Furia de los emperadores
Capítulo 30: Magatama de seda
El único niño que estaba consiente en el lugar apreciaba a mejor detalle el lugar, lo primero que había notado es que habían caído de una especie de resbaladilla, la cual se encontraba muy empinada, siendo esta la razón por la cual habían caído inconscientes la mayoría de los presentes del grupo de viajeros. Apreciando un poco más, se podía ver que el lugar tenía una gran cantidad de pasto, junto a algunos insectos inofensivos, lo más curioso era la gran muralla que se erguía tras el árbol que había en el lugar, junto a la cascada de espesa niebla que caía y daba al sitio un toque mágico, y mientras seguía parado, un bulto de verde cabello se retorcía en su "cama" improvisada.
Al despertar, se podía apreciar a una niña morena de ojos naranja, una falda y pechera blanca que dejaba al descubierto su abdomen, junto a unos brazaletes blancos en cada brazo, descalza, y con un gancho naranja atado a su verdoso cabello. Poco a poco la pequeña niña había despertado y lo primero que vio la impactó, no recordaba al pequeño que era su único amigo...
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"R... r... ¿Ryō?"
"Hola pequeña Fū"
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Ella aún recordaba la apariencia de su único amigo en la aldea antes de que desapareciera, y ella se viese obligada a escapar. Su apariencia era la misma del día en que se fue, playera negra con rayas naranjas sin mangas, cinturón de color crema y pantalones AMBU de color naranja, acompañados de sus sandalias blancas. Su cabello era de un inusual verde con parte de este sobresaliendo de él, asimilando la forma de una hoja.
Cuando perdió a sus padres, a la edad de cuatro años, Fū se quedó sola, sin nadie que la ayudase a cuidar el agua del héroe, apenas y podía leer y no sabía casi nada de escribir, no tenía idea de que hacer, era solo ella cuidando el agua del héroe, y muchos querían tan valioso recurso, por lo que se vio obligada a tratar de consumirla para aguantar su trabajo, por desgracia no pudo tomar esa agua, sin embargo, ganó las habilidades que el mismo Bijū otorgado a Taki tenía, gracias a su comunicación con los insectos, logró aprender a colocar trampas para protegerse y proteger el lugar que custodiaba.
Después de dos años, Fū conoció a Ryō, un pequeño huérfano que, a diferencia de ella sí poseía conocimientos de lectoescritura, por lo que, Ryō se propuso enseñarle a Fū todo lo que sabía, de ahí surgió una bonita amistad, cuando Ryō cumplió los seis años, una turba de aldeanos lo persiguieron debido a su conexión con la guardiana, por lo que, desesperado, tuvo que huir sin decirle a su amiga lo que paso… tuvo que dejarla sola…
Al saber que su amigo se había ido, Fū tomo la decisión de abandonar su puesto de guardiana, después de todo nunca había alguien que realmente quisiera el agua, al salir vio como varios Jōnin resguardaban el lugar, raro debido a que solo ella custodiaba el agua debido a su linaje, sin darle mucha importancia se escabullo en búsqueda de su amigo perdido.
Dos meses después, ella noto como AMBUS de su aldea fueron a devolverla con la excusa de que tenia que retomar su puesto como guardiana, sin embargo era una farsa que la pequeña niña había descubierto tras recoger uno de los pergaminos que el escuadrón cargaba. La verdadera misión era usar su cuerpo como canalizador para obtener la tan aclamada agua del héroe y así aminorar sus efectos, para volver a Takigakure una aldea de renombre. Para ello necesitaban de ciertas herramientas que actuaban como cables para contener el poco chakra Bijū que poseía Fū, con eso podrían aminorar los danos de su tesoro, a la par, no esperar tanto tiempo para obtener el valioso recurso, no obstante, para lograrlo debían de torturar a Fū para que el chakra escondido fluyese, y a la vez, ella actuaría de canalizados para lograr los efectos deseados.
Todo esto se había llevado a cabo gracias a que, Taki asesinó a los padres de Fū y, para obtener las herramientas correctas vendieron a algunos habitantes para facturar todo, entre ellos estaba Ryō, por sí solo no saldría del lugar, así que, bajo un Genjutsu, los aldeanos lo atacaron argumentando que iba a ser el demonio personal de la guardiana del agua. Los aldeanos no conocían la historia de las familias que resguardaban el tesoro, creían que eran demonios al tener relación cercana al Nanabi, con esa idea errónea eran fáciles de manipular. Fū, al enterarse de todo, estalló en ira e impotencia por el engaño que la habían hecho pasar, y sacando a flote todo su potencial había asesinado al escuadrón AMBU, pero el coste había sido quedar inconsciente durante un largo tiempo.
El poco chakra que le quedaba fue usado para mantenerla viva, varios insectos se apiadaron de ella y la resguardaron en una zona cerca de los nidos de arañas, para asegurar que nadie atravesara el lugar. Pero surgieron efectos negativos, el odio de la niña provocó estragos en el lugar, alterando a varios seres vivos del lugar, volviéndolos severamente agresivos... era un milagro que el grupo de los emperadores sobreviviera...
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Hola Fū, tiempo sin vernos -saludó el pequeño Ryō ayudando a la peliverde a pararse-
¡RYŌ! -respondió llorando a mares la pequeña Fū mientras abrazaba a su amigo- perdón por no poder buscarte, debiste de haberlo pasado muy mal.
Y no lo sabes, fue difícil sobrevivir, tuve que pasar por muchas desgracias junto a otros niños, pero fui salvado por el grupo de los emperadores -confesó el peliverde-
¿Emperadores? -preguntó intrigada la ojinaranja-
Sí, mira -señalando a la bola de inconscientes-
...
Agarrándola de la mano, ambos niños corrieron a donde el grupo se encontraban inconscientes.
…
Bueno, no es lo que esperaba, pero estoy satisfecha -comentó con una gota de sudor la pequeña Fū-
Es que caímos de la resbaladilla para escapar de arañas gigantes, y solo yo pude quedar consiente ya que me hice bolita y así evité el daño -comentó el peliverde levemente adolorido-
Genial, eres increíble. -felicitó la peliverde con estrellitas en sus ojos-
Gracias -agradeciendo para mirar el magatama- mira, esta cosita nos guio hacia ti.
A ver -habló Fū tocando el objeto-
...
En el momento que la peliverde agarró el magatama, una cúpula de seda se formó alrededor del grupo, al instante, proveniente del polen y algunos mosquitos, se empezó a formar una esfera, poco a poco la esfera tomaba forma, hasta revelar al Nanabi... el escarabajo rinoceronte de siete colas...
…
Oh, mira que trajo la ruleta, una nueva jugadora ha aparecido en el tablero -mirando a la pequeña y notando la situación del resto- parece que el resto de jugadores ha querido tomar un descanso, en fin, con dos se puede apostar -comentó con un poco de resignación Chōmei-
Un gran insecto, ¡GENIAL! -gritó emocionada la peliverde-
Me sorprende que te agraden los insectos, esas fichas son muy poco apreciadas por la gente -respondió con un poco de incredulidad-
¿Fichas? Pero si dije insectos -comentó inocentemente-
Es una expresión pequeña, por cierto, ¿Qué haces aquí? -cuestionó el gran insecto-
Verá...
…
En el lapso de una hora, Fū le explicó al Bijū todo lo que había vivido, el gran insecto entendía en parte lo que había pasado la pequeña, y de hecho le sorprendía que la peliverde soportara su habilidad para trabajar con los insectos, cualquiera hubiese terminado muerto debido al descontrol de estos, posiblemente cualquier insecto a la redonda la hubiese devorado, pero ella era especial... puede que sí tenga oportunidad de ser una Jinchūriki...
…
Y eso me trajo hasta aquí -terminó de hablar-
Increíble, las cartas que barajeaste te recompensaron con este encuentro, los dados vuelven a ser lanzados, y quiero esta vez ofrecerte un comodín para que sigas apostando -comentó feliz Chōmei-
¿Comodín? -preguntó extrañada la peliverde-
Sí, verás, se supone que los emperadores tienen que decirte las reglas, premios y trampas de este juego, pero han pedido tiempo fuera y hay que respetar esa decisión. Al igual que todos los que ver ahí tirados, cada uno de ellos ha vivido muchas cosas malas que los ha hecho acumular odio y dolor en el juego, y a través de todos esos sentimientos han conocido a personas que entienden sus pesares, hay objetivos que cumplir antes de seguir barajeando las cartas. El premio mayor que busco, al igual que todos ellos, es un mundo donde exista una paz verdadera y no un falso intento, para ello mi deber es encontrar y entrenar un nuevo Jinchūriki, quien será poseedor de todos mis trucos -explicó lentamente para hacer entender a la peliverde-
¿Cómo Yagura-nii? -preguntó el pequeño peliverde pensativo-
Así es, pero antes debo de poner a prueba a nuestra nueva jugadora, no quiero que pierda todas sus fichas antes de empezar las grandes apuestas -confesó el gran Bijū-
¿Estaré a sus expectativas? -preguntó Fū levemente insegura-
...
"Eso depende de qué tan lejos quieras llegar, durante mi estancia en este plano he conocido a varios jugadores que me enseñaron sus trucos y llevamos a otro nivel nuestras cartas y ases. A lo largo de mi vida he encontrado gente que ha convivido con los insectos y lograron refinar sus estilos de combate en base a las enseñanzas de aquellos inusuales amigos. De los varios jugadores que conocí recuerdo a tres por sus natas habilidades. Nezu Jouji, un chico vestido con un suéter blanco con capucha, recuerdo que parecía una especie de uniforme, como si fuera de una correccional, su habilidad para comunicarse con las hormigas era espectacular, podía reconocer cada hormiga que veía con solo verla, nunca fue un luchador, él se especializó en la infiltración, las hormigas eran una gran jugada que le permitió colocarse como el mejor informante. Meruemu, chico bastante musculoso, con una gran armadura de caparazón en la cabeza que se asemeja a un casco, junto a una poderosa cola equipada con un aguijón que sirve como su arma, fue un legendario mercenario, uno de los pocos que lograron fundar una aldea, fue conocido como el "Rey Hormiga", quien más me impresionó fue mi anterior Jinchūriki... ¿Cómo era que se llamaba?... ya recuerdo, Kochō Shinobu, Una hermosa y letal Kunoichi, cabello azabache con extensiones degradadas púrpuras, vestida de un uniforme negro y cubierta con una tela de patrón de mariposa, no era muy fuerte, pero desarrollo su propio Kenjutsu para asesinar a sus enemigos con venenos, su espada se desintegró en su última batalla, una lástima el destino de su as... -suspira- como ves, a lo largo de la vida existieron grandes personas que llevaron lejos el arte de los insectos... ahora te pregunto, ¿Serás parte de esto Fū?"
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Para la pequeña niña, oír de personas que lograron convivir y recrear las técnicas de los insectos la hacía querer lograr lo mismo que esas leyendas antiguas lograron, sin embargo, tendría que demostrar su valía como Jinchūriki, por lo que no dudó en hacerlo...
"Acepto"
"Perfecto, es hora de que me demuestres tus habilidades para este juego"
Y sin esperar otro movimiento, ambos fueron rodeados de miles de telarañas, que al cubrir por completo a ambos personajes se transformaron en arañas que desaparecieron sin dejar rastro de quienes se encontraban en esa posición... era momento de ver qué juego tenía preparado Chōmei...
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La zona en la que habían aparecido Fū y Chōmei era realmente mágica, parecía sacada de un cuento, y sin embargo ella estaba ahí de testigo. Un gran bosque con cascadas y miles de flores, junto con grandes insectos, escorpiones, arañas y sobre todo avispas y cucarachas, cada uno de los seres vivos eran mucho más grandes que Fū, y si no fuera suficiente, el bosque estaba seccionado, siendo islas flotantes en todo el lugar. Al apreciar mejor el lugar la peliverde notó que fácilmente podía estar en la cabeza de los insectos que veía y aun así tener bastante espacio... un reto de altura...
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"Insectos, muchos les tienen miedo, ya sea por sus habilidades o por su apariencia, en todo caso puede que tengan razón... si te das a la tarea de conocerlos verás que varios insectos ocultan sus habilidades debajo de una apariencia que te hace pensar antes de acercarte, y hay miles de técnicas que te pueden enseñar cuando te acercas a ellos... eso es lo que cada compañero que he tenido logró desarrollar, tanto armaduras como técnicas y habilidades... y ahora barajearás tus cartas para demostrar lo mismo Fū..."
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"A veces, tienes que pensar como un insecto para superar tus problemas, esa es una cualidad que muchos han olvidado... tienes cinco días en los cuales tendrás que conseguir cinco fragmentos de un capullo para demostrar tu valía... escarabajo, hormiga, escorpión, mariposa y avispa, consigue tus cinco cartas para lograr tu escalera real... no querrás saber lo que conseguirás si pierdes esta apuesta..."
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"Apuesta contra los insectos y consigue sus insignias, cada día tendrás un nuevo aliado para que te ayude a superar la prueba... tu legado ha resguardado uno de mis tesoros valiosos, por lo que sé que eres alguien que puede ser mi Jinchūriki... ahora demuestra tu maestría con las cartas y juega hasta ganar... Fū..."
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DÍA 1
Inmediatamente Chōmei desapareció, muchos insectos y arácnidos empezaron a rondar el lugar, al dar un rápido vistazo logró ver que había una mayor concentración de escorpiones en una de las islas, por lo que ese era su destino... la primera apuesta era para ganar la insignia del escorpión...
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Moviéndose entre puentes colgantes y lianas, la peliverde empezó a moverse esquivando un par de abejas y algunas polillas, ir por tierra parecía una mala idea debido a todo el movimiento, en el aire notó como un gran ciempiés la seguía, al parecer era su primer aliado, por lo que decidió confirmar y aterrizó en su cabeza, este, al sentir a la ojinaranja, se dejó domar... confirmando que sería su primera carta para jugar...
Había pensado en una estrategia, su amiguito podía pelear contra un escorpión en igualdad de condiciones, pero meterse a un nido de estos era un total suicidio, no podía usar fuego debido al instinto de su compañero, por lo que empezó a idear armas para lograr, el que conociera a varios insectos como la palma de su mano era algo de lo que se enorgullecía, y ahora lo iba a aplicar, en la colonia habían varios escorpiones venenosos, fácil de identificar por sus pinzas finas y alargadas, junto a su cola con apariencia de 'doble aguijón', eran los que se encontraban custodiando el exterior del nido, dentro de este había escorpiones con pinzas redondeadas y cola con un único aguijón, dando a entender que no eran venenosos, pero no había que confiarse, su amigo podía morir por veneno o por asfixia... cada paso debía de ser medido con cuidado...
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Gracias a que el ciempiés que la ayudaba era venenoso, la pelinaranja había obtenido algunas cosas tras darle de comer a su compañero, unas lanzas que había en un nido de gusanos, una armadura hecha a partir de restos de cucarachas y un arco hecho a partir de una telaraña junto con seda, mucha seda... estaba lista para atacar...
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Debido al tiempo que tardó en hacer sus armas, la noche había caído, y con ello varios insectos que ahora reposaban en sus nidos, en los arbustos la peliverde se escabullía junto a su compañero, provocar a uno de los guardias sería un problema, aún más al estar cerca de los nidos, viendo al cielo, notó que había una horda de aves gigantes que esperaban alimentarse, por lo que, lanzando una de sus flechas, y poniéndose de acuerdo con su aliado, lanzó una fleca a los pies de una de las aves para provocarla, cosa que obtuvo... seguido de una gran parvada enojada...
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En cuanto la parvada empezó a caer en picada, el gran compañero de la peliverde empezó a moverse por alrededor de los nidos, ocultándose efusivamente para evitar cualquier ataque, en ese momento los escorpiones se alertaron, protegiéndose para evitar ser devorados por las aves, con ello Fū logró escabullirse por el lugar.
En cuanto se adentraron, dos escorpiones venenosos habían aparecido, evitando una desventaja, Fū había disparado una flecha cerca del ojo de uno de sus enemigos, logrando aturdirlo momentáneamente para que bajara la cola y, dándose impulso estar encima del insecto, el cual empezó a moverse para quitarse a la peliverde.
En un intento por lograrlo había lanzado su aguijón para atravesarla, no obstante, no logró darle, por lo que se inyectó el veneno, no era mortal debido a que era inmune a su misma toxina, sin embargo, el plan de la peliverde era causarle dolor, por lo que aprovechando su lanza improvisada agrandó la herida, dando tiempo a su compañero de inyectar su veneno y finalmente paralizarlo. El otro escorpión se abalanzó hacia el gran ciempiés, pero no espero que su paralizado compañero fuera utilizado para esquivar el aguijón, matándolo en el proceso. Incapaz de moverse, la ojinaranja usó su lanza para lastimar su cola, provocando que este no tuviera más opción que huir al verse superado.
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En la carrera contra el tiempo el gran insecto había tomado atajos para ayudar a su compañera, quien usó parte del exoesqueleto del escorpión caído para hacer una armadura improvisada para su amigo, quien gustoso la recibió. Después de un rato de estar escabulléndose, llegaron a una gran sala donde, en medio se encontraba una moneda de oro, inscrito en ella había un escorpión, era el objetivo del primer día, sin embargo, todo el lugar era resguardado por escorpiones no venenosos... con toxinas o no seguían siendo un peligro...
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Apenas entraron a la sala, los escorpiones empezaron a moverse para cuidar la insignia, la ventaja de la seda que tenía era su alta resistencia, por lo que podía usarla para frenar momentáneamente al enemigo, en especial cuando tenían que lidiar con las molestas pinzas... el trabajo en conjunto era importante en ellos...
Los minutos pasaban y el dúo se metía en más problemas, la seda poco a poco se acababa y la armadura improvisada del ciempiés se había desgastado, para empeorar las cosas dos escorpiones habían atrapado al compañero de la peliverde, quien desesperada solo pudo pensar en una opción, algo que enfadaría a sus enemigos.
Sin pensarlo, la ojinaranja giró su lanza para usarla como aguijón y lastimar a los escorpiones quienes, por el dolor soltaron a su compañero, en un último intento este lanzó a la peliverde hacia la insignia, y usando una flecha y la seda restante, logró hacer una liana, atravesando el lugar y obteniendo la insignia...
El primer día había sido superado...
Inmediatamente tomó la moneda de oro los escorpiones retrocedieron y se alejaron de ahí, el ciempiés solo se recostó a descansar, siendo seguido por la ojinaranja...
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DÍA 2
Al despertar, Fū noto que el ciempiés había desaparecido, por lo que implicaba que ahora tenía que seguir un nuevo reto, al levantarse pudo ver como una mantis religiosa la miraba de frente, moviendo sus antenas a la espera de laguna instrucción, curiosa, la peliverde solo pudo acariciar su cabeza, con ello congeniando con su nueva compañera... confianza ganada...
A pesar de ser más pequeño que el ciempiés, la mantis seguía siendo extremadamente grande, la ojinaranja fácilmente cabía en su cabeza, por lo que se subió a esta mientras acariciaba sus antenitas, contentando a la mantis y logrando que entendiera cualquier instrucción, por lo que decidieron salir del lugar.
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El gran nido de escorpiones había desaparecido, y a lo lejos se podía ver un gran círculo mortal hecho de hormigas, siendo que la entrada al hormiguero estaba en medio de todo. Para la peliverde era claro lo que tenía que hacer, y lo que debía de lograr. El círculo de la muerte es un gran círculo hecho por hormigas que seguían el rastro de la hormiga que tienen por delante, volviendo a esto un acto mortal, pues rara vez se podía detener algo así sin intervención. Usualmente las hormigas morían de cansancio o aplastadas entre ellas, y esa era la misión... detener el círculo mortal...
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Lo primero que había que hacer era alimentar a la mantis y recargar algunas cosas para lograr el objetivo, con ayuda de su compañera Fū logró reabastecerse con flechas, y ahora había conseguido unas kamas hechas a partir de huesos esparcidos por el lugar, al igual que con el día anterior, se trataba en hacer las armas, debido a que quería estar totalmente preparada para lo que iba a hacer... para fortuna la noche todavía no caía...
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Acercándose a una distancia segura, la peliverde podía apreciar el gran círculo mortal, cierto era que esas hormigas eran mucho más pequeñas que la mantis, pero seguían siendo grandes hormigas que aplastarían a la ojinaranja en un instante, y a ello le sumamos que pueden levantar 50 veces su peso, entrar directamente al círculo era un suicidio asegurado... ninguna de las dos quería morir a base de pisadas...
La única opción viable que había en el momento era usar objetos para llegar al centro, gracias a que había demasiadas hormigas, podrían poner grandes estructuras sin riesgo a que estas fueran aplastadas, así que pusieron manos a la obra empezando a romper con ayuda de las patas de la mantis grandes trozos de corteza de árbol, que caían encima del círculo, el que los insectos se mantuviesen en constante movimiento complicaba las cosas, y para empeorar conseguir la corteza ocupaba mucho tiempo... sí o sí debía de ingeniárselas...
…
Había pasado una hora y con ayuda de la mantis logró hacer un camino lo mejor que pudo, tenía que darse prisa debido a que las hormigas empezaban a morir, y no quería que estas perecieran, en especial si la podían ayudar a conseguir la medalla, sin más tiempo que perder, ambas empezaron a caminar sobre todo los pedazos que habían conseguido. Para asegurarse, la mantis había suprimido cualquier expulsión de feromonas, no sabía que efectos tendría en los insectos... y ciertamente no quería saberlo...
Empezando a caminar, la corteza que habían sacado tenía varios agujeros, y por desgracia tenían un leve rastro de termitas, por lo que tenían que apresurar el paso para llegar al centro.
Lentamente ambos empezaron a avanzar, la madera se movía constantemente, por lo que un paso en falso y todo terminaría, el círculo de la muerte era muy extenso, fácilmente de 1 kilómetro de radio, el camino iba a ser muy agitado y la madera no pasaba de cierto punto... ¿Vaya mierda?...
…
Gracias a la inestabilidad de la madera, tanto Fū como su compañera lograban pasar sin tantos problemas, de hecho, la peliverde consideraba que esa prueba era la más sencilla del lugar, pues, a pesar de que varias cortezas terminaron rotas por las termitas, no significó mayor problema, puede que esta prueba solo probase su compañerismo con su amiga insecto, en cuanto cayó la noche, ya habían llegado al centro.
Romper el círculo fue complicado, pero lo habían logrado, rompiendo parte de la tierra para que una hormiga cayese dentro del lugar y con ello las demás siguieran a la desafortunada hormiguita. En poco tiempo el círculo mortal había desaparecido, y diez minutos después una hormiga salió, dejando en el camino una moneda de jade, con una hormiga inscrita en ella. Sin nada más que hacer la ojinaranja recogió el medallón y se alejó del hormiguero...
El segundo día había sido superado...
Cansada, junto a su mantis, se quedaron cerca de una gran piedra y ambas se quedaron dormidas, a la espera de un nuevo día...
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DÍA 3
La luz del amanecer se alzaba por todas las islas flotantes, Fū había despertado una vez más, y al igual que el día anterior, su compañera había desaparecido, significaba un nuevo reto y con ello un nuevo amigo. Al incorporarse, había visto un gran cuerno, apreciando los detalles notaba que el cuerno parecía un tridente de dos puntas frontales y dos laterales, con una armadura de una tonalidad negra, frente a ella había un escarabajo rinoceronte japonés... su nuevo aliado...
Convivir con el escarabajo fue fácil, muchos de estos son amigables, y ella tenía una granjita de estos durante su tiempo como guardiana. Inmediatamente se hicieron amigos la ojinaranja se montó en la cabeza de su amigo y empezó el viaje hacia una nueva prueba.
Mientras el escarabajo caminaba, Fū recogió algunas ramas y piedras para hacer lanzas y flechas, tenía que recargar su armamento, a pesar de no usar mucho en el día anterior tenía que asegurarse de que estuviera bien equipada, para su fortuna las katas seguían en pie, durarían al menos el resto de las pruebas... eso espera...
…
Mientras se alejaban del antiguo hormiguero, ambos vieron como grandes esferas de excremento se dirigían a un mismo punto en específico, había que recorrer una gran distancia para llegar al sitio, lo más seguro para la peliverde es que la prueba se centrara en enfrentarse a un ejército de escarabajos... había que conseguir su insignia...
Tener un escarabajo fue beneficioso al menos a la hora de alzar vuelo, en medio del aire notaba que las esferas de excremento eran demasiado grandes, si bien el escarabajo podría soportar el peso, Fū ni en sueños lo haría, por lo que había quedado descartado estar en la cabeza de su compañero, al menos esta vez.
…
Poco a poco ambos se adentraban dentro de un gran arbusto, hasta quedar en una especie de circuito dentro del mismo, con un gran vacío, varios escarabajos volando y otros recorriendo el gran circuito hecho, múltiples cruces, partes sin salida, subidas y bajadas con rampas, y demás cosas que hacían del reto algo interesante, apenas pusieron un pie en la entrada del circuito y un poderoso ruido se hizo presente, en el vació habían escarabajos depredadores, puede que no comieran otros escarabajos, pero para su desgracia, Fū no era un escarabajo, y podría ser una buena cena... caer no era una opción...
Y, de hecho, volar era una muy mala opción, por alguna razón los escarabajos atacaban al compañero de Fū apenas alzaba el vuelo, puede que quisieran atacar a Fū, por lo que, inmediatamente se descartó esa idea.
La caminata no era pesada, pero sí incómoda debido a las bolas que tenía cada escarabajo, no por el olor, si no por el tamaño que tenían, entré más grande el escarabajo mayor peso tienen, y al ser escarabajos gigantes, la bolita de excremento se volvía un enorme y pesado problema. La ojinaranja aprendió esto de primera mano cuando una de estas esferas había chocado con su compañero, ese impacto casi la tira al foso con los depredadores... una peliverde no sería hoy la degustación de otros...
Entre subidas y bajadas ambos se dieron cuenta que solo estaban dando vueltas, así que se desviaron y decidieron esperar unos momentos para saber que tenían que hacer, en medio del circuito había una plataforma con una moneda de hierro, e inscrito en ella se podía apreciar un escarabajo, la pequeña plataforma era inaccesible sin volar, rodeada por una fosa separada del gran vacío que había en todos lados, y la única opción que había era usar las grandes bolas que cada escarabajo giraba, para usarlas como plataforma.
Decidiendo esto, el compañero de Fū empezó a caminar siendo guiado por la peliverde quien podía apreciar a la distancia varias bolas gigantes para usarlas, algunos escarabajos que iban volando llevaban consigo algunas, por lo que sin perder tiempo usó su arco para usarlas... obviamente no recuperaría esas flechas.
...
Algunos escarabajos soltaron su carga gracias a las flechas, y esta caía en lugares aleatorios debido al movimiento, algunas terminaban en la fosa, otras caían con los depredadores y algunas terminaban en otros escarabajos. Era algo gracioso de ver, pero tenían que seguir.
El tiempo pasaba, y apenas habían llenado la cuarta parte de la fosa, en medio de los pensamientos dos escarabajos se le abalanzaron al compañero de Fū para tratar de tirarlo, al chocar, la peliverde sentía como el impacto la sacudía por completo, aturdiéndola lo suficiente para dejar caer casi todo su armamento. El duelo entre escarabajos había terminado instantes después... el coste fueron casi todas las armas de Fū...
Ese hecho hizo enfurecer a la peliverde, por lo que decidió actuar en vez de esperar y empezó a guiar a su compañero hacia escarabajos desafortunados que encontraba en el camino, casi todos tenían rodando una pelota de excremento, robar bolas de mierda se había vuelto el plan perfecto de momento a otro... si no fuera por los escarabajos cabreados...
El plan llenaba la fosa más rápido, y por fin su olor era verdaderamente insoportable para la peliverde, el olor a excremento era demasiado potente, y para acabar varios escarabajos estaban molestos por haber perdido su bolita de mierda, por lo que empezaron a cazar a Fū y su compañero como venganza... ojo por ojo, bolita por bolita...
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La fosa estaba casi completa, sin embargo, había varios escarabajos persiguiendo a la ojinaranja y su compañero, muchos estaban realmente cabreados por perder su tan preciada comida, y era algo que iban a hacer pagar, una persecución se llevaba a cabo en esos momentos, varios insectos voladores trataban de tirar a la pobre 'presa' en un intento de hacerlo car con los depredadores, el camino era cada vez más pesado... y más agitado...
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Habiendo llegado a su límite, el compañero de Fū empezó a guiar a cada escarabajo que lo perseguía a la fosa de excremento y nutrientes, al no haber otra opción, empezó a usar a cada 'familiar' que había en el lugar, remplazando a las bolitas de mierda, cosa que servía muy bien, muchos escarabajos no podían salir, y algunos que volaban terminaron chocando entre ellos, una vez la fosa estuvo llena, escarabajo y chica llegaron a la plataforma con la moneda de hierro, y sin perder tiempo agarraron la insignia...
El tercer día había sido superado...
Una vez tuvieron la moneda, los escarabajos empezaron a retirarse, incluso los que habían sido usados como plataforma. Cuando se fueron por completo, el compañero de Fū emprendió vuelo hasta un árbol para descansar y esperar que su nueva amiga tuviese suerte durante el resto de su prueba...
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DIA 4
Despertar en la madera era más incómodo que despertar en suelo firme o en una piedra, sin embargo, eso eran detalles menores, lo que importaba era la enorme araña que había frente a la peliverde, conocía a detalle ese peculiar arácnido, su tamaño confirmaba que era hembra y que era hermosamente venenosa... frente a ella había una viuda negra...
Dóciles que prefieren la soledad, la viuda negra es una araña muy letal, debido a su veneno y su feracidad a la hora de cazar, cosa que en la naturaleza las había dignas de temer. A pesar de todo, la araña no tuvo problemas en adaptarse a Fū, confirmando que tenía el don de Nanabi para comunicarse con los insectos.
Antes de hacer algo más, la peliverde notó como una gran parvada de pájaros rondaba el árbol en el que estaba, y debajo de la rama en la que estaba había un capullo colgando, lo más seguro es que tenía que cumplir con el reto de la mariposa. La única idea que se le venía a la mente era proteger el capullo, las arañas pueden cazar pájaros, y esta vez no era la excepción, por lo que, preparada para la acción, empezó a trabajar...
…
En el mundo animal existe una araña que ocupa un peculiar método para cazar a su presa, lo que hacía era usar su seda colocándolo de manera vertical o inclinada, muchas de estas trampas se podían ver debajo de macetas, siendo visibles cómo se unía desde la parte posterior de esta al piso. Reforzadas con una capa extra para ajustarla, a la menor alteración la seda atrapa a la presa, quedando enredada y suspendida en el aire. Esa técnica pudo ser recreada por la viuda negra, cosa que beneficiaba a la protección del capullo, no había tardado demasiado tiempo, y era hora de la comida... y había muchos pajaritos en el alambre...
…
La parvada empezó a descender, esperando la oportunidad de romper el capullo y consumir su interior, sin embargo, nunca esperaron que las sedas las atraparan y envolvieran, para evitar que se librasen, la araña tuvo que paralizar a cada ave que caía en su trampa, algunas morían debido al veneno, otras caían al suelo y eran brutalmente devoradas por los miles de insectos que había en el lugar. El hecho es que no debían sobrevivir si no querían problemas para después.
Sin tiempo que perder, la araña empezó a reforzar las sedas que atrapaban a algunas aves, Fū le dio el consejo de usar a las aves como defensa, haciendo que se balanceen y choquen con las aves que van bajando a romper el capullo, y sin esperar más órdenes la viuda negra empezó a realizar lo pedido por la ojinaranja.
El truco había funcionado, y como las aves que estaban colgadas ya no presentaban signos de vida podían ser lanzadas sin que opusieran resistencia. No obstante, seguían viniendo, y hacer más trampas estaba descartado, por lo que solo quedaba lanzarse a la caza de las aves. Colocándose encima del capullo, araña y chica esperaban paciente a cualquier ave que viniera a atacarlas... las plumas de ave serían buena decoración en el lugar...
Una desafortunada ave había girado para evitar a la araña, sin embargo, había recibido el ataque de las kamas de Fū, quedando levemente herida, y haciendo que chocase con otros pájaros, viendo eso, la araña empezó a usar su seda como proyectil, raro en su especie, pero era algo mucho mejor que esperar.
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No había pasado más de una hora desde que el ataque empezó, y para fortuna de ambas, el capullo empezaba a romperse, sin embargo, seguían protegiendo este, debido a que seguían atacando las aves. Las pocas que quedaban ya se notaban cansadas después de tanto vuelo, pero seguían en pie.
Dos aves habían sido neutralizadas, al hacerlas chocar entre sí, para desgracia este acto había roto la rama en la que el capullo se encontraba, haciendo que Fū, el capullo ya quebrado y la araña empezaran a caer en picada. Poco a poco se acercaban más al piso, y antes de chocar todo había acabado...
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En segundos el capullo se había quebrado totalmente, y de este salió una hermosa mariposa de alas azules, casi al instante era visible a la vista una moneda de aguamarina, inscrito en ella una mariposa. Aquella insignia había caído en medio de los restos del capullo, bajando lentamente, tanto la araña como Fū se acercaron a los restos y agarraron la moneda.
El cuarto día había sido superado...
Era muy temprano, así que la peliverde aprovechó el tiempo restante para hacer algunas armas, remplazando las que perdió en la prueba de los escarabajos, con ayuda de la viuda, lograron tejer un arco, varias flechas, algunas lanzas, una caña de pescar y recolectaron mucha seda, de algo serviría.
Una vez dio la noche, la peliverde paró en la copa de un árbol y decidió descansar junto a su araña, mañana sería el último día.
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DÍA 5
El viento soplaba fuertemente por todo el lugar, sacando a volar a la peliverde quien, solo pudo aferrarse a una desprendida hoja, surcando los cielos notaba que un gigante nido de avispas estaba colgando por un acantilado, fácil de identificar por su peculiar forma de paraguas. Mientras surcaba los cielos, una catarina se acercó a ella para que se montara en esta, entendiendo lo que quería, la ojinaranja se subió a su cabeza para acercarse al vuelo... esto si era un problema...
Las catarinas eran presa fácil de varios depredadores, en especial de las avispas, y se irían a meter a la boca del lobo para encontrar la última insignia, de todas las apuestas la que iban a hacer era la más arriesgada, el ciempiés era enemigo de los escorpiones, la mantis podía superar a las hormigas, el escarabajo podía lidiar con los de su misma especia y la araña protegía muy bien a la mariposa debido a que muchas cazaban aves, pero en este caso tenía todas las cartas en su contra... tendría que apostar todo...
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Antes de entrar, lo primero que hicieron fue analizar sus opciones, la forma de paraguas de los nidos de avispones era útil debido a que hasta arriba se encontraba la cámara de la reina, rodeada de las cámaras de huevecillos y cubierto por más capas, si entraban debían de estar en constante movimiento... ninguno de los dos sobreviviría si cometían un error...
Habían sido pacientes, antes de moverse recolectaron algunas piedras que usaron como camuflaje para pasar desapercibidos, cuando notaron una menor actividad por parte de los obreros y guardianes, el dúo Fū-catarina se empezó a adentrar al nido de avispas... directos al infierno...
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Realmente era un laberinto el nido, incluso más que el circuito de los escarabajos o el nido de escorpiones, miles de entradas que de verdad no sabían a donde llegarían, zumbidos que denotaban que había obreras trabajando, accesos a las cámaras de larvas que seguramente estaban bien protegidas, y si sobrevivían a todo tendrían que afrontar a la reina... el último reto a superar...
De poco en poco empezaron a acceder al nido, gracias a la catarina podían saber qué pasadizo tomar, lentamente se movían para evitar una provocación del enemigo, la pelinaranja tenía en su mano su confiable arco, a la espera de cualquier objetivo.
Mientras caminaban, ambas notaban como el nido tenía ciertas fracturas, cosa que indicaban que había remodelaciones en el lugar, decidiendo explorar un poco, ambas entraron por una sección que daba directamente a las cámaras de larvas.
El lugar tenía la humedad y calidez necesaria para la crianza de avispas, sobre todo había mucha comida, a pesar de los guardias podían volar con cierta libertad, colocándose en uno de los hexágonos del lugar, esperaban a que las guardianas se movieran de la sala para avanzar, cosa que sí pasó al notar un leve temblor por toda la colmena. Las guardianas se habían retirado con un severo problema en medio... ese temblor significaba que las obreras habían vuelto...
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Rápidamente ambos empezaron a moverse antes de que las salas se llenasen de avispas, notaban como los pasadizos zumbaban con potencia, señal de que de por ahí aparecerían obreras enojadas por invadir su propiedad. Las opciones se quedaban cortos y, cuando había una pequeña esperanza, la sala en la que estaban empezaba a zumbar con potencia... las avispas entrarían poco a poco...
Sin tener que hacer algo, la única idea que tenían era volver a ocultarse en una de las pequeñas cámaras de crianza, mientras se escondían ahí podían notar como cada avispa se encargaba del cuidado de las larvas, antes de que pudiesen hacer algo vieron como una avispa los veía, analizando cada movimiento... habían sido descubiertos...
"Catarina bonita, hagamos esto rápido, uno... ¡VUELA AHORA!"
Al instante en que gritó, una flecha impactó en la boca de la avispa, haciéndola retroceder y dando tiempo a que la compañera de la peliverde alzara vuelo, quien dejaba su vida en escapar de las obreras cabreadas... era tiempo de correr...
Las avispas aleteaban con furia a la espera de atrapar y comerse a la pobre catarina, quien le costaba un poco mantener su velocidad, sin embargo, era compensado por la ayuda de la peliverde quien distraía a cualquier insecto amarillo con rayas negras que se atravesara por el camino, a pesar de la cantidad las habilidades de Fū para hacer trampas en poco tiempo servían de maravilla... algo que varios insectos hacían...
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Después de abrirse paso con las picaduras que se podían desviar, junto a las kamas de Fū, tanto chica como catarina habían llegado a la cámara real, veían con orgullo cómo una moneda de ámbar con una avispa dentro de ella colgaba en medio de todo, antes de que se acercaran la cámara empezó a temblar, bloqueando cualquier salida y dejando ver al último reto... a la reina del lugar...
Por el aleteo se notaba que la reina estaba furiosa, y no perdió tiempo en tratar de empalar a la catarina con su aguijón, Fū tenía que guiar esta vez a su amiga, y tenía que dar todo de sí esta última vez, la gran cámara daba espacio a las maniobras, y a colocar algunas trampas.
Lo primero que había hecho Fū era obligar a la avispa a que tocara suelo, lo único que se le ocurría era volar casi al ras del suelo. En una de tantas vueltas la reina se había acercado lo suficiente como para usar una flecha con bastante seda, disparándola hacia el abdomen de la avista. Lo que intentaba era obligarla a estar en cierto rango de movilidad. Una vez la flecha impactó, la peliverde descendió de su catarina para atar bien la seda al suelo, por fortuna usar chakra le permitía no quedar atrapada.
Una vez quedo parcialmente restringida, la catarina empezó a volar por encima de la avispa, al parecer la seda no aguantaría mucho y el movimiento errático hacían difícil apuntar a sus alas, así que, aprovechando un momento de oro, Fū se lanzó hacia la avispa, gracias a que había llegado a esta empezó a correr por la espalda de la reina. Tras llegar a su cabeza enredó toda la seda que tenía en las antenas de esta.
La avispa se había liberado al instante en que la peliverde logró hacer el amarre, la avispa empezó a perseguir a la catarina, sin embargo, Fū podía mover parcialmente a la abeja, con lo que la redirigía para que se golpeara consigo misma. Para acabar con todo, la catarina se había quedado quieta en un punto, haciendo que la reina se abalanzase para perforar al insecto, a último momento el rojizo insecto se movió hacia la derecha mientras Fū redirigía a la avispa a la izquierda, enterrando el aguijón en la pared de la cámara.
Antes de que pudiese liberarse, la catarina le había dado un certero cabezazo al ala derecha de la avispa, mientras Fuu se encargaba de inutilizar su ala izquierda. Enojada, la reina empezó a moverse para librarse, sin embargo, sus alas ya no funcionaban bien, y aprovechando ese pequeño momento la catarina junto a la ojinaranja volaron a la parte superior de la cámara para conseguir el último medallón, lográndolo con un poco de trabajo...
El quinto día había sido superado...
Inmediatamente la moneda había sido tocada, el panal empezaba a caerse, un gran trozo de esta chocó con la catarina, mandando a volar a Fū, para su mala suerte no había suelo en el que impactar... había salido volando al vacío...
La compañera de Fū quiso salir volando a salvarla, pero no pudo al ser bloqueada por una avispa que trataba de escapar, en medio del aire las cinco monedas se deshacían, dejando solo un rastro de polvo en la pequeña Fū quien solo quería ser salvada por su amiga nueva. Había salido de la colmena y veía como su compañera trataba de alcanzarla fallando estrepitosamente, presa del cansancio.
Antes de que impactara en un pedazo de roca unas alas hechas de polvo crecían tras la espalda de Fū, a último momento esas alas la salvaron de una inminente muerte, y dejaron realmente asombrada a Fū, quien estaba feliz de tener alitas, y esa era la señal para que un haz de luz envolviera a la peliverde, haciéndola desaparecer del lugar...
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La prueba había sido superada con éxito...
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Inmediatamente Chōmei desapareció junto a Fū, el grupo de viajeros había despertado, Ryō les explicó todo lo que habían hablado, impresionando en gran medida a cada uno de los presentes. Antes de que alguien hablara, un destello iluminó la cúpula, dejando ver al Nanabi y a una peliverde con alitas que soltaban esporas...
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"¡WIIIII, PUEDO VOLAR!"
"Así es pequeña jugadora, la recompensa de armar tu escalera real son unas dignas alas que demuestran que eres una buena Jinchūriki"
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¿Cómo lo logró? -preguntó el rubio Uzumaki realmente intrigado-
Mientras ustedes tenían tiempo fuera, la pequeña Fū me mostró su historia junto a la de Ryō, por sus caras veo que esas cartas ya fueron reveladas -afirmó el Bijū-
Pero ¿Por qué tardó tanto? -cuestionó la Hyūga realmente extrañada-
Regularmente las pruebas son de horas, en el mundo a donde la mandé pasaron cinco días, ese es el motivo por el cual tardó explicó el gran insecto con simpleza-
¿Cinco días? -preguntó levemente asombrado el Sanbi Jinchūriki-
Hay una gran variedad de insectos, muchas cartas que puedes usar, no puedes quedarte con solo una opción -se quejó el gran Bijū, sintiéndose ofendido-
Entiendo -dirigiéndose a la peliverde- un honor Fū-san, soy el Uzumaki no Kōtei, Emperador del remolino, Ōtsutsuki Uzumaki Naruto.
Soy la Byakugan no Nyotei, Emperatriz del Byakugan, Ōtsutsuki Hyūga Hinata.
Gracias por salvar a mi mejor amigo, no saben lo desesperada que estuve cuando se lo llevaron -agradeció la peliverde descendiendo y abrazando al dúo-
No te preocupes, es algo que debíamos de hacer. -comentó el rubio a modo de agradecimiento-
Me postro ante ustedes, no sé por lo que pasaron, pero salvaron a Ryō y me devolvieron mi felicidad, puede que haya sido doloroso enterarme de la verdad, y ciertamente guardo demasiado rencor, pero por el momento solo quiero ayudarlos para lo que tengan planeado hacer -confesó Fū, con un tono serio y, a la vez arrodillándose-
¿A qué se refiere? -cuestionó intrigado el Ichibi Jinchūriki-
No tengo un hogar o algún lugar al que esté atada, por lo que quiero viajar con ustedes, y lo único que me queda es el poco orgullo como la guardiana de Takigakure. Chōmei-sama me enseño un nuevo mundo que quiero explorar, y sé que ustedes podrán guiarme -confesó la peliverde, mirando con ojos de seguridad y total devoción a los dos emperadores-
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"Quieres decir qué... ¿Te nos unirás?"
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Sí... por mi orgullo como la guardiana del agua del héroe pongo mis servicios ante ustedes... será un honor servirles... emperadores...
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Nadie esperaba eso, que en un instante Fū les jurase lealtad a los emperadores, pero no tuvieron tiempo de pensar, inmediatamente un haz de luz absorbió a Chōmei, convirtiéndolo en una esfera que inmediatamente entró en Fū, para momentos después ser cubierto por una cortina de luz, mostrando la nueva apariencia de la Nanabi Jinchūriki...
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Kimono de batalla de color verde, con las siete colas de Chōmei a su espalda, sandalias negras, junto a dos kamas de oro atadas a la cintura de la peliverde con una cinta roja, junto a un gran rollo de color rojo cargando a su espalda, y finalmente una banda Shinobi en la frente, en el cual se podía apreciar el Kanji "Nana" en una placa metálica...
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Genial, seré muy fuerte y lograré honrar a mis padres, pero primero hay que hacer lo que tengamos que hacer -declaró entusiasmada la nueva Nanabi Jinchūriki-
Lo sé... -suspira- en fin... bienvenida... Ōtsutsuki Fū ahora eres la reina de los insectos, la nueva Nanabi Jinchūriki, la verdad se te fue negada y viviste atada a una aldea que quería utilizarte solo para obtener más poder sin importar los verdaderos costos... sé la reina de los insectos y doblega a la escoria humana a arrodillarse ante la reina de los insectos... -reconoció la emperatriz-
Naruto: Es hora de que demuestres que tu poder fue obtenido por tu esfuerzo y no por un simple potenciados, que los insectos construyan un nuevo camino con tus dolorosos recuerdos... y que las cartas de esta baraja traigan fortunas y riquezas a tus aliados... -elogió el emperador con una tenue sonrisa-
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Toma, el tesoro de Chōmei ahora es tuyo...
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La carta maestra de mi Bijū...
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Un magatama de seda...
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"Oh amado mío...
Desde que no estas, mis días se tornaron grises, rodeándome de muchas nubes deprimentes y tristes... sabes que nunca fui buena con los poemas, pero sí con las palabras, y desde que te perdí me he lamentado cada día de mi vida el no decirte cómo me sentía, sé que estabas enamorado de tu compañera... no sabes cuantas veces quise decirte la verdad, que ninguno de tus compañeros te valoró... pero tenía miedo de que te enojaras conmigo y me dejaras sola... fuiste quien me liberó de mi destino dos veces... y sigo esperando el momento en que nos reencontremos en el más allá... ha sido difícil, pero nadie me ha tocado, desde que moriste me prometí llegar virgen y pura a la muerte... creerás que estoy exagerando... pero hiciste más por mí de lo que no sabías... a pesar de tener el maldito sello me enseñaste a volar y a decidir el camino que quería seguir... solo quisiera verte una vez más para despedirme... y poder darte mi primer beso... te amo... y a pesar de que mis lágrimas sigan cayendo... o que siga escribiéndote aún muerto... mi cuerpo, corazón y alma te pertenecen... nunca olvides que te amo...
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Obito-kun..."
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Guerreros de antaño/anteriores Jinchūrikis
Chōmei:
Nezu Jouji - Jouji Nezu, Prison School
Kochō Shinobu - Shinobu Kocho, Kimetsu no Yaiba
Meruemu – Meruem, Hunter x Hunter
