Hola! Como estan? Subo este fic exclusivamente para PaulaOgueHp. Me preguntaste en un review de La debilidad de Hermione que si esa era la última parte, y no, no lo era, es esta! Es decir que si PaulaOgueHp no lee nunca este fic (porque pasaron un par de meses de su review, lo siento, no lo había visto) lo habré subido para nada. Pero no importa, he hecho cosas peores para nada xD

Algo de contexto: Antes me la pasaba escribiendo fics, mucho más que ahora. Tengo montones de archivos word llenos de fics de los cuales el 70-80% son una total basura. Los publiqué en varias páginas que con el tiempo las fueron cerrando y los fics desaparecieron. Actualmente solo tengo cosas acá en . Había subido solo la 1ra parte de La Humedad de Hermione (que se llama así), porque pensé que era la mejor. El fic lo escribí en 2013 en otra web, y en ese momento saqué una 2da y 3ra parte.

La segunda parte la subí acá también más tarde, y olvidé actualizarla hasta que luego un día lo recordé y lo hice... 5 años después. Lamento estos retardos jaja Son fics viejos de todas formas, pero dentro de toda la porquería que he escrito en mi vida estos están entre el 20% que se salva, así que quizás vale la pena conservarlos aquí.

En fin, PaulaOgueHp preguntó si había una tercera parte luego de leer la 2da y sí, la hay! Pensé que la había perdido, de hecho, pero hoy me tomé el trabajo de buscarla en medio de los 32943 archivos word de fics basura que tenía por ahí, y justo justo cuando llegué al último (por qué tiene que ser siempre el último?) la encontre! Ahí estaba: La humedad de Hermione asciende, la 3ra parte. El título es algo raro no? No sé en qué pensaba cuando lo puse hace tantos años jaja.

En fin, dejo aquí mismo la historia entera :')


La humedad de Hermione asciende

1. ¡GOL!

Holaa! Este es mi tercer… a fines prácticos, tercer fic, si dejamos de lado los one-shot. Un after-Hogwarts que en realidad es 7mo sólo que cuando ellos realmente cursan 7mo, el año siguiente del que matan a Voldy… bueno, ya saben :P espero que les guste.

Era un soleado día de verano. Hacía un calor insufrible y todo el mundo se abanicaba con lo que podía (la señora Weasley con un abanico floreado, Bill y Fleur con la invitación de la boda, y Hagrid con la puerta de su cabaña, que había quitado de su lugar para esos propósitos). Estaban en los jardines de Hogwarts y dos hileras de bancos repletas de magos con túnicas de gala desfilaban ante un altar en el que dos adolescentes esperaban de pie.

-Oh, Harry, ahí viene -exclamó Hermione, sujetando el brazo del chico con fuerza y mirando hacia adelante con lágrimas de felicidad en los ojos. Llevaba un hermoso vestido blanco con bolados y una cola larga, y él una túnica de gala negra nueva.

-¿Por qué siempre tengo que llorar en las bodas? -se quejaba Neville, mientras lloraba a lágrima viva. Luna lo sujetó de un brazo y le dirigió una sonrisa mientras el chico se tapaba la boca con una mano. -¡Ahí viene! -exclamó con voz afeminada-. ¡Oh, está tan hermoso!

-¡Mi pequeño! -la señora Weasley se tapó la boca con una mano. Las lágrimas también le caían por las mejillas.

Y entonces apareció Ron, muy sonriente, desde el fondo de la hilera de bancos. Empezó a caminar de la mano con Arthur, sonriendo con felicidad, mordiéndose los labios con regocijo y saludando a todos al pasar. Él también se veía muy feliz y su cara era de afeminado igual que la de Neville, mientras se abanicaba con una mano para ahuyentar el calor que le producían tanto el clima como los nervios y llegaba al altar, donde el señor Weasley lo dejó para que se reuniera con Harry y Hermione, que lo tomaron de la mano y lo miraron con mucho cariño.

-¡Ay, se ven tan hermosos juntos! -exclamó Hagrid desde el fondo, enternecido. La puerta de su cabaña descansaba en su puño, y Grawp estaba sentado a su lado, para lo que necesitaba una combinación de diez asientos reforzados.

-Estamos aquí reunidos… -empezó a hablar el mago bajito del ministerio, que se había colocado entre medio de Harry, Ron y Hermione-. Para celebrar la unión de estos jóvenes en sagrado matrimonio. Que esta unión sea verídica e irreversible, y que la magia dentro de ustedes evolucione en forma de mutuo amor y respeto. Si alguien tiene un motivo para impedir que se celebre esta unión, que hable ahora o calle para siempre.

-¡YO ME OPONGO! –bramó alguien que acaba de ponerse de pie en la parte de adelante de la fila más cercana al lago. Todos soltaron exclamaciones de asombro y Harry miró hacia allí aturdido; se trataba de Ginny. Se le encogió el estómago.

-¡Niña, siéntate! –se escuchó claramente el susurro colérico de Molly, a su lado.

-¡No! –Ginny miraba directo a Harry-. ¡Esto es absurdo! ¡Harry y Hermione se casaron hace sólo un par de semanas, ¿y ahora hacen otra boda para incluir a Ron en el matrimonio?! ¿Pero qué demonios les pasa? ¿Y por qué nadie dice o hace algo al respecto, desde cuando los tríos pueden contraer matrimonio?

Nadie dijo nada, todos miraban a Ginny al parecer comprendiendo sus argumentos pero incómodos y poco dispuestos a mostrarse de acuerdo.

-¡Ya veo! –siguió ella-. ¡Lo que ocurre es que como Harry mató a Voldemort nadie se atreve a ponerle freno a sus caprichos! ¡Que haga lo que quiera, total es Harry Potter, así que si quiere casarse con sus dos mejores amigos que lo haga! ¡Y que todos sepamos que anda acostándose con ambos a la vez, y claro, nadie se horrorizará!

-Ya basta, Ginny –dijo en voz alta Arthur, severamente, desde el altar. Ella miró a su padre con furia, pero luego volvió a sentarse. Nadie más dijo nada. Pasado un minuto, el mago bajito continuó como si nada hubiera pasado.

-Harry James Potter, ¿acepta por esposo a Ronald Bilius Weasley?

-Acepto –dijo Harry, apartando la mirada de Ginny y concentrándose en los otros dos adolescentes que estaban junto a él en el altar.

-Hermione Jane Granger, ¿acepta por esposo a Ronald Bilius Weasley?

-Acepto –dijo Hermione.

-Ronald Bilius Weasley, ¿acepta por esposos a Harry James Potter y a Hermione Jane Granger?

-Acepto.

-Que ningún mago, duende, elfo doméstico, muggle, leprechaun, hipogrifo ni ninguna otra criatura separe lo que la magia ha unido. A partir de este momento los declaro marido, mujer… y marido. ¡Pueden besarse!

Ron y Hermione se besaron apasionadamente ante todos sus amigos y conocidos, y ni bien se separaron Hermione fue hacia Harry y lo besó también. Los tres se tomaron de las manos y saludaron a los cientos de magos que los aplaudían y vitoreaban. La boda había llamado mucho la atención y se habían visto obligados a invitar a casi todos los magos que conocían, incluso había ido la mujer que repartía las golosinas en el Expreso de Hogwarts.

-¡Felicidades! –decían las voces mientras se mezclaban con la gente. Las sillas empezaron a elevarse en el aire y a desaparecer, y en su lugar ahora había una pista de baile y muchas mesas aparecían alrededor.

-¡Y para esta ocasión tan especial…! –gritó Kingsley, muy sonriente, entre la muchedumbre-. ¡Con ustedes, LAS BRUJAS DE MCBETH!

El aire fue acuchillado por la melodía asesina de "Do the Hippogriff" mientras los miembros de la banda salían de la nada misma sobre un escenario con guitarras y muchos otros instrumentos.

-¡Wow, ustedes sí que saben organizar fiestas! –Fred y George se habían acercado a los recién casados. -¿De dónde sacaron el dinero para contratar a esta banda?

-¡Yo no tenía idea de que esta banda vendría! –le dijo Harry a los gemelos, sorprendido-. ¡Es todo cosa de Kingsley, no deja de consentirnos!

-¡Tienes razón, desde que se ha hecho Ministro de la Magia ha pasado más tiempo cumpliéndote caprichos que ocupándose de nada más! –exclamó Fred, muy contento-. ¡Genial! ¿Cuándo vas a invitarnos a la Disco Hogsmeade? ¡Tienes tu propia ley, Harry, inventaron una ley que te permite hacer lo que te de la gana por haber matado al Innombrable, tienes que invitarnos unos tragos al menos!

-¿Qué no tenían todo gratis ustedes ahí? Pensé que conocían al dueño.

-Bueno, parece que el dueño era un Mortífago porque lo hemos visto en la batalla final junto al Innombrable… Maldito bastardo. Pero no importa, el asunto es que ahora hay un nuevo dueño, pero no lo conocemos.

-¡Ah! Bueno, claro que los invito. ¿Me disculpan?

Harry se abrió paso y finalmente, luego de un buen rato buscando, encontró a Ginny, que estaba sentada sola en una mesa con los brazos cruzados. Al ver a Harry acercarse, se puso tensa, pero no cambió la expresión de enojo.

-Oye, ¿quieres hablar?

-No tengo nada que hablar, ya le he dicho a todos lo que pienso –dijo ella.

-Vamos –Harry se sentó en una silla y la miró a los ojos-. No quiero que te quedes enojada con nosotros. Eres la hermana de mi… bueno, de Ron, y no quiero que quedemos mal. Sabes que te quie…

-No digas que me quieres –lo atajó ella-. ¿O qué vas a hacer? ¿Ampliar la boda una vez más para añadirme a mí, hacer un matrimonio entre cuatro? Apuesto a que Kingsley te dejaría, no le importaría que fuera poco ético y… y un incesto, de paso.

-No dije que te quisiera de esa forma, Ginny, pero te quiero. No quiero traer cosas a colación ni discutir, sólo arreglarlo todo, ¿está bien? Entiendo que te moleste esta boda, pero debes aceptar que nosotros tres nos amamos…

-Qué ridículo. ¿Qué ustedes tres se aman? Harry, ¿eres tarado? ¡Son tres! ¡Tres personas, casándose!

-No me digas tarado.

-¡Es que lo eres! ¿Qué demonios te pasa? ¡Son tres personas, Harry!

-Ginny, basta. Sé muy bien cuántos somos… Ese no es el punto. Y creo que no deberías enojarte, ¿o aún no recuerdas lo que ha pasado la última vez que nos habíamos visto?

De nuevo, ella no cambió la expresión, pero Harry pudo notar que palidecía un poco. En su último encuentro, Ginny había violado a Harry, se había acostado con él contra su voluntad, congelándolo primero con un Petrificus Totalus.

-Eso es otra cosa –dijo, testaruda-. No tiene nada que ver.

-¡Harry! –gritó alguien a sus espaldas. Se dio vuelta y vio acercarse a Seamus y Dean, muy alegres.

-Espero que se te pase… que lo entiendas –fue lo último que le dijo, y se puso de pie para reunirse con sus amigos.

La boda terminó tardísimo, los tres chicos estaban exhaustos cuando se subieron en uno de los lujosos coches del ministerio y partieron hacia el mejor hotel de Hogsmeade, donde pasarían su noche de bodas.

-Muchachos, ¿necesitan algo? –les preguntó Kingsley, con una enorme sonrisa-. ¿Se quedaron con hambre? Tenemos caviar aquí en el auto y el hotel entero ha sido cerrado para ustedes, así que cualquier cosa que deseen tendrán a todo el personal para ustedes.

-Gracias, Kingsley –dijo Harry, algo incómodo. El mago no dejaba de tratarlo así desde que había matado a Voldemort.

Llegaron al hotel y subieron riendo hasta su habitación, que era enorme y lujosa, aunque ellos ya suponían eso. Se dejaron caer sobre la cama mirándose mutuamente. Ron agarró una botella de champagne y se dispuso a abrirla.

-¿Pueden creerlo? –dijo Hermione, radiante de felicidad-. ¡Estamos casados! ¡Los tres! Debemos ser el primer caso de un trío que contrae matrimonio en la historia de la magia. La monogamia siempre ha sido la primer ley civil de la constitución de…

-Cállate, Hermione –le dijo Harry, se le acercó y empezó a besarla.

Entonces se recostaron los tres sobre la cama, dejaron caer el champagne y se besaron por turnos, como solían hacerlo, mientras que el que sobraba acariciaba a Hermione. Era la forma que tenían de hacerlo. Luego alguno de ellos empezaba a desvestir a Hermione y la dejaban desnuda mucho antes de que ella tuviera oportunidad de sacarle la camisa a cualquiera de ellos. Esta vez la tarea resultó más difícil porque ella llevaba un vestido blanco muy complicado de quitar. Fue Ron el que logró terminar de arrancárselo a las fuerzas. Entonces ambos la pusieron en medio, como siempre, y le penetraron al mismo tiempo, Ron por delante y Harry por detrás, mientras ella se relamía de placer. Hicieron el amor hasta las cinco de la mañana, cuando por fin acabaron, exhaustos, y se durmieron abrazados.

La luna de miel fue en París. Llegaron volando con aerolíneas Kingsley Shacklebolt, recientemente inauguradas.

-¿Gustan unos Martinis? -preguntó el mismísimo Kingsley, en el vuelo, desde una butaca en frente de ellos, con una sonrisa que dejaba ver sus resplandecientes dientes blanquísimos.

-¿Por qué nos sigues a todas partes? -preguntó Ron, bastante molesto-. ¿No tienes nada interesante que hacer en el ministerio?

-El ministerio está más tranquilo que las bragas de Madame Pince, Ron, te lo aseguro -dijo el mago, sin borrar su magnífica sonrisa-. Desde que Harry mató a lord Voldemort todo está calmo y pacífico. De hecho hemos cerrado el ministerio esta semana. Nadie va a trabajar y todos reciben su sueldo.

-¿Por qué?

-¡Porque no hay nada que hacer! Es maravilloso. Además esta es la Semana Internacional del Recuerdo a la Batalla de Harry Potter. Todos están celebrando.

-¿Otra más? -le dijo Ron-. Desde que Harry mató a Voldemort ya hemos tenido tres semanas festivas, entre ellas la Semana del Glorioso y Magnífico Harry Potter y el Día Internacional de la Cicatriz en Forma de Rayo.

-Y planeamos agregar el Día Mundial de la Caída Final del Innombrable a Manos del Espectacular y Auténticamente Genial Señor Potter el veinticinco de Diciembre.

-¡Pero ese día es Navidad!

-Exacto, y ahora la gente tiene un buen motivo para celebrarla: ¡Harry! ¿Qué más podemos pedir?

-Y tengo otra duda –siguió Ron-. ¿Por qué vamos volando en avión cuando podríamos simplemente aparecernos?

-Eso fue idea mía –dijo Hermione-. ¡Porque es mucho más romántico, Ron!

Llegaron a París y se alojaron en otra cadena hotelera exclusiva de magos y pagada por el ministerio, invisible a los ojos de los muggles. Tenía peceras llenas de Gryndilows y el servicio a la habitación era mediante magia; Harry, Ron y Hermione pedían comida chatarra a la habitación y les llegaba levitando en segundos por medio de una compuerta en la pared. En todas las habitaciones había fuentes de aguas danzantes, arañas magníficas de oro, retratos de magos y brujas famosas que se movían y los saludaban, y todo el hotel estaba cerrado para ellos. Si bien seguía sintiéndose incómodo por todos los favores que le concedía el ministerio, Harry agradecía que no hubiera magos en los pasillos que lo detuvieran para hablar con él, agradecerle y pedirle consuelo por sus familias perdidas a manos del Innombrable. Era bastante agotador tener que lidiar con eso cada vez que se encontraba en un lugar donde hubiera otros magos. Sin embargo, allí en Francia, si bien era famoso, no lo era tanto, lo que hacía que pudieran caminar por las calles tranquilos, sólo interrumpidos por alguna ocasional mirada de un francés que había leído de Harry en los periódicos de magos de Francia.

La luna de miel fue maravillosa y se convirtió en la mejor semana que los tres hubieran tenido en sus vidas. Se pasó demasiado rápido, y antes de que se hubieran dado cuenta ya estaban de vuelta en Gran Bretaña, y los tres estaban sentados en el desván de la casa de Hermione, mostrándole las fotos a los padres de la chica.

-Y ésta fue en la punta de la Torre Eiffel, subimos con escobas y la capa para hacerse invisible -le dijo Hermione a su madre. Les había devuelto la memoria a sus padres y estos, si bien habían quedado muy desconcertados, habían entendido sus motivos. -Ron insistió en subir.

-¿Todavía tienen esa capa? -preguntó la mujer muggle, cuyos dientes estaban tan bien arreglados como los de Kingsley-. ¿No es peligroso que sea una... emmm.. Reliquia de los Muertos, o lo que sea que hayan dicho?

-Reliquia de la Muerte. No, mamá, no es peligroso. La varita y la piedra quizás sí lo eran, pero Harry se deshizo de ellas.

-Querida, ¿ya han pensado en dónde van a vivir? Tu padre y yo creemos que sería maravilloso que se vinieran a vivir aquí, a esta ciudad...

Ya habían tenido esa conversación. Los padres de Hermione querían que se fueran a vivir allí (no les importaba que su hija se hubiera casado con dos hombres, de hecho Harry había escuchado a la señora Granger susurrarle a Hermione: "¡Buen trabajo, asquerosita como tu madre!"), y los de Ron insistían en que se construyeran una casa junto a La Madriguera. Los padres de Harry estaban muertos, pero varios magos de renombre le lavaban la cabeza continuamente diciéndole que sería maravilloso que se fuera a vivir al Valle de Godric, donde vivieron no sólo sus padres sino cientos de otros magos extraordinarios. La verdad es que a los tres les daba lo mismo dónde vivir siempre y cuando estuvieran juntos. Después de todo, como habían dicho, sólo tomaba unos segundos desaparecerse para ir a visitar a alguien, aunque viviera en la otra punta del país.

-Ya te he dicho que no sabemos a dónde nos mudaremos, mamá. Pero eso no importa. Por ahora estamos bien en La Madriguera, y luego tendremos que volver a Hogwarts para empezar nuestro último año, así que viviremos allí, y tendremos un año entero para decidir dónde vivir después. Dios, no puedo creer que nos retrasáramos un año en nuestros estudios, eso va a complicarlo todo; si queremos realizar estudios después de Hogwarts estamos un año más atrasados que el resto...

-Aquí vamos de nuevo... -dijo Ron, revoleando los ojos.

-Bueno, Hermione, era algo complicado cursar séptimo el año pasado. Por si no lo notaste, estaban ofreciendo dinero por mi cabeza -comentó Harry, y todos rieron.

Al anochecer se fueron de la casa de los padres de Hermione y volvieron a La Madriguera, donde se estaban quedando. Ginny aún parecía molesta con ellos, pero ahora les dirigía la palabra. Esa noche hizo aún más calor que el resto del verano, así que hicieron una barbacoa en el jardín de los Weasley, y mientras el señor Weasley y los gemelos la preparaban, Harry, Ron y Hermione nadaron en la hermosa piscina que habían construido recientemente allí. Kingsley había ascendido a Arthur y lo nombró Jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional, lo que le otorgaba al señor Weasley uno de los cargos más importantes del Ministerio; junto con Ojoloco (a quien Harry había revivido al ser "amo de la Muerte", igual que a Fred), que ahora era el Jefe de la Oficina de Aurores; y Hagrid, que ahora era el jefe del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. Este último cargo había sido el más polémico ("¡Ni siquiera ha terminado Hogwarts!", había protestado el viejo Jefe del Departamento), pero Kingsley lo corrió sin reparos y le dio el empleo al semigigante.

-¡Ya está la comida! -anunció Fred a todos los presentes. Esa noche había varios invitados, entre ellos Lupin, Tonks, su hijo, y Ojoloco.

-Hey, Harry, ¿te gustaría arrancar como Auror la semana próxima? –le preguntó este ni bien lo vio. Harry notó la mirada de Hermione en su nuca.

-Volveré a Hogwarts este año, Ojol… es decir, señor Moody.

-¡¿Qué?! ¿Por qué diantres harías una cosa así?

Harry no respondió. Era consciente de que Ron y Hermione habían dejado de nadar porque no escuchaba los chapoteos del agua tras él.

-Quiero terminar mis estudios.

-No seas idiota –le dijo Ojoloco-. ¡Eres Harry Potter! Sólo hay dos formas de convertirse en Auror: O cursar siete malditos años en Hogwarts y luego otros tantos y conseguir que te contraten en el Ministerio, o matar al puto Señor de las Tinieblas. Le diré a Perks que desocupe su despacho. Hace tiempo que quería librarme de ese saco de excremento bueno para nada.

-Alastor, te he pedido de buena manera que dejaras los insultos –le recriminó la señora Wasley al pasar junto a él cargada de platos y cubiertos. Ojoloco la vio pasar y le lanzó un gesto de burla con la lengua.

-Gorda puta…

-¿Qué has dicho? –saltó Ron, saliendo del agua empapado.

-Que me pica la nuca –dijo él, fingiendo confusión y rascándose la nuca. Ron lo miró con los ojos entrecerrados.

-Lo siento, señor Moody, es mi decisión, terminaré los estudios –dijo Harry, mientras le pasaba una toalla a Ron.

-Como quieras. Pero si cambias de opinión mándame una puta lechuza. De cualquier forma nada está pasando estos días, así que podremos sobrevivir sin ti. Pero más vale que no cambies de vocación, mira que uno nunca sabe cuando surgirá algún otro puto mago tenebroso. ¡Alerta permanente!

-Descuide, no cambiaré de vocación.

-Qué hermosa noche –comentó Tonks mientras se sentaban. Harry se sentó entre Ron y Hermione y se sirvió carne. Durante toda la cena nadie dejaba de hablar de Harry, lo que ya empezaba a ponerlo nervioso. Esperaba que la gente pronto se olvidara de él y lo dejara tranquilo un rato. Lupin hizo todo un elaborado discurso sobre las reacciones de la gente en el resto del mundo ante la caída de Voldemort, y de que Harry había desencadenado todo tipo de cosas positivas en la comunidad mágica y la cooperación internacional. Finalmente, por fin, dejaron el tema de lado cuando Fred dijo:

-¿Y, Harry? ¿Al final has podido conseguir entradas para el Mundial?

-Aún no le pregunté a Kingsley –dijo él-. Pero, a juzgar por cómo me viene tratando…

-Kingsley supuso que podías querer ir a ver el Mundial –dijo Ojoloco, mientras masticaba un enorme pedazo de carne-. Así que reservó cincuenta entradas para ti y acompañantes. Espera que no lo consideres una exageración.

Harry rió junto con los demás, encantado. En medio del deleite por los buenos acontecimientos era difícil recordar que ya habían pasado cuatro años desde que fueran a ver el otro Mundial de Quidditch, allí mismo en Inglaterra, en cuarto año; Harry se había sorprendido cuando Fred le anunció que se estaba llevando a cabo ese verano de nuevo (se hacía cada cuatro años), y que esperaba que Harry le consiguiera entradas para la gran final, a la que ésta vez Inglaterra sí había llegado.

-Es genial que este año hayamos llegado a la final –comentó Tonks-. ¿Contra quién jugaremos?

-Contra el equipo local –dijo Ojoloco.

-Ah, claro, no iban a hacerlo en Inglaterra dos veces seguidas –reflexionó Hermione-. Es decir, que si vamos a ver la final, tendremos que viajar al nuevo país anfitrión del Mundial.

-Exacto –dijo Fred-. Ya me he comprado mi sombrero de mariachi.

-¿Qué? –se extrañó ella-. ¿A dónde iremos? ¿Dónde es la final de Quidditch?

-¡En México! –dijo Fred, encantado.

No tengo la menor idea de por qué titulé "¡GOL!" a este capítulo, pero tenía ganas de hacerlo y lo hice. No soy de México, sino de Argentina, pero la mayoría de ustedes, o de los que han seguido mis otros fics son de México, así que me pareció un gesto de devolución por sus lecturas incluir su país en la historia. Ahora les pediría un pequeño favor a quienes sean de allí… ¿Me dirían cosas típicas de su país, y por el estilo? Jaja, tengo que recopilar información para el próximo cap. Gracias!

Espero que les haya gustado. Este fic tendrá 15 capítulos y actualizaré más o menos tres veces por semana, de la forma que hice con los anteriores. Todos los comentarios y sugerencias serán tenidos en cuenta : ) Saludos!


2. ¡Por las barbas de Ronald!

El día estaba espléndido y el calor sofocaba. Hermione estaba en el jardín de La Madriguera, vestida de negro, limpiando la vieja motocicleta de Sirius, que habían encontrado en el galpón de Arthur y Harry le había regalado. Su corto cabello se agitaba con la brisa caliente, se lo había cortado por encima de la nuca recientemente.

-¿Estás lista? –le preguntó Harry, apareciendo tras ella con Ron.

-Sí, ¿y ustedes?

-Tenemos todo –dijo Ron, levantando un monedero de cuero gastado en alto para que ella lo viera-. Gracias por enseñarme el encantamiento de extensión indetectable.

-De nada, muñeco –la chica se apartó de la moto y los escudriñó con sus ojos castaños.

-¿Muñeco? –se extrañó Harry, y rió.

-¿Cuándo te hiciste eso? –preguntó ella, mirando a Ron. Harry se dio cuenta de que se refería al hecho de que Ron se había dejado el bigote pelirrojo esa mañana, al afeitarse.

-Ahora sí parezco mexicano, ¿verdad? –preguntó él, muy contento.

-Es sexy –ella sonrió-. ¿Recordaron empacar los libros?

-Claro, Hermione –Ron revoleó los ojos-. Ya deja de preguntar eso, los puse todos.

-¿Y mi ropa interior?

Ron metió la mano en el monedero, que desapareció de la vista mucho más profundo de lo que hubiera tenido que ser por lógica, y sacó una tanga verde esmeralda.

-Sí, aquí está –sonrió de oreja a oreja, su desprolijo cabello rojo cayéndole en la cara.

-De acuerdo –la chica se acercó a Ron y le arrebató el monedero y la tanga, que hundió adentro de inmediato-. Bueno, vamos entonces.

Se metió el monedero dentro de la blusa por el cuello y pasó una pierna por encima de la moto. Harry se subió tras ella, y Ron detrás de Harry. Pateó la estribera y arrancó con mucho estruendo. Los tres se alejaron por el jardín hasta la valla que indicaba el fin del terreno y pasaron, ya que estaba abierta. Ahora que el mundo volvía a ser un lugar seguro ya no había encantamientos protectores en La Madriguera.

-¡Vamos a divertirnos! –chilló Hermione, y apretó un botón junto al manubrio. Empezó a sonar "Holiday", de Green Day, mientras se alejaban cada vez más rápido por la calle.

Lanzó un gritito de diversión y aceleró más y más, hasta que los árboles que rodeaban el camino rural fueron una mancha marrón y verde a su lado. Harry se sujetó fuerte a su cintura; temía caer en cualquier momento, Hermione estaba teniendo uno de sus momentos de frenesí.

-¡¿Te sientes bien?! –preguntó Ron cuando la moto llegó a la velocidad de ciento setenta kilómetros por hora.

-¡Mejor que nunca! –gritó Hermione entre el estruendo del motor.

Finalmente llegaron a la casa de los Lovegood. Hermione estacionó a un lado de la verja y bajó resuelta, primero que nadie. Una vez que dejaron la moto apoyada contra el cartel de "Cuidado con las ciruelas dirigibles" golpearon la puerta. Abrió Xenophilius.

-Hola, chicos –dijo, algo nervioso-. Enseguida llamaré a Luna.

Desapareció unos instantes y regresó con…

-¿Luna? –los tres se quedaron boquiabiertos. Luna tenía el pelo planchado, las cejas muy depiladas y no llevaba ningún accesorio extraño o inusual; de hecho, su blusa y jeans combinaban muy bien y no había rastros de pendientes de rábanos en sus orejas. Se veía hermosa.

-¿Te hiciste un piercing? –preguntó Harry, mirándola con atención. Ella sonrió. Tenía un piercing en la ceja izquierda.

-Me gusta el cambio –comentó Ron, alegre, mientras ella se despedía de su padre y salía de la casa. -¿Y tu equipaje?

Luna metió la mano en un bolsillo y asomó hacia afuera el extremo de un bolsito pequeño.

-Llevo todo mi guardarropas nuevo aquí. Y eso que he hecho muchas compras este verano. Gracias por el consejo sobre el encantamiento de extensión indetectable, Hermione. ¿Cómo entraremos los cuatro en la moto?

-Encantamiento de… de extensión indetectable, de hecho –Hermione sonrió-. A que es muy útil, ¿eh?

Subieron todos a la moto, y, aunque de afuera el vehículo se veía igual, cuando se sentaron el asiento se hizo más amplio y cómodo. Entonces Luna metió la mano en el escote de su blusa y sacó un atado de cigarros. Encendió uno y volvió a guardar el atado en su escote. Harry y Ron se miraron entre sí, sorprendidos.

-¿Me das uno? –pidió Hermione. Luna le pasó un cigarro y Hermione encendió el motor mientras fumaba. Volvió a acelerar y se alejaron a toda velocidad.

-¡Hermione! –gritó Harry, sobre el ruido infernal-. ¿Desde cuándo fumas?

-¡Desde hoy! –gritó ella-. ¡Quiero acelerar más!

-¡Está al todo lo que da! –gritó Ron-. ¡Estamos andando a doscientos!

-¿Y si presiono uno de estos?

-¡No! –le gritó Harry, recordando los sucesos que habían tenido lugar un año atrás, cuando tuvo que huir de Voldemort en esa misma moto, con Hagrid. Pero ella ya había presionado el botón… El caño de escape empezó a escupir fuego y la moto aceleró pasando de doscientos a trescientos kilómetros por hora en diez segundos.

-¡WOW! –aulló Ron, que apretaba los brazos contra el costado de Harry con tanta fuerza que le hacía daño. Ahora ya no se distinguía ningún árbol; era como estar en un traslador, por la velocidad y el hecho de que todo a su alrededor fuera sólo una forma uniforme y borrosa.

Hermione gritó de la emoción. De pronto la moto tropezó con un montículo de barro en el camino de tierra y saltaron varios metros por los aires, hasta que volvieron a golpear el suelo con fuerza y siguieron su camino. Todo el interior de Harry se había sacudido con violencia.

Y entonces Hermione entrecerró los ojos, tratando de comprender dónde estaban, y clavó los frenos con tanta fuerza que la moto se volcó y todos salieron despedidos en direcciones opuestas.

-¡Hermione! –protestó Ron, mientras se ponía de pie. Harry había ido a parar a escasos centímetros de un árbol, sobre un colchón de alto césped.

-¡Lo siento! –se disculpó ella. Todavía tenía el cigarro en la boca. -¡No me di cuenta que ya habíamos llegado!

-¿A dónde? –preguntó Harry-. Estamos en el medio del campo.

Pero entonces vio la casa que se alzaba a varios metros de distancia, tras un grupo de árboles. Y había dos figuras caminando hacia ellos. Eran los padres de Cedric. Harry se puso nervioso cuando estos llegaron y los saludaron. No se veían miserables ni nada así, pero tampoco felices. Traían algo en la mano.

-Este es el traslador –dijo el señor Diggory, y levantó una lata de atún vacía-. ¿Esperamos a alguien más?

-No –dijo Harry-. Somos nosotros. ¿A qué hora parte?

-En dos minutos.

Luna se recostó contra la enorme motocicleta y se encendió otro cigarro. Harry hundió las manos en los bolsillos de los jeans y sintió su varita en uno de ellos y su teléfono celular en otro. Los tres se comunicaban con teléfonos muggles, porque era mucho más rápido que los medios de comunicación de magos, y además no les importaba parecer muggles, no tenían ningún prejuicio contra ellos.

-¿Dónde está el resto de tu familia? –preguntó el señor Diggory, mirando a Ron-. Creí que irían todos.

-Es un largo viaje en traslador –le dijo Ron-. Mamá no quería hacerlo, siempre se queda sin aire en los trasladores, ya sean de corta distancia o no. Y como es muy lejos para aparecerse y se corre el riesgo de despartición, no les quedaba otra que ir volando.

-¿Irán en escoba? –se extrañó el señor Diggory.

-No, claro que no, los llevará el ministro… en uno de sus aviones.

-¡Ah, claro! Y supongo que tus hermanos también prefirieron volar.

-No se perderían el servicio de comida de un avión del ministro –comentó Ron.

-Pero ustedes prefirieron el viejo traslador.

-Es más clásico –dijo Hermione.

-Ya es hora –el señor Diggory y su señora sujetaron el traslador, y los cuatro adolescentes pusieron sus dedos sobre la lata de atún. Hermione sujetó la moto con su mano libre.

Entonces empezaron a girar en el aire y se elevaron. Pronto viajaban a toda velocidad en un incomprensible mundo donde el rostro de los demás eran sólo figuras borrosas y todo lo demás alrededor era una mancha de colores entremezclados.

Harry tuvo la impresión de que el viaje no terminaba más. Se había quedado sin aire, pero seguían girando y girando, y cada vez estaba más seguro de que moriría asfixiado en cualquier momento. Los cuerpos de los demás chocaban contra el suyo, y como Hermione estaba a su lado también recibía ocasionalmente golpes de la motocicleta, que colgaba del brazo de ella.

Trató de mirar hacia abajo y le pareció ver una mancha azul enorme, que se extendía todo a su alrededor. El Atlántico…

Entonces sintió que empezaban a bajar. Hizo el esfuerzo de permanecer vertical, y cuando tocaron el suelo logró mantenerse estable, como los señores Diggory. Ron y Luna cayeron uno encima del otro.

-¿Ya llegamos?

-Sí, parece que sí –dijo el señor Diggory, mirando alrededor. Harry también examinó los alrededores. Estaban en un paraje con un prado verde extenso rodeado de sierras. Ante ellos había cientos de carpas. Era muy parecido a como había sido en Inglaterra, sólo que el terreno era mucho más irregular y estaban rodeados de bosque y más bosque, que servía para ocultar a los magos.

-¿Sus apellidos? –preguntó un hombre frente a ellos, con una lista. Harry lo miró. Era un mago, era evidente ya que llevaba un quechquemitl sobre saco y corbata. Pero debía ser un mago mexicano, por su acento.

-Diggory.

-Pasen, su sector es a trescientos metros en aquella dirección –estaba hablando inglés para que le entendieran, pero no sonaba muy convincente.

Se despidieron de los Diggory y se subieron en la moto de Hermione.

-¿Ustedes no entran? –preguntó el mago.

-Vamos a buscar al resto de la familia –dijo Ron-. ¿Sabe cómo llegar al D.F.?

-Ve por aquella carretera, es la 134 –dijo él-. Y sigan hasta Toluca. Una vez allí deben tomar la autopista México-Toluca. Intenten llegar antes del final del partido.

Se rió de su propio chiste. Pero Hermione se sentó en la moto, firme, y acarició el botón del turbo.

-Oh, sí, yo creo que llegaremos –dijo, sonriendo. Luna se sentó tras ella y las dos se encendieron cigarros.

-No quiero empezar a fumar –le susurró Ron a Harry al oído, mientras se sentaban tras ellas, para que no lo oyeran-. Detesto el cigarro. No dejes que me hagan adicto.

-Claro que no.

-Agárrense fuerte –dijo Hermione, y Harry cerró los ojos mientras se aferraba a la cintura de Luna. La chica encendió el motor y el rugido del mismo resonó en el aire.

-¿Por qué tenemos que ir a buscarlos? –quiso saber Luna-. ¿No vienen directamente aquí? Podrían aparecerse desde el aeropuerto.

-Claro que podrían –dijo Hermione-. Pero yo quiero conocer México. ¿Vamos?

Entonces empezó a acelerar y Harry salió propulsado hacia atrás, de forma que casi lanza a Ron fuera de la moto.

Levantaron tierra por todos lados mientras se dirigían a la carretera. Entonces, ni bien llegaron al asfalto, Hermione presionó el botón y salieron despedidos hacia adelante con furia.

-¡Por las barbas de Ronald! –gritó Luna, cuando el impulso casi la hace caer de lado. Harry y Ron se desternillaron de la risa. El bigote de Ron era bastante largo (Harry sospechaba que lo había hecho crecer con magia) y se revolvía con el viento. Cuando volvió a mirar hacia adelante, Harry sólo vio la larga y rubia cabellera de Luna golpeándole la cara, y se la metió dentro de la blusa sin pedir permiso para que no le molestara, lo que le permitió ver el corto pelo de Hermione agitándose más adelante, y el ocasional vehículo de un muggle.

Iban por la carretera de asfalto rapidísimo, y Harry era muy consciente, mientras se abrazaba a Luna, de que si chocaban morirían los cuatro al instante. Al parecer iban por la ladera de una sierra, y a ambos lados estaba todo lleno de árboles; de vez en cuando desaparecían y se veía césped amarillento y rocas, pero pronto el paisaje volvía a ser de espeso bosque.

Miró el kilometraje: trescientos veinte kilómetros por hora. Eso era una locura. Adelantaron varios autos y Harry tuvo la súbita idea de que estaban en el autobús noctámbulo, sólo que no iban por una calle urbana.

-Estamos en la ciudad de Toluca –informó Hermione en un momento.

-¿Cómo lo sabes? –preguntó Ron.

-Porque ya no hay bosque –dijo ella-, y porque estamos en medio de una ciudad… y porque me lo marca el GPS.

Harry vio que Hermione tenía su celular en la mano, y movía la pantalla con el dedo observando el mapa de calles de Toluca.

-¿Podrías al menos detener la moto si vas a estar usando el teléfono? –le gritó Ron. En ese momento pasaron un semáforo en rojo y casi chocan contra un camión. Ella apartó la vista de su celular y viró rápidamente hacia la derecha en una calle.

-Lo siento –masculló-. Es por aquí la entrada a la autopista.

Por fin llegaron a México D.F., un rato después.

-Increíble –murmuró Luna, mirando las construcciones y edificios. Parecía que nunca hubiera ido a una ciudad en su vida-. ¡Miren eso! ¡Qué lindo monumento!

-Creo que el aeropuerto internacional es por aquí –dijo Hermione-. ¡Oh, no! ¡Esperen, es por aquí!

Habían estado dando vueltas en círculos alrededor del Monumento a la Independencia, esquivando autos a ciento veinte kilómetros por hora, cuando Hermione pegó un viraje brusco que hizo derrapar a la moto y pasar entre medio de dos autos, no estrellándose de pura casualidad.

-¡SANTAS CACHUCHAS! –se escuchó el grito de Luna por encima de las bocinas de los autos. Harry y Ron se debatían mentalmente entre si reírse a las carcajadas por el grito de Luna o enojarse e insultar a Hermione. Finalmente no hicieron ninguna, porque Hermione ya había puesto la moto a ciento ochenta y estaban demasiado ocupados agarrándose fuerte y rezando por sus vidas mientras ella adelantaba autos sin parar.

-¡Hermione! –gritó Ron por detrás de Harry-. ¡¿Ves esas cosas con luces rojas, verdes y amarillas?! ¡Son semáforos! ¡Respétalos!

-¡Ya casi llegamos! –dijo ella por toda respuesta.

Siguieron por Paseo de la Reforma, y luego doblaron a la derecha en Río Consulado y siguieron por allí.

-¡¿Dónde estamos?! –preguntó Harry. La avenida se curvaba hacia la derecha, luego a la izquierda, y luego a la derecha de nuevo. Durante unos peligrosos segundos, Hermione bajaba la mirada, consultaba su teléfono y luego volvía a mirar hacia adelante y aceleraba más.

-¡ESTAMOS YENDO A DOSCIENTOS KILÓMETROS POR HORA EN UNA CALLE URBANA, HERMIONE! –bramó Ron, aterrado-. ¡VAMOS A MORIR!

-¡Aquí es! –dijo ella con júbilo. Harry distinguió a su izquierda el aeropuerto, pero en ese momento Hermione clavó los frenos, o mejor dicho él freno, porque sólo presionó el delantero, de forma que la moto se elevó en el aire y giró sobre sí misma, y los cuatro chicos salieron despedidos en medio de la calle. Harry escuchó a Hermione gritar un conjuro, y se detuvo en seco en el aire, justo cuando su cabeza estaba a punto de golpear fuertemente contra el cemento. Entonces se puso de pie, mareado, y buscó a su esposa rápidamente, para matarla.

-¡Estás loca! –Ron le había ganado de mano, había llegado primero-. ¡Casi nos matas! No pienso volver contigo en esa moto, estás demente.

Se apartaron de la calle y dejaron la moto a un lado. Excepto por algunas rayas extra, no le había pasado nada.

-Entonces supongo que no te importará perderte el partido –dijo Hermione, algo molesta por la actitud de Ron-. Vamos, el vuelo de Kingsley llegará en cualquier momento.

-A propósito… -dijo Harry, que pronto había recordado una pregunta que tenía en la cabeza, de modo que olvidó su enojo con Hermione-. ¿Cómo llegarán? No creo que Kingsley Airlines sea un servicio regular entre los muggles, ¿verdad?

-Claro que no –dijo Hermione-. Síganme.

Caminaron por la entrada, sobre la cual se leía "Aeropuerto Internacional Benito Juárez", e ingresaron.

-Por aquí.

-¿Cómo sabes por dónde ir? –inquirió Ron-. ¿Acaso te lo marca el GPS?

-Veo los letreros, idiota.

-Ah, claro.

-Bien –dijo Hermione de pronto, y todos se detuvieron-. Aquí estamos.

-¿Qué hay aquí?

-Mira –dijo ella, señalando hacia arriba. Había un letrero que indicaba "F2" y señalaba a la izquierda, y luego "F1" y señalaba derecho.

-Sí, son las salas de embarque –convino Harry-. ¿Por cuál vamos?

-Por ninguna de ellas –dijo Hermione, sonriente.

-¿Y por qué nos traes aquí?

-Nuestro vuelo llegará en la sala F1 y ¾.

-Oh, no –dijo Ron, revoleando los ojos y suspirando.

-Oh, sí –dijo ella, sin dejar de sonreír.

-Bien, ¿dónde es? –dijo Harry, resignado.

-Aquella pared. La que está justo cuando termina la sala F1.

-Bien, vamos –Harry y Ron se colocaron uno al lado del otro, observaron que ningún muggle los mirara, y corrieron a toda velocidad hacia la pared.

-¡Ahhhhh! –gritó Ron a su lado, asustado. La pared estaba más y más cerca… y entonces…

¡PLAF!

Harry y Ron se dieron de lleno contra la pared. Sus cabezas golpearon la dura superficie y un dolor horrible dejó paralizado a Harry mientras caía hacia atrás y se desplomaba en el suelo, sintiendo que se le había roto el cráneo. Todos los muggles se quedaron de piedra, mirando a los dos muchachos con el ceño fruncido.

-Los jóvenes de hoy son unos idiotas –murmuró una mujer, negando con la cabeza antes de seguir de largo.

-Ya no les basta con las drogas –dijo un anciano que pasaba, con cara de amargado-. También sienten la necesidad de reventarse las caras contra las paredes. La juventud está perdida, siempre lo dije.

Enfurecido, Harry ayudó a Ron a levantarse y fueron hacia donde estaban las otras dos chicas.

-¡Lo siento tanto! –dijo Hermione, mordiéndose las uñas y con cara de pánico-. ¡Me equivoqué! ¡No era esa la pared, era la que está en frente!

-Esta vez ustedes irán primero –dijo Ron, con rabia, mientras se masajeaba la cabeza.

Hermione y Luna se miraron, tomaron aire y corrieron hacia la pared del lado opuesto a toda velocidad. Cuando llegaron, la atravesaron limpiamente y desaparecieron de la vista.

-Bien, vamos –refunfuñó Harry. Corrieron hacia esa pared y la atravesaron también.

Harry miró alrededor. Se encontraban en una sala de embarque llena de asientos dorados, carritos con golosinas, varitas mágicas de juguete para los niños, un pequeño bar atendido por una bruja con sombrero puntiagudo y una perfumería llamada "Fragancias de Merlín".

En el medio, enorme, un letrero también dorado rezaba: "Sala F1 y ¾".

-¡Allí están! –gritó Ron. Harry alzó la cabeza y vio a Fred, George, Percy (que se había reconciliado con su familia), Bill, Fleur, Ginny, Charlie, el señor y la señora Weasley; y también a Seamus, Dean, Neville, Hannah (con quien ahora eran buenos amigos), Colin y Denis Creevey, los padres de cada uno de todos ellos (y otros familiares), Tonks, Lupin, Ted, los padres de Tonks, Ojoloco, etc., etc., etc.

-Wow –dijo Harry, sorprendidísimo, al ver bajar a Kingsley con una sonrisa radiante y los brazos extendidos hacia él-. Parece que al final todos pudieron venir.

-Y sobraron boletos –le dijo Kingsley, mientras le daba un rápido abrazo paternal-. Yo te había reservado cincuenta. Espero que no te importe que haya usado el resto para invitar a unos colegas míos.

-¡Claro que no! Si usted me regaló los boletos. Gracias por…

Pero Kingsley lo interrumpió:

-Harry, te presento a Mafalda Hopkirk, Reginald Cattermole, Twycross, y este de aquí es Perkins. No el Perkins que solía ser subordinado de tu padre, Ron, este Perkins es auror.

-Mucho gusto –saludó el mago, tendiéndole la mano a Harry-. Es un placer para nosotros compartir este evento con Harry Potter, el mago que nos ha salv…

-Sí, sí, ahórrate la charla, Perkins –dijo Ojoloco, pasando resuelto junto a él y colocándose junto a Harry-. Tenemos que escoltar a este chico hacia el Campeonato Mundial sin ser identificados. No hay tiempo que perder.

-¿Pero de qué habla? –replicó Perkins, mirando a Ojoloco como si estuviera mirando a un loco-. ¡Ya no existe el Innombrable, Harry no corre ningún peligro!

-Escúchame bien, Perkins –Ojoloco lo miró con ambos ojos (real y falso) clavados en los de él, y su arrugado rostro se contorsionó con ira-. Cuando tú lavabas retretes, Perkins, yo estaba peleando con los putos magos tenebrosos del maldito Señor de las Tinieblas.

-Deja las palabrotas, Alastor –exclamó Molly, mirándolo con resignación.

-Así que cuando yo diga que trasladamos a Potter –siguió Ojoloco, sin escucharla-. Trasladaremos a Potter, ¿entendido?

-Pero señor Moody, yo no corro peligro –insistió Harry-. Vinimos aquí en moto, para recorrer un poco y conocer, y nada malo nos ha pasado. Bueno, Hermione casi nos mata conduciendo como demente, pero más allá de eso…

-Ven aquí, Potter –Ojoloco sacó un frasco de su bolsillo-. Tómate esto. Es poción multijugos. Te disfrazaremos y te escoltaremos. Iremos con escobas. Ustedes dos –se dirigió a Ron y Hermione-. Tomen también. Iremos todos disfrazados.

-Por favor, Alastor –replicó el señor Weasley, cansino, cuando todos soltaron exclamaciones de protesta-. Te lo hemos dicho una y otra vez. Ya nadie corre peligro. Todo terminó, estamos a salvo ahora. Deja que los chicos disfruten…

-Cierra el pico, Weasley –Ojoloco se acercó a Arthur y clavó sus dos ojos en él, bien de cerca, con cara de desprecio y al parecer olfateándole el rostro.

-Papá me dijo que este último año Ojoloco enloqueció más de lo normal –le susurró Ron a Harry, en secreto, mientras tanto-. Ya está viejo.

-Escúchame, Arthur –Ojoloco miraba al señor Weasley todavía de cerca-. Cuando tú limpiabas orinales en el ministerio…

-Uff… Mejor hagámosle caso –sugirió Hermione. Así que, a su pesar, Harry aceptó y se bebió la poción multijugos. La mitad de ellos fueron en escobas, escoltando a Harry, pero Hermione, Luna, Tonks y muchos otros se aparecieron directamente. Hermione se llevó su moto.

Un rato después llegaron de vuelta a la zona boscosa llena de carpas.

-Me llevaré a Moody –le susurró Arthur a Harry en secreto-. Ustedes aprovechen y vayan a armar la carpa, ya es tarde. Te libraré de él o seguirá molestándote toda la noche. Desde hace meses no deja de insistir en que debemos protegerte. No me extrañaría que aún no haya caído en la cuenta de que Voldemort ha muerto. Sabes que es susceptible a la paranoia.

-Gracias, señor Weasley –suspiró Harry, aliviado.

-Vamos, Ojoloco –dijo Arthur en voz alta, después de que el mago de la entrada les indiciara sus sectores-. Tenemos una carpa especial para ti, yo te acompañaré.

-¡¿Qué?! Pero, ¿y Potter? –el ojo loco de Moody giró por todos lados hasta encontrar a Harry-. ¡No, espera, Arthur, debemos protegerlo! –Arthur lo tomó del brazo, con paciencia, y se alejó con él por entre las carpas-. ¡ALERTA PERMANENTE, POTTER! ¡ALERTA PERMANENTE!

-Ahora sí que está pirado –comentó Ron.

-Vamos a armar las carpas.

Hicieron las carpas. Kingsley había llevado como veinte carpas espectaculares de varios pisos de altura y las decoraron con los colores de Inglaterra. Una vez que Harry estuvo cómodo e instalado en la suya, que compartía con Ron y Hermione, se sentó en la larga mesa del comedor y se bebió una gaseosa.

-¿A qué hora es el partido? –le preguntó a Ron-. No puedo esperar.

-Comienza a las once –dijo él.

-¿Tan tarde? Bueno, mejor, así tenemos tiempo de cenar algo. Vi unos platos estupendos en la heladera…

-A las once de la mañana, Harry.

-¿Qué? ¿De la mañana? ¿No es ahora el partido?

-No, es mañana.

-¿Y por qué el mago de la entrada nos estuvo molestando con eso de que no llegaríamos a tiempo?

-No lo sé. ¿Porque es un imbécil, quizás?

-Pero –Harry arrugó la frente y bebió otro sorbo de Magic-Cola (bebida de fabricación artesanal hecha por duendes)-. No entiendo, me gustó que el otro mundial fuera a la noche, con todas las luces emitidas por las cosas que compraba la gente, y todo. ¿Por qué esperar hasta mañana?

-Porque este año cambiaron de estrategia –explicó Ron, sentándose con las piernas sobre la mesa-. Desde que empezó el Mundial, nuestro buscador, Stanley, ha dejado de buscar la Snitch y se ha pasado los partidos enteros persiguiendo y acosando a los buscadores de los otros equipos. Ya sabes, finge que la ha encontrado y se lanza en picada, o simplemente ronda de cerca al otro buscador para impedirle concentrarse. Se supone que la estrategia es que, al hacer esto, se asegura de que no finalice el partido hasta que estemos en el puntaje necesario para ganar, y que no ocurra lo del último Mundial. La estrategia ha funcionado bien, hemos ganado muchos partidos así, Stanley sólo se puso a buscar la Snitch cuando la diferencia de puntaje nos haría ganar al atraparla, o incluso ha llegado a esperar a que obtuviéramos un puntaje que nos permitiera colocarnos en lo más alto de las listas, a propósito. Entonces, cuando estaba seguro, empezaba a jugar apropiadamente.

-Oye, Ron -dijo Harry, pensativo-. ¿Cómo es que tú siempre sabes todo de Quidditch y yo no tengo ni idea? ¿Qué estaba haciendo yo mientras mirabas todos esos partidos estas semanas?

-La mayor parte de las veces que recuerdo estabas siendo acosado incansablemente por Kingsley en algún lado.

-Ah, claro, eso lo explica -Harry entrecerró los ojos, molesto.

-El punto es que, si bien la estrategia funciona, los partidos han durado una eternidad. Imagínate que el partido no termina hasta que capturan la Snitch, y ninguno de los buscadores está prestando atención a su tarea, distrayendo al otro y aplicando tácticas. El último partido que jugamos duró dieciséis horas.

-¿En serio?

-¡Sí! Yo lo vi todo. Tú estabas con Kingsley.

-Y yo contigo, Ron, tratando de que me prestaras algo de atención -se quejó Hermione.

-No recuerdo eso, pero no importa -dijo Ron, ignorándola. Hermione lo miró con enojo. -Como te decía, Harry, duró dieciséis horas, porque cada vez que íbamos en un puntaje apropiado para ganar, Stanley se ponía a buscar la Snitch, pero mientras lo hacía los otros jugadores marcaban más tantos y la diferencia ya no nos favorecía. Fue interminable, hasta que finalmente consiguió atraparla. Por eso, para la final, decidieron empezar temprano el partido y no de noche, porque de esa forma los jugadores estarán descansados en el caso de que tengan que estar todo el día jugando.

-Tiene sentido -razonó Harry-. ¿Qué haremos esta noche entonces?

-Pensé algo -dijo Hermione, acercándose más a ellos-. Pensé que podríamos tener una cena romántica, ¿qué les parece?

-Pero Hermione, eso lo podemos hacer en cualquier momento -dijo Ron-. Esta noche, según oí, habrá fiestas en el bosque organizadas por ambos equipos, y venderán toda clase de cosas del Mundial que podemos comprar, ya que, esta vez, ¡ninguno de nosotros es pobre! -sonrió.

-Quiero una cena romántica -insistió ella, molesta de nuevo-. Y eso es lo que haremos. Ya compré las velas y traje la vajilla especial de mamá.

-¿Qué? -dijo Harry, incrédulo-. ¿Trajiste su vajilla? ¿Y dónde la metiste?

Hermione le dio unas palmaditas al monedero de cuero que habían dejado sobre la mesa, con una mirada de suficiencia.

-Bien, de acuerdo -dijo Ron, sin poder disimular su decepción.

-Hace falta agua -dijo ella-. ¿Irías a buscar, Harry?

-Claro, señora Weasley; es decir, Hermione -bromeó Harry, pero ella no rió. Así que tomó el balde y salió a la hermosa noche. De inmediato fue recibido por el sonido de cientos de personas llenas de emoción y energía, agitando banderas que en su mayoría eran de Inglaterra, ya que estaban en aquel sector. Pero para llegar al pozo de agua Harry tuvo que pasar frente al sector de los magos de México, y se sorprendió al ver cómo los colores de la bandera mexicana triplicaban la cantidad que había visto de las de Inglaterra. De pronto se sintió un extranjero por primera vez, porque todo el mundo hablaba en fluido y rápido español, y no podía entender una palabra.

-Oh, Harry -exclamó Ginny para sí misma. Estaba escondida detrás de un árbol, viendo a Harry avanzar entre la multitud. Lo había seguido todo el camino, pero él no se había dado cuenta de nada. -Cómo desearía haber dejado de sentir lo que siento por ti... Como me gustaría que se me pasara. -Hablaba sola, jugando con un mechón de su cabello. Cuando lo perdió de vista, se movió entre árboles, carpas y gente y volvió a encontrarlo, enganchando su balde al pozo y sacando agua de él. -Tarde o temprano serás mío, Harry -exclamó-. Cueste lo que cueste, voy a tenerte. No me daré por vencida. Tú debiste haber terminado a mi lado, debiste haberte quedado conmigo... Pero pronto... Muy pronto, ya lo verás.


3. WTF, güey

La cena había terminado. Los platos seguían sobre la mesa de la carpa, pero ellos tres ya no estaban allí. Ahora las velas iluminaban el cuarto del piso superior –adornado de flores y con un candelabro de cristal que destellaba con el brillo del fuego- y Harry, Ron y Hermione estaban desnudos en la cama.

Estaba sudando. Harry se había colocado encima de ella. Todo el peso de su cuerpo caía sobre la chica, cuya respiración sonaba agitada en su oído, cada vez más. Ron estaba debajo, y Harry veía sus manos masajeando los pechos de ella, mientras él la penetraba. Hermione tenía los ojos cerrados y el ceño fruncido. Su boca estaba un poco abierta y de vez en cuando realizaba un espasmódico movimiento con la cabeza. Mientras la contemplaba, Harry pensó que se veía como si estuviera preocupada, pero sabía que en realidad estaba disfrutando de aquello.

Pasó algo raro; la mirada de Harry se conectó con la de Ron, que estaba varios centímetros debajo de él, por una fracción de segundo. Apartó la mirada, incómodo. No le resultaba nada agradable el contacto de cualquier tipo con Ron durante esos momentos. Volvió a sumergirse en la contemplación de los párpados de su amada. Hermione, la chica más hermosa que hubiera tenido el placer de conocer jamás.

¿De verdad?

La miró con más ganas, apretó los dientes y la penetró más fuerte. Ella respondió abriendo más la boca y respirando entrecortadamente mientras jadeaba y su pecho se inflaba y desinflaba, aún con las manos de Ron encima. Ella era la mujer de sus sueños, siempre lo había sabido. Ahora todo era perfecto, estaba casado con aquella que amaba y que siempre amaría. Pero no podía evitar pensar cosas… Él sólo tenía dieciocho años, y "para siempre" era mucho tiempo… Era extraño pensar que nunca volvería a estar con nadie más.

Su mente empezó a volver hacia atrás. La última había sido Ginny, cuando se aprovechó de él. La anterior había sido Tonks, cuando él la consoló en La Madriguera. Eso había sido el último año. El anterior, sexto, había sido quizás el más salvaje; ese año se había acostado con Demelza, la jugadora de su equipo de Quidditch; con Luna, repetidas veces; con Cho, con Romilda Vane, y también con Tonks, por primera vez. Y eso por no mencionar a una extraña que había conocido en el motel "École d'amour", que resultó ser Hermione con poción multijugos. ¿Quién más había sido Hermione con poción multijugos? Demelza había sido original, y también Luna, y Romilda Vane, y Tonks… De hecho, ahora que lo pensaba, se había acostado con montones de chicas y Hermione sólo se había hecho pasar por ellas en una ocasión con él… quizás dos, no lo recordaba. Oh, y Pansy. Pansy Parkinson también. El muy sucio había estado con ella en público, en medio del club de Hogsmeade.

Hermione empezó a gemir. Ya conocía muy bien ese gemido, y había sido consciente de que estaría por llegar, porque solía empezar con ellos en el mismo momento dado. Ron, debajo de él, se había dado cuenta también, porque se movió con más ímpetu, mientras la penetraba por debajo.

Así sería toda su vida… Él y Ron, acostándose con Hermione al mismo tiempo. Ella disfrutando de sus dos hombres. Nunca lo había pensado, pero debía ser muy afortunado poder acostarse con dos personas del otro sexo al mismo tiempo. Debía sentirse muy bien. Podría decirse que él ni siquiera se estaba acostando enteramente con una, porque la compartía con su amigo.

Se dio cuenta de que ella estaba por llegar al orgasmo. Apuraron el ritmo, los dos servidores de ese cuerpo con cabello corto sediento de sexo. Harry pensó que Hermione le gustaba más cuando usaba el pelo largo y lleno de rulos, enmarañado y con frizz. Pero no se lo había dicho, desde luego.

-¡Oh! –gimió, arqueando todo su cuerpo, aún con sus ojos cerrados. Ron bajó sus manos desde sus pechos hasta sus caderas, y apretó con más fuerza, mientras Harry la penetraba hasta lo más profundo con fuerza. Entonces fue que Hermione abrió los ojos; su boca estaba ahora abierta de par en par y su expresión, que Harry había relacionado con preocupación, estaba aún más acentuada. Contrajo todo su cuerpo mientras el orgasmo le tensaba los músculos y la hacía llorar de placer. Luego se relajó.

Harry y Ron se hicieron a un lado. Harry ni siquiera había acabado, Hermione era bastante precoz y tenía orgasmos fácilmente. A veces le gustaba seguir una segunda vez, pero últimamente se agotaba y ya no quería hacer nada más que beber unos tragos o fumar después de hacerlo. Nada más. La última vez que habían estado, Harry acabó yendo al baño y masturbándose.

Miró a su lado. Hermione acababa de encender un cigarro y cruzaba las piernas. Seguía siendo excepcionalmente hermosa, no había duda de eso. Su cuerpo era perfecto. No tenía tantos pechos como Ginny ni una cola tan firme como Luna, pero… Dios, ¿qué hacía pensando en eso? ¡Basta! Hermione era su esposa, no se suponía que pensara en nadie más. Debería sentirse avergonzado…

-¿Pasa algo, Harry? –le preguntó la chica. Se dio cuenta de que lo estaba mirando con expresión dulce.

-Nada, mi amor.

-¿Podrías poner algo de música? Me encantó ese disco que me regalaste de Pearl Jam.

-Deberías dejar de escuchar música muggle –dijo Ron.

-¿Y qué escucharé entonces? ¿Las Brujas de Mcbeth? Ya me han cansado, y parece que no hay nada más entre los grupos de magos. Nada bueno.

Harry puso el disco.

-Voy a buscar algo de beber –les dijo-. ¿Quieren algo?

-Oh, sí, ¿por qué no traes la botella de vodka? –sugirió ella, alegre-. Y hay unas latas de Speed bajo la mesada.

-Siempre lo muggle… -siguió Ron.

-Cállate –le espetó ella-. Y no olvides el hielo, amor.

-No, Hermione.

-Gracias, lindo.

Harry bajó las escaleras. Seguía desnudo. No le gustaba mucho andar desnudo por ahí, pero supuso que nadie lo vería. Escuchaba un zumbido, y cuando llegó al piso de abajo se dio cuenta de que era el zumbido del refrigerador. Además de eso, todo era silencio, porque la carpa de Kingsley contaba con un sistema de protección contra los ruidos de afuera. Y la única iluminación era la luz de emergencia, de un blanco intenso, que venía desde un rincón en la cocina.

Abrió el refrigerador y sacó el hielo. Buscó la botella de Vodka en un mueble y las latas de Speed. Entonces alzó la vista y se dio cuenta de que una de las ventanas no tenía las cortinas corridas. Y le pareció, también, que una figura se apartaba de allí bruscamente cuando levantó la cabeza, como si lo hubieran estado espiando.

Se acercó y miró hacia afuera. Sólo se veía el enorme árbol que cubría la carpa donde estaban y la separaba de las demás, de la gente festejando y de las luces. Quienquiera que hubiera sido, había tenido que pasar por entre las espesas ramas para poder colocarse allí.

Harry frunció el entrecejo y cerró las cortinas. Se volvió y subió las escaleras.

-Vamos, dame fuerte –dijo Lavender, mordiéndose el labio inferior con fuerza y mirando a los ojos a su amante con una expresión que parecía odio-. ¡Más fuerte!

Tenía una pierna levantada, y los genitales del chico la golpeaban con tanta fuerza y rapidez que la hacían temblar, y ella tenía que sujetarse a la pared de la carpa para no caer al suelo.

-Vamos, vamos, vamos –dijo, relamiéndose los labios con la lengua-. ¿Es lo mejor que tienes, Percy?

-¡Lo estoy intentando! –se quejó el chico, consternado. Su cuerpo desnudo era pálido y flaco, parecía que nunca había hecho ejercicio en su vida-. ¡Lo hago tan fuerte como puedo!

-¡TENDRÁS QUE HACERLO MÁS FUERTE, PERCY! –Lavender estaba impaciente. Zarandeaba al muchacho con ambas manos y lo miraba con odio. Se sentía caliente, pero quería estar más caliente y quería que ese imbécil hiciera mejor su trabajo. Había sido una mala idea, pero no había podido conseguir a nadie mejor. Desde que llegara al Mundial junto con los demás (Kingsley había invitado a un buen montón de alumnos de parte de Harry) había estado buscando a una presa, y, lamentablemente, aquel tarado con anteojos de carey había sido lo mejor que pudo atrapar.

-Eres un inútil, Percy –acabó diciendo, lo apartó a un lado de un empujón (Percy resbaló con uno de los condones que habían quedado en el suelo cuando no tuvo la suficiente suerte para lograr ponérselos y cayó hacia atrás, dándose la cabeza contra el borde de una mesa) y luego, Lavender se sentó en una silla, sacó un consolador de un cajón y empezó a masturbarse con rapidez. -¡Sí, sí, sí! ¡Aquí viene! ¡Ohhhhhh!

Se relajó con los ojos cerrados y lanzó el consolador por el aire. Percy acababa de ponerse de pie, el consolador le dio en la cabeza y lo arrojó hacia atrás de nuevo. Molesto, Percy se vistió y salió de la carpa hecho una furia, cerrando de un portazo. Lavender levantó su teléfono celular (Harry no había sido el único en darse cuenta de que la tecnología muggle los beneficiaba) y llamó a Parvati.

-¡Oh! –se escuchó un gemido del otro lado de la línea-. Mierda, Lav, ¿tiene que ser ahora? Estoy en medio de un polvo con este chico. ¡Oh!

-¡¿Qué?! –Lavender se puso histérica-. ¿Qué chico? ¡¿Con quién estás?!

-Con… -Parvati gemía entre cada palabra que articulaba-. Con este… Con… ¡Mierda, oohhh! Con… ¡Con Fred Weasley!

-Vamos, nena, deja el teléfono –se escuchó la voz de Fred-. Esto recién está empezando.

-¡Te dejo, Lav! ¡Besos!

-¡NO! –protestó Lavender, colgando, hecha una furia-. ¡¿Por qué la taradita esta consigue a nada más y nada menos que Fred Weasley y yo tengo que conformarme con el nerd, virgen e impotente imbécil de su hermano?! ¡Este es el peor Mundial de todos!

Harry salió de la carpa. Ya era la una de la mañana. Hermione se había quedado dormida luego del segundo vaso de Speed con vodka y Ron le había dicho que se quedaría leyendo una revista deportiva que detallaba las mejores jugadas que había tenido aquella edición del Campeonato Mundial. Así que Harry se fue caminando a través de árboles, carpas y el sonido que parecía no tener fin de miles de fans haciendo barullo, lanzando fuegos artificiales (el Ministerio de la Magia mexicano no había tenido éxito en inmutar a los magos, pese a las diversas advertencias que sus magos hacían sobre no dejarse llevar y respetar el secreto contra los muggles que podía haber pasando por allí) y haciendo toda clase de fiestas por doquier. Harry se acercó a la carpa que sabía que Fred y George estaban compartiendo y golpeó la puerta (porque esas carpas tan lujosas tenían puertas de madera con aldabillas y todo). Nadie contestó. Acercó el oído y lo apoyó en la madera.

-¡Oh, Fred, eres una bestia! –chilló una voz femenina.

-¡Y recién estoy calentando, Parvati! –dijo la voz de Fred-. ¡Prepárate! ¡Esta será una larga noche!

¿Fred y Parvati? Harry sonrió. Aquello le daba gracia. Estaba por apartarse de la puerta cuando escuchó otra voz.

-Hermanito, ¿Qué estás hac…? ¡WOW!

Era la voz de George. Harry se apresuró a apoyar el oído para seguir escuchando.

-¡What the fuck, si estás haciéndolo con nada más y nada menos que Parvati Patil! –dijo la voz de George, que aparentemente acababa de bajar por las escaleras-. ¡Háganme un espacio!

Harry aguzó más el oído, sorprendido.

-¡Ohhhhhhh! –gritó Parvati-. ¡Ustedes dos van a matarme! ¡Es demasiado!

-¿Qué tú no habías perdido el pene, hermanito? –preguntó Fred.

-Harry me pagó una cirugía, ¿qué no lo sabías? Estuve dos semanas en el quirófano. Me implantaron la de un negro africano. Veintisiete centímetros, Fred. Una vez que te acostumbras a que yo sea blanco pero la tenga negra, da placer mirarla. Mira, aquí está.

-¡NO! –se escuchó el aullido de Parvati-. ¡Ahora sí que estoy muerta! ¡Tú no vas a…! ¡No dejaré que me metas esa enorme… cosa adentro!

-¡Vamos! –insistió George-. ¡Anímate, Parvati!

-¡NI LOCA!

Harry no podía dejar de escuchar, divertidísimo por lo que oía.

-Escuchen –oyó decir a Parvati-. Mi hermana Padma también vino. ¿Por qué no la llaman? Tú puedes estar con ella, George. A mí no te me acerques, ya tuve mucho con tu hermano.

-¿Qué tú no tenías novia? –preguntó Fred.

-¿Pero qué es esto, un interrogatorio? –dijo George-. Angelina y yo terminamos. What the fuck, llamaré a Padma.

Harry se alejó, sonriendo y pensando que Fred y George eran dos genios. Entonces se topó con una larga cabellera pelirroja.

-¡Ron!

-¡Harry!

-Olvidé lo largo que llevas el pelo, pensé que eras tu hermana.

-Muy gracioso, Harry.

-¿Qué estás haciendo aquí?

-Huí…

-Ah, ¿tú también?

-Necesitaba diversión. Por Dios, Hermione no deja de pedir que seamos románticos y pasar el tiempo solos. Pero luego se consigue una moto y empieza a fumar y se hace adicta a la velocidad. ¿Quién la entiende?

-Cierto, está muy bipolar últimamente.

-¿Vamos a alguna fiesta? Está lleno, por doquier.

-¿No se enterará Hermione?

-Está frita, Harry. Hecha puré. Hecha polvo. Dormida, tú entiendes.

-Entendí. Vamos. Oye, tus hermanos están haciéndolo con Parvati y pronto incorporarán a Padma.

-Son dos maestros –dijo Ron, mientras avanzaban entre la gente, las luces, los vendedores (que a esa hora se hacían el negocio vendiendo cerveza de manteca e hidromiel), y la gente de todas nacionalidades. –Mira todo esto, Harry. Está chido.

-¿Cómo dices?

-Hay que acomodarse al idioma, Harry. ¡Estamos en México!

-Pero nosotros hablamos en inglés –se extrañó Harry-. Suena muy raro que mezcles los dos idiomas al hablar (nótese: en realidad esto se supone que es una traducción del verdadero diálogo entre Harry y Ron, que por ser ingleses habría de ser en inglés).

-No hay pex.

-Ya deja eso, Ron.

-No mames, güey. Oye, mira lo que ese güey se ha hecho en el pelo con los colores de México.

-¡Que lo dejes!

-Harry, Harry, espera –Ron empezó a jugar con su largo bigote pelirrojo-. Mira quién viene corriendo hacia nosotros…

-¡POTTER! –se escuchó la voz resonar con firmeza, mientras un mago avanzaba a los tropezones con un bastón en la mano.

-Oh, no… -dijo Harry-. Vámonos de aquí, Ron.

Pero ya era tarde.

-¡Por Merlín y todos los magos del Wizengamot, Potter, ¿qué haces fuera de la cama?! –era Ojoloco.

-Estamos paseando –dijo Harry, preocupado.

-¡¿PASEANDO?! –una vena empezó a palpitar en la sien de Ojoloco, mientras se ponía rojo de rabia. Harry y Ron retrocedieron, asustados-. ¿PASEANDO A ESTAS HORAS DE LA NOCHE, EN MEDIO DE UNA MULTITUD DE MAGOS POTENCIALMENTE TENEBROSOS? ¡Potter, creí que tenías dos gramos de cerebro en esa cabeza tuya! ¡¿Qué has aprendido en todos estos años?!

Harry miró alrededor, deseando que algún otro miembro de la Orden apareciera para rescatarlo.

-Ehhhh… ¿He aprendido a mantener… alerta permanente, señor?

-¡EXACTO! –bramó Moody-. ¡¿No recuerdas lo que ocurrió en el último puto Mundial, Potter?! Y tú andando por aquí como si… ¡Vete a la cama, rápido!

-Sí, señor –Harry no sabía qué más decir, así que agarró a Ron por la manga de la túnica y tiró de él en dirección a la carpa. Pero Ojoloco no los dejó ir muy lejos.

-¡ESPERA UN MOMENTO, POTTER!

-¿Sí, señor?

Entonces Moody se acercó a rápidos pasos (Harry tembló de pies a cabeza), lo agarró fuertemente de la túnica y lo miró a los ojos como un desquiciado.

-Tú no eres el verdadero Potter…

-¿Cómo dice, señor? –Harry empezó a temblar-. Claro que soy…

-¡TÚ NO ERES POTTER! –repitió él, a los gritos, con su ojo mágico dando vueltas hacia todos lados, paranoico-. ¿DÓNDE ERA EL CUARTEL GENERAL DE LA ORDEN DEL FÉNIX? ¡CONTESTA! ¡RÁPIDO!

-El número doce de Grimmauld Place –contestó Harry a toda velocidad-. Y luego La Madriguera.

-¡ESO PUEDE SABERLO CUALQUIER MORTÍFAGO MEDIANAMENTE CAPACITADO! –entonces Ojoloco lo zarandeó con fuerza y le escupió en la cara al hablar-. ¡¿EN QUÉ POSICIÓN DUERME POTTER CUANDO SE DUERME?! ¡CONTESTA, BASURA INMUNDA, RATA APESTOSA, SACO DE MIERDA, CONTESTA!

-¡¿Qué?! –Harry se quedó atónito, con el rostro de Ojoloco a centímetros del suyo-. ¿Y usted cómo sabría eso?

-¡CONTEEESTAA!

-¡Duermo sobre mi lado derecho, Ron sobre el izquierdo, y Hermione en el medio!

-Vaya –Ojoloco lo soltó, se tranquilizó al instante, quedando muy serio, y empezó a tambalearse hacia atrás-. Sí eres el verdadero Potter… Eso es exactamente lo que veo cuando te espío por las noches… -ladeó la cabeza ligeramente, mirando a Harry con curiosidad-. Sí… Te espío… No soy el único, ¿sabes? La maldita niña pelirroja también lo hace, se me adelanta. Pero yo puedo ver a través de las paredes… Necesito que estés seguro, Potter… Debemos protegerte… Eres nuestra última esperanza… ¡LALALALALALALALALA! –Ojoloco levantó los brazos en el aire, empezó a agitarlos con demencia y se alejó riendo y dando saltitos como un conejo, sin dejar de agitar los brazos en el aire.

Harry y Ron miraban consternadísimos.

-Está completamente pirado –dijo Harry.

-Está de atar, güey.

-Entonces, ¿iremos a alguna fiesta o qué, güey?

-Ohhh, veo que te pones en onda.

-Ya que estamos. Mira, allá parece haber algo.

Se acercaron a otra de las carpas, y vieron a Seamus y Dean salir de allí.

-Chicos, tienen que entrar aquí –dijo Dean-. Está de lujo.

La carpa en cuestión era, una vez que uno entraba, una habitación gigantesca llena de luces, música y repleta de gente.

-Es una fiesta privada de algunos magos mexicanos –explicó Dean-. Está genial, güey. Vamos a tomar algo.

-¡Harry! –gritó alguien, avanzando entre la multitud-. ¡Por fin te encontramos!

Eran Fred y George.

-Pero, ¿qué ustedes no estaban con Parvati y Padma?

-Ya nos fuimos. Espera, ¿cómo sabes eso?

-Padma se desgarró –explicó George, y todos hicieron muecas de dolor-. Sí, no fue nada bonito. Mis veintisiete centímetros fueron demasiado para ella. La llevamos a la carpa de San Mungo. Tienen una carpa para atender enfermos, heridos, etc.

-¿San Mungo? Pero estamos en México…

-También hay carpas de hospitales mexicanos, pero la de San Mungo estaba más cerca.

-Oigan, ¿cómo sabían que estuvimos con ellas?

Todos hablaban al mismo tiempo.

-Vámonos de aquí –sugirió Fred, mirando alrededor-. Esta fiesta da asco. ¿Quién los trajo aquí?

-Yo lo hice –dijo Dean, desafiante-. Me pareció que estaba buena…

-Con razón –dijo Fred-. Eres un perdedor, Dean, vete de aquí. Vamos, chicos, la noche es joven.

Salieron a la noche festiva. El aire estaba cargado de energía. La gente iba y venía, todo era color azul, blanco, rojo y verde. Los magos estaban todos mezclados. Había gente de todos lados. Fred, Harry, George y Ron caminaron uno junto al otro a través de césped, árboles y carpas. Compraron varias tazas de cerveza de manteca y dieron unas vueltas.

-Aquí –dijo George. Se metieron en una carpa coronada por una bandera de Inglaterra. Una vez adentro, Fred tomó el brazo de una chica, casi al instante.

-Disculpa, ¿puedo preguntar tu nombre?

-No entiendo inglés –dijo ella, sonriéndole.

-En ese caso te hablaré en castellano, linda pollita –dijo Fred, en español. La chica rió.

-Me llamo Florencia. ¿Y vos cómo te llamás?

-Fred. ¿De dónde eres, bomboncito?

-De Argentina.

-Perfecto. Una argentina me enseñó castellano, vamos por acá. Voy a darte cuerda como muñeca de porcelana –esto último lo dijo en inglés, guiñándole un ojo a sus hermanos y a Harry.

-¿Qué dijiste? –preguntó ella.

-Que voy a invitarte algo de tomar, hermosa.

Los dos desaparecieron, y los otros tres siguieron moviéndose entre medio de la gente. Entonces dos chicas bloquearon el camino de Harry, una era rubia y la otra morocha, eran más altas que él y ambas muy bonitas.

-¡Dios mío! –dijo la rubia, lo detuvo y lo miró boquiabierta-. ¡Es Harry Potter!

-¡Es cierto! –dijo la otra, chillando como loca-. ¡Harry Potter! ¡Oh, genial, ven con nosotras!

Harry le lanzó una mirada a sus amigos, pero ellos estaban hablando animadamente con Lee Jordan y no lo veían.

-¿Te tomarías un trago conmigo? –le preguntó la rubia.

-¡A la mierda! ¡Ven, dame un beso! –aulló la morocha.

-No –Harry trató de quitársela de encima, pero ella se le había lanzado encima y estaba a centímetros de su boca. Parecía borracha. Finalmente logró apartarse y se fue con los demás, que se estaban alejando con Lee. Logró dejar a las dos chicas atrás.

Sintió algo en el estómago. Vio las risas de Ron y George, los vio señalar a otras chicas y comentar cosas, reír más y caminar hacia el medio de la fiesta. Pero él no los siguió. De pronto se dio cuenta de que se sentía mal, y se dio la vuelta sin decirle nada a nadie. Abandonó la carpa sin que ellos lo notaran, y avanzó entre la multitud, entre mexicanos, ingleses, venezolanos, chilenos, españoles, estadounidenses, gente de todos lados. Por fin llegó de vuelta a su carpa. Entró, cerró la puerta de madera y avanzó tristemente. Subió las escaleras y entró a su habitación. Hermione estaba profundamente dormida, se la veía muy pacífica. Harry se acostó a su lado y le acarició el corto pelo y la cara.

-Te amo, Hermione –dijo, dándose cuenta del motivo de su tristeza. Había estado pensando en otras chicas, había estado yéndose de fiesta con Ron, cuando ella todo lo que necesitaba era tenerlos a ellos dos a su lado y nada más. La abrazó y se asustó un poco cuando ella, en sueños, abrió la boca y dijo:

-Te amo mucho, Harry.

Hermione despertó de muy buen humor. Empezó a reír y a darles golpes para despertarlos, mientras ellos dos trataban de seguir durmiendo.

-Vaaamos, chicos. ¡Arriba!

Harry sintió que la cama empezaba a sacudirse. Hermione se había puesto a dar saltos.

-¡Hey! Despacio, güey –le dijo Harry, tratando de detenerla.

-¿A quién llamas güey? Ven aquí Harry, vamos, saltemos juntos.

-Estás loca –Harry le agarró una pierna y tiró de ella para que cayera en la cama. Ella soltó un gritito, rió y le dio un almohadonazo.

-¡Basta! –se quejó Ron-. ¡Quiero dormir!

Harry le dio una patada, jugando. Ya estaba completamente despierto. Ron se levantó y se lanzó sobre él. Terminaron los tres saltando en la cama.

-Buenos días –los saludó el señor Weasley, cuando se estaban por hacer las once de la mañana. Acababan de llegar a sus asientos para el partido, en el palco de Kingsley. Los tres llevaban vasos de cartón con café en la mano, y Ron masticaba unos tostados.

-Linda vista –comentó Harry, sentándose. Se dio cuenta de que Ron tenía los ojos rojos del cansancio. Debía haberse quedado hasta tarde de fiesta con sus hermanos.

-Es el palco de los ministros –dijo Arthur-. Miren, allí viene el primer ministro mexicano.

Vieron acercarse a un hombre calvo con tupido bigote canoso y una túnica escarlata un poco raída, algo rechoncho. Se lo veía muy alegre.

Cuando todo el mundo terminó de llegar y ubicarse en sus asientos, el primer ministro mexicano se puso de pie y saludó con una mano, lo que ocasionó que todo el mundo estallara en vítores y aplausos.

-Los mexicanos quieren mucho a su ministro –comentó Kingsley, que se había sentado justo al lado de Harry, apartando a Ron al otro asiento-. Es muy generoso, prácticamente vive en la miseria porque dona todos sus ingresos a los hospitales, y ayuda a las familias de magos más necesitadas en persona todos los días.

-Podrías aprender, Kingsley –bromeó Arthur. Kingsley lo miró con cara de pocos amigos.

-Oye, era una broma. Kingsley… No te pongas así, oye…

Pero el primer ministro mexicano empezó a hablar, con la voz amplificada.

-¡Hola a todos! –su voz sonaba exactamente como Harry pensó que sonaría, muy alegre y simpática-. ¡Qué lindo día para un poco de Quidditch, ¿no les parece?! ¡Sin más, les presento a las mascotas de la selección de México!

Un montón de escobas surcaron el cielo y Harry se dio cuenta de que eran mariachis los que montaban en ellas. Debían ser unos cincuenta, algunos con guitarras, otros con trompetas y violines. Empezaron a tocar una melodía enérgica, al mismo tiempo que volaban por todo el estadio. Todo el mundo aplaudía y gritaba.

-¡Y ahora… las mascotas de la selección Inglesa!

Harry casi se cae de su asiento. Un grupo de mujeres espectacularmente hermosas (bustos y traseros enormes) acababan de entrar al campo en ropa interior, algunas de ellas en topless, y saludaban a todo el mundo. La ropa interior que llevaban era blanca, roja y azul, y algunas agitaban banderas de Inglaterra.

-¿Qué demonios es esto? –protestó Hermione, indignada-. ¡Esto es pornográfico! ¡A esa se le ven las tetas!

-Nuestras mascotas son lo máximo, ¿verdad, Harry? –le preguntó Kingsley, entusiasmado-. Fue idea mía. Nada llama tanto la atención como un buen grupo de mujeres despampanantes.

-¿Es esa Parvati? –preguntó Ron, que las miraba con sus binoculares mágicos, los mismos que Harry le había regalado en el anterior Mundial. Hermione se los quitó de un manotazo.

-Claro –dijo Kingsley-. No creerás que traje a todas esas compañeras suyas sólo por bondad, ¿cierto? La condición para venir era que fueran las mascotas. Si buscas, también encontrarás a Fleur, Luna, Padma y Pansy. Todas tienen que estar en topless. Era la condición para que vinieran.

-Espera un momento, ¿ustedes trajeron a Pansy Parkinson?

-Es amiga mía –dijo Kingsley-. ¿Algún problema?

-Claro que no… creo –dijo Harry, confundidísimo-. Dame eso –le sacó sus binoculares a Kingsley y se puso a mirar por ellos. Luna estaba desnuda excepto por una tanga roja, y saludaba felizmente. Sus senos se tambaleaban mientras lo hacía. Junto a ella, Fleur hacía lo mismo, un poco más tímidamente. La ropa interior de ella era azul. Harry se quedó mirando los pechos de todas las chicas que conocía, hipnotizado, hasta que de pronto la imagen se oscureció, se quitó los binoculares y vio que Hermione se había puesto de pie justo delante de él.

-Ustedes los hombres me dan asco –dijo, enojada, y le quitó los binoculares con fuerza antes de volver a su asiento.

-¡Y ahora…! –dijo el primer ministro mexicano-. ¡La selección inglesa!

Una vez que todos los jugadores estuvieron en el estadio, dieron comienzo al partido y las mascotas de los equipos se apartaron hacia los costados del campo. El partido fue lo más salvaje que Harry hubiera presenciado en su vida: Los cazadores se lanzaban unos sobre otros a toda velocidad, los bateadores lanzaban Bludgers a matar a las cabezas de los oponentes, y el árbitro no daba abasto para cobrar todas las faltas que hacía falta cobrar. Harry vio que Stanley, el buscador inglés, no dejaba de seguirle el rastro al otro buscador, y les hacía señas a los bateadores de su equipo para que se lanzaran sobre él cada vez que parecía que el buscador mexicano andaba sobre la pista de la Snitch.

-¡Esto es brutal! –dijo Fred, a varios asientos de distancia, cuando un cazador mexicano le dio una trompada en la cara con todas sus fuerzas a uno inglés, al pasar a su lado-. ¿Cómo es que no detienen el partido?

-El árbitro no tiene ocho ojos, Fred –comentó Kingsley-. No puede cobrar todas las… ¡Uh! ¿Han visto eso? Debió doler.

-No recordaba que el otro Mundial fuera tan salvaje –dijo Harry, que sentía como si estuviera mirando una guerra más que un partido. Los jugadores se lanzaban unos sobre los otros, nadie podía anotar porque la Quaffle pasaba de mano en mano tan rápido que era imposible que se mantuviera en posesión del mismo equipo dos segundos, y los bateadores eran hienas salvajes cuyo propósito era dejar inconsciente a quien pudieran. Harry miró hacia un bateador del equipo inglés justo a tiempo para observar cómo bateaba una Bludger con todas sus fuerzas contra la cabeza de un cazador mexicano, que le dio de lleno y lo lanzó fuera de su escoba.

-¡Dios mío! –gritó Hermione, horrorizada, mientras el jugador caía desde lo alto. Otro jugador mexicano que volaba más abajo lo atajó al vuelo, y otro atrapó su escoba. Detuvieron el partido dos segundos, cambiaron al jugador inconsciente por un reemplazo y continuaron la carnicería como si nada. Los jugadores volvieron a atacarse como locos, insultarse, golpearse, infringir normas cada vez que el árbitro estaba distraído, agarrar la escoba del otro, etc.

-He apostado cincuenta Galleons a que el partido duraría menos de diez minutos –dijo Fred, que se había acercado a Harry desde la fila de atrás y se había colocado justo detrás de él.

-¿A quién se los apostaste?

-A Kingsley.

-Yyy… diez –terminó de contar el ministro, consultando su reloj de pulsera dorado con estrellas y planetas-. Dame esos cincuenta, mocoso.

-Oh… aquí tienes –Fred le pasó el dinero, molesto.

-¿Qué no es ilegal apostar? –preguntó Hermione.

-¿Ah, sí? –Kingsley la miró, curioso-. No tenía idea, déjame consultar. ¡Oye, Mafalda! ¿Es ilegal apostar?

-¡Creo que sí, primer ministro! –respondió ella, a varios asientos de distancia.

-¡¿Podrías ocuparte de cambiar esa ley, querida?! –le gritó él, para lo escuchara encima del estruendo.

-¡Claro!

-Ya está –dijo él, sonriéndole a Hermione-. Asunto arreglado.

La chica quedó con el rostro rojo de rabia, pero entonces un cazador inglés anotó y todos saltaron en los asientos a su alrededor, ovacionando y festejando, y Harry no pudo verla porque el ministro y Ron se interponían.

-¡Oh! –todos enmudecieron de pronto, porque México acababa de anotar ahora, sólo segundos después que ellos. Y entonces Stanley bajó con su escoba a toda velocidad y el buscador mexicano fue tras él.

-No se preocupen, está fingiendo –dijo Kingsley, despreocupado. Pero Stanley seguía bajando y bajando, y el buscador mexicano también, y ambos estaban a centímetros del suelo…

-¡OHHHH! –chilló la multitud, horrorizada, cuando ambos buscadores se hicieron mierda contra el suelo, provocando que trozos de madera de sus escobas volaran por doquier. Un equipo de médicos entró corriendo a asistirlos.

-Eso que acaban de ver –comentó Fred, tras ellos-. Fue un Amago de Wronski que salió mal.

-Ni que lo digas –dijo Ron, con expresión de dolor-. Pobre Stanley, no pudo subir a tiempo.

-Yo no creo que fuera un amago –dijo Harry, mirando con sus binoculares-. ¡Miren, es la Snitch!

-¿Cómo dices? –saltó Ron.

-¡Allí! –bramó Harry, eufórico-. ¡Justo delante de donde cayeron ellos, la estoy viendo con los binoculares!

-Escúchame bien, Harry –dijo Kingsley, en un susurro misterioso-. Si lo que dices es cierto y has localizado la Snitch, podríamos ganar el partido. Sólo tengo que avisarle al reemplazo de Stanley dónde está…

-¡No! –saltó Hermione, más indignada que nunca-. ¡Eso es trampa! ¡No lo permitiré!

-Congela la imagen, Harry –dijo Kingsley, ignorándola-. Hay un botón que hará una captura. Le enviaré la imagen a O'Higgins, el reemplazo de Stanley, vía Bluetooth.

-No sé si sea lo correcto… -dijo Harry, dudando.

-Mierda, lo haré yo –Kingsley oprimió un botón de los binoculares de Harry, mientras él seguía apuntando a la Snitch. Luego sacó un cable USB del bolsillo de su túnica y conectó los auriculares a su celular.

-¿Qué ahora todos usan celular? –dijo Ron, molesto-. Harry y yo iniciamos la moda, dejen de copiarse.

-Ya cargué la imagen –dijo Kingsley. Desconectó el cable y envió la imagen desde su teléfono. –Listo, O'Higgins ya la habrá recibido.

Harry volvió a tomar los binoculares y miró al campo. El nuevo buscador inglés acababa de mirar hacia el árbitro, y cuando éste miraba hacia otro lado sacó su celular del bolsillo y lo miró rápidamente. Entonces giró la cabeza en varias direcciones y enfiló en una dirección determinada con su escoba.

-Esto es ridículo –protestó Hermione-. No puedo creer que nadie se dé cuenta.

-Muy tarde –comentó Harry, que seguía la jugada-. La Snitch desapareció, ya no está allí.

-¡Mierda! –protestó Kingsley, dándole un puñetazo al borde de su asiento.

Pasaron las horas. El partido seguía siendo igual de salvaje, parecía que los jugadores no se cansaran nunca. Los iban rotando de vez en cuando, y varios terminaban heridos. Parecía que había veinte mil suplentes para cada jugador, porque no dejaba de haber heridos continuamente, y siempre los cambiaban y el juego seguía como si nada. Finalmente atardeció y se hizo de noche, y todos ya estaban hartos de estar allí mirando el juego, excepto por algunos pocos que eran verdaderamente fanáticos y su pasión no cesaba por nada.

-¡Vamos, vamos! –gritaba un hombre detrás de Harry, con un sombrero mexicano. Supuso que sería algún amigo o conocido del ministro de México-. ¡Pásala, pásala! ¡NO! ¡Tómala, tómala! ¡Oh, no! ¡Pásasela de vuelta!

-Yo me voy –dijo Hermione, que se caía de sueño-. Estoy cansada.

-Buenas noches, amor –Harry le dio un beso en los labios y ella se dio vuelta, saludó a Ron y desapareció por detrás del palco.

-¿Cuánto van? –le preguntó a Ron, que parecía incluso más cansado que él, y ya ni miraba el juego, sino que jugaba con su teléfono al Angry Birds.

-La última vez que supe íbamos perdiendo trescientos sesenta a doscientos veinte –le dijo él, con poco interés.

Pasaron más y más horas. Era muy frustrante. Nadie marcaba tantos, sólo se atacaban entre sí. Los guardianes por momentos se iban al baño y dejaban los aros desprotegidos, total la batalla brutal era en el centro mismo del campo y la Quaffle no salía de allí. Bateadores y cazadores se destrozaban los huesos a palazos y golpes y eran reemplazados por otros mientras los dos buscadores iban tonteando de un lado al otro, concentrados sólo en molestarse mutuamente, sin buscar la Snitch.

-Y dime, belleza, ¿de dónde eres? –preguntó alguien, del otro lado de Harry. Él se dio vuelta y se sorprendió al ver al guardián inglés sentado junto a Ginny, a unos bancos de distancia. Había dejado su escoba en otro asiento y miraba a Ginny con mucho interés.

-¿Qué no debería estar jugando? –le preguntó ella, mirándolo con desconfianza.

-Tengo mis aros bajo control –dijo él, le lanzó una rápida mirada a los aros y volvió a concentrarse en la chica-. Me encantan las pelirrojas…

-Tisdale, vuelve al campo –dijo Kingsley, aburrido.

Tisdale tomó su escoba, molesto, y voló a sus aros. Siguieron pasando las horas, y la multitud se quedó en silencio, porque muchos ya se habían dormido, otros se habían ido y los demás estaban simplemente aburridos y en silencio. Excepto el mexicano detrás de Harry, que no dejaba de alentar a su equipo.

-¡VAMOS, VAMOS, USTEDES PUEDEN! ¡PÁSASELA A MÉNDEZ! ¡OH, NO, NO A REYEZ, A REYEZ NO, A MENDEZ! ¡OH, SÍ, VAMOS A ANOTAR! ¡VAMOS, EQUIPO! ¡VAMOS!

-No sé de qué habla –susurró Ron, levantando la vista de su teléfono-. Nadie tiene la Quaffle. Ese güey está loco.

-¿Eh? –Harry miró al campo y se dio cuenta de que Ron tenía razón. Habían dejado la Quaffle en el suelo y los jugadores, tanto mexicanos como ingleses, se habían sentado en medio del campo a tomar unas cervezas, y charlaban entre todos animadamente.

-¡Vamos! –protestó el árbitro, acercándose a ellos-. ¡Sigan el partido! ¡Vamos!

-¡Uff! –protestaron ellos, cansados. Volvieron a subirse a sus escobas y volaron, reanudando el juego.

Pasaron tres días. Así es, tres días, y el partido continuaba. Iban mil doscientos veinte a mil ciento cuarenta. Los buscadores seguían dando vueltas desganadamente por el campo unos tras otros, sin buscar la Snitch, y los demás se pasaban la Quaffle totalmente agotados, sin ganas de jugar, con ojos entrecerrados, sin oponer resistencia. De vez en cuando un cazador llegaba al aro de los contrarios, miraba desganadamente al guardián y lanzaba la Quaffle sin ganas. El guardián, casi con desinterés, se acercaba lentamente a la Quaffle y la apartaba de un vago movimiento de mano.

-Han pasado tres días –comentó Ron, que estaba aún junto a Harry, desparramado en su asiento, con la boca abierta goteando baba y una barba de tres días en la cara-. Estoy exhausto. Vayámonos de aquí, amigo. A la mierda el Quidditch.

-¿Por qué carajo no buscan la Snitch? –preguntó Harry, hablando muy lenta y pausadamente-. No lo… entiendo…

-Es la estrategia –comentó Kingsley, que estaba aún más desparramado que Ron, con las piernas abiertas y la lengua afuera-. No quieren buscarla hasta que estén… seguros…

-Vámonos a la mierda –Harry se puso de pie y sintió que el mundo pasaba a ser un lugar mejor-. Uy. Tenía el culo de plato.

-Yo también –se quejó Ron-. Larguémonos. Hasta luego, Fred. Nos vemos, George. ¿Tú te quedas, mamá?

-Por supuesto –dijo la señora Weasley, toda despatarrada en su asiento, con las piernas bien abiertas y rascándose el enorme estómago-. Acompañaré a Arthur.

-De acuerdo, nos vemos.

Ella se movía en silencio, mordiendo las sábanas. Él la penetraba despacio, con cuidado, mientras la tomaba de la cintura. La veía abrir la boca y gemir, disfrutarlo…

Harry y Ron abandonaron el campo y bajaron por las escaleras del estadio. Los magos iban y venían. Algunos se estaban yendo, como ellos, ya hartos del maldito partido, y otros, que se habían ido hace mucho, volvían ya descansados para seguir mirando un rato más.

-Qué partido tan malo –dijo Ron, mientras salían y avanzaban por entre los árboles, hacia las carpas-. No puedo creer que hayamos estado tres días ahí arriba, sobreviviendo de las salchichas y gaseosas que nos vendían. ¿Dónde estará Hermione? Quiero dormir.

Él sonrió, mirándola con diversión. Ella parecía molesta, parecía sentirse incómoda, pero le seguía el ritmo, arqueaba la espalda y aferraba la almohada con fuerza, con ambas manos. Se movían rítmicamente, sus labios se rozaban y entonces ella volvía a abrir la boca y echaba la cabeza hacia atrás, disfrutándolo…

Llegaron a la carpa y entraron. Se desperezaron y prepararon café y tostados. Eran las ocho de la mañana.

Estaban empezando a subir las escaleras cuando escucharon un ruido.

-¿Oíste algo, Harry?

-Sí, aguarda –Harry sacó su varita y avanzaron más silenciosamente, mientras subían.

Draco Malfoy le besó los pechos; estaba dentro de ella, estaban alcanzando el clímax…

Harry y Ron se acercaron a la puerta del cuarto, siempre en silencio, se miraron entre sí y abrieron de par en par, con las varitas en alto.

El candelabro del techo bailaba en su lugar, víctima del alcance de algún hechizo producido por la pasión. Los resortes de la cama chirriaban estrepitosamente. Draco y Hermione estaban haciendo el amor.

Se detuvieron. Harry creyó que Ron gritaba. Draco giró sobre sí mismo, desnudo, y se lanzó hacia la mesita de luz, donde había una varita.

Hermione abrió los ojos de par en par y los miró como si ellos fueran dos fantasmas, dos fantasmas que habían interrumpido en el peor momento y ahora estaban pasmados en el umbral.

Draco titubeó, con la varita en la mano. Entonces recogió su túnica del suelo, giró sobre sí mismo y desapareció.

-Hermione… -dijo Harry, mirando a su mujer con los ojos como platos.

Hermione se aferró a las blancas sábanas y se tapó, mientras giraba la cara hacia otro lado, avergonzada.


4. El expreso de Hogwarts asciende / El nuevo profesor de Defensa

Holaaaaa, cómo están? Hoy subo el cap temprano porque tengo que irme, en general voy a tratar de actualizar a eso de las 10 p.m. argentina (que serían las 7 p.m. en México y las 9 p.m. en Venezuela, x ejemplo), lo aviso nomás xq así si alguien está aburrido a esa hora ya sabe q ahí es cuando actualizo : ) pero bueno hoy como dije sería una excepción.

Tengo una sorpresa para ustedes: un capítulo doble! Si bien en duración no es más largo que el último cap, al principio iba a subir sólo la parte llamada "El expreso de Hogwarts asciende", pero luego me dio una súbita inspiración y escribí la continuación también, así que lo subo todo junto como un solo cap.

Enjoy!

El expreso de Hogwarts asciende

Era el primero de septiembre. El expreso de Hogwarts avanzaba por entre soleados campos, y en su interior los alumnos más chicos reían, corrían por los pasillos y hacían bromas, como siempre. Los más grandes estaban sentados con sus amigos en algún compartimiento y hablaban o veían por la ventana. En uno de esos compartimientos, sentada junto a una ventana, una chica de cabello castaño y corto, por encima de los hombros, estaba sentada sola. Aún no se había puesto la túnica del colegio, y tenía puesto un short de jean muy corto y deshilachado, una musculosa negra algo gastada y llevaba un cigarro encendido en una mano. Había entreabierto la ventana y fumaba mientras miraba el paisaje.

-¿Puedo pasar? –preguntó una voz. Hermione giró la cabeza y vio a una chica que conocía de pie en el umbral.

-Pasa, Ginny.

Cuando Ginny entró, vio que venía con Luna. Se sentaron en el asiento ante ella y le sonrieron. Ella se veía bastante amargada.

-No te preocupes, Hermione, estoy segura de que se reconciliarán –dijo Luna, muy simpática. Hermione vio que seguía estando tan linda como lo había estado en el Mundial; ya no llevaba accesorios ridículos, parecía estar usando algún buen producto para el cabello, porque lo tenía más lacio y con volumen que nunca, y hasta se había puesto sombra en los ojos muy bien, sin exagerar ni nada de las cosas que antes eran comunes en ella. Se preguntó a qué se debería tanto cambio, aunque estaba claro –todavía recordaba su grito de "¡santas cachuchas!"- que por dentro era la misma.

-Ya han pasado dos semanas –dijo Hermione, volviendo a mirar por la ventana, al dorado sol de la tarde-. No contestan mis llamadas ni responden mis cartas.

Ginny fue hasta la puerta, cerró la cortina de la ventana y volvió a sentarse, imponiendo intimidad.

-¿Por qué lo hiciste? –le preguntó, mirándola a los ojos, aunque ella seguía con la vista en los campos soleados.

-No lo sé –dijo ella, amargamente-. Draco vino a visitarme. Yo ni siquiera sabía que estaba vivo, me sorprendí mucho.

-Sí, eso –dijo Ginny, pensando-. Tenía entendido que había muerto el año pasado, junto con los demás…

-Bueno, ya sabes, cuando Harry le dijo a la Muerte que trajera a todos a la vida, tenían algo así como una decisión –dijo ella, todavía hablando desganadamente-. Draco decidió volver, igual que Arthur, que Bill, que Fred…

-Sí, y que Lupin. Entiendo.

-Me agarró por sorpresa. Yo estaba sola en la carpa y había estado tomando un baño, así que lo atendí en bata. Entró, empezamos a hablar y bueno… Ya sabes, nosotros estábamos saliendo cuando él murió. Desde luego eso no lo justifica, pero bueno, me dejé llevar... y eso fue lo que pasó.

-Lo cruzamos en un pasillo –dijo Luna-. A Draco. Como el año pasado no hizo séptimo, porque estaba muerto, obviamente, este año vuelve para hacerlo.

-¿Quiénes más vuelven este año? –preguntó Harry, en otro compartimiento muy lejos de ese. Estaba sentado con Ron, comiendo ranas de chocolate. Estaban determinados a no hablar de Hermione, así que cualquier otro tema les venía bien.

-Bueno, es la primera vez que repetimos –dijo Ron, pensativo-. Supongo que estaremos con Luna y Ginny. Es extraño pensar que todos los demás ya hayan terminado la escuela: Neville, Dean, Seamus…

-¿Qué es de sus vidas?

-Hablé con Neville –dijo Ron-. Quiere dedicarse a la botánica.

-No me digas.

Ron rió.

-Sí, así que se va a ir a Francia a estudiar la carrera, que dura tres años.

-¿A Francia?

-Sí, no existe aquí en Inglaterra.

-¿Por qué no?

-Bueno, Harry, los magos no somos tantos como los muggles. Hogwarts es la única escuela de magos de nivel secundario en todo el país, y sólo existen unas pocas casas de estudios de nivel universitario que se especializan en las pocas ramas que requieren de dichos estudios extra después del colegio. Herbología no se da aquí en Inglaterra, así que se tiene que ir a Francia.

-De nuevo siento que no conozco nada del mundo de los magos –se lamentó Harry, mientras miraba hacia afuera, a través del cristal de la ventana. –Yo hablé con Seamus y Dean el otro día. Dijeron que no van a hacer nada después del colegio. Están felices con sus títulos, pero no van a buscar trabajo ni nada.

-¿Qué? ¿Acaso son estúpidos?

-Dean estaba jugando videojuegos cuando lo llamé –dijo Harry-. Y la mamá de Seamus les estaba preparando una torta. Dijeron que por ahora no se preocuparán, quizás más adelante.

-Que par de vagos –Ron se zambulló una rana de chocolate entera en la boca, se reclinó hacia adelante en su asiento y se rascó la barriga, que había estado creciendo últimamente.

-¿Crees que he engordado? –preguntó Ginny, que se miraba el estómago en el otro compartimiento, donde estaban las chicas.

-Claro que no –le dijo Luna-. Estás hermosa como siempre, Ginny.

-Yo creo que he engordado –insistió ella.

-¿Pero de qué te quejas? –ahora Luna había sacado un pequeño espejo y se miraba en él-. Tienes un par de pechos enormes, linda cola, todos los chicos te miran. Mira mis pechos, en cambio, son pequeños.

-No son pequeños –dijo Ginny.

-¿Saben qué? –dijo Hermione, que seguía mirando por la ventana-. No creo que haya vuelta atrás de esto. Creo que ellos no querrán regresar conmigo.

Aunque ni ella ni Luna lo notaran, una sonrisa se formó en el rostro de Ginny ante esas palabras.

-Claro que no –dijo, aún sonriendo-. Van a volver, ya verás.

Hermione apartó la vista de la ventana y la miró. La sonrisa desapareció del rostro de Ginny al instante, como si nunca hubiera estado ahí.

-Oye, Luna –dijo Hermione-. ¿Te molestaría si te mando a buscar a la señora del carrito a comprarme un agua mineral? Muero de sed.

-Para nada –Luna se levantó, tomó el dinero que le pasaba Hermione y se fue. Entonces Hermione se volvió hacia Ginny.

-Necesitaba hablar contigo a solas.

Ginny tragó saliva y empezó a retorcerse un pelirrojo mechón de cabello ondulado mientras miraba a su amiga y fingía desconcierto.

-Claro, dime.

-Tengo un problema –dijo ella, acercándose a Ginny y bajando el tono de voz-. No puedo detenerme, Ginny. Tengo muchas ganas de tener sexo, todo el tiempo.

Ginny se alivió, sonrió y la miró contenta. Sus temores habían resultado falsos.

-Te lo digo porque confío en ti –siguió Hermione-. Pero tengo miedo, estas dos semanas desde que no lo he hecho no he dejado de pensar en eso. Me he… -tomó aire-. Me he masturbado continuamente, todos los días, y no dejo de pensar en eso.

-Es normal –le dijo ella-. Acabas de pelearte con tus dos maridos. Dos, Hermione. Estabas acostumbrada a que dos machos se te lanzaran encima cada vez que tenían ganas…

-No lo digas así.

-Acéptalo, así era –dijo Ginny, cruzó las piernas y la miró intensamente-. Claro que detenerse, después de eso, supone que te pase esto. Es perfectamente normal.

-Creo que tienes razón –Hermione se tranquilizó un poco-. Temo perder el control y no sé… Dejarme llevar con alguien más. Como pasó con Draco.

-¿Y cuál es el problema?

-¿Estás bromeando? Ginny, yo no quiero seguir traicionando a Harry y Ron, quiero que regresemos. Pensé que dijiste que para ti volveríamos.

-Ah sí, claro, por supuesto –se apresuró a decir Ginny-. No lo dudes, no hay nada que yo desee más en el mundo que eso, Herms. Pero escucha, si mientras tanto quieres divertirte con alguien más, ¿cuál es el problema? ¿Crees que ellos no lo harán?

-¿Qué dic…? Yo… No… -Hermione tartamudeó y la miró tristemente-. ¿De verdad lo crees, Ginny? ¿Crees que empezarán a acostarse con otras?

-Quisiera no creerlo, Herms –Ginny fingió que se lamentaba y puso una expresión triste-. Pero enfrentémoslo, ya los conoces. Harry no ha sido exactamente un santo antes de que estuvieran juntos, y tampoco Ron. Ambos se han acostado con todo el mundo la última vez que estuvieron en este colegio.

-Sí, pero pasó más de un año y… -Hermione tragó saliva, se dejó caer contra el respaldo, abatida, y volvió a mirar por la ventana-. Qué horror. De todas formas no pienso hacerlo yo, supongo que ellos pueden si quieren, porque yo lo hice. Pero yo ya he hecho suficiente daño.

-Si es lo que piensas… -dijo Ginny.

-Es lo que pienso –dijo Ron, en el otro compartimiento.

-¿Qué dices? –le preguntó Harry, enderezándose en el asiento.

-Es lo que pienso –repitió él-. Los Chudley Cannons no ganarán esta temporada. Están hechos un desastre, ¿por qué dudas de lo que digo?

-Lo siento, no te ponía atención –Harry volvió a mirar por la ventana. Sus pensamientos estaban en Hermione, y se preguntaba si ella estaría mirando por la ventana de su compartimiento en ese momento, a los mismos campos que él miraba…

-¡Hola! –saludó alguien que acababa de entrar. Harry se dio vuelta con brusquedad, por la sorpresa, y vio a Hannah Abbott.

-¡Hola, Hannah! –la saludaron ellos. El año anterior se habían unido a esa chica; bueno, sólo Harry, realmente, y ahora le caía mejor que nunca. -¿Cómo estás?

-Muy bien –dijo ella, tomando asiento junto a Harry y mirándolo-. Estoy mejor. Adaptándome. No he vuelto a mi casa, por supuesto. Desconozco que ha sido de la Mortífaga de mi madre, supongo que habrá huido como todos los demás. Pero Justin (que también ha vuelto) me ha invitado a quedarme con sus padres y acepté. Él y yo cursaremos este año con ustedes, ya que el anterior… Bueno…

-¿Qué se siente estar muerto? –preguntó Ron, insensiblemente.

-¡Ron! –lo reprendió Harry-. Me alegro de oír que estás bien, Hannah. Oye, ¿has sabido algo de la final del Mundial? –quiso cambiar de tema.

-El partido todavía sigue –dijo ella-. ¿Cuánto más creen que pueda durar?

-Ya lleva más de dos semanas –dijo Ron-. El Profeta dice que la mayoría de la gente ya se ha ido, todos tienen que volver a sus trabajos, o algo. Pero el partido sigue, y ya van como siete mil y algo a seis mil y pico.

-¿Quién gana? –quiso saber Harry.

-Ahora ganamos nosotros.

-¿Creen que Inglaterra gane?

-Bueno, ¡si en algún momento atrapan la puta Snitch! –se quejó Ron, molesto.

-Oigan, ¿cómo están mis muchachos favoritos? –dijo una voz. Alguien acababa de entrar al compartimiento. Era el personaje favorito de Harry… Kingsley.

-¿Qué quieres, Kingsley? –le preguntó, irritado. Estaba harto de que el ministro lo siguiera a todas partes. Ya le daban ganas de golpearlo cada vez que lo veía.

-El expreso de Hogwarts ha ascendido este año, Harry. Lo hemos ampliado –dijo él, con una radiante sonrisa de blanquísimos dientes-. No sé si lo notaste…

-Claro, todos lo notamos –dijo Ron-. Han hecho un segundo piso, ahora el tren es mucho más alto que antes. Desde que subimos me he estado preguntando… Oh, esperen un momento, creo que sé de qué se trata…

-Es para ti, Harry –dijo Kingsley, bonachonamente-. Ya no tienes que estar aquí abajo con el resto de la muchedumbre, con los niños molestos que corren por los pasillos y la chusma.

-¿La chusma?

-Acéptalo, Harry, está lleno de gente del proletariado por aquí –Kingsley frunció la nariz y se acomodó el saco de su traje de Giorgio Armani-. Vamos, sígueme. Tú también puedes venir, Ron. Y tú… ¿acaso eres Romilda Jackson, la hija del famoso maestro de pociones?

-Lo siento –dijo Hannah-. Debe haberme confundido con alguien más, señor ministro.

-En ese caso, hasta luego. Vamos, muchachos.

Harry lo siguió de mala gana, pensando que aquello lo había hecho recordar a Slughorn. Subieron por unas escaleras doradas junto a la cabina del maquinista y se encontraron en un lugar enorme y exclusivo, lleno de salas de billar, sofás muy cómodos, camareros sirviendo langosta y otras excentricidades.

-Esto no era necesario, señor ministro –dijo Harry, muy enojado por todo aquello, y deseando que nadie más en el tren se enterara de que habían hecho eso por él-. ¿Podemos permitirle el acceso al resto de los estudiantes? Me gustaría que todos pudieran subir aquí libremente.

Kingsley rió con ganas y se dejó caer en un sofá mientras le hacía señas a un camarero.

-Me matas de la risa, Harry. Vayan por allí, hay una sala excelente de licores al fondo. ¿Dónde estará mi elfo doméstico?

Avanzaron por entre los vagones y de pronto se detuvieron en seco.

-Vaya, vaya –dijo una voz cargada de malicia-. Si son el consentido Potter y el traidor a la sangre de su amigo.

-Dame una razón para no matarte, Malfoy –dijo Harry-. Somos dos contra uno, ambos estamos furiosos contigo y no hay nadie para detenernos.

En efecto, Draco estaba solo allí, en un sofá, mirando caricaturas en un TV pantalla gigante y masticando lo que parecían ser grageas.

-¿Qué estás haciendo aquí? –le espetó Ron, rabioso.

-Kingsley me invitó –dijo él, jugando con su varita mientras los miraba, seguramente preguntándose si realmente representaban un peligro para él si los seguía insultando-. No eres el único con privilegios, Potter.

-¿De qué estás hablando? Tu familia está en la ruina, Malfoy, lo sabes bien. Me sorprende que no hayan huido como los demás Mortífagos.

-Estás poco enterado, Potter, pero no te culpo. Vivir tan consentido por el ministro todo el tiempo debe impedirte ver la realidad.

-¿De qué hablas?

-Mi padre está trabajando con el ministro. De hecho, en estos momentos, mientras él está aquí, mi padre hace su trabajo en el ministerio. Lo está reemplazando.

-Deja de hablar estupideces –con cada palabra que decía, la ira dentro de Harry crecía más y más-. ¿Por qué Kingsley habría de darle ese trabajo a un Mortífago? No tiene sentido.

-¿Mortífago? –dijo Draco, y sonrió con maldad-. ¿De qué estás hablando tú, Potter? Nosotros fuimos una parte decisiva en el derrocamiento del Señor de las Tinieblas. El ministerio ha reconocido nuestra lealtad y nos apoyan.

-Escúchame, imbécil –Harry se acercó amenazadoramente, con la varita en alto-. No sé cómo lograron engañar al ministerio, pero a mí no me engañan. Toda tu familia ha estado de parte de Voldemort todo el tiempo, son unas ratas que corrieron a buscar refugio en cuanto cayó, nada más que eso. Pensé que tú eras diferente, pero veo que sólo como fantasma puedes ser capaz de mostrar algo de bondad. Como humano eres el mismo imbécil de siempre.

-¡Repite eso, huérfano! –bramó Malfoy, levantándose y sacando la varita. Ron se puso en guardia también.

-¿Qué está pasando aquí? –preguntó una voz. Kingsley acababa de entrar.

-Nada, señor ministro, desde luego –le dijo Draco rápidamente, esbozando una sonrisa forzada-. Estábamos jugando, ya sabe. Soy amigo de Potter desde que éramos pequeños, nos encanta bromear.

-¡Estupendo! –dijo Kingsley, sonriente, y le dio una palmada a Harry en la espalda. Éste quiso desmentir a Draco, pero no tuvo tiempo, porque el ministro se le adelantó al hablar. -¡Me encanta que todos seamos amigos! Las relaciones con tu familia están mejores que nunca, Draco. Es fantástico haber dejado los malentendidos atrás y que tu padre regresara al ministerio. Sinceramente, ningún hombre me inspira más confianza que Lucius. Si fuera por mí te hubiera dado el título de Hogwarts de inmediato cuando supe que estabas vivo, en vez de hacerte regresar este año, Draco, pero los del consejo estudiantil no lo permitieron. En fin, mejor me voy, ¡hay langosta en el vagón comedor, si desean un poco! ¡Están exquisitas!

-Me encantaría, señor ministro, permítame acompañarlo –dijo Draco, dirigiéndole una sonrisa a Harry y Ron mientras se iba tras él. Una vez que los oídos de Kingsley estuvieron fuera de rango, susurró: -Aunque nada será tan exquisito como lo fue Hermione –y se rió en voz baja, mientras se alejaba.

El nuevo profesor de Defensa

Por fin llegaron a la estación de Hogsmeade. El tren se detuvo y todos bajaron a la hermosa noche de finales del verano. Hagrid saludó a Harry y Ron al verlos y continuó su deber de llevar a los alumnos de primero a través del lago. Entonces se acercaron a los carruajes, Harry acarició el lomo del thestral del suyo y se subió junto a Ron, Hannah y Justin Finch-Fletchley.

-Hola, Justin –lo saludó, feliz de ver caras conocidas que fueran de su mismo curso, o del que había sido su curso dos años antes.

-Hola –dijo él, muy simpático-. Oigan, ¿alguno sabe por qué había un segundo piso en el Expreso de Hogwarts? Le he preguntado a todo el mundo y nadie sabe nada, pensé que quizás tú sabrías, Harry.

-Nadie sabe nada… -repitió Harry para sí mismo, y le lanzó una mirada a Ron-. No, no tengo idea.

Los carruajes entraron al castillo y Harry miró con curiosidad por la ventana. Estaba igual que siempre, impecable, incluso se respiraba aquella magia que solía percibir en el aire cuando ingresaba a aquellos terrenos.

Entraron al Gran Salón. Harry vio a Hermione entre la gente, pero se acercó más a Ron y trató de fingir que no pasaba nada. Tomaron asiento más cerca de la mesa de los profesores que lo usual, en parte porque Hermione se había quedado rezagada y probablemente se sentara en el otro extremo de la larga mesa.

-¡Hola, Harry! –lo saludaban todos al pasar. Él les devolvía el saludo, aunque estaba seguro de que muchos de los chicos que le sonreían no se habían llevado con él la última vez que estuvo en el colegio. Probablemente ni se habían dirigido la palabra antes.

Entonces apareció McGonagall con el Sombrero Seleccionador y todos hicieron silencio cuando éste se dispuso a cantar su canción. Harry había apoyado la cara en su mano, aburrido, esperando otra típica canción que hablara de los fundadores del colegio y de las cualidades de cada casa, pero entonces se respaldó sobresaltado cuando el Sombrero Seleccionador empezó a gritar:

¡Harry Potter! ¡Harry Potter!

¡Él es nuestro héroe!

¡Es divertido! ¡Es sensual!

¡Es astuto! ¡Es espectacular!

¿Qué otro, sino,

podría ser tan genial?

¿Qué otro, sino

de Voldemort nos iba a librar?

¡Nadie, amigos, se los aseguro!

¡Harry se acercó a Voldy,

y el muy tonto cayó duro!

¡Y este año está con nosotros!

Así que yo les digo…

¡Harry! ¡Harry! ¡Harry!

¡Hurraaaa! ¡Hurraaaa!

Sé que la rima es un desastre, pero bueno, siempre lo es.

Me voy de aquí…

Dos patitas salieron de debajo del sombrero y se alejó caminando del taburete mientras se encendía un cigarro y se rascaba el trasero de tela.

-No sabía que el sombrero pudiera caminar –comentó Ron, impresionado.

-¡Bienvenidos! –saludó la profesora McGonagall, radiante de felicidad-. ¡Es un placer para mí retomar el puesto (que siempre debí tener, desde que murió Albus) de directora de ésta escuela! Gracias a Snape por haber renunciado voluntariamente a su puesto.

Snape le guiñó un ojo desde la mesa de los profesores.

-Sé que la costumbre del profesor Dumbledore –siguió-. Era saludarlos con un atronador "¡al ataque!", dejarlos comer y luego pronunciar el discurso apropiado, pero yo éste año…

-¡USTED HARÁ LO MISMO, TENGO HAMBRE! –bramó un alumno de Hufflepuff.

-¡SI! –gritaron muchos otros, mostrándose de acuerdo con él.

-De acuerdo, mocosos, coman –McGonagall volvió a sentarse y se encendió un cigarro, de mal humor.

-Espera un momento, ¿qué pasó con la ceremonia de selección? –preguntó Harry, mirando al grupo de alumnos de primero que seguía de pie en la puerta, mirando a los demás con miedo.

-Creo que se olvidaron. El sombrero ya se fue.

Toda la comida exquisita apareció ante Harry y se puso a devorar como enfermo. Estaba famélico, porque no había querido tocar la comida de Kingsley en el tren. Luego de que este se fuera con Draco, ambos habían vuelto abajo, hechos una furia, y se habían metido en el viejo compartimiento a insultar a Malfoy.

Así que ahora se tragó la tarta de melaza, el pastel de calabaza, los huevos revueltos y todo lo que esos divinos elfos habían cocinado para él.

-Oge, Haggy, miga –dijo Ron, con la boca llena y una pata de pollo a medio comer en la mano, con la que señalaba la mesa de los profesores-. Miga los fofesogues.

-¿Qué dices?

Ron tragó.

-Que mires a los profesores, Harry. Está Snape, Slughorn, McGonagall, Hagrid, Sprout, Flitwick, Sinistra (la de Astronomía), Hooch (la instructora de vuelo para los de primero), Binns, y aquellos profesores que dan Runas, Estudios Muggle y Aritmancia.

-Un interesante resumen de los profesores de Hogwarts –dijo Harry, mientras tragaba su puré-. ¿Cuál es el punto?

-¿No te das cuenta? ¡Falta Trelawney! ¡Y también Firenze! ¿Dónde estarán?

-Ah, sí –observó Harry, despreocupado-. Habrán ido al baño o algo, Ron. No creo que haya cambios de staff éste año; después de todo, junto con Voldemort se fue también la maldición que impedía que los profesores de Defensa duraran más de un año. Por lo que veo, Snape seguirá con el cargo, como en sexto. Y ahora que lo pienso, Firenze nunca comía en el Gran Salón. Es un centauro, no puede sentarse en esas sillas.

-Ah, claro, lo olvidé –dijo Ron, pensativo, blandiendo su pata de pollo de un lado al otro mientras pensaba-. Quizás Trelawney haya renunciado. Quizás se dio cuenta de que es una farsa.

-¿Qué no lo saben? –dijo Colin Creevey, que estaba sentado enfrente-. Trelawney finalmente enloqueció.

-¿Cómo dices?

-Así es, se deschavetó totalmente en el verano. Luego de que se fuera Voldemort, dicen que empezó a profetizar cosas cada vez más absurdas; su voz se volvía grave y sus ojos se ponían en blanco…

Harry y Ron se miraron, preocupados.

-¿Y qué decía?

-Decía que ahora todo el mundo tendría sexo con todo el mundo por doquier.

-¿Ehhhhh?

-¡Así es! No era nada tenebroso, pero decía que las parejas se romperían y los chicos se acostarían con cientos de personas, ¡que éste año Hogwarts se convertiría en un puterío! Estoy muy emocionado. Quizás, finalmente, ¡éste año sea el fin de mi virginidad!

-Muy lindo, Colin, pero escucha –dijo Ron, apuntándolo con la pata de pollo-. ¿Qué pasó con ella luego?

-Se fue a Ibiza, España, diciendo que se metería a una playa nudista y tendría sexo con muchachos menores.

-¿Qué?

-Bueno, ya saben, ella no estaba casada.

-Ahora que lo pienso –reflexionó Harry, muy pensativo-. Ningún profesor ni profesora de Hogwarts está casado. ¿No es extraño eso? Ellos simplemente viven aquí, y son solteros toda su vida…

-He oído rumores de que se juntan una vez al mes a hacer orgías entre ellos debido a las fuertes ganas de tener sexo que tanta soledad les provoca –dijo Ron, rascándose la cabeza con la pata de pollo a medio comer.

-¿Vas a comerte esa pata o no? –dijo Harry, enojado-. Ya me tienes harto con ella.

-Lo siento –Ron se la metió en la boca, mientras Colin iniciaba una charla con su hermano.

-¡Alumnos! –gritó McGonagall por encima de la multitud, cuando el postre terminó y los platos de comida se desvanecieron-. ¡Espero que hayan tenido un buen apetito! Ahora, finalmente, comenzaré mi discurso.

Harry volvió a apoyar la cara en la mano y miró a la profesora con aburrimiento.

-Este año tenemos un cambio de staff –dijo ella, aclarándose la voz-. Además de mí, claro, su nueva y genial directora –sonrió esperando que alguien riera, pero sólo se oyó el ruido de los grillos desde las ventanas-. Un público difícil, ya veo… Bueno, en fin. Debido a que la profesora Trelawney está loc… quiero decir, incapacitada para seguir ejerciendo, y que Firenze ha muerto asesinado por su tribu, que finalmente se hartaron de él…

-¡Oh! –exclamaron varios alumnos, sensibilizados por la noticia.

-…Hemos tenido que hacer cambios de personal en la clase de Adivinación –siguió McGonagall, como si nada-. El problema es que no se consiguen profesores de esa asignatura, es muy difícil. He entrevistado yo misma a cuatro aspirantes, una más farsante que la otra, las muy hijas de… Perdón, como decía, y he estado a punto de cancelar la asignatura para siempre… Pero entonces el viejo profesor Slughorn me recordó que una vez, en su juventud, ha hecho un curso de post-grado de Adivinación, por lo que le dimos el puesto a él.

Slughorn le guiñó un ojo a sus alumnos de Slytherin, sonriendo.

-De esta forma –siguió ella-, él se encargará de esa asignatura. En cuanto a Pociones, le hemos devuelto esa asignatura a nuestro querido profesor Snape… muy a su pesar –dijo estas últimas palabras con cierto rencor, porque Snape estaba sollozando sobre una servilleta mientras Slughorn, a su lado, le daba palmaditas en la espalda para consolarlo. Desde que se había descubierto que era bueno, Snape no dejaba de actuar como un maricón.

-Y ahora, el cargo que todos estaban esperando… -McGonagall hizo una pausa de misterio y abrió grandes los ojos, mientras la orquesta tras ella (dirigida por aquel mago bajito) hacía un redoble de tambores-. ¿Quién será nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras? Para presentar al ganador, es decir, al profesor, tenemos aquí a nuestro querido ministro, ¡Kingsley Shacklebolt!

-¡Oh, no! –se quejó Harry, mientras Kingsley subía a la tarima donde estaba la mesa de los profesores, saludando a todos con su sonrisa característica, y un foco de luz seguía su trayectoria-. Por eso venía en el tren… -no podía expresar en voz alta la ira que sentía hacia ese tipo, en especial desde que se enterara de que perdonó a los Malfoy y los trataba con favoritismos.

-Oye, Harry –Ron señaló hacia la puerta del Gran Salón. Harry miró hacia allí y vio a Ojoloco Moody, de pie en el umbral, al parecer recién llegado, tomando unos tragos de su petaca-. Creo que sé quién será el nuevo profesor…

-¡Hola! –saludó Kingsley a todos los alumnos-. He venido aquí a presentar al nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Es un placer para mí tener el honor, ya que espero este año estar seguido aquí en el colegio, para cerciorarme de que todo marche bajo control. El ministerio se preocupa mucho por su educación.

-Mierda –protestó Harry.

-Antes que nada, quisiera aclarar que la vieja maldición ya no existe –siguió Kingsley-. Ya saben, esa maldición de que ningún profesor podía ocupar el cargo de profesor de Defensa dos veces. Pero no hemos querido tentar a la suerte, así que por este año nada más continuaremos la vieja tradición. Además, éste nuevo profesor de Defensa que tenemos para ustedes les encantará… Por favor, denle todos un fuerte aplauso…

Harry se inclinó para mirar a Moody, esperando que se adelantara y subiera a la tarima.

-… ¡A HARRY POTTER! –bramó Kingsley, y empezó a aplaudir y silbar, mientras el foco de luz que caía sobre él se movía mágicamente e iluminaba a Harry, que se había quedado de piedra en su lugar. -¡Así es! ¡Harry Potter! ¡Él será su nuevo profesor de Defensa! Ah, y en otras noticias, el viejo profesor Moody ha aceptado reemplazar a Filch en sus labores de celador luego de que éste muriera intoxicado con una albóndiga en mal estado… Pero eso no importa ahora. ¡Vamos, Harry, sube aquí! ¡Todos te estamos esperando!

Todo el Gran Salón se había convertido en un hervidero de aplausos, chillidos y protestas. La mitad del salón no dejaba de aplaudir con entusiasmo y de gritarle palabras de apoyo a Harry, mientras que la otra (focalizada principalmente en la mesa de Slytherin) no dejaba de lanzar gritos de protesta como: "¿Qué?" y "¡Están locos!"

Harry se puso de pie, animado por las palmadas de apoyo de Ron, y caminó avergonzado hasta la tarima, a la que subió con torpeza para reunirse con el ministro.

-Cuando McGonagall me preguntó si conocía a alguien competente para ocupar este cargo –le dijo Kingsley en voz muy alta, para que oyeran todos-. Tu nombre fue el único que me dejaba satisfecho, Harry. ¡Felicidades! Queríamos darte la sorpresa esta noche, ¡y veo que te ha sorprendido!

-Bueno, yo… -balbuceó Harry, más incómodo y avergonzado de lo que hubiera estado en su vida.

-¡Tú has derrotado a Voldemort, muchacho! –siguió el ministro-. ¡Nadie podría enseñar esta asignatura mejor que tú, si me lo preguntas!

-No fue para tanto –dijo Harry, consciente de que toda la escuela lo escuchaba con más atención de la que le hubieran prestado a nadie-. Es decir, mis amigos me ayudaron mucho, y también la suerte… No creo estar capacitado…

-¡Vamos, no seas modesto! –dijo Kingsley muy fuerte, sin borrar su sonrisa.

-Lo siento, señor ministro –Harry trató de ser lo más educado posible-. Se lo agradezco mucho, pero, es decir, yo ni siquiera he terminado el colegio, ¿cómo podría ser profesor?

-Ya pensarás en eso, Harry. ¡Bueno, no renunciarás, porque yo no lo permitiré! ¡Vamos, todo el mundo! ¡Un aplauso fuerte para Harry!

Sonaron muchos aplausos, algunos con entusiasmo, otros débiles. Entonces Kingsley lo dejó volver a su asiento, rojo como un tomate.

-Y ahora sí –dijo McGonagall, volviendo a acercarse al medio de la tarima-. ¡Todos a la cama! ¡Mañana comienzan sus estudios! Pip, pip, ¡a dormir!

-Están locos –dijo Harry, ya en su asiento, en voz baja y cargada de cólera, para que sólo Ron lo escuchara.

-Vamos, amigo, ya deja de ser modesto –le dijo Ron-. ¿Recuerdas el Ejército de Dumbledore? Has nacido para este trabajo. Oh, mira, ahí viene Kingsley a hablar contigo. ¡Me voy, viejo, nos vemos arriba!

-Nos vemos, Ron.

-¡Harry, Harry! –le dijo el ministro, que se acercaba con Minerva, mientras los alumnos desocupaban el Gran Salón en grandes grupos-. ¡Menuda sorpresa, ¿eh?!

-Ya lo creo.

-No te preocupes, Potter, lo harás bien –le dijo la profesora, dirigiéndole una mirada bonachona-. Ahora necesito que me digas una cosa, Potter. ¿Estarás bien en tu viejo dormitorio, o quieres ocupar el despacho que te corresponde por tu cargo?

-Prefiero mi viejo dormitorio, gracias.

-Genial, genial –dijo ella, entusiasmada-. Como directora puedo convertir ese viejo despacho en el baño privado con jacuzzi que siempre quise…

-Oh, Harry, tendrás grandes beneficios ahora que eres profesor –le dijo Kingsley-. Una cantidad considerable de oro se añadirá a tu cuenta en Gringotts todos los meses: tu sueldo; también podrás acceder a la sala de profesores a tu antojo, comer en la mesa de los profesores, y asistir a la orgía de profesores que tiene lugar todos los meses…

-Gracias, pero creo que estaré bien en la mesa de Gryffindor, trataré de que sea como siempre, no quiero grandes cambios, gracias. ¿Puedo seguir siendo el capitán del equipo de Quidditch?

-Lo siento, Harry –dijo McGonagall-. El año pasado, cuando Voldemort tuvo el control de la escuela, el capitán pasó a ser Cormac McLaggen. No puedo quitarle el puesto, ahora es suyo.

-Pero, ¿qué Cormac no ha terminado la escuela aún?

-No pudo dar bien los ÉXTASIS, así que decidió repetir y volver a intentarlo.

-Pero él era un año mayor que yo. Si repitió, debió haber terminado el año pasado…

-¡El joven es un desastre, Harry! ¡Repitió dos veces! Pero no puedo quitarle el puesto de capitán, lo siento mucho.

-¿Usted no puede hacer algo? –le preguntó a Kingsley-. Ha estado haciéndome favores desde hace semanas y semanas. Esta es la primera vez que le pido algo yo, Kingsley, quiero ser capitán como antes.

-Lo siento, Harry –le dijo el ministro-. Mis manos están atadas.

Harry se dio la vuelta y se alejó a grandes pasos, sin decirles nada más ni despedirse. Estaba muy enfadado, no quería ser el profesor de Defensa, eso era absurdo; y Kingsley, que había construido otro piso en el Expreso de Hogwarts por él, no era capaz de acomodar las cosas para que fuera el capitán, pero en cambio le daba un cargo importantísimo a Lucius Malfoy en el ministerio. Subió hasta la Sala Común, saludó vagamente a los chicos que aún estaban allí y le gritaban felicitaciones por su nuevo puesto de profesor; subió hasta su cuarto, encolerizado, se metió en la cama y cerró las cortinas de un tirón.


5. Ginny turbada, más turbada y masturbada

Hola! Solo un par de comentarios: se que solo leen por las escenas de sexo (jaja), asi que voy a decepcionarlos una vez más con un cap que casi no tiene nada de eso… hay algo hacia el final, si quieren pueden ir directo allí xD

Es el cap más largo que haya escrito nunca, si no me equivoco. Mucho tiene que ver con la escuela y cosas qe quizás consideren aburridas., a mi me gusta escribir sobre ellas pero bueno, si no les gusta pueden ir directo al final donde está toda la acción :p besos!

-¿Cómo están los horarios hoy? –preguntó Harry a la mañana siguiente durante el desayuno, mientras le clavaba un tenedor a su tocino con más fuerza de la necesaria.

-Veo que sigues molesto –comentó Ron, a su lado-. No veo por qué, sin embargo. Anímate, amigo, ser profesor te dará la oportunidad de castigar a Malfoy cuando quieras. Lo que daría por poder hacer eso.

-Sí, claro. Genial. Luego él se quejará con el consejo directivo y me echarán, o algo por el estilo. Bueno, ¿me leerás los horarios o qué? Tú tienes la hoja.

-No te la agarres conmigo –se quejó Ron, y se puso a leer el cronograma de clases-. La primer clase es Pociones. Luego tenemos un período libre. Genial. Luego el almuerzo. Más tarde Cuidado de Criaturas Mágicas…

-¿Cuidado de Criaturas Mágicas?

-Sólo bromeo –Ron rió-. Qué asignatura estúpida.

-Vaya… eso me hiere –dijo una voz. Vieron a Hagrid alejarse llorando hacia los jardines.

-¡Ron! ¿No lo viste detrás de nosotros?

-Te juro que no. Bueno, como decía, luego tenemos Transformaciones, y luego Defensa Contra las Artes Oscuras. Ahí entras tú, amigo.

-¿Hoy es mi primer clase? –Harry sintió que se le revolvía el estómago-. Pero si ni siquiera me han dado un programa o me han dicho qué hacer. ¿Esperan que improvise o algo así?

-Ni idea, viejo. Deberías preguntarle a McGonagall.

Terminaron el desayuno y fueron a la primer clase, Pociones. Harry pensaba que vería a Snape de muy mal humor por haber sido restituido a su antiguo cargo, pero en vez de eso lo encontraron muy alegre y simpático… Definitivamente, Severus era otra persona.

-Mis queridos alumnos… -dijo, con una sonrisa, mientras los recorría con la mirada-. Oh, y ahí estás tú, Harry, mi querido Harry… Extrañaba tenerte como alumno. Apuesto a que no sabías nada de que yo era bueno y actuaba con Dumbledore, ¿verdad? Bueno, eso ya quedó atrás, en fin, en este maravilloso día vamos a ver… Malfoy, ¿acaso acaba de hacer un comentario sarcástico?

Se quedó mirando a Malfoy con los ojos entrecerrados y se le borró la estúpida sonrisa. Draco quedó perplejo, sin poder creer que se ensañara con él. Le había hecho un comentario de burla a Goyle sobre Harry.

-Lo siento, profesor –dijo Draco, algo avergonzado-. Sabe, estamos algo apenados desde que murió nuestro amigo Crabbe y…

-¿De verdad intentarás jugar a la lástima conmigo, Malfoy? –dijo Snape, irritado-. Estás castigado. Te veo el sábado a las siete de la tarde en mi despacho, puntual.

Cuando terminó la hora, Harry y Ron salieron a toda prisa, y Harry se sentía mucho mejor. Había sido la mejor clase que tuviera con Snape nunca.

-¡Fue fantástico! –comentó Ron, mientras subían a la Sala Común para disfrutar de su primer período libre. Snape no les había dejado deberes. –Ese hombre se ha transformado totalmente. Es imposible que antes fingiera que te odiaba o algo así, ¿verdad? Porque ahora parece amarte. Es increíble.

-Supongo que le he empezado a caer mejor desde que lo libré de su horrible labor de ser un agente doble –dijo Harry, pensativo-. Eso debía de ser muy difícil, ir por ahí con Voldemort fingiendo lealtad. Y quizás Draco le empezó a caer mal desde que se hizo Mortífago, quién sabe.

Llegaron a la Sala Común, se sentaron en unos sofás e hicieron aparecer a Dobby para que les llevara unas tortas de chocolate y bebidas gaseosas. Harry notó cómo los ojos de la casa de Gryffindor entera desfilaban hacia él continuamente, en especial los de las chicas. Muchas, incluso, hicieron el intento de acercarse a ellos y hablarles.

-Deberíamos invitar a dos y llevarlas a algún lado –sugirió Harry-. Apuesto a que eso pondría celosa a Hermione.

Hacía tiempo que no mencionaban el nombre de aquella que aún era legalmente la esposa de ambos. Ron se inquietó un poco.

-Habrá un baile el fin de semana –Ron se dejó caer en el respaldo de su butaca y tomó un folleto de una mesita ratona. En la gráfica se veía el dibujo de dos magos bailando, y sobre ellos estaban escritas las palabras "Baile de inicio de curso". –Los chicos de séptimo siempre organizan bailes como éste, pero tratan de que no se enteren los más chicos. ¿Qué dices? Podríamos invitar un par de chicas de séptimo para ponerla celosa.

-Es extraño –pensó Harry-. En realidad serían chicas menores a nosotros por un año. Se me hace tan extraño estar aquí repitiendo un curso. Siento que al girar la cabeza debería ver a Dean o a Seamus.

-Olvídate de ellos –Ron tomó un trago de gaseosa y sonrió-. Este es nuestro último año de escuela, Harry, y no importa cuándo lo hayan tenido los demás. Debemos hacer lo posible por disfrutarlo.

-Tienes razón. Mira, ¿qué te parece aquella de allá?

-Uff, lindas tetas. Espero que tenga una hermana.

Luego del almuerzo fueron a Transformaciones. McGonagall los recibió advirtiéndoles sobre lo terribles que serían sus ÉXTASIS y lo mucho que tendrían que esforzarse y estudiar para conseguir buenas notas, además de la importancia de que lo hicieran, ya que de esas notas dependería su futuro académico y laboral. Harry decidió no preocuparse por eso. Sabía que había un escritorio en la oficina de Aurores reservado para él, y, aunque algo saliera mal y esa vacante desapareciera o Kingsley enloqueciera (lo que no sería raro) y decidiera que para llegar a ese puesto Harry debía obtener las notas apropiadas como todo el mundo, de cualquier forma no tenía ganas de esforzarse, porque había estado un año entero buscando Horcruxes y matando a Voldemort, eso lo había dejado exhausto y ahora sólo quería descansar todo lo posible.

Finalmente, al final de la clase, cuando todos salían corriendo y agitando los brazos en el aire, felices de que hubiera acabado la tortura, la profesora lo llamó con el dedo, seriamente. Harry se acercó arrastrando los pies y sujetando su mochila, que llevaba colgada de un solo hombro.

-Dígame, profesora.

-Tenemos que discutir tus horarios –dijo ella, mirando un complicado manojo de papeles a través del cristal de sus anteojos-. Tendrás que combinar tus estudios con tus deberes de profesor. No solo tienes que ir a enseñarle a tus propios compañeros ahora… Mañana por la mañana tienes que darle clase a los de sexto, martes por la tarde y jueves por la mañana a los de quinto, viernes por la tarde y miércoles por la mañana a los de cuarto, miércoles y jueves por la tarde a los de tercero… Creo que necesitarás un giratiempo, Potter.

-¡De ninguna manera! –protestó él, sintiendo volver a él todo su enojo-. ¡Yo no pedí ser profesor! Es injusto que me carguen de responsabilidades así, este año yo quería descansar de todo lo ocurrido, no quería estar más cargado de responsabilidades que nunca. Si Dumbledore estuviera aquí jamás lo hubiera permitido… -Se dio cuenta de que eso era un golpe bajo para la directora McGonagall, que al parecer se estaba esforzando mucho por llegar a ser una buena directora como lo había sido él-. Además, todos los giratiempos fueron destruidos. Yo destruí el último.

-Bueno… -la mujer se puso a pensar, mientras lo miraba de arriba abajo-. Lo siento, Potter, fue el ministro el que insistió en que te hiciéramos profesor. Tendrás que asistir a todas tus clases como estudiante y también dar todas tus clases como profesor. Ahora que miro detenidamente los horarios, creo que no tendrás ningún problema porque las cosas no se superponen. Sólo que ya no tendrás más períodos libres. Bueno, mejor vete, Harry, llegarás tarde a tu primera clase.

-Sí, sólo una cosa, profesora –dijo él, molesto-. ¿De qué se supone que hablaré en mi clase?

-Aquí está el programa –dijo ella, pasándole una enorme carpeta repleta de folios-. Es el programa de toda la escuela, ahí está lo de los demás cursos también. Puedes enviarles a leer los libros que quieras, Potter, aunque para esta fecha todos ya habrán comprado el libro que decía la lista, pusimos los usuales ya que no sabíamos qué querrías impartir. Pero si conoces alguno mejor y tienes ganas de comprar una docena de copias…

-No, gracias, enseñaré con los de siempre… Espere, ¿eso quiere decir que tengo que leerme los libros de todos los cursos? ¿Cómo daré clases sobre ellos sino?

-Caray, Potter, tú has tenido que estudiar esos libros para dar tus exámenes cada año.

-Pero profesora, Hermione me pasaba todo. ¡Yo no sé nada!

-No es mi problema, Potter. Ahora escúchame una cosa. No quiero que te olvides de los ÉXTASIS. Tu nuevo trabajo es importante, desde luego, pero también eres un estudiante aún, y quiero que te prepares para ellos.

-Sí, profesora –sin reparos, Harry rechinó sus dientes, para demostrarle el odio que le provocaba aquella situación tan injusta. -¿Alguna otra cosa? Quizás, no sé, ¿también me han hecho celador? ¿Debo encargarme de que los pisos estén limpios? Quizás haya un hueco en mi horario para eso…

-No, de eso se encargan Alastor y los elfos –dijo ella, revisando sus papeles a toda prisa, al parecer sin reparar en el sarcasmo de Harry, muy ocupada en otros asuntos de organización-. Ya puedes irte, Potter.

Se alejó del aula a grandes zancadas, totalmente furioso. Pudo imaginarse claramente a Ron sonriendo en sus múltiples períodos libres de esa semana, en la Sala Común, coqueteando con chicas para dar celos a Hermione mientras él estaba dándoles clases sobre Boggarts a chicos de tercero. Incluso podía visualizar claramente el diálogo de Ron con aquellas desconocidas pero sin lugar a duda hermosas chicas, un diálogo sobre cómo había ayudado a Harry Potter a destruir los trozos de alma de Voldemort.

Llegó al aula de Defensa, en el primer piso, y entró a pasos largos, tan enojado y ensimismado que se olvidó completamente de que se suponía que él fuera el profesor en esa clase. Se sentó junto a Ron, sacó su libro de la mochila y entonces miró hacia adelante y vio una docena de rostros que lo miraban con curiosidad. Entonces se puso de pie de un salto y caminó hasta el frente, mientras todos a su alrededor rompían en carcajadas.

Sintió que se ponía colorado. Sus manos empezaron a sudar mientras acomodaba su mochila en el escritorio del profesor, sacaba el programa que le había dado McGonagall y buscaba en la última sección: "Séptimo año". Empezó a leer las líneas de temas a tratar, consciente del silencio que se había sumido luego de que se apagaran las risas, y empezó a sentir cada vez más calor, porque no tenía la menor idea de qué decir o hacer, y era consciente de que no tenía la menor idea de qué se trataban la mitad de los temas que figuraban allí. Alzó la vista y vio que todos le sonreían. Estaban fascinados por ver a un chico sólo un año mayor que ellos (en algunos casos ni eso) de pie ante ellos como profesor, a punto de cometer una equivocación. Le harían la vida imposible.

-Buenas tardes, chicos –dijo, lenta y pausadamente. Vio los rostros de Ron y Hermione primero que nada, muy apartados entre sí. Luego, cuando la presión se aflojó un poco en su pecho, pudo notar también a Malfoy y Goyle, que lo miraban con muecas burlonas. Decidió que no tenía sentido arrancar con algún tema, porque no tenía idea de qué se trataban, así que tendría que empezar la asignatura la semana siguiente y ese día salir del apuro con algo improvisado. Al mismo tiempo, le convenía adoptar el papel de Harry y no tratar de actuar como "profesor", de esa forma les daría un motivo menos para burlarse de él. –Bien –dijo, tomando aire-. Todos me conocen. Soy Harry, fui compañero de ustedes durante cinco años y en algunos casos seis. Estoy aquí porque el ministro debe haber pensado que me fascinaría ser profesor; porque, como también sabrán todos, no deja de consentirme últimamente, lo que me saca de quicio.

Casi todos rieron, y eso lo hizo sentirse mucho más tranquilo y con más ánimos para seguir.

-Quizás sea buen profesor, eso espero –continuó-. Ya fui profesor de algunos de ustedes cuando formamos el Ejército de Dumbledore hace tres años. Te enseñé a ti, Luna, también a Ron, a Ginny… -se detuvo al mirar a Hermione, que evitaba mirarlo a los ojos, y siguió de largo como si no la hubiera visto-. A ti, Michael, Colin… En fin, este año me verán cursar muchas materias con ustedes y al mismo tiempo enseñarles esta. Espero que funcione, o mejor dicho, preferiría que no funcione y que en cambio pongan a alguien competente así no tengo que pasarme la mitad de mi semana enseñando a los más pequeños sobre Boggarts y Grindylows –de nuevo risas, lo que lo animó aún más a proseguir-, pero bueno, es lo que hay. En cuanto a estudiante, sé que será interesante compartir el curso con ustedes porque, en su mayoría, estaban un año atrás que yo cuando cursaba aquí y me gustará conocerlos mejor. Y en cuanto a profesor, por hoy al menos no tengo la menor idea de qué darles, así que, ¿por qué no damos la clase por finalizada aquí y los dejo volver a sus salas comunes? Comenzaremos con el programa la semana próxima. ¡Tengan una buena semana!

Todos empezaron a aplaudir y silbar, contentísimos y sorprendidos de que Harry los hubiera dejado ir sólo diez minutos luego de empezada la clase. Sabía que se los había ganado totalmente con eso. Malfoy y Goyle parecían estar a punto de estallar de la rabia, mientras todos los demás a su lado reían y se alejaban comentando lo genial y buena onda que era Harry. Se le ocurrió que quizás Malfoy lo acusaría con McGonagall, pero luego se dio cuenta de que eso no suponía ningún problema en absoluto. ¿Qué iba a temer, perder su empleo? La sola idea le daba risa.

Esa noche, cuando se sentó solo en una mesa de la Sala Común, todos los que habían ido a su clase le levantaban el pulgar o le guiñaban un ojo, pero él abrió la carpeta con el programa y sacó su libro de séptimo curso: "Complicadísimos hechizos defensivos tan imposibles que sería más fácil no usarlos y portar un arma", de Gina Bucksenchuflis. Entonces se dio cuenta de que el resto de sus libros de años anteriores habían quedado apilados en la casa de los Dursley. Se preguntó qué habrían hecho con ellos; ahora que Voldemort había caído, sus tíos debían haber regresado a su queridísima casa, sabiendo que no volverían a ver a Harry nunca más en su vida, y lo más probable era que ya hubieran transformado su cuarto en un spá para tía Petunia. Lo más seguro era que todas sus cosas de mago hubieran ardido en un fuego secreto a altas horas de la noche en el jardín. Tendría que ir a la biblioteca a buscar los otros libros, aunque no estaba seguro de que en la biblioteca tuvieran los libros de texto que les mandaban los profesores, porque nunca los había visto y en cambio siempre los mandaban a comprarlos a Flourish y Blotts. Incluso si uno no tenía dinero, el director solía sacar fondos para los alumnos necesitados y se los prestaba para que compraran los libros de segunda mano allí, pero no los remitían a la biblioteca. Tendría que pedírselos a Hermione, que seguro los llevaba con…

Se detuvo en medio de sus pensamientos, echó una ojeada a la Sala Común y volvió a concentrarse en la carpeta. Debía concentrarse en eso… Al día siguiente tenía una clase y lo mejor era estar preparado para esa. Mejor se olvidaba de séptimo curso, total faltaba toda una semana para eso, y se concentraba en la del día siguiente. Según el programa, a la mañana siguiente tendría que enseñarle a los de sexto maleficios imperdonables. La mayor parte del programa de sexto abarcaba eso. Sería fácil, ya que tenía mucha experiencia con eso tanto defendiéndose como haciéndolos. A la tarde tenía que enseñar a los de quinto, así que buscó en el programa de ellos: Teoría defensiva. Vaya, quién lo hubiera dicho, Umbridge no estaba tan desacertada al hacerlos estudiar sólo teoría, el programa indicaba que en ese curso debía darle más importancia a la teoría. Qué estupidez. Les enseñaría lo que tuviera ganas, y si alguien tenía algún problema podían despedirlo y ya, volvería a tener sus hermosos períodos libres entre clases.

-Bien, alumnos –dijo a la mañana siguiente, al ponerse de pie ante la clase entera de sexto con muchísima más confianza y seguridad que el día anterior. De hecho había entrado mascando goma y jugando con la varita, lanzándola en el aire y atrapándola. Se dejó caer perezosamente en el asiento del profesor y los recorrió con la mirada. Eran muchísimos. La profesora McGonagall había acomodado unos horarios, después de todo. Como Harry no tenía tiempo para dar las clases de la manera usual, en vez de agrupar a los cursos en dos casas y enseñar dos clases distintas sobre lo mismo a dos grupos de casas (a ellos solía tocarles con los de Slytherin), daría una clase sola a todas las casas juntas y habían agrandado el tamaño del aula mediante magia–. Mi nombre es Harry, todos me conocen, bla, bla. Espero que la clase les resulte interesante. ¿Quién ya sabe algo sobre maleficios imperdonables? –Muchas manos se alzaron en el aire-. Claro, todos lo saben. Bueno, lo que quiero saber es lo siguiente, ¿ya han visto este tema en cuarto, como yo? Hace dos años tenían a… Snape. ¿Les dio ese tema? –muchos negaron con la cabeza.

-Amycus Carrow nos enseñó a usarlos el año pasado –dijo una chica, luego de levantar la mano-. Nos hizo usar el Cruciatus en alumnos menores…

-Perfecto, entonces ya saben –dijo Harry, pensando a toda velocidad-. Pero este año lo veremos desde el punto de vista defensivo. Y lo veremos rápido, porque pienso impartirle este tema a los de segundo. Ustedes verán cosas mejores. Bueno, no, quizás segundo sea muy pronto. Lo daré en cuarto, como me lo enseñaron a mí, el viejo Ojoloco. También tenemos que aprender a hacer los conjuros sin hablar, así que, ¿quién quiere pasar e intentar embrujarme sin mover los labios?

Luego de eso tuvo su propia clase de Encantamientos, que resultó aburridísima. Luego un almuerzo y enseguida fue a dar clase a los de quinto, mientras Ron se iba a la Sala Común para su período libre.

-Hola –saludó, mientras entraba al aula y se terminaba el postre (flan) a cucharadas. Dejó el recipiente vacío sobre su escritorio mientras varios alumnos susurraban entre ellos emocionados, luego miró a la clase y sonrió. -¿Cómo están? ¿Todo bien? Genial. Se supone que este año les enseñe teoría defensiva, lo que es muy largo y aburrido, así que no lo haremos –todos sonrieron aún más, se miraron entre sí fascinados e hicieron comentarios positivos-. Les enseñaré lo mismo que les enseñé a mis compañeros cuando estaba en quinto. Quiero que todos se levanten de sus asientos, así los aparto contra la pared mediante magia y podemos empezar. Aprenderán a hacer correctamente el Expelliarmus, el Expulso…

-Profesor, ¿puedo hacerle una pregunta? –dijo un chico, alzando la voz entre los murmullos felices de los demás.

-Sí, dime, hijo –Harry sonrió. Siempre había querido llamar a alguien "hijo".

-¿Podemos irnos temprano como los del otro curso?

-No –contestó fríamente.

El resto del día pasó más rápido de lo que pensaba, y antes de que se diera cuenta estaba entrando a su última clase, con los de primero.

-Buenas tardes, niños –los saludó ya sin ganas, mientras se dejaba caer pesadamente en su asiento al frente de la clase y recorría sus cansados ojos por entre la multitud-. Mierda, cada día son más enanos.

Muchos se quedaron boquiabiertos y horrorizados por haber oído la palabra "mierda".

-¡Dijo una mala palabra! –chilló una niña, señalándolo con el dedo acusadoramente.

-¿De qué casa eres, linda? –le preguntó, de mal humor.

-De Slytherin –dijo ella, temerosamente.

-Cinco puntos menos para Slytherin.

Esa noche, en la Sala Común, él y Ron hicieron sus deberes a toda velocidad y luego empezaron a hablar del baile del fin de semana.

-Tienes que invitar a Pomelo –dijo Ron, con la baba chorreándole.

-¿Pomelo? ¿Qué nombre tan estúpido es ese?

-Es de sexto, compañera de Ginny… ¿Pero qué estoy diciendo? Es de séptimo y es compañera nuestra ahora. Tiene dos melones que no te cuento… Mira, allí va.

Señaló a una morocha cuyos pechos eran tan grandes que resultaba antinatural verlos. Se había escotado ella misma la túnica para que se le vieran más.

-Dicen que se los ha aumentado de tamaño ella misma mediante magia –dijo Colin, apareciendo de repente y sentándose junto a ellos-. Además tiene que usar un encantamiento todos los días al levantarse para que se mantengan firmes, porque de lo contrario caerían bajo su propio peso y le llegarían por debajo del ombligo.

-Qué asco –Ron hizo una mueca.

-Pensé que tú eras gay, Colin –comentó Harry, llevándose un trozo de pudín a la boca (Sí, se la pasaban comiendo todo el día).

-Lo soy –dijo él, con una radiante sonrisa-. Pero eso no me impide comentar sobre las buenas tetas de una compañera, ¿verdad?

-Supongo que no.

-Yo no sabía que eras gay –Ron lo miró con desconfianza-. ¿Cuándo saliste del closet?

-El año pasado –dijo él-. ¿Pensaron que ustedes estaban envueltos en la única historia de amor y sexo en todo el castillo? La mía fue fascinante. Perdí la virginidad con Blaise Zabini en el baño de prefectos.

-No digas más –Ron ahuyentó la historia con la mano como si fuera una mosca molesta. –Tengo que compartir la habitación contigo, y será mejor, por tu propio bien, que mantengas tus hábitos homosexuales lejos de mí.

-Entiendo que tengas prejuicios contra los gays, Ron, pero tarde o temprano cambiarás de opinión –dijo él, muy alegremente. Desde que Seamus, Dean y Neville ya no iban a Hogwarts, las tres camas vacías de su dormitorio habían sido ocupadas por otras personas. Una de ellas era Colin.

-Oye, Harry –preguntó Ron, mientras seguía mirando a las chicas-. ¿Qué otros compañeros de curso tenemos además de Colin? Ya sabes, que sean hombres.

-No muchos –dijo Harry, pensativo-. Realmente, en lo que respecta a Gryffindor, sólo recuerdo que nos hayamos relacionado con Neville, Dean y Seamus. ¿Recuerdas a alguien más?

-Pues no –Ron se puso a pensar-. Los demás eran de otras casas. Es muy extraño. Y de años anteriores sólo recuerdo a Colin y Dennis, si hablamos de los hombres. Bueno, se han mencionado algunos nombres, como Geoffrey Hooper, Andrew Kirke, Leanne (aunque ella es mujer), Jimmy Peakes y Jack Sloper, pero realmente no los conozco para nada.

-Vamos, Jimmy y Jack no son completos desconocidos, los hemos visto a veces. No sé qué onda los demás…

-¡Hola! –saludó Andrew Kirke, con una sonrisa de oreja a oreja, y se alejó corriendo a los saltitos.

-¿Quién demonios será ese imbécil? –se preguntó Ron, mirándolo irse-. Mierda, Harry, no conocemos a nadie. Sin Dean, Seamus y Neville estamos completamente solos en esta casa. Y los demás que conocíamos, como Lee Jordan, Oliver Wood, etc., eran mayores y ya terminaron también.

-Es una suerte que tus hermanos hayan decidido regresar para terminar sus estudios.

-¡Así es! –gritaron Fred y George, apareciendo de la nada ante ellos y agitando las manos en una especie de saludo de manos de jazz-. ¡Estamos de vuelta!

-¡No se nos podría haber ocurrido una mejor forma de promocionar nuestros productos que regresar! –dijo Fred, muy alegre.

-¡Ofertas todos los días, y servicio directo al estudiante! –comentó George, levantando una caja llena de chascos para que todos la vieran.

-Genial, al menos es algo –dijo Ron, aliviado-. ¿Sabías de esto, Harry?

-Claro que lo sabía –dijo él-. Ellos son los que han ocupado las dos camas restantes de nuestro cuarto las dos últimas noches. ¿Dónde estabas?

-No lo sé, tenía sueño, supongo –dijo él-. Qué bueno que cursen séptimo con nosotros, así tendremos a alguien con quien hablar.

-Por no mencionar reír –dijo Fred, esbozando una sonrisa gigante ridículamente.

-No se sientan mal por no conocer a la gente –dijo George, sentándose junto a ellos-. Siete años en el mismo edificio y siempre se han mencionado a las mismas dos o tres personas de esta casa, pero eso no quiere decir que no haya gente aquí. ¡Miren a su alrededor! ¡Está lleno de estudiantes de Gryffindor! Está Romilda Vane, está… bueno, eh… Romilda Vane…

-¡Sí! Y Cormac, que repitió.

-Y allí está Hermione.

-Y allí está Dennis Creevey.

-Y allí está… eh… Romilda Vane.

-Y también Ginny, por allá.

-Y… eh… Romilda Vane.

-No ayudas, George.

-El punto es que no están solos. En fin, ¿ya han pensado con quién ir al baile? Fred y yo pensamos en invitar a Eleanor Branstoney y a su amiga Laura Madley.

-Esas chicas son de quinto –dijo Harry-. Y ustedes deberían haber terminado el colegio hace años. ¿No son grandes para ellas?

-Tenemos veinte años, Harry, y ellas quince. No es tanta diferencia. Hemos estado con chicas menores.

Ron frunció el entrecejo.

-¿A quién invitarán entonces?

-Bueno, yo podría llevar a Luna y tú a Ginny, Harry… -dijo Ron, pensando. Harry estaba seguro de que Ginny, que estaba a un par de mesas de distancia, había levantado la cabeza en ese momento, aunque era imposible que pudiera oírlos a tanta distancia…

-Eso es aburrido –dijo Fred-. Si quieren darle celos a Hermione tendrán que hacerlo mejor. Creo que podrías ir con Pomelo, Harry.

-¿Con Pomelo? Pero yo…

-Vamos, no seas cobarde. Eres súper famoso y todos te aman. Seguro que aceptará.

-Mírala, allí va, acaba de sentarse junto al fuego –dijo Ron-. ¡Pregúntaselo ahora!

-¡Sí! –dijo Fred, mostrándose de acuerdo con su hermano-. ¡Hazlo ahora!

-De acuerdo –Harry tomó valor y se puso de pie. Mientras cruzaba la Sala Común, tratando de caminar de forma natural, sentía las miradas de todos clavadas en él. Un absurdo pensamiento le cruzó por la cabeza: Sus compañeros de casa sabían lo que estaba a punto de hacer. No, eso era absurdo. Entonces tropezó y cayó al suelo, lo que provocó que varias personas rieran. -¿Pero qué…?

Se había tropezado con algo. Se acercó y miró. Era una oreja extensible.

-¿Es tuya? –le preguntó a la única persona que había cerca de allí… Ginny.

-¿Mía? ¡No, claro que no! –dijo ella, mirándolo como si estuviera loco. Entonces le sonrió y pestañeó varias veces. –Oye, Harry, ¿irás al baile de inicio de curso el fin de semana?

-Sí, bueno, justamente estaba yendo…

-¿Te gustaría ir conm…?

-¡Cuidado, Harry! –gritó alguien, y de pronto sintió un dolor paralizante detrás de la cabeza y cayó de bruces al suelo. Se incorporó a toda prisa y vio a Fred, que lo ayudaba a levantarse. –Lo siento, Harry.

-¿Qué fue eso? –protestó él. Lo que lo había golpeado era el voluminoso libro que les había mandado ese año el profesor Flitwick, que tenía nada más y nada menos que tres mil setecientas páginas tamaño oficio.

-Lo siento, se me escapó. Ven… -Fred lo acompañó al otro extremo de la sala, lejos de los murmullos de la gente-. Ginny estaba a punto de invitarte al baile, Harry, lo vi en sus ojos. Hice eso para salvarte.

-¡Oh! –dijo él, comprendiendo-. Gracias… Supongo… Aunque me dolió.

-Vamos, galán, ve por Pomelo –Fred se apartó y Harry continuó el camino hacia la chica de pechos enormes, que seguía junto al fuego.

-Hola –dijo, muy nervioso, cuando llegó junto a ella-. ¿Cómo estás?

La chica levantó la vista del libro que estaba leyendo. Harry, extrañado, se dio cuenta de que este era el Kama sutra mágico, porque una vez había visto un ejemplar que tenían los gemelos y reconoció el dibujo de la pose "Wingardium Leviosa de glúteos".

-Bien –dijo ella, sin mostrar el más mínimo interés en Harry. Volvió a su lectura sin decir nada más y sin parecer avergonzada por lo que leía.

-Ehh… Genial –dijo él, y miró sobre su hombro a los chicos, que lo miraban y le daban señas de aliento-. Oye, me estaba preguntando si irías al baile del sábado.

-Sí, claro –dijo ella, aún sin mirarlo-. Iré con mi novio.

-¡Ahh! –en ese momento, Harry deseó que el suelo de la Sala Común pudiera tragárselo-. Bueno, para ser sincero pensaba invitarte, pero lo entiendo. Disculpa si te molesté.

-Ya sabía –dijo ella, mientras él se daba la vuelta.

-¿Disculpa?

-Ya sabía que me pedirías eso –la chica dio vuelta una página y se puso a observar la pose "Haciéndolo desde un Levicorpus"-. Todos me lo pidieron, imaginé que tú también lo harías. Lo hacen por mis tetas enormes.

Harry rió nerviosamente, se rascó la nuca y echó una ojeada al resto de la sala. Ya imaginaba que todos estarían mirándolo, pero fue peor confirmarlo.

-Yo ni siquiera quiero tenerlas, ¿sabes? –le dijo, de mal humor-. Pero me salieron así. Y todo el mundo cree que soy una chica fácil por eso. Pues no, no soy fácil y estoy de novia, y no iré contigo aunque seas Harry Potter. Y el escote en mi túnica se hizo solo por… bueno, ya sabes, por el peso, yo no lo hice.

-Lo siento –se disculpó él, más nervioso que nunca-. No pretendía… No era mi intención insinuar que fueras fácil ni nada, yo sólo quería invitarte al baile… Oye, ¿cómo quieres que no piensen eso teniendo en cuenta lo que estás leyendo? –no pudo contener la pregunta.

-¡Yo leo lo que quiero! –protestó la chica, enfadada, y volvió a mirarlo, de mal humor-. ¿Tienes algún problema? A mi novio le gusta la creatividad, y a mí me gusta dársela cuando hacemos el amor.

-Está bien, está bien, solo decía… Bueno, gusto en conocerte, Pomelo.

Se alejó de allí y volvió con sus amigos, que lo recibieron con enormes sonrisas y lo miraron muy atentos sentarse en la mesa a su lado.

-¿Y? ¡Vamos, dinos! ¿Irá contigo?

-Tiene novio –dijo Harry, malhumorado-. Que mala suerte. Y ahora todos saben que fui a hablar con ella, y no les será difícil adivinar el por qué. Así que todos pensarán que me creo la gran cosa y que me gusta ir por ahí buscando chicas que estén buenas…

-¡Espera un momento! –lo detuvo Ron-. No te adelantes, viejo, sólo le pediste a una chica que fuera al baile contigo y te dijo que no, nada más. No es el fin del mundo.

-Tal vez deba ir con Ginny después de todo…

-Vamos, ya encontrarás a alguien.

-Bueno, Ron, es hora de pensar en ti –dijo George, mirando a su hermano con preocupación-. No quiero que te pase lo mismo de siempre, tienes que encontrar pareja ahora, a tiempo.

-¿Se imaginan la humillación que pasaremos si Hermione se da cuenta de esto? –preguntó Harry en voz muy baja-. Si se entera que estamos buscando pareja para el baile y no hemos encontrado, seguro se morirá de la risa…

-Eso no pasará –dijo Ron, decidido.

-¿Y a quién invitarás?

-Sé bien lo que haré –dijo Ron, y se puso de pie-. Harry, préstame el mapa del merodeador.

-¿Ahora? Pero Ron, ¿no puedes esperar hasta mañana? No podemos estar en los pasillos a esta hora.

-Préstame la capa también… Por favor.

Harry le dio ambas cosas y Ron desapareció a través del retrato de la Dama Gorda.

-¿A dónde creen que fue?

-Olvida eso, ¡mira hacia allí!

-¿Qué pasa?

-¡Allí! ¡Mira a Pomelo!

Pomelo se había puesto de pie y miraba hacia la puerta de los dormitorios de los chicos. Ya no se veía de mal humor sino muy contenta, de hecho, radiante de felicidad. Un chico bastante petizo se acercó corriendo a ella, se arrojó en sus brazos y empezaron a besarse con locura allí mismo, delante de todos. Era su novio. Y no sólo eso. Era…

-¿Dennis Creevey? –Harry estaba boquiabierto y horrorizado.

-Que bajo –Fred negó con la cabeza.

-Siempre es igual, muchachos –se lamentó George-. Las más lindas se quedan con los más… Dios mío, no puedo creer que su novio sea Dennis Creevey. Me voy a la cama.

-Yo también.

-Sí, vamos.

A la mañana siguiente se encontró con Ron recién en el desayuno, ya que se despertó tarde. Luego de ducharse en el baño del cuarto y vestirse a toda velocidad logró llegar abajo diez minutos antes de que los platos del desayuno desaparecieran mágicamente. Engulló tostados y tragó café a toda velocidad mientras escuchaba hablar a Ron. Quería comer todo lo posible antes de que finalizara la hora del desayuno.

-Y así fue como entré en la Sala Común de Ravenclaw –le explicaba Ron, que ya había terminado de comer y jugaba con su varita entre los dedos-. Sólo tuve que adivinar el acertijo del águila en la puerta: "¿qué pose sexual mágica es la más placentera?", y yo me quedé como, ¿en serio? ¿A mí, a Ron Weasley, el más experimentado en esa área me preguntan eso? Pan comido. Respondí que la del Levicorpus y luego ella estaba ahí sentada en una butaca, leyendo un libro sobre Bowtruckles.

-Invitaste a Luna, genial –dijo Harry sin interés, luego de tragar media taza de café de un sorbo-. Pensé que nos esforzaríamos más, Ron.

-Lo siento, preferí jugar a la segura –dijo él-. Imagínate que alguien invitara a Luna antes que yo. ¿Qué haría entonces si no conseguía a nadie más?

-Es cierto, estarías en graves problemas, perdido como Grindylow fuera del agua; acabado como helado de fresa en mis manos en este momento… Uff, que ganas de un helado. En fin, eso no me pasará a mí, porque yo tengo mi segura: Ginny. Si todo lo demás falla, sé que ella querrá ir conmigo.

-Ron, ¿me haces un favor? –preguntó una voz. Harry se dio vuelta con la boca llena por una rosquilla que se había metido entera (y se le veía por la parte entreabierta de la boca) y vio a Ginny de pie ante él. Ella le lanzó una rápida mirada antes de volver a hablar con su hermano. –Voy a encargar una túnica de gala por correspondencia de magos. ¿Qué opinas? ¿Ésta o ésta? –le mostraba dos fotos de una revista que tenía en la mano.

Ron la miró ceñudo.

-No lo sé… esta me gusta más –dijo finalmente-. Qué raro de ti pedirme consejos, en especial sobre moda. ¿Es para el baile?

-Sí, ya tengo pareja –dijo ella, como si estuviera comentando el clima, pero Harry vio que le lanzaba otra mirada rápida-. Cormac me invitó. Es agradable que un capitán de Quidditch te invite a salir… Me gusta eso.

Y dicho eso, se alejó a largos pasos.

-Creo que ya empiezo a entender a las mujeres –dijo Harry, al tiempo que sonaba la campana. Se pusieron de pie y caminaron juntos hasta el Vestíbulo-. Ginny gusta de mí, y por eso ayer quiso invitarme al baile, pero como luego yo quise invitar a Pomelo, ahora ella se consiguió a alguien más para ponerme celos. Y por eso fue a pedirte ese favor, para que yo la oyera decirlo.

-Vaya –dijo Ron, impresionado-. Harry, de verdad las entiendes… Eres un genio.

-El único problema es que ahora ya no tengo más segura. Tengo que encontrar una pareja para el baile antes de esta noche, así sea lo último que haga.

-Exacto –dijo Ron, dándole palmadas de ánimo en la espalda-. Eso es, amigo, tienes que hacerlo, es tu misión del día. Antes de la cena debes haber encontrado pareja para el baile.

-Hecho.

-No será difícil, Harry, no te preocupes. Ya sabes, todos te aman…

Una vez que llegó a su primera clase, que debía impartir a los chicos de cuarto año, se puso a mirar a las chicas detenidamente. Tenían catorce años, pero aún así, la única otra clase que tenía que dar en el día era a la tarde, y era para chicos de tercero… Mejor catorce años que trece, pensó.

-Bien, ya saben, soy Potter, y seré su profesor este año… -casi no pensaba en lo que decía, porque miraba a todas las chicas tratando de decidir cuál era la más linda-. Disculpa, tú, la chica de allí atrás… Sí, tú. ¿Cuál es tu nombre?

-Soy Florence Rawings.

-¿Acaso estabas mascando chicle?

-¿Qué? ¿Cómo dice, profesor? Claro que no, no estaba masc…

-Ya lo creo que sí, señorita, la vi justo. ¿De qué casa eres?

-De Ravenclaw. Pero profesor…

-Diez puntos menos para Ravenclaw y te quedarás después de hora para un castigo.

Todos lo miraron horrorizados. Escuchó que uno le decía a su compañero de banco:

-Vaya, no es tan bueno como nos habían dicho…

Cuando terminó la clase, la chica se acercó de mala gana, luego de despedirse de sus amigas. Todos iban dejando el aula. Era alta, de cabello lacio largo y tenía cara de rebelde.

-No hice nada, ¿por qué me castigó?

-Bueno, era cierto que mascabas chicle.

-Mierda –la chica se cruzó de brazos, sacó un chicle y se lo llevó a la boca-. Sí, me gusta la goma de mascar. ¿Cuál es el problema con…?

-¿Te gustaría venir al baile del sábado conmigo?

La chica se quedó de piedra, mirándolo con los ojos bien abiertos.

-Yo… eh… ¿hay un baile el sábado?

-Lo organizamos los de séptimo. Los demás puede que no lo supieran.

-Disculpe, pero…

-No me trates de usted –se quejó Harry, mirándola a los ojos desde el otro lado de su escritorio.

-Harry –dijo ella-. Aprecio mucho que me invites, pero tenía planes para el sábado. Mi novio y yo…

-¡Mierda! –gritó él, dándole un puñetazo a la mesa. La chica saltó hacia atrás, asustada. -¿Por qué todas tienen novio? De acuerdo, ya puedes irte. Perdón por quitarte puntos. ¡Diez puntos para Hufflepuff! Ahí los tienes de vuelta…

-De hecho, soy de Ravenclaw.

-Cierto. ¡Diez puntos para Ravenclaw! Y ya que estamos… -Harry se llevó un dedo a los labios y se cercioró de que ningún alumno rezagado se hubiera quedado allí-. ¡Veinte puntos menos para Slytherin! Me encanta ser profesor.

La chica rió, lo saludó y se fue.

-¿Y? ¿Ya tienes pareja? –le preguntó Ron, cuando se encontraron en el pasillo del tercer piso y empezaron a caminar juntos hacia los invernaderos, donde tenían la primer clase de Botánica.

-No, Ron.

-Tranquilo, aún tienes todo el día.

Llegaron al invernadero y la profesora Sprout los saludó y empezó a repartir guantes y el resto de los utensilios que necesitarían esa clase. Harry lanzó un bufido mientras se ponía sus guantes.

-No puedo creer que tengamos Botánica con los de Slytherin. ¿Y por qué Malfoy tiene que estar en todas las mismas asignaturas que nosotros? ¿De qué demonios piensa trabajar que tiene que cursar tantas materias, de primer ministro?

-De hecho, Potter –dijo Malfoy, que acababa de acercarse a ellos sin que lo vieran y lo había escuchado-. Voy a trabajar con mi padre en el ministerio de la magia el año que viene, en su departamento que está en el primer piso, como adjunto del mismísimo ministro.

-Aquí nadie te llamó, Malfoy –le dijo Harry con odio, luego de echarle un vistazo a la profesora, para cerciorarse de que estuviera lejos de allí-. ¿Por qué no te metes alguno de aquellos Lazos del Diablo por el culo y nos dejas en paz?

Malfoy apretó los dientes con fuerza y se acercó hasta quedar a escasos centímetros de él, con sus narices casi pegadas.

-¿Sabes quién ha disfrutado que le metieran algo por el culo? Tu mujer, cuando me la…

Antes de que se diera cuenta, Harry había lanzado a Malfoy por los aires con un encantamiento repulsor. El joven voló por encima de las hileras de plantas y alumnos sorprendidos y cayó al suelo a escasos metros de la profesora con un golpe seco. El pecho de Harry latía a toda velocidad, sentía una furia tremenda y al mismo tiempo miedo por lo que había hecho. Sin embargo, él solo no podría haberlo lanzado tan lejos…

Se dio cuenta de que Ron, a su lado, también tenía la varita en alto y se veía demente. Ambos habían actuado juntos con el mismo encantamiento.

-¡Potter! ¡Weasley! –gritó Sprout, mirándolos boquiabierta. Entonces fue hacia Draco y trató de ayudarlo a levantarse, pero él se soltó de ella de un tirón, se puso de pie solo y se sacudió la túnica mientras les lanzaba una mirada asesina. –¡No puedo permitir ese comportamiento en mi clase! Lo siento, pero tendré que hablar con la directora. ¡Pudieron hacerle daño! Dos contra uno, que bajeza… ¿Quiere ir a la enfermería, señor Malfoy?

-Estoy bien –masculló él, y se apartó con su cara de asco hasta donde estaba Goyle.

A pesar de que las miradas de toda la clase estaban fijas en él, Harry sentía una de esas miradas más fuerte que las demás. Se volvió y miró a Hermione, que se llevó un sobresalto cuando hicieron contacto visual, se dio vuelta y se quedó mirando en la dirección opuesta. Sintió una sensación muy extraña por todo el cuerpo. Hermione estaba junto a Ginny, al parecer ahora pasaba su tiempo con ella.

-De acuerdo, todos vuelvan a concentrarse en su trabajo –se escuchó la voz de la profesora-. Ustedes dos irán después de clase a ver a la directora McGonagall.

Fue la peor clase de todas. Ese año verían fórmulas químicas y las aplicarían a las plantas que ya conocían y a otra serie de plantas nuevas para obtener curas, pócimas y otros resultados. Era realmente difícil entender todas las indicaciones de la profesora, seguir el libro y realizar los encantamientos correctos sin ser mordido por alguna planta, y además todos lo miraban constantemente y murmuraban entre sí.

-El tipo está loco –escuchó decir a una chica de Slytherin a unas hileras de distancia, en susurros, a su compañera-. Mi hermana está en cuarto y me dijo hace un rato que castigó a una chica y la hizo quedarse después de clase por mascar chicle.

-Luchar contra el Innombrable debe haberlo hecho perder la cabeza –dijo la otra.

-Ni hablar, las fuerzas oscuras hacen eso. Sino mira a Ojoloco Moody, que ahora vigila los pasillos y canta canciones de amor a altas horas de la noche estando completamente solo.

Finalmente salieron de allí, y mientras los demás caminaban tranquilamente hacia el Gran Salón para el almuerzo ellos siguieron de largo y entraron al despacho de la directora, el mismo que en sus tiempos había pertenecido a Dumbledore. Un escalofrío recorrió la espalda de Harry al ver el retrato del viejo director.

-No puedo creerlo –dijo ella al verlos, y apartó la vista de unos papeles que había estado leyendo antes de que ellos pasaran-. ¿Las clases acaban de empezar y ya he tenido que recibir noticias de ustedes por atacar a un alumno?

-Era Malfoy, profesora, y nos provocó –se defendió Harry.

-No me importa quién era, Potter –dijo ella, y se sacó los anteojos unos segundos para limpiarlos. Tenía una expresión austera muy usual en ella. –Eres un profesor, Potter, y no puedes andar atacando a los alumnos.

-También soy un alumno, profesora, y de hecho yo no recuerdo haber pedido ser profesor jamás. Si quiere puede quitarme el empleo, no me importa, yo he venido a este colegio este año para estudiar y recibirme…

-Y no lo lograrás si no cambias tu actitud, Potter. Y lo mismo va para usted, señor Weasley, no se quede tan callado.

Ron abrió la boca para decir algo y luego la cerró.

-Voy a ponerles un castigo todos los días después de la cena durante una semana. Tendrán que ayudar a Alastor con su guardia de celador por las noches, no le vendría nada mal a ese hombre algo de compañía. Empezarán el próximo lunes.

-No hablará en serio –dijo Ron, pudiendo dirigir palabra finalmente-. ¡Está loco, no nos dejará en paz! Además necesitamos ese momento para estudiar, nos han llenado de deberes…

-Eso los ayudará a aprender a comportarse –dijo ella, fríamente-. Y en cuanto a ti, Potter, no podemos permitirnos quedarnos sin profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras; le guste o no, fue el ministro el que quiso colocarlo aquí, así que tendrá que hablar con él si quiere que le busque un sustituto.

-Sí, eso haré. Le diré que consiga un sustituto, porque no puedo llevar al día cuatro materias si me hacen trabajar de celador también.

-Cinco materias, Potter –lo corrigió ella-. Aunque seas el profesor de Defensa, cuando lleguen los examinadores a evaluar a los alumnos para sus ÉXTASIS en junio, tú tendrás que rendir junto con los demás.

-Genial –dijo él, sonriendo, aunque no estaba nada contento-. Simplemente genial.

-Sigues siendo un alumno, Potter, como bien lo has dicho. Todas las reglas siguen aplicándose. Tampoco puedes estar fuera de la cama a deshoras ni entrar al bosque prohibido… Aunque a veces los profesores hacen esas cosas, no creo que sea prudente permitírtelo a ti, ya que has demostrado no tener la madurez necesaria.

-Bueno, ¿podemos irnos?

-Sí, pueden irse. Andando.

Cuando llegó a su clase con los alumnos de tercero, por la tarde, Harry entró maldiciendo por lo bajo, le lanzó a todos una mirada asesina y entrecerró los ojos, mientras ellos miraban temerosos.

-¿Cuál de ustedes no tiene novio y está libre el sábado por la noche? –preguntó, sin saludar ni presentarse, mirando a las chicas-. Necesito pareja para un baile.

Eso aflojó la tensión. Todas las chicas se miraron entre sí y murmuraron entre ellas, muchas riendo. Los chicos lo miraban como si estuviera loco y varios negaban con la cabeza, enojados. Entonces una chica con cara de atrevida levantó la mano. Luego de verla, un par más levantaron la mano, y otro par también. Él las miró tratando de decidirse por una, pero entonces todas levantaron la mano, se miraron entre sí y empezaron a discutir entre ellas. Todas querían ir al baile.

-No les subiré la nota ni tendré ningún tipo de preferencias porque lo hagan –aclaró, pero todas siguieron peleándose entre ellas igual, empujándose y poniéndose de pie para que las viera mejor. –De acuerdo, iré con… contigo –dijo, señalando a una rubia muy linda que tenía cara de buena.

Las demás protestaron, se cruzaron de brazos y se dejaron caer en sus asientos. La chica que había elegido se puso muy roja y se sentó también.

-De acuerdo, ahora podemos empezar con la clase.

-Voy a decirle a la directora lo que acaba de hacer –dijo uno de los varones, con apariencia de rudo, mirándolo desafiante.

-Recuerdo haberte visto en el Gran Salón –dijo Harry, mirándolo con atención-. Eres de Slytherin, ¿verdad?

-Sí.

-Le quitaré trescientos sesenta puntos a tu casa si lo haces, los profesores podemos quitar puntos con sólo decirlo, en cualquier momento. Si me preguntan, diré que te bajaste los pantalones y orinaste a una compañera en la cara durante la clase. Quizás te expulsen. Y creo que habrá muchos alumnos de Slytherin que se enojarán contigo cuando se enteren de que perdieron la copa de las casas por tu culpa…

Todos quedaron boquiabiertos y horrorizados. El chico que lo había amenazado bajó la vista y se quedó mirando el suelo, con la mano que sostenía la pluma temblando.

-Bien, ahora que todo queda arreglado, mi nombre es Harry Potter y les enseñaré Defensa Contra…

Por fin terminó el día, cenó con sus amigos y se dirigió a la Sala Común, donde pasaría las siguientes tres horas envuelto en libros y haciendo los deberes de Transformaciones y Encantamientos. De pronto empezó a sonar su celular.

-¿Qué no se supone que las cosas de muggles no funcionan aquí? –preguntó George, que había estado sentado en la misma mesa con ellos, sólo que en vez de estudiar jugaba al Snap explosivo con Fred.

-Le hice un encantamiento –explicó Harry-. Solía tener un reloj de pulsera de muggles con el que probé ese hechizo, sirve para que puedas usar esas cosas… Disculpen, debo atender –era Luna-. Hola, Luna, ¿cómo estás? Veo que usas el teléfono que te regalé.

-Harry, ¿quieres venir a mi sala común? –le preguntó ella, del otro lado de la línea-. Estoy muy aburrida.

-Bueno, definitivamente ya no tengo ganas de seguir haciendo deberes –le contestó él-. Está bien, voy para allá.

-Genial –dijo ella, y colgó.

-¿Alguien quiere acompañarme a la sala común de Ravenclaw?

-¿Para ver a Luna? No, gracias –dijo Ron, cerrando sus libros y empezando a guardarlos.

-Creí que ella te gustaba, ¿sino por qué la invitaste al baile?

-Ya sabes que es sólo para poner celosa… Bueno, ya sabes –dijo él, y juntó los naipes del Snap explosivo, que acababan de caer luego de que Fred perdiera.

-Nosotros tenemos otras cosas que hacer –dijo George.

-¿Qué cosas? –preguntó Ron.

-No te importa.

-Bueno, nos vemos luego –Harry se levantó, fue al cuarto a buscar la capa y demás y luego salió de la Sala Común y empezó a caminar por los oscuros pasillos, atravesando el castillo entero para llegar a la Torre Ravenclaw. Iba con su equipamiento usual para rebeldías nocturnas, cuya vestimenta era la capa, el instrumento que sostenía con una mano era la varita con un Lumos y el de la otra mano el Mapa del Merodeador, con el que seguía sus propios pasos para cerciorarse de que nadie lo viera. Estaba a mitad de camino cuando escuchó pasos y una voz. Se detuvo en seco y esperó; no le convenía que lo atraparan deambulando por la noche el mismo día de su castigo.

-Ohhh, dulce ironía, tú serás mía –canturreaba una gruesa voz-. Aporréame en la barriga, hazme tu loca fantasía, ohhh mi amooorrr.

Miró el mapa. La inscripción "Alastor Moody" iba directo hacia él. Y la canción que cantaba parecía un poco… inventada.

-¡MI AMOR! –empezó a aullar Ojoloco, frenético. Apareció ante Harry, bailando solo en la oscuridad, sin su varita ni iluminación, pero sí con una escoba vieja con la que bailaba alocadamente. -¡Tú eres mi amor, miiii rebelióóóónnn! ¡Eres mi… mi… mi CALEFÓÓÓNNNN!

Harry lo miró asqueado. ¿Qué demonios le había pasado a ese tipo? Ojoloco pasó junto a él, y entonces su ojo mágico dejó de girar en todas direcciones y se clavó de lleno en Harry. No había dudas de que lo miraba a él. Y entonces Harry sintió que se le hundía el alma al recordar que Ojoloco podía ver a través de su capa. No le preocupaba que lo castigara, sino tener que hablar con él y que lo molestara.

-Dios mío, si es Potter –dijo Ojoloco en un susurro, deteniéndose en seco y abriendo la boca-. ¿Qué hace aquí, señor Potter?

-Lo siento –dijo Harry, quitándose la capa y guardándose el mapa en el bolsillo trasero de los jeans. -Estaba yendo a ver a mi amiga Luna a la sala común de Ravenclaw.

-¿Lunática Lovegood? –preguntó Ojoloco, curioso.

-Sí… ella misma.

-Esa chica está loca, Harry –dijo él, mirándolo con seriedad y abriendo grandes los ojos-. ¡LOCA! –gritó, escupiendo saliva-. No te recomiendo juntarte con ella… -bajó cada vez más la voz hasta que se quedó en silencio, un silencio horrible que los envolvió mientras el mago se quedaba allí inmóvil, mirando a Harry. Hasta que volvió a gritar desaforado: -¡LOCA! ¡LOCA! ¡LOCA!

Harry retrocedió y se apiñó contra la pared.

-¡LOCAAAA! –bramó Moody, y entonces empezó a reír como histérico, alzó los brazos en el aire y empezó a correr en círculos.

-¿Qué le ha pasado? –Harry lo miraba con una mezcla de horror y tristeza.

-Me deschaveté, hijo, está clarísimo. Tenemos que protegerte. El Innombrable podría venir en cualquier momento…

-Estoy bien, gracias. ¿Le importaría si continúo mi camino hacia la Torre Ravenclaw? Si está de acuerdo, claro…

Pero entonces se oyó otra voz, y los dos se dieron vuelta cuando una alta y pálida figura apareció doblando un recodo.

-Vaya… -exclamó, al verlos-. Si son el desquiciado y el cornudo.

Era Malfoy. Harry apretó los puños con fuerza.

-¿Qué está pasando aquí? –dijo Ojoloco, mirándolo-. ¿Por qué están fuera de la cama? Los alumnos no deben estar fuera de la…

-Sí, Malfoy –dijo Harry-. ¿Qué estás haciendo aquí?

-Podría preguntarte lo mismo –dijo él.

-Soy profesor y puedo estar fuera de la cama –mintió él, que recordaba que McGonagall le había dicho que no podía-. De hecho, también puedo castigarte, así que será mejor que tengas una buena excusa.

Draco lo miró con desconfianza, evaluándolo, preguntándose si estaría diciendo la verdad.

-Soy prefecto y estoy patrullando los pasillos –dijo, furioso-. Estoy cumpliendo con mis obligaciones.

Harry titubeó.

-¿Es eso cierto? –le preguntó a Moody-. ¿Draco debía patrullar los pasillos hoy?

-¿Draco? –dijo Moody, mirando a Malfoy y rascándose la cabeza con expresión de estúpido-. No sé de qué hablas, Potter, estoy seguro de que este muchacho se llama Eustaquio Burbundóforo.

-Eres un imbécil, Potter –dijo Malfoy-. Te crees mucho porque el idiota de Kingsley te nombró profesor, pero no tienes ni idea de nada, ni siquiera puedes dar una estúpida clase, tuviste que dejarnos ir temprano porque no sabías los temas. Eres patético.

-Repite eso –dijo Harry, dirigiendo su varita hacia él. No le importaba que Ojoloco los mirara, porque estaba tan enfermo de la cabeza que no suponía un problema.

-Te crees tanto –siguió él-. Que no ves una mierda de lo que pasa a tu alrededor. Debes pensar que todos te aman, pero la verdad es que todos se burlan de ti a tus espaldas. La gente no deja de comentar lo patético que eres, lo inútil e inservible que resultarás como profesor. Tampoco te diste cuenta que me cogía a tu mujer, desde luego. Seguro incluso ahora no sabes desde cuándo ha pasado…

-¿A qué te refieres? –Harry sentía que le hervía la sangre.

-Me la he estado cogiendo desde que regresé, desde el principio, desde antes del Mundial. Desde que volvieron de su puta luna de miel.

-Auch, eso debió doler –murmuró Ojoloco, mirando a Harry.

-Y no hablo de la luna de miel de cuando volvieron a casarse con Weasley –siguió Draco-. Hablo de la primera. La muy puta no acababa de terminar de casarse con ustedes dos que ya se revolcaba conmigo…

-¡CÁLLATE! –gritó Harry, fuera de sí-. ¡CÁLLATE, IMBÉCIL! ¡CIERRA LA PUTA BOCA! ¡EXPELLIARMUS!

-¡CRUCIO!

Harry se hizo a un lado para esquivar el hechizo de Draco, lo apuntó de nuevo con la varita y volvió a atacar; repelió el siguiente hechizo que le lanzó él y volvió a lanzarle otro. Los rayos de luz roja y verde volaban por todos lados, golpeaban las paredes y rebotaban. Un hechizo destrozó un espejo que había en una pared y otro hizo que un cuadro lleno de caballeros medievales cayera al suelo con estrépito, haciendo que todos sus personajes gritaran y cayeran los unos sobre los otros, provocando ruido a metal.

Se atacaron con furia, corriendo a un lado y al otro, apuntando y atacando despiadadamente. Harry estaba determinado a vencerlo; sentía la ira dentro de su cuerpo y quería usarla para dañarlo todo lo posible, para herirlo por lo que le había dicho, quería hacerlo pagar tanto por el error de él como por el de Hermione, lograr de alguna forma revertir la injusticia haciendo sufrir a Draco todo lo posible. Pero antes de que pudiera darle con ninguno de sus hechizos, algo mucho más grande surgió entre ellos: Ojoloco, que había estado ocultándose de los rayos de luz y protegiéndose con encantamientos escudo, de pronto lanzó una bola de agua gigantesca desde la punta de su varita, ésta empezó a girar en el aire por el pasillo sobre sus cabezas, llegó al otro extremo, cobró velocidad y arremetió contra ellos con tanta fuerza que los lanzó al suelo y los hizo caer y resbalar por todo el pasillo y bajo las escaleras, mientras el agua los golpeaba como una ola gigantesca en el mar, revolcándolos por doquier.

Harry se agarró de la baranda de las escaleras y se estabilizó, hasta que logró ponerse de pie. Vio a Draco cayendo hasta llegar al piso inferior, levantarse y salir corriendo lejos de allí.

-¿Qué ha pasado? –empezaron a gritar varias voces, que se acercaban desde el pasillo en el que habían estado-. ¿Qué es todo esto?

Harry buscó su capa para hacerse invisible en el bolsillo a toda velocidad y se la puso. Luego subió los peldaños por los que había resbalado en silencio y vio a Snape y a Slughorn, que habían aparecido desde direcciones distintas e iban a su encuentro con Ojoloco.

-Eustaquio Burbundóforo estaba aquí –dijo Ojoloco, mirándolos con su expresión de demencia-. Y empezó a lanzar hechizos por doquier. No sabía cómo detenerlos, así que lancé un encantamiento de las aguas agitadas.

-¿De qué está hablando? –dijo Slughorn, sin comprender-. ¿Ha estado bebiendo, Moody?

-Sólo unas copas, no más de lo usual –se defendió él-. ¿Cuál es el maldito problema? Lo limpiaré, ¿de acuerdo?, barreré el estropicio con mi escoba –entonces empezó a barrer el agua mientras cantaba a todo pulmón: -¡Ohhh, querida míaaa, mi hermoso pedacito de amorrrrr! ¡Mi belleza, mi estupor, mi dolor, mi corazóóóónnn! ¡Mi golondrina de abril, mi gentil señiiiilll!

-Nada de lo que dice tiene sentido –protestó Snape, cruzado de brazos-. Les dije que era mala idea traer a este hombre al colegio, está demente.

-Me vuelvo a la cama –dijo Slughorn, y se dio la vuelta.

Harry se alejó a pasos largos, esforzándose sólo un poco en no hacer ruido. Cuando se había alejado lo suficiente, empezó a correr a toda velocidad, sin molestarse en revisar el Mapa del Merodeador, y no descansó hasta llegar ante el retrato de la Dama Gorda.

-"Los frikis dominarán el mundo", dijo puesto que aquella era la contraseña.

-Ciertamente –dijo ella, corriéndose y dejándolo pasar. Todos los que aún no se habían ido a dormir se quedaron mirando el orificio del retrato, extrañados de que se hubiera abierto y nadie entrara. Harry caminó hasta llegar a su cuarto, donde encontró a sus amigos, que ya estaban acostados pero no se habían dormido aún. Entonces se quitó la capa y la dejó sobre su cama. Todos se quedaron viéndolo, ya que chorreaba agua y temblaba, aunque no estaba seguro de si eso era por el frío o la mezcla de ira y dolor emocional.

-¿Qué te ha pasado? –preguntó Colin, incorporándose en su cama.

-Necesito… algo –dijo él, dirigiéndose a Fred y George e ignorando a Colin-. Algo que me permita cambiar de sexo. ¿Tienen un chasco para eso?

-Bueno, pues… -Fred dudó un segundo-. De hecho hemos estado trabajando en eso, precisamente. Tenemos una pastilla que te cambia de sexo, pero está en versión de prueba aún porque sólo dura diez segundos el efecto.

-Eso será suficiente –dijo él-. ¿Me dan una?

-¿Qué pasa? –preguntó Ron, preocupado-. ¿Por qué estás mojado? ¿Qué ha pasado?

-Luego les cuento –dijo Harry, y tomó la pastilla que Fred le había pasado.

-La quieres para entrar a los cuartos de las chicas, ¿verdad? –le dijo, mirándolo con preocupación.

-Sí –dijo Harry, se dio vuelta y abandonó la habitación. Entonces volvió a bajar, y no le importó que todos se quedaran mirándolo al atravesar la Sala Común. Se llevó la pastilla a la boca, la tragó y esperó. Sintió como si su pene se empezara a encoger más y más hasta hundirse dentro de la piel, y un dolor horrible lo atacó en la entrepierna. Entonces sus pechos empezaron a crecer, aunque no lo suficiente para que las demás personas allí lo notaran. Su cara permaneció igual. Entonces Harry se metió por las escaleras que iban a los cuartos de las chicas y, justo al llegar arriba, volvió a sentir el efecto inverso: como si los recientemente crecidos pechos se encogieran y su pene brotara hacia fuera a toda velocidad, hasta regresar a la normalidad. Entonces caminó a largos pasos hasta el dormitorio de Hermione y se detuvo.

Se escuchaba música muy fuerte: adentro del cuarto tenían un CD de Las Brujas de Mcbeth a todo volumen. Le pareció extraño, porque Hermione no escuchaba esa banda. Quizás era de una de sus compañeras. Ella ya no compartía el cuarto con las chicas de antes porque éstas habían terminado el colegio, y no sabía con quiénes lo estaría compartiendo ese año.

Después de respirar profundamente, levantó un puño y golpeó la puerta. El volumen de la música estaba tan alto que dudaba que alguien lo hubiera escuchado. Golpeó más fuerte, pero nadie atendió. Se puso a pensar una fracción de segundo, y entonces giró el picaporte, abrió la puerta y se metió al cuarto.

Se detuvo en seco al instante, completamente sobresaltado. La única persona en todo el cuarto era Ginny, que estaba acostada sobre la cama que estaba justo delante de él, completamente desnuda y masturbándose a toda velocidad con dos dedos. Tenía los ojos cerrados y la música estaba tan fuerte que ensordecía, por lo que no había reparado en la presencia de Harry. Harry la vio masturbarse a toda velocidad, levantando la pelvis mientras lo hacía y mordiéndose los labios. Algo dentro de él mantenía sus pies clavados al piso y le impedía dar la vuelta e irse, que era lo que debía haber hecho. Entonces fue que vio, sobre la cama y junto al cuerpo de Ginny, una fotografía de él, de Harry, en la que estaba vestido de túnica de gala y saludaba a la cámara; probablemente era del día de su boda…

Y entonces Ginny abrió los ojos y lo vio. De inmediato se quitó los dedos, cerró las piernas a toda velocidad y empezó a gritar a todo pulmón.

-¡Lo siento! –dijo Harry, dándose la vuelta y alejándose, pero era imposible que ella lo hubiera escuchado entre medio del rugido de la música y los chillidos de ella, que le destrozaban los tímpanos. Cerró la puerta detrás de él y se quedó recostado contra una pared, agitado. Estaba muerto de vergüenza, había atrapado a la chica en su peor momento.

-¿Harry? –dijo una voz. Se volvió sobresaltado y se encontró cara a cara con Hermione. -¿Qué haces aquí?

Él la miró, pero tardó en hablar. Había olvidado completamente los motivos que lo habían llevado hasta allí.

-Venía a hablar contigo –le dijo, pausadamente-. Pero entonces me encontré a Ginny…

-Nos pidió que no entráramos al cuarto –dijo Hermione, mirándolo entre tímida y avergonzada por estar dirigiéndole la palabra-. Quería estar sola un rato. ¿Para qué querías verme?

-Sí, eso –Harry cerró los ojos un instante y volvió a abrirlos, puesto que la imagen de Ginny desnuda, con sus enormes pechos bailando mientras se movía atrás y adelante y se metía los dedos seguía grabada en su retina-. Quería pedirte… Quería pedirte el divorcio, Hermione.

Ella no dijo nada. Se quedó callada, mirándolo.

-Entiendo –dijo, finalmente-. Sí, pensé que tú quizás…

-No sé cómo sea –le dijo él-. Hablaré con el ministerio, averiguaré cómo es el trámite y te lo haré saber. Supongo que yo saldré del matrimonio y tú quedarás con Ron, hasta que arreglen algo ustedes; eso es cosa suya.

-Claro –dijo ella, y se quedó mirando al piso, angustiada.

-Eso es todo. Bueno, adiós.

Y Harry se fue caminando y bajó por las escaleras hasta volver a la Sala Común. Hermione se quedó sola allí, frente a la puerta de su propio cuarto, y las lágrimas empezaron a caerle del rostro una tras otra.


6. El instant-shock 24 hs. Pasión

Buenas noches, inocente lector/a. Lo que están a punto de experimentar es de lo más salvaje que se haya visto en fanfictions. Quizás luego de leer le vendría bien una buena terapia y alejarse de cualquier situación sexual durante unas horas…

Jajaj. Espero que les guste, saludos.

La semana siguiente fue un aburrimiento total. Todas las noches tenían que vigilar los pasillos con Ojoloco. El mago estaba totalmente desquiciado y confundía a Peeves con el fantasma de su difunta abuela que solía golpearlo de pequeño, por lo que salía corriendo con los brazos en el aire ante las muchas apariciones del poltergeist y tenían que ir tras él para calmarlo. Y eso sin contar el sufrimiento causado por el hecho de que continuamente quisiera poner a Harry bajo protección "por si aparece el Innombrable", y lo obligara a usar su capa y varios hechizos de ocultamiento que eran totalmente innecesarios. Luego, durante el día, amanecían con sueño, llenos de ojeras por el desvelo y tenían que ir a sus clases en ese estado lamentable. Harry llegaba a sus clases como profesor tan agotado que su reputación de profesor "buena onda" decayó hasta el suelo y en sólo dos días más todos se empezaron a dirigir a él como "el aburrido Potter".

Para colmo el baile del sábado resultó un fracaso. Aquí una breve descripción de lo que fue la noche:

-Hola –saludó Harry a la chica de trece años con la que había quedado en ir, que se llamaba Regina Wilson. Ella le dirigió una tímida sonrisa y de inmediato se ruborizó. Harry ya se había dado cuenta de que había elegido a la chica más tímida y reservada de todo el curso. Entonces apareció Ron con Luna, que se veía muy feliz a su lado y se había vestido de lo más normal, sin nada extraño, haciendo que todo el mundo felicitara a Ron por su pareja y se limitaran a saludar a Harry cuando lo veían con la tímida niña.

-Robacunas –murmuró una chica al pasar a su lado.

-Cierra el pico –le gritó él, furioso, y agarró la muñeca de Regina con fuerza mientras entraban.

El baile era en el Gran Salón. Después de la cena, Ojoloco había corrido las mesas a un rincón y algunos alumnos de séptimo bajaron a arreglar un poco el lugar, poner los equipos de música y la comida.

-Qué lindo es esto –comentaba Luna, contenta, mientras miraba todo a su alrededor con ojos soñadores-. ¿Bailamos, Ron?

-Claro –dijo él, buscando a Hermione con la mirada. La encontró encorvada sobre la mesa del ponche, mientras se servía algo de beber, de espaldas a ellos. Había ido con un chico que nadie conocía bien, alto y de tez oscura. A su lado, Ginny y Cormac hablaban; Ginny no dejaba de voltear hacia Harry, y cuando él miraba hacia allí (porque lo atraía la imagen de Hermione) Ginny soltaba rizas forzadas y abrazaba a Cormac, que se quedaba perplejo.

-Me gustas mucho, Ron.

Harry estaba mirando al chico con el que estaba Hermione, bastante furioso y sin prestarle nada de atención a su pareja, cuando oyó esas extrañas palabras. "¿Me gustas mucho, Ron?" ¿Qué demonios había sido eso?

Ceñudo, giró la cabeza hacia donde estaba su amigo, y lo vio besándose apasionadamente con Luna Lovegood, de forma tal que sus cabezas giraban de un lado a otro y sus lenguas eran visibles de vez en cuando entre el frenesí de labios y saliva.

-Dios mío –musitó Harry, horrorizado-. ¡Ustedes dos no han perdido el tiempo! ¡El baile empezó hace cinco minutos!

Ron y Luna abrieron los ojos, se separaron un poco para sonreírle a Harry, luego volvieron a mirarse y se besaron de nuevo, como atraídos por imanes potentes.

Ron lo había logrado; aunque no quería mirar, estaba seguro de que Hermione giraría hacia allí en cualquier momento y lo vería. Tenía que hacer algo, no podía permitir que Hermione viera a Ron tan triunfante y a él allí parado sin hacer nada. Miró a Regina y le sonrió.

-Y dime –se aclaró la garganta-. ¿De dónde eres?

Ella abrió la boca para contestar y luego la cerró. Inmediatamente se puso toda roja y miró al piso. Se notaba que estaba más nerviosa de lo que hubiera estado en su vida. Realmente era muy, muy tímida.

-¿Te cuesta hablar? –le preguntó Harry. Ella asintió con la cabeza, sin mirarlo a los ojos. –No te preocupes, sé lo que se siente, me pasaba mucho a tu edad.

-¿Ah… ah, sí? –dijo ella, cuando por fin pudo articular palabra-. Nunca te habría imaginado así…

-Bueno, sí, era bastante tímido. Oye, ¿nos besamos? –miró nervioso hacia donde estaba Hermione, pero la chica no lo miraba, estaba hablando con su pareja con cara de aburrida, o quizás de melancólica…

No se dio cuenta de que Regina se había ido. Recién lo notó cuando volvió a girar la cabeza, como dos minutos después. Ya no había nadie a su lado.

-¿Dónde se fue tu pareja? –preguntó Ron, acercándose a la mesa para prepararle unos tragos a Luna.

-¡No lo sé! –protestó Harry, mirando alrededor-. Estábamos aquí, y no puedo recordar qué pasó… Me estaba hablando de su timidez… Y no sé qué más. Y ahora ya no está.

-Qué extraño –Ron batió un frasco de metal varias veces, luego vertió el contenido rosáceo en tres vasos de cartón, agregó hielos y chorros de varias bebidas alcohólicas y le pasó uno a Harry y otro a Luna. –¿Seguro que no recuerdas por qué se fue?

-No tengo ni idea –Harry la buscó un poco más entre la gente y luego desistió-. Se habrá avergonzado por algo. Quién sabe. Las chicas de hoy están locas, Ron.

-Amén a eso, amigo.

-Estoy lista –dijo entonces una voz femenina. Harry giró en redondo y vio que Regina había vuelto.

-¿Dónde estabas? –le preguntó, y le pasó su vaso.

-No, gracias –dijo ella, rechazando la bebida-. Lo siento, me dio vergüenza y me alejé un poco… Pero ya estoy lista.

-¿Para qué? –preguntó él, sin comprender.

-¡Para besarnos! Me pediste… que te bese…

-¡Ahhh, claro! –dijo él, recordando. Su mente estaba tan perdida en Hermione que había olvidado por completo que le había preguntado a la chica si podía besarla. Entonces se sintió mal por eso. –Oye, ven aquí.

Tomó a la chica de la muñeca y se fue con ella a un rincón.

-¿Nos besamos ahora? –preguntó ella, respirando muy agitada y sin perder el continuo rubor en su cara.

-No, escucha –Harry se arrodilló un poco para quedar a la altura de ella-. Lo siento, creo que no está bien lo que estoy haciendo. Verás, ¿ves a esa chica de allí? –como estaban en un sector oscuro, Hermione no vería que la señalaba.

-Sí –dijo Regina.

-Bueno, esa chica… -Harry tragó saliva, mientras buscaba la forma de expresarse con claridad y decirle a la chica que sólo la estaba usando para darle celos a Hermione. Había decidido hacer lo correcto. Después de todo, esa chica era aún muy joven, ¿y si nunca había besado a nadie? No quería que su primer beso fuera con alguien que la estaba usando para dar celos. No haría semejante cosa.

-La conozco, es Hermione Granger –dijo ella.

-¿Cómo dices?

-Y es tu ex. Lo sé, Harry, todo el mundo lo sabe. Recuerda que eres muy famoso. La boda de ustedes tres salió en todas las revistas del corazón. ¡Yo he estado enamorada de ti desde que entré en la escuela!

-¿De verdad? –dijo Harry, con el entrecejo fruncido-. ¿O sea que no eres tímida? ¿Por eso estuviste tan avergonzada todo el tiempo? ¿Porque estás enamorada de mi?

-¡Claro! –dijo ella-. Imagino que aún la amas, y me invitaste para ponerla celosa. ¿Verdad?

-Pues… sí –admitió Harry.

-No hay problema. Por favor, ¡bésame igual! ¡Será genial!

-Pero… ¿no te importa que te esté usando?

-¡Claro que no! ¡Besaré a Harry Potter!

-¿Ya has besado antes?

-Claro que sí –dijo ella, y soltó una risita-. A puros perdedores. ¿Podemos besarnos ahora o te seguirá doliendo la conciencia? No soy una niñita, ¿está bien?

-Bien, de acuerdo –dijo él, sonriendo. Entonces empezaron a besarse. La chica se le lanzó encima en cuanto la tomó de la cintura y le comió la boca a besos despiadadamente. Fue tan efusiva cuando por fin logró el cometido de besar a Harry Potter que lo lanzó hacia atrás, ambos salieron de la oscuridad y todos los chicos que había en la fiesta giraron para verlos, incluyendo a Hermione, Ginny, Ron y Luna.

No lo dejó respirar. Parecía querer disfrutar de cada segundo que su lengua pudiera pasar dentro de la boca de él y estaba decidida a no soltarlo hasta que él mismo se la apartara de encima.

-Mierda –dijo una voz cerca de ellos-. ¡Se lo está comiendo!

Harry escuchó varias risitas de distintas personas y algunos silbidos. Entonces, al parecer, la gente dejó de prestarles atención y siguieron en lo suyo, porque el ritmo de las voces y las conversaciones pareció volver a la normalidad. Pero Regina no lo soltó, y sólo veinte minutos después logró despegar los labios de ella, tras varios intentos fallidos. Exhaló aire como si hubiera estado a punto de ahogarse en las profundidades del mar y Ron se acercó a él con un trago nuevo.

-Bébete esto –le dijo su amigo, dándole unas palmaditas en la espalda-. Te hará sentir mejor.

Harry se dio cuenta que sudaba. Miró a Regina con miedo, temeroso de que volviera a lanzársele encima, ella le sonrió de una forma que parecía malévola, y él pensó que la chica era un demonio que había permanecido escondido bajo una máscara de timidez y vergüenza para estallar en el momento oportuno.

Ron se le acercó y le susurró al oído.

-Lo logramos. Mira.

Disimuladamente, Harry giró la cabeza hacia donde estaba Hermione justo a tiempo para verla despedirse de Ginny y el chico alto, y alejarse mientras les hacía varios ademanes con la mano; como si ellos le pidieran que se quedara y ella insistiera en que prefería irse. Desapareció por la puerta del Gran Salón hacia el Vestíbulo.

-Bueno, ya está hecho –dijo Ron, triunfante-. Ahí tiene lo que merece.

-Sí, supongo… -Harry seguía con la mirada en la puerta del Gran Salón, angustiado.

-Vamos, amigo, anímate –dijo Ron-. Aquí tienes a tu amiga, ¿cómo es que se llama?

-Regina –dijo la chica.

-Regina –repitió Ron-. Ella te animará.

Harry miró a Regina con miedo. Ella volvió a poner la sonrisa maliciosa y se acercó decidida hacia él. Le esperaba una larga noche…

Pero todo eso ya había quedado atrás, y la tediosa noche finalmente acabó, aunque la sensación de que su saliva se había transformado en plastilina no desapareció hasta varios días después. Ahora estaban en su intrincada semana de ayudar a Ojoloco por las noches y asistir a clases por las mañanas y tardes. El aburrimiento estaba llegando hasta tal extremo, y el tedio hasta tan punto, que Harry se encontró a sí mismo considerando seriamente abandonar los estudios, marcharse del colegio y aceptar el trabajo de Auror inmediatamente. Lo único que lo detenía era Ron. Ya no quería estar cerca de Hermione, porque eso lo ponía mal, así que alejarse del castillo habría implicado que toda su vida mejorara considerablemente. Ya hasta había pensado en dónde vivir: podía alquilar un piso en el Callejón Diagon cerca de lo de Fred y George o en algún otro lado de Londres, cerca del trabajo, con los ahorros que tenía; luego, cuando cobrara su primer sueldo, seguiría pagándolo con eso. Pero sabía que eran sólo ideas utópicas, porque no podría abandonar a Ron, jamás. Sabía que su amigo se sentiría dolido y el abandonarlo dañaría su amistad para siempre. Pero no pudo evitar ponerse de mal humor con él el miércoles por la mañana.

-Buen día –dijo Ron, cuando Harry entró al Gran Salón y se sentó a su lado, para el desayuno.

-Hola –dijo él de mal humor, tomando con ambas manos su taza de café.

-Estás cansado por lo tarde que nos quedamos anoche, ¿verdad? –dijo él.

-Cansado, hastiado, aburrido… -dijo Harry-. ¿Qué te puedo decir? Cuando decidimos volver a Hogwarts este año la situación era tan distinta… Nunca habría imaginado que terminaría así: Lejos de quién-tu-sabes –(ahora llamaban así a Hermione)-, con todos los horarios ocupados por interminables clases a las que tengo que asistir y también impartir, ayudando a Moody por las noches y, para colmo, todavía no se sabe nada de las pruebas de Quidditch, a las que tendremos que asistir ya que Cormac McLaggen es el capitán y debe autorizarnos para entrar al equipo.

-Y sabes lo difícil que será eso –dijo Ron-. El tipo nos odia. Recuerda que tú impediste que él entrara al equipo la última vez, y que yo fui la causa. No nos dejará entrar, te lo digo. Hará las cosas a su manera y nos impedirá jugar, ya lo verás.

-Además, no sé si me dan ganas de estar en el equipo con él –dijo Harry-. Ya lo conoces, es un imbécil. Nos tendrá discutiendo jugadas las veinticuatro horas del día, nos obligará a entrenar veinte veces por semana. Realmente, no se me ocurre nada peor que un equipo liderado por Cormac McLaggen.

-¿Qué me dices de un loquero liderado por Ojoloco Moody?

Harry rió.

-O un prostíbulo liderado por Lavender Brown –dijo Colin, que estaba sentado cerca de ellos y quiso seguirles el juego.

-Colin, ya deja de meterte –protestó Ron-. Te lo dijimos: No serás parte de nuestro grupo.

-¡Oh, vamos! –dijo él-. Por favor, déjenme estar con ustedes. Ahora que duermo en su cuarto, puedo ser uno más de la banda.

-¿La banda?

-¡Sí! ¡Iremos a todos lados juntos, combatiremos el crimen y resolveremos misterios! –Colin esbozó una amplia sonrisa.

-Muérete –Ron le lanzó una servilleta hecha un bollo a la cara, perezosamente-. Vámonos de aquí, Harry.

Se alejaron por los pasillos, Harry en dirección a su primera clase del día, con los de cuarto año.

-Oye, Harry –dijo Ron de pronto, cuando estaban a punto de separarse-. Falta a tu clase, vamos a la Sala Común.

-¿De qué hablas? No puedo faltar a la clase, soy el profesor.

-¿Por qué no puedes? Sólo ve y diles que pueden irse. Ninguno se quejará, Harry, no son estúpidos.

-No lo sé… -Harry lo pensó unos segundos-. De acuerdo.

-Te espero arriba –dijo Ron.

Harry se apresuró a través de los pasillos hasta que llegó a su aula. Ya se le había hecho bastante tarde, y todos los chicos estaban adentro en sus asientos, esperándolo.

-¡Hola, chicos! –saludó agitado, desde la puerta. Todos se volvieron hacia él. Tragó saliva. –Oigan, estoy en medio de un… eehh… un problema. ¿No les molestaría dejar para la próxima semana la cl…?

Antes de que terminara de pronunciar la palabra "clase", cincuenta alumnos de cuarto año habían empezado a gritar de felicidad, habían saltado de sus asientos y corrían hacia él como locos. Se apartó antes de morir aplastado por la multitud y observó cómo se alejaban riendo y gritando.

-Te doy dos semanas más en tu cargo –comentó Snape, que pasaba por ahí, mirándolo con desaprobación.

-¿Qué no era usted bueno ahora?

-Tengo mis momentos –dijo él, irritado.

Harry volvió a la Sala Común y se encontró con Ron. Se sentó con él en una butaca, junto a Fred y George, que también tenían un período libre.

-Se siente bien descansar un poco –comentó-. Desde que empezó la semana no tuve respiro. Todo el tiempo de clase en clase, o con Ojoloco…

-¿Harto de la rutina, eh? –comentó Fred. En ese momento estaba tendido con las patas sobre una mesita ratona, jugando con su varita entre los dedos.

-¿Ustedes nunca hacen nada? –Harry miró a los gemelos, con envidia-. Siempre que los veo están jugando a algo, o molestando gente, o vendiendo chascos. Hasta ahora no los he visto estudiar. Imagino que su madre no les paga la matrícula.

-Claro que no –dijo George, con pereza-. Nos la pagamos nosotros, y no tenemos intenciones de estudiar.

-¿No era que vinieron para terminar séptimo de una vez por todas?

-No seas idiota, Harry –dijo Fred-. Vinimos para vender directo donde los niños quieren comprar. Hemos hecho cuentas, y con el dinero que ganamos vendiendo aquí superamos con creces lo que cuestan nuestras dos matrículas juntas. Repetiremos el curso, y si el año que viene nos dejan volver, pues, quizás volvamos.

-Si tenemos ganas –acotó George.

-Además es genial estar aquí –siguió Fred-. Es más divertido. A veces nos aburre no tener niños que molestar o reglas que romper. Cuando estás todo el tiempo en tu negocio, llega un momento en que empieza a molestarte vivir con tus propias reglas; es genial estar bajo las normas de alguien más, porque entonces puedes romperlas y eso es muy divertido.

-Exactamente –dijo George, asintiendo con la cabeza.

-¿Y quién está a cargo del negocio mientras están aquí?

Fred y George se miraron el uno al otro y entonces abrieron grandes los ojos y se pusieron de pie de un salto.

-¡Por Dios! –gritó Fred, agarrándose la cabeza con ambas manos-. ¡No dejamos a nadie a cargo!

Entonces ambos empezaron a reír a las carcajadas y se dejaron caer en las butacas de nuevo.

-Qué idiotas –comentó Ron.

-Hemos dejado a Lee –dijo Fred, aún riéndose por la broma.

-¡Qué envidia! –soltó Harry, apesadumbrado-. Quisiera ser ustedes, estar aquí sólo por diversión.

-Bueno, si lo que buscas es diversión… -George intercambió una mirada con Fred, y ambos sonrieron.

-¿De qué hablan? –quiso saber Ron.

-Esta mañana, precisamente –dijo Fred, enderezándose en el asiento mientras les clavaba la mirada-. Hemos terminado nuestro último producto.

-El mejor de todos –dijo George.

-Se llama "El instant-shock 24 hs. Pasión" –Fred les guiñó un ojo luego de recitar el título.

-¿El qué? –preguntó Ron, confundido.

-Es una pastilla –empezó Fred.

-No una pastilla ordinaria –acotó George.

-Una pastilla que te vuelve loco –siguió Fred.

-¿Es una droga? –preguntó Ron-. Ya tuve suficiente de eso el año pasado, con ese Abracadabra…

-No es una droga –dijo George.

-Es una pastilla que altera tus hormonas –explicó Fred-. Básicamente, te convierte en un animal salvaje y sinvergüenza deseoso de sexo. Hace que tengas tantas, pero tantas ganas de tener sexo, que te montarás a una vieja de sesenta años sin pensarlo si es lo único que hay cerca.

-¡Qué horror! –dijo Ron.

-Parece interesante –dijo Harry-. Pero no le veo la utilidad. Es decir, imaginen que voy al Gran Salón por la mañana y me tomo eso con el desayuno, como ya he hecho una vez con el Felix Felicis. Me volveré una bestia salvaje, me lanzaré encima de alguna chica y entonces me verá McGonagall y me expulsará del colegio. ¿Cuál es la gracia?

-No lo estás enfocando de la manera adecuada –dijo George.

-Lo estás viendo del punto de vista del Felix Felicis –dijo Fred-. TÚ lo tomas, TÚ eres el que sufre los efectos, TÚ eres el que tiene suerte.

-Pero esto no funciona así –dijo George.

-¡Ah, ya veo! –dijo Ron-. ¡Quieren darle las pastillas a alguna chica, para que ella sea la que se ponga cachonda!

-Sí, eso sería una opción –dijo Fred, fingiendo que bostezaba-. O podrías…

-¿Qué? –preguntó Harry, ansioso y expectante.

-O podrías poner una píldora en cada uno de los vasos de jugo de calabaza en el Gran Salón por la mañana…

-En las bebidas de todos y cada uno de los alumnos –siguió Fred, arqueando las cejas.

-Apuesto a que ese sería un día muy interesante, ¿a qué no? –George sonrió.

-¡Wow! –dijo Ron-. ¿Tienen esa cantidad de pastillas?

-La tendremos, no te preocupes –Fred bajó la voz, echando un vistazo sobre el hombro-. Los ingredientes no son difíciles. Podemos preparar mil pastillas para el fin de semana si contactamos a Lee.

Los cuatro se miraron entre sí. Harry y Ron lucían como si los hubieran golpeado con algo en la cara. Los otros dos estaban muy satisfechos de sí mismos.

-Hagámoslo –dijo Ron.

-Es justo lo que necesitamos –dijo Harry-. No podría haber una mejor manera de distendernos de la rutina y de dejar atrás a quién-tu-sabes que ésta.

-Descuiden –dijo Fred-. Déjennos esto a nosotros. El asunto está en nuestras manos, lo hemos estado planeando desde que decidimos volver este año. Lee tiene la fábrica lista detrás del local, y está esperando a que lo contactemos para avisarle. Ahora que la hemos terminado, sólo resta mandarle una lechuza con la pastilla y la lista de ingredientes, y él empezará la producción. Las tendremos para el sábado o domingo a más tardar.

-Harry y yo podemos encargarnos de la distribución –dijo Ron-. Conocemos a los elfos de las cocinas. Podemos meterlas en el jugo de calabaza mientras los visitamos.

-Nosotros también conocemos a los elfos –dijo George-. Esa parte es crucial, porque los elfos son muy cuidadosos y no es fácil engañarlos. Lo haremos nosotros, ya tenemos todo planeado. Ustedes limítense a esperar… ¡Y disfruten de su jugo de calabaza!

Harry y Ron se miraron y rieron nerviosos.

El resto de la semana pareció pasar más deprisa. Con la perspectiva de la broma de Fred y George, Harry y Ron estaban más animados y afrontaron sus clases y su castigo con Ojoloco mejor que antes.

-¿Van a hacer una orgía entre todo el colegio? -comentaba Moody la noche del viernes, mientras patrullaban los pasillos riendo y haciendo bromas. Ojoloco resultó no sólo haber enloquecido, sino que también se había vuelto más buena onda y podían confiarle cosas. -Eso es genial -dijo, sonriendo y asintiendo con la cabeza-. Siempre he querido tirarme a McGonagall, ¿creen que ella beba el jugo también?

-En teoría -Ron rió ante la idea-. Tendrás que fingir que olvidaste tu petaca, Ojoloco, para beber del mismo vaso que los demás.

Ojoloco rió y les dio unas palmaditas en la espalda, fascinado.

El sábado, Kingsley llamó a Harry aparte. Había estado dando una de sus habituales vueltas por el castillo y lo hizo entrar a un aula vacía.

-¿Cómo estás Harry? -le preguntó, sonriente como siempre.

-Bien, supongo -dijo él.

-Tengo una gran noticia -entonces Kingsley sacó algo tras él, una escoba blanca y brillante, hermosa, con accesorios dorados por doquier y una cola escarlata que parecía encendida en llamas.

-Es hermosa -dijo Harry, maravillado-. ¿Qué es esta escoba?

-Bueno, hace tiempo que no salen nuevos modelos -dijo el ministro-. Luego de que la serie Nimbus fue derrotada por la Saeta de Fuego, de pronto dejaron de salir escobas nuevas, antes solía haber un modelo nuevo todos los años.

-Es cierto -dijo Harry.

-Así que decidí contratar un par de técnicos -dijo Kingsley-. Hemos diseñado un modelo cinco veces más veloz que la Saeta de Fuego, con mayor control, giro y frenos. Es espectacular, la mejor escoba que haya existido nunca. Mañana por la mañana estará llegando a todos los comercios y a las manos de los jugadores de Quidditch profesionales, pero yo quería darte la primera de todas a ti personalmente.

-Vaya, gracias -dijo Harry, fascinado-. No era necesa...

Entonces fue que vio la inscripción. El nombre de la escoba estaba escrito con letras doradas en el mango: "Aero Potter"

-¡Así es! -dijo Kingsley, contento-. ¡La nueva Aero Potter! ¡La escoba más rápida diseñada jamás!

Harry sonrió, avergonzado.

-Bueno, gracias, señor ministro.

-Espero que este año deslumbres en el Quidditch sobre esta escoba, Harry. He puesto mucho dinero en ella, y sólo para ti.

-Eso es genial, no puedo decirle lo mucho que se lo agradezco -dijo Harry-. Pero no sé si me dejarán entrar al equipo, Cormac es el capitán... ¿No hay forma de que yo...?

-Lo siento, mis manos están atadas -dijo el ministro, y empezó a alejarse-. Qué tengas buen fin de semana, Harry.

Pero, esta vez, Harry pensó que no tenía por qué amargarse, ya que Fred y George iban un paso adelante para asegurar la diversión y dejar de lado la amargura provocada por Kingsley...

Ocurrió la mañana del domingo. Estaban desayunando y hablando sobre las cosas que tenían pensadas hacer ese día; se habían olvidado momentáneamente de los planes de Fred y George, emocionados por el fin de semana.

-Practicaremos toda la mañana -decía Ron, mientras se tragaba una medialuna-. Luego iremos a buscar a McLaggen por la tarde y lo emboscaremos, tendrá que decirnos cuándo piensa hacer las pruebas...

-Ron, mira -dijo Harry entonces, de piedra. Señaló al otro extremo de la mesa. En ese momento, Ron tenía su vaso de jugo de calabaza a centímetros de los labios; giró la cabeza y vio lo que Harry le señalaba: los gemelos los miraban con una sonrisa de oreja a oreja, a varios metros de distancia. Ambos tenían sus vasos de jugo de calabaza en la mano e hicieron un brindis entre los dos, sin dejar de sonreír. Harry y Ron se miraron boquiabiertos. Entonces dirigieron la mirada hacia los demás estudiantes, justo a tiempo para ver como los estudiantes de las cuatro mesas, entre risas y charlas, se tragaban sus vasos de jugo de calabaza hasta el fondo, luego de comer tostados, tocino y huevos revueltos. Harry dirigió la mirada a la mesa de los profesores y vio a McGonagall tragar su vaso hasta el fondo, a Sprout tragar su vaso hasta el fondo, a Hagrid tragar su vaso hasta el fondo...

-Mierda, está pasando -dijo Harry, entre asustado y ansioso.

Ron lo miró, petrificado, luego miró su propio vaso, y entonces se lo llevó a la boca y lo vació de un solo trago.

-¿Qué se siente? -preguntó Harry, antes de mirar su propio vaso con miedo.

-Por el momento nada -dijo Ron, que estaba muy expectante, con los ojos bien abiertos, esperando a que algo le ocurriera.

Se escuchó un grito proveniente de la mesa de Hufflepuff.

-¡Qué haces, Justin! -gritaba una chica-. ¡Quítate de encima!

Harry tomó su vaso y lo vació de un trago también. No quería llegar tarde a la fiesta.

-¡Mira! -dijo Ron. Señalaba a la mesa de los profesores.

Harry giró la cabeza a toda prisa y vio una escena totalmente desagradable: El profesor Flitwick se había subido a la mesa, ya que era demasiado bajo para hacerlo de otra forma, se había levantado la túnica y Madame Hooch revolvía su propia cara en sus calzoncillos blancos con tréboles y dibujos de varitas mágicas.

-Dios nos proteja -dijo Ron, agarrándose a la mesa con fuerza-. ¡¿Qué hemos hecho?!

Entonces Harry sintió que empezaba a tener una erección. Horrorizado, apartó la silla y se puso de pie de un salto. No le importó que la erección se le marcara en la túnica. Miró alrededor con terror y contempló la escena que tenía lugar en el Gran Salón:

Cormac McLaggen perseguía a las chicas de quinto año alrededor de la mesa de Gryffindor, mientras ellas gritaban y huían despavoridas; Ginny se había quitado la túnica, la había lanzado al suelo, se había bajado la bombacha y se masturbaba con dos dedos encima de la mesa, justo al lado del plato de la mantequilla; más allá, Justin Finch-Fletchey y Hannah Abbott ya estaban completamente desnudos y lo hacían ella sentada sobre él en una silla, gritando y gimiendo como animales, sin importarles que toda la escuela los mirara; en la mesa de Slytherin, podían ver a Pansy Parkinson con las piernas totalmente abiertas sobre la mesa, y la cabeza de Goyle desaparecía bajo su túnica; cuando Harry volvió a ver a la mesa de los profesores, Ojoloco ya estaba encima de McGonagall y la penetraba con furia contra el respaldo de la silla ornamentada de la directora, y Harry se dio cuenta de que el mago ni siquiera había probado el jugo de calabaza, porque su vaso seguía intacto en su lugar.

-¿Qué hemos hecho? -repitió Ron, que se había puesto de pie también y se le marcaba la erección contra la túnica-. ¡Mierda, tengo unas ganas impresionantes de coger!

-¡Yo también! -gritó Harry-. ¡Rápido, vamos a coger a alguien! ¡Siento que voy a explotar si no lo hago!

-¡YOOO! -gritó una voz de niña. Harry se dio vuelta a tiempo para ver a la chica de tercero con la que había ido al baile correr hacia él a toda velocidad. La chica aún tenía su vaso de jugo de calabaza en la mano y lo apuró a largos tragos mientras se acercaba a Harry, para finalmente lanzarlo vacío a un lado.

-¡AHHHHH! -gritó Harry, mientras la veía acercarse. Quiso dar la vuelta y correr, pero sus ganas de tener sexo eran más fuertes que cualquier otra cosa. Atrapó a la chica en brazos, le arrancó la túnica con una sola mano y dos segundos después ambos estaban en el suelo moviéndose uno sobre el otro y frotando sus pelvis la una con la otra.

Harry miró a un costado para evitar que ella lo besara, y vio que Ron estaba tratando de hacerlo con Romilda Vane, pero tenía dificultades para quitarle la túnica.

-¡PENÉTRAME! -aulló la chica, en el oído de Harry. Él le quitó también la ropa interior y empezó a penetrarla contra el suelo como si su vida dependiera de ello.

-¡SANTAS CACHUCHAS SALTARINAS! -gritó una voz. Harry vio a Luna pasar corriendo a su lado, desvestirse mientras lo hacía y lanzarse encima de Colin Creevey con las manos como garras.

-¡No! -gritó Colin, tratando de apartarse de ella-. ¡Soy gay! ¡Qué asco!

-¡Pues ya no lo serás! -gritó Luna, tratando de quitarle la túnica. Pero entonces alguien apartó a Luna de un empujón, y Harry, horrorizado (y aún penetrando a la chica de tercero) vio a Blaise Zabini de pie ante Colin.

-¡Te he buscado por todos lados, mi amor! -gritó Blaise, derramando lágrimas.

-¡OH, BLAISE! -dijo Colin, llevándose una mano a la boca-. ¡Temí que fueras a olvidarme!

-¡BÉSAME! -Blaise se lanzó sobre Colin y Harry apartó la mirada de inmediato para no ver las escenas de sexo y amor desenfrenado que tuvieron lugar entre aquellos dos.

-¡Pero si esto es incluso mejor que la orgía de profesores que tiene lugar todos los meses! -gritaba la profesora Sprout, feliz de la vida, pasando por allí y buscando entre los alumnos alguno que le gustara-. ¡Tú! -dijo, al ver a Cormac, con la baba cayéndole-. ¡HAZME TUYA!

-¡AHHHHH! -Cormac agitó los brazos en el aire y se fue corriendo, perseguido sin cesar por Sprout.

-¡Ya quítate! -gritó la chica. Harry se apartó de encima de ella, confundido. -¡Quiero hacerlo con Fred Weasley! -y la chica se fue corriendo, dejando a Harry solo. Entonces Harry empezó a caminar entre las mesas, viendo a los cientos de cuerpos desnudos por todos lados, las tetas, los traseros, las caras de todos sus amigos y conocidos besándose y haciéndolo en el suelo, sobre las mesas, en las sillas... Vio a Dennis Creevey dándole sexo oral a Madam Pince, y en ese preciso y asqueroso momento una chica se lanzó encima de él y Harry cayó de espaldas sobre la mesa de Ravenclaw, donde la comida del desayuno se había desparramado y caído por todos lados.

-Hola, Harry -dijo Pomelo, guiñándole un ojo y lanzándole una mirada seductora. Estaba completamente desnuda y sus enormes pechos caían un poco separados entre sí. Harry se quedó mirándolos como hipnotizado, y entonces ella le tomó las manos y las colocó sobre ellos. Luego se subió encima de él y puso ambas piernas a cada lado suyo. Harry le apretó los pechos y la penetró sin poder creer lo que le estaba pasando.

-Prepárate -dijo Pomelo, y Harry notó que hacía cada vez más y más fuerza al moverse sobre él.

-¿De qué hablas?

-Te enseñaré las mejores técnicas del Kama Sutra mágico -y entonces Pomelo sacó su varita mágica y apuntó a Harry con ella-. ¡LEVICORPUS!

-¡TOMA ESTO! -gritaba George, que estaba cerca de Harry-. ¡Y ESTO! ¡Y ESTO! ¡OH, SI, NENA! ¡ESTO ES PARA TI, NENA!

-¿George, qué carajo haces? -preguntó Fred, que estaba haciéndolo con la chica de tercero junto a su hermano-. ¡Estás cogiéndote un plato de huevos revueltos!

-¡OH, SI, NENA! -gritó George, moviéndose hacia atrás y hacia adelante desnudo sobre el plato de huevos revueltos, totalmente excitado-. ¡TOMA ESTO! ¡Y ESTO!

Ahora Harry colgaba boca abajo, suspendido por el Levicorpus, y Pomelo abusaba de él salvajemente. Estuvo más de cuarenta minutos haciéndolo con Pomelo en diversas posiciones del Kama Sutra mágico, y entonces ella lo miró a los ojos, sudorosa, y dijo:

-Ya casi llegamos a la mitad.

-¡No! -dijo Harry, y aprovechó el respiro para alejarse corriendo-. ¡Aléjate de mí!

Corrió por entre la multitud, alejándose de Pomelo. El Levicorpus lo había dejado mareado y confundido. Finalmente logró salir del Gran Salón, y vio a Cho Chang desnuda encima de la escalera del Vestíbulo. Un chico que no conocía de Ravenclaw se alejaba de ella y pasaba junto a Harry para regresar al Gran Salón.

-Hola, Harry -Cho se chupó un dedo y lo miró de arriba abajo.

-Déjame hacértelo -dijo Harry, acercándose a ella-. Te deseo mucho. Quiero penetrarte...

-Tendrás que atraparme primero -dijo ella. Entonces se incorporó y empezó a correr escaleras arriba. Harry vio como sus glúteos bailaban mientras subía la escalera, y se quedó maravillado por la forma de su vagina, desnuda ante él e incitándolo a ir tras ella. Tenía que agarrarla lo antes posible...

Corrió escaleras arriba y la persiguió por los pasillos del primer piso, del segundo piso...

-¡Vamos! -le gritó. Ella reía y se alejaba de él corriendo. Finalmente la atrapó en el pasillo del tercer piso, la abrazó y ambos cayeron al piso. Empezaron a hacerlo como locos, él encima de ella, besándose con locura y recorriéndose los cuerpos desnudos con las manos.

-¡OH! -gritó Cho, y lo apartó de un empujón.

-¿Qué ocurre? -preguntó Harry.

-¡Acabé! -dijo ella, feliz.

-¿Ya está? -se sorprendió Harry-. ¡Pensé que yo era el precoz!

-Lo sé, ¿no es genial? -dijo ella-. La vez que perdiste la virginidad conmigo tardaste sólo unos segundos, ¡y ahora yo soy la que...! ¿Harry, a dónde vas?

Pero él estaba demasiado ansioso de sexo para quedarse a hablar con ella. Corrió desnudo por todo el castillo hasta llegar a la biblioteca, que fue el primer lugar al que se le ocurrió ir. Y una vez allí, encontró a...

-¿Hermione?

Hermione estaba desnuda en medio de la biblioteca. Era la única allí. Tenía un libro en la mano y se masturbaba. No se detuvo cuando lo vio entrar.

-¡Harry! -dijo ella, agitada, metiéndose los dedos mientras hablaba-. ¡Lo siento!

-¿Por qué lo sientes?

-¡Estoy loca, Harry! -dijo ella, sin dejar de tocarse-. ¡Hace meses que siento la necesidad imperiosa de tener sexo continuamente, pero hoy he llegado al límite! ¡Mira, estoy tocándome mientras leo "Historia de Hogwarts" y hablo contigo! ¡No tengo control! ¡Estoy fuera de control!

-¡Cálmate! -dijo él, acercándose-. ¡No es tu culpa! Fred y George pusieron algo en las bebidas. ¡Todo el mundo está teniendo sexo por todo el castillo!

-¿De verdad? -dijo ella, algo más aliviada-. ¡Menos mal! ¡Pensé que por fin había tocado fondo!

-¿Es cierto que sientes esta... necesidad de sexo desde hace meses? -le preguntó él, pensando.

-¡Sí! ¡No puedo evitarlo! ¡Lo siento, Harry!

-¡Pobrecita! -gritó él, angustiado.

-¿A qué te refieres? -ella seguía masturbándose.

-¡Nosotros estuvimos días enteros en el Mundial y te dejamos sola en la carpa! -dijo él, mirándola con tristeza-. ¿Y tú te sentías así? ¡Esto es horrible, las ganas de tener sexo son incontenibles! ¡No me extraña que no pudieras aguantarte con Draco!

-¡No, Harry! -dijo ella-. ¡No merezco que me perdones!

-¡Cállate, no seas idiota! -Harry se lanzó sobre ella, le quitó "Historia de Hogwarts" de la mano y lo arrojó lejos. Se subió encima suyo y empezó a besarla. Ella lo rodeó en brazos y entonces cayeron hacia atrás sobre las estanterías. Los libros caían unos tras otros mientras se besaban e iban de aquí para allá, lanzándose enérgicamente contra las estanterías y besándose. De pronto las estanterías se vinieron abajo, lanzando miles de libros por doquier, pero no les importó. Se dejaron caer finalmente encima de los libros, en medio de la biblioteca destruida y lo hicieron con amor y cariño. Se acariciaron, se besaron, se miraron a los ojos y lo hicieron tiernamente. Hasta que Ron entró en la habitación.

-¡Harry! ¡Hermione! -dijo, sorprendidísimo, al verlos. Se detuvo en seco. Venía de la mano con Luna.

-¡Ron! -dijo Hermione, mirándolo por encima del hombro de Harry.

-¿Se reconciliaron?

-¡Sí! -dijo Harry.

-Pero... ¡ella nos engañó con Malfoy!

-¡Ron, ya deja de ofenderte por todo y ven aquí! -le gritó Harry-. ¡Hacerlo con Hermione es lo mejor del mundo!

-¡De acuerdo! -dijo él, contento. Por primera vez en su vida dejó sus rencores de lado, se apartó de Luna y se unió a la pareja. Empezaron a hacérselo los dos a Hermione, uno por detrás y otro por delante, como en los viejos tiempos. Pero entonces Ron apartó a Harry de un empujón y se quedó a la chica sólo para él.

-¿Qué haces, Ron? -le gritó Harry.

-¡Tú ya la tuviste! ¡Yo la quiero sólo para mí un rato! -protestó él.

-¡Tranquilos! -gritó Hermione, que parecía estar teniendo orgasmos a cada minuto-. ¡Hay... suficiente... Hermione... para todos!

-¡QUIERO COGEEEERRRRR! -gritó Luna, que había estado aguantándose en la puerta y ya no daba más. Se mordía los labios con fuerza mientras los miraba, y parecía tan caliente que daba miedo.

-Ven aquí -Harry fue hacia ella y empezó a penetrarla contra la pared. Luna rugió de placer, le clavó las uñas en la espalda y le mordió el cuello con fuerza. -¡Tranquila!

-¡Tranquila una mierda! -gritó Luna-. ¡CÓGEME MÁS FUERTE!

-¡Está loca! -gritó Ron, mientras lo hacía con Hermione-. ¡Harry, a mí casi me quiebra el cuello, está fuera de sí! ¡Apártate de ella! ¡Huye!

Harry se apartó de Luna, asustado. Ella le sonrió con malicia y se pasó la lengua por los labios, dispuesta a atacar, como una bomba a punto de explotar.

-¡AHHHHHHHHH! -gritó Harry, se dio la vuelta y empezó a correr. Se alejó a toda velocidad, y cuando miró hacia atrás vio a Luna correr a él con pinta de maniática, revoleando su cabello al viento y abriendo la boca como si tuviera rabia, escupiendo espuma por la boca. La imagen daba terror. -¡AYÚDENMEEEE! -gritó Harry, corriendo por los pasillos e implorándole a la gente que se cruzaba por allí (todos teniendo sexo como animales). -¡Está loca! ¡Va a matarme!

Finalmente logró dejar a Luna atrás. No tenía idea de dónde estaba. Caminó a través de más y más pasillos, aterrado y agitado, con miedo de cruzarse a Luna en algún recodo. Cruzó el patio cubierto, que estaba desierto con excepción de algunos chicos que lo hacían contra la fuente, y luego se abrió paso por otros pasillos, salió al exterior y caminó a largos pasos hacia la pajarera de las lechuzas. Una vez allí empezó a subir las interminables escaleras. No sabía qué hacía allí, pero quería ir a algún lado donde no hubiera riesgos de cruzar a Luna.

-Hola, Harry -la voz lo sobresaltó tanto que casi cae al otro lado del parapeto, hacia el vacío.

-¡Ginny!

La chica estaba desnuda, como todos.

-¿Qué hacías allí arriba? -le preguntó Harry, más temeroso que antes-. ¿Enviabas una lechuza?

Ella no dijo nada, pero entonces Harry vio que varias lechuzas salían por la ventana, todas parecían enfermas, volando de lado, rengas e incapacitadas. Harry abrió grande la boca y miró a Ginny con horror.

-Qué bueno que te encuentro, Harry -Ginny terció la boca en una mueca diabólica.

-¡Aléjate de mí! -Harry empezó a retroceder, asustado, bajando las escaleras de vuelta a los terrenos-. ¡No me toques!

Ginny rió eufórica.

-Nadie puede ayudarte aquí -dijo, maliciosa-. Estás atrapado.

-¡Claro que no lo estoy! -dijo él, muerto de miedo-. ¡Puedo dar la vuelta y bajar!

Pero entonces se dio cuenta de que Ginny miraba a alguien más detrás de él. Harry giró en redondo y vio, mientras se le paraba el corazón, que Luna subía lentamente las escaleras tras él, sin dejar de clavarle la mirada, demente.

-No... -Harry subió un escalón más, miró a Ginny y se detuvo. Luego miró a Luna. Luego miró por sobre el parapeto que daba a los quince metros que lo separaban del suelo.

-Prepárate para el sexo -dijo Luna, subiendo lentamente, disfrutando su victoria.

-De acuerdo -Harry pensó a toda prisa-. ¿Tienes tu varita, Ginny? Pomelo me ha enseñado unas posiciones del Kama Sutra mágico espectaculares.

-Claro -Ginny sacó su varita y al instante Harry se la quitó de la mano.

-¡ACCIO AERO POTTER!

La escoba era tan rápida que llegó ante él en cuestión de segundos, antes de que las chicas pudieran reaccionar. Harry saltó sobre la escoba y emprendió el vuelo por encima de los terrenos del colegio, mientras las otras dos le gritaban enfurecidas.

La escoba era rapidísima, volaba mucho más rápido de lo que lo había hecho nunca, y con mayor control, y era tan liviana que sentía que de hecho no estaba usando ninguna escoba, que volaba por sí mismo. Le dio tres vueltas enteras al castillo antes de perder altura y meterse a toda velocidad por la ventana destruida de la biblioteca.

-¡Estoy de vuelta! -gritó, descendiendo y lanzando la escoba a un lado. Pero entonces vio que Ron ya no estaba allí: Hermione estaba boca abajo contra el suelo, y Draco la penetraba enérgicamente por detrás mientras le revolvía los pechos con ambas manos y ella gritaba de placer. Al ver entrar a Harry, Malfoy sonrió, sin detenerse.


7. La tercera boda de Harry Potter

Holaaa.. espero que les guste este cap. Me ha gustado tanto una parte que la incluiré aquí al principio como spoiler :P

"A partir de ahora son sólo tú y Hermione los que están casados. Yo ya estoy fuera, soy un divorciado. ¿Y sabes por qué, Ron? Porque no me dejo engañar como un estúpido, estoy seguro de que Hermione tiene una debilidad por el imbécil de Malfoy, se calienta con él, quiere cogérselo cada vez que lo ve […] Pero tú anda, Ron, ve con ella, déjate engañar. Luego puedes pedirle a Hagrid que te pode los cuernos…"

Me ha gustado la frase final :P bueno aquí está el cap, saludos!

Pd.: Para los que no lo han notado, he decidido dividir la saga en 3 peleas básicas o fundamentales: humedad de Hermione, Harry y Ron peleados con Hermione; debilidad de Hermione, Harry y Hermione peleados con Ron; hum. asciende, Ron y Hermione peleados con Harry :D

-Estuvo increíble –dijo Fred, muy serio. En sus manos tenía un álbum de fotografías que estaba titulado "recuerdos memorables del instant-shock 24 hs. Pasión en Hogwarts". Iba pasando de página en página melancólicamente. Había fotografías de casi todas las parejas que se habían armado; incluso le habían dedicado una sección completa a Harry-Pomelo debido a las innumerables poses que habían practicado.

-¿Cómo tomaron esas fotografías? –preguntó Ron. Los cuatro estaban sentados en una butaca apartada en la Sala Común.

-¿Recuerdas el baile de comienzo de curso? –preguntó George-. Bueno, quizás recuerdes que ese día luego de la cena y antes del baile muchos de nosotros fuimos al Gran Salón a apartar las mesas y preparar las cosas… Bueno, Fred y yo aprovechamos el momento para instalar nuestras cámaras indetectables por todo el Gran Salón.

-Son unos genios –dijo Ron.

-Me gusta esta ampliación del coito entre Ojoloco y Luna –comentó Harry, señalando una de las fotografías.

-Y aquí está cuando Madam Rosmerta se enteró de la fiesta y llegó al castillo con un puñado de gente de Hogsmeade –comentó Fred-. Qué felices estaban…

-¿McGonagall sigue buscando a los responsables?

-Está como loca –dijo é lástima que no podamos mostrarle este álbum a nadie más, es muy bueno.

-¿De qué hablas? Ya se lo mostré a media Sala Común –dijo George-. Descuida, nadie nos delatará. Aunque todos saben que esta broma tuvo la firma Sortilegios Weasley, pero McGonagall no tiene pruebas. Pondremos este álbum en nuestra tienda junto a la góndola de instant-shocks para que los clientes vean.

-Oye, Harry, ¿así que se reconciliaron con Hermione? –dijo Fred-. Me alegro por ustedes, eran mi trío favorito.

-No nos reconciliamos –dijo Harry-. ¿De dónde sacaste eso?

-Me lo dijo Ron.

-Claro que no, cuando volví a la biblioteca la muy zorra estaba con Draco…

-No le digas zorra –lo atajó Ron, molesto.

-Bueno, eso es lo que es, ¿no? –dijo Harry.

-Eres un idiota, ¿lo sabes? –dijo Ron, y a continuación lo miró con odio. Harry se sorprendió mucho de esto. Fred y George se miraron entre sí.

-¿Qué te pasa? –dijo Harry, devolviéndole a Ron la mirada enojada-. ¿Estás de su lado?

-¡Vamos, ella no tuvo la culpa! –dijo él-. Creí que la habías perdonado, ¿no? Bueno, el hecho de que luego se haya acostado con Draco no cambia nada. Ese mismo día tú te acostaste con otras cuatro chicas, si no me equivoco…

-Eso es distinto –repuso Harry, molesto-. Me acosté con ellas por el instant-shock…

-¡Y ella también lo hizo por eso! –dijo Ron. Parecía cada vez más enojado, y Harry sintió que la ira también acudía en su propia ayuda.

-No lo entiendes, Ron. Sí, es cierto, me acosté con Pomelo, y con Cho, pero ellas son chicas con las que no tengo una historia. Aunque hubiéramos tomado esa pastilla, podíamos elegir con quién acostarnos. Estando bajo los efectos, yo mismo elegí no hacerlo con Ginny, ¿sabes? Hermione podría haber elegido a cualquier otro en vez de a Draco, y yo no me habría molestado. Pero, ¿Draco? ¡Vamos! Él es el motivo de que nos hubiéramos peleado en primer lugar.

-¡Ya supéralo! –bramó Ron. Harry vio por el rabillo del ojo que Fred le hacía una seña a George y ambos se iban para dejarlos solos. –Hermione no volverá a hacerlo con él, sólo estaba bajo los efectos del instant-shock, ya te lo he dicho. Ella misma ha admitido que hace meses siente esa especie… de necesidad sexual, no sé por qué, supongo que es algo biológico, qué se yo; y sólo lo ha hecho con Draco porque él es el otro hombre con el que ella lo había hecho en el pasado, y no quiso andar engañándonos con cualquier extraño, para ella hacerlo con alguien conocido es una forma de quitarle valor al acto…

-¿Te escuchas a ti mismo? Ron, mira que siempre he pensado que eres un poco lento, pero esto…

-¡Cierra la boca, imbécil! –bramó Ron, apuntándolo con un dedo y poniéndose de pie. Harry también se puso de pie, y ambos se detuvieron, respirando agitados, porque toda la casa de Gryffindor los miraba con atención. –En lo que a mí respecta –dijo Ron, bajando la voz-. Hermione está perdonada, y yo al menos sigo amándola. No sé qué pienses tú, pero yo estoy seguro de que ella también me ama y está muy arrepentida de lo que hizo en el Mundial, y lo que pasó ayer no cuenta para nada, ni conmigo ni con ella. Ya he hablado esta mañana y he quedado en salir a cenar…

-¿Salir a cenar? –Harry arrugó la frente.

-Iremos a un restaurant en Hogsmeade –dijo Ron-. Para celebrar que hemos vuelto, que nos reconciliamos, y que aún estamos legalmente casados así que somos marido y mujer. Reservé tres lugares, porque pensé que tú también la habrías perdonado.

-Pues lamento no poder incluirme en tu fantasía de niño pequeño, Ron… Pero yo ya he hablado esta mañana con el Ministerio y pedido que anularan mi nombre en este matrimonio… No se necesita la firma de las otras partes en el mundo mágico, ya me han quitado del asunto y a partir de ahora son sólo tú y Hermione los que están casados. Yo ya estoy fuera, soy un divorciado. ¿Y sabes por qué, Ron? Porque no me dejo engañar como un estúpido, estoy seguro de que Hermione tiene una debilidad por el imbécil de Malfoy, se calienta con él, quiere cogérselo cada vez que lo ve, y la única razón por la que estaba tranquilo de casarme con ella el año pasado fue porque Malfoy supuestamente había muerto. ¿Y sabes qué más? El idiota no estaría vivo ahora si no fuera por mí. Pero da igual. Ahora puedo ver claramente quién es Hermione; si no era Malfoy, quizás en el futuro hubiera sido alguien más. Pero tú anda, Ron, ve con ella, déjate engañar. Luego puedes pedirle a Hagrid que te pode los cuernos…

-Vete a la mierda –dijo Ron. Estaba tan rojo que parecía que iba a explotar, y se notaba que estaba conteniéndose para no golpearlo.

-Tranquilos, tranquilos –dijo una voz. Fred y George habían regresado y se habían interpuesto entre ambos, tratando de calmar la situación. Aunque Harry había tratado de hablar en un tono bajo de voz, todo el resto del Gran Salón estaba en absoluto silencio, así que seguramente los ansiosos espectadores habían tenido el placer de oír cada palabra de su discurso.

-Felicidades, Ron –dijo Harry-. Ahora que me he divorciado de ustedes, dos tercios de mi fortuna de Gringotts les corresponden a ti y a Hermione. Supongo que puedes usarla para la cena de esta noche, ya que siempre fui yo el que aportó el dinero en nuestra relación…

-¡No quiero tu estúpido dinero! –gritó Ron, furioso-. ¡Y no lo necesito, mi padre tiene un buen empleo ahora! ¡No soy pobre! ¡Llamaré a Gringotts y les diré que te lo devuelvan todo, así ya no tendrás motivos para seguir pensando que el resto de los seres humanos aparte de ti son una mierda!

Ron se dio la vuelta y se marchó furioso, lanzándole miradas llenas de cólera a todos los que se cruzaba. La gente se apartaba de él temerosa mientras realizaba el camino hasta su habitación. Harry se quedó de pie en el lugar unos segundos más, respirando entrecortadamente y preguntándose a dónde iría, ya que no podía quedarse allí, con las miradas de todos los demás encima, y tampoco volver al cuarto, ya que Ron estaba en él. Así que salió por el retrato de la Dama Gorda hacia los soleados pasillos, y aunque tenía que dar su siguiente clase en diez minutos no se presentó a ella, buscó un baño que estuviera vacío y se puso a llorar en un cubículo.

Esa noche, Harry se sentó a cenar al lado de Colin Creevey.

-Ha pasado –decía él, emocionado-. ¿Recuerdas que te conté en la noche que llegamos al castillo que Trelawney había profetizado que todo el castillo se volvería un puterío este año y todos tendrían sexo con todos? ¡Parece que le acertó! ¿No es increíble?

-Sí… Espera un minuto –dijo Harry, recordando-. Y luego tú dijiste "quizás este año por fin pierda mi virginidad". Pero luego, más adelante, nos contaste que eras gay y habías sido desvirgado por Blaise Zabini el año pasado…

-Sí, lo sé, soy mitómano –explicó Colin.

(Nota de autor: He descubierto este error respecto a la virginidad de Colin y aunque estoy seguro de que nadie más lo notó porque nadie le pondría tanta atención a este estúpido fanfic he sentido la necesidad de arreglarlo de alguna forma, para dormir tranquilo :P)

-Ahh, eres mitómano, ya entiendo –dijo Harry-. Oye, Colin, creo que no volverás a verme por aquí…

-¿Qué? ¿Qué dices?

-Esta noche, Ron y Hermione están cenando en Hogsmeade y celebrando su reconciliación, y yo… Lo he decidido, me iré de Hogwarts.

Harry lo había pensado durante la tarde, y no le fue difícil tomar la decisión. Ahora que se había peleado con Ron, no existía ningún motivo para que se quedara en el castillo. Odiaba que lo hicieran trabajar de profesor, odiaba sus dificilísimas materias de séptimo año y no tener un segundo libre, y lo más frustrante era que si quería Kingsley le daría el cargo de Auror en el momento, sin necesidad de estudios; así que le había mandado una lechuza al ministro y otra a Tonks (la única otra Auror con la que tenía contacto, ahora que Ojoloco había sido despedido por su locura y se había conseguido el puesto de celador). Estaba esperando que le respondieran, pero confiaba en que aún sostuvieran lo que le habían dicho en el verano.

"Lo siento, Harry, mis manos están atadas.

Atte. :

Kingsley Shacklebolt"

Esa fue la respuesta que le llegó al día siguiente en el desayuno, cuando las lechuzas dejaron sus cartas a los destinatarios. Le pegó un puñetazo a la mesa y volcó la taza de café, pero no le importó. Abrió la carta de Tonks, enfadado:

"Querido Harry:

Me complace que me escribas. He estado teniendo unos días difíciles con Remus y la verdad es que necesitaba hablar con alguien, así que agradezco mucho que lo hayas hecho. Estamos peleados, muy seriamente. Cada día es más insoportable, y temo que en cualquier momento nos divorciaremos. Él quiere llevarse a Ted, pero yo me rehúso a permitírselo, por lo que creo que habrá una disputa legal. Respecto a lo de conseguirte empleo en la oficina de Aurors, temo que Kingsley no podrá hacer mucho al respecto, y cuando Alastor te habló de eso en el verano sólo estaba hablando sin saber (aparte sabes que está un poco loco, por eso mismo lo despidieron). La oficina de Aurors no contrata a nadie que no haya terminado sus estudios porque hay un juez mágico imparcial (similar al Cáliz de Fuego) que toma los nombres de los aspirantes y decide a los mejores, y por las leyes mismas que lo constituyen no acepta a nadie sin los estudios necesarios. Temo que las manos del ministro están atadas, así que tendrás que terminar los estudios primero. De hecho, sólo conozco otro caso en el que el ministro no pueda ayudarte cayéndole tan bien como le caes tú, y es para hacerte capitán del equipo de Quidditch. Los capitanes son seleccionados por medio de un juez imparcial también, llamado Cáliz de Agua…"

Harry dejó de leer en ese punto, totalmente frustrado y enojado, hizo un bollo la carta y la arrojó lejos. Nunca se había sentido tan mal en toda su vida.

-¿Estás bien? –preguntó una voz. Harry se dio vuelta y vio que Ginny se había acercado a él y estaba sentada a su lado.

-Más o menos –mintió, puesto que la respuesta honesta hubiera sido "no"-. ¿Sabías que Tonks se ha peleado con Lupin?

-Sí –dijo ella-. Creo que van a divorciarse. ¿Tonks te mandó una carta sobre eso? Vi que lanzabas una…

-Sí.

-Ella gusta de ti, Harry.

-¿Qué dices? –Harry se sorprendió ante estas palabras.

-Tonks está muerta por ti –Ginny lo miraba muy seria-. ¿No lo sabías? Seguro te ha puesto en la carta que quiere salir contigo o algo, ¿no es así?

-No, no creo… Aguarda un segundo. ¡Accio carta de Tonks! A ver…

Harry leyó el resto de la carta:

"…luego éste juez imparcial le da los resultados a la jefa de las casas, que te comunica la decisión, pero ella no es quien los elije. Si quieres puedo explicarte bien cómo funciona todo esto, Harry… quizás, con una cena. ¿Te parece bien? Estoy libre el sábado por la noche. Podríamos ir a un restaurant en Hogsmeade. Luego, si quieres, darnos una vuelta por MagicNight. Espero tu respuesta.

Con amor,

Tonks"

-Vaya, tenías razón, Ginny.

-¿Lo ves? Te lo dije.

-Oye, ¿tú volverás al equipo este año? Cormac no me ha dicho nada de las pruebas…

-Harry, las pruebas fueron la semana pasada.

-¿Qué? –Harry se quedó boquiabierto.

-¡Oh, pobrecito! –dijo ella con tristeza, mirándolo a los ojos-. El idiota de Cormac no te avisó, ¿verdad? Claro, seguro no te quería en el equipo, luego de que tú lo rechazaste a él hace dos años.

-¡Eso es trampa! –se quejó Harry-. ¡Me dijo que las pruebas serían más adelante! ¿O sea que no estaré en el equipo este año? No puedo creerlo, mi vida es un desastre…

-Vamos, Harry, cálmate, ve a hablarle y…

-No, nunca me dejará entrar –se quejó él-. Y estoy peleado con Ron, y no me dejaron ser Auror sin terminar el colegio, y debo seguir siendo el estúpido profesor de Defensa…

-¡Ay, Harry, no hables así! –Ginny lo rodeó en brazos y él dejó que lo abrazara y apoyó la cabeza en su hombro. –Ay, yo quería decirte que lo siento –dijo ella cuando se separaron, angustiada-. Lo que ocurrió ayer. No quise amenazarte allí en la torre de la pajarera de las lechuzas… Debí entender que yo no te gusto hace mucho tiempo…

-No seas tonta –Harry la miró y sintió algo extraño en el estómago, la misma sensación que había sentido en el pasado por Ginny, que sólo se había visto eclipsada por una sensación aún mayor, que le había provocado Hermione-. Ginny, yo… Bueno, quizás no sea adecuado para hablarlo aquí, en el desayuno…

-Dilo –dijo ella inmediatamente, mirándolo muy ansiosa.

-Bueno, tú sí me gustas –le dijo él-. La razón de que te dejé en sexto, el día que fuimos a ese motel, fue que me di cuenta de que sentía algo por Hermione, pero ahora todo se acabó con ella…

-¿Y ahora te gusto? –Ginny parecía haber dejado de respirar; lo miraba con los ojos muy abiertos y lucía como si estuviera esperando a que anunciaran si había ganado la lotería o no.

-Sí, me gust…

Antes de que pudiera terminar la frase, Ginny se lanzó sobre él y empezó a besarlo.

"¡Ohhhhh!", llegó el murmullo de casi todo el colegio, los que desayunaban en las otras mesas, al darse cuenta de a poco de lo que pasaba. Pero Harry siguió besándola un largo rato, hasta que de pronto sintió un golpe seco. Alguien le había dado un puñetazo en la cabeza, y Harry cayó al suelo sintiendo que no era la primera vez que lo golpeaban mientras besaba a alguien…

-¿Qué mierda te pasa? –dijo al incorporarse y comprobar que era Ron quien lo había golpeado.

-¡Es mi hermana! –gritó él, furioso.

-¿Y? ¡Ya hemos salido antes! ¡Y me importa un carajo que sea tu hermana, tú y yo ya no somos amigos!

-¡Pero estás jugando con ella! –dijo Ron-. ¡Le das esperanzas, luego la dejas, y luego vuelves! ¡Y ella siempre sigue enamorada de ti como una idiota porque tú sigues dándole esperanzas! ¡No permitiré que juegues así con mi hermana!

-Ya me hartaste –Harry se lanzó sobre Ron y le dio un puñetazo en medio de la cara con todas sus fuerzas.

-¡Ohhhhhh! –volvieron a exclamar todos los presentes. Ron se levantó y empezaron a pelear: primero a los golpes, con los puños, lanzándose sobre el otro y tratando de retorcerse brazos y piernas, luego sacaron las varitas y pelearon como lo hacen los magos, lanzando hechizos cada vez más graves y bloqueando los del oponente.

-¡BASTA! –bramó una voz. McGonagall se acercaba desde la mesa de los profesores, y se veía furiosa-. ¡Los dos serán castigados!

-¡No! –gritó Harry, más enojado que nunca-. ¡No es justo! ¡Simplemente no es justo! ¡Él fue el que vino a golpearme, y yo no estaba haciendo nada malo!

-¡Estaba besando a mi hermana! –gritó Ron. Eran conscientes de que la escuela entera los miraba desde las distintas mesas, todo el mundo estaba atento a cada palabra y la profesora McGonagall ponía cara de exasperación, harta de ellos dos.

-¡Sí, la estaba besando! –gritó Harry, y miró a Ginny, que lucía como si ese día fuera su cumpleaños y acabaran de llevarle el pastel-. ¡Y no juego con ella, Ron! ¡¿Sabes por qué?! ¡Porque me la tomo en serio, muy en serio, y aquí está la prueba! –había tenido un arranque de inspiración. Harry se puso de rodillas delante de Ginny, ante la mirada expectante de cientos de alumnos, la tomó de una mano y la miró a los ojos. Ella abrió los suyos muy grande y se quedó boquiabierta, como si estuviera por desmayarse. –Ginny, ¿te casarías conmigo?

Todo el Gran Salón se quedó en silencio. Ron lucía como si le hubieran echado un balde de agua fría en la cara. Hermione estaba en el otro extremo de la mesa y se había llevado una mano al pecho y parecía a punto de desmayarse también. Luna sonreía en la mesa de Ravenclaw y los miraba con ternura. Draco se rascaba el mentón reflexivamente mientras pensaba "ahora sólo queda derrotar a uno y Hermione será mía…"

-¡Sí! –dijo Ginny, llena de alegría. Se lanzó sobre Harry, tirándolo al suelo y lo besó mientras lo abrazaba y todo el Gran Salón prorrumpía en aplausos. Hasta Draco aplaudía.

-¡Síí, viva! –gritaba, desde la mesa de Slytherin-. ¡Cásate con la traidora a la sangre y deja de joder, Potter!

Hasta McGonagall se olvidó de que estaba por castigarlo. Contemplaba a los adolescentes con una sonrisa y una lágrima cayéndole por la mejilla, mientras pensaba "algún día, Minerva… algún día…"

Hermione se fue del Gran Salón corriendo, mientras se tapaba los ojos para ocultar las lágrimas que acababan de azotarla. Subió las escaleras hasta el primer piso, se metió al baño de mujeres y se encerró en un cubículo. Entonces empezó a llorar a viva voz, sin contenerse más.

No podía creerlo. ¿Harry casándose con Ginny? ¿Cómo había ocurrido eso? Había sido su culpa, había estado tan cerca… Sólo el día anterior parecía que Harry finalmente la había perdonado. Pero entonces tuvo que hacerlo con Draco. Realmente, se lo merecía. Se lo merecía por ser tan estúpida. Lloró y lloró hasta que sintió que algo vibraba en el bolsillo de su túnica: era su teléfono, el mismo que Harry le había regalado más de un año atrás…

-Ron –dijo, atendiendo con la voz tomada.

-Amor, ¿dónde estás? –preguntó él, del otro lado de la línea-. ¿A dónde fuiste? Es por lo de Harry, ¿verdad?

-No, no es eso –mintió ella, tratando de disimular la voz, de que no sonara como si hubiera estado llorando-. Vine al baño, eso es todo.

-Bien, disculpa por llamarte –dijo él-. ¿Nos vemos abajo? Te necesito, Herms, estoy tan enojado…

-Sí, claro, ahora bajo –dijo ella. Cortó la llamada y se limpió las lágrimas con papel higiénico. Al menos tenía a Ron… Pero, de alguna forma, eso no era consuelo suficiente. Sentía tanto amor por Harry como por Ron, y el hecho de que él fuera a casarse con otra le dejaba la misma sensación de angustia que si Ron no existiera en su vida y Harry fuera el único. Y entonces se dio cuenta: ¿por qué era tan egoísta? ¿No se daba cuenta de que había tenido el privilegio de estar con dos hombres a la vez, de casarse con ambos, durante mucho tiempo? Ahora la vida le había quitado a uno, quizás para siempre, pero al menos había recuperado al otro, no debía sentirse tan mal, no debía… ¿Pero por qué se sentía tan mal? ¿Por qué se sentía como si acabaran de arrancarle el corazón ante sus ojos?

Harry y Ginny fueron a dar una vuelta por los jardines. Decidieron pasar el resto del día juntos y olvidar todas las clases. Se sentaron en la hierba, de la mano, y observaron el castillo que se alzaba ante ellos y oyeron el ruido del lago mientras se besaban.

¿Por qué lo había hecho? Harry no estaba seguro, y tenía miedo de haber cometido un grave error. ¿Casarse con Ginny? Sabía que la chica le gustaba, pero quizás se había dejado llevar por las circunstancias, por la impotencia que sentía ante los problemas de su vida y el querer sentir que él no era una mera marioneta del destino, aquel cruel destino, sino que tenía decisión y podía hacer las cosas que él quisiera…

¿Pero qué opción tenía? Hermione ya no era una opción, lo había traicionado. Aunque estaba seguro de que aún la amaba más que a nadie en el mundo, ese amor estaba manchado de negro, de traición y de dolor. Y Ginny siempre había sido la chica que más le gustaba después de ella. Quizás por eso, momentos atrás, al darse cuenta de esto, y de que jamás tendría nada con Hermione, había tomado esa decisión… Si no podía ser con quien más le gustaba, entonces tendría que ser con la segunda…

Pero, ¿casarse? ¿Y tan pronto?

Harry miró a Ginny y la besó de vuelta.

-Aún no puedo creerlo –dijo ella, mirándolo con dulzura-. No puedo creerlo. ¿Esto es un sueño, Harry?

-No, claro que no –le dijo él-. Te amo, Ginny, y creo… -suspiró, pensando "¿estoy diciendo la verdad o estoy mintiendo?"-. Creo que siempre te amé, y debí estar contigo.

Ella apoyó la cabeza en su pecho y lo abrazó. Harry frunció el entrecejo y le acarició el cabello. Seguiría sin saber qué lo había hecho pedirle matrimonio a Ginny, pero, por el momento, no parecía el peor plan del mundo.


8. El secreto de Ginny

Ahora voy a tratar de hacer caps un poco más cortos, creo que me estuve excediendo bastante con los últimos. Espero que les guste este : )

-¿Puedes creer que Harry se haya casado con Ginny? –dijo Hermione, mientras trapeaba los suelos del cuarto piso. Metió el trapo en el balde con agua, lo enjuagó y volvió a trapear forzosamente. Sintió que las gotas de sudor le caían por la cara. La profesora McGonagall le había puesto un castigo por pelearse con Pansy Parkinson en la clase de Transformaciones. Pansy se estaba burlando de ella tratándola de divorciada, y ella no aguantó más y le lanzó un maleficio de patas de conejo.

-¿Ginny? –preguntó Ojoloco, que trapeaba los suelos junto a ella. Eran las doce de la noche y al parecer ese día Ojoloco estaba menos loco de lo que lo había estado los días anteriores de castigo; hasta podía mantener una conversación con él sin que empezara a cantar y bailar canciones de amor inventadas por él mismo. -¿Te refieres a Ginny Weasley?

-Ella misma –suspiró Hermione-. La boda fue hace dos semanas, Alastor. Entiendo que no te enteraras porque fue muy exclusiva, consiguieron que Kingsley les organizara una boda privada en España, y luego se quedaron allí para la luna de miel. Por lo que tengo entendido, no invitaron a nadie, a ninguno de sus familiares o amigos, ¡fueron ellos dos solos! Ni siquiera a Ron, lo que me parece una falta total de…

-¿Ron? –preguntó Ojoloco, haciendo una mueca-. ¿Te refieres a Ronaldinho, el jugador de fútbol brasileño?

-No, Alastor, hablo de Ron Weasley –dijo ella, algo cansada-. El hermano de Ginny.

-¿Ginny McQueen, la modelo norteamericana?

-Caray, Alastor, pensé que por fin estábamos teniendo una conversación cuerda.

-No seas dura conmigo, niña, he sufrido una fuerte conmoción este verano –dijo él.

-¿Qué conmoción? –preguntó Hermione, mientras humedecía el trapo-. ¿Sabías que Harry y Ginny no han vuelto aún de la luna de miel? Y ya ha pasado mucho tiempo… Realmente no sé si estoy siendo injusta con él, después de que yo me acosté con Draco, pero no puedo evitar sentir mucha ira por todo esto, por esta boda tan repentina, ¡y con Ginny! Creo que lo hizo para molestarme, porque él sabe que siempre sentí celos por Ginny…

-Sí, claro que tuve una conmoción fuerte este verano –decía Ojoloco, que no había escuchado una sola palabra-. Por eso fue que me deschaveté. ¡Vaya, creo que recién ahora me doy cuenta de eso!

-Ron está destrozado, pobre –Hermione también ignoraba a Ojoloco ahora, absorta en sus propios pensamientos-. No puede creer que su propia hermana no lo invitara a su boda. De hecho, no ha invitado ni a su madre. ¡Harpía! Lo quiere sólo para ella, intentará alejarlo de todos. No sé cómo no vi la verdadera cara de Ginny antes…

-Ginny, Ginny, Ginny –empezó a repetir Ojoloco-. Claro, claro, ¡Ginny Weasley!

-Ella misma, Alastor, veo que por fin sabes de qué te hablo.

-¡Ginny Weasley! Ella fue la que me hizo perder la cabeza.

-¿Cómo dices? –Hermione dejó de trapear y se quedó mirando a Ojoloco.

-¡Esa niña fue la que me hizo esto! –Ojoloco se señaló la cabeza con un dedo y empezó a darse golpecitos en la sien-. ¡Me hizo un maleficio! Sí, sí, sí, ella fue…

-¿Qué Ginny fue la que hizo que te volvieras loco? Pero, ¿estás seguro?

-¡Claro! –dijo Ojoloco, y empezó a sonreír-. ¡Ginny McQueen! Una excelente modelo. ¿Sabías que diseña su propia ropa?

-¡No! Alastor, recién estaba diciéndome algo muy importante sobre Ginny…

-¿Ginny? ¿Cuál Ginny? ¡Cantemos, querida! –entonces Ojoloco tomó su trapeador y empezó a bailar con él mientras cantaba-. ¡Ohhh, mi corazóóónnn! ¡Te amo tanto, precioooossaaaa!

-¡Alastor, basta! –le gritó Hermione, se levantó y la quitó el trapeador-. ¡Necesito que me mire a los ojos, se tranquilice, y me diga exactamente qué le ha hecho Ginny Weasley!

-Sí, claro –Ojoloco entrecerró el ojo (el que podía entrecerrar) y respiró hondo, mientras pensaba con mucho esfuerzo-. La he filmado. Con una de esas cámaras de Fred y George Weasley. Encontré esas cámaras en el Gran Salón, una noche, mientras hacía mi ronda nocturna, y quité un par. Entonces las instalé en el cuarto de Potter.

-¿Qué? ¿Por qué hizo eso?

-¡Porque hay que vigilar a Potter! –dijo él, muy serio-. ¡No sabemos cuándo el Innombrable vendrá por él!

-Sí, claro –Hermione revoleó los ojos-. ¿Y qué encontró en las filmaciones?

-La niña Ginny iba todas las noches al cuarto de Potter…

-¿Qué?

-¡Sí, sí! Mira, te lo mostraré…

Ojoloco empezó a alejarse por el pasillo y Hermione fue tras él, pasmada. Llegaron al despacho de Ojoloco, aquel que antes le pertenecía a Filch, y el mago la hizo pasar y cerró la puerta tras ella. Entonces Hermione vio que había una especie de televisor en medio del cuarto, aunque sólo era una pantalla plana al parecer de aluminio, sin cables ni nada. Ojoloco tomó una cámara pequeña de su escritorio y apuntó su varita hacia ella. Entonces la pantalla se encendió y unas imágenes aparecieron en ella.

Hermione veía el cuarto de Harry. Harry dormía en su cama, al parecer muy de madrugada, al igual que sus compañeros de cuarto.

-¿De cuándo es esto? –preguntó la chica, y miró en la pequeña cámara, donde aparecía la fecha de la grabación-. Es de la primera o segunda semana de clases…

-¡Oh, mira, ahí viene! –dijo Ojoloco.

Entonces vio, en la pantalla, a Ginny entrando al cuarto. Se acercaba a Harry, se inclinaba sobre él y le acariciaba el cabello y la cara…

-Por Dios –dijo Hermione, horrorizada-. Está loca… ¿Qué hace?

Ahora Ginny tomaba una mano del dormido Harry, se la metía dentro de la blusa y la apretaba contra uno de sus pechos, mientras ponía los ojos en blanco. Hermione no podía creerlo. Unos segundos más tarde, Ginny entreabrió la boca de Harry, que se movía en sueños, y vertió unas gotas de algo que llevaba preparado en un frasco pequeño en la mano.

-¡Le está dando una poción! –Hermione estaba indignada-. ¡Seguro es una poción de amor! ¡Hizo que se enamorara de ella!

-No, no, no, eso no es una poción de amor –dijo Ojoloco, acercándose a la pantalla y mirando con atención-. He repasado este video miles de veces, porque creí que la niña era una enviada del Innombrable, y descubrí, por el color de la pócima, que se trata de una poción para el sueño.

-¿Para el sueño?

-Claro, para que no se despierte. También eso se explica si ves las grabaciones en que lo saca a rastras del cuarto y lo viola en los pasillos.

-¡Dios mío!

-Oh, sí, al principio me preocupé mucho –dijo Ojoloco-. Pensé que venía de parte del Innombrable. Pero no, la chica sólo quería abusar sexualmente de él por las noches. Así que dejé de preocuparme.

-¡Pero Alastor! ¡Ella ha estado abusando de él! ¡Seguramente haya conseguido que se case con ella por medio de alguna poción o artimaña también! ¡Ginny está completamente loca! ¿Y dice que ella fue la que lo volvió loco?

-¿Loco? ¡Niña, no me llames loco! ¡Mi nombre es Francisco José Folla Doblado!

-¡Basta! ¡Esto es serio, Alastor! Ginny ha engañado a Harry todo el tiempo, y lo ha violado por las noches. Venga, vamos a hacer algo.

-¿Qué cosa?

-Usted sígame.

Hermione condujo a Ojoloco por el oscuro pasillo, a través de los pasillos bañados por la luz de la luna, hasta que llegaron frente a la gárgola que conducía al despacho de McGonagall.

-¿Qué hacemos aquí? –preguntó Ojoloco.

-Vamos a subir –dijo ella.

-¿No está aquí la directora?

-No, ha tenido que ir a Londres para una junta con el concejo directivo. No será difícil adivinar la contraseña, por lo general siempre es fácil adivinar las contraseñas de este despacho. Veamos… ¿Caramelos saltarines?

La gárgola no se movió.

-Claro, esas contraseñas eran típicas de Dumbledore… ¿Qué elegiría McGonagall? Veamos… Hummm… "Soy una vieja frígida cuya vagina dejó de funcionar hace años".

La gárgola se corrió hacia un lado con mucho estrépito.

-¡Vaya! ¡Increíble!

Subieron por la escalera de caracol y entraron al despacho. Hermione encontró lo que buscaba en un armario: El Pensadero.

-Ahora quiero que piense en el día en que Ginny lo hizo volverse loco –le dijo Hermione a Ojoloco-. Y quiero que quite los recuerdos con la varita. Vamos, Alastor, usted puede…

El mago cerró los ojos haciendo un gran esfuerzo, se apuntó la cabeza con la varita y extrajo un fino hilo de una sustancia blanca mezcla entre líquido y vapor. Lo introdujo en el Pensadero, y entonces Hermione se inclinó sobra la vasija y se hundió en la neblina de recuerdos.

Estaba en el Ministerio. Pudo reconocer los miles de escritorios de la oficina de Aurors. Los magos iban y venían a toda velocidad, transmitiendo mensajes y contestando lechuzas. Ojoloco se veía más sano y cuerdo que nunca, dándole órdenes a todo el mundo y atendiendo asuntos importantes. Hermione sabía que había vuelto al trabajo de Auror inmediatamente después de la caída del Innombrable, puesto que había sido de mucha ayuda en la Orden del Fénix y por eso el Ministerio había querido recontratarlo el verano pasado. Sin embargo, sólo había estado allí un mes antes de volverse loco y ser despedido, por lo que aquello tenía que haber pasado ese mismo verano, unos meses atrás.

-Señor Moody, ¿puedo hablar con usted?

Era Ginny. Acababa de aparecer junto a Ojoloco.

-¡Ginny! ¿Qué haces aquí, en el Ministerio? –le preguntó él, mientras revisaba unos papeles.

-Estoy buscando a mi padre, ¿lo ha visto?

-No creo que esté aquí, querida –dijo Ojoloco, amablemente-. El Departamento de Cooperación Mágica Internacional es donde trabaja él…

-¿Tiene un minuto? Quisiera hablarle de algo…

-Lo siento, linda, estoy muy ocupado –decía él, caminando por todos lados, Ginny siguiéndole los pasos-. Me han hecho jefe de la Oficina de Aurors, eso es mucha responsabilidad. No es fácil retomar el ritmo de un trabajo así tan rápidamente, y tengo tantas cosas que hacer, quizás en otro momento…

-Es sobre el Innombrable –dijo ella.

-Ya se fue, linda, desapareció. Olvídate de él.

-No puedo evitar pensar en lo que me contó Harry –dijo ella, persiguiéndolo por todos lados-. Sobre los Horcruxes. Dice que el Innombrable usaba esos objetos para vivir eternamente.

Ojoloco se detuvo. Se dio la vuelta y miró a Ginny con la frente arrugada. Luego suspiró.

-Claro, calculo que quieres preguntarme a mí porque sabes que tengo mucha experiencia en magia negra.

-Exacto –dijo ella, con una sonrisa.

-Bien, supongo que puedo tomarme un minuto. Ven, vamos a mi despacho.

Caminaron juntos hasta el despacho de Ojoloco y se sentaron en dos sillas. Desde allí, a través de los paneles, se veía al resto de los empleados del Ministerio trabajando arduamente.

-Lo que quiero saber –dijo Ginny, con los ojos clavados en él-. Es cómo se hace. ¿De verdad uno puede ser inmortal?

Ojoloco no pareció asustarse por la pregunta.

-Imagino que ahora todos sentirán curiosidad por eso –dijo él, sin darle importancia-. Claro, ahora que todos saben que el Innombrable usaba esas cosas, todo el mundo se preguntará qué son. Te lo diré rápido, niña, él ponía fragmentos de su alma en recipientes, lo hacía matando gente y pronunciando un conjuro. El conjuro en cuestión es "krakteverus", uno debe pronunciarlo mientras mata a una persona y entonces mantener cerca de sí el objeto en el que quiera que el alma entre. ¿Listo, niña? ¿He satisfecho tu curiosidad? De cualquier forma, sé que tú nunca usarías semejante…

-No, claro que no –dijo Ginny, pero Hermione juraba que un brillo maligno había surgido en sus ojos en ese momento-. ¡Oh, mire, hay un empleado robando!

-¡¿Qué?! –Ojoloco giró en redondo para ver a donde ella señalaba, y Ginny levantó su varita y gritó:

-¡Obliviate!

Ojoloco cayó hacia atrás y pareció quedar inconsciente. Ginny se puso de pie de un salto y se quedó mirándolo, asustada. Luego miró hacia afuera, puesto que los paneles eran de vidrio y podrían verla, pero, al parecer, todos los Aurors estaban muy ocupados para notar nada. Ginny levantó a Ojoloco y lo enderezó en su lugar. Entonces Hermione vio que no estaba inconsciente; Ojoloco estaba riendo y le caía baba de la boca.

-¿Está bien? –preguntó Ginny, insegura-. ¿Recuerda algo?

-¿Recordar? –decía Ojoloco, sin dejar de reír-. ¡Sólo recuerdo que yo…! ¡Yo te aaaamoooo, mi amorrrrrr, mi queridaaaa, mi dolooooorrrr!

Ojoloco bailaba por todo el despacho y cantaba como un idiota. Entonces Ginny salió del despacho, mirando hacia todos lados con temor, y se alejó caminando rápido hacia los ascensores.

Hermione salió del Pensadero. Se quedó de pie en el despacho de la directora, junto a un Ojoloco que había vuelto a reír y cantar canciones de amor, ahora bailando solo en el despacho de McGonagall. El hechizo de Ginny había salido mal. En vez de borrarle la memoria le había dañado el cerebro y lo había dejado así, en estado de locura. Pero eso no era lo más grave…

-¿Ginny quiere hacerse Horcruxes? –dijo Hermione en voz alta, asustadísima. Aquello era más de lo que había imaginado, mucho más…

Tenía que decírselo a Harry. Inmediatamente.

Bueno, el próximo cap se llamará "Beauxbatons", que transcurrirá precisamente… en Beauxbatons. Creo que más adelante habrá un cap en una playa también. Serán 15 caps en total y con eso termino la trilogía. Se agradecen comentarios. Adiós!


9. Beauxbatons

-Qué lindo eres… -Ginny miraba a los ojos a Harry, mientras éste dormía. Estaban en España aún, en un carísimo hotel quince estrellas (hoteles exclusivos de magos). –Sé que hemos tenido sexo toda la tarde, pero aún así… No puedo resistir la tentación. Violarte mientras duermes me fascina.

Ginny sacó un pequeño frasco de vidrio del cajón de su mesita de luz, lo descorchó y dejó caer líquido sobre la boca entreabierta de Harry. Esperó diez segundos a que el efecto empezara, se quitó el camisón y se sentó sobre él.

Harry se sacudió en sueños. Soñaba que estaba con Hermione, y ella se sentaba encima suyo y empezaban a tener sexo. Se movían cada vez más rápido en un éxtasis de lujuria y pasión, totalmente enamorados, sintiendo algo hermoso el uno por el otro, el más puro amor. Y entonces aparecía Ginny y Hermione desaparecía. Ginny bajaba el cuerpo, empezaba a chupársela y él le acababa en la boca.

A la mañana siguiente, despertó junto a Ginny y volvió a sentirse un poco mal por descubrir que, aunque seguía soñando con Hermione, no era ella la que estaba a su lado.

-Buen día, mi Colacuerno Húngaro –dijo Ginny, guiñándole un ojo-. ¿Quieres un rapidito antes de desayunar?

-Claro –aceptó él. Se lanzó encima de ella y empezaron a hacerlo.

Dos horas más tarde, finalmente, desayunaron.

-Estuve pensando –decía Ginny, mientras comían-. Creo que no deberíamos volver a Hogwarts.

-¿Qué dices? –él levantó la vista y la clavó en su mujer-. Sí, yo había pensado en dejar la escuela, pero mi pequeña fortuna heredada por mis padres (y que siempre me he preguntado de dónde diantres la sacaron ellos, cosa que nadie me ha dicho nunca) no durará para siempre, y no me quieren de Auror en el Ministerio, así que no tenemos alternativa. Kingsley nos ha regalado la boda y la luna de miel, pero no creo que vaya a mantenernos para siempre…

-No digo que abandonemos los estudios –dijo ella-. Estaba pensando… En ir a estudiar a Beauxbatons.

-¿Qué?

-¡Sí! –dijo ella, emocionada-. ¿No estás cansado de ser profesor, de tener que soportar a McGonagall, de todas las injusticias que tenemos que soportar en Hogwarts?

-Sí, claro… Pero no sé… Sólo queda menos de un año.

-¡Vamos! –dijo ella-. Seguramente en Beauxbatons nos validen todas las materias y lo único que debemos hacer es pasar el mismo tiempo que nos faltaba en Hogwarts en otra escuela mejor, ¡y serán unos meses mucho mejores!

-¿No es necesario saber francés para estudiar ahí?

-No es requisito –dijo ella-. Estoy segura de que Kingsley nos contratará un traductor que nos ayude en las clases si se lo pedimos.

-Se oye un poco rebuscado, Ginny…

-Harry, por favor –ella lo miró y parpadeó varias veces seguidas.

-¿Es esto una idea cuyo principal objetivo sea alejarnos de la gente de Hogwarts? –preguntó Harry, con desconfianza. Fue un grave error. Ginny se puso muy seria y lo miró de brazos cruzados.

-O sea que, para ti, yo sólo estoy manipulándote –dijo.

-¡No! No, no dije eso, Ginny.

-Claro que sí. Bueno, si quieres otro divorcio…

-¡No! –Harry empezó a desesperarse-. Ginny, lo siento, no quise insinuar que…

-Mierda, Harry, ¿por qué tienes que hacer de todo un problema? –le gritó ella, enfurecida. Harry miró alrededor, asustado, pero les habían reservado el hotel para ellos así que no había nadie más. -¡Siempre tienes una excusa, ¿verdad?! Bueno, pues, si no quieres está bien, ¡vuelve a Hogwarts, con Hermione! ¡Seguro la extrañas mucho!

-¡Claro que no! –mintió Harry.

-¡VETE A LA MIERDA, HIJO DE PUTA! –bramó ella, fuera de sí.

Harry se quedó de piedra, helado.

-Lo siento mucho, Ginny… No quería iniciar una pelea. Vayamos a Beauxbatons, creo que es una idea genial.

Ginny se quedó mirando su comida unos segundos, respirando agitada. Luego de un rato lo miró y sonrió.

Tardaron varias semanas en finalizar los preparativos. Pasaron esas semanas recorriendo Europa, luego fueron a Francia y solicitaron una entrevista en la escuela. Finalmente, luego de algunos trámites, un mago del Ministerio de la Magia de Francia los llevó al colegio, que, como su ubicación era secreta, se accedía únicamente mediante aparición conjunta en el caso de extranjeros.

Cuando Harry vio el enorme palacio de Beauxbatons ante sus ojos la depresión que lo invadía esos días cesó un poco. Era mucho más lindo que Hogwarts, en el sentido de que no era un castillo sino un palacio, blanco y muy fino, con detalles arquitectónicos delicados y cúpulas impresionantes, algo bastante distinto a los muros desteñidos por los años del castillo en que solían estudiar. Sin embargo, el deslumbre del palacio cada vez perdía más encanto a medida que se precipitaban en su interior: Todo el artificio, los rostros sonrientes de los alumnos que actuaban siempre con perfecta educación se desmentían a sí mismos. Harry pensó que había muy poca honestidad en aquel lugar.

-¿En qué cugso de Hogywats estudiaban ugstedes con anteguiodidad? –preguntó Madame Maxime cuando llegaron a su despacho, donde tenían la entrevista personal.

-En séptimo. El último –le dijo Harry.

-Mi marido y yo deseábamos cambiar el ambiente sucio e impropio de aquel castillo inglés por algo más refinado, Madame –dijo Ginny, fingiendo una educación que Harry no se creía en ella-. Aunque sólo nos queden unos meses de estudio, hemos pensado que sería mucho más genuino realizarlos en un ambiente más propicio.

-Oui, c'est vrai –dijo ella, asintiendo-. Claro, claro. Ahoga bien, vosogtros comprenderéis que en Bixbautons la educacíone empieza un agño antes que en Hoguiwats, nosotros, a digferencia de ugstedéis estudiamos ogcho añós, por lo que tengdrán que seguig cursando el próximo agño.

-Vaya, qué lástima –dijo Harry-. Bueno, le agradecemos por su tiempo, Madame Maxime, que tenga muy buenas…

-No importa –dijo Ginny, tirando del brazo de Harry, que había querido levantarse, para colocarlo de nuevo en su asiento-. Estudiaremos un año más, no hay problema.

Harry la miró de reojo. No quería iniciar una discusión otra vez, así que se cayó la boca. Pero la verdad es que no le hacía ninguna gracia tener que estudiar un año extra cuando, en Hogwarts, sólo le quedaban unos meses para terminar sus estudios para siempre.

-Pegfecto –Madame Maxime esbozó una sonrisa-. Nuegstro plan de estudios es también mugcho más complicado que el de Hoguiwats, tengdrán que conseguir un tutor pagticular y también un tgraductor, porque las clases son todas en fgrancés; ¿están digspuestos a todo egsto?

-Sí –dijo Ginny, tajante.

-Comengzarán la semaigná próxima.

Pasaron los meses. Tal como lo había dicho Madame Máxime, las clases de Beauxbatons eran mucho más complicadas. No sólo tendrían que estudiar un año más: como allí impartían varias materias que en Hogwarts no existían, durante el resto de ese año tendrían que ponerse al día con los siete años que no habían tenido de materias tales como "Animagia", "Técnicas de Comunicación" e "Historia de la Magia Francesa".

-Genial –decía Harry para sí mismo un día, mientras estudiaba Historia de la Magia Francesa. Ginny se había ido al campo de Quidditch a practicar (la habían hecho miembro del equipo, pero a él no) y lo había dejado solo en su habitación. Lo bueno es que allí eran bastante más modernos que en Hogwarts y permitían habitaciones mixtas, así que Harry dormía con Ginny, Gabrielle Delacour (de la que se habían hecho amigos, aunque no le entendían nada) y un niño extraño amigo de Gabrielle que nunca hablaba. Pero la soledad era aplastante: No podía hablar con nadie porque no les entendía el idioma, así que se limitaba a ir a sus clases (que además, al ser especiales, no compartían con casi nadie más, a excepción de unos asiáticos que también eran nuevos) y el resto del tiempo estudiaba en la habitación.

Quizás lo peor era que Ginny, que él había supuesto que había ideado aquel cambio de escuela para pasar más tiempo con él y eliminar del mapa a la gente que la ponía celosa, de pronto no estaba nunca con él. Se la pasaba en otros lados, él ni siquiera sabía donde a veces; ella decía que entrenaba para el Quidditch, pero no podía ser que los entrenamientos duraran tanto. Cuando por fin tenían un momento a solas, Gabrielle o el niño raro estaban en el cuarto así que se limitaban a estudiar o hablar, ya ni tenían sexo.

Y la situación fue empeorando. En Navidad, Ginny no quiso que volvieran a Inglaterra para pasar allí las fiestas, y cuando Harry quiso sugerirlo por segunda vez se enojó más de lo que se había enojado nunca y él tardó horas y horas en hacer que se le pasara el enojo, para lo que tuvo que jurarle mil veces que sólo había sido una idea y que él en realidad no quería volver allí y no tenía ganas de ver a nadie de Inglaterra, aunque esto era mentira. Ginny le había lanzado su celular a la basura y el correo de lechuzas por alguna razón no funcionaba, así que estaba incomunicado. Había intentado mandarle una carta a Ron un día, un día en particular en el que estaba especialmente deprimido y se sentía culpable por haberse peleado con su amigo; pero la carta no debía haber llegado a su destinatario, porque las semanas pasaron y nunca hubo respuesta, ni tampoco la lechuza volvió con él.

Al final, Harry llegó a la horrible conclusión de que nadie lo extrañaba. Seguramente era por eso que Ginny lo había sacado de allí, porque se había dado cuenta de que lo que le había dicho Malfoy era verdad: todos lo odiaban, hablaban de él a sus espaldas y murmuraban cosas. Kingsley era el único que parecía tener cariño hacia Harry (aunque él tampoco le había escrito), pero el resto de la gente simplemente debía despreciarlo.

¿Qué pasaba? ¿Realmente se había equivocado tanto? Todo estaba mal, muy mal. Mucho peor que esas semanas frustrantes en Hogwarts en las que era profesor y no tenía tiempo libre. Aquello había sido un campo de juegos comparado con esto.

Llegó enero, la nieve y el frío lo invadieron hasta los huesos. El palacio se camuflaba con la nieve, siendo tan blanco; los alumnos con sus túnicas azules hablaban en fluido francés y lo miraban raro cuando él pasaba a su lado; se encerraba todo el día en su habitación, trataba de leer los libros de sus asignaturas, las versiones en inglés que habían conseguido, porque los estaban presionando más que nunca en la vida con los estudios, pero su mente se alejaba de las palabras y las letras, salía volando por la ventana de cristal hacia los siniestros jardines nevados, y el fantasma del horror que lo invadía se apoderaba de su alma y no lo dejaba respirar.

-Estoy atrapado –decía, mirando a su alrededor-. ¿Dónde está Ginny?

Pero Ginny no estaba. Su mujer lo había abandonado otra vez. La verdad es que ya no confiaba en ella para nada, pero le daba miedo provocarla. Sus rabietas eran constantes y terroríficas, y no había escapatoria de ellas. Cada vez que la veía venir se esforzaba en actuar, en parecer alegre. Sabía que aquel enojo era como una bomba de tiempo, algo que podía estallar ante el más mínimo roce, hipersensible. Se escondió en su mente y confió en que ella lo protegiera, porque sabía que nadie más lo haría. Allí, apartado de todo…

Una noche de fines de enero se despertó sobresaltado, luego de una pesadilla. La habitación estaba más oscura que lo usual. Ginny estaba a su lado, pero dormía de espaldas a él. No habían tenido sexo en meses, y apenas se hablaban. Pensó en escapar, en volver a Inglaterra. Luego desechó la idea, porque ahora estaba convencido de que nadie lo quería, y por eso no se habían comunicado con él, no había nadie en Inglaterra que pensara en él. Estaba totalmente perdido y solo en el mundo.

Bajó de la cama y salió del cuarto en puntitas de pie. Afuera, en el pasillo, hacía un frío atroz. Caminó descalzo hasta llegar a una ventana que tenía un alfeizar enorme, en el que se sentaba a veces por las noches. Esa ventana era gigantesca y ofrecía una vista magnífica de los alrededores. Pero esa noche no se veía mucho, porque había tormenta de nieve y todo era oscuro y confuso. Harry se sentó, se envolvió las piernas con los brazos, hundió la cara en ellos, invocó una vez más el hermoso rostro de Hermione y empezó a llorar.


10. Momentos 3

Momento I (Febrero)

Neville Longbottom iba caminando por las calles de Francia, con una estúpida sonrisa gigante en la cara y un puñado de libros de botánica bajo el brazo. Hacía meses que estudiaba botánica en la universidad para magos de Francia y le estaba yendo muy bien; iba caminando mientras dejaba las huellas de sus botas nuevas sobre la gigantesca capa de nieve. No sólo estudiaba allí, sino que trabajaba como asistente particular de alumnos de Beauxbatons. Les enseñaba botánica básica, del tipo que había estudiado él en Hogwarts. La materia no era distinta en Beauxbatons y había hecho buen dinero, de modo que podía permitirse unas botas nuevas para la nieve. Le gustaba enseñar, quizás en el futuro pudiera dedicarse a eso.

Dobló una esquina y se quedó contemplando la torre Eiffel, que se vislumbraba en la lejanía. Soltó un suspiro. El clima francés le fascinaba, había aprendido el idioma muy rápido y la vida no dejaba de sonreírle. Se detuvo en un banco, se sentó, sacó una hoja de pergamino y se puso a escribir cartas. Se sentía de humor para escribir ese día, así que redactó una larga carta para su abuela, y luego se detuvo, pensativo. Hacía mucho que no sabía nada de Harry, quizás sería momento de escribirle a él también. Tomó un pergamino en blanco y comenzó a redactar:

"Querido Harry:

¿Cómo estás? Hace tanto que no sé de ti, y pensé en escribirte. Yo estoy en Francia, como te conté hace unos meses, estudiando botánica. Todo marcha muy bien, la universidad queda aquí en París. También le enseño a algunos alumnos de Beauxbatons; si bien la escuela de magia francesa queda al sur del país (no le digas a nadie que te dije esto, porque se supone que es secreto) la mayoría de los alumnos, lógicamente, vive en París, por ser la ciudad capital, y cuando vuelven con sus familias en vacaciones voy a sus casas a ayudarlos. Me ha ido muy bien con las vacaciones de Navidad y año nuevo. Pero ya basta de mí, quiero saber cómo estás tú, viejo amigo; de seguro tu vida no podría estar yendo mejor, ¿verdad? Lo último que supe fue de tu boda con Ron y Hermione, seguro andan juntos por ahí pasándolo genial, espero que estén divirtiéndose mucho; y no se preocupen por tener que cursar un año más en Hogwarts, antes de que se den cuenta estarán libres y se sentirán plenos como yo."

Se detuvo un momento. Quizás no era bueno andar tratando a su amigo de "inferior" por no haber terminado sus estudios secundarios aún… A la mierda, la mandaría así. Añadió su firma y puso el pergamino en el pico de su lechuza.

Momento II (Febrero)

-¿Crees que esté bien? –preguntó Hermione por milésima vez. Estaba recostada sobre las piernas de Ron en la Sala Común. El fuego crepitaba tras ellos y los alumnos rezagados terminaban de desocupar sus mesas o butacas y subían a sus habitaciones. Era muy tarde en la noche.

-Espero que sí, Hermione –dijo Ron, acariciándole el cabello-. La verdad es que me desconcierta tanto todo esto… No dejo de pensar en la pelea que tuvimos antes de que desapareciera.

-Ya no te quejes de eso –lo reprendió ella-. Lo peor es que se fue odiándome, despreciándome por lo de Malfoy… Pero no, eso no es lo peor. Lo peor es que se haya ido con Ginny, esa maldita…

Le lanzó una rápida mirada a su esposo para comprobar que no pusiera cara de enojo. A Ron todavía le costaba admitir que su hermana fuera una potencial bruja tenebrosa, y ella sabía que, por más que no hubiera mostrado dudas, por dentro no se terminaba de creer lo que le había contado Hermione. Ron reparó en lo que debía estar pensando Hermione y decidió hablar:

-Es que es muy raro, ¿mi propia hermana queriendo hacerse Horcruxes? ¿Por qué haría eso?

-No lo sé, Ron, sólo es lo que vi –Hermione suspiró-. Me enferma todo esto. Ya han pasado meses y aún ni siquiera fui capaz de advertirle a Harry. ¿Kingsley te ha dicho algo?

-No –dijo Ron-. Sigue sin hacernos caso. Dice que Harry es mayor y puede hacer lo que quiera, y que lo más probable es que aún siga de luna de miel, así que no iniciará ninguna investigación.

-¿Cómo puede negarse a hacer una investigación? –dijo Hermione, indignada-. ¡Es una persona desaparecida! ¡Lleva meses desaparecido!

-Insiste en que no estaba en el país cuando desapareció –explicó Ron-. Y que por ende es al ministro de España a quien deberíamos interrogar. Allí es donde fueron de luna de miel. Si me lo preguntas, yo creo que le encantaba hacerle regalos a Harry, pero en el fondo siempre le ha importado una mierda.

-Y yo ya hablé con el Ministerio de la Magia de España, y no saben nada –replicó ella-. Dicen que si se lo ve en algún lugar conocido o se registra en algún hotel nos avisarán y quitarán el aviso de desaparición, pero aún no se sabe nada de él…

-Lo sé, lo sé…

-¿Y qué me dices de las miles de cartas que le mandamos? –Hermione se detuvo a pensar un segundo-. ¿Crees que… que no haya querido contestarnos?

-No –dijo Ron, seguro de sí mismo-. Te lo dije, si Harry hubiera recibido nuestras cartas, y leído lo que pusimos, con la enorme cantidad de disculpas, de llamados de desesperación, de súplicas, no podría haberse quedado campante sin responder nada. Al menos nos hubiera enviado un "estoy bien, adiós". Pero si no ha respondido nada, o es que nunca le han llegado, o que sus respuestas no nos llegan a nosotros… Hermione, ¿y si le enviamos un patronus?

-Ya te lo dije, Ron –suspiró ella-. He leído sobre el tema, y no pueden enviarse en distancias tan largas…

-¿Y si no estuviera lejos? Siempre suponemos que anda en otro país, porque desapareció cuando estaba en el extranjero, ¿pero y si ha regresado y no puede comunicarse por alguna razón?

-Ya he enviado patronus por ese mismo motivo –dijo Hermione-. Por si está en algún lugar dentro del país. Los envié en todas direcciones, porque se supone que lo lances en dirección a donde crees que está la persona; pero da igual, de todas formas nunca recibo respuesta.

Se quedaron en silencio unos instantes, hasta que ella bostezó de sueño.

-Vamos a la cama, amor –le dijo, mirándolo a los ojos. Ahora ambos dormían en la cama de Ron, en su cuarto. La cama de Harry permanecía vacía y cada mañana la miraban y sentían algo extraño en el estómago.

-¡Lo tengo! –dijo Ron entonces. Su grito fue tan estridente que Hermione se apartó de sus piernas asustada.

-¿Qué te ocurre? –le dijo-. ¡Me hiciste pegar un susto!

-¡Ya sé lo que ha pasado! –Ron estaba de pie y había palidecido bastante-. ¡Alguien le ha lanzado un maleficio Imperius a Ginny!

Hermione se acercó a él y lo miró con expresión triste.

-Sé que piensas eso porque es lo que te hicieron a ti el año pasado…

-Tiene que ser eso, Hermione –dijo él-. Quizás algún mortífago, alguien que odiaba a Harry y quería usarla a ella para destruirlo… -se estrujó los sesos unos instantes, pensando-. ¡Malfoy!

-Amor, basta –dijo Hermione, acariciándole el cabello-. Es cierto, es posible que si… Yo tampoco quiero creer que Ginny… -se interrumpió, porque no quería herirlo, y tampoco quería decirle lo que pensaba. Porque lo que pensaba era que él, Ron, siempre había sido el de las teorías erróneas: que Dumbledore seguía vivo, etc. Estaba claro que aquella ocurrencia no iba a resultar cierta al final de todo, porque (y era feo pensarlo, pero era cierto) era Ron quien la había conjeturado. –Vamos a dormir.

Momento III (Diciembre)

-¿Estás bien, Ojoloco?

-Mierda, hijo de puta, si vuelves a llamarme Ojoloco…

-De acuerdo, lo siento, Alastor. ¿Estás bien?

-¡Sí, maldita sea! ¡Sí!

-Es el de siempre –dijo el doctor a las visitas, que estaban de pie expectantes en aquella sala de San Mungo. Varios magos, entre ellos Arthur, habían acudido ante el aviso de que Ojoloco por fin había despertado.

-Entonces, ¿era eso, doctor? –preguntó Lupin-. ¿Le habían hecho un maleficio desmemorizador que salió mal, y por eso actuaba tan…?

-¿Tan como loco? –dijo el sanador, con una sonrisa-. Exactamente. Han sido unas semanas difíciles, su cerebro había sufrido mucho daño, pero pudimos revertir el hechizo y devolverlo a la normalidad.

-Genial, estuve chiflado, ¿cuánto tiempo? –preguntó Ojoloco, molesto.

-Unos… unos meses –Arthur miró nervioso al sanador.

-¡¿MESES?! –bramó Ojoloco, fuera de sí-. ¿Y por qué mierda nadie hizo nada…?

-¡No lo sabíamos! –dijo Lupin, acudiendo en defensa de Arthur-. Si no fuera por Hermione, que nos lo dijo todo…

-¿Hermione? ¿Estás hablando de la chica Granger?

-Sí, ella lo descubrió –dijo Lupin-. Nosotros creíamos que… eh…

Ojoloco apretó los puños mientras los fulminaba con la mirada.

-Bueno, eh, creímos que se te habían zafado los cables. Ya sabes…

-No te preocupes, todo está bien, Alastor –dijo Arthur, tratando de cambiar el tema-. Hemos arreglado todo para que vuelvas al ministerio, si quieres, seguirás siendo el jefe de la oficina de Aurors.

-Genial, lo único que faltaba era que me dijeran que seré celador en Hogwarts –bromeó él, sonriendo, pero se le borró la sonrisa cuando los demás se miraron entre sí nerviosos.

-¿Qué es lo último que recuerdas, Alastor? –preguntó el sanador-. Tenemos que asegurarnos de que tu cerebro funcione correctamente.

-Sólo recuerdo que estaba en mi trabajo –dijo él, pensativo-. Estaba muy ocupado con el maldito caso de los culos de los calderos robados. Luego el imbécil de Perkins me dijo que necesitaba retirarse temprano. Le dije que no, ya me tenía los huevos por el piso. Entonces apareció la niña pelirroja, esa hija tuya, Arthur. Luego todo lo que recuerdo es… -se detuvo en seco, porque lo siguiente que recordaba eran escenas semiconscientes de estar cantando canciones de amor extrañas a viva voz. Esperaba que eso sólo hubiera sido un sueño…

-¿Ginny? –dijo Arthur, confundido-. ¿Estás seguro que era ella, Alastor? Qué extraño, no recuerdo que Ginny hubiera ido al ministerio.

-Vino a hablar conmigo –dijo él bruscamente, recordando todo lentamente-. Sí, ya recuerdo. Quería saber qué eran los… los… -hizo un esfuerzo enorme, porque no podía recordar aquello-. Vaya no recuerdo. Seguro era alguna estupidez. Quizás quería saber qué eran los nuevos extintores mágicos repelentes de bowtruckles. En fin, da lo mismo. Lo importante es que ya estoy bien.

Arthur se quedó cabizbajo, mirando al suelo.

-¿Y qué le pasa a este? –dijo Ojoloco insensiblemente.

-Ginny ha desaparecido –dijo Lupin, tomando un brazo de Arthur como consolación-. Ya te hemos dicho que te quedes tranquilo, Arthur, de seguro está con Harry dando vueltas por el mundo. Sabes lo que es ser joven y despreocupado…

-¿No podía mandarnos al menos una lechuza? –dijo Arthur-. Hay veces que no sé si sentirme mal por no saber dónde está o furioso porque esté por allí de fiesta sin preocuparse en avisarnos nada…

-El hombrelobo tiene razón –opinó Ojoloco-. Lo único que les importa a los pendejos es la joda, la fiesta y el porno. ¿Alguien tiene una cerveza?

Momento IV (31 de julio de hace 18 años)

-¡PUJA, LILY! –gritó James-. ¡PUJA CON FUERZA!

-¡AHHHHGGGGGGGGGGG! –gritó Lily-. ¡ESTOY PUJAAAAAANNNDOOOO!

-¡BUAA, BUAA! –se escuchó el llanto del bebé.

-¡Aquí está! –exclamó James, fascinado-. ¡Es un niño, Lily! ¡Lo llamaremos Harry!

-Genial, ahora pásame unos cigarros –dijo ella, agotada.

(Nota de autor: Jaja, este "momento" es sólo una broma. Sigan leyendo)

Momento V (Febrero)

Harry casi cae de su cama cuando vio a la lechuza. No lo podía creer. Seguro no era para él, seguro era para Gabrielle, o el niño raro, pero no dejaba de mirarlo mientras picoteaba la ventana…

Se incorporó de un salto y abrió la ventana. Por alguna razón que no podía explicar, primero miró sobre su hombro para cerciorarse de que Ginny no hubiese vuelto. Cuando la lechuza entró, fue directo hacia él. Harry le quitó la carta y leyó la carta. Era de Neville.

La leyó a toda velocidad y luego se quedó allí sentado, muy pensativo. Sobre el escritorio todavía tenía abierto el libro de texto que tenía que estudiarse para el día siguiente, pero ahora las revueltas de duendes francesas del siglo XVII no podían importarle menos. Era muy extraño que hubiera recibido una carta de Neville, pero la razón de que fuera extraño era que Neville estaba en Francia, se había olvidado de ese detalle. Es decir, él sabía que Neville había ido a estudiar allí, pero lo había olvidado. Y Neville, al parecer, no tenía ni idea de que él se había casado con Ginny, lo que quería decir que no había hablado con nadie más en Inglaterra. Eso era demasiado extraño. Era como si hubiese una incomunicación entre ambos países, Inglaterra y Francia, o que todo el mundo no sólo odiara a Harry, sino también a Neville…

Empezó a responderle a toda velocidad. No sabía por qué, pero miraba la puerta a cada instante, como con temor a que su mujer apareciera de pronto allí. Terminó la carta a toda velocidad y la mandó con la misma lechuza, que se había quedado allí, disfrutando del caldeado interior de la habitación. Cuando Harry le abrió la ventana, no pareció muy contenta de volver a la nieve y el frío, pero adoptó una expresión valiente y se lanzó a volar.

Momento VI (Febrero)

-Vaya, esta respuesta ha llegado rápido –dijo Neville, cuando la lechuza volvió a él. Ahora estaba en su habitación en la universidad. Su cuarto estaba lleno de plantas por donde se lo mirara, y sus compañeros de habitación eran tres extraños nerds fanáticos de "Magic Star Wars" (una película para magos de mediados de siglo) que sabían todo sobre todas las plantas mágicas del mundo. Abrió la carta y la leyó:

"Querido Neville:

Hola, ¿cómo estás? Me ha resultado extraña una cosa… Perdona si te escribo rápido. ¿Habrá algún problema con el correo entre Francia e Inglaterra? Estoy aquí en Francia y no he recibido cartas de nadie más, por lo que pensaba que se habrían olvidado de mí… Pero recibir tu carta me hizo pensar. Disculpa, ni te he contado lo ocurrido: Me casé con Ginny. Bueno, debo irme, espero tu respuesta.

Harry"

Neville respondió, la lechuza (luego de comer algo y beber agua) volvió a salir a la fría noche, voló atravesando casas y tejados, se alzó en el cielo nocturno y estuvo horas y horas sobrevolando Francia; salió de París y continuó su viaje hacia el sur. Cuando estaba amaneciendo descendió en picada: el palacio de Beauxbatons se alzaba hermoso bajo ella, blanco como la nieve. Cuando llegó a la ventana de su destinatario, se posó en alfeizar y empezó a picotear el vidrio. Pero el muchacho de cabello negro azabache y la cicatriz en la frente no era quien estaba allí dentro, como la anterior vez. En su lugar había sólo una chica de cabello pelirrojo. Al verla allí de pie, la chica abrió los ojos de manera muy exagerada, como si acabara de recibir la sorpresa de su vida. La lechuza no quiso entrar. Su destinatario no estaba allí y la chica no le inspiraba confianza.

-¡Vamos, entra! –gritó Ginny, que había abierto la ventana y miraba a la lechuza hecha una furia-. ¡Dame esa carta!

La lechuza abrió las alas y se alejó de allí, se alejó de aquella chica que le daba miedo. Buscaría al muchacho en otro lado, o se quedaría esperando a que lo viera en el cuarto. No le entregaría la carta a otro destinatario. Pero entonces…

-¡Avada Kedabra! –gritó Ginny. Un rayo de luz verde golpeó a la lechuza y ésta empezó a caer en un círculo hacia los terrenos del palacio. -¡Accio carta! –gritó Ginny, y la carta salió despedida de las patitas de la lechuza, ahora sin vida, hasta llegar a sus manos. Ginny rompió el sobre hecha una furia y empezó a leer:

"Querido Harry:

¿Qué haces aquí en Francia? No sé nada de los demás, hace tiempo que no hablo con nadie más que mi abuela, y ella sólo me cuenta sobre la evolución de su enfermedad crónica, como es lógico, así que no me he enterado de nada. Además me he adaptado muy bien aquí en la universidad y casi no tengo tiempo de nada. Pero mañana le escribiré a Seamus y Dean. Estoy seguro de que no hay ningún problema con el correo entre los países. Pero deberías cuidarte de mandar lechuzas viejitas, Harry, es un viaje largo hasta Inglaterra. De cualquier forma, no creo que nadie te guarde rencor ni nada así, ¿por qué dices eso? Si no te escriben quizás sea porque están ocupados, como yo. En todo caso, espero recibir más noticias tuyas, me interesa saber qué haces aquí, quizás podríamos encontrarnos un día, ¿qué dices? ¿No es hermosa Francia? Bueno, y claro que también me interesa saber de lo tuyo con Ginny. Entre nos, me gustaba más la pareja que hacías con Ron y Hermione, pero es tu decisión, claro. ¡Saludos!

Neville

Pd.: No envíes de vuelta a esta lechuza, ya ha viajado mucho."

Ginny rompió la carta en mil pedazos y la apuntó con su varita, haciéndola arder en llamas hasta desaparecer. ¿Cómo había pasado eso? ¿Cómo había permitido que Harry se comunicara con el mundo exterior? Qué gran descuido, qué descuido… Claro, lo entendía perfectamente: Ella había aplicado correctamente aquel conjuro que encontró en el libro de magia negra, el conjuro que impedía que las cartas extranjeras llegaran a su destinatario. Si lo había hecho correctamente, cualquier carta que alguien le mandara a Harry y que proviniera de Inglaterra o cualquier país extranjero se quemaría en el aire junto con su lechuza al pasar la frontera internacional, lo mismo que las cartas que él enviara al exterior… Pero no había tenido en cuenta que alguien podía escribirle a Harry desde la misma Francia.

Eso era todo un problema. Tenía que mejorar la protección. A partir de ahora quizás fuera mejor que ella misma estuviera al pendiente e interceptara a las posibles lechuzas personalmente, o quizás lo más prudente era viajar a otro país, Francia estaba tan cerca, había sido tan descuidada…

No. Harry ya sospechaba algo y se lo veía decaído y triste. No era prudente sugerir cambios, las cosas debían seguir como iban. Neville, el asqueroso Neville… Sí, eso es. Esa era la respuesta. Ya sabía lo que tenía que hacer.

Momento VII (Agosto – Mundial de Quidditch)

(El siguiente párrafo fue extraído intacto del Capítulo 2 de este Fic, para referencias pueden dirigirse allí, es exactamente el último párrafo del capítulo)

-Oh, Harry -exclamó Ginny para sí misma. Estaba escondida detrás de un árbol, viendo a Harry avanzar entre la multitud. Lo había seguido todo el camino, pero él no se había dado cuenta de nada. -Cómo desearía haber dejado de sentir lo que siento por ti... Como me gustaría que se me pasara. -Hablaba sola, jugando con un mechón de su cabello. Cuando lo perdió de vista, se movió entre árboles, carpas y gente y volvió a encontrarlo, enganchando su balde al pozo y sacando agua de él. -Tarde o temprano serás mío, Harry -exclamó-. Cueste lo que cueste, voy a tenerte. No me daré por vencida. Tú debiste haber terminado a mi lado, debiste haberte quedado conmigo... Pero pronto... Muy pronto, ya lo verás.

-¿Dónde estabas? –preguntó una voz. Ginny se dio vuelta y lo vio acercarse. Draco caminaba a pasos largos y parecía fastidiado otra vez. –Te busqué por todos lados, Ginny…

-Lo siento –masculló ella a toda velocidad.

-¿Lo perseguías de nuevo? –preguntó Draco.

-Sí…

Draco se acercó a ella, la tomó con fuerza de un brazo y le dio un beso seco y frío en los labios. Se besaron un rato y luego se quedaron mirándose, con muecas extrañas en el rostro, ensombrecidos por las luces de los magos que se movían de carpa en carpa, disfrutando del Mundial y de la fiesta, de la noche.

-Todo saldrá según lo planeado –dijo Ginny.

-Lo sé –dijo él-. No te preocupes, no será difícil meterme en la cama con Hermione… Estoy seguro de que mi poción funciona a la perfección. ¿Le has dado las dosis adecuadas, como te dije?

-Claro –dijo Ginny-. ¿Me tomas por tonta? Le he colocado en los labios la dosis justa mientras dormía, durante todo el tiempo que estuvo en La Madriguera. Desde que volvieron de su luna de miel, todas las noches que estuvieron en casa lo he hecho. Hermione debería estar tan cachonda con un conejo. Si la acortejas un poco, no podrá resistirse.

-Perfecto –dijo Draco, sonriendo-. Debe estar muy hambrienta de sexo, con esa poción. ¿Has logrado convencerla de dormir juntas en el mismo cuarto, cuando regresen a Hogwarts?

-Sí –dijo Ginny-. Dormiremos en el mismo cuarto.

-Entonces podrás seguir dándole la poción allí –dijo él, pensativo-. Yo me acostaré con ella, ya sea que lo logre ahora mismo o más adelante, y cuando sea que lo haga esos tres dejarán de estar juntos. Tú debes intentar que nos atrapen con las manos en la masa, eso será lo ideal.

-Lo intentaré –dijo Ginny.

Momento VIII (Agosto – Mundial de Quidditch)

-¿Por qué carajo no buscan la Snitch? –preguntó Harry-. Vámonos a la mierda.

Ginny se incorporó en su asiento, al ver a Harry y Ron de pie. Enseguida ojeó su teléfono celular.

-Larguémonos -dijo Ron-. Hasta luego, Fred. Nos vemos, George. ¿Tú te quedas, mamá?

-Por supuesto –dijo la señora Weasley, toda despatarrada en su asiento, con las piernas bien abiertas y rascándose el enorme estómago-. Acompañaré a Arthur.

-De acuerdo, nos vemos.

Ginny leyó el mensaje que Draco le había mandado momentos atrás: "Yendo de Hermione. Deséame suerte".

¿Lo lograría? ¿Sería tan perfecto? ¿Podría ser que justo Draco lograra acostarse con Hermione y en ese preciso momento entraran los otros dos?

Momento IX (extractos del capítulo 4 – expreso de Hogwarts)

-Tengo un problema –dijo Hermione, acercándose a Ginny y bajando el tono de voz-. No puedo detenerme, Ginny. Tengo muchas ganas de tener sexo, todo el tiempo. Te lo digo porque confío en ti. Pero tengo miedo, estas dos semanas desde que no lo he hecho no he dejado de pensar en eso. Me he… -tomó aire-. Me he masturbado continuamente, todos los días, y no dejo de pensar en eso.

-Es normal –le dijo ella-. Acabas de pelearte con tus dos maridos. Dos, Hermione. Estabas acostumbrada a que dos machos se te lanzaran encima cada vez que tenían ganas…

-No lo digas así.

-Acéptalo, así era –dijo Ginny, cruzó las piernas y la miró intensamente-. Claro que detenerse, después de eso, supone que te pase esto. Es perfectamente normal.

-Creo que tienes razón –Hermione se tranquilizó un poco-. Temo perder el control y no sé… Dejarme llevar con alguien más. Como pasó con Draco.

-¿Y cuál es el problema?

-¿Estás bromeando? Ginny, yo no quiero seguir traicionando a Harry y Ron, quiero que regresemos. Pensé que dijiste que para ti volveríamos.

-Ah sí, claro, por supuesto –se apresuró a decir Ginny-. No lo dudes, no hay nada que yo desee más en el mundo que eso, Herms. Pero escucha, si mientras tanto quieres divertirte con alguien más, ¿cuál es el problema? ¿Crees que ellos no lo harán?

-¿Qué dic…? Yo… No… -Hermione tartamudeó y la miró tristemente-. ¿De verdad lo crees, Ginny? ¿Crees que empezarán a acostarse con otras?

-Quisiera no creerlo, Herms –Ginny fingió que se lamentaba y puso una expresión triste-. Pero enfrentémoslo, ya los conoces. Harry no ha sido exactamente un santo antes de que estuvieran juntos, y tampoco Ron. Ambos se han acostado con todo el mundo la última vez que estuvieron en este colegio.

-Sí, pero pasó más de un año y… -Hermione tragó saliva, se dejó caer contra el respaldo, abatida, y volvió a mirar por la ventana-. Qué horror. De todas formas no pienso hacerlo yo, supongo que ellos pueden si quieren, porque yo lo hice. Pero yo ya he hecho suficiente daño.

Momento XI (Pelea con Malfoy –primeras semanas de clase)

-Te crees tanto –dijo Draco-. Que no ves una mierda de lo que pasa a tu alrededor. Debes pensar que todos te aman, pero la verdad es que todos se burlan de ti a tus espaldas. La gente no deja de comentar lo patético que eres, lo inútil e inservible que resultarás como profesor. Tampoco te diste cuenta que me cogía a tu mujer, desde luego. Seguro incluso ahora no sabes desde cuándo ha pasado…

-¿A qué te refieres? –Harry sentía que le hervía la sangre.

-Me la he estado cogiendo desde que regresé, desde el principio, desde antes del Mundial. Desde que volvieron de su puta luna de miel. Y no hablo de la luna de miel de cuando volvieron a casarse con Weasley. Hablo de la primera. La muy puta no acababa de terminar de casarse con ustedes dos que ya se revolcaba conmigo…

-¡CÁLLATE! –gritó Harry, fuera de sí-. ¡CÁLLATE, IMBÉCIL! ¡CIERRA LA PUTA BOCA! ¡EXPELLIARMUS!

-¡CRUCIO!

Se atacaron con furia, corriendo a un lado y al otro, apuntando y atacando despiadadamente. De pronto Ojoloco, que había estado ocultándose de los rayos de luz y protegiéndose con encantamientos escudo, lanzó una bola de agua gigantesca desde la punta de su varita, ésta empezó a girar en el aire por el pasillo sobre sus cabezas, llegó al otro extremo, cobró velocidad y arremetió contra ellos con tanta fuerza que los lanzó al suelo y los hizo caer y resbalar por todo el pasillo y bajo las escaleras, mientras el agua los golpeaba como una ola gigantesca en el mar, revolcándolos por doquier.

Harry se agarró de la baranda de las escaleras y se estabilizó, hasta que logró ponerse de pie. Vio a Draco cayendo hasta llegar al piso inferior, levantarse y salir corriendo lejos de allí.

Draco corrió por los pasillos hasta que se chocó con Ginny.

-¿Qué pasó? –le dijo ella.

-Vamos, te lo cuento en la Sala Multipropósito –dijo él. Fueron hasta la sala, entraron y se dejaron caer en una cama.

-¿Vas a decirme que…?

-Fui a buscarlo, tal como dijiste –dijo Draco-. La distracción funcionó.

-Te lo dije –Ginny sonrió-. Sabía que si le decía a Luna que Harry andaba tras ella entonces ella lo llamaría para invitarlo a su Sala Común. La estúpida está loca por él. Aunque esa está loca por todos, también le gusta Ron, y por lo que me dijo, hasta Neville. Pero ignórame. ¿Qué ha pasado?

-Peleamos –dijo Draco-. Le dije que estaba patrullando y creo que se lo creyó, ha dicho que puede castigarme por ser profesor, ¿es cierto eso?

-Puede ser –dijo ella-. ¿Qué importa? Si te castiga jódete.

-Gracias –dijo él, sarcásticamente-. Peleamos y le dije que Hermione y yo lo habíamos hecho muchas veces ya, incluso antes de aquella vez en el Mundial.

-¿Y se lo creyó?

-Cayó de lleno en la trampa. Te apostaría a que ahora mismo está yendo a pedirle el divorcio definitivo.

-¡Genial! –dijo Ginny, entusiasmada-. Esto es fantástico, Draco. Pronto se habrán cumplido todos nuestros planes.

-Pronto tú tendrás a Harry y yo tendré a Hermione –dijo él, asintiendo con emoción.

-No es sólo eso –dijo Ginny-. Eso es sólo el principio.

-¿A qué te refieres?

-Lo mío no es sólo Harry –dijo Ginny-. Tengo ambiciones mucho más altas, Draco. Mucho más de lo que tú comprendes…

-Has estado leyendo los libros que te di, ¿verdad? –dijo él-. Esos que solían pertenecer al Señor de las Tinieblas y que él dejó en mi casa.

-¿Y qué tiene si leí esos libros?

-¿De verdad eres tú? –dijo él con una sonrisita-. No estás bajo un maleficio Imperius, ¿verdad?

-Soy Ginny Weasley, la auténtica –dijo ella, y sonrió. Draco la miró con ojo crítico.

-Sí, dices la verdad –decidió al fin-. Sé identificar un Imperius con sólo verlo, me enseñaron los mortífagos, y tú estás bien, eres Ginny.

-¿Tan raro se te hace?

-Discúlpame, cuando me planteaste tu plan hace meses yo no podía creer que una sang… es decir, que una Weasley fuera así…

-Te sorprenderías de lo que soy capaz –Ginny empezó a desvestirse mientras hablaba-. Dime qué más quieres. Tú fuiste la pieza clave de mi plan, debes querer alguna recompensa.

-Bueno, aún no logré estar con Hermione otra vez –dijo él-. ¿Le sigues dando la poción?

-Religiosamente –dijo Ginny, ya casi desnuda.

-Entonces quizás puedas ayudarme más. Quiero estar con ella, ¿comprendes? Como antes. Quiero que me quiera. Pero ella sigue pensando en esos dos…

-Cuando me lleve a Harry –dijo Ginny-, te dejaré el camino libre.

-Quedará Ron –dijo Draco.

-Entonces lo mataré.

-¿Matarás a tu propio hermano?

Ginny asintió con la cabeza, sin inmutarse. Ya estaba desnuda.

-No dejas de sorprenderme –Draco estaba fascinado-. ¿Cómo harás para llevarte a Harry?

-Haré que se case conmigo.

-¿Y cómo lograrás eso?

-Una poción para el amor –dijo ella, simplemente-. Ya le estoy dando una con la que logro cogérmelo todas las noches, pero he leído sobre una nueva que hace que la persona no necesariamente se obsesione contigo, pero aún así se sienta propensa a pedirte matrimonio.

-¿Existe eso?

-Es sorprendente la cantidad de cosas que uno encuentra en un libro de magia negra –dijo Ginny.

-¿Y por qué no quieres darle una poción tradicional?

-Porque será muy sospechoso –dijo ella-. Y porque quiero que se enamore de mí de verdad. No quiero que sea una obsesión estúpida provocada por una poción de amor. Con esta poción él me pedirá matrimonio, luego lo llevaré lejos y será todo mío, y entonces se enamorará solito… Luego volveré para ayudarte con Hermione, volveré y mataré a Ron, una noche. Nadie sospechará de mí porque en teoría estaré "lejos" o "desaparecida".

-Eres increíble, Ginny.

Se acercaron el uno al otro y empezaron a besarse y recorrerse los cuerpos con manos y labios, con malignas sonrisas, practicando su juego sexual.

Momento XII (Febrero)

Neville estaba durmiendo en su cuarto universitario. De pronto escuchó un ruido, parecido al de la ventana. No le prestó atención, debía ser el viento.

-¡Muffliato!

¿Había sido eso un susurro real o lo había soñado? Decidió despertarse. Abrió los ojos, y entonces una figura se abalanzó sobre él. No podía ver nada. Sintió que se paralizaba. Le habían lanzado un Petrificus Totalus.

Ginny miró hacia los otros chicos en la habitación. Todos dormían pacíficamente. El Muffliato había salido bien. En su mano izquierda, dentro de su puño, había un anillo dorado: su sortija de matrimonio, la que Harry le había regalado para la boda. Con la mano derecha apuntó su varita hacia Neville. Por fin iba a hacerlo, después de tanto tiempo de planeación. Abrió los labios y pronunció, por primera vez en su vida:

-¡Krakteverus!

Sintió como si una energía extraña y maligna se apoderara de su cuerpo y entrara en su mente. Ella pensó en el anillo que llevaba en su mano, y de pronto éste empezó a arder. El Horcrux se estaba cocinando. Entonces apuntó a Neville con la varita, mientras él la miraba con unos ojos rodeados de un cuerpo que no podía moverse, que estaba inmóvil.

-¡AVADA KEDABRA!

Neville murió en un Petrificus Totalus. Por alguna razón eso se le hacía irónico. Una fuerza poderosa la había hecho tropezar y caer hacia atrás, pero ya se había enderezado. Sentía algo extraño en el pecho, se sentía dividida: Había funcionado. Ahora el anillo era un Horcrux, su primer Horcrux. Miró a los compañeros de Neville, pero seguían dormidos. Decidió llevarse el cuerpo. Lo lanzaría al mar.

Miró el anillo y sonrió, una sonrisa maligna y tenebrosa.


11. La chica del cabello negro

-Vamos, bésame.

Ron abrazó a Hermione pasando un brazo alrededor de su cuerpo y atrayéndola hacia sí. Sus labios empezaron a acercarse lentamente a los de ella. Los rozaron. Luego se pegaron un poco y se despegaron al moverse un milímetro hacia atrás. Luego se unieron, finalmente, cuando ella lo atrajo con su propia y suave mano, y se besaron románticamente. Ella olía hermoso, su cabello semiondulado caía encima de su cara y ambos tenían los ojos cerrados. Estaban acostados en su cama, en la habitación, y ya era tarde en la noche.

-Hermione, eres… -Ron se detuvo mientras buscaba las palabras apropiadas para describir lo que sentía. Hermione lo era todo para él, pero ¿cómo decirlo haciéndole justicia? Quizás: "eres mi mundo", quizás "eres lo mejor que tengo", pero esas frases eran trilladas y sonaban bastante repetitivas, y no expresaban lo que sentía en ese momento. No, quería decir algo mejor, algo que describiera lo que se sentía para él tenerla en sus brazos en ese momento, quería describir esa sensación de hormigueo que lo recorría despacio desde lo bajo de la columna vertebral hasta la cabeza, provocándole un escalofrío. Finalmente dijo: -Eres mi pequeño osito de felpa.

Hermione rió. ¿Por qué había dicho algo tan estúpido? Se maldijo a sí mismo en sus pensamientos, siempre le pasaba lo mismo: sentía mil cosas, mil sensaciones que le invadían el cuerpo, y cuando abría la boca para expresarlas sólo dejaba salir toda clase de estupideces. Muchos creían (y estaba convencido de que Harry era uno de ellos) que era medio lento; pero no era así, en su mente Ron era una persona muy distinta a la que demostraba ser, estaba lleno de sentimientos y emociones, era un adolescente perturbado, con miedos, con rabias y con mucho amor por muchas personas, un amor muy fuerte que lo caldeaba por dentro, desde el corazón, haciéndolo sentir increíblemente vivo todos los días. Hermione era la que se llevaba el premio en aquello. Pero nunca podía expresarlo, cada vez que alguien le hablaba, fuera Hermione o Fred, soltaba una broma, un comentario sarcástico, o toda clase de idioteces. Deseó poder decir algo mejor en ese momento, algo que hiciera que Hermione supiera quién era él realmente.

Se besaron más y más y empezaron a desvestirse. Fred, George y Colin estaban tan acostumbrados a encontrar la señal en la puerta del cuarto que indicaba que no podían pasar (la señal consistía en un colgante luminoso atado al picaporte) que ya adoptaban la costumbre de dormir en los sofás de la sala común. Hermione a veces decía un par de cosas en contra de ello, pero Ron la callaba con un beso y ella se dejaba llevar por él.

Se desvistieron y acariciaron sus cuerpos desnudos. Ron recorrió la piel tan fina y delicada de la chica, le acarició los pechos, bajó la mano por su espalda y le apartó el cabello con cuidado con la otra. Ella se subió lentamente encima suyo mientras respiraba con sus labios acariciando los de él, y luego acariciando su mejilla y continuando el trayecto hasta su oreja. Ron sentía el cálido aliento de Hermione en la cara, y le resultaba irresistible. Ella empezó a besarle una oreja y el río tontamente y apartó un poco la cara. Volvió a sentirse un estúpido, le había dado cosquillas.

Se abrazaron fuerte. Giraron y Hermione quedó abajo y él arriba. Entonces ella le rodeó la cintura con las piernas y él se movió un poco sobre la pelvis de ella, sintiendo como su miembro se endurecía mientras lo frotaba contra ella. La sensación, el calor, la excitación subieron muy de golpe y sus respiraciones se hicieron más intensas. Ahora el calor emanaba a chorros por el cuarto.

Despacio, siempre muy despacio, fue introduciéndolo dentro de ella mientras la abrazaba fuerte y rosaba la piel de su rostro con la punta de su nariz. Movieron sus caras, casi pegadas la una a la otra, como en una sucesión rítmica lenta pero constante en la que sus cabellos se mezclaron (él ya lo llevaba más largo que nunca, casi por debajo de los hombros) y sus labios se tocaron y dejaron de tocarse por momentos.

Estaban como hipnotizados. Todo estaba simétricamente controlado y era perfecto, el silencio, la noche y los roces. De a poco aumentaba el ritmo y la intensidad, casi tan sutilmente como una mecha que se va consumiendo acaecida por el fuego, casi imperceptible hasta que toca la pólvora y hace estallarlo todo.

-¡Oh! –gimió Hermione. Ahora se movían deprisa, él sobre ella, las piernas de la chica cayendo por los costados de la cama y él haciendo fuerza hacia atrás y adelante, penetrándola más y más rápido. Empezaron a besarse con pasión, sus lenguas moviéndose rápido, tocándose entre sí. Hermione rodeó con los labios su lengua y la chupó haciendo succión; a veces le gustaba esa clase de juegos. Ron le mordió despacio el labio superior y lo soltó un segundo después.

Tuvieron que dejar los juegos porque la cama se agitaba y no podían dejar sus cabezas quietas. Ron se movía como un animal salvaje, poseído, y tenía las dos manos coloradas por la fuerza que hacían en aferrar los lados de la cama. Hermione le apretó la espalda, y mientras sus manos se deslizaban por la piel de Ron iban dejando un delgado rastro de sudor.

-Hola, chicos.

La voz sonó prácticamente en los oídos de ellos. Se llevaron un sobresalto tremendo. Ron se incorporó tan enérgicamente que se golpeó la cabeza contra el barandal de la cortina y volvió a caer sobre Hermione. Pero llegó a verla. A la chica del cabello negro. Una chica cuya varita apuntaba directo hacia ellos y estaba rodeada de oscuridad. Le había llegado a ver la sonrisa macabra y el brillo despiadado en sus ojos, pero no había identificado quién era debido a la rapidez con que ocurrió todo y a la inmensa oscuridad que los rodeaba.

Oyó una carcajada. Luego un grito furioso. Entonces, mientras su cerebro trataba de ordenarle a sus músculos que se pusieran en acción, que ignoraran el dolor en su cabeza, llegó a ver los ojos de Hermione abriéndose con horror y la voz que salió de sus labios mientras luchaba para quitarse al semi-inconsciente Ron de encima.

-¿Harry?

Dos horas antes

¿Dónde estaba? ¿Dónde la había metido?

Harry buscó por todos lados. Dio vuelta su baúl sacando ropa, pergaminos, tinteros, pero no la encontraba. Parecía como sencillamente hubiera desaparecido.

-¿Buscabas esto? –pronunció una voz.

Se dio vuelta. Ginny estaba de pie en el umbral de la puerta de su cuarto de Beauxbatons. No supo por qué, pero un escalofrío le recorrió la espalda cuando la vio. Hacía ya meses que apenas hablaban, ya ni se besaban y la tensión que cubría la habitación cuando ella entraba era palpable. Sí, dormían juntos en la misma cama, pero no se tocaban, y ella siempre llegaba tarde en la noche así que ni siquiera se daban las buenas noches. Sabía que eso era malo en cualquier relación y requería de hablar y de solucionar cosas, o de separarse, pero él no podía iniciar una conversación con ella. Ginny era muy propensa a los enojos y fastidios, y de alguna forma que él aún no entendía, con el tiempo había crecido en él un gran temor hacia ella. No podía explicarlo, era algo horrible que había ido surgiendo con el tiempo. Le daba miedo hablarle, le daba miedo preguntarle dónde había estado, así que no lo hacía, le daba miedo cuestionarle cuando ella le preguntaba "¿vas a algún lado?" si él trataba de salir del cuarto, así que él sólo negaba con la cabeza y sonreía forzosamente, fingiendo. Realmente, últimamente no abandonaba la habitación más que para ir a sus clases, a las que ella asistía con él, casi siempre de mal humor, echándole miradas furiosas si el miraba a alguien (a quien sea, hombre o mujer) que pasara por allí o si intentaba empezar una conversación con otra persona. Ella le dejó en claro muchas veces que no quería que hablara con nadie. Había argumentado que lo quería "sólo para ella y nadie más", pero al parecer ni siquiera lo quería para ella, porque no le prestaba mucha atención. O quizás sí, pero de la manera más obsesiva y enfermiza imaginable. Sólo era posesiva con él, como si fuera de su propiedad, pero no quería tocarlo, no quería besarlo. Y la verdad es que eso debía ser, en gran medida, porque para ella debía resultar muy palpable el hecho de que él ya no sintiera ni un ápice de cariño hacia ella, debía resultarle muy obvio el asco que Harry le tenía ahora y las ganas que tenía de estar lo más lejos de ella posible. Entonces ella no lo forzaba, dejaba que el ambiente de rechazo y mal humor se extendiera y creciera. Pero jamás lo dejaba ir, y tampoco dejaba que tuvieran la conversación que ambos sabían que debían tener tarde o temprano (o que al menos él creía que ambos lo sabían), en la que finalmente darían por fracasada su relación y la terminarían. Pero Ginny parecía decidida a evitar hablar con él más que para ordenarle cosas o pedirle favores, o para decirle que se quede en el cuarto, y el miedo que él sentía hacia ella, aquel temor que lo abrasaba y lo helaba a la vez era insuperable.

-Te he preguntado si buscabas esto –esta vez el tono de voz de Ginny mostraba claras señales de un enfado emergiendo. Tenía en sus manos la capa para volverse invisible de Harry.

-No… yo he… -Harry tragó saliva, nervioso-. Buscaba mi… eh…

-Buscabas la maldita capa –dijo ella rápidamente, como para contrastar con sus balbuceos-. ¿Para qué la querías?

-Bueno, yo… Quería ir al baño de prefectos, ¿sabes, amor? ¿Recuerdas que… que tú me dijiste dónde era? Pues pensé, ¿por qué no ir a probar contraseñas? De pronto podría entrar, me ha llamado mucho la atención todo lo que me contaste de…

-¿No tienes que estudiar? –dijo ella de mal humor, tajante.

-Ya he terminado todo.

-¿Has hecho nuestros informes de Pociones?

Harry respiró varias veces, tratando de avivar su propio fuego interno. Tenía ganas de estallar, era uno de esos momentos en que estaba a punto de hacerlo, a punto de discutirle, de gritarle. Ella le había ordenado que hiciera los informes de ambos mientras ella se iba a algún lugar que no pensaba decirle dónde era. Este tenía que ser el momento. Ahora tendría que lograrlo. Trató de juntar fuerzas. Tenía que hacerlo, tenía que discutir, que decirle: "¿Y tú a dónde te vas que me dejas haciendo tus propios deberes? ¿Qué te piensas que soy, tu esclavo?" Pero entonces ella cambiaría la cara, pondría una expresión de perrito triste y diría algo como: "Lo siento… yo pensé que éramos un matrimonio, que nos apoyábamos mutuamente…" y entonces él se quedaría sin palabras, y si quería seguirle la corriente y jugar al cariñoso, antes de que se hubiera acercado lo suficiente para intentar besarla ella se habría dado la vuelta y desaparecido fuera del cuarto.

-No, los haré enseguida amor –dijo finalmente, cabizbajo. Ella le dirigió una mueca, se guardó la capa para hacerse invisible en el bolso que llevaba colgando del hombro y salió de la habitación.

Harry no perdió el tiempo. No tenía la capa, pero sí su varita. Se apuntó a sí mismo, cerró los ojos y se echó un encantamiento desilusionador. Le salió perfecto, se veía igual que todo lo que había tras él, era prácticamente invisible. Entonces se guardó la varita y salió del cuarto con todo el sigilo posible.

Había pasado días y noches preguntándose a dónde iba Ginny todo el tiempo. Y finalmente había llegado a una conclusión: Había otro. Eso era lo único que encajaba, había otro hombre. Así que la seguiría, iría tras ella para averiguar quién era y qué hacía con él. No lo haría porque estuviera enamorado de ella o algo así, sino simplemente para tener la excusa que necesitaba. Sólo tenía que encontrarla con las manos en la masa, con otro tipo, y tendría la excusa perfecta para terminar con ella de una vez por todas. Ya no le importaba quedarse solo, no le importaba que nadie más pensara en él; ni siquiera Neville, que nunca le había respondido su carta. No importaba, mejor solo que mal acompañado, y Ginny ya había demostrado ser un demonio manipulador del cual lo mejor era estar lo más lejos posible.

La vio: Ginny se alejaba por el corredor, en la noche. Siguió sus pasos de lejos. No quería que lo oyera. La idea de que lo descubriera yendo tras ella era lo que más miedo le daba en todo el mundo. Sólo pensarlo le helaba la sangra, pero no se detuvo. Siguió con ella hasta que estuvieron fuera del palacio, caminando por los terrenos y hacia el muro que los separaba de los campos del otro lado.

2

Fred abrió los ojos. Se había quedado dormido, pero algo lo había despertado. Toda la Sala Común estaba en profundo silencio y oscuridad. Ron estaba cogiéndose a Hermione así que ellos se habían tenido que quedar a dormir ahí abajo una vez más. ¿Cuánto tiempo habría pasado desde que se durmió? Quizás sólo un minuto, porque recordaba todo tal como ahora, igual de oscuro y silencioso. Habían estado charlando desde los sofás, y Colin se había dormido primero. Luego George se había dormido y él se había quedado mirando el techo y pensando en su siguiente chasco de éxito. Pero ahora el ambiente parecía muy distinto: Todo parecía más siniestro que antes y un frío helado se había colado en la sala común, haciéndole tiritar los huesos. ¿Por dónde había entrado tanto frío?

Entonces lo vio, se dio cuenta de qué era lo que lo había despertado: El retrato de la dama gorda estaba abierto de par en par. Pero no había nadie allí. El hueco que iba al pasillo exterior estaba desierto y no se oían los pasos de nadie. Quizás quienquiera que hubiera entrado o salido era quien lo había despertado.

-Chicos, ¿están despiertos? –susurró, pero no recibió respuesta. Miró sobre su cabeza: El bulto envuelto en sábanas que era George en un sofá estaba inmóvil, y no alcanzaba a ver el sofá de Colin.

Se sentó. Fijó la vista en el orificio del retrato y no pudo apartarla de allí. Por alguna razón le daba miedo, aquella imagen tenebrosa del retrato abierto de par en par y el hueco que daba a un pasillo que no llegaba a verse por la negrura de la noche.

Siguió mirando. Se puso de pie. Empezó a caminar hacia allí mientras el silencio del aire le producía un zumbido débil en los oídos y el frío que entraba por el orificio abierto del retrato lo hacía tiritar. Tropezó con algo y bajó la mirada, asustado: era Colin. El tarado se había caído de su sofá y ahora estaba durmiendo en el suelo, envuelto en sus sábanas y hecho bolita. Pasó por encima de él con cuidado y caminó hasta llegar al orificio.

-¿Dama gorda? –preguntó desde el lado interior, sin cruzarlo. Se veía el lienzo abierto, pero no se llegaba a ver a la dama gorda por el ángulo en que se encontraba. –Dama gorda, ¿por qué deja el retrato abierto?

No obtuvo respuesta. Suspiró y trató de tomar valor, porque temía que hubiera alguien allí, alguien o algo del otro lado, esperándolo…

Tomó valor y cruzó el orificio lentamente, pasando un pie delante del otro mientras aguzaba el oído para identificar cualquier respiración o roce de capa, pero no oyó nada. Cuando hubo cruzado del otro lado se encontró a sí mismo descalzo en el frío pasillo, que era mucho más tenebroso que la sala común. Pero no había nadie allí. Giró y se puso de cara al retrato, para verlo bien.

-¡AHHH! –se ahogó en su propio grito, tropezó y cayó hacia atrás. Su corazón latía a mil por hora y el terror le helaba la sangre: La dama gorda estaba echada en el suelo de su retrato, de lado, degollada y llena de sangre por doquier. Su cabeza se había desprendido del cuerpo. La habían decapitado.

Fred entró corriendo a la sala común mientras encendía su varita gritando "¡Lumos!". Tenía que despertar a todos, tenía que decirles lo que había pasado…

Pero entonces su varita iluminó una figura horrible en el suelo: Colin no estaba dormido, como él había supuesto; viéndolo con luz, y desde aquel ángulo, se le notaba claramente la mirada ausente y el pálido rostro.

Lo habían asesinado.

3

-¡NO!

-¡APÁRTATE!

Ron y Hermione se incorporaban enérgicamente en la cama y trataban de buscar sus varitas, muertos de miedo y desnudos. La chica del cabello negro reía macabramente con una voz extraña, fina y chillona, claramente muy exagerada e irreconocible.

-¡Aquí está! –Ron logró encontrar su varita, la tomó y apuntó hacia donde había visto a la chica minutos antes, pero ya no veía nada allí, ninguna silueta-. ¡Lumos!

El cuarto se iluminó con la varita. Pero no había nadie, ya no había ninguna chica de cabello negro de pie en medio de la habitación, riéndose y apuntándolos con una varita. Y ya no estaba…

-Vi a Harry –dijo Hermione, que abrazaba el bíceps de Ron como si su vida dependiera de ellos y tenía los ojos más abiertos que nunca en una expresión de terror-. Te lo juro, Ron, Harry estaba aquí, aquí mismo, y ya no está.

-¡MIERDA, SAL DE AHÍ! –gritó Ron. Apuntaba a todos lados con la varita, pero no veía a nadie. -¡SABEMOS QUE ESTÁS AQUÍ, SAL DE DONDEQUIERA QUE ESTÉS!

Volvió a escucharse la risotada. Venía de cerca de la ventana. Ron apuntó hacia allí y lanzó un maleficio a toda velocidad. Pero no ocurrió nada. De nuevo el silencio. Debía haberle errado. O quizás le había dado. Sí, quizás le había dado y por eso era el silencio…

La risa vino de vuelta, y ésta vez estaba tan cerca de ellos que ambos gritaron a viva voz y se apartaron del lugar de un salto. La varita de Ron se movió de un lado al otro, mientras él la agitaba aterrado, buscando la fuente de las risas en vano, y la luz blanca que emitía bailaba por entre las camas alumbrando las zonas en penumbra mortal: el cuarto era una boca de lobo en la que sólo se veía el haz de luz que lanzaba Ron.

-¡SAL, MIERDA, SAL DE AHÍ, DA LA CARA! ¡COBARDE! –Ron gritaba "cobarde", pero era de su rostro de donde caían las lágrimas. Nunca había sentido tanto miedo en su vida.

-¡SALGAMOS DE AQUÍ! –chilló Hermione, por fin capaz de pensar-. ¡Larguémonos!

Corrieron hacia la puerta, sin importarles que siguieran desnudos, y estaban a pasos de ella cuando un haz de luz verde cruzó el cuarto a toda velocidad.

Un rato antes

Harry siguió a Ginny, ya estaban afuera de los límites del palacio. Entonces vio que ella sacaba su varita. Iba a desaparecerse, iba a girar en el lugar y él no podría seguirla. Trató de pensar rápido. Encontró la solución justo a tiempo, pero era tan arriesgada y tan mortalmente terrible si llegaba a salir mal que se estaba arrepintiendo de lo que hacía mientras lo hizo: Se acercó a ella rápidamente, oculto por su encantamiento desilusionador, y justo cuando ella giraba en el lugar, y en el momento justo en que desaparecía, tomó entre los dedos pulgar e índice una costura deshilachada de su túnica.

Entonces la oscuridad opresora se apoderó de ambos, y Harry sintió la típica sensación al desaparecerse. Cuando volvió a ser consciente estaba de pie en una calle y Ginny ya se alejaba. Respiró varias veces, sin poder creerlo: Ginny no se había dado cuenta de nada, se había metido con ella, había tenido la desaparición conjunta y ella ni siquiera lo había notado. Caminó tras ella, tratando de no hacer ruido. Estaban en Hogsmeade. ¿Por qué ella habría querido ir allí? La siguió hasta llegar a un lugar que creía ya conocer bien: el bar Cabeza de Puerco. Eso no podía ser nada bueno.

Y entonces Ginny buscó en su bolso, sacó la capa para hacerse invisible y se la puso.

"¡Mierda!", pensó Harry. ¿Ahora cómo haría para seguirle el rastro?

Escuchó golpes. Ginny había golpeado en la puerta de Cabeza de Puerco. Aberforth abrió pasados unos instantes.

-¿Quién está ahí? –preguntó, pero claro que no veía a nadie, ya que Ginny era invisible y Harry estaba desilusionado. -¿Quién viene a hacer bromas a estas horas de la noche?

-¡Petrificus Totalus! –Harry escuchó la ahora fría voz de Ginny susurrar esas palabras delante de él y vio a Aberforth caer petrificado al suelo. Harry se apuró a entrar a la taberna antes de que la invisible Ginny cerrara la puerta. Logró colarse a tiempo sin chocarse con ella. Teniendo en cuenta que era imposible decir dónde estaba la chica ya que llevaba la capa, todo le estaba saliendo demasiado bien…

Escuchó pasos que recorrían el suelo de madera. Ginny estaba caminando a través del bar y bajaba unas escaleras, sin saber que Harry iba tras ella. Harry la siguió con cuidado y escuchó que abría la puerta de aquella sala en la que estaba el cuadro de Ariana. Ahora sabía qué quería Ginny…

En vez de seguirla, Harry volvió sobre sus pasos y le quitó la maldición a Aberforth. Mientras el mago, confuso, se ponía de pie, Harry bajó las escaleras justo a tiempo para ver el cuadro de Ariana abrirse. Pero ésta vez fue prudente y no se coló enseguida. Esperó a que volviera a cerrarse y pasara un rato. Entonces él mismo abrió el retrato y se metió en el túnel que iba a Hogwarts.

Empezó a caminar, cada vez más rápido. Delante de él había luz: Ginny había hecho un Lumos. Por supuesto él no siguió su ejemplo, para que no lo descubriera, y tuvo que avanzar tropezándose continuamente por el oscuro pasadizo. Al final logró llegar lo suficiente cerca de Ginny para poder ver donde pisaba con la iluminación de ella. Ginny ya no llevaba la capa, ahora que estaba en el pasadizo había considerado innecesario usarla y Harry podía verla claramente, caminando ante él, sin reparar en que él estaba allí. Le miró el cabello. Desde que Ginny se lo había teñido de negro no podía verse más distinta…

4

-¡CUIDADO! –gritó Hermione. Tiró de Ron justo a tiempo para evitar que el rayo de luz verde lo golpeara. -¡CONFUNDO!

Hermione lo logró: Había lanzado su hechizo directo hacia el lugar del que había venido el maleficio asesino, y supo que había golpeado al invisible atacante porque escuchó el ruido de un cuerpo cayendo sobre una mesa de luz y derribando varios objetos.

Ron encendió todas las luces. Ginny estaba tendida en el suelo del cuarto, y la capa para hacerse invisible de Harry estaba en el suelo junto a ella. Se le había resbalado mientras caía por el maleficio de Hermione.

-¿Ginny? –Ron estaba boquiabierto. No podía creerlo. La chica del cabello negro que había visto era su hermana, era nada más y nada menos que Ginny.

-Cuidado, Ron –dijo Hermione con miedo, sin dejar de apuntar a Ginny. Pero entonces vio que ella se levantaba, ya libre del efecto del maleficio Confundus, y levantaba su varita hacia ellos, dispuesta a atacar. -¡Expelliarmus!

La varita de Ginny salió volando y aterrizó en manos de Hermione.

-¿Cómo has podido? –dijo Ron, que estaba tan sorprendido que ni siquiera reparaba en que estaba totalmente desnudo delante de su hermana-. Tú no eres Ginny. ¡Tienes el maleficio Imperius!

Ginny empezó a reír. Se veía muy macabra con el cabello negro cayéndole sobre la cara.

-Claro que soy Ginny, idiota.

Hermione se inclinó sobre la cama, agarró su camisón y se lo puso a toda velocidad. Ron se dio cuenta y se vistió también, ambos sin apartar la mirada de la chica del cabello negro.

-¿Dónde está Harry? –preguntó Hermione. Ginny volvió a reír, desarmada pero no por eso menos maniática. -¡Lo he visto, sé que está aquí!

-Allí… -dijo Ron. Salió corriendo y pasó junto a su hermana en su camino. Ella lo miró riendo al pasar e hizo una mueca como si lo fuera a morder. -¡Harry! –Ron se había metido debajo de una de las camas y tiraba de algo. Sorprendidísima, Hermione vio que sacaba a Harry desde debajo de una cama. Éste estaba inconsciente. -¡HARRY! ¿Qué le has hecho?

-No le hice nada, marica –dijo Ginny. Hermione reparó en que estaba acercándose a Ron peligrosamente.

-¡Cuidado, Ron! ¡Quiere sacarte la varita!

Ron se dio vuelta a toda velocidad y se apartó, apuntando a Ginny con su varita.

-¿Está vivo? –preguntó.

-Sólo lo aturdí –dijo Ginny, pasándose la lengua por los labios como una desquiciada-. ¿Qué vas a hacer, Ron? ¿Por qué me apuntas? ¿Vas a matarme?

-Claro que no, voy a dejarte en el mismo estado que él –dijo Ron, furioso, apuntando al pecho de su hermana. Ella se acercaba lentamente y lo miraba con malicia.

-Mátame –dijo, desafiante-. Vamos, hazlo. ¿Por qué no lo intentas? No podrás lograrlo…

Ginny saltó hacia Ron y él actuó al instante, lanzándole un maleficio aturdidor. Ginny cayó al suelo inconsciente.

-Harry… -Hermione se acercó a Harry a toda prisa y se arrodilló a su lado. Entre Ron y ella lograron recostarlo en una cama. Entonces Harry abrió los ojos despacio, como despertando de un largo sueño. Primero vio a Ron, luego a Hermione, y luego a Ginny, en el suelo.

-Está loca –dijo, mientras se volvía consciente de todo y se sentaba en la cama-. Ginny. ¿Qué le han hecho? Ha matado a Colin, lo ha matado…

-¿Qué? ¿Qué dices? –Ron estaba atónito.

-La seguí hasta aquí –dijo Harry, muy nervioso, sin dejar de mirarlos a los ojos como si tuviera miedo de que fuera un sueño, de que Ron y Hermione desaparecieran de pronto-. Ha matado a la dama gorda con alguna clase de conjuro y luego mató a Colin. No pude hacer nada, ya era tarde. Luego llegué aquí y ella estaba con ustedes, y traté de detenerla pero me lanzó un maleficio…

-Ya todo ha terminado –dijo Hermione, que se había sentado en la cama junto a él y lo miraba con mucho cariño-. Todo está bien, Harry, la hemos detenido.

Y entonces, sin saber qué hacía ni por qué, Harry se abalanzó sobre Hermione y empezó a besarla. Ella se quedó de piedra, sin duda no lo veía venir. Harry la abrazó muy fuerte y la besó, con tanto vigor que no la dejó respirar.

-Lo siento tanto –dijo, cuando por fin apartó sus labios de ella. Entonces se puso de pie, caminó hasta Ron y le dio un abrazo muy fuerte. Ron casi se cae hacia atrás. –Chicos, lo siento tanto, fui tan idiota…

-No te preocupes, amigo –dijo Ron, algo consternado.

-No. Deben odiarme…

-Nadie te odia, Harry –Hermione tenía los ojos bañados en lágrimas.

-Llamemos al Ministerio –dijo Ron, mirando a su hermana inconsciente-. Iré abajo a avisar.

Ron se marchó del cuarto, pero antes usó un maleficio que provocó que varias cuerdas salieran de su varita y amarraran a Ginny. El horror por ver a su hermana responsable de todas esas cosas parecía hacerlo actuar con mayor decisión y seriedad. Dejó el cuarto y Harry y Hermione quedaron a solas a excepción de la capturada Ginny.

-Nunca debí haberme alejado de ti –dijo Harry, tomando a Hermione de nuevo por los hombros y mirándola a los ojos.

-Harry, fue mi culpa –dijo ella, angustiada-. Yo te traicioné…

-No, no fue tu culpa –Harry la abrazó de nuevo y enterró la cara en su hombro-. No sé por qué, pero lo sé. Sé que tú no has hecho nada malo…

-Pero Harry, yo sé que lo he hecho. Sé bien lo que hice, y aunque me sienta terrible nada puede cambiarlo.

-Claro que puede cambiarse –dijo él-. Hermione, yo te conozco, y sé cómo eres. No conozco la explicación exacta, pero estoy seguro de que hubo algo más. Después de todo lo que hemos pasado sé cómo funcionan estas cosas, y tú no has hecho nada malo. Yo he sido el culpable, el que se dejó llevar, el que se peleó contigo y no quiso hablarte, y el que terminó… -tragó saliva-. El que terminó casándose de nuevo sólo porque sí, y…

Hermione se lanzó sobre él para besarlo.

-Te amo. Te amo. Nunca me dejes ir de nuevo, Harry. Por favor.

-Nunca lo haré.

5

-Entonces… ¿no está bajo ningún maleficio Imperius? –dijo Ron, entristecido.

-No –dijo el mago del Ministerio-. Ya la hemos examinado y es ella misma. Siento mucho la noticia, a veces la familia… Bueno, a veces la gente se pasa al lado oscuro. Lo siento, señor Weasley.

-¿Así que quieren arrestarme? –Ginny se retorcía. Varios magos del Ministerio la sostenían y ella luchaba por escapar. -¡Son unos idiotas! –les gritó-. Y tú, Ron, tú vas a morir, ¿sabes? Porque he venido aquí a hacer eso, a matarte. Y, diablos, he fallado, pero no fallaré de vuelta. La próxima vez, ¡TE MATARÉ! –ya había perdido la cabeza completamente, y los magos tenían que luchar para sostenerla. Estaban en los terrenos del colegio, tratando de arrastrarla hasta la zona en la que era seguro aplicar la desaparición conjunta. -¡Soy inmortal! –gritó ella, fuera de sí-. ¡Tengo un Horcrux! ¡Así que pueden hacer lo que quieran, muchachos, pero no lograrán vencerme! ¡JAJAJA! ¡Siempre podré volver!

-¿Un Horcrux? –dijo uno de los magos, mirando al otro-. Vaya, señorita, pero, ¿de qué va a servirle un Horcrux en Azkaban? De cualquier forma tiene cadena perpetua. Supongo que le servirá para prolongar el tormento de la prisión hasta el resto de la eternidad…

La sonrisa se borró de los labios de Ginny.

-¡Claro que no! –protestó, furiosa-. ¡Porque moriré! ¡Sí, eso haré, le diré a alguien que me mate y luego volveré, igual que mi querido Señor de las Tinieblas!

-¿Te refieres al que yo he matado? –dijo Harry, que estaba junto a ella y la miraba con asco-. Nadie querrá matarte en Azkaban, Ginny. Ni siquiera vales lo suficiente para eso. Que tengas una linda estadía en prisión.

Se llevaron a Ginny y los magos del Ministerio desaparecieron con ella tras los muros.

-Vaya, si es nada menos que Harry Potter –dijo uno de los magos que se había quedado con ellos-. Veo que la vida sigue dándole problemas incluso después de lo del Innombrable.

-Así parece –comentó Harry, amargamente.

-Por lo que nos ha contado, usted la ha seguido hasta aquí y ha participado en su captura…

-¿Qué? No, yo no lo he hecho –dijo Harry, mirando a Ron y Hermione, que estaban junto a él-. Ellos fueron los que la detuvieron. Yo estaba aturdido bajo una cama. Ellos son los héroes.

Ron y Hermione se miraron entre sí asombrados. El mago del Ministerio les sonrió mientras tomaba nota de sus nombres.

-El Profeta se pondrá en contacto con nosotros para saber quién fue el héroe que capturó a la villana –dijo, sonriéndoles-. Así que veremos sus nombres pronto en primera plana.

-Fue ella, en realidad –dijo Ron, incómodo, señalando a Hermione-. Ella fue la que la aturdió, yo sólo trataba de escapar de la habitación, soy un cobarde.

-¡Ron! –protestó Harry, mirando a su amigo-. ¿Por qué dices eso? ¿No quieres la gloria? Pensé que eso era lo que siempre habías querido, un poco de reconocimiento.

-¿Bromeas? –dijo Ron, y lanzó una inesperada carcajada-. ¿Después de ver cómo te ha ido a ti siendo el héroe? No, gracias, prefiero ser una persona normal.

Todos rieron y Harry le dio un golpecito en el hombro a su amigo, jugando.

Hola! Bueno este cap me ha costado. Hice muchas versiones distintas. En una Ron moría y Ginny se salía con la suya, extendiendo el asunto el resto de los caps que faltan (son 15 caps), para que la serie acabara con Harry y Hermione juntos y Ron muerto. Luego en otra versión Ron no moría y Ginny era capturada, pero Harry se quedaba en Beauxbatons y seguía peleado con ellos. Al final me decidí por esta versión, que es la más feliz. Lo hice por ustedes los que sea que lean, para alegrarles un poco el día, ¿saben? Porque a mí en lo personal me gusta lo macabro y negro. Así que lo mínimo que podrían hacer es dejar un comentario…

Jaja bueno nos vemos en el próximo cap.


12. El final (primera parte)

Hola! Gracias por haber comentado el otro cap, jaja, me sentía un poco falto de atención :P Llega el final, niñas y niños, chicos y chicas… Este cap es un poco fuerte… Sólo les advierto, el fic es "M" pero bueno, les aviso porque creo q es fuerte de una forma distinta a la usual.. bueno espero que les guste, el cap pasado fue como un cierre a "la hum. de Hermione asciende" y estos caps restantes son como un cierre a toda la trilogía entera. Saludos!

Harry, Ron y Hermione estaban en su habitación de Hogwarts. La señal estaba colgada del picaporte. Los tres se revolcaban en la cama, Harry cayó y los otros rieron, luego se subió de vuelta y volvió a unirse al juego. Esa mañana habían vuelto a casarse, los tres, legalmente, luego de que Harry completara su divorcio de Ginny. Claro que no hicieron otra boda y luna de miel porque ya las habían tenido y resultaba un poco excesivo tantas bodas en tan poco tiempo. Decidieron organizar una fiesta tranquila en la Sala Común para celebrar la unión. Además no les pareció apropiado andar celebrando fiesta cuando dos buenos amigos de ellos acababan de morir. Los tres asistieron a los funerales de Neville y Colin. Y Harry volvió a matricularse en Hogwarts y ahora sólo le quedaban tres meses para terminar la escuela para siempre. En su ausencia habían puesto a Ojoloco a enseñar Defensa Contra las Artes Oscuras (combinaba las clases con su cargo en el Ministerio) así que la profesora McGonagall le dijo que podía seguir siendo sólo un alumno y nada más, y hasta le pidió disculpas por haberle puesto tantas cargas sobre los hombros ese año. Ahora Harry estaba pleno, más feliz que nunca. De hecho se dio cuenta de que al principio del año escolar realmente no estaba tan fastidiado por lo de tener poco tiempo, sino que todo se debía a la ausencia de Hermione en su vida.

-¡Ay, Ron, me haces cosquillas! –reía ella. Harry también rió. Esa noche los tres tuvieron sexo durante horas, hasta que por fin, agotados, se dejaron caer sobre las mantas, abrazados los tres, en el preciso momento en que Fred golpeaba la puerta.

-¡¿Ya podemos entrar?! –gritó, sin hacer ningún esfuerzo en evitar despertar a la gente de los demás cuartos con su voz.

-Sí, pasen –dijo Ron, mientras Hermione se ponía su camisón.

-¡YA PODEMOS ENTRAR! –bramó Fred a todo pulmón. Se escucharon muchos pasos, la puerta se abrió y Fred, George y Luna entraron al cuarto. Así es, Luna había empezado a dormir con ellos (contradiciendo todas las leyes de las casas del castillo). ¿La razón? Bueno, pues...

-Dame un beso, preciosa –dijo Fred, atrayendo a Luna hacia sí y dándole un beso en los labios-. Mañana nos toca el cuarto a nosotros –dijo, mirando a los otros tres-. Ustedes ya lo han tenido suficiente.

-¿No pueden ir al cuarto de Luna en la sala común de Ravenclaw? –preguntó Ron.

-Claro que no, tonto, están sus amigas –dijo Fred, como si fuera obvio-. Además yo no soy de Ravenclaw.

Ron lo miró con ojos entrecerrados.

-Bueno, sé que ella tampoco es una Gryffindor, pero la gente tiende a ser menos tolerante cuando se trata de un hombre que una mujer, Ron.

Harry y Ron se pusieron los pijamas por debajo de las sábanas, para que Luna no los viera. Era una pareja extraña, Luna ahora saliendo con Fred, ¿verdad? Bueno, pues…

-Ven aquí, linda –dijo George, tomó a Luna del hombro y le estampó un beso en los labios él también-. Ya escucharon, ustedes tres. Mañana nos toca a nosotros.

Así es, eran el nuevo trío: Fred, George y Luna. Harry no tenía idea de cómo había pasado eso, pero ya estaba hecho y ahora los dos tríos compartían habitación. Luna sonreía contentísima entre los gemelos, como si fuera la chica más afortunada del mundo. Se detuvo unos instantes mirando a Harry, Ron y Hermione, que ya estaban los tres abrazados en la cama que solía ser sólo de Ron empezando a dormirse. Entonces Luna se preguntó, en su mente perversa, cómo sería si los dos tríos se unieran una noche…

-No puedo dormirme –le dijo Hermione a Harry al oído al cabo de un rato-. Creo que iré a tomarme un baño. Para relajarme.

-Adelante –le dijo él, que ya casi se había dormido y su voz sonaba débil y alejada-. ¿Quieres que te ponga a calentar el agua, mi amor?

-Eres un tierno –dijo ella, dándole un beso en los labios-. No te preocupes, iré al baño de los prefectos. No quiero despertar a nadie. ¿Me prestas tu capa?

-Claro.

Harry había olvidado que Hermione era prefecta y tenía por ende acceso a ese baño tan hermoso al que él había ido sólo una vez en cuarto año. Vio cómo Hermione se ponía la capa para hacerse invisible, que estaba colgada de una percha en la pared (para que la usara el que tuviera ganas) y entonces lentamente fue quedándose dormido nuevamente…

Hermione salió del cuarto, protegida por la capa, que tenía sobre su bata. Caminó escaleras abajo y salió por el retrato de la dama gorda tratando de no hacer mucho ruido. Caminó por los desiertos pasillos, mientras se masajeaba con una mano el hombro. Se hundió un poco en pensamientos que la atacaban últimamente: ella era muy insegura, y si bien había vuelto a su situación perfecta de tener a los dos hombres que más amaba en el mundo para ella otra vez, por dentro la inseguridad de perderlos nuevamente solía hacerle daño. Deseó que las calientes agua de aquel baño tan confortable la animaran. Por fin llegó y dio la contraseña "frescura de pino", que nadie había cambiado desde hacía cuatro largos años, y entró.

Le llamó la atención que la tina estaba llena. Enseguida miró hacia todos lados, para comprobar que no hubiera nadie allí, algo asustada. Pero el baño estaba vacío, así que al parecer alguien descuidado se había ido dejando la enorme bañera llena de agua y espuma.

Con una mueca de asco, se acercó, mientras se quitaba la capa y la dejaba en el suelo. Se estaba preguntando cómo haría para quitar el tapón sin tocar la asquerosa agua usada por alguien más cuando una voz la hizo llevarse el sobresalto de su vida.

-Hermione.

Se dio vuelta y se abrazó a sí misma con ambas manos, instintivamente. Draco Malfoy acababa de salir de una oscura esquina, caminando tranquilamente. Por suerte, llevaba una toalla sobre su cuerpo desnudo. Hermione se dio la vuelta luego de unos segundos, ruborizada.

-Lo siento –masculló-. Ya me voy. No sabía que estaba ocupado.

-No te vayas –dijo él. Pero Hermione ya estaba llegando a la puerta, no quería demorarse allí un segundo ahora que lo había visto a él precisamente.

-Protego porti –dijo Draco tranquilamente tras ella. Un escudo invisible similar al campo de fuerza que convocaba el hechizo "protego" se extendió ante la puerta, y Hermione, por más que intentó, no pudo acercarse a ella.

-Deshazlo –le ordenó, aún de espaldas a él.

-Sólo quiero hablar contigo un segundo –dijo Draco.

-Deshaz el hechizo, Draco.

-De hecho, me alegra que te tropezaras conmigo –continuó él, sin hacerle caso-. Buscaba un momento para hablar a solas.

-¡Déjame salir!

Pero Draco se acercaba a ella por detrás, caminando despacio…

-Vaya, Hermione, tengo que decirte lo que siento, ¿no podrías entenderme un poco? Es sólo un minuto.

Ella no dijo nada. Volvió a darle la cara, pero porque le daba miedo tenerlo fuera del alcance de la vista.

-Este año ha sido un total fracaso para mí –decía él, con expresión sombría-. Un año tirado a la basura, un año de pensar en ti todo el tiempo… ¿Qué si estoy agradecido de que me dejaran volver a la vida? Pues pensaba que sí, pero ya no lo sé. Aunque no recuerdo nada, tengo la sensación de que se estaba bien allí… Ya sabes, "del otro lado".

"Pues te hubieras quedado allí y me habrías ahorrado muchos problemas", pensó ella, pero no dijo nada.

-Pensé que me sentiría vivo, ¿sabes? –dijo él-. Que ahora podría apreciar la vida, detenerme a escuchar a las lechuzas cantar –rió solo-. Nada podría ser más distinto. Sólo he pensado en ti día y noche, he ideado planes para estar contigo. Pero nada…

Hermione tragó saliva. La palabra "planes" hizo que una serie de ideas se dispararan en su cabeza. Pero no, no podía ser…

-Me he aliado con la traidora a la sangre de Weasley –dijo Draco, como si eso fuera una traición horrible. Eso era exactamente lo que ella temía oír. –Ni siquiera eso ha funcionado. ¿Sabes que ella fue atrapada mientras trataba de hacerme un favor a mí? Pues sí. Sólo volvió aquí esa noche para realizar una pequeña tarea, una tarea que me dejaría el camino libre para llegar a ti…

"Matar a Ron", pensó Hermione, horrorizada.

-No sé si yo lo hubiera hecho –dijo Draco, pensativo-. Pero ella estaba dispuesta, así que, ¿qué problema había? Pero claro, tenía que salir mal. Como todo. Y lo que es peor, te trajo a Potter de vuelta, así que ahora los tienes de vuelta a ambos.

-Sí –dijo ella, hablando por primera vez. Trató de pensar en una estrategia, un diálogo que le permitiera salir de allí. Decidió jugar a la ignorancia; si Draco creía que ella no había entendido sus planes de asesinato, quizás la dejara salir con vida… -Da lo mismo, Draco. No imagino qué tramarían Ginny y tú, supongo que sólo tú lo sabes. Pero tú ya estás exonerado, así que te pido que me dejes salir de aquí. Estás libre de cualquier cargo. Déjalo así, Draco…

Draco rió.

-No me importa que me capturen, Hermione –el tono con que lo dijo le puso a ella la piel de gallina-. ¿No lo ves? Sólo me importas tú, Hermione… Sólo te deseo a ti.

-Déjame salir, Draco –Hermione levantó su varita y lo apuntó directo al pecho-. Lo diré por última vez.

-No dudo en que eres buena bruja –dijo él, mirando la varita-. Seguramente podrías reducirme…

-Y lo haré –dijo ella, amenazadoramente.

-No me importa –afirmó él, convencido-. Nada me importa si no puedo estar contigo, Hermione. Anda, hazlo, mándame a Azkaban, llama al Ministerio y diles que he tratado de matarte o algo así. Podría vivir con eso. Pero no puedo vivir ignorando lo que siento. ¿Sabes qué? He estado enamorado de ti desde hace mucho, mucho tiempo. Tenía una fotografía tuya, que se te había caído en el bar Las Tres Escobas una vez. Me sentía patético mirando esa fotografía y deseándote, mientras corría el rumor por toda la escuela de que te acostabas con Potter y Weasley…

Hermione escuchaba cada palabra cada vez más escandalizada.

-Y entonces por fin lo logré –dijo él-. Por fin fuiste mía. Ese día, luego de que nos besamos en la biblioteca, estaba tan feliz… Recuerdo la cara que tenía, parecía un niño en su cumpleaños –rió de nuevo-. Recuerdo que miré a Potter al pasar por el Vestíbulo y le guiñé un ojo. ¡No podía creer mi suerte! Traté de ser un caballero, de jugar bien mis cartas. Me aterraba perderte. Eras lo que siempre había ansiado con tantas ganas, y por fin eras mía. Fueron los días más felices de mi vida, Hermione…

El corazón de Hermione latía a toda velocidad. No tenía idea de que hubiera sido tan así. Para ella él sólo había sido alguien con quien darle celos a Ron y Harry, y pensaba que él no se había sentido tan distinto… Aquello la empezaba a hacer sentir cada vez peor.

-Pero claro, por supuesto que no duró –dijo él, amargamente-. Pronto fue evidente que tú estabas muy enamorada de ellos. Y entonces, bueno… entonces morí –se quedó mirando el suelo unos instantes, luego volvió a mirarla a los ojos-. Quiero que me respondas algo, Hermione, por favor, ¿habrían sido distintas las cosas si no hubiera pasado eso? Si yo… ¿si no hubiera muerto?

-No –se apresuró a decir ella-. Nada habría sido distinto, Draco. Lo siento, pero tienes razón: los amaba a ellos.

Draco se quedó mirándola, inexpresivo, sin decir nada. Sin embargo, uno podía notar que los pequeños restos de la llama de esperanza aún viva en él acababan de extinguirse con una ráfaga de viento.

-Aún así, vale la pena estar vivo –dijo-. Para poder mirarte una vez más. Para poder ver tus labios moverse, para ver tus expresiones, aunque sean unas frías expresiones de desprecio hacia mí…

-Me drogaron –dijo Hermione. No sabía de dónde había salido eso. Su brillante cerebro de pronto había atado los cabos sueltos con tanta facilidad que lo dijo con perfecta calma, como si lo supiera desde hacía mucho tiempo. –Ginny y tú me drogaron, ¿no es así? He estado sintiendo… Me he estado sintiendo rara –dijo "rara", ya que no quería decir "caliente"-, durante unos meses. Y cuando Ginny se fue con Harry a España la sensación terminó… Ginny me daba alguna poción... por las noches, ¿no es así? Y por eso me acosté contigo…

Draco sonreía, y eso la asustó más que la verdad de su descubrimiento. Ahora Draco caminaba hacia ella nuevamente.

-Detente –dijo, sin dejar de apuntarlo-. ¡Detente ahora mismo!

Draco sacó su varita tan rápido que no le dio tiempo a pensar ningún conjuro.

-¡Expelliarmus!

-¡NO!

La varita de Hermione había salido volando de su mano y había caído en la de él. Draco la lanzó a la tina y la varita de Hermione se hundió en las espumosas aguas.

-¡DÉJAME! –chilló ella, muerta de miedo.

-Muffliato –dijo él, con toda calma.

-¡DÉJAME, DRACO! ¡NO QUIERES HACER ESTO!

-No hay nada que quiera más en el mundo, mi amor –dijo él. Entonces se quitó la toalla con la mano que tenía libre y quedó completamente desnudo ante ella. –No vale la pena resistirse, Hermione. Esto ocurrirá…

Ella lagrimeaba y sus ojos se movían a toda velocidad de un lado a otro, tratando de buscar una salida, pero no había. La única estaba tras ella protegida por un encantamiento que no podía deshacer…

Draco se acercó, apuntándola, y cuando estuvo lo suficientemente cerca agitó la varita mientras se concentraba. Hizo un encantamiento mudo: una fuerza invisible obligó a Hermione a caer de rodillas ante él. Ella rompió a llorar. Temblaba de pies a cabeza.

-Chúpala –dijo Draco.

Hermione abrió los ojos de par en par y se quedó de piedra, helada por el terror.

-Que la chupes, Hermione –dijo él.

-No.

-No me desobedezcas.

-¿Vas a matarme? –dijo ella, sacudiéndose por los nervios, sin control.

-Jamás haría algo así –dijo él, pero seguía serio e impasible.

-Entonces, ¿qué harás cuando esto termine? Serás un prófugo, te buscarán por todos lados, te encontrarán…

-Ya te he dicho que no me importa ir a la prisión –dijo él-. Sé lo que estás haciendo. No trates de alargar el momento. Si te resistes a empezar tú, entonces comenzaré yo.

Draco se lanzó sobre ella y la derribó al suelo. Hermione gritó, aunque era inútil hacerlo. Él se montó sobre ella y le quitó la bata de un tirón y luego el camisón. Hermione trató de arrastrarse por el suelo, trató de llegar a la tina. Si lograba meterse al agua y hallar su varita…

Draco empezó a abrirle las piernas mientras se acostaba sobre ella para inmovilizarla. Hermione gritó y chilló y pataleó, pero él era más fuerte que ella y la mantenía firme contra el suelo. Entonces lo sintió: Sintió como él tanteaba en el cuerpo desnudo de ella para empezar a penetrarla…


Harry abrió los ojos de par en par. Sentía un zumbido en la cabeza. Se sentía increíblemente lúcido y alarmado. Había despertado de golpe y sin saber por qué. Miró a su lado: Ron roncaba, pero Hermione no había vuelto. Y entonces supo que algo andaba mal, estuvo seguro.

-¡Ron! –susurró, mientras agitaba a su amigo hasta despertarlo-. ¡Ron, despierta!

-¿Qué ocurre? –dijo él, abrió los ojos y se sentó de prisa, alarmado-. ¿Es Ginny? ¿Ha vuelto?

-No –dijo Harry-. Ven, sígueme.

Salieron de la habitación. Mientras bajaban a toda velocidad a la Sala Común, su amigo se le adelantó y empezó a correr.

-Es Hermione, ¿verdad? –dijo, asustado-. ¿Qué ha ocurrido? ¿A dónde vamos?

-Debería haber vuelto ya –dijo Harry-. Y tengo un mal presentimiento… Vamos, deprisa, al baño de prefectos.

Corrieron por los pasillos a toda velocidad, sin importarles que alguien los viera. Llegaron a la puerta del baño.

-¿Cuál es la contraseña? –le preguntó Harry a Ron, impaciente.

-¿Eh?

-¡Tú eres prefecto! ¡La contraseña!

-¡No la sé! –se quejó él-. Jamás me baño…

-Mierda, espero que no la hayan cambiado. ¡Frescura de pino!

La puerta se abrió y los dos entraron. La imagen que vieron los dejó con una sensación de vértigo en el estómago, como si acabaran de caer por una montaña rusa. Hermione estaba sola en un suelo húmedo y lleno de agua, desnuda, llorando a viva voz. No había nadie más allí.

-No… -Harry entró corriendo primero y se lanzó al suelo, resbalando con el agua de rodillas hasta quedar a su lado-. ¿Qué ha pasado? Hermione, amor… Dinos que ha pasado…

Ella no dijo nada. Siguió llorando, sin parar. Ron la ayudó a sentarse y la abrazó muy fuerte. Harry fue a buscar su camisón y su bata, se las acercó y la vistió.

-Mi amor, mírame –dijo Ron, mientras la acariciaba para consolarla. Ella obedeció y lo miró a los ojos. Su rostro estaba todo rojo y lleno de lágrimas.

-Hermione… Dinos quién fue –Harry sentía que algo más que la conmoción y el horror nacía dentro de él…

Hermine se ahogó mientras trataba de hablar. Finalmente pudo controlarse, se abrazó a sí misma, sin dejar de temblar, y le lanzó una rápida mirada a la puerta, que estaba abierta de par en par.

-Fue Malfoy –dijo. Quiso quitarle importancia, que pareciera que no había sido para tanto, pero no pudo fingir la voz.

Harry y Ron se pusieron de pie al mismo tiempo.

-Acompáñala al cuarto –dijo Harry mecánicamente.

-No, tú acompáñala –dijo Ron, que se estaba poniendo cada vez más rojo.

Harry levantó la varita, apuntó hacia el techo y convocó un patronus, que salió velozmente hacia la Torre Gryffindor. Esperaron unos instantes, Harry y Ron con las miradas perdidas en un punto lejano, sin hablar. Entonces apareció Fred.

-¿Qué ha pasado?

-Acompaña a Hermione arriba –dijo Ron, y por su tono Fred comprendió que no debía preguntar nada.

-Claro –dijo-. Ven, Hermione.

Ella no dijo nada. Se puso de pie, se corrió el cabello de la cara, se enjugó las lágrimas, les echó una última mirada, sin saber bien qué decir, y desapareció con Fred.

Entonces Harry y Ron se miraron. No necesitaron decir una sola palabra. Fue una mirada cargada de profundo odio que habló por sí sola. Ambos asintieron con la cabeza al mismo tiempo y empezaron a caminar fuera del baño. Aquel asentimiento de cabeza no había sido una confirmación sobre si hacer algo en sí o no hacerlo (ambos lo entendieron), era una confirmación de si llegar o no tan lejos.

Caminaron a pasos largos, uno al lado del otro, por todo el castillo, hasta llegar al Vestíbulo. Bajaron hacia las mazmorras y caminaron hasta llegar ante un cuadro particular, sin hablar y sin mover un solo músculo más que las piernas. Iban erguidos como robots.

-Sangre pura –dijo Harry la contraseña. El cuadro se hizo a un lado y avanzaron a través de la Sala Común de Slytherin, que estaba desierta. Se detuvieron un momento, tratando de recordar cuál era el cuarto de Draco. Sólo habían estado ahí una vez, pero entonces Harry recordó la puerta. Le indicó con una sola seña del dedo a Ron y avanzaron hasta esa puerta. Entonces se detuvieron ante ella, se miraron entre sí y sacaron las varitas exactamente al mismo tiempo.

Harry abrió de una patada.

-Tú, largo de aquí –dijo Ron, mirando a Goyle, que acababa de saltar de su cama en un pijama de ositos. Goyle se asustó tanto por la mirada de Ron que salió corriendo por el pasillo dando saltitos.

Los ojos de Ron y de Harry se clavaron en Malfoy, que estaba sentado en su cama, pero vestido. No llevaba la varita en mano.

-Vaya, llegaron rápido –dijo Malfoy, sonriendo, tratando de sonar natural, aunque se lo notaba algo nervioso-. No se crean que han ganado, estoy preparado para las consecuencias. Iré a la cárcel y no me importa… Adelante, llévenme con el Ministe…

-Cierra la boca –dijo Ron con tanto ímpetu que Draco, por primera vez en su vida, le obedeció y se calló, asustado.

-¿Avada Kedabra? –preguntó Harry, mientras miraba a Ron. Draco abrió los ojos de par en par.

-No –dijo Ron, sin devolverle la mirada, con sus ojos furiosos clavados en la pálida figura de Draco. Éste, ante la negativa de Ron, volvió a cobrar su aspecto desafiante de siempre y hasta sonrió un poco, aliviado. –Hagámoslo a la manera muggle.

-¿Manera muggle? –se extrañó Draco-. ¿Qué es la manera mu…?

Pero entonces Harry cerró la puerta, lanzó un encantamiento Muffliato, luego otro para impedir que alguien de afuera abriera la puerta, y dejó caer su varita al suelo. Ron, mientras él hacía esto, convocó la varita de Malfoy, que estaba en la mesa de luz y la partió a la mitad. Hecho esto, dejó caer su propia varita al suelo, junto a la de Harry. Las dos varitas yacieron en el suelo. Todos estaban desarmados.

-¿Qué hacen? –dijo Draco, sin comprender, mirando alrededor asustado, pero no había nadie que lo ayudara-. ¿Qué creen que ha…?

Pero entonces se desató la ira. Harry y Ron saltaron como bestias hambrientas sobre Draco, como dos leones sobre su presa, tan rápido y salvajes que no eran más que una mancha moviéndose por el cuarto, un borrón. El grito de Draco fue ahogado por el derechazo que Ron le propinó en medio de la cara haciendo que la mitad de su dentadura saltara contra la pared. No pudo defenderse ni siquiera moverse: Harry y Ron sólo tardaron un minuto por reloj en quitarle la vida a base de golpes y trompadas.

Se quedaron de pie en medio del cuarto, agitados, con los puños sangrando y los huesos de las manos rotos. Draco yacía en el suelo, muerto.


-Bien, damos comienzo a la audiencia –dijo la voz del ministro, Kingsley. Habían pasado unos días y estaban en los tribunales del Wizengamot. –Harry James Potter y Ronald Bilius Weasley son acusados por el asesinato de segundo grado cometido contra Draco Malfoy el día cinco de marzo. ¿Cómo se declaran los acusados?

-Culpables –dijeron ambos a la vez. Estaban sentados en dos sillas metalizadas ante la mirada de cientos de magos, en el caso de Harry por segunda vez en su vida.

-Sin embargo –dijo el ministro-, se ha señalado que fue un crimen pasional luego de que Draco Malfoy abusara sexualmente de Hermione Jane Granger forzándola al acto sexual en un baño del colegio. ¿Tenemos pruebas de todos los hechos?

-Sí, señor –dijo una bruja a la derecha del ministro-. Hay pruebas testimoniales y rastros de semen pertenecientes a Draco Malfoy que corroboran la historia.

-En ese caso –dijo el ministro-. La ley concede que la sentencia sea reducida por lo menos a la mitad de su totalidad por deberse a un acto motivado por otro de iguales características. Lamentablemente, no podemos considerarlo defensa propia ya que el momento del asesinato no coincidió exactamente con el momento de la violación –Kingsley ya había tratado de convencerlos de que mintieran para que los exoneraran por defensa propia, pero ellos se negaron-, pero, aún así, sólo ocurrió unos momentos después, por lo que yo al menos considero que el delito fue un acto de defensa no inmediata contra un criminal potencialmente peligroso que podía volver a atacar en cualquier momento, ¿alguien qué tenga otro punto de vista? –Kingsley miró a todos los magos de la corte con severidad, desafiándolos con la mirada a que opinaran distinto.

-Yo opino distinto –dijo Lucius Malfoy, que presenciaba el juicio desde las tribunas, y se veía a punto de estallar de rabia-. Estos asesinos…

-Señor Malfoy –lo interrumpió el ministro-, usted fue invitado al juicio pero no tiene lugar a voto ni opinión. Le pido que guarde silencio. Ahora, como decía…

-¿Silencio? –estalló Lucius, poniéndose de pie-. ¡Era mi hijo!

-¡Usted lo mató hace más de un año! –dijo Harry, mirándolo con resentimiento-. ¡Lo mató porque Bellatrix y usted iban a matar a Hermione en Sheffield, cerca de la casa de Hermione, y entonces Bellatrix lanzó el maleficio asesino pero le dio a Draco! ¡Y yo lo traje a la vida en el mes de Junio! Por empezar, usted me debía a mí que Draco estuviera vivo de vuelta. ¿Se ha olvidado de eso?

-¿Cómo? –dijo Kingsley, sorprendido-. ¿Es eso cierto? ¿Usted y la mortífaga Lestrange lo habían matado...? ¿Draco fue una de las personas que... que han regresado a la vida en Junio?

-Claro que no –dijo Lucius en voz baja, de pronto nervioso-. Está mintiendo, como siempre…

-Tengo pruebas –dijo Ron-. Lo he visto, tengo recuerdos. Puedo ponerlos en un pensadero y mostrarles… Draco había muerto hace un año por culpa de Lucius y yo estaba ahí. Lo vi todo. Puedo mostrarles.

-¿Un pensadero? –dijo Kingsley, reflexionando-. Vaya, que genial idea… ¿cómo es que nunca hacemos eso en los juicios?

Varios magos del juzgado se miraron entre sí, algunos encogiéndose de hombros y otros asintiendo con una sonrisa.

-Un momento –dijo Harry, reflexionando-. Si hace tres años, cuando me atacaron los Dementores, me hubieran permitido usar un pensadero, podría haberles mostrado todo lo que pasó…

-Es cierto –dijo Kingsley-. Este chico es un genio, nunca se me había ocurrido eso. Oye, Ron, ¿quieres unirte al Wizengamot? Oh, lo siento –añadió, mirando a sus colegas-. Los asesinatos, lo olvidé. Bueno, en lo que respecta a Lucius Malfoy, haremos un juicio en el que invitaremos a Ron, con un pensadero, y si Lucius resulta ser un ex mortífago, entonces será enviado a Azkaban inmediatamente.

Lucius quiso protestar, pero Kingsley lo interrumpió:

-Y en lo que respecta a éste juicio, ¿aquellos a favor de darle a Potter y Weasley diez años de prisión, lo máximo permitido debido a que hubo parte de defensa en el crimen? Usted no cuenta, Lucius. De acuerdo, nadie. ¿Aquellos a favor de darles ocho años de prisión? ¿Cinco? ¿Dos años? ¿Uno? He dicho uno, vamos, uno por aquí, uno por allá, seis meses… tengo seis meses aquí, ¡ya se van! Tres, dos, un mes, señoras y señores, ¿nadie? Quince días yyyyyy… ¡Exonerados!

Golpeó con el martillo de madera sobre su escritorio y todos empezaron a aplaudir.

-Otro juicio feliz –dijo Kingsley con una sonrisa de oreja a oreja.


-No sé si estoy de acuerdo en que nos dejaran libres –comentó Ron amargamente mientras se dirigían a las salidas del Ministerio, ambos abrazando a Hermione por los hombros (esos días habían estado consolándola todo el día entero, aunque ella les aseguraba que estaba bien, y sus palabras exactas fueron "ya había estado con él antes, no he quedado traumada de por vida, aunque sí fue muy feo").

-Sí, yo no me siento bien conmigo mismo –admitió Harry-. Después de caer en la cuenta de lo que habíamos hecho me sentí mal. Un tiempo en Azkaban me habría hecho sentir menos respons… Hermione, ¿estás bien?

Hermione se había detenido y se sujetaba el estómago. Entonces empezó a vomitar, sosteniéndose de la pared. Harry y Ron corrieron hacia ella, la limpiaron con la varita y la ayudaron a sostenerse. Ron la sujetó y la abanicó con una mano mientras Harry limpiaba el vómito del suelo.

-¿Estás bien, amor? -dijo Ron, pasándole una botella de agua. Hermione bebió. Estaba muy pálida. -Te vimos un poco descompuesta allí dentro… Te habrás enfermado, ¿verdad?

-No es eso –dijo ella. De pronto se había quedado mirándolos, y Harry captó su mirada de pánico enseguida, la conocía muy bien.

-¿Qué ocurre, amor? –le preguntó, colocándose junto a ella y mirándola a los ojos. Estaban en medio de un pasillo del Ministerio, solos. Hermione se llevó la varita a la boca y se hizo una efectiva limpieza total, de aquellas que no hacía en su casa para que sus padres dentistas no supieran qué fácil era para los magos dejar sus dientes y boca relucientes. Luego puso su cara de miedo, aquella tan de ella…

-Tengo algo que decirles… -empezó-. Esta mañana me he dado cuenta de que…

-¿De qué? -preguntó Harry, ansioso.

Hermione los miró a los ojos.

-Estoy embarazada.

Ninguno de los dos se movió ni habló. Entonces Harry y Ron se miraron entre sí, y luego la miraron a ella. Ella esbozó una suerte de sonrisita cómplice, como diciendo "ups".

-Vaya –dijo Harry, y entonces sonrió. Lo había tomado por sorpresa, pero la noticia de pronto lo había alegrado. Se dio cuenta de que iba a ser padre, de que iba a tener un hijo.

Ron también la miraba sonriendo ahora. Eso hizo que ella se alegrara más.

-¡Seremos padres! –dijo Ron, mirándolos a ambos sin dejar de sonreír como un tonto-. ¡Los tres! ¡Padres!

Se abrazaron y se besaron por turnos, en un hermoso momento que duró aproximadamente uno o dos minutos... hasta que los lentos cerebros de Harry y Ron fueron cayendo en la cuenta de aquello en lo que Hermione ya había estado horas pensando.

-Espera –dijo Ron, apartándose con el ceño fruncido, y él y Harry se miraron entre sí, asustados-. ¿Quién es el padre?


13. El final (segunda parte)

Disculpen la falta de modestia, pero aunque sé que mi fic puede ser considerado una mierda desde muchos (muchos) puntos de vista, el FINAL de este cap me parece que es alucinante, increíble :P Espero que les guste!

Hermione se llevó un cigarro a la boca, absorbió una buena cantidad de humo y luego echó la cabeza hacia atrás y lo soltó. Estaba sentada cruzada de piernas, con Harry a un lado y Ron al otro. Estaban en la sala de espera de San Mungo, esperando a que los llamaran.

-¿Granger? –preguntó un sanador, saliendo de su consultorio mientras leía el apellido de una lista que llevaba. Alzó la vista para ver a Hermione apagar su cigarro en un cenicero y entrar acompañada de sus dos maridos. –Buen día, señorita Granger. Oh, señor Potter, un placer conocerlo.

Harry le sonrió y los tres pasaron y se sentaron delante del escritorio del sanador.

-¿Y bien? –dijo Hermione, sin esperar más.

-Sí –dijo el sanador, tomando asiento y revisando unos papeles-. Aquí tengo los resultados de sus análisis. Efectivamente, está embarazada, señorita Granger. ¡Felicidades! Parece que serán padres.

-Sí, lo sé, me hice un test de embarazo –dijo ella, impaciente-. Pero lo que de verdad queremos saber es quién es el padre. Es que, verá, tengo dos maridos… -se sintió algo incómoda y se quedó mirando el suelo-. Además de que…

-Ha sufrido una violación –explicó Harry con toda la delicadeza que pudo-. Pero esa misma noche había estado con nosotros también, así que…

Le dijeron la fecha en la que había ocurrido lo de Malfoy y el sanador revisó sus papeles una vez más.

-Sí, evidentemente ha sido concebido ese día –dijo el médico-. Al menos eso indican los estudios mágicos. Para saber quién es el padre exactamente, sin embargo, se requerirá de más tiempo. Mis colegas, por lo visto, ya tienen lo que se necesita, pero los exámenes tardarán unas semanas. Tendrán que ser pacientes.

Hermione miró a Harry con cara de decepción, y él la abrazó.

-Tranquila, todo estará bien.

-Y debería dejar el cigarro, señorita –dijo el sanador con un sonrisa.

-Claro –dijo Hermione.

Veinte minutos después habían salido a la calle y caminaban hacia la parada del micro.

-No te preocupes, Hermione –dijo Ron-. Sabes que lo amaremos sin importar quién sea el padre. Aunque sea de Malfoy.

-Y si es de ustedes… -empezó ella-. No se pondrán a discutir, ¿verdad? Ya saben, porque, aunque para mí ustedes dos sean padres en igual medida, seguramente el bebé será biológicamente de uno solo de ustedes, y no quiero que el otro se sienta inferior por eso.

-No tienes de qué preocuparte –dijo Harry, tratando de consolarla-. Lo amaremos por igual, sea lo que sea y pase lo que pase.

-Exacto –coincidió Ron-. Este bebé lo será todo para nosotros, no dejaremos que nada vuelva a separarnos jamás.

Hermione sonrió un poco, abrazándose a ambos, deseando que fuera así, que nada pudiera separarlos nunca más. Llegaron a la parada del micro y extendieron el brazo. Entonces un autobús de dos pisos apareció de la nada y se detuvo en seco, como si hubiera estado viajando a mil kilómetros por hora.

-Hola –saludó un joven lleno de granos, ayudándolos a subir con cara de aburrimiento-. Bienvenidos al autobús noctámbulo. Hola, Harry.

-Hola, Stan. Hola, Ernie. Vamos a Hogwarts.

Ernie le guiñó un ojo.

-A Hogwarts, ¿eh? Bueno, eso es tarifa especial y esperar a que deje a los demás. Búsquense una cama, muchachos. ¡Allí vamos!

Salieron despedidos a toda velocidad y Harry perdió el control en un giro brusco y se estampó la cara contra un vidrio.

Pasaron las semanas. Ellos no le contaban la noticia a nadie, querían que fuera un secreto. Finalmente llegó Junio y Hermione ya tenía tres meses de embarazo. Todavía no habían llegado los resultados, Hermione iba a consultas y revisiones de rutina todos los meses pero decían que los análisis estaban sufriendo un retraso por un problema con la oficina que se encargaba de ese tema y tendrían que esperar un poco más. Lo bueno fue que ese tiempo sin saber quién era el padre les sirvió para estar cada vez más seguros de que eso no importaba realmente, y los tres iban a querer al bebé por igual. En Junio, un día, estaban hablando y estudiando para los ÉXTASIS, que ya eran inminentes y sólo faltaba una semana para ellos, cuando Hermione de pronto dijo:

-Creo que ya es hora de contar la noticia.

-¿En serio? –dijo Ron, sorprendido. Estaban en la Sala Común, enterrados en una pila de libros.

-Sí –dijo ella, segura de sí misma-. Quiero que todos lo sepan. Estoy preparada, estoy lista para ser vista como una futura madre.

-De acuerdo –coincidieron ellos dos, asintiendo.

-¡Hola chicos! –eran Fred, George y Luna. Los tres se sentaron junto a ellos, venían cargados de libros. –Qué duro esto de los ÉXTASIS, ¿eh?

-Ustedes no piensan aprobarlos –dijo Hermione, mirándolos con resentimiento-. Sólo están aquí para vender chascos, ¿qué les importan los ÉXTASIS?

-Al final decidimos egresarnos –dijo George, seriamente-. Luna nos convenció. Quiere que seamos alguien, que hagamos algo de nuestras vidas aparte de la tienda. Quizás tenga razón.

-¿Tú hiciste eso, Luna? –dijo Hermione, sorprendida.

-Sí –dijo ella, contenta consigo misma-. ¿Qué no le han contado aún, chicos?

-Claro –dijo Fred, y se puso algo nervioso antes de hablar-. George, Luna y yo vamos a casarnos.

-¡¿Qué?!

-Sí, ¡como ustedes! –dijo Luna, contenta-. ¡Seremos tres!

-Eso es… genial –dijo Hermione, no muy convencida-. ¿Seguros que no se están… apresurando un poco?

-Claro que no –dijo Fred, sonriente-. Luna es genial. Pero no sé si sean legales las bodas de a tres. Quizás necesitaremos que tú hables con Kingsley, Harry.

-Claro, no hay problema –dijo él, feliz de la noticia-. Nosotros también tenemos…

-¡Vaya, ¿qué no terminará más?! –dijo George, interrumpiéndolo. Estaba leyendo El profeta vespertino.

-¿Qué cosa?

-¡El Mundial! –protestó él, leyendo la sección deportiva con gesto de desaprobación-. ¡Ya llevan casi un año jugando! ¡Hace meses que nadie hace ningún tanto y los jugadores tienen que ser inyectados con vitaminas para poder permanecer activos luego de un año consecutivo jugando el mismo partido!

-¿Todavía no ha terminado? –Hermione se echó a reír-. ¡Qué absurdo! ¿Quién creen que gane? ¿México o Inglaterra?

-¡No ganará nadie! –dijo Ron-. No entiendo por qué aún no lo cancelan. Esto ya es tedioso. ¿Por qué los idiotas no atrapan la Snitch?

-Porque es la final de un Mundial, Ron –dijo Fred-. No van a dejarse ganar sólo por estar cansados o por… bueno, o por llevar muchos meses jugando el mismo partido. Pero creo que tarde o temprano alguien debería detenerlo. Ya es lamentable…

-Estoy embarazada –Hermione habló tan rápido que al principio nadie estaba seguro de haberla escuchado. Luego Fred, George y Luna abrieron grandes los ojos y sonrieron.

-¡Wow! –dijo Fred-. ¡Genial! ¡Felicidades, Hermione!

Estuvieron un rato celebrando. Le contaron al resto de la Sala Común y compraron comida y bebidas. Hasta que Hermione pidió que la dejaran estudiar, que aún no había acabado de aprenderse de memoria el último capítulo de "Complicadísimos hechizos defensivos tan imposibles que sería más fácil no usarlos y portar un arma".

-Buena suerte, Harry –dijo Ron la mañana del lunes. Acababan de llamarlo para su primer ÉXTASIS, que era individual y era de Pociones.

-Hola –lo saludó el examinador, Tofty-. ¡Oh, si eres Harry Potter! –le sonrió abiertamente-. Bien, comencemos, Potter. Prepárame una poción de los muertos vivientes, por favor.

Harry sonrió y comenzó. Había ido a la sala Multipropósito y recuperado el libro del Príncipe Mestizo (que no se quemó ya que en esta historia los Horcruxes fueron destruidos mucho más fácilmente), y había estudiado de él para su examen, así que sabía hacer las pociones de maneras espectaculares.

-¡Brillante! –dijo Tofty, impresionado, cuando terminó-. ¡Esto es una "E", sin lugar a dudas! ¡La mejor poción que he visto en mucho tiempo!

Harry se fue contentísimo. Ron estropeó un poco su poción pero no le fue del todo mal, y Hermione hizo la suya siguiendo los libros al pie de la letra y la felicitaron también.

El martes tuvieron el ÉXTASIS de Transformaciones, que también fue en el Gran Salón e individual, siendo llamados por turnos. Llamaban por orden alfabético, así que Hermione era la primera en entrar y Ron el último.

-¿Cómo te fue? –le preguntó a Ron cuando lo vio salir, un rato después.

-Creo que bien –dijo él, pensativo-. Pero no pude transformar a la profesora McGonagall en tres gatos, sólo en dos.

-Lo sé, esa prueba fue difícil –convino Harry.

El miércoles fue el ÉXTASIS de Botánica, y Harry se sorprendió a sí mismo pensando en Neville y estaba un poco triste mientras luchaba ferozmente con un Snargaluff.

El jueves por la mañana tuvieron el ÉXTASIS de Encantamientos. Por la tarde Hermione tuvo el de Runas Antiguas, que aseguró que había sido el mejor examen de su vida. El viernes llegó el último de todos, el de Defensa Contra las Artes Oscuras.

-Es la primera vez que debo tomarle un examen a un ex profesor –bromeó Griselda Marchbanks cuando Harry llegó ante ella-. ¿Es cierto que tenías la varita de Saúco y la dejaste ir?

-Sí –dijo Harry.

-Vaya –dijo ella, impresionada-. Entonces este examen será sólo un trámite para ti.

Esa tarde festejaron el final del colegio en los jardines, riendo y bromeando, pasándoselo mejor de lo que lo hubieran pasado en sus vidas. Y en la noche fue el baile de fin de año organizado por los de séptimo. Harry, Ron y Hermione llegaron juntos como pareja por primera vez en sus vidas a un baile escolar. Bailaron juntos, bebieron y rieron. Todos felicitaban a Hermione por el bebé que estaba en camino. Los padres de Ron y de Hermione, al enterarse de la noticia, propusieron hacer una reunión en conjunto con ambas familias allí mismo en Hogwarts, ese mismo fin de semana. Todavía quedaba una semana en el castillo, en el que no tenían clases y podrían pasarla disfrutando en los terrenos. El lunes los examinadores les dirían sus notas y el martes sería la entrega de diplomas y la graduación.

Los padres de Hermione llegaron el sábado por la tarde, y los de Ron un poco después. Comieron juntos en la mesa de Gryffindor en el Gran Salón, y Harry juraba que el señor Weasley los miraba con mucha preocupación. Los padres de Hermione se veían nerviosos. Harry empezó a sospechar de que había algo extraño allí.

-¿Chicos, quieren acompañarme un momento? –dijo el señor Weasley, finalmente, cuando habían terminado de comer, poniéndose de pie. Los señores Granger y la señora Weasley se miraron entre sí algo asustados. ¿Qué ocurría allí?

-Claro –dijeron Harry, Ron y Hermione, sin entender. Acompañaron al señor Weasley fuera del Gran Salón, y se metieron a una habitación vacía adjunta al Vestíbulo. Él cerró la puerta, respiró hondo y los miró atentamente.

-Necesito decirles algo –dijo. Ellos no dijeron nada, los tres lo miraron con seriedad. –Siéntense, por favor.

-¿Qué pasa? –dijo Ron, pero se sentó en una silla, igual que los demás.

-Tenemos que hablar –dijo el señor Weasley, tomando asiento-. Cuando nos enteramos de que tendrían un hijo, bueno… decidimos hacer esta reunión… para que yo pudiera hablar con ustedes… ahora…

Parecía querer alargar el momento lo más posible, sin atreverse a decir lo que tenía que decir.

-Papá, dinos que pasa –dijo Ron-. Estás asustándonos.

-Bueno –dijo él, tomando mucho aire y mirándolos-. ¿Ustedes sabían que los señores Granger, Molly y yo nos conocíamos desde antes de que ustedes se hicieran amigos, desde antes de que nacieran, de hecho?

-¿Qué? –dijo Hermione, impresionada-. No sabía eso, ¿cómo podían conocerse? Mis padres son muggles.

-Nos conocimos en Londres, un fin de semana –explicó Arthur, muy incómodo-. Existe un motivo por el que nunca se los dijimos, enseguida llegaré a eso. Nosotros magos y ellos muggles, como nos caían bien los muggles Molly y yo nos hacíamos amigos de muchachos muggles frecuentemente, en los clubes. Ese día los conocimos y nos hicimos amigos. La amistad duró un tiempo. Y nosotros ya conocíamos a Lily y James también…

-¿Cómo dice? –se extrañó Harry-. ¿Usted y la señora Weasley conocían a mis padres?

-Sí, sí –dijo Arthur, muy nervioso-. Y los seis nos hicimos amigos… Molly, yo, los Granger y los Potter. Ya estaban armadas las tres parejas, fue poco antes de que ustedes nacieran. Los padres de Harry estaban casados, nosotros los conocimos por la Orden del Fénix… -tomó aire-. Y las tres parejas empezamos a salir, seguido. Nosotros ya teníamos a Bill, a Charlie, a Percy, a Fred y a George.

-¿Por qué nunca nos dijeron nada de esto? –protestó Hermione, indignada.

-Porque hay más –dijo el señor Weasley, tragando saliva-. Dios, cuando nos enteramos de que ustedes tres se habían hecho amigos, en primer año, decidimos que era algo lindo, y jamás dijimos nada… Y cuando nos enteramos de que salían juntos, los tres, fue mucho peor, claro… Pero aún así preferimos guardar el secreto, incluso cuando se casaron, y yo le juraba a Molly que una pareja de tres personas no podría sobrevivir, que tarde o temprano ustedes se separarían, y que era mejor esperar a que se pelearan antes que traumarlos… Pero ahora… ahora que Hermione está embarazada, esto ha llegado demasiado lejos… todo ha llegado demasiado lejos.

-Papá, ¿qué mierda pasa? –inquirió Ron, furioso.

-Los padres de Harry, los de Hermione y nosotros éramos amantes –dijo el señor Weasley a toda velocidad-. Éramos una pareja de seis personas que tenían relaciones sexuales, un sexteto. Y ustedes, chicos; ustedes, Harry, Ron y Hermione... Bueno… ustedes tres son hermanos.

Hermione se dio vuelta y empezó a vomitar.


14. El final (tercera parte)

-¡¿Qué?! –Ron estaba boquiabierto y su cara se había puesto verde. Harry miraba asqueado, como si alguien estuviera haciendo algo asqueroso ante su nariz.

-Hermione, ¿estás bien? –el señor Weasley se puso de pie y trató de ayudar a Hermione, que estaba en cuclillas sobre el charco de vómito.

-¡NO SE ME ACERQUE! –gritó ella, furiosa. Arthur se detuvo, dudando, y volvió a su asiento. Finalmente Hermione recobró la compostura y se limpió, pero no volvió a acercar a ellos; se quedó de pie a una distancia prudente.

-Lo siento mucho, muchachos –Arthur parecía verdaderamente apenado-. Esto se nos fue de las manos… hace mucho tiempo. Fuimos tan egoístas. No queríamos que la gente lo supiera por temor a qué pensarían de nosotros si supieran que éramos un sexteto y que habíamos tenido hijos…

-¿Pero cómo mierda es eso posible? –dijo Harry, sin dejar de mirar al señor Weasley a los ojos-. Esto es una broma, ¿verdad?

-No, no lo es.

-¡Sí, es una broma! –chilló Hermione, enloquecida-. ¡Claro, eso tiene que ser! ¿A quién se le ocurre venir a hacernos una broma tan estúpida? ¿Están mirándonos desde el Gran Salón los demás por alguna cámara y riendo?

-No, chicos, es todo cierto –dijo el señor Weasley.

-¡Pero es absurdo! –dijo Harry-. ¿Cómo podemos ser hermanos? Hemos nacido en fechas diferentes, Ron y yo sólo nos llevamos unos cuatro meses, así que es imposible.

-Verán, los tres han nacido el mismo día –dijo el señor Weasley, cabizbajo-. El 1 de marzo de 1980. Son trillizos no idénticos. Su verdadera madre es la señora Granger y su padre biológico es James Potter.

-¡ABSURDO! –gritó Hermione-. ¡Todos nos parecemos a nuestros padres! ¡Todos! ¡Ron es igual a Molly y a usted! ¿Cómo podría ser hijo de James y mi madre?

-Lo es –dijo Arthur-. Cuando ustedes nacieron decidimos separarlos en tres familias. En esa época no era como ahora, nadie habría puesto buena cara ante una pareja de seis personas, así que nos separamos, decidimos mantener las parejas originales, tales como éramos antes de salir los seis: es decir, James con Lily, Molly conmigo y los señores Granger juntos. Al hacerlo decidimos llevarnos un bebé cada uno: Hermione había salido mucho a su madre, la señora Granger, así que ella y el señor Granger la adoptaron. Luego estaba Harry, que era igual a James, su padre, así que lo adoptaron ellos…

-¡Pero tengo los ojos de mi madre, tengo los ojos de Lily! –gritó Harry, furioso-. ¡Todo el mundo me lo dice!

-Bueno, no realmente –dijo Arthur, incómodo-. Cuando naciste tenías ojos marrones, Harry… Pero te los modificamos con un encantamiento de Transformaciones permanentes muy avanzado en el que Lily era muy buena, para que tuvieras los ojos exactamente iguales a los de ella… ya sabes, para despistar.

-Esto es pura mierda –Ron parecía no querer creerse una sola palabra-. Papá, yo soy igual a ti, no me vengas con que…

-Lo siento, Ron, yo no soy tu padre biológico –dijo él, muy apenado-. Tu verdadero padre era James, antes de morir. Tú fuiste el que salió más distinto; no te parecías mucho a James, ni tampoco a la señora Granger, así que decidimos adoptarte con Molly. Pero el problema era que no te parecías mucho a ninguno de nosotros, y tenías el cabello negro azabache… Todavía no te pareces a nadie de la familia, Ron, si lo piensas, lo único que tienes en común con nosotros es el cabello pelirrojo… Y, al igual que los ojos de Harry, eso fue un encantamiento transformador realizado por Lily… Luego les inventamos fechas de cumpleaños distintas: los señores Granger tuvieron que inventar una historia para sus conocidos muggles sobre que habían tenido a Hermione meses atrás pero que había nacido en estado delicado y estuvo meses en el hospital y ellos, muy apenados, no habían querido contar la noticia porque tenían miedo de que no sobreviviera; Lily y James tuvieron que esconder a Harry hasta el 31 de Julio, día en el que le dijeron a sus conocidos y amigos que él había nacido, supuestamente, pero de cualquier forma nadie podía ir a visitar a Harry a su casa porque ellos estaban escondiéndose de Voldemort, así que nadie pudo comprobar la edad que tenía el bebé realmente, que ya eran unos cuatro meses… Molly y yo llevamos a Ron a casa el mismo día que nacieron todos, el 1 de marzo, y dijimos que acabábamos de tener un bebé. La gente no entendía bien por qué no habíamos dicho que Molly estuviera embarazada, pero después de haber tenido tantos hijos antes no se les hacía raro, y lo cierto es que Molly nunca ha sido muy delgada que digamos así que nadie podía estar seguro de que no hubiera estado embarazada…

-¡AHHHHHHH! –de pronto Hermione se había puesto a gritar, frenética, mientras se paseaba por la habitación. Nunca la habían visto asi. -¡BASTA! ¡POR DIOS, BASTA, DEJE DE MENTIR!

-Todo es cierto, Hermione, lo siento mucho…

-¡¿POR QUÉ?! –chilló ella, fuera de sí-. ¿POR QUÉ TENÍA QUE VENIR A DECIRNOS ESTO? ¿POR QUÉ NO PODÍA SÓLO DEJARNOS EN PAZ, POR QUÉ TUVO QUE VENIR A ARRUINARLO TODO?

-Hermione, te juro que no quería hacerlo, de verdad… -el señor Weasley ahora parecía desesperado, Harry pensó que nunca lo había visto tan apenado por algo-. Quisimos guardar el secreto cueste lo que cueste, hasta el punto en que lo llevamos a las últimas consecuencias, pero… ¿cómo seguir ocultándolo luego de todo esto… luego de que quedaras embarazada de tus dos hermanos?

-¡CIERRE LA BOCA! ¡ELLOS NO SON MIS HERMANOS!

-¿… y si el bebé saliera deforme? –siguió él-. Era necesario decírtelo, Hermione, para que le hicieras los estudios necesarios al bebé…

-¡UNA MIERDA! –gritó ella, que ya lloraba a viva voz-. ¡UNA MIERDA EL BEBÉ! ¡USTED LO ARRUINÓ TODO! ¡NO HABRÁ BEBÉ!

-¿De qué estás hablando? –dijo él, muy conmocionado.

-¡NO VOY A TENER UN BEBÉ DE MIS DOS… DE MIS… DE MIS…! –ella no podía decir la palabra "hermanos", y evitaba a toda costa mirar a cualquiera de los dos-. ¡VOY A ABORTARLO!

-Querida, sé que estás sufriendo una gran conmoción… -empezó el señor Weasley.

-¡USTED CALLÉSE! –gritó alguien; pero no era Hermione, era Ron, que se había puesto de pie hecho una furia.

-Hijo… -empezó el señor Weasley.

-¡YO NO SOY SU HIJO! –dijo Ron, escupiendo rabia al hablar-. ¡Y USTED NO ES MI PADRE, ASÍ QUE NO VUELVA A HABLARME NUNCA MÁS!

-Te entiendo perfectamente, Ron, pero quiero que sepas que…

-¡USTED NO SABE NADA! –ahora Harry era el que se había puesto de pie-. ¿CÓMO SE ATREVE A VENIR AQUÍ Y…? ¿SE DA CUENTA DE QUE ACABA DE ARRUINARNOS LA VIDA EN SÓLO DIEZ MINUTOS?

Arthur no dijo nada. Se dieron cuenta de algo horrible: unas lágrimas habían empezado a caer por los ojos del mago. Arthur estaba llorando.

Harry caminó hacia donde estaba Hermione y trató de abrazarla, porque estaba tan enfadado que sus instintos tomaban el control de su cuerpo, y olvidó que ella era su hermana por un instante. Pero entonces ella se lo recordó cruelmente al alejarse de él y mirarlo con asco, con una mueca tan horrible que no la olvidaría nunca. Inmediatamente después de esto, Hermione se dio vuelta, se tapó la cara con ambas manos y salió de la habitación corriendo.

-Hermione… -murmuró Harry, conmocionado. Detrás de él Ron discutía con el señor Weasley, pero al cerebro de Harry sólo llegaban unas pocas palabras que parecían venir de una gran distancia:

-¿…y cómo pudieron ser tan irresponsables? ¿Estar juntos, seis personas? –decía Ron-. ¿Qué no saben lo… lo incorrecto que es eso? Sí, nosotros también íbamos a tener un bebé, pero… pero… ¡pero éramos sólo tres, no seis! ¡Era totalmente distinto! ¡Ustedes son un asco!

Harry salió de la habitación también y empezó a caminar, aunque no sabía a dónde estaba yendo exactamente. Sólo quería alejarse de allí lo más rápido posible. Todo se había desmoronado olímpicamente: el fin de clases, la perspectiva de comprar una casa con Ron y Hermione una semana más tarde, cuando salieran del colegio por última vez en sus vidas, para comenzar la vida después de Hogwarts; la idea de vivir juntos los tres, de ver nacer al bebé de Hermione, de criarlo juntos, como Lily y James lo habían criado a él cuando era sólo un niño de menos de un año… o al menos eso era lo que él había creído hasta ese momento.

-¿Señor Potter? –esta nueva voz, que nunca había oído en su vida, sonaba aún más lejos que las demás; Harry estaba fuera de sí, perdido en un mundo alterno, no entendía quién era aquel hombre que le hablaba mirándolo con preocupación, ni le importaba tampoco. –Señor Potter –insistió el hombre, deteniéndose delante de él para que Harry no pudiera pasar a su lado-. Disculpe, yo soy del hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. Como disculpas por la tardanza en los exámenes de su hijo he decidido venir personalmente a traerle los resultados y ofrecerle unas disculpas. Los he estado buscando a usted o a su esposa por todo el castillo desde hace casi una hora…

-¿Mi hijo? ¿Mi esposa? –Harry murmuró esas dos frases como si no entendiera el significado.

-Vaya, creo que hace muchos años que no venía aquí, hasta me he perdido –comentaba el sanador con una sonrisa, mirando a su alrededor como si estuviera en un sitio espectacular, aunque a Harry le parecía que no había nada bueno en nada de lo que lo rodeaba. –Bueno, aquí tiene, señor Potter –dijo el mago, entregándole un sobre blanco, que Harry agarró casi sin darse cuenta de lo que hacía-. De nuevo mil disculpas. Que tenga buenas noches.

Y el mago se alejó, sin dejar de mirar al castillo fascinado. Entonces Harry se acercó el sobre a la cara y vio que decía algo de San Mungo o así, pero como no le importaba se dedicó a abrirlo sin prestarle atención a la inscripción y sacar el pergamino que venía dentro. Leyó por encima las palabras de introducción, puesto que tampoco le interesaban. Finalmente llegó a la única parte que podía tener algo de interés para él en ese momento:

"…por lo que, luego de los análisis correspondientes, existe un 97% de similitudes entre el ADN del bebé con el de Harry James Potter, que es, por ende, su padre biológico".

Harry dejó caer la carta al suelo y se recostó contra uno de los muros del castillo. Miró a su alrededor: había puertas, gárgolas, retratos, ventanas… Y todas esas cosas giraban a su alrededor como si todo estuviera dentro de una licuadora, todo revuelto, todo fuera de control.

Se dejó caer al suelo y se quedó allí sentado, contemplando la brillante luna que era perfectamente visible en su totalidad desde la ventana abierta ante él. Una espléndida noche de verano para los alumnos de séptimo año de Hogwarts, ya libres de exámenes y con toda una vida por delante…


15. La humedad de Hermione asciende

-Hermione, tengo que decirte algo… -Harry sujetó a su mujer del brazo y la hizo girar en redondo. Ella quiso soltarse, pero él no la dejaba ir-. Hermione, yo soy el padre…

-¡Suéltame! ¡No quiero que vuelvas a tocarme nunca más en tu vida!

-Pero Hermione…

-¡YA LO ABORTÉ! –gritó ella, llorando. Harry la soltó y la miró a los ojos.

-¿Qué?

-¡SI, YA ESTÁ HECHO! –gritó ella, llorando.

-¡NO! –bramó una voz. Ron corría hacia ellos con un brazo extendido, pero parecía que nunca llegaba a donde estaban… -¡HERMIONE, NO! ¡YO ERA EL PADRE! ¡NO!

-¿Qué dices? –Harry no comprendía-. ¡Me dijeron que yo era el padre!

-¡Yo soy el padre! –gritó una tercer voz. Todos se dieron vuelta y vieron aparecer a Draco Malfoy, que venía de la mano con Ginny. Todos quedaron boquiabiertos.

-¡Él estaba muerto!

-¡Ella estaba en prisión!

Ginny rió con una risa macabra que les helaba los huesos, entonces Draco se acercó hasta quedar a centímetros de Harry y le dirigió la mueca más despectiva que hubiese hecho en su vida.

-Yo soy el padre, Pottercito. Tengo un documento emitido por Kingsley Shacklebolt que lo confirma. Además, ahora mi padre será el nuevo Ministro… Han acusado a Kingsley de corrupción por todo lo que ha hecho a tu favor…

-¿Qué? Déjame ver eso –Harry leyó el documento-. Parece que todo está en orden, Draco… Tú eres el padre…

-¿Qué nadie me escucha? –gritaba Hermione-. ¡HE ABORTADO! ¡YA NO HABRÁ BEBÉ! ¡Y USTEDES SON MIS HERMANOS!

Harry se acercó a Hermione y empezó a desvestirla, delante de todos.

-¡Harry! –gritó ella-. ¿Qué haces? ¡SOY TU HERMANA!

-Voy a hacerte el amor, hermanita… -dijo él, besando sus pechos desnudos y recorriendo su piel con las manos, deseoso, sediento de sexo…

Entonces Hermione le sonrió y empezaron a hacer el amor ante todos los demás. Hermione disfrutaba el incesto, más caliente que nunca, más húmeda que nunca…

Capítulo 37: El sueño

Harry abrió los ojos.

De pronto todo empezó a desaparecer lentamente, como una niebla que se esfuma hasta desaparecer. Respiraba agitado, sus manos sudaban, su corazón latía a toda velocidad.

Estaba en su habitación, en su cuarto en Hogwarts, aquel en el que había dormido toda su vida de estudiante. Estaba en la misma cama de siempre, la que había sido siempre suya, con las cortinas cerradas. Sin embargo, a pesar de que las cortinas estuvieran corridas, podía ver la intensa luz de un sol poniente filtrarse entre la tela: Era el atardecer.

Pero el atardecer… ¿de cuándo?

Se sentó en la cama y corrió las cortinas de un tirón. Enseguida se dio cuenta de que estaba solo, completamente solo en la habitación. Lo que tenía mucho sentido, puesto que si estaba atardeciendo lo normal no era que la gente estuviera durmiendo sino que estuvieran cursando alguna materia, o yendo al comedor para la cena…

¿Había estado durmiendo todo el tiempo?

Harry se levantó de la cama lentamente, con mucho cuidado, porque sentía algo en la cabeza que lo molestaba, una gran confusión. Sentía cómo de a poco esta sensación iba desapareciendo, pero por el momento lo mejor era andar con cuidado.

Caminó hacia la ventana de la habitación, pero mientras lo hacía vio que las camas que siempre habían sido de Neville, Dean y Seamus estaban llenas de objetos que relacionó directamente con ellos: no parecían pertenecer ni a Fred ni a Colin ni nadie extraño; los pósters y baúles eran los de Neville y los otros, los reconoció enseguida…

Se asomó a la ventana.

¿Fred y George volviendo al colegio, luego de tanto tiempo? ¿Un sombrero seleccionador al que le salían patitas y manos y se iba caminando mientras se fumaba un cigarro, dejando a todos los alumnos de primero sin ser seleccionados de pie en el umbral de la puerta del Gran Salón? ¿Un Kingsley que aprobaba leyes ridículas para él y lo seguía por todas partes? ¿Gente teniendo sexo por todo el castillo?

Miró hacia los terrenos mientras esos absurdos pensamientos cobraban sentido. Cobraban sentido porque era cada vez más real para él la verdad de que aquello había sido todo un sueño. Miró hacia los terrenos y vio el sol poniente, un hermoso sol dorado que lo golpeó en la cara y lo hizo sentirse maravillosamente bien; se sentía excelente, renovado, era evidente que había estado durmiendo muchas horas.

¿Un torneo en el que la gente debía matarse la una a la otra en Albania? ¿Harry consiguiendo los Horcruxes de maneras facilísimas? ¿Una lluvia de basiliscos cayendo del cielo? ¿Un montón de sus conocidos muriendo para luego resucitar gracias a las reliquias de la muerte? ¿Y él, Harry, siendo quien los devolviera a todos a la vida?

Todo absurdo, todo ridículo. Se dio cuenta, mientras miraba por la ventana, que los terrenos del colegio estaban devastados: Había rocas por doquier, polvo, suciedad, árboles del bosque prohibido yaciendo arrancados en el suelo, muros del castillo visibles desde allí desmoronados… Parecía como si recientemente hubiera habido una batalla cruenta allí, en Hogwarts.

Harry se frotó la cara con ambas manos y cerró los ojos unos instantes. Entonces varias imágenes cruzaron su mente a toda velocidad: Él yendo a una especie de disco bailable en Hogsmeade; él yendo a un motel con Ginny, también en Hogsmeade; él acostándose con miles de chicas del colegio y conocidas, entre ellas Demelza, Tonks, Romilda Vane, Hermione…

Hermione.

Harry abrió los ojos y frunció el entrecejo. Entonces una sonrisa empezó a formarse en su cara, muy lentamente, y creció tanto que al final se encontró a sí mismo riendo solo, allí, solo en su habitación, riendo como un loco.

Había tenido un sueño extremadamente largo, complicado y detallado que era una loquísima y absurda relación entre él, Ron y Hermione. Un sueño en el que los tres se acostaban juntos, empezaban a salir, se acostaban con Luna (los cuatro), luego Hermione se acostaba con Snape, echaban a Snape del colegio por abuso sexual, Draco estaba enamorado de Hermione, ella los dejaba y empezaba a salir con él, luego Draco moría a manos de Bellatrix, él iba a Albania a buscar la diadema perdida…

Harry volvió a frotarse la cara con las manos y dejó de reír. Había sido, sin ninguna duda, el sueño más largo, complicado y extraño que hubiera tenido en toda su vida. Sentía como si hubiera estado horas y horas durmiendo, como si nunca hubiera dormido tanto…

Volvió a mirar por la ventana. El castillo estaba semidestruido.

Entonces fue cuando, por fin, varios minutos después de haber despertado, todo el largo sueño que había tenido desapareció finalmente y la realidad volvió a él:

La noche anterior había sido la batalla de Hogwarts. La noche anterior había terminado todo, había sido la noche en que peleó con Voldemort, en la que descubrió que él debía morir para poder acabar con él, en la que fue al bosque prohibido y recibió un maleficio asesino a manos de Voldemort mismo, la noche en la que había visto a Dumbledore en esa especie de estación King Cross, y luego había vuelto, había peleado con Voldemort ante cientos de personas y lo había vencido. Había sido la noche en la que le dijo a Voldemort que él era el amo de la varita de saúco, y luego Voldemort lo había atacado y muerto, yendo la varita a parar a manos de Harry.

Lo último que recordaba era que lo habían tenido toda la mañana consolando a familias y siendo felicitado, venerado como un héroe, luego él se había puesto la capa para hacerse invisible y se había alejado, por fin, del Gran Salón con Ron y Hermione. Entonces habían ido al despacho del director y hablado con el retrato de Dumbledore; Harry le había preguntado si estaba de acuerdo en que se deshiciera de la varita de saúco y que dejara la piedra de la resurrección en el bosque, y Dumbledore, desde su lienzo, le había dicho que sí.

Y entonces Harry le había pedido a Kreacher que le hiciera un sándwich y se lo llevara a su cuarto. Se habían despedido de Hermione en la sala común y ella había subido a su propia habitación, a dormir. Harry y Ron habían subido a la suya, se habían acostado, y luego de comer unos sándwiches realizados por Kreacher (quien se había ofrecido de buena gana a prepararles una cena completa, pero no quisieron) se acostaron. Harry había caído dormido prácticamente al instante.

Y entonces…

Entonces, claro, había tenido todo ese sueño largo y absurdo. Y ahora había despertado y ya estaba atardeciendo, casi doce horas después de aquello, doce horas después de que se hubiera ido a dormir; él había pensado que ese sería el sueño más maravilloso de su vida, tan tranquilo luego de que Voldemort por fin hubiera muerto y ahora todo hubiera regresado a la normalidad…

Bueno, en cierta forma no había sido un mal sueño. Supuso que algunas cosas habían sido cómicas y divertidas, seguramente impulsadas por la parte de su mente que estaba feliz de que todo hubiera acabado por fin; otras partes del sueño habían sido muy dramáticas, seguramente impulsadas por aquella otra parte de su mente que aún dolía por todas las muertes y el dolor que había sufrido.

-¿Harry?

Se dio vuelta tan efusivamente que tropezó y cayó al suelo. Era Ron, que estaba de pie en la puerta abierta del cuarto, mirándolo con algo de preocupación.

-¿Estás bien?

-Sí –dijo Harry, poniéndose de pie-. Sólo he tenido un sueño muy extraño. Espera a que te lo cuente, Ron, te vas a morir de la risa…

Ron sonrió, terminó de entrar al cuarto y se dejó caer en su cama.

-Yo he despertado hace una hora, más o menos –le dijo su amigo-. No quise despertarte, todos hemos estado durmiendo toda la tarde. Es mejor ni ir abajo…

-¿Por qué no?

-Todo el Ministerio de la Magia en pleno está ahí –dijo Ron-. Además de todos nuestros conocidos y todo el mundo que ya estaba aquí esta mañana. Iban a hacer los funerales; ya sabes, de todos los caídos…

Harry notó una sombra pasar por la cara de Ron. Su amigo había perdido a su hermano Fred sólo unas horas atrás…

-…pero decidieron dejarlo para mañana –terminó, por fin.

-¿Por qué? –preguntó Harry, yendo a su cama de vuelta y sentándose.

-Porque quieren que tú digas unas palabras y estabas durmiendo –dijo Ron, y entonces volvió a sonreír mirándolo-. No te preocupes, amigo, todos comprenden que estuvieras exhausto luego de todo lo que pasaste…

-Pasamos –corrigió Harry-. Tú y Hermione estuvieron conmigo todo el tiempo. Y por cierto, ¿la has visto a ella?

-Sí, claro –dijo Ron, algo desconcertado-. Ella despertó hace horas y estuvo abajo ayudando a ordenar todo… Bueno, aún están discutiendo qué pasará con el castillo; algunos magos opinaron que había que dejar el castillo tal como está como una reliquia a la batalla y trasladar la escuela a otro lado…

-¿Estás hablando en serio?

-Bueno, fueron sólo algunas ideas, aunque no creo que lo hagan, sería ridículo.

-Claro –estuvo de acuerdo Harry.

-Pero bueno, eso demorará la reconstrucción del castillo unos días, supongo –opinó Ron-. En fin, vi a Hermione allí abajo. Por cierto, ya se lo he pedido…

Ahora Ron sonreía más que nunca, aunque a Harry le costaba entender por qué. Una parte de él todavía estaba sumida en el sueño.

-¿Qué le has pedido?

-¡Que sea mi novia! –dijo él, entusiasmado-. Cuando la encontré abajo, nos fuimos a un aula vacía y bueno… hemos estado besándonos –lo decía como si acabara de decir la cosa más pervertida del mundo. Harry se preguntó qué diría Ron si le contaba lo que había soñado… si besarse en aula vacía le parecía algo demasiado atrevido, el chico no tenía idea de las cosas que podían pasar por la cabeza de Harry mientras éste dormía…

-Genial –dijo Harry, haciendo un esfuerzo para recordar que la noche anterior también había sido el primer beso entre Ron y Hermione-. Ya son novios, entonces.

Sintió algo recorrerle el cuerpo, una especie de vacío. En un principio pensó que quizás era por el sueño, que quizás estaba celoso de que Ron se quedara con ella porque, en el sueño, él, Harry, también estaba enamorado de la chica. Pero entonces se dio cuenta de que no era eso, él la consideraba una hermana (por irónico que eso sonara, teniendo en cuenta el final del sueño), y jamás podría pensar en Hermione como algo más que eso, que la mejor amiga que hubiera tenido nunca. No, en realidad la sensación de vacío venía del hecho de que, ahora que Ron estaba de novio con ella, quizás ya no volviera a ser como antes, quizás ya no pudieran pasar tanto tiempo juntos, quizás ahora sus dos amigos lo excluyeran…

Ron pareció adivinar sus pensamientos.

-No te preocupes, amigo –dijo-. Todo seguirá como siempre. Seguiremos estando los tres juntos, nada cambiará.

-Más les vale –dijo Harry en un tono algo amenazador, y luego sonrío. Ahora sí que estaba feliz.

-¿Qué fue ese sueño que tuviste? –preguntó Ron.

-¿Eh? Ah, sí, eso –Harry tuvo que hacer un esfuerzo para no reír-. Tuve un sueño larguísimo en el que estábamos de vuelta en sexto año y todos teníamos sexo con todos…

Ron empezó a reír a carcajadas.

-Eso no es todo –siguió Harry, riendo-. Tú, Hermione y yo éramos una pareja. Los tres.

Ron se lo quedó mirando como si su amigo se hubiera vuelto loco.

-Conseguíamos que Kingsley nos aprobara un matrimonio triple… Ron, fue el sueño más absurdo que haya tenido en toda mi vida.

Ron volvió a desternillarse de la risa.

-Vaya, amigo, sí que te has vuelto loco –dijo por fin, cuando pudo dejar de reír, limpiándose las lágrimas con la manga de la túnica-. Todo esto te ha afectado seriamente…

-Ya cállate –Harry le arrojó su almohada por la cabeza, riendo él también-. Luego pasaban como mil cosas más que ya ni recuerdo muy bien. Y al final estábamos aquí y Ginny resultaba ser una asesina en serie que quería matarte…

-¿A mí? –preguntó Ron.

-¡Sí! –dijo Harry. Ron volvió a reír.

-De acuerdo, espero no volver a tener un sueño así nunca más en mi vida –dijo Harry, y se puso de pie-. ¿Vamos abajo? Me muero de hambre.

-Oh, no, no –se apresuró a decir Ron-. Abajo "abajo" no, sólo abajo a la sala común. Te he dicho que está lleno de magos del Ministerio deliberando cosas y gente limpiando los escombros y todo eso… Es un desastre, pero aquí en la sala común están todos los chicos del ejército de Dumbledore y Kreacher nos lleva comida. Vayamos allí.

-Vamos –dijo Harry.

Los dos amigos bajaron las escaleras, y cuando llegaron a la sala común un montón de chicos empezaron a aplaudir y a hacer escándalo al ver a Harry. Él sonrió y se reunió con ellos, mientras le daban palmaditas en la espalda y le alborotaban el cabello.

-Sí que has dormido, ¿eh? –le dijo Neville, con una sonrisa enorme. Harry nunca había estado tan feliz en su vida de ver a Neville.

-Harry… -esa voz le llegó a los oídos como una hermosa nota musical, una canción bellísima que no hubiera escuchado en mucho tiempo. Alzó la vista y vio a Ginny ante él, con una sonrisa.

Entonces fue cuando el sueño terminó de desaparecer por completo de su mente. La realidad estaba ante él, y todos los chicos a su alrededor estaban mirando expectantes, los chicos sonriéndose mutuamente y las chicas enternecidas porque esperaban una escena de amor, de reencuentro.

Harry caminó hacia Ginny, y por segunda vez en su vida la besó en la sala común ante un tumulto de alumnos que estaban celebrando por algo. Entonces todos empezaron a aplaudir, y Harry besó a Ginny y se dio cuenta de que estaba enamorado de ella, de que quería pasar el resto de su vida a su lado.

Se dio vuelta y vio a Hermione. Su amiga sonreía cerca de él, y se sorprendió mucho cuando Harry se separó de Ginny, caminó hacia ella y la abrazó muy fuertemente.

-¿Estás bien, Harry? –le dijo al oído, en un tono bajo de voz para que nadie escuchara. Había quedado pasmada por el repentino abrazo que éste le había dado, y Harry se dio cuenta de que a la chica le preocupaba que Harry hubiera quedado afectado por todo lo que había pasado la noche anterior.

-Nunca estuve mejor –dijo él, sin dejar de abrazarla.


Bueno ahora si! Eso fue todo! Estamos de regreso en 2023 y mis comentarios ya no son del 2013 si no de la actualidad. No leí todo el fic la verdad, no me acuerdo casi nada, pero si te gustó comenta por favor! Lo que sí recuerdo (no sé si se entendió) es que al final resulta que estamos en el capítulo 37 de Harry Potter y las Reliquias de La Muerte y todo lo anterior fue... bueno ya saben. Por las dudas no estuviera tan claro, ya que mi yo de esa época era, claro, un poco peor escribiendo que el de ahora xD

Adiós y que estén muy bien! Y lean mi fic actual: Cuerpos Ardientes en Hogwarts :')