Elsa es una importante arquitecta dueña de su propia empresa. Jack es un escultor con un trabajo humilde en una guardería para pagar las cuentas.

Un proyecto municipal cruzó sus caminos y ahora Elsa se encuentra inevitablemente atraída por ese joven que siempre la hace reír y parece no tomarse nada en serio excepto a ella.

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Lo había estado observando por un rato. Jack trabajaba en los últimos toques de su escultura con una concentración poco característica en él. Su ceño fruncido arrugaba su nariz cada que encontraba un detalle que no le gustaba y debía afinar. Nada que ver con el juguetón asistente de guardería que solía encarnar a diario.

Elsa se mordió los labios, fascinada con los diminutos gestos de Jack que le creaban una especie de guía sobre su mente. Si su lengua se asomaba, era que a Jack le gustaba como iba quedando una parte. Si su dedo medio temblaba y se alzaba apenas un poco más que los demás, es que se había percatado de un error. Si sus labios tocaban su nariz en un puchero, era que no daba con la respuesta a algo difícil.

Y el proceso siempre terminaba con él explayando su brillante sonrisa chueca, con esos dientes blancos que eran el sueño de cualquier dentista.

–Ya está lista su escultura, señorita D'Arendelle.– anunció una vez echó un último vistazo de aprobación a la estatua de dos musas liberando palomas recién tallada en mármol.

–Es increíble, joven Frost.– comentó ella maravillada, caminando alrededor del trabajo para apreciar cada detalle. Era increíble como pudo interpretar algo tan suave como la tela en un material tan duro como el mármol. –El ayuntamiento quedará encantado con su trabajo.–

Elsa era la arquitecta en jefe de una firma importante. Habían diseñado el nuevo hospital de la mujer y el alcalde quiso añadir una estatua hecha por algún artista local en la entrada para conmemorar la histórica ocasión.

Jack Frost, un joven artista que de día trabajaba en una guardería infantil para poder sustentarse, envió el diseño ganador de la convocatoria. Ella lo conoció en la ceremonia de premiación y lo felicitó por su excelente diseño, se llevaron bien aunque él le parecía un chico poco serio y dudaba que pudiera llevar a cabo el proyecto.

Y efectivamente hubo problemas cuando Jack informó al comité que no tenía un espacio suficientemente grande en su departamento para algo tan ambicioso en tamaño y necesitaba añadir la renta de un estudio al costo de fabricación.

Típico del gobierno, el dinero que ofrecieron darle no era suficiente para un lugar adecuado y se deslindaron del asunto diciendo que tendría que ver cualquier cambio en el tamaño de la estatua con la arquitecta a cargo del hospital: Elsa.

Ella pudo haber aceptado que él hiciera una estatua más pequeña, darle una medida que funcionara y dejar que el chico hiciese su trabajo, pero a Elsa le ilusionaba ver ese diseño hecho realidad en el tamaño más grande posible. Así que ofreció prestarle un estudio.

Conforme se conocieron, se amistaron más. Elsa incluso pasaba por él a su trabajo en ocasiones para llevarlo al estudio. Hablar con él era sencillo, el muchacho no se intimidaba por que ella se quedara callada como le era costumbre. Jack podía seguir hablando y bromeando por horas, y Elsa podía escucharlo y reír todo el rato.

Fue así como ella se encontró a si misma quedándose cada vez más en el estudio haciéndole compañía.

Y debía admitir que verlo trabajar era interesante.

Aunque el material fuera duro, había una ligereza en los movimientos de Jack que la cautivaban.

Sobretodo le gustaba que él sonriera cada vez que la volteaba a ver.

–Puedes tocarla, no le pasará nada.– rió Jack al verla retraer su mano, resistiendo el impulso natural de querer tocar la estatua. –Aunque quizás quieras poner un letrero de "no tocar" para el público en general. No sé que tanto se emocionen la señoras del hospital.–

–Sentirán paz al verlo.– afirmó Elsa permitiéndose tocar el liso mármol. Era frío pero suave, con un color que le recordaba al hielo. –Después de duras y largas horas en el hospital, esta imagen traerá tranquilidad y esperanza.–

–No creo que mi estatua pueda hacer tanto.– dijo Jack tratando de enmascarar su pena, pero las orejas rojas lo delataban.

–Pasé mucho tiempo en hospitales cuando era niña.– platicó Elsa con cierta tristeza –No tenía amigos que fueran a visitarme y dejarme globos o peluches en mi habitación. Ni siquiera mi hermana podía ir a verme. Cada vez que salía y ponía pie en la banqueta, solo se veían los autos pasar y los vendedores con todas las cosas que no podía comer. Y las personas llorando de pie bajo el duro sol, esperando noticias de sus seres amados.–

–Por eso pusiste tantos árboles y bancas en la entrada.– adivinó Jack en un tono que suavizaba la tensión.

–Y pondremos esta hermosa estatua justo en el centro. Para recordarles la belleza del mundo y la belleza que tienen todas las mujeres.–

La sonrisa de Jack se ensanchó y en sus ojos hubo algo que Elsa no había notado antes. Una cálida mezcla de ternura y admiración de la cual ella nunca había sido testigo en su vida, en especial no hacia ella.

Jack dio un paso hacia Elsa y ella sintió que esa mirada la dejaba clavada en el piso.

–Dices las cosas más hermosas, Elsa.– habló él acentuando su nombre de una manera especial. Como si su nombre fuera la clave para un misterio sin resolver, la llave de una habitación que Jack no se había atrevido a abrir.

–Es solo lo que pienso. Quizás sea algo cursi, pero…–

–Es maravilloso. Todo lo que piensas, todo lo que dices… incluso cuando me dices tonto.– añadió haciéndola soltar una risa. –Tu sonrisa.–

–No puedes hablar sin agregar un chiste ¿o si?–

–Solo si sé que te puedo hacer reír.– comentó confiado, incluso más cerca de lo que estaba antes.

–¿Cómo voy a saber cuando me hables en serio?– cuestionó ella manteniéndose firme en su sitio. Podía sentir que algo estaba pasando y aunque no estaba segura de exactamente qué, estaba determinada a ver esto hacia el final.

–Oh ¿Quieres verme serio?– preguntó Jack con esa sonrisa de lado tan distintiva y tan atractiva que hacía un calor extraño salir del pecho de Elsa.

–Sería un cambio interesante.– admitió ella desafiándolo. Quería saber qué tan lejos llegaría, qué haría él por ella.

Jack la agarró por la cintura, cerrando la brecha entre ambos cuerpos en un movimiento audaz. Sus ojos se clavaron en los de ella, tan atrapantes en esta nueva actitud que Elsa no podía ver nada más. Un azul oscuro que contrastaba con el claro de los ojos de ella.

–Siempre soy serio cuando se trata de ti.–

–No recuerdo verte serio en estos meses.– refutó Elsa con sus palabras, pero sus brazos subieron por el pecho de Jack hasta rodear su cuello.

–Venir a trabajar incluso en fines de semana solo por la posibilidad de verte debería de contar.– confesó Jack pegando su frente a la de ella. Solo un impulso más y la distancia entre ellos dejaría de existir.

–Sí, eso cuenta.– aceptó Elsa y Jack se permitió besarla en los labios.

Era una sensación embriagante. La boca de Jack acarició la suya con un toque de timidez que dio paso a un ritmo más confiado al no ser rechazado. La mano derecha de Elsa ascendió hacia la mejilla de Jack, su piel cálida ante su toque. Jack parecía más interesado en explorar la curvatura en la espalda de Elsa, a la vez que sus labios buscaban como abrir más los de ella.

Cuando Elsa sintió el aliento de Jack mezclarse con el suyo, su cuerpo se estremeció y buscó más de ese calor en los brazos del joven, dejándose envolver por él.

–Wow, besarte es incluso mejor de lo que imaginé.– susurró Jack, tomándose un momento para verla a los ojos. Como si apenas así pudiese confirmar que esto era real.

–¿Llevas mucho tiempo imaginando esto?– preguntó Elsa intentando sonar sensual con un tono de voz más bajo. A juzgar por el color en las mejillas de Jack, eso funcionó bastante bien.

–Casi que desde que te conocí. Pero me prometí que no intentaría nada hasta terminar la estatua. Sé cuánto te ilusionaba y no quería arruinar el asunto con mis tontas fantasías.–

–Que dulce. Pero me pregunto ¿Qué fantasías has tenido?–

–Elsa.– rió él desviando la mirada más rojo que nunca.

–Yo también he tenido fantasías… sobre el apuesto joven que hace maravillas con sus manos.– murmuró Elsa a su oído, paseando sus manos por debajo del suéter azul del muchacho y sintiendo sus músculos abdominales. El era delgado pero algo se le marcaba en esa zona.

–¿Suele tratar así a sus empleados, señorita D'Arendelle?– bromeó Jack gozando la atención que recibía y devolviendo el favor deslizando una mano por la apertura de la falda que Elsa usó ese día.

–Dejaste de serlo en cuanto me entregaste la estatua.– afirmó ella quitándole el suéter con todo y camisa. –Ahora solo somos Elsa y Jack. A solas en este taller.–

Algo se encendió dentro de Jack, que la tomó por los glúteos y la subió de modo que sus piernas lo rodearan por la cadera, para así poderla cargar mientras la besaba con más intensidad.

Elsa justo estaba sintiendo algo duro rozando su entrepierna cuando Jack la sentó sobre su mesa de trabajo.

Jack depositó varios besos en su cuello, su mano izquierda subiendo y bajando por sus piernas mientas que con la derecha la mantenía erguida, sosteniéndola por la cintura.

–Oh, Jack.– dejó salir Elsa, disfrutando cada caricia que él le daba con un cuidado y atención aún mayor que el que le dedicaba a su arte. El muchacho definitivamente sabía lo que hacía con sus manos.

–No tengo mucho material que ofrecerte, Elsa. Pero te daré todo lo que pueda. Mis besos, mis caricias, todo lo que tú quieras. Haré todo para complacerte. Soy enteramente tuyo.–

Elsa fue entonces quien lo besó en los labios, profundamente conmovida y excitada a la vez por las palabras del muchacho. Ella no quería nada material, eso nunca la había complacido. Era esa conexión humana lo que siempre había deseado. Ser comprendida y apreciada por alguien que la viera por como era realmente. Y nadie había visto a través de ella tan bien como Jack.

–Te quiero a tí, Jack. Tal y como eres.– declaró la joven mujer, tan certera como nunca en su vida.

–Quisiera poderte llevar a un lugar más lindo para hacerte todo lo que deseo hacerte.– lamentó el muchacho tomando sus manos para depositar un beso en ellas. –Quisiera poder llenarte de flores y chocolates. Darte duro en una cama suave.–

–Eso lo puede hacer cualquiera.– comentó Elsa dándole un beso en la frente –Pero solo tú puedes hacer realidad mi fantasía.–

–¿Y cuál es?–

Elsa se desabrochó los botones superiores de su blusa, dándole a Jack un vistazo de sus senos.

–Que el gran escultor Jack Frost me tome justo en su mesa de trabajo.–

–Puedo trabajar con eso.– concedió Jack desabrochando el resto de los botones y quitándole a Elsa la fastidiosa blusa. –¿Alguna otra petición?–

–Que me prometas que no será la única vez.–

–Ah, Elsa. Será la promesa más fácil de mi vida.–

Nuevamente los labios de Jack encontraron los suyos. El joven se las ingenió para quitarle el sostén y sus manos se adueñaron de sus senos, tomándolos en la plenitud de sus palmas. Sus pulgares jugaron con los pezones de la muchacha, dibujando círculos en ellos.

Elsa dejó salir un gemido y pudo sentir la boca de Jack sonreír contra la suya.

Jack dio un apretón a los pechos de Elsa y un gruñido se quedó atorado en la garganta del muchacho.

–Eres perfecta en todos los sentidos.– alabó Jack antes de bajar con su boca desde la clavícula de la muchacha hasta su pecho, lamiendo uno de los pezones.

–Jack…– fue todo lo que pudo decir Elsa, presa de la oleada de sensaciones invadiendo todo su cuerpo a la vez que Jack bajaba más y mas en la exploración de su cuerpo.

–¿Puedo quitarte el resto?– preguntó Jack alzando sus ojos azules hacia ella cuando llegó a la falda. Ella solo asintió y Jack le bajó la falda, dejándola completamente expuesta sobre su mesa.

Jack le abrió las piernas y su mirada volvió a ella.

–Elsa estás completamente mojada.– informó pasmado. Sus ojos brillaban con una mezcla de orgullo e incredulidad. –¿Es en serio? ¿Por mí?–

–No tienes por qué dudarlo.–

–Eres irreal. Lo mejor que me ha pasado en la vida.– celebró Jack besándola de nuevo y sonriendo como nunca. –Voy a hacer que nunca olvides esto.– prometió y le bajó la ropa interior hasta las rodillas.

Jack descendió y Elsa sintió el toque de sus dedos en la entrada del clítoris. Jack lo acarició suavemente, probando terreno y viendo cómo reaccionaba Elsa antes de atreverse a más. Ella sintió la onda eléctrica subir hasta su espalda, haciéndola erguirse más. Jack tomó esto como señal de que era seguro insertar sus dedos y Elsa soltó un chillido de placer que nunca se había escuchado expresar.

–Aún falta, espera.– advirtió Jack moviendo sus dedos dentro de ella y finalmente dando con el lugar adecuado que la hizo gritar de placer. –Con que ahí ¿eh?– sonrió arqueando sus dedos para darle justo en el punto.

–Sí, sí. Ahí. Ah, Jack.–

–Elsa.– exhaló él, sus labios encontrando el camino de vuelta a los pezones de la rubia y su mano derecha aún masajeando el área más sensible de su cuerpo. Con la izquierda se sostenía de la mesa para mantener su balance.

–No creo aguantar mucho.– chilló Elsa, sentía como sus paredes comenzaban a cerrarse alrededor de los dedos de Jack. –Necesito algo más que tus dedos.–

–¿Qué necesitas, Elsa?– tanteó el muchacho con su sonrisa maliciosa. Traía el ego por los cielos y Elsa no quería responder a eso.

–Jack, por favor.–

–Creo que lo estoy haciendo muy bien así. Pero adelante, dime qué necesitas.–

Elsa lo tomó por el cabello y lo obligó a mirarla a los ojos.

–Quítate ese pantalón y tómame ahora.–

–Pero Elsa, yo… no traigo un condón conmigo.– admitió Jack apenado.

–No importa, tomo anticonceptivos. Estaremos bien. Solo hazlo.–

–Como usted desee, mi reina.–

Jack se puso de pié y se desabrochó el primer botón de su pantalón, pero Elsa no tenía paciencia y le bajó la cerradura para dejarlo caer de una vez. Jack se apresuró a bajarse la ropa interior y reveló el miembro erecto que llevaba minutos intentando ocultar. A Elsa le pareció que tenía un buen tamaño. Nada espectacular salvo lo duro que se veía. El tenía tantas ansias de esto como ella.

Elsa se acomodó, agarrándose de la orilla de la mesa. Jack la tomó por las caderas para ponerla en posición e insertar su pene dentro de ella.

Los sonidos que Elsa y Jack soltaron fueron irreconocibles para ellos. Jack entraba y salía de su vientre a un ritmo cada vez mayor, y el volumen de sus gemidos aumentaba con la misma intensidad. La voz de Jack salió con aire que venía desde su estómago, sonando más gutural y grave que nunca, y excitando aún más a la ya frenética Elsa.

Sus paredes recibieron a Jack con alevosía, abriéndose y cerrándose alrededor de su miembro mientras éste se mecía dentro de ella.

Jack le dio tan duro como prometió, la mesa no fue suficiente para que Elsa se pudiera sostener, optando por aferrarse aún más a Jack rodeándole el cuello con sus brazos. El se agarró a la mesa con una mano y a Elsa con la otra, acercándola lo más humanamente posible.

Sus alientos excitados se mezclaban con cada exhalación de placer.

Elsa llegó al orgasmo primero, su visión y sus pensamientos nublándose a la vez que cada molécula de su cuerpo se regocijaba con ese climax tan esperado. Jack la alcanzó pronto y su grito de exaltación le pareció a Elsa lo más sensual y varonil en ese mundo.

Se miraron a los ojos a la vez que recobraban el aliento. Lo habían hecho. Tuvieron sexo apasionado y no había vuelta atrás. En ese momento se pertenecían el uno al otro, no había otro lugar en el que debieran estar mas que ahí, lado a lado.

Se besaron de nuevo. Con una nueva pasión y entendimiento de lo que aquello era. Ya no había límites ni distancia entre ellos.

–¿Quieres hacerlo de nuevo?– preguntó Jack y Elsa se rió.

–Mil veces, sí.– respondió Elsa besándolo.