OBEDIENTE.
Theta se encontró frente a él, sus manos extendidas obedientemente hacia su cuerpo, él la esperaba con ojos anhelantes echado sobre la cama, sus grandes manos rodeando sus pequeñísimas muñecas, se sentía herida, mirando sus brazos expuestos por las mangas de la camisa recogidas en varios dobleces, podía mirar claramente muchos parches cubriendo los lugares donde sentía dolor ¿Qué eran, quemaduras, cortadas, mordiscos? Se esforzaba en recordar y no podía hacerlo, estaba en una bruma desde aquel día, el día en que le mintió por última vez.
Ahora él deshacía el nudo de su corbata con sus largos dedos, sonriendo con deleite, ella quería gritar, irse huyendo de allí a través de los largos pasillos de la Black Hole para refugiarse en cualquier lugar alejado de él, de él y su bestia nen, del aroma de su perfume, de su risa y de sus dedos marcando su cuerpo a cada instante, pero no podía, nada que implicara desobedecer una orden directa de Tserriednich podía salir de su cerebro.
Tserriednich la atrajo cada vez más a él hasta hacerla caer en su cama, su cuerpo giró sobre ella hasta dejarla acorralada contra el colchón, en un abrazo tan estrecho que Theta podía sentir a través de la ropa cada vibración de sus músculos, la sangre fluyendo en sus venas, sus pulmones llenándose de aire rítmicamente, ahora el príncipe se esforzaba en controlar su propio arrebato y sacarle la camisa, pero la ropa de Theta llevaba demasiados botones.
Su cerebro se reiniciaba vez tras vez, con cada desacuerdo que tenía con el príncipe volvía a un estado de sopor insano, sus pensamientos como olas revueltas. ¿Es que no se daba cuenta? Era imposible que no hubiera notado como Theta repentinamente había perdido la voluntad, pero ahora que lo pensaba no estaba tan segura de haberse mostrado en desacuerdo alguna vez con él.
El cuerpo se le retorció involuntariamente, Tserriednich había atrapado uno de sus pezones con su boca y jugaba caprichosamente con el, Theta escuchó gemidos pero tardó en darse cuenta de que salían de su boca, se maldijo mentalmente por aquello, Tserriednich empezaba a descontrolarse sobre su cuerpo, sus besos volviéndose dentelladas y sus caricias conviertiéndose en estrujones, podía ser dulce y salvaje en una misma noche, ella lo sabía aunque tampoco estaba muy segura de como.
Alguien tocó la puerta, Tserriednich se había quitado la camisa y estaba descalzo, solo vestido con su caro pantalón de entrenamiento, echado sobre su escolta; contrariado por la interrupción, detuvo sus caricias, miró a su chica unos segundos dudoso, estaban en medio de la guerra de sucesión y una interrupción como aquella solo podia deberse a algo serio,Theta estaba casi desnuda bajo él, le dió un último vistazo y suspiro resignado.
—¡Adelante! —concedió sin esperar a que la chica se incorporará o empezara siquiera a cerrar su camisa.
Era Salkov, dió su mensaje, uno bueno que hizo sonreír al príncipe, el guardaespaldas le dirigió una mirada herida a Theta, ella pensó de inmediato en que debía explicarle todo aquello ¿Por qué no lo había hecho? ¡Ah sí! La primera vez el príncipe le había pedido que no le dijera una sola palabra a nadie y todavía no había cambiado de opinión...
