Disclaimer: Todos los personajes y el universo de Naruto, le pertenecen a Masashi Kishimoto.
Rumores
Sakura bufó por milésima vez en la noche y su bufido se mezcló con las risas estridentes de sus amigas. No podía creer que llevara al menos dos horas escuchándolas hablar de la misma persona, ¿acaso no existía otro tema de conversación? Había esperado con tantas ansias la llegada de aquella noche, soportado las horas y días de tedioso trabajo en el hospital, misiones aburridas y papeleo interminable solo por la ilusión de que, por fin, después de semanas de conversaciones y planes estratégicos dignos de Shikamaru, habían logrado encontrar una fecha y hora en la que todas estaban libres para hacer su bendita noche de chicas.
Y allí estaban, todas con sus mejores ropas de noche, en el mejor bar de la aldea, disfrutando de excelentes vinos y comidas… y hablando de la misma maldita persona. ¿cómo habían llegado a ese tema? Por desgracia había sido culpa suya, sin querer lo mencionó, de pasada, como quien habla del perro del vecino que hizo sus porquerías en tu jardín, ni siquiera era la parte relevante de su historia, solo deslizó su nombre en una oración para añadir un par de insultos, estaba cabreada con él y eso era todo, pero al parecer ese estúpido nombre fue todo lo que oyeron las demás.
Ni siquiera entendía a qué venía tanto alboroto, era un hombre como cualquier otro, y de hecho uno muy molesto. No entendía como podían hablar así de él, ¡Ni siquiera lo conocían bien! Apostaba a que no habían cruzado más de cuatro palabras con él en la vida… bueno tal vez estaba exagerando, después de todo eran ninjas experimentadas, era muy probable que hubiesen compartido en alguna misión, o incluso en la guerra… sin duda en la guerra. Entonces, se corregía: apostaba a que no habían cruzado ni cuatro palabras con él, fuera de las misiones o la guerra.
De todos modos ¿No estaban comprometidas al menos la mitad de las mujeres presentes ahí? La verdad de Ino podía entenderlo, pero ¿Hinata? La más mojigata del grupo, la que se sonrojaba a la más mínima insinuación sobre sexo incluso cuando ya estaba casada con Naruto. Increíble. Incluso Ten Ten se animaba a dejar caer algún que otro comentario a favor. Sakura se habría largado durante la primera media hora si no quisiera tanto a esas mujeres.
Alzó el brazo para pedir otro trago, el muchacho tras la barra se apresuró a acercarse con una sonrisa tímida.
-Señorita Haruno- dijo- ¿Puedo ayudarla en algo?
Sakura le sonrió devuelta. La verdad era que se había dado cuenta de que el muchacho era especialmente atento con ella, de alguna forma debía haberla reconocido. La guerra, a pesar de todos sus horrores, había traído consigo algunos reconocimientos inesperados. Incluso allí, en ese bar en medio de la zona civil, el chico la había reconocido.
-¿Puedes traerme otro de estos?- preguntó señalando el liquido que se aconchaba en su baso, luego lo pensó un momento- Mejor que sean dos.
El muchacho asintió y se marchó camino a la barra con gesto decidido.
-Bueno…- dijo Ino- Parece que la frentona tiene flechado a nuestro pequeño barman.
Todas rieron, incluida Sakura. Cualquier cosa le parecía mejor que seguir hablando del dichoso personaje, cualquier cosa incluso que se divirtieran a su costa.
-Quizás si no fuese tan joven- continuó Ino- Podrías romper tu racha de más tiempo sin una buena cogida amiga.
Sakura le dedicó una mirada seria pero no pudo evitar soltar una risita. Eso estaba mejor, no le preocupaba lo que pensara nadie respecto de su desierta vida sexual, lo cierto era que hacerse cargo del hospital le dejaba muy poco tiempo libre y el poco tiempo que tenía lo había estado dedicando a alguien de quién no quería saber nada en ese momento. Al final, Ino no estaba en lo cierto, pero no sacaría a nadie del error.
-En efecto- dijo- Demasiado joven.
Hinata rio por lo bajo cuando el jovencito apareció con el pedido de Sakura. Dejó ambos vasos sobre la mesa junto a ella y se despidió recordándole que "cualquier, cualquier cosa que necesitara, estaría al pendiente"
-Me alaga- dijo Sakura cuando el chico se marchó- La verdad es que podríamos venir más seguido a este bar, no pretendo nada, pero creo que saldré de aquí con la autoestima por las nubes.
Ten Ten asintió a su lado antes de dar un gran sorbo a su vaso.
Conversaron un par de minutos sobre cualquier cosa, Ino soltó un par de chismes, hasta que una cosa llevó a la otra y terminaron, otra vez, hablando del personaje del momento. ¿Era enserio? Qué tenía que hacer una mujer para poder cambiar el bendito tema de conversación…
Al final decidió cerrar el pico y dedicarse a beber sus tragos en silencio. Por algún motivo resultaba que, ahora, corría el rumor de que el hombre en cuestión tenía una aventura secreta con una mujer de la aldea.
-No la culpo- dijo Ten Ten- Sea quien sea… es más, la verdad es que la envidio.
Sakura se enderezó en su asiento y dio un corto sorbo a su trago.
-¿Porqué?- se apresuró a preguntar.
Ino volteó a verla y alzó las cejas, como sugiriendo que por fin se interesaba en el tema. Sakura se encogió de hombros como toda respuesta.
-Pues, es muy apuesto- contra todo pronóstico fue Hinata quién contestó- Siempre me lo ha parecido, sin embargo- dijo- No creo que sea correcto decirlo en otro contexto.
Ino se carcajeó con fuerza.
-¡Puedes decirlo donde sea Hinata!- exclamó levantando los brazos- El hombre esta buenísimo, en este o en cualquier otro contexto.
Las chicas rieron y chocaron sus vasos antes de beber. Sakura bufó, de nuevo.
-No seas amargada frentona- dijo la rubia- Hasta tu que tienes el gusto por el culo debes admitir que está para chuparse los dedos.
Sakura rodó los ojos.
-La verdad- dijo- No entiendo a qué viene tanto alboroto, claro es alto… sin duda y los años le han tratado bien- añadió- ¡Pero eso es todo!
Las demás mujeres se enfrascaron en una ruidosa conversación donde cada una exponía teorías cada vez más descabellabas sobre el hombre de la noche; que jamás llevaba a una chica a la cama por segunda vez, que jamás buscaba a nadie, que era un dios del sexo, que tenía ´ya todos sabemos que' más grande que cualquier hombre de la aldea y quizás del país, que una vez que estaban con él se volvía imposible olvidarlo, que nunca nadie le había dicho que no… y un montón de otras sandeces que la peli rosa se negó a escuchar.
¿De verdad la gente podía hablar tantas estupideces? Al final optó por beber el contenido de ambos vasos lo más rápido que pudo y huir cuanto antes de aquella conversación de locos. Cuando chequeó su reloj constató que eran las tres de la mañana y dándole un pequeño toque en el brazo a Hinata le indicó que era hora de irse. La pelinegra hizo una mueca, pero Sakura insistió en que ella se largaba y Naruto la mataría si dejaba que regresara sola a casa. Se lo había prometido. Finalmente, todas decidieron que era hora de ir a casa, intentaron acordar una nueva fecha para reunirse, aunque tenían muy claro que necesitarían semanas de organización para lograrlo.
Sakura dejó a su amiga en la puerta de la casa, sana y salva, y se marchó calle abajo pensando en todo lo que, contra su voluntad, había tenido que escuchar en la conversación de aquella noche. Soltó una risa amarga.
El hombre era guapo, sin duda, eso podía admitírselo a cualquiera. Que todas las mujeres de la aldea suspiraban por él, lo ponía en duda, algunas si… varías quizás, ciertamente había visto como se le quedaban viendo cuando entraba en alguna habitación ¿pero todas? Era una completa exageración. Incluso eso podía dejarlo pasar. Que salía una sola vez con cada mujer, estaba segura de que no, que jamás buscaba a nadie; podía firmarle un papel notarial con la negativa a esa afirmación a quien quisiera, ¿pero que era un dios del sexo? Por favor… ¡por favor! pensó elevando ambas manos al cielo estrellado y carcajeándose con ganas. Luego la terapeuta le decía que debía intentar ser un poco más amable con la gente, ¡claro que lo intentaba! Pero si las personas iban por ahí hablando semejantes estupideces se lo ponían difícil.
No lo entendía, el hombre era un completo desastre, andaba por ahí ignorando a todo el mundo, dándose aires de misterio, siendo indiferente y taciturno, por no mencionar su manía de llegar tarde a absolutamente a todas partes y pasearse por las calles con la nariz enterrada en libros que evidentemente no eran para lectura pública.
Llegó a la esquina de su casa y dobló a la izquierda en vez de la derecha sin siquiera pensarlo. Siguió caminando recto, directo al lugar que había estado tratando de evitar. No podía dejar de darle vueltas al asunto, ¿y eso de que el personaje tenía un romance secreto? Pf… porqué tenía que ser de interés público lo que una persona hacía o dejaba de hacer con su vida amorosa, no podía llegar a entender, es decir, comprendía un poco la curiosidad de la gente por conocer la vida secreta detrás de los rostros importantes, los puestos de autoridad siempre acarreaban consigo un poco de morbo y un montón de chismosos, pero, de todas formas, no lograba empatizar.
Sus pies se detuvieron frente a la puerta gris, ni siquiera recordaba haber subido las dos series de escalones para alcanzar el piso correcto, pero allí estaba. Pensó en largarse mientras su mano buscaba instintivamente la llave dentro del bolso. Tiró de ella de mala gana y la introdujo en la cerradura intentando no hacer ruido. Por Kami, ¿qué estaba haciendo allí? Dio un paso dentro del departamento y de inmediato dos manos firmes la acorralaron contra la pared más cercana, la puerta se cerró de golpe y todo quedó sumido en la penumbra.
-Pensé que no vendrías- susurró el dueño de esas manos junto a su cuello.
Sakura bufó. Definitivamente se estaba volviendo su sonido preferido. No iba a hacerlo, claro que no pretendía aparecerse por allí, pero sus pies eran unos malditos traicioneros, y luego las chicas y esa conversación habían terminado sacándola de quicio. La noche que suponía le ayudaría a sacárselo de la cabeza había terminado girando en torno a él y las estúpidas fantasías que la gente de la aldea tenía.
-Pues aquí estoy- apuntó cortante.
Estaba cabreada, sabía que en realidad no era su culpa. Jadeo un poco contra su voluntad cuando sintió unos labios rozando su clavícula. Y tenía la sensación de que debía seguir muy pero que muy enojada por algún motivo, que sin duda no eran esas manos hundían los dedos en la carne de sus caderas, no eso no, pero había alguna razón. Algo distinto a ese aroma embriagante que la envolvía, tampoco era aquella pierna que se hundía entre las suyas pegándola más a la pared. Volvió a jadear, esta vez más fuerte. Maldición.
Intentaba recordar, pero era muy difícil lograr que sus neuronas hicieran sinapsis cuando una mano subía desde su cadera trazando suaves circunferencias hasta llegar a uno de sus senos. Esta vez gimió. Mierda…
-No me dejas pensar- se quejó, pero le faltó fuerza para sonar convincente.
-Que bien…
Si pensó Sakura Qué bien. Luego sacudió la cabeza que luchaba por despejarse. Los tres vasos de lo que fuese que había bebido no estaban ayudando, pero Ay por Kami no era eso lo que más las distraía. Golpeó con la palma abierta el pecho del hombre, despacio, sin fuerza, una última resistencia inútil en medio del mar de jadeos y gemidos en que estaba convertida.
-Por favor- dijo y se refería a: ¡por favor déjame pensar! Pero había sonado más a: Por favor hazme el amor en este preciso momento, y así lo interpretó su compañero. Y lo hizo, y Sakura gimió, gritó y se entregó. Se dejó llevar a la cama en brazos y cayó rendida de cansancio y placer en los brazos que la envolvían.
Por la mañana la despertó el rumor de los habitantes de Konoha comenzado su ajetreado día en las calles. Hizo un recuento de daños, le dolía la cabeza, tenía en estómago dolorosamente vacío y un brazo la ceñía con fuerza contra un torso desnudo. Ay por favor… abrió los ojos despacio, casi asustada de lo que podía encontrar, rogó al cielo que fuese cualquier otra persona, incluso el muchachito del bar… podría sopórtalo, aunque le pesara para siempre en la conciencia. Sin embargo, ninguna de sus súplicas fue escuchada y cuando terminó de acostumbrarse a la luz de la mañana distinguió una maraña de pelos plateados que le hizo rodar los ojos. Pensó en levantarse, buscar su ropa y largarse sin más, debía seguir furiosa con él, pero por más que intentó recordar el motivo no puedo hallarlo por ninguna parte. Además, concluyó, no podía arriesgarse a ser vista saliendo del departamento del Hokage, por toda la gente que pululaba por la aldea a primera hora de la mañana.
Resignada, se permitió estirar la mano para acariciar el rostro del hombre. Bueno, quizás si que podía entender un poco la fascinación que la gente sentía por él, incluso cuando jamás lo habían visto sin la máscara, y lo agradecía, suficiente tenía con tener que andar por la aldea escuchando lo "experimentado y diligente" que aseguraban todas las mujeres de la puta aldea que era el Hokage en la cama, como para tener que soportar también los comentarios que harían si viesen lo guapo que en era realidad. El hombre de pelos plateados sonrió de medio lado bajo sus caricias, gruñó un poco, algo suave, parecido a un ronroneo y abrió los ojos despacio.
Un par de orbes negros la observaron en silencio, alzó un poco las cejas con un aire de autosuficiencia insoportable. Qué estupidez. Sakura apretó los labios hasta convertirlos en una línea delgada y resistió las ganas de asestarle un puñetazo con todas sus fuerzas. El hombre enterró el rostro en su cuello y le hizo suspirar, no tenía caso, ya estaba allí, ya había perdido la batalla, pero no la guerra.
-Kakashi- dijo.
-¿Sí?- contestó el Hokage sin despegar los labios del cuello de Sakura.
Pudo detectar un toque de burla en su tono, después de todo ella había acudido a él… otra vez, a pesar de haberle gritado que no quería volver a verlo nunca, pero ¿Por qué? Aun no conseguía recordarlo: Alguna idiotez narcisista de seguro.
-No importa lo que digan- continuó.
Kakashi se removió un poco mientras se arrastraba sobre la cama para subirse sobre ella. Sakura se acomodó bajo su peso.
-¿Lo que diga quién?
Sakura ignoró la pregunta.
-No eres irresistible, digan lo que digan, no tienes el pene más grande del mundo…
Kakashi levantó el rostro para verla de frente con el entrecejo fruncido lleno de curiosidad.
-¿Quién dice eso?
Sakura volvió a ignorarlo.
-Pero sobre todo… No eres un maldito dios del sexo- zanjó.
El hombre arqueó las cejas en silencio, su rostro se debatía entre la extrañeza y el inicio de una sonrisa socarrona que amenazaba con aparecer, Sakura le clavó una mirada férrea que no admitía cuestionamientos y cerró los ojos dando por concluida la conversación. Kakashi suspiró cansado y dejó caer nuevamente todo su peso sobre ella.
-Okey amor.
Hola a todes!
¿cómo estan? yo tuve un poco de tiempo y libre y depronto salió esto, no sé, creo que quería escribir algo más relajado, mientras intento seguir con el fic de estos dos que tengo en desarrollo (que por cierto tambien esta avanzando lo juro) espero se divirtieran un poquito. Espero escribir desde la perspectiva de Kakashi en algun momento, pero, por ahora me siento bien con Sakura. Es extraño porque cuando comencé a ver Naruto Sakura no me caia muy bien, sin embargo, es un personaje con un buen desarrollo... al fina le agarré mucho cariño. Me gusta esa fortaleza y fuerza descomunales que tiene! aunque estoy muy disconforme con el final que le dieron... bueno eso ya lo he dicho antes jajaja
Creo que esto salió porque me da risa que siempre en los fics hay mucha habladuría sobre las virtudes de Kakashi, y es obvio, lo amamos... pero siendo objetivas no sé que tan ciertas podrían llegar a ser, supongo que la mitad de las personas hablarían del tema sin saber nada. De todas formas suponer es precioso y espero que leer tanto Icha Icha le sirva de algo jajaja
Qué les gustaría leer sobre esta pareja? yo he encontrado algunas joyitas estos últimos días, asique si quieren pueden revisar en mis favoritos! ahí dejo todo... además si tienen recomendaciones, siempre las agradezco!
Saludos y cariños!
