Aclaraciones: Todo el contenido reconocido pertenece a la saga de Harry Potter. Inspirada además en los doramas: Destinado a Amarte y La realidad está aquí.
Advertencias: Contenido +18 a veces xd
Notas: Me da mucha risa escribir este fic, espero se rían conmigo. Quiero ir incorporando más personajes poco a poco. En fin, disfruten el capitulo y gracias por dejarme una review uwu
CAPITULO 2
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El sol a penas y empezaba a atravesar las espesas cortinas que cubrían los grandes ventanales de la habitación, "son blancas.." pensó al abrir sus ojos lentamente, el cuerpo le dolía, sintió algo pesado en su cintura y se removió en las sábanas, extrañamente suaves, y se percató entonces de que no estaba en su cama, esas no eran sus cortinas y esas definitivamente no eran sus sabanas.
De pronto los recuerdos la golpearon como un bate a una bola directa en un juego de beisbol, sus ojos se abrieron horrorizada, quedándose mortalmente quieta al escuchar una respiración armónica a su lado, era Draco quien seguía para su buena suerte profundamente dormido.
De pronto sintió la urgencia, debía salir de ahí, pronto y con discreción.
No quería enfrentarlo, ante el recuerdo de la noche anterior burbujeando en su memoria, se había comportado como una jodida acosadora seduciéndolo, completamente estúpida, lo había besado ella a él, ¿un beso qué? Estaba desnuda en su cama, en la escena del crimen, con dolor en zonas que no podía nombrar. De pronto se sentía profundamente avergonzada, no quería verlo. No quería enfrentarlo,
¿Qué le diría?
¿Buenas días?
Antes Muerta.
Se removió en la cama y él se quejó cogiéndola con más fuerza por la cintura, podía sentir su respiración en su cuello estremeciéndola, estaba extrañamente cómoda, pero aun así debía salir ya.
Con extremo cuidado se deslizó hasta zafarse de su agarre, él se removió girándose sobre la cama lo cual la dejo petrificada hasta confirmar que seguía dormido. Solo entonces se levantó, a tropezones por supuesto buscando su ropa, sintiéndose completamente expuesta, se puso el pantalón sin las bragas, no las encontraba por ningún lado y no quería andar revoloteando por la habitación a medio vestir.
Salió entonces, con cuidado cerrando la puerta lentamente tras encontrar su varita tirada en el suelo, miró la hora en su reloj, era jodidamente tarde, debía ir a trabajar.
Se miró en un espejo que estaba colgado en la pared frente al cuarto, bueno, tenía mal aspecto, pero ya podría arreglarse en su oficina. Repasó el lugar y para su buena suerte había una chimenea, cogió un poco de polvos flu y desapareció de la estancia, tenía asco, había bebido demasiado la noche anterior, pero debía trabajar. Como la persona funcional y respetable del mundo mágico que se supone era.
Debía ya salir de esa burbuja y enfrentarse a la realidad.
Una realidad en la que los sucesos de aquella noche NO EXISTIAN.
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Una sensación de vacío en su cama lo hizo despertar, acostumbrándose de a pocos a la luz que se filtraba por la ventana, suspiró largamente y una sonrisa inevitable apareció en sus labios al recordar la noche anterior, se había follado a Hermione Granger, su yo de 13 años no se lo creería, jamás.
Pero entonces se dio cuenta, la cama estaba vacía, solo quedaban los rastros en las sábanas desordenadas dónde antes estuvo ella, extendió su mano solo para confirmarlo y se levantó entonces pesadamente, cubriendo su desnudez con una toalla enrollada en su cadera con una ligera sensación de decepción parloteando en su cabeza. Repasó en la habitación, el ardor en su espalda lo llevó a mirarse en el espejo del tocador, tenía marcas de arañazos rojas por toda su piel.
Casi suelta una carcajada, pero el sonido de tacones dirigiéndose a su habitación lo distrajo. Sintió un vuelco en el corazón cuando la puerta se abrió, pero para su mala muerte ahí no estaba Granger, no, Hermione tenía ojos avellana, era hermosa y condenadamente sexy.
Esa era Astoria, Astoria Greengrass.
–¿No sabes tocar? – Preguntó él, nada incomodo con sus escases de ropa.
–¿Por qué cerraste la chimenea ayer? – Preguntó la mujer notablemente molesta, paseándose por la habitación, Draco se giró buscando unos pantalones que ponerse.
–Estaba ocupado – Contestó él simplemente, no había necesidad de entrar en detalles.
–Ya veo porque – Dijo ella, cruzando sus brazos al ver la espalda de quien era su prometido.
–¿Qué quieres Astoria? –
–Draco, tolero que te acuestes con quien se te dé la gana, pero recuerda que nos vamos a casar en dos meses – Estaba molesta, dolida, Astoria siempre estuvo enamorada de Draco, desde sus años en Hogwarts, el que sus padres los hubieran comprometido había sido un sueño por ella, pero para su mala suerte, él no lo veía de la misma forma.
Sus ojos se inundaron en lágrimas. Joder
Lo que menos quería era un berrinche de Greengrass por la mañana.
–Astoria no empieces por favor… – Se pasó la mano por los cabellos rubios sentándose sobre la cama. Ella lo miró entonces con enfado y dolor.
–¿Es que no te basta conmigo? – Preguntó, Draco ya se empezaba a sentir culpable de nuevo, apretó los labios en una fina línea y miró un punto en el suelo, por mucho que fuese sincero con ella, ella no parecía querer entenderlo.
Nunca.
–Astoria, yo no te amo tu mereces a alguien que te quiera y esa persona nunca seré yo, ya te lo he dicho miles de veces… – Astoria bajó la mirada, era una mujer hermosa, indudablemente hermosa, inteligente y tierna pero no era para él, nunca había sentido nada intenso por ella además… Tenía motivos para rechazarla. Motivos reales.
Y si, alguna vez sufrió un breve enamoramiento con ella, pero eso ya no existía, y el pasado compartido no era suficiente para un matrimonio.
–¿Es por mi maldición? –
–¡NO! Joder Astoria, ya hemos hablado de esto miles de veces… – Se colocó los pantalones de mala gana.
–Draco…–
–Si ustedes quieren seguir esta farsa adelante, solo no me pidas que la haga del esposo amoroso y romántico porque eso no va a pasar – Se acercó tomándola con suavidad por los hombros para encontrar sus ojos verdes en el camino, ella lloraba en silencio – Te quiero Astoria, como a una hermana y eso no va a cambiar –
–Pero… – Lo abrazó, Draco la recibió. La conocía desde que eran críos, además había sido un pilar fundamental que le evitó caer en la locura después de la guerra, le debía mucho y por supuesto que le dolía verla así pero no se iba a engañar a si mismo fingiendo cosas que no sentía.
Lo mejor que podría hacer por ella, era darle su completa sinceridad
–Tengo cosas que hacer Astoria… – Quiso decir, la culpa no le permitía tratarla mal.
Su maldición, su situación en general no se lo permitía. Suspiró con pesadez.
–Por lo menos invítame a desayunar… – Murmuró, él levantó los ojos, exasperado.
–Vale, deja me alisto… – Aquí vamos de nuevo…
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A Hermione le dolía horrible la cabeza, cuando llegó a su oficina, una tonelada de papeles sobre su escritorio anunciaba un día largo, después de todo estaba en la misión de revisar las leyes mágicas que truncaban los derechos de las criaturas mágicas, había estado trabajando por meses en una propuesta para derechos laborales de los Elfos y estaban próximos a presentarla ante el Wizengamot.
Debía estar preparada pero el dolor de cabeza era fuerte y sus ganas de comer completamente nulas por lo que estaba algo débil.
–Te ves muy mal Hermione – Dijo Elizabeth a sus espaldas, Eli era una maga de cuarenta años que trabajaba con ella, a Hermione le agradaba ya que tenían la misma visión referente a las criaturas mágicas.
–Si, bebí mucho anoche… – Murmuró avergonzada, Hermione, pese a los sucesos de la noche anterior por lo general era una mujer bastante responsable, lo que había sucedido con Draco era un error en la matrix, algo… Impensable.
Quería alejar los recuerdos de su cabeza, pero llegaban a ella enrojeciéndola… Lo había disfrutado, contra todo pronóstico.
Sus noches con Viktor eran un charco comparado con el inmenso mar que experimentó con el Slytherin.
Nunca se había sentido más mujer que cuando estuvo con él en su cama.
Pero debía alejar esos pensamientos.
Pronto.
–¿Trajiste el borrador de la ley que vamos a presentar? – Pregunto Eli, Hermione abrió mucho los ojos, estaba sentada en su escritorio gracias a los cielos porque si no se hubiese caído al suelo.
La imagen de un bolso olvidado en un sofá blanco del departamento de Draco cayó en su memoria como una burla a su propia estupidez –¿Hermione? –
Hermione casi llora cuando se encontró con los ojos azules de Elizabeth –¿Qué pasó? – La mujer ya parecía bastante asustada, habían trabajado meses en él y no tenían otra copia ni tiempo de volver a hacerlo.
–Sé dónde está… – Murmuró
–Pues tráelo, no tenemos tiempo… – Hermione dudó, se había puesto pálida de repente.
Sabía que podría llegar por la chimenea, podía entrar y con mucha suerte salir sin ser detectada.
Joder.
Se sentía muy estúpida de repente.
Se frotó el rostro. Y se puso de pie. Atravesando las torres de papeles que parecían mantenerse en pie por obra de magia.
–Regreso pronto… – Elizabeth arqueó la ceja, sabía que algo no andaba del todo bien pero no tenían tiempo de detenerse a sobre pensar las cosas.
Tenían el tiempo encima.
Hermione caminó por el ministerio como si fuese a enfrentarse de nuevo al mismísimo Lord Voldemort.
Cogió la primera chimenea que tuvo a su alcance deseando a todos los dioses del universo (si es que existía alguno) que Draco siguiese dormido o mejor aún, fuera de casa.
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Cuando cayó con el fuego verde de la chimenea dentro de aquella sala, Hermione salió de puntitas para no hacer ruido, bueno, su intención era no atraer la atención de nadie sin embargo falló estrepitosamente.
En la sala había alguien y esa persona no era Draco Malfoy, era una mujer, una mujer hermosa y elegante que Hermione no reconoció. Dio un respingo cuando sus miradas se encontraron.
–Ahh.. tu debes ser la dueña de esto – Astoria levantó lo que parecían ser las bragas que llevaba la noche anterior la castaña, las mejillas de Hermione se encendieron y quiso que el piso se abriera a sus pies tirándola al infierno para quemarse eternamente, no podía ser cierto…
Astoria pensó en que se le hacía conocido el rostro de la castaña que tenía frente a ella, le molestó ver que se trataba de una mujer… decente, esto solo la enfureció más, su ego estaba herido y todo por culpa de esa mujer.
–¿Quién eres? – Preguntó casi sin voz Hermione, Astoria le ofreció una mirada desdeñosa, viéndola de arriba abajo, juzgándola. Por su apariencia, era corriente para ella. Su forma de vestir, su cabello rebelde, lo único destacable era su rostro, si era linda pero vulgar.
Nada comparada con ella.
–Astoria, la prometida de Draco con quien te revolcaste ayer dime… ¿tu pasatiempo es ser una zorra al acercarte a personas con pareja? ¿O solo estás buscando dinero? –Hermione sintió como si le hubiesen tirado una cubeta de agua helada encima. Sus manos temblaron y se sintió terriblemente avergonzada…
Era por eso…
Por eso Draco dudaba tanto ayer…
Joder….
Sintió que los ojos le picaban y negó con el rostro incapaz de conectar dos neuronas.
–Yo no sabía…. Lo siento… – Murmuró torpemente.
–¿A qué regresaste? ¿Quieres quedártelo acaso? – La voz de Astoria era suave, filosa y elegante, todo en ella lo era, su vestido, sus zapatillas o el cabello que caía en suaves ondas sobre sus hombros. Hermione se sintió ridícula e insignificante.
–No, olvidé mi bolso… –
–Pues tómalo y vete, espero no verte por aquí nunca más… – Soltó la ex Slytherin, Hermione caminó con la cabeza gacha cogiendo su bolso y regresó rápidamente a la chimenea.
–Perdón… – Murmuró antes de salir de ahí, completamente abochornada, triste, se sentía sucia y estúpida.
Parecía un imán de comprometidos.
Era ridículo.
Quería llorar pero tenía que trabajar, no tenía tiempo siquiera de sentirse mal.
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–¿Vino alguien? – Draco salía de la ducha, completamente vestido como siempre, en tonos oscuros unos pantalones negros, un suéter de cuello alto y una gabardina gris, no solía usar túnicas más que para ocasiones especiales, las ropas muggles resultaban más cómodas y prácticas que un montón de tela rodeándolo.
Sus cabellos aún estaban ligeramente húmedos.
Astoria se sonrojó, Draco era muy atractivo… su corazón se desbordaba solo de verlo, pero al recordar a la castaña que se había presentado en la chimenea minutos antes todos sus sentimientos se fueron rumbo al caño.
Su enfado regresó.
–Sí, vino tu aventura de ayer, pero ya la corrí no sin antes decirle un par de cosas… – La voz de Astoria fue suave mientras intentaba leer la expresión de Draco, quien se quedó serio, mortalmente serio, sus miradas se encontraron, estaba molesto. Si, muy molesto.
–¿Qué le dijiste? – El ex Slytherin no sabía porque se sentía tan irritado era como si de pronto le hubiesen dado una patada en el estómago.
–La verdad, que es una zorra por meterse con alguien que está comprometido – Draco tuvo que respirar calmado para no mandarla a la mierda en ese momento.
Sus manos temblaron y tuvo una intensa necesidad de explicarle a Granger que eso no era cierto, bueno sí, pero no de la forma en la que Astoria quería hacerlo ver. Él era el jodido imbécil que la había metido en ese lío por no decirle nada la noche anterior.
–Astoria… –
–¿Qué? Es la verdad –
–Ella no lo sabía – Su voz salió más brusca de lo que pretendía.
–Pues mejor que lo sepa ¿no? – Se encogió de hombros cruzando los brazos.
–¡Deja de meterte en mi vida joder! – Gritó haciendo que la mujer diese un respingo, asustada.
Draco nunca le hablaba así, mucho menos por una de sus aventuras, ella era más valiosa que esas mujeres que se atravesaban en su cama, lo miró horrorizada.
–Draco… –
–Vete Astoria, por favor… – Suplicó, no quería hacer una estupidez, no quería sentirse peor haciéndola llorar, pero estaba cabreado, demasiado para siquiera contenerlo.
–Pero…–
–Vete joder…. –
–¿Me vas a tratar así por esa? – Draco cerró los ojos exasperado, se dirigió a la barra y se sirvió un trago de whiskey, tomándolo en seco, siquiera había desayunado, no sabía ni porque es que estaba tan molesto –¡Vete a la mierda Draco! – Le escuchó gritar cuando él decidió ignorarla, unas bragas volaron por la estancia cayendo en su rostro, ¿unas bragas? Las cogió viendo a la joven desaparecer por la chimenea. Las reconoció entonces, las bragas de Hermione Granger.
Volvió a beber.
La puta madre, su vida había dado un giro inesperado justo cuando pensaba que estaba siendo demasiado monótona.
Lo que no sabía es que el giró sería demasiado brusco incluso para él.
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Jajaja, pobre mi Hermione xd
