento de alegría, los zorros tenían un semblante triste marcado en su rostro, algo que le causaba intriga al dúo, no obstante, lo averiguarían ahora que se habían quedado a solas con el Bijū.

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Oye Kurama-sensei, ¿Cómo es que lograste salir del sello sin matarme? -cuestionó con intriga el Uzumaki-

El gran árbol frente a ti posee un sello que me permite materializar mi alma en caso de situaciones así, era un método de seguridad por si alguien lograba llegar hasta aquí -informó el Kyūbi-

¿Por qué los zorros se fueron abruptamente? -preguntó desconcertada la Hyūga-

Son fechas importantes para mi clan, principalmente el sentimiento de pérdida abunda -comentó con pesar-

¿Por? -preguntaron ambos emperadores-

... -suspira- Quiero que me sigan, les enseñaré el motivo -pidió con un poco de tristeza-

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Sin dirigir más palabras, el gran Bijū tomo rumbo, entrando dentro del gran árbol, seguido del dúo. Al instante su tamaño redujo drásticamente, llegando a tener el tamaño de un ciervo adulto, poco a poco se adentraban por el enorme laberinto del árbol, grabados de zorros estaban presentes por todo el lugar, junto a antorchas que iluminaban el lugar, acompañado de un silencio sepulcral. Los minutos pasaban, y el plan del rubio de conocer a sus invocaciones quedó a medias, debido a Kurama, antes de seguir encerrado en sus pensamientos, percibió que, poco a poco un leve ruido se intensificaba más conforme pasaba el tiempo. Los ruidos comenzaron a tomar sentido para ambos niños, podían escuchar con claridad una cascada, algo raro tomando en cuenta que estaban dentro de un árbol, sin embargo, estaban abiertos a cualquier sorpresa... una muy grata sorpresa...

Un gran arco se encontraba frente a ellos, al pasarlo ambos emperadores quedaron asombrados por lo que veían, una gran isla rodeada por un impresionante lago, con un árbol de sakura en medio de esta, junto a esto un puente de bambú que conectaba la entrada del lugar con el arco. Todo el lugar estaba rodeado por múltiples lámparas de papel que flotaban por todo el lago.

Cada paso que daban dejaba ver un poco más del encanto del lugar, el mismo ruido que hacía el puente era una armoniosa melodía que daba una cálida sensación en el ambiente, llegando a la pequeña isla los pequeños rodearon el árbol... para encontrar algo que nunca esperaron...

Frente a ellos se encontraba una gran lápida de dos metros de alto, con dos zorros grabados a los laterales, y en la parte superior se podía leer claramente un nombre...

"Kitsukuro"

A los lados había dos pequeñas lápidas de piedra, a diferencia de la anterior, ambas tenían una pequeña flor en la parte superior, y un nombre grabado en estas...

"Kurumi"

"Kitarasa"

Ambos niños sentían un poco de pesar al ver ambas tumbas, querían hablar, pero no tenían ninguna palabra de consuelo, antes de que siquiera pudiesen pensar algo vieron como Kurama se acercaba a las lápidas con lágrimas en sus ojos...

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"Hola cariño... Kurumi-chan... Kitarasa-chan... ha pasado mucho tiempo desde que las vine a ver jeje... he estado ocupado lidiando con muchos problemas... no es fácil estar encerrado con dos locas sedientas de poder... a veces tienes que ignorarlas y dormir... recuerdo que me regañabas por adaptar costumbres de tu padre... decías que no querías un Gintarō 2.0 en la casa... que te bastaba con el perezoso de tu padre jeje... recuerdo eso y muchas otras cosas... cuando nos abrazábamos... cuando nos entregamos a la pasión desenfrenada... cuando nos dieron la noticia de que seríamos padres... cuando Gintarō-sensei me correteó por toda tu casa gritando cosas acerca de robarle la inocencia a su hija, y de cómo tu madre me echaba ánimos para no morir y dejar huérfanas a mis dos hermosas cachorras... cuando planeamos a detalle cada parte de nuestra boda... cuando ellos llegaron a arruinarlo... cuando te atra... atra..."

De momento a otro Kurama rompió en llanto, no se acordaba de cuánto tiempo había pasado desde ese hecho, pero la herida seguía sintiéndose fresca... seguía doliendo a pesar de los años...

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"Perdóname Kitsukuro-chan... perdóname por favor... no quise paralizarme... pero el miedo me superó... debí ser más fuerte cariño... hubieras vivido a mi lado... hubiéramos criado con amor a nuestras cachorras... Kurumi-chan... Kitarasa-chan... perdonen a su estúpido padre... no pude protegerlas... tenían una vida por delante... crecerían... jugaría con ustedes... me irían a buscar cuando tuvieran miedo... se volverían unas hermosas hembras... encontrarían a un buen macho que las amara demasiado... se casarían... trataría de matar a sus esposos cuando me dieran la noticia de que sería abuelo... hubieran criado a sus cachorros como el amor que les hubiese dado... hubieran sido felices... hubieran... vivido... perdón por ser patético... mi error les costó la vida... no saben lo mucho que me dolió perderlas... sigo lamentándome por lo que pasó... duele mucho cariño... duele haberte perdido... daría todo por tener una oportunidad de salvarlas... de que estén a mi lado... no puedo dejar ese dolor de lado... perdóname por no estar ahí Kitsukuro-chan... perdóname por favor..."

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Los minutos pasaban y el llanto de Kurama poco a poco disminuía, lo único que pudieron hacer el dúo de emperadores fue abrazar las colas del Bijū, en un acto de total apoyo y comprensión, cosa que alegro a Kurama, pues había sido correcta la decisión de apoyarlos, ellos a pesar de todas las mierdas que vivieron y las muertes que habían orquestado seguían siendo amables con quien lo necesitara... realmente eran diferentes al resto de humanos...

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¿Está mejor Kurama-sensei? -preguntaron con notable preocupación ambos niños-

Si, gracias por el abrazo -agradeció el gran zorro secándose el rastro de lágrimas con una de sus colas-

Kurama-sensei, ¿Puedo preguntarle algo? -pidió la ojiperla con total respeto-

¿Qué pasó pequeña? -preguntó intrigado el Bijū con amabilidad-

¿Por qué hay muchas velas alrededor del lugar, así como sake, agua y comida? -cuestionó extrañada la ojiperla-

Eso es por algo que acostumbramos a hacer en estos días... es una tradición de antaño, de mucho antes de Kaguya... -comentó con cierto pesar-

Naruto: ¿En serio? -preguntó asombrado el emperador-

Sí Gaki... déjame les cuento una historia... acomódense, es algo larga...

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"Antes de instalarme en las praderas encontré unas antiguas ruinas de una civilización perdida, aquella civilización tenía conocimientos extraordinarios, fueron los primeros en usar la astronomía para medir el tiempo, calcularon el movimiento de los astros, tenían un vasto conocimiento de herbolaria, sus armas fueron letales contra sus enemigos construyeron monumentos y ciudades localizados en puntos geoestratégicos. En lo que encontré, había algunas tradiciones que tenían y conservaron a lo largo de su existencia. La que más llamó mi atención fue a la que denominaron "Día de muertos". Según aquella tradición le dedicaban siete días al recuerdo de los que han partido de este mundo, con altares, ofrendas, velas, calaveras, comida y rezos. A las ánimas se les da permiso de pisar el plano en el que vivimos para estar entre nosotros, haciéndonos saber que nunca se irán de nuestro lado. Me fascinó lo profundo de aquella tradición, no por las decoraciones, si no por la historia de fondo y el significado de darte un tiempo para recordar a los que se han ido. Fue esa la razón que me hizo apreciar la vida, y con la pérdida de mi amada fue la excusa perfecta para revivir esa tradición... son siete días en los que el altar se mantiene... cada día, según los escritos, viene el alma de un muerto que pereció en diferentes circunstancias..."

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"El primer día viene el anima solitaria, aquel muerto que no tiene alguien que lo recuerde, alguien que fue olvidado con el paso del tiempo, siempre se le ofrece la luz para que siga su camino, y su espíritu nunca perezca. El segundo día vienen las ánimas que perecieron de manera violenta, o se suicidaron, se les ofrece la paz que tanto anhelan para que su espíritu descanse y pueda encontrar su armonía. El tercer día se les dedica a las ánimas que murieron ahogadas, aquellos que en vida perecieron a manos del agua, de una fuente de vida, fuese accidental o intencionado, siempre se les tiene un lugar en el altar para que puedan tomar un descanso y seguir con su camino. El cuarto día es para las ánimas fallecidas en accidentes, aquellas vidas que no quisieron morir, las luces en las ofrendas y altares los guían a la paz que en sus últimos momentos anhelaban. El quinto día es dedicado para toda anima infantil que murió antes de partir, o aquellas que no fueron bautizadas, aquellos cachorros que no tuvieron la plenitud de disfrutar la plenitud de la vida. El sexto día se les dedica a todos los infantes, vidas jóvenes que quieren seguir al lado de sus seres queridos y buscan alegrar la vida de sus personas queridas. El séptimo y último día, el día de todos los muertos, se le dedica a cada anima que pereció, en especial a los familiares que ya no están con nosotros, un día de festejos, cantos, de memorias, un día donde se recuerda a aquellas personas que han muerto, que ya no están con nosotros..."

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"Los altares y ofrendas están a la orden del día, y cada cosa que se le coloca como ofrenda tiene un significado: Sal, símbolo de purificación que evita que las ánimas se corrompan durante su viaje. Agua, para saciar su sed después de su recorrido. Velas, que iluminan el camino para evitar cualquier desvío durante su camino. Incienso, que limpia el lugar para que las ánimas entren sin problemas. Comida, la cual se prepara en honor a los familiares fallecidos para que sacien su hambre, así como a cualquier anima que quiera saciarse un poco. Licor, el recuerdo de los momentos que en vida las ánimas disfrutaron... cada uno de los detalles que se coloca cumple con algo valioso para los difuntos... cada uno de nosotros prepara los detalles con mucho empeño... pues va en memoria de quienes ya no están con nosotros..."

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Lo que hace tan especial esta tradición es que no excluye a nadie, trata a todos por iguales, sin importar la religión que profese, las preferencias sexuales, la posición económica o cualquier otro factor, porque, al final solo trata de recordar a quienes ya no están con nosotros, y hacerles saber, donde quiera que estén, que su memoria nunca morirá... justamente hoy es el séptimo y último día... y por casualidad del destino es el día en que perdí a mi amada familia... es por eso que no quería que pelearan hoy... no quiero problemas en un día importante -dirigiéndose al dúo- Sé que es mucho pedir, pero, cuando el imperio renazca, ¿Podrían enseñar esta tradición a su pueblo?... -pidió, inclinándose para reforzar esa petición-

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Momentos de silencio inundaban el ambiente, ambos niños se habían visto a los ojos, no necesitaban hablarse para dar una respuesta...

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"No se preocupe Kurama-sensei, lo haremos por usted..."

"Gracias Gaki, pequeña... tal parece que es hora de irnos... los zorros quieren seguir con sus festejos... tal vez en otra ocasión puedan convivir por más tiempo"

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Y sin hablar más, los dos niños habían decidido adelantarse a salir del lugar, no tenían que compartir más palabras, simplemente se alejaron del lugar, dejando a Kurama solo frente a la tumba de su amada y sus hijas...

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Algún día Kitsukuro-chan... algún día podré reunirme con ustedes...

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Por el momento solo puedo hacer lo que siempre he hecho durante todos estos años...

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Recordarte...

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Porque al final de cuentas, este día no diferencia a nadie, pues todos recordamos a quien se fue de nuestro lado, padres, hermanos, abuelos, hijos, incluso mascotas, es lo que nos une en este día, mantener viva esa memoria y esos recuerdos vividos con nuestra familia y amigos, y seguir manteniendo ese cariño que alguna vez nos dieron vivo en nuestros corazones... feliz día de muertos para todos ustedes...

-P1ikachu el fragmentado-