¡Hola! ¿Cómo están? Espero que se encuentren bien. Sé que no he estado muy activa últimamente, pero revisando algunos archivos en mi PC, me encontré con esta historia que tenía en edición y qué, aunque la publiqué hace ya algunos meses en la página de Facebook de Inuyasha Fanfics, no me había tomado el tiempo de publicarla en FF.

Cómo única aclaración diré que el inicio fue tomado de mi primer escrito de mi fic de Letras Libres al que le fui dando desarrollo y qué culmino con esta bonita historia veraniega, que espero disfruten.

Sin más que decir los dejo con:

Paradise

- Vamos a la playa.

- ¿A la playa? — por un momento desvío la vista de la pantalla de la computadora para observar a su novia con el ceño levemente fruncido debido a la repentina afirmación.

- Sí, hace mucho que no vamos- canturreó.

- No creo que sea posible mujer, tengo mucho trabajo- apuntó en lo que su mirada regresaba al ordenador y sus manos tecleaban raudamente.

- Anda Inu - escuchó que decía melosa en lo que lo abrazaba por la espalda- Por tu cumpleaños.

El hombre gruñó y ella soltó una risita divertida.

- Bueno, bueno- dijo aún entre risas-que sea por el mío, ¿síííí?

- No, ya dije que... Mmm- fue interrumpido por la deliciosa caricia de los labios de su novia sobre su cuello.

- Va- beso-mos- beso- a la - beso-playa.

- Ka-go-me- pronunció entrecortadame-pequeña tramposa.

Ella prosiguió con sus caricias sobre su cuello e incorporó otras con sus manos; sus dedos desabrocharon los tres primeros botones de la camisa y se introdujeron sigilosos dentro, realizando suaves movimientos ascendente y descendentemente sobre el musculoso pecho de su novio.

InuYasha lanzó un gemido ronco cuando las manos de Kagome acariciaron su abdomen y amenazaban con ir un poco más al sur.

- ¿Y bien? — indagó la joven sin detener sus caricias y jugueteando con el lóbulo de la oreja de su pareja entre sus labios- ¿Iremos a la playa?

- Sí mujer, sí ire... ¡Oye! —exclamó cuando sintió que los mimos se detuvieron abruptamente.

— ¡Perfecto! Iré a hacer las maletas- Kagome le dio un beso fugaz en la mejilla antes de alejarse de él mientras canturreaba feliz.

InuYasha bufó molesto, no tanto porque le hubiese ganado la partida a base de cariños, sino porque lo había dejado con una erección que necesitaba atención urgente y la cual tendría que bajar a base de agua fría.

- Mujer manipuladora- masculló entre dientes antes de incorporarse de su asiento y dirigirse al cuarto de baño.

[ *** ]

El clima no podría estar mejor, la brisa les acariciaba el rostro, el sol iluminaba sobre el cenit y la carretera les mostraba un paisaje reverdecido producto de la naciente primavera.

Kagome iba cantando a todo pulmón, agregando movimientos con sus manos y gestos. InuYasha tenía una sonrisa de oreja a oreja, amaba ver y hacer feliz a la mujer que iba sentada a su lado. Después de todo, debía aceptar que ese viaje le había caído como anillo al dedo.

Recién había estado muy estresado y ocupado, no era para menos, era el vicepresidente de una de las cadenas comerciales más importantes de todo el país. Era consciente de que había descuidado a su novia en los últimos meses, ya que se venía la apertura de otra tienda en la zona turística de Kyoto.

Sabía de sobra que el embuste de la otra tarde lo había realizado Kagome para poder pasar tiempo juntos a solas y sin interrupciones de por medio. Era de su conocimiento que todos sus cumpleaños su hermosa novia los celebraba con su familia, debió de sentirse bastante abandonada por él como para renunciar a su tradición familiar y preferir pasarlo solos los dos en la playa. La entendía, desde siempre aguantaba sin chistar sus horarios, sus cancelaciones de última hora, sus retrasos. Fue por eso que le pidió que vivieran juntos, con la esperanza de poder pasar más tiempo juntos. Y así era la mayor parte del tiempo, sólo que en esta ocasión su hermano Sesshumaru le había cedido más responsabilidades de las acostumbradas.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escucho el grito de alegría por parte de Kagome, el mar comenzaba a divisarse en su campo de visión.

- ¡Mira Inu! —exclamó emocionada- ¡Se ve tan azul! ¿No te encanta?

Redujo la velocidad para poder contemplar el paisaje que ella señalaba con medio cuerpo fuera de la ventanilla. La contempló, su cabello negro ondeaba con el viento, esbozaba una sonrisa plena y sus ojos, pese a traer las gafas oscuras, él sabía que brillaban llenos de emoción. Recordó entonces, que ella era todo lo que necesitaba para ser feliz en la vida.

- No sólo me encanta, lo amo- dijo cuando ella volvió a señalarle el paisaje, mientras continuaba mirándola embelesado y no necesariamente haciendo alusión al mar.

[ *** ]

Cuando llegaron al pequeño pueblo costero se encontraron con que para llegar a la playa desde su hotel, tenían que realizar un viaje de quince minutos en bicicleta o de treinta minutos a pie.

InuYasha le dirigió una mirada molesta a Kagome, quien hizo que la Virgen le hablaba para ignorar los ojos de pistola que le echaba su novio y tomó las llaves de la habitación que la amable recepcionista le había dejado sobre el mostrador.

La pareja subió por las escaleras tres pisos (con todo y su equipaje) antes de llegar a su habitación. En cuanto Kagome abrió la puerta, InuYasha entró y arrojó todo sobre el suelo.

- ¿Estas molesto por algo? —preguntó la chica con inocencia.

- Pues, ahora que lo dices ¿¡Porque no me dijiste que no encontraste habitaciones en el hotel de siempre!?- gritó.

- Creí que era una buena oportunidad para probar algo nuevo- respondió molesta y con las manos sobre sus caderas- Ya sé que el otro hotel tiene playa privada y sobre todo Internet- le dirigió una mirada astuta en lo que fruncía el ceño y le golpeó con su dedo índice el pecho- Y también sé, que es lo que quería hacer señor Taisho.

- ¿Qué? ¿De qué hablas mujer?

- Ibas a traerte la laptop para poder seguir trabajando desde aquí- acusó.

InuYasha tragó duro y comenzó a sudar, ¿cómo lo supo?

— Te vi en la madrugada mi amor- comenzó a acercarse peligrosamente a su pareja.

El hombre volvió a pasar saliva en lo que retrocedía un paso con cada uno de los que ella daba hacia él frente, sin darse cuenta terminó sentado en el borde de la cama.

- Vi, como metiste la lap en una maleta aparte- con ambas manos lo recostó bruscamente sobre la cama y se colocó a horcajadas sobre de él - ¿Qué te hizo pensar que me engañarías tan fácil, Inu-Ya-sha?

Un delicioso escalofrío le recorrió el cuerpo al escuchar su nombre tan cerca de su oído, y la imagen de Kagome encima de él, mirándolo con autoridad y dominio no le estaban ayudando mucho.

- Te ves tan sensual así - ronroneó y sus manos se posaron debajo de la blusa de la joven y comenzaron a trazar deliciosas caricias sobre su abdomen y dirigiéndose peligrosamente hacia sus redondeados senos.

La muchacha gimió, pero se repuso casi al instante.

- ¡No cambies el tema Taisho! — y con brusquedad le quitó las manos de su tersa piel - ¿Crees que puedes embaucarme con tus caricias?

—¿¡Mira quién habla de embaucar con caricias?! - exclamó con ironía - Sí tu eres la experta en eso.

- ¿¡Yo!? — clamó ofendida- ¿Cuando yo te he jugado así?

— Por darte un ejemplo, te diré que así fue como conseguiste que viniéramos a la playa mi amor - touché.

Los ojos castaños de Kagome parpadearon un par de veces confundidos unos segundos antes de que su boca emitiera un "oh".

- ¿Por fin reconocerás que eres una hermosa estafadora?

—Estamos a mano, entonces- pronunció por respuesta y con una seriedad impropia de ella.

InuYasha no pudo evitar soltar a reírse a carcajadas, por primera vez, en sus tres años de noviazgo, le había ganado a Kagome.

- Oh, mi amor- dijo aún entre risas- Sabe tan dulce.

- No te acostumbres, tuviste suerte.

Se levantó del cuerpo de su novio, quien seguía muerto de la risa y se dirigió hacia una de las maletas de dónde sacó toallas y protector solar antes de meterlas a una mochila amarilla.

- Vas a seguir riéndote como maniático o vendrás conmigo a la playa- sentenció con una ceja arqueada.

- ¡Vamos a la playa! - vocifero todavía con la sonrisa de la victoria en sus labios.

InuYasha se incorporó de la cama de un salto, tomó las llaves del cuarto y su billetera antes de salir detrás de Kagome.

[ *** ]

- Recuérdame por qué tengo que ser yo la que te lleva en la bicicleta - manifestó una acalorada Kagome.

- Número 1, porque eres tú la que está en clases de spinning todo el tiempo; número 2, porque fuiste tú la que reservo ese hotel lejos de la playa y número 3, porque yo nunca aprendí a andar en bicicleta.

La joven soltó una carcajada divertida ante las razones de su pareja, ese fue uno de los motivos por los que se enamoró de él, incluso sobre su atractivo físico. Amaba la facilidad con la que inventaba disparates y los disfrazaba de verdades.

- Tal vez sea hora de que aprendas a andar en bicicleta.

- ¡Keh! - soltó junto con un ademán de su mano derecha- Sí no aprendí a los ocho, ahora a mis treinta no lo creo necesario.

- Acabas de cumplir treinta y dos - apuntó Kagome-No te quites años, amor.

- Mira, quien lo dice- se burló-la que mañana cumple veintinueve y a todos les dice que cumple veinticinco.

- ¡Oye! - exclamó con falsa molestia - Otra bulla de esas y te bajas de la bicicleta.

InuYasha rio abiertamente, cosa que Kagome aprovecho para desestabilizar un poco el equilibrio de la bicicleta, lo que derivó que el joven que llevaba sentado en la parte de atrás diera un salto y estuviera a punto de caer. Esta vez fue el turno de la chica de reír a carcajadas.

Kagome 2, InuYasha 1.

[ *** ]

Cuando llegaron a la playa, amarraron la bicicleta y caminaron en busca de un buen lugar para pasar el resto del día. Por fortuna era temporada baja por lo que había pocos turistas, la mayoría eran grupos jóvenes de amigos o parejas que, como ellos, escapaban de la rutina y el caos de la ciudad.

Encontraron un buen lugar con sombra y solicitaron los camastros. En cuanto se hallaron cómodamente instalados, Kagome se despojó rápidamente de su playera ligera y de su short de mezclilla para quedar en un coqueto bikini blanco con vivos en verde esmeralda.

InuYasha contempló embobado cada una de las partes que conformaban la anatomía de su novia, era perfecta. Una oleada de celos le inundó el cuerpo cuando ella comenzó a caminar en dirección al mar y acaparó las miradas masculinas. Así que se quitó la camisa y las bermudas para prácticamente correr a alcanzarla, la tomó de la cintura, en un rápido movimiento la giró en dirección a él antes de plantarle un apasionado beso en los labios; con el único motivo de que no les quedara duda alguna a esa bola de idiotas, sobre a quién le pertenecía el corazón de la hermosa mujer.

Kagome parpadeó confundida ante la sorpresiva muestra de posesividad para después colocar sus brazos alrededor del cuello de su novio y así corresponder gustosa a la dulce invasión a su boca.

Cuando la necesidad de oxígeno fue evidente se separaron y ella comenzó a frotar su nariz con la de InuYasha.

- ¿Y eso? — preguntó en medio de sus tiernos mimos.

- Mía - pronunció sin poder evitar gruñir.

Kagome entonces miró por encima del hombro y observó cómo varios jóvenes fingían desviar la mirada e intentaban actuar natural. Sonrió resignada, así era él, posesivo a más no poder. Nunca le había dado motivos para serlo, sin embargo, era parte de la naturaleza del hombre que amaba.

- Tuya - dijo en lo que rozaba sus labios con los de InuYasha - siempre - musitó antes de volver a besarle, disipándole así, cualquier duda.

[ *** ]

- ¡¿Ya viste?! ¡Es tan guapo!

Eran algunas de las exclamaciones que Kagome escuchaba sentada en la orilla del mar. El motivo, su flamante novio estaba haciendo gala de sus dotes de nadador.

Sonrió con suficiencia, a diferencia de InuYasha, ella disimulaba mejor los celos. Aunque también le gustaba marcar su territorio, de una manera más sutil, claro está.

InuYasha le dio la oportunidad perfecta, cuando comenzó a hacerle señas para que se metiera con él al agua. Así que fingió demencia y lo ignoro a propósito olímpicamente.

Varias de las mujeres que estaban alrededor comenzaron a soltar risitas y chillidos emocionados, creyendo que alguna había llamado la atención de aquel adonis.

Taisho arqueo una ceja, ¿Qué tanto alboroto se traían en la orilla? Agitó su mano por unos instantes más, pero al notar que Kagome no le hacía caso, optó por gritarle.

‐ ¡Hermosa, ven al agua conmigo!

Más gritos emocionados, ¿Quién era la afortunada? Todas se miraban unas a otras, mientras que Kagome se reía por lo bajo.

‐No me hagas ir por ti, mi amor‐ dijo en tono juguetón y con una sonrisa que derritió a todas las presentes.

Kagome entonces se incorporó casi en cámara lenta, había llegado el momento de demostrarles quien era la verdadera dueña de aquel suculento bombón.

Se hizo silencio en la orilla, cuando todas las féminas presentes vieron como aquella mujer de buen ver y cabello oscuro se introducía en el mar y nadaba en dirección al atractivo hombre. Unos gritos de asombro acompañado de exclamaciones de decepción se escucharon cuando InuYasha tomó a la joven por la cintura y reclamó sus labios con los suyos.

Lástima, otro más que tenía dueña.

Kagome sonrió orgullosa en medio del beso, porque ella sabía más que nadie, que su novio no sólo era atractivo por fuera, sino también por dentro y era de ella, solamente de ella.

[ *** ]

Después de una tarde divertida en la cual chapotearon hasta que se cansaron, nuestros protagonistas se encontraban sentados en el balcón de su habitación en el hotel.

InuYasha abrazaba por los hombros a Kagome, quien se encontraba con la cabeza recostada en el hombro de su novio. Con las manos entrelazadas contemplaban el oleaje manso del mar y disfrutaban de la brisa nocturna. Ambos sentían aquella tranquilidad que sólo se alcanza cuando estás con la persona correcta.

‐Kagome‐ llamó con suavidad.

‐Mmm ‐ escuchó por respuesta.

- Lamento mucho haber estado tan ausente estos días‐ la estrechó un poco más a él ‐ te prometo que no volverá a suceder.

‐Tranquilo‐ le dio un suave apretón a su mano‐ Sé que como CEO de la nueva sucursal estas más ocupado.

‐Sobre eso...

La joven se separó de él para encararlo en cuanto escuchó su voz dubitativa. Sus ojos castaños lo miraron interrogantes.

InuYasha inhalo aire fuertemente, le hubiera gustado que lo que estaba por decir fuera en otro momento y otro lugar, pero ya se había ido de lengua y ella tenía que saberlo.

‐ Renuncie al puesto de CEO en Kyoto ‐ soltó en una sola emisión de aire.

‐ ¿Por qué? - preguntó intentando no sonar histérica.

Desde que conoció a InuYasha y comenzaron a salir, él le habló de sus intenciones de escalar más allá de la gerencia en una de las tiendas de la empresa de su familia, por eso no entendía porque había renunciado a tan preciado sueño.

‐ Porque no estoy dispuesto a renunciar a ti‐ sus ojos dorados la miraban con intensidad, tomó una de sus manos y le beso los nudillos ‐ Aceptar el puesto en Kyoto significa mudarme a esa ciudad y estar cien por ciento enfocado; y yo no quiero vivir preso del trabajo y lejos de ti.

‐ InuYasha...

‐ Lo que yo quiero… - le miró con intensidad- es pasar el resto de mis días a tu lado, formar una enorme familia, con muchos niños que nos vuelvan locos y envejecer tomados de la mano‐ tomó aire‐ Lo que quiero decir Kagome, es que quiero casarme contigo y darte a ti y a los hijos que tengamos todo mi amor y mi tiempo.

Aquellos ojos marrones se llenaron de lágrimas, se encontraba emocionada hasta la médula. Claro que quería casarse con él, ser la madre de sus hijos y pasar la vida a su lado. Así que a falta de palabras se abalanzó sobre él y le beso entusiasmada. InuYasha le correspondió con gusto, cuando el aire les fue insuficiente se separaron, quedando sus frentes juntas.

‐ ¿Eso es un sí? ‐ cuestionó él sonriendo.

‐ ¡Sí, mil veces sí! ‐ exclamó aferrándose a su espalda.

‐Entonces futura señora Taisho‐ se incorporó y la tomó en sus brazos‐ Vayamos a la cama para comenzar a ensayar para la luna de miel

‐ Tonto‐ dijo ella entre risas.

Y así con el sonido del mar de fondo, nuestra pareja favorita hizo mutis a la derecha para reafirmar su confianza y amor el uno por el otro.