Furia de los emperadores

Capítulo 38: Ira del emperador

¿Qué es el tiempo?...

El tiempo, según la definición más acertada, es una dimensión física que representa la sucesión de estados por los que pasa la materia. Para los científicos el tiempo es eso, una dimensión física, si lo quieres ver así, una cantidad. De esa cantidad hay muchas medidas para poder calcular ese tiempo que ha pasado... y puedes ponerlo en contexto con cierto tipo de hechos...

Milenios en que una especie evolucione...

Siglos en que un sistema político cambie por completo...

Décadas que los matrimonios cuentan con total amor o dolor...

Años en los que vez crecer a un hijo...

Meses de arduo trabajo para lograr conseguir algo...

Semanas de entrenamiento para mejorar una técnica...

Días que uno cuenta con esmero para volver a ver a ese alguien especial...

Horas que tarda una cena para celebrar algo...

Minutos en los cuales una conversación toma otro rumbo...

Y segundos en que una idea surge para cambiar completamente al mundo...

Pero, hay siempre un detonante en cada cambio, un momento, una fracción de segundo, la medida de tiempo más infravalorada por muchos y, a la vez, la más importante de todas... un instante...

Porque fue en ese preciso instante en que una especie se vio forzada a evolucionar... ese instante en que una persona pensó en cambiar ese sistema político... ese instante en que dos personas decidieron recordar su tiempo de casados... ese instante en que el fruto de un amor dio paso a una nueva vida... ese instante en que alguien decidió trabajar para llegar a algo... ese instante en que alguien empezó a entrenar para perfeccionar... ese instante en que empezaste a contar para volver a ver a ese alguien especial... ese instante en que alguien empezó a preparar una inolvidable cena... ese instante en que la conversación empezó a tomar otro rumbo... y ese instante en que, aquella idea, empezó a tener sentido y una forma, y dar paso a una historia...

Porque es eso, es solo un instante lo que necesitas para ver el mundo con otros ojos, son esos los instantes lo que permiten que las ideas cobren sentido, las emociones salgan a flote y el mundo gire y siga su curso. Porque el instante es lo que da paso a un cambio... y para dos personas ese instante fue lo que les dio paso a un abrupto cambio...

...

Natsu nunca quiso seguir el destino que le fue impuesto. Nunca soñó con servir sexualmente a cualquiera que viera, a cualquiera que con una simple insinuación la llevara a un hotel para follarla duro. Luchó con todo para librarse de ese destino. Prefería ser repudiada por su clan, pero con su libertad intacta, y, sobre todo, con la elección de amar a quien fuera. Ese alguien era su amado Obito. Un simple Uchiha, que sin pensarlo la ayudó a ser mejor persona. Ella le debía todo a él, y fue por eso que prometió ser su todo. No importaba si solo la follaba y la dejaba tirada, si solo era su escudo y espada. Fue Obito quien siempre la salvó en sus momentos de debilidad, y que la aceptó con traumas y todo incluido. Era por eso que su cuerpo era el santuario al cual su amado Uchiha tenía un único y exclusivo acceso. Podía hacer con ella lo que él quisiera, sin importar que... y en su mente esa promesa fue rota en el instante en que cayó presa de un Genjutsu tan peculiar...

Aquella visión que su Byakugan no pudo deshacer por ser presa del miedo. Una ilusión donde fue brutalmente golpeada, forzada a dar sexo oral a tantos hombres que estuvieran frente a ella, obligada a tener sexo con bastardos que se reían de sus quejas, sus lágrimas, sus súplicas, y sin importarle su salud. Aquella cruel sensación de ser desgarrada por atrás sin la menor esperanza de que terminara. Solo podía sentir como era usada por completo, cómo sus pechos fueron bruscamente mordidos y jalados por las asquerosas manos de aquellos malditos. Cómo todo su cuerpo quedó con moretones debido a los sonoros golpes que le dieron. Cómo su cuerpo fue mancillado por la semilla de quienes solo la usaron como vertedero de semen. Aquella promesa que con amor había guardado fue rota en ese simple instante en que cayó presa de la ilusión...

Y en lo más bajo de esa cruel tortura, ver los negros ojos de su amado, con una expresión de asco y repulsión, sentirse totalmente devastada al ver como su amado la dejaba atrás, con aquellos hombres que la usaron para su placer, que le destrozaron la ropa que su amado le regaló en aquellos tiempos de antaño. No pudo soportarlo más, su mente se quebró, su espíritu murió y lo que más deseaba era morir, perdió en ese instante todo rastro de vida... y a la vez, fue en ese instante en que el rubio Uzumaki cambió por completo...

Un instante en el cual su mente lo traicionó, y le hizo ver los miles de escenarios en los cuales su amada Emperatriz sufrió. Oír sus gritos de súplica con tal de que se detuvieran, verla tomar con lágrimas todas las pollas que la destrozaban por completo, sin siquiera parar a detener su sangrado, escucharla gritar pidiendo auxilio, llamándolo para que la salvara y solo decir que era un cruel sueño. Verla tan destrozada, con aquellos ojos que tanto amaba sin ninguna pizca de alma. Para el rubio, en ese instante su amada Hinata fue violada de las peores maneras posibles, y la culpa había sido solamente de él. Nunca debió separarse de su lado. Por su estupidez de ir a pelear solo habían secuestrado, lastimado física y mentalmente a su amada, abusado de ella de las formas más dolorosas, rebajándola a una simple perra barata. Era su culpa... de que esa promesa de siempre protegerla fuera rota...

¿Qué más daba morir? Lo merecía por haber provocado esto. La mente del rubio quedó solo en eso. Kurama trataba con desesperación de hacerle ver la realidad, una en la cual Hinata no era violada todavía. Pero esos intentos quedaron en vano cuando supo que Naruto había bloqueado cualquier línea de pensamientos, solo quedaba una misión para el rubio. No pudo proteger a su amada Emperatriz de la cruel tortura que Kumogakure le dio, por lo que, si no pudo frenarlo al menos trataría de redimirse... asesinando a cada insignificante vida en esa aldea...

Un instante, en donde el rubio lanzó un Kunai tan peculiar frente a Darui, y agarrando a Obito con brusquedad, se movió a una vertiginosa velocidad, aventando a Obito contra el otro bastardo. En ese instante Naruto logró usar el Hiraishin sin siquiera usar sellos. En ese instante Naruto cercenó el miembro de Darui mientras que Obito llenó de estacas de madera el cuerpo de Shī... un instante bastó para despertar aquel poder tan temido...

Jinchūrikis y Shinobis de Kumo, nadie podía creer lo que pasó, en un simple instante un rubio y n azabache habían frenado el intento de violación de ambas Hyūga, en el rostro de Obito se podía ver una expresión de furia, pero no llegaba ni cerca al aura de muerte y odio que emanaba Naruto. Aquel destello amarillo tan característico del Konoha no Kiiroi Senkō quedó excluido como una patética excusa de intimidación ante el destello rojo con pequeñas chispas negras que el rubio dejó ver. En un corto tiempo había agarrado a su inconsciente Emperatriz para alejarla del peligro, dejándola al cuidado de los Jinchūrikis. Con ella lejos podía dejarse llevar por lo único que quería ver... muerte...

Tocaste... humillaste... asustaste... atormentaste... hiciste llorar a mi amada... la única persona que vale más que mi vida... lo único más valioso para mí en este mísero y mundano mundo... mancillaste su nombre y su cuerpo por sus deseos de poseerla sin piedad y compasión... no mereces ningún tipo de piedad... y no merezco ser llamado su esposo... su amado... su todo... pero haré algo antes de morir... no importa si muero... hoy... TU MALDITA ALDEA PAGARÁ POR LO QUE LE HICIERON A ELLA... ¡¡¡A MI HINATA!!!

Aquella voz tan tétrica, cargada de odio, rencor, y profundas lágrimas de cruel dolor. Obito había aprovechado ese monólogo para sacar de ahí a su amada Natsu, quien estaba inconsciente y con su ropa hecha jirones, una cara llena de dolor y miedo. Sin nada y nadie que pudiese detener a Naruto, simplemente dejó que sus emociones lo cegaran, y cubriéndose con el chakra Bijū de su bestia, estaba listo para actuar. Tres colas de chakra, con filosas garras y unos ojos llenos de lágrimas, sobre todo, sangre inyectada a más no poder... listo para causar un verdadero dolor...



Envolviendo sus brazos y sus piernas con el uso de sus tres colas, Darui había quedado a merced del emperador, quien a través de sus extremidades creadas empezó a introducirle una mortal dosis de chakra Bijū, empezando a quemar el sistema de chakra del Jōnin de una manera mortalmente dolorosa. Los alaridos no se hacían esperar, empezando a inundar la habitación. Todos estaban asustados por escuchar el quejido de súplica del moreno, que solo podía retorcerse ante la sádica mirada del Uzumaki.

Sus órganos se podrían lentamente, sentía ese infernal dolor carcomiendo cada parte de su ser, su piel se quemaba, marcándose con horribles manchas que demostraban las brutales heridas. Sin esperarlo, el rubio insertó sus garras dentro del pecho, el grito había asustado a todos los que escuchaban al desafortunado Shinobi... incluso los Jinchūrikis habían sentido lástima...

"¡¡¡PARAAAAAAAAAA!!! POR FAVOR PARA, YA NO MÁS, PARA... ¡¡¡BASTAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!"

Súplicas que quedan a oídos sordos, presas de un odio inmenso. Aquel bastardo pedía clemencia, pedía piedad, pedía ser liberado cuando ya no pudo soportar más. Eso había enfurecido al Uzumaki. Hinata pidió clemencia cuando estaba siendo usada, y ellos nunca se detuvieron, no se detuvieron cuando ella pidió que no lo hicieran, él pedía piedad cuando no se la había dado a SU NOVIA, a SU ESPOSA y a la MADRE DE SUS HIJOS. Con inmensa ira en sus ojos, había roto las costillas de Darui, provocando otro alarido, para posteriormente sacar sus manos del pecho de su víctima. Sin embargo, no había sacado las costillas, solo fue colocándolas en posición. A última instancia los Shinobis de Kumo habían reaccionado, y se abalanzaron hacia el rubio, en un intento de frenarlo... su último movimiento...

Con mano a palma abierta, y totalmente retraída, había cargado chakra Bijū en esta, para lanzar un simple pero mortal ataque. En todo su tiempo con Hinata y Hamura había aprendido una que otra técnica Hyūga. Esta en particular, requiere que el usuario concentre una gran cantidad de chakra en la palma de su mano para expulsarlo. Con el Byakugan se puede direccionar la onda a puntos específicos, además de que la onda de alta presión cubre una buena distancia. Naruto lo había modificado para un rango más corto, pero para un resultado más devastador.

"HAKKE: PALMA DE VACÍO"

En el momento en que la palma tocó el pecho de Darui, el chakra acumulado explotó bruscamente, dispersándose en un rango muy corto, y destrozando por completo al Shinobi. Su torso quedó totalmente destrozado, con la sangre volando por todos lados. Sus brazos, piernas y cabeza eran lo único que había quedado intacto. No obstante, lo que importaba eran los restos de las costillas. Al haberlas colocado en una correcta posición, la explosión de chakra las expulsó a modo de proyectiles, los cuales se incrustaron con rapidez en los Shinobis que trataron de salvar a su compañero.

Órganos que salían violentamente del cuerpo de quienes tuvieron la desgracia de estar en la trayectoria de los proyectiles. Extremidades cercenadas por una violenta perforación. Fragmentos del cuerpo que se mantenían apenas unidos por la piel, y siempre abundaba el charco de sangre. Cada uno de los Kumo Jōnin quería hacer algo, por lo que, en un intento nuevo, se abalanzaron para asesinar al emperador. Kurama sabía que no podría hacer recapacitar a su carcelero, y veía en él una ira desbordante. Sabía de esa sensación, él mismo la experimentó al perder a su amada, no tenía algo mejor que hacer, por lo que decidió cederle esta vez todo su chakra para que su Jinchūriki se desahogara... asesinando a cada persona en Kumo...

Visualizando la cabeza de Darui, que estaba en sus últimos instantes de vida, el Uzumaki saltó para agarrarla entre sus manos, a la par que los Jōnin se acercaban a él. Cargando chakra Katon impregnado con el de Kurama, el rubio golpeó sus manos en el suelo, reventando la cabeza de su enemigo y desencadenando un mortal ataque...

"Ígneo-vórtice"

Un gran vórtice de fuego surgió desde las manos del emperador, recorriendo una amplia parte de la habitación y obligando a cada presente a retroceder. Aquellos que no habían logrado salir del rango de ataque habían sido calcinados gracias al inmenso calor de las llamas. La distancia había sido creada, y con rapidez había visualizado sus objetivos... era momento de tomar las cosas en serio...

De un salto había pescado la cabeza de uno de los Jōnin, quien tenía en sus manos varios Kunais, Girando en sí mismo había quebrado su cuello, provocando una inmediata reacción, los Kunais habían salido volando, acertando en uno que otro ninja que estaba en el lugar. La cabeza de la desafortunada víctima había terminado impactando en el pecho de un Jōnin. Al momento de inclinarse por el dolor, una cola de chakra había atravesado su abdomen, matándolo al instante.

Dos Kumo Jōnin habían desenfundado sus espadas en un intento de atravesarle su corazón, reaccionando a último momento, el Uzumaki había desviado los tajos con sus garras, y girando en su propio eje había ocupado sus colas para quebrar sus piernas y derribarlos. Previniendo una lluvia de Shurikens, el rubio agarró a uno de los Jōnin para usarlo como escudo, el otro trataba desesperadamente de alcanzar su espada, fallando estrepitosamente al sentir sus pulmones reventando ante una sonora pisada... y un impulso de chakra que terminó por abrirle la espalda...

Queriendo evitar varios Jutsus Raiton, Naruto había usado un poco de chakra para esquivar los ataques, a la par que extendía sus brazos para atravesar a cualquiera que encontrase en su camino. De un salto había recorrido gran parte de la habitación, cercenando a cada Shinobi que se había cruzado en su recorrido. Apenas puso un pie para aterrizar en suelo firme, vio como varios ninjas se acercaban a él, por lo que decidió frenarlos abruptamente girando en sí.

Las colas de chakra habían girado con rapidez, parando al instante cualquier avance enemigo. Ese segundo en el cual tenían que frenar para volver a avanzar fue el que Naruto aprovechó para atacar. Comenzando con dos zarpazos rápidos, había cegado la vida de tres enemigos al rebanar su cara, dejando caer los ojos, la nariz, la boca y el mentón, todo en una lluvia de sangre. Inmediatamente dos de sus colas atravesaron el pecho de un desafortunado, mientras que la cola restante había quebrado en segundos el cuello de un enemigo. El desafortunado ninja que fue perforado no pudo hacer más al ser brutalmente partido a la mitad, dejando varias viseras al descubierto... y siendo posteriormente azotado para no dejar algún rastro del cuerpo...

Apuntando al cuello, el emperador había acortado la distancia para arrancar la yugular de un Jōnin, e insertar en este un sello explosivo. Apenas y se podía mantener atado a su cordura, y poco a poco empezaba a perderse en su ira. Cada hueso pulverizado lo incitaba a romper más. Cada músculo desgarrado lo invitaba a destrozar más. Cada órgano desmembrado le pedía arrancar más. La sangre lo bañaba lentamente, sin importar las vidas que estaba tomando. El Raikage, viendo la oportunidad de atacar, se acercó hacia el rubio, envuelto en una armadura de rayos, y sin pensarlo había lanzado un puñetazo que había conectado en el abdomen del Uzumaki... sin siquiera inmutarlo...

Era tanta la ira que desbordaba, que había bloqueado cualquier rastro de dolor, no solamente la sensación, también los daños que podía recibir. Ese golpe, en circunstancias diferentes, hubiese hecho de su estómago un licuado de pulpa sangrienta. Sin embargo, la ira y el chakra Bijū le brindaban una resistencia temporal a medida en que su ira aumentaba... y ese fue el caso...

Clavando sus garras en el brazo del aturdido Kage, empezó a bombear más chakra, cambiando por completo su apariencia. Cubierto por el corrosivo chakra, que lo había dotado con una apariencia menos humana, una tétrica sonrisa y, sobre todo, vacíos cuencos como ojos, carentes de algún rastro de sentimiento, lo que más destacaba eran cuatro colas de chakra que habían enredado al fornido hombre, y sin piedad lo había lanzado hacia el techo de la habitación, incrustándolo. Habría bastado con eso, pero la sed de sangre era demasiada, en especial contra ese desgraciado que autorizó todo el complot contra su amada, por lo que, cargando un poco de chakra, lo soltó en un rugido, un rugido que había destruido todo a su alrededor, acabando con cualquier Shinobi moribundo, y expulsando con violencia al Kage musculoso... directo al exterior del lugar...

Escondidos, cada Jinchūriki, junto a un Uchiha y dos Hyūga apenas consientes, habían visto todo el caos que el emperador había creado. Tenían a la mano el poder que un Bijū les otorgó, pero el nivel del Uzumaki era superior al de ellos. Odio puro en su máximo esplendor. Ese era el motor que lo impulsó a matar a tantos ninjas estuviesen en su camino, dejando al descubierto el verdadero poder de un Jinchūriki. Algo que, a diferencia de ellos, no conocían por completo... un majestuoso y aterrador poder...

Sin ningún contratiempo, el Uzumaki había saltado para salir del lugar. Rápidos zarpazos que escalaban la zona rota, con el objetivo de prensar en un firme agarre al musculoso Raikage, quien todavía estaba en el aire, bajo la luz de la plena noche. La aldea empezaba a alertarse por la situación que pasaba en los momentos. El instinto asesino del rubio era insoportable para muchos aldeanos, en especial para aquellos que sabían de la situación con ambas Hyūga... él desataría su ira con todos aquellos que tocaron a su amada ojiperla...

En el aire, Naruto había prensado al moreno Kage con sus cuatro colas, tratando de asfixiarlo en un intento de acabar con el combate, sin embargo, no se enfrentaba a cualquier enemigo. Moreno rubio de notables músculos, cinturón y pulseras de oro con gran peso que demuestra su descomunal fuerza, junto a una camisa blanca que deja al descubierto sus pectorales y un pantalón de color azul junto a un pedazo de tela café sostenido por su cinturón, terminando con botas Shinobi negras con detalles blancos. Antaño logró cortarle un cuerno a Gyūki en un combate uno a uno, y se coronó como el hombre más rápido del mundo después del deceso de Namikaze Minato. Hijo del Sandaime Raikage, y orgullo de Kumogakure, el actual líder de Kumogakure no Sato, Ē... el Yondaime Raikage...

La velocidad de reacción había sido lo suficientemente rápida como para evitar un completo agarre por las colas del Uzumaki, y con la suficiente fuerza logró invertir los papeles de cierto modo. Ahora era él quien tenía al Bijū agarrado por una de sus colas, y girando para ganar más potencia lo lanzó hacia el piso, enterrándolo en el suelo.

Por más que quisiera, no quería enfrentarse al Kyūbi Jinchūriki. La abrumadora diferencia entre Gyūki y Kurama era notoria a pesar de que el Hachibi parecía tener más fuerza y mayor número de trucos bajo la manga. Por lo que, llamando a la mayoría de sus fuerzas AMBU, se alistó para eliminar al bastardo Jinchūriki. Quería hacerle pagar por lo que hizo, la abrupta interrupción que efectuó antes de llevar a cabo el renacimiento del clan Hyūga en su aldea. ¿Quién era ese niño idiota para elegir los sentimientos antes que el poder? ¿Qué iba a saber un simple niñato acerca de liderar a una aldea? Solo eran dos simples Hyūga que ellos usarían para criar a una nueva generación de niños con Byakugan. Folladas día y noche, durante el resto de su vida, para fortalecer a una aldea que lo merecía. Había interrumpido una oportunidad de oro solamente porque dos idiotas amaban a esas Hyūga a tal punto de ir a salvarlas. En la trastornada mente del Kage, el chico pagaría por lo que hizo... nunca se detuvo a pensar de lo que aquel chico sería capaz de hacer si su amada ojiperla estaba de por medio...

Dos desafortunados aldeanos habían salido a ver todo el revuelo que el impacto había causado, esperanzados a que fuera un entrenamiento que había subido un poco de intensidad. Veían con intriga a los AMBUS que se acercaban a ellos con notoria preocupación, así como a su Kage, quien parecía que les gritaría. Lamentablemente para ellos, no pudieron hacer algo al sentir como una garra perforaba su pecho con violencia. Lo último que alcanzaron a ver fue una capa rojiza que los quemaba por dentro, mientras su vida era arrebatada con severidad. Esto obviamente había enfurecido a Ē, quien en un sonoro grito le había reclamado, era notorio el enojo que sentía.

"¡¿CÓMO DEMONIOS TE ATREVES A ATACAR A MI GENTE?! GENTE QUE NO ESTÁ METIDA EN ESTE CONFLICTO. TU ODIO MEZQUINO TE HA HECHO SER LA VERDAD QUE TODOS DECÍAN A LEGUAS"

"Y crees... que de verdad... ¿Me interesa?"

Una ronca, pero firme voz, distorsionada por el mismo Bijū que portaba, instintivamente todos habían retrocedido, el miedo era algo que empezaban a sentir. No creían que un simple mocoso de no más de nueve años podía hacer un verdadero desastre en su aldea. Cada civil que se asomó, atraído por lo gritos de su líder, solo podía observar a la criatura humanoide, quien reía tenuemente, mandando un escalofrío a cualquiera que lo oyera... incluso a los escondidos Jinchūrikis que veían esto desde lejos...

...

Cada uno de los aliados del emperador miraban con temor e incredulidad la escena que se les permitía presenciar. Una inmensa cantidad de poder que los hacía temblar y a la vez, sentir un respeto aún mayor al que le tenían a su emperador. Momentos atrás había llegado Fugaku con el resto de viajeros que se habían quedado atrás, una invocación inversa había bastado para traer a todo el grupo, y a la vez invocar más halcones para ayudar a escapar a todos los civiles y ninjas que Kirabi había rescatado, muy a pesar de que el patriarca Uchiha hubiese quedado inconsciente. La detección había funcionado el tiempo suficiente para lograr todo en un solo movimiento, aunque lo había agotado severamente y tenía ligeras quemaduras. A pesar de todo, habían tenido que decidir quién se iría y quien se quedaría.

No solamente para proteger a cada civil en caso de una emboscada. Debían de cuidar de que el Uzumaki rubio saliera vivo de ese lugar. Era obvio que los cinco Jinchūrikis se quedarían junto a Obito, Ya habían rescatado a ambas Hyūga, quienes eran la prioridad en todo. Kanna y Mikoto se habían ofrecido para escoltarlas hasta Otogakure, por lo que el Uchiha no debía de preocuparse por ninguna de las dos. Antes de que partieran todos, una tenue voz se alcanzó a escuchar. Todos reconocían esa cálida voz del bulto que se retorcía, tratando de alcanzar algo... y a quien más le afectó fue directamente al Emperador...

"Naruto... no... no te quiero perder..."

Aquél murmuro había sido percibido por un Uzumaki en apuros. El Raikage, junto a un Kage Bunshin impulsado por chakra Raiton lo había aprisionado en un potente Lariat doble. Una de las técnicas más poderosas que podía ejecutar. El objetivo del ataque era tratar de decapitar al rubio Uzumaki en un movimiento preciso y letal, sin embargo, el rubio había alcanzado a bloquear el ataque con sus colas y sus brazos, aunque no era suficiente. Las mismas colas lo empezaban a asfixiar y sus brazos empezaban a quebrarse por la fuerza de presión, sin embargo, escuchar, aunque fuera un instante, la quebrada voz de su amada Hyūga, bastó para renovar momentáneamente sus fuerzas, y con un pequeño impulso había creado una abertura entre el Raiton Bunshin y él, logrando una vez más aumentas su poder... demostrado en una quinta cola de chakra...

La nueva extremidad había logrado impactar en el corazón del clon, disipándolo por completo, aunque recibió una buena carga de electricidad, eso, sumado a que ahora el Raikage podría crear una abertura para hacer espacio y planear, terminó con el rubio saliendo disparado hacia varias construcciones en el lugar. Los aldeanos, en medio del caos, eran auxiliados por varios ninjas para que llegaran a salvo a los refugios, sin embargo, eso se había vuelto imposible, debido a la presencia de los Shinobis de Otogakure... quienes estaban divirtiéndose a lo grande...

El Cuatro del sonido se abría paso a través de la fuerza combinada. Si bien fuera de combate se llevaban de la verga, en equipo podían trabajar muy bien cuando de verdad se ponían serios. Jirōbō tenía en sus manos múltiples huesos pertenecientes a sus enemigos. Kidōmaru tenía entrelazadas entre varias telarañas múltiples corazones ensangrentados, algunos todavía bombeaban, señal de que sus víctimas habían perecido recientemente. Sakon y Ukon saltaban de víctima en víctima, asesinándolas desde su interior. Cada una de sus desdichadas presas gritaban de dolorosa agonía antes de morir por su Kekkei Genkai. Mientras tanto, Tayuya tenía bajo su control a sus tres Doki, los cuales se encargaban de destrozar y desmembrar a cualquiera que tuviese en frente. Para la fortuna de los cuatro, habían encontrado lo que buscaban en medio del despacho del Raikage, terminando ahí gracias a una víctima que se había escapado de un Doki de Tayuya... ahora solo les quedaba escapar del lugar...

Siendo el sádico bastardo que es, Orochimaru no tuvo una mejor idea que salir de su escondite, usando como salida los refugios civiles para generar más caos. Recolectar las cuatro armas había sido una faena incluso con los Kage Bunshin habían sido obligados a gastar una insana cantidad de chakra, y a penas les quedaba lo suficiente para realizar una invocación, aunque, no planeaba invocar a una simple serpiente... era Orochimaru y sin Manda estorbando tenía libertad para hacer algo a lo grande...


Manda era antaño su invocación personal, sin embargo, Anko le había propuesto un trato a él, junto a los ancianos serpientes de la cueva Ryūch (o Ryūchidō para abreviar) quienes aceptaron sin dudar, dándole la espalda al Sennin, sin embargo, una de tantas no aceptó el trato, ya a sabiendas de lo que podría pasar si aceptaba. Como resultado, se acercó a Orochimaru para informarle de su decisión, y como prueba de su palabra, gracias a uno que otro trabajo hecho por el azabache, la líder de Ryūchidō, la Sabia de la Serpiente Blanca le dio a Orochimaru permiso para invocar a una exclusiva selección de serpientes bajo su mando y su régimen de entrenamiento... en especial un conjunto de estas...

Lo que caracterizaba a las serpientes que estaban al mandato de la líder era que destacaban más en sus atributos físicos, las guerreras de élite tenían habilidades extrañas, e incluso podían manipular elementos como si de respirar se tratase, y llevaban nombres extraños, otorgados por quienes tuvieron la dicha de verlos a lo largo de los años. Mamlambo (Mitología Sudafricana y Zulú), larga serpiente que vive en ríos y es una maestra en el uso del Suiton. Genbu (Japón y China antigua), bestia con apariencia de tortuga y serpiente, de negruzco color como la noche y un dominio sin igual con el Doton. Uróboro (Principalmente usado en el Antiguo Egipto y la Antigua Grecia), Serpiente de robustas escamas capaz de enrollarse al morder su propia cola, obteniendo así un aro con el cual puede ejecutar un ataque que pulveriza todo lo que toque, sin importar lo que sea.

Serpientes como estas había muchas, sin embargo, había cinco de ellas que destacaban por su poder, su habilidad, y la historia que habían tejido alrededor de ellas, cuatro guerreros con títulos atribuidos a su gran poder, y a sus propias hazañas que lograron en su entrenamiento.

"La serpiente de Midgard"

"El pacifista solitario"

"La gran divinidad de los sortilegios"

"La heredera de la Guardiana Pitón y el monstruo Lerna"

Cada uno con un poder que podía destruir con facilidad el Continente Elemental, siendo comandados por la quinta serpiente, el próximo líder del clan y con una habilidad indescriptible. Solo por debajo de la actual cabeza del clan...

"Emplumada"

Una gran serpiente roja, escamas gruesas y una imponente mirada, dando preludio al caos que podría desencadenar, cubierta por pequeños pétalos de múltiples árboles, rodeando algunas partes de su cuerpo, su fuerza y agresividad eran únicos, y a pesar de ser invocado con el menor tamaño posible, los veinte metros de largo que mostraba eran señal de lo destructivo que podía llegar a ser. Conocido como la "Serpiente de Midgard" en las leyendas que lo rodean, la única serpiente que ha sido capaz de rodear la Tierra tras morderse la cola. El preludio del Ragnarök... Jörmungandr...

"Veo que has elegido un buen momento para desatarme Orochimaru. Que nuestra fuerza ilumine esta gloriosa batalla"

Dejando caer su cola con firmeza, la mítica serpiente había destrozado uno de los tantos refugios esparcidos por toda Kumogakure. Cada pedrusco aplastó sin piedad a cualquier civil que estuviera en el lugar, resguardándose del Jinchūriki. Tres fuerzas a la par estaban diezmando con fiereza a las fuerzas de Kumo. Sin embargo, una de ellas ya estaba fuera de control... junto con una sexta cola de chakra a su espalda...

El Kyūbi Jinchūriki, en la necesidad de mantener a raya a cada AMBU del lugar, se había forzado a sacar una nueva cola de chakra, con la cual trataba de mantenerse a raya con la fuerza descomunal de Ē. Dos AMBUS terminaron con varios huesos fuera del lugar al ser usados como azotadores, bloqueando cualquier ataque de los Jōnin. Un barrido había sido hecho por un Shinobi de Kumo, siendo combinado con dos Jutsus Raiton. Viendo aproximarse los ataques el Uzumaki se dejó caer al suelo, extendiendo sus colas para tratar de empalar a sus enemigos. Fallando estrepitosamente. El temblor provocado por Jörmungandr había desestabilizado todo el lugar, provocando que varias casas a la redonda colapsaran. Forzando a cada Kumo Shinobi a retroceder con tal de salvarse. Ē había salido disparado hacia el emperador, con la esperanza de acabar con él al enterrarlo bajo los duros escombros. Agarrándolo de la cabeza, fue azotándolo contra el duro concreto que había en el lugar, rompiéndolo en el proceso y a la vez, provocando heridas severas en el Uzumaki. Antes de impactar en el suelo por completo, las colas de chakra se habían clavado en diferentes pedazos de concreto grueso, y antes de tocar el suelo los pedazos de concreto terminaron estampados en Ē, quien por el dolor se vio obligado a soltar al rubio... cometiendo un grave error al no alejarse...

En el momento en que el Uzumaki dejó de sentir el agarre, rápidamente se enderezó, colocando sus pies en un fragmento de pared, y de un fuerte impulso salió disparado hacia el Raikage, envolviendo el torso del moreno con sus seis colas. A diferencia de la vez anterior, las rodillas y garras del rubio habían lastimado las extremidades del moreno, para así evitar que se zafara al momento de maniobrar. Corriendo con rapidez, el emperador empezó a chocar con fuerza en los múltiples edificios que seguían en pie, hiriendo constantemente al Raikage, quien sentía sus huesos quebrarse ante el severo castigo del Uzumaki. Contaba varias costillas rotas, un par de tendones y ligamentos rotos. Los huesos de su brazo izquierdo estaban fuera de lugar, y el sangrar en sus piernas solo era señal de que ya estaba casi al borde de su colapso. No pudo pensar más al sentir un choque de carne, el resultado de haber sido empleado como azotador para diezmar a los AMBUS que trataban de salvarlo.

Dos AMBUS habían terminado pulverizados en un simple movimiento provocado por las colas del rubio. A la par, dos Chūnin que trataban de ayudar terminaron decapitados por las garras del rubio, regando sus restos a lo largo de las calles. Usando al Raikage para frenar el avance, había roto dos varas Bō de un Jōnin, usando el resto como proyectiles para atravesar los ojos del mismo Jonin, asesinándolo en el instante y regando los restos de su cráneo en una de las paredes del lugar. Desmembramientos y asesinatos a la vista del Raikage, quien trataba de liberarse sin éxito... su jugada con ambas Hyūga le había costado caro...

Poco a poco las fuerzas Shinobi de Kumo, junto a la población civil disminuían conforme el Uzumaki avanzaba, así como lo hacía Orochimaru y los Cuatro del sonido. Cada uno se había encargado de diezmar a parte de la población. El Kyūbi Jinchūriki estaba ahora rodeado por una gran cantidad de miembros pertenecientes al escuadrón del Rayo Negro. Cada uno usaba el Ranton en ráfagas múltiples para no dejar paso a cualquier intento de escape por parte del rubio. Rayos de color negro iban y venían, atacando sin piedad al emperador quien a duras penas podía esquivar. Varios ataques ya lo habían impactado en zonas de importancia. Sus brazos ya no respondían ante los intentos de moverlos para atacar, sus piernas estaban colapsando en sí mismas y las colas de chakra apenas podían responder, debido a que seguían sujetando al Raikage, fue en un ataque combinado triple, que había impactado en su cabeza, torso y piernas. Por inercia sus colas se habían retraído en un intento de protegerse... dejando libre al moreno Raikage...

Al momento de sentir que era libre del agarre que ejercían sobre él, Ē había soltado un certero golpe en toda la espalda del Uzumaki para incapacitarlo. Era obvio que lo logró gracias al crujido que se había escuchado, junto al alarido de dolor. A pesar de eso, el rubio seguía a cuatro patas, tratando de seguir en combate, pero el gusto no le había durado lo suficiente. Múltiples rayos impactaban en su cuerpo, y a pesar de traer la capa de chakra Bijū no era suficiente debido al agotamiento que tenía físicamente. Poco a poco empezaba a ceder por su cansancio. Aprovechando la oportunidad, el Raikage lo había agarrado de sus colas y sin piedad empezó a azotarlo por todo el lugar. Los huesos se quebraban, su cabeza tenía severas contusiones, los pulmones empezaban a fallar, y poco a poco empezaba a perder la protección de chakra. Todo había terminado en el momento en que dos golpes habían quebrado sus piernas, provocando un grito cargado de dolor, y sin piedad había sido lanzado, enterrándose varios fragmentos de vidrio y metales alrededor de su cuerpo.

El Uzumaki perdía poco a poco su transformación, y lo único que había alcanzado a apreciar era al Raikage y sus hombres acercarse lentamente hacia su posición. Un rostro lleno de arrogancia, superioridad, alardeando de su poder. No iban a detenerse en ningún momento a darle clemencia, algo que no le habían dado a su Emperatriz según sus recuerdos. El rostro lleno de dolor, las súplicas llenas de desesperación, sus gritos cargados de sufrimiento, algo que esos bastardos le habían hecho vivir, y en ningún momento se arrepentían de haberle hecho a SU AMADA HINATA, no se iba a detener tampoco, no iba a detenerse hasta ver cómo suplicaban por piedad. Borraría ese rastro de superioridad y los haría ver la diferencia de poder. No le importaba ya vivir, solo quería vengar a su amada por haberle fallado a su promesa... y lo haría liberando todo su dolor...

A su alrededor se podía ver como la tierra empezaba a temblar, poco a poco las pequeñas piedras del lugar empezaban a levantarse, el polvo se arremolinaba en un pequeño vórtice, la presión y el instinto asesino aumentaba gradualmente, y el odio combinado de Jinchūriki y Bijū se dejaba sentir en todo el lugar. Poco a poco se podía ver al rubio Uzumaki levantarse todo mal herido, con una ira incontrolable y unos ojos inyectados en sangre. El Chakra Bijū empezaba a formar una cúpula negra, de la cual solo dejaba visible los ojos del Kyūbi, junto a la mirada de cazador que este lanzaba a sus presas. Nadie, ni siquiera Jörmungandr se había movido debido a que reconocía esa presión de chakra. Incluso los Bijūs resguardados en el resto de los Jinchūrikis cercanos tenían miedo de lo que pasaría después. Aquella cúpula de chakra había agrandado un poco, mandando un rayo al cielo y, en un tenue momento había alumbrado el lugar. Casi al instante desapareció, dejando ver una vez más al Emperador... y una nueva transformación...

Chakra rojizo con toques negros, siete colas a su espalda y una mirada verdaderamente amenazadora. Lo que más destacaba era la 'armadura' de huesos que dejaba verse, la cual recorría la cabeza, espalda, brazos y piernas, brindándole una mayor protección, un mayor apoyo para atacar y una manera para seguir de pie sin importar los huesos rotos. Cada paso que daba dejaba una marca de pisada en el suelo, cada segundo que pasaba aumentaba más su ira, una mirada que mostraba miles y miles de maneras en las que se podía desmembrar, torturar, cercenar y descuartizar a un humano sin siquiera usar alguna herramienta. Lo único que se podía apreciar era eso... la muestra del verdadero poder del Emperador...

En un instante, la distancia entre los AMBUS, el Raikage y el Uzumaki se había acortado. Gracias a la nueva armadura externa que tenía no necesitaba atacar directamente para causar daños graves a los enemigos con los que se cruzara. Bastaba con simplemente rozarlos para desgarrarlos. En segundos solo se podía ver un borrón rojizo corriendo por todo el pueblo de Kumo, embistiendo a cualquiera que formara parte de la aldea. Civiles o Shinobis, el Emperador no tenía ninguna consideración en detenerse a ver a quién embestía. Le bastaba con sentir la carne de su víctima, desgarrándose al entrar en contacto con los huesos que había en el Uzumaki. Si el borrón rojizo no dejaba en claro que por ahí había pasado lo podía hacer el rastro de sangre, lo gritos de dolor y las múltiples heridas que había dejado en los demás.

Ojos arrancados, algunos colgando todavía de las ensangrentadas cuencas de la cara, sumado a ello la inexistente carne que dejaba al descubierto el músculo o el cráneo de las presas. Viseras colgando de varios AMBUS, todavía en un precario funcionamiento, el interior de algunos AMBUS era visible a pesar de tener protección en su torso. Extremidades cercenadas de una grotesca manera, siendo sujetadas apenas por un fino rastro de músculo, piel o venas que no habían sido cortadas. Cada grito alertaba más al asustado Kage, quien no sabía qué hacer en esos momentos. Por Kami, él había luchado contra el Hachibi cuando su anterior Jinchūriki colapsó, al punto de cortarle uno de sus cuatro cuernos. Había sido un orgullo para él, pero ahora, había tocado fondo.

Era un simple mocoso el que estaba diezmando a su gente, y todo gracias al simple hecho de que se enojó porque su noviecita había sido elegida para 'renacer' al clan Hyūga en un nuevo horizonte. Algo que cada clan hacía, incluso los mismos Hyūga llegaron a hacerlo. No obstante, cada segundo que pasaba la abría los ojos. Bien sabía que en la guerra y, para desgracia de muchas relaciones, en el amor todo se valía. Ahora esa misma frase le daba una gran patada en el culo. El amor que el Emperador le profesaba a su Emperatriz era tal que sacrificaría sin problemas a una aldea con tal de protegerla, y a pesar de todo, había algo que finalmente contemplaba. Su adversario no era un Jinchūriki que contenía al Hachibi, el Bijū más fuerte y resistente hablando físicamente. Era un Uzumaki, entrenado cuidadosamente en las artes del remolino, y si eso no bastara, era un Jinchūriki... resguardando al Bijū más letal...

Ninguno de los Jōnin o Chūnin podían darle pelea al Kyūbi Jinchūriki, quien simplemente le bastaba con rozar a su enemigo para que la armadura de huesos hiciera su trabajo y desgarrara a sus oponentes. Ningún AMBU podía acertarle algún tipo de proyectil o trampa improvisada para tener la mínima oportunidad de asestarle un golpe. Ni siquiera el escuadrón del Rayo Negro podía paralizarlo con su Ranton. Ē solo podía comandar a sus fuerzas con la esperanza de lograr algo. Y no fue hasta quedar solo que vio como el mismo borrón que había hecho la masacre anterior finalmente apuntaba a él... directamente a su espalda...

Arqueándose por el dolor al sentir el impactado, el moreno salió disparado a una pared, quedando enterrado en esta o en lo que quedaba. Inmediatamente el rubio empezó a lanzar con sus colas de chakra múltiples objetos con el fin de reducir su rango de movimiento. Rocas, cuchillas, fragmentos de vidrio o los huesos que tenía a la mano de los magullados cadáveres que había en el lugar. Era tal la fuerza del lanzamiento que fácilmente los objetos lanzados entraban con facilidad en el Raikage, a tal punto de que atravesaba la pared. Poco a poco Ē empezaba a perder el conocimiento, presa del dolor, cosa que deseaba hacer en ese preciso momento... y cosa que obviamente el Emperador no permitiría...

Blandiendo sus colas a modo de látigo, el Uzumaki empezó a azotar al Raikage, impactando en múltiples articulaciones para inmovilizarlo por completo. Cada golpe inyectaba una fina pizca de chakra Bijū, envenenando lentamente el sistema de Bobinas del Kage. Poco a poco el dolor se volvía más intenso, siendo tal que llegó el punto donde los alaridos de dolor se volvía la música que el rubio Uzumaki adoraba escuchar. Una vez el rubio creyó que había sido suficiente, dejó de azotarlo, clavando cuatro de sus colas en sus extremidades, sosteniéndolo firmemente para evitar que volviese a escapar de un agarre hecho, al momento de tenerlo sometido, Naruto no dudó en lanzar al aire a su oponente, en dirección a la torre del Raikage. Toda Kumogakure podía ver a su líder volando por los cielos, magullado, ensangrentado y con un notorio cansancio. Orochimaru, su alumno y el grupo a su mando ya se encontraba al lado de los Jinchūrikis, junto a Obito, Samui y Mabui, quienes se negaron a dejar a su amado hombre. Todos veían con verdadero asombro a Ē, quien trataba de equilibrarse en el aire para moverse fuera de la vista del rubio.

Una inmensa manifestación de poder crecía poco a poco, chakra Bijū en forma de pequeñas esferas negras y blancas, que se juntaban en un mismo punto, creando una más grande y de un intenso color morado con algunos toques negros. En medio de todo eso, se podía apreciar al Kyūbi Jinchūriki, quien acumulaba la masa de energía pura en su boca abierta, apuntando al Raikage. Chakra Pulse era un ataque muy ocupado por los Bijūs, pero este ataque era la estrella, y era lo que los hacía tan temidos. Jörmungandr y cada Bijū temblaba ante la técnica. No era en sí por el poder, era por la manera de usarlo. Gyūki lo llegó a realizar usando esa variante, pero no al nivel que lo podía ejecutar Kurama. Al momento de crear la gran esfera, esta empezó a comprimirse, llegando a ser simplemente una bolita negra que fue 'tragada' por el rubio Uzumaki, generando alrededor de él un cráter debido al poder... un poder único...

En completa y armoniosa unión, Kurama y Naruto estaban listos para el ataque, un ataque cargado de dolor y resentimientos por los errores que habían cometido. Mientras el rubio sostenía la esfera dentro de sí, el Bijū se encargaba de aumentar el poder hasta el punto máximo. No había otra oportunidad, y ni siquiera el cansancio los detendría. Fue en el momento en que un gran fragmento de roca había cruzado el camino, en que ambos soltaron la técnica, gritándola desde lo más profundo de su ser.

"¡¡¡BIJŪDAMA!!!"

Un haz de luz rojo había sido disparado, y solo bastó tocar la roca, para desencadenar su efecto inmediato... un verdadero efecto devastador...

En un simple instante, el haz rojo se volvió un inmenso rayo blanco, el cual destruía todo a su paso, sin dejar rastro de que alguna vez existió. Las desafortunadas víctimas habían desaparecido al momento de sentir el poderoso ataque. Ráfagas de aire que sacaban a volar todo a su alrededor, árboles arrancados de raíz, casas completamente destrozadas. Todo había quedado reducido a escombros. El Raikage había salido del rango de ataque a último minuto, y esperaba una manera de contraatacar, sin embargo, nunca notó un detalle importante. Su brazo izquierdo no había reaccionado a tiempo, no podía sacarlo a tiempo, y con un inmenso miedo solo pudo observar como el haz de poder cercenaba parte de su brazo... destruyéndolo al instante...

Todo el daño podía ser visible en el momento en el que el poderoso ataque se desvaneció con el viento. No había dejado rastro más que el que se podía apreciar en el suelo. Varios habían perecido en el instante, y a todo ello, había un pequeño grupo que apreciaba con terror lo que el Kyūbi Jinchūriki había hecho.

Que... que pa... ¿Pasó?... -tartamudeo Samui totalmente aterrada-

Bijūdama, es el ataque más poderoso que un Bijū tiene -explicó Jörmungandr con notoria admiración-

Pero ¿Cómo es que logró hacer todo ese desastre por sí solo? -cuestionó Mabui sin poder creer lo que el Kyūbi Jinchūriki podía hacer-

Es la especialidad de Kyūbi, a pesar de que poseemos atributos únicos, Kurama sigue siendo el más fuerte, aunque no sabemos realmente que es lo que lo hace imparable. Creemos que su odio puede impulsarlo -comentó Isobu tomando el control del cuerpo de Yagura-

No lo sé, pero deben de hacer algo, miren como el mismo Uzumaki empieza a perder el control -añadió la invocación viendo cómo el rubio azotaba su cabeza en el suelo mientras la agarraba con fervor-

¡¡¡MIERDA!!! Obito, ¿Dime que lo encontraste? -gritó Gyūki tomando un control parcial del cuerpo de su anfitrión-

Toma -exclamó el Uchiha, sacando el objeto de su dimensión de bolsillo-

Bien, Kirabi, en el momento en el que abras la vasija todo el chakra que se me ha robado entrará a ti de una manera muy brusca. Forma un círculo con los demás Jinchūrikis para que puedas soportar la carga de chakra. No estoy tentado a averiguar qué es lo que pasaría si tienes una sobrecarga masiva -indicó el Hachibi, dejando de controlar el cuerpo de su anfitrión-

Entiendo. Pero ¿Qué se supone que debamos hacer? -preguntó el moreno sin idea presente-

Traten de frenarlo agotándolo, o en este caso agótenlo lanzando cada quien una Bijūdama combinada -propuso el Sanbi-

¿No lo matará? -cuestionó Orochimaru, analizando la situación-

No en este caso, pero deben apurarse, si continúa así terminará por morir debido a la presión -sentenció Jörmungandr con seriedad-

Entendido -respondieron a coro los Jinchūrikis-

Poco a poco el Uzumaki empezaba a perder el control totalmente. Ya se había forzado a sacar más colas de las que realmente podía controlar, y era por Kurama que no se había perdido, sin embargo, lanzar la Bijūdama había hecho romper ese límite. No soportaba la presión que su cuerpo tenía, y en sí el odio lo había consumido hasta un punto en el cual ya no podía mantener la escaza cordura que tenía a la mano. Agarrándose la cabeza, Naruto trataba de soportar el dolor que su cuerpo y mente sufría. Una insana presión, sumado a las heridas que finalmente resentía por completo, era lo que tenía que soportar el Uzumaki, y finalmente solo pudo ceder ante la abrupta sensación... dejándose cegar por las emociones que sentía...

Perdido finalmente en un abismo del cual no parecía posible la salida, el Emperador empezó a destrozar cualquier cosa que se le pusiera en frente. Incluso si era el propio suelo el que debía de atacar. No había reparo en atacar cualquier cosa que los rojizos ojos del Jinchūriki viesen, ningún razonamiento lógico podía frenarlo, o los insistentes intentos que los Shinobis de Kumo hacían para diezmarlo.

Tratando de acercarse, el escuadrón del Rayo negro lanzaba Jutsus Ranton sin parar, intentando hacerle daño como anteriormente lograron. A la par, cada Jōnin disparaba con brusquedad todo su arsenal para tratar de hacer algo. Sin embargo, al Uzumaki no le importaba en ese estado cualquier ataque que impactara en su cuerpo, daba igual en ese frenesí cargado de un inmenso poder, nadie esperó ver como los ataques impactaron en el Emperador y nunca lo detuvieron.

Deslizándose por el suelo, con colas y garras extendidas para abarcar más rango de ataque, el Emperador empezó a destrozar sin piedad a sus enemigos. En el momento en el que se había deslizado empaló con éxito a dos Jōnin desprevenidos, un Chūnin que había por ahí terminó descuartizado por una de las garras del rubio, el resto por fortuna habían logrado esquivar el primer ataque... de los siguientes no se podría decir los mismos...

Al momento en el que el Uzumaki se levantó del suelo, las colas de este empezaron a girar en un esfuerzo por hacer un poco de distancia, y acumulando una insana cantidad de chakra Biju, golpeó el suelo, liberando todo ese poder en una poderosa onda.

"¡¡¡CHAKRA PULSE!!!"

La onda de chakra había debilitado severamente a cada Kumo Shinobi. Sin la posibilidad de moldear su chakra estaban a merced del Uzumaki descontrolado. Nada podía detenerlo, y no tenían a la mano alguna manera de defenderse... finalmente se habían dado cuenta que cometieron un grave error...

El rubio no tuvo piedad en darles descanso, incluso si estaban muertos o no, no dejaría rastro de nada ni nadie. Azotando con sus colas los cuerpos hasta volverlos un simple charco de sangre. Destrozando cada parte, arrancándolas con sus colas hasta no quedar ningún rastro. El miedo se había apoderado de los corazones de los Ninjas de Kumo, no había ninguna reacción presente más que el pánico colectivo, sin ningún movimiento, cada ninja solo esperaba a su muerte, una muy agonizante y dolorosa... todo por haber cometido el error de secuestrar a Hinata...

La sangre se arremolinaba en pequeños chorros que corrían libremente por el sitio, formando al final del recorrido un gran charco de sangre, en medio de todo esto Naruto seguía masacrando a tanto Shinobi trataba de frenarlo en un intento de tranquilizarlo, aunque ya no había esperanzas según ellos, una octava cola había surgido gracias a varias espadas que lo habían atravesado por completo, forzándolo a bombear más chakra. Ambos, Bijū y Jinchūriki, ya estaban en su límite... un accidente más y todo se saldría de control...

Antes de que el rubio avanzara a algún lugar, una gran esfera de agua impactó en su pecho, ¿La razón? Yagura, junto a Obito, Samui, Mabui y el resto de Jinchūrikis estaban preparados para frenar el avance de su líder. No tenían idea de que tanto aguantarían contra el Emperador, pero harían un intento para pararlo a como diera lugar.

Fū, a tu derecha, Kirabi, conmigo a la izquierda, el resto traten de cerrarle el paso -ordenó Yagura con autoridad-

Mierda -maldijo Fū volando para esquivar una cola de chakra del Kyūbi Jinchūriki-

¿Cómo es que planea frenarlo? -preguntó con cierta incredulidad Mabui-

Necesitamos agotarlo lo suficiente como para dar tiempo a un ataque. Según la invocación de Orochimaru hacer una Bijūdama para golpear a Naruto tardaría alrededor de dos minutos, y si consideramos que los cinco deben de hacer un mismo ataque a la vez, dejaría solamente a Samui, Mabui y Obito para pelear -comentó Rōshi, esquivando dos zarpazos-

Obito sería el único que tendría una leve oportunidad para luchar contra el Emperador, sin ofender chicas -comentó Kirabi, disculpándose por lo último-

No hay problema -comentaron ambas chicas a sabiendas de que no podrían hacer mucho-

Pero ¿Cómo podríamos frenarlo? -cuestionó Samui con algo de miedo-

Me encargaré de eso -sentenció la gran invocación del Sennin-

¿Qué demonios? -cuestionaron a coro los presentes-

Llámenme Jörmungandr. Es hora de que también les regale una mano -exclamó el mencionado-

¿Cómo piensa hacerlo? -preguntó con cierta incredulidad Gaara-

Junten ustedes el Chakra necesario para su ataque, me encargaré de luchar con él -sentenció Jörmungandr-

¿Seguro? -preguntó Obito con dudas-

Solo prepárense -ordenó la gran serpiente de Midgard-

Obito, ayuda a Jörmungandr a combatir al Emperador -añadió Orochimaru desde la cabeza de su invocación-

Samui, Mabui, cuídenos mientras juntamos el chakra suficiente para el ataque -pidió Kirabi mientras se alejaba con el resto de Jinchūrikis-

Entendido Kirabi. Nos encargaremos de cubrirlos -respondieron ambas mencionadas, sacando un tanto por parte de la rubia y un Kunai por parte de la peliplata-

Listos. Orochimaru, encárgate por favor -pidió Obito desapareciendo en su vórtice dimensional-

Vamos Jörmungandr -sentenció el azabache albino con emoción-

En corto, Orochimaru, junto a su invocación ya estaban peleando contra el rubio Uzumaki, zarpazos iban y venían en una incesante lluvia de golpes. La gran serpiente admitía que el rubio tenía una determinación para continuar. Lo había aplastado, lo había mordido e incluso se había enroscado a su pequeño cuerpo en un intento de noquearlo al bloquearle el oxígeno, pero había fallado. No por nada Kurama había salido bien parado de muchas situaciones.

Apareciendo a momentos, Obito salía de su dimensión de bolsillo, en un intento de atraparlo y retenerlo el mayor tiempo posible, pero era demasiado complicado, al punto de que en varias ocasiones había estado a punto de perder su ojo. Tenía ya un cansancio crónico, y lo único que quería hacer era llegar a Otogakure y velar por su amada Natsu, pero debía de llevar consigo al Emperador... Hinata no dejaría solo a su amado, al igual que Natsu...

Siguiendo con el asalto, la gran serpiente se había enterrado en tierra para tratar de arrastrar al rubio, y en caso de fallar asestar un golpe sorpresa. Ambos habían fallado. Obito trató de usar el Mokuton para inmovilizarlo, pero también había fallado. Las garras de chakra eran realmente impresionantes si se dejaban llevar. Habían rasguñando la dura y escamosa piel de la invocación, y cortaron con facilidad la madera de Obito. Ese último detalle fue la solución que podían tener... y Jörmungandr era experto en eso...

"Orochimaru, te estoy dando estos sellos, realízalos por mí y fluye todo tu chakra en mí, me encargaré de esto de una buena vez"

"Está bien, pero ¿Tardará?"

"No tanto, pero hay que apurarse, las dos chicas están en problemas"

Y era cierto, Mabui y Samui lidiaban contra pocos Jōnin que había en el lugar, pero iban creciendo poco a poco, y a pesar de darlo todo pronto serían sobre pasadas. Sin pensarlo, Orochimaru hizo lo ordenado, mientras Jörmungandr se encargaba de lo demás, gritando el nombre de la mortal técnica...

"Mokuton: Raíces paralizantes de Yggdrasil"

Del suelo, múltiples raíces gruesas y de un brilloso verde salían disparadas contra el rubio, quien al verse acorralado trató de escapar para poder recuperar un poco de energías. Si bien las raíces eran lentas, tenían la cualidad de frenar al instante cualquier intento de escape una vez se enredaban en su oponente, impidiéndole usar cualquier tipo de Jutsu para zafarse del agarre, algo que los Jōnin que estaban hostigando a ambas chicas que se encontraban alejadas experimentaron de primera mano. Con éxito las raíces habían envuelto a Naruto, quien no podía moverse. Obito, por su parte, Había logrado conectar un golpe en el cuello del rubio. No lo frenaría, pero lo distraería lo suficiente para que el rubio dejara de forcejear.

"¡¡¡AHORA!!!"

El grito había sido escuchado por los Jinchūrikis, quienes tenían la misma capa de chakra Bijū, a excepción de Gaara, quien tenía arena en la mitad de su cuerpo, asimilando la apariencia de Shukaku. En la boca de cada uno había una esfera que se veía inestable. Y era debido a que no habían tenido la práctica como para realizar un ataque de tal magnitud. La capa de chakra provocaba una gran presión y un constante dolor. A pesar de todo cada uno de ellos se acercó al rubio, tomando una distancia considerable para simplemente soltar su ataque.

"¡¡¡BIJŪDAMA!!!"

La combinación de ataques había bastado para crear un gran radio de explosión, dejando severamente lastimado al Emperador y a los Jinchūrikis, debido a la exigencia que el ataque les pedía. Sin poder resistirlo, los seis Jinchūrikis habían caído... finalmente habían frenado al Uzumaki...

De los escombros del lugar, el Raikage salía si parte de su brazo izquierdo, mutilado por la primera Bijūdama, posó su vista en un gran cráter solo para notar al rubio Emperador que había causado tantos estragos en su aldea. Sin pensarlo, salió corriendo en un intento de acabar con la vida de Naruto, frenado al instante cuando un azabache apareció atrás del rubio ojiazul, solamente para atraparlo en un vórtice dimensional y ponerlo a salvo, junto al resto de Jinchūrikis. Orochimaru se había tomado la libertad de desaparecer junto a Jörmungandr, mientras que Samui y Mabui habían entrado en la dimensión de bolsillo de Obito para esquivar el radio de explosión de la Bijūdama. Antes de que Ē pudiese hacer algo, un Kunai había perforado en su pierna izquierda, obligándolo a arrodillarse... a merced de un furioso Uchiha...

...

"Escucha bien malnacido... una vez más... en que a tu cabeza carente de inteligencia se le ocurra secuestrar a Natsu-chan o a la Emperatriz para tratar de abusar de ellas... y no habrá piedra que levante... océano en que nade... volcán que no cruce... para asesinarte lenta y dolorosamente maldito bastardo de mierda... y créeme que me dará igual usar a Kumogakure para hacerte salir... no dejaré a mi amada Hyūga a tu merced, hijo de perra"

...

Noqueándolo para retirarse sin problemas, Obito había lanzado la advertencia al aire, dejando atrás una aldea en ruinas, y con varios cadáveres apenas y reconocibles. Para Kumogakure había sido claro el precio que pagaron por la idiotez de su líder. Había personas que no dudarían en arriesgar su vida para salvar a sus amadas. Uchiha Obito había demostrado que no le temblaría la mano para salvar a Natsu, SU Natsu, de cualquier peligro que ella no pudiese superar... pero fue en claro que nada de eso podía compararse...




A la ira del Emperador...

Datos y demás weas:

Ø Aquí pondré los informes a futuro para que no los interrumpa apenas comenzar, dejando eso de claro vamos con lo que nos importa.

Ø Este ha sido, hasta el momento en el que se publicó esta parte, el capítulo más difícil de escribir, y no era por la única razón de que no sabía cómo irlo llevando, me faltaba demasiada inspiración y muchas energías para hacerlo, incluso hice primero el capítulo siguiente y parte del que sigue, debido a lo mismo. Este mes ha sido fatal para la inspiración :c

Ø Tanto es así, que fue el motivo por el que no lo clasifiqué como 18, me había disgustado ciertas partes como para decir que todo era gore, por lo que mejor quité la advertencia.

Ø Puede que no queden satisfechos. No los culpo, realmente tampoco quedé satisfecho, pero si les soy sincero si seguía tardando en añadir y/o quitar partes este capítulo hubiera tardado más tiempo, de por sí los dejé un mes sin actualizar, no quería tardar más. En el futuro editaré el capítulo para que quede a la talla.

Ø La idea de meter cinco serpientes representativas de ciertas culturas surgió debido a una historia que leí hace tiempo. Y en el futuro cada serpiente será de gran importancia para la historia, dando así una introducción a Orochimaru siendo del bando de los Emperadores.

Ø Spoiler: La mención de la heredera de Pitón y Lerna es en sí una serpiente inventada por mí, No me decidía si poner a la Pitón, (Pythōn, Hija de Gea y quien custodiaba el oráculo de Delfos antes de que Apolo la matara/sacrificara) O a la Hidra de Lerna (Todos conocen parte de la historia, por lo que no daré referencias). Ambas tenían relevancia, y al no decidirme opté por inventar una serpiente que representara a ambas en un solo ser.

Ø No se hagan tontos, si hablamos de serpientes todos reconocerán a la última que se menciona, y sí, su presentación será casi al final de la historia, así que esperen a que aparezca.