- "Yoshiko..." - podía escuchar una voz lejana que llamaba a mi nombre en medio de la inmensa penumbra -. "Todo regresa al comienzo, todo parte de algo y regresa sin importar el camino que tomes... Mentiras... Todo eso es un engaño... Mentirosos... ¡Mentirosos!..."

- ¡AH! Ugh- Do- ¿Dónde?...

Mi corazón latía deprisa y un sudor helado recorría mi frente. ¿Un sueño? Otra pesadilla... A veces se volvía molesto tener una mal noche tras otra, incluso si te gusta andar diciendo que eres un "ángel caído" a todo el mundo como a mí.

- *suspiro* Al menos ya pasó... ¿Qué hora es? – al ver el reloj de mi escritorio pude a penas distinguir las seis y media con la poca luz que el viejo aparato tenía -. Diablos, no quiero ir a clases...

Los días de instituto cada vez estaban más cerca de acabarse por fin y las vacaciones ya se hallaban a la vuelta de la esquina. Era justo ese momento del año en el que simplemente ya no tienes energías para nada y estabas más centrada en los días de descanso que vendrían que en el resto de las cosas.

- Ni siquiera dormí bien... *bostezo* A este ritmo seguro que quedaré dormida en clase... - suspiro cansada mientras caminaba al baño para cepillarme los dientes -. ¿Hmm?

Al ver mi fregadero pude notar como mi cepillo se había caído dentro y la pasta de dientes estaba doblada de forma descuidada, aunque juré que la había usado con cuidado ayer. Vaya, sí que es peligroso acostarse tan tarde y hacer las cosas estando medio dormida.

- Ayer me acosté a la madrugada... Ugh- Incluso me duele la cabeza...

No había tenido precisamente un buen día. Apenas me enteré de que mi madre había perdido su empleo y mis calificaciones habían bajado un poco, aunque nada alarmante. Estaba cansada mental y físicamente, pero por suerte, Hanamaru me encontró mientras regresaba a casa y así pudimos charlar un rato. Hablamos de muchas cosas, pero al final sus palabras antes de irse me ayudaron bastante.


- ¿Sabes? A veces pienso que quizás aquí no es donde yo debería estar - le dije mientras centraba mi vista en el anaranjado cielo -.

- ¿Cómo aquella vez que me lo dijiste cuando éramos niñas, zura?

- Algo así jaja... Se que suena tonto y más aún si lo digo ahora que han pasado tantos años. Pero hay momentos en los que realmente siento que quizás mi lugar es en otro sitio... Tal vez no sea un ángel caído, pero hay instantes en los que en verdad... Siento que no pertenezco aquí y es un poco triste porque aun con todas mis amigas y momentos hermosos que he vivido... Todavía no siento que este es mi hogar *suspiro*

- Yo- Yoshiko... ... - por unos instantes ella se quedó en silencio, hasta que de repente sentí unas leves palmaditas en mi espalda -. ¿Sabes una cosa? Yo pienso que tal vez Numazu pueda no ser tu hogar, quizás incluso nunca lo sea. Pero yo creo que un hogar no es necesariamente el lugar donde te sientes cómoda, sino las personas que te hacen sentir que perteneces allí zura. Y adivina ¡Tú estás llena de amigas que te quieren y apoyan siempre!

- Mis amigas... - al repetir aquellas palabras, una tímida risa se escapó de mi boca -. Mira que realmente sabes cómo decir un montón de cursilerías Zuramaru *sonrisa*

- Bueno, más bien solo sé cómo decir lo que tu necesitas escuchar zura *risita* Pero nunca olvides eso ¿Sí? Yohane, Yoshiko... No importa como quieras que te llamemos o lo que puedas sentir a veces, todas nosotras creemos que tu hogar siempre ha sido a nuestro lado


Luego de escuchar sus palabras finalmente pude sentir algo de tranquilidad e incluso pude dormir bien al inicio, sin contar la molesta pesadilla de hace rato por supuesto. Aunque hablando de ella ¿Qué podría significar?

- El principio... - repito aquellas palabras que apenas era lo poco que lograba recordar -. ¿A qué se supone que podría referirse con ello? Rayos... Que hasta mis sueños son un completo misterio...

- ¡Yoshiko! ¡El desayuno ya está listo! - me llama mi madre desde la cocina -.

- ¡Ya voy mamá! ¡Y es Yohane! *risita* Bueno ¿Qué más da pensar en eso? Hora de ir a clases...

Luego de comer relativamente rápido y preparar mi uniforme, salí corriendo a Uranohoshi esperando encontrarme con mis amigas. Nuestros días como school idols ya habían terminado hace poco, pero eso no hizo que dejásemos de practicar diariamente, principalmente como una excusa para reunirnos y pasar tiempo juntas luego de clases, además que algunas de nosotras teníamos la idea de seguir siendo idols incluso cuando nos graduásemos. Chika, Ruby, Mari y yo habíamos hablado de eso y en verdad la idea de tomarlo como profesión era tentadora.

- ¡Yohane! "Una de las idols profesionales más populares del mundo~" *risita* Vaya que eso suena increíble - pensaba en voz alta mientras seguía mi camino -. Quizás debería pedirle consejo a Zuramaru sobre esto también

Todas eran mis amigas y a todas las quería por igual, pero es cierto que luego de estos últimos meses me fue imposible no acercarme más a una de ellas. Supongo que al final siempre terminas haciendo una mejor amiga y Hanamaru era la mía.

Luego de caminar por un buen rato finalmente llegué al instituto, entré a nuestro salón, hablé un momento con Ruby y esperé a que las clases empezaran. Aquí es cuando la monotonía del día empezaba, pero en esta ocasión algo andaba mal. Podía sentirlo en el aire, aquella sensación inexplicable que te vienen cuando notas que hay algo diferente, que algo distinto a tu rutina va a ocurrir.

- Buenos días con todas... - entra la maestra al salón con una expresión complicada, sin cerrar la puerta de entrada como usualmente lo hace -. Por favor, espero que todas tomen la siguiente noticia con calma, deben saber que todas nosotras aquí estamos para brindarnos apoyo en estas situaciones...

- Yoshiko... D- ¿De qué está hablando la maestra? - me pregunta Ruby en susurros con la mirada fija y confundida en frente -.

- No tengo idea... Parece que algo ha ocurri-

- El día de hoy, n- nos ha llegado la noticia de que... Oh Dios... *sollozo* - de repente, su tono de voz tranquilo se rompió en un instante, siendo reemplazado por llantos y quejidos mientras trataba de calmarse y seguir hablando -. L- La señorita Kunikida ha tenido un accidente de auto mientras venía de camino y ha- *sollozo* No puedo... L- Lo siento...

- Q- ¿¡Qué le pasó a Hanamaru!? - pregunto poniéndome de pie, sin poder esperar más por que continúe; mi paciencia no era precisamente mi fuerte, mucho peor si comenzaba a sentir miedo -.

- H- Ha... fallecido... *sollozo* El comunicado nos llegó apenas hace unos minutos...

De repente, el salón se quedó en silencio durante un par de segundos mientras el frío viento soplaba a través de las hendijas de las ventanas abiertas. Todas se quedaron calladas hasta que de repente, todo el ambiente se llenó de gritos desesperados y sollozos mientras yo seguía de pie, sin poder dirigir aquella noticia. Ruby se quedó en shock a mi lado, apenas pudiendo soltar leves quejidos mientras su mirada se distorsionaba en angustia y desesperación. Tuvimos que sacarla en una camilla al final de clases, pues sus piernas no respondieron por el resto de la mañana.

No pude pronunciar ni una sola palabra a lo largo del día, ni siquiera pude decirle yo misma la noticia a mi madre. En cuando llegué a casa solo me encerré en mi cuarto y lloré toda la tarde, derramando más lágrimas de las que he llorado en toda mi vida. Apenas ayer había hablado con ella, apenas ayer las dos estuvimos juntas y ella estaba allí, viva a mi lado en la playa... Era imposible, era simplemente irreal pensar que ahora ella ya no estaba. Es lo que más asusta de la muerte, que cuando todo parece estar bien y normal, de repente un día se acaba y no tienes nada que puedas hacer al respecto.

Varias horas después, todas nosotras fuimos a su despedida. Aquella reunión fue amarga, incluso nosotras no pudimos compartir ni un solo pésame; porque sabíamos que en cuanto una hablara, todas perderíamos el control y dejaríamos que la tristeza nos dominase de nuevo. Era doloroso, más de lo que siquiera habría podido imaginar; Ruby intentando inútilmente secar sus lágrimas, You tratando de consolar a Riko que apenas lograba mantener una expresión relajada, Dia trayéndole un vaso de agua a su hermana con un paso tembloroso; a duras penas manteniendo el equilibrio por el shock, Mari leyendo entre lágrimas calladas el comunicado de despedida de la dirección de Uranohoshi, Kanan colocando velas en el escritorio que alguna vez fue de nuestra amiga y Chika dejando flores frente a la foto de Hanamaru. Aquellas acciones, todo eso me estaba conmocionando, me estaba volviendo loca. No podía aceptar que eso ocurrió y ni siquiera era capaz de rogar a mis amigas por consuelo. El pecho me dolía, el aire empezaba a faltarme y la ansiedad recorría mi cuerpo como una bestia sigilosa, provocándome escalofríos a cada segundo. Esto parecía una pesadilla.

Cuando la velación terminó solo recogí mis cosas y caminé a casa. Todo lo que me rodeaba escaseaba de sentido, no le prestaba atención a nada ni siquiera a las cosas que podrían hacerme daño. Por más que intentaba no podía ni ver a los lados antes de cruzar la calle, simplemente estaba conmocionada y la vida comenzaba a perder sentido en cuando recordaba lo frágil que era.

Al entrar a mi casa dejé todas mis cosas en la entrada y me recosté en mi cama sin ni siquiera quitarme el uniforme. Solo quería dormir, recurrir a la acción más cobarde y esperar que el sueño me sirviese de consuelo y me sacara de las emociones horribles que ahora mismo me dominaban. Cerré mis ojos y esperé a que mi consciencia quedara sumida en el más profundo letargo del que ni siquiera quería despertar. Luego de los minutos más largos de mi vida, finalmente caí dormida.

- "Yoshiko... El dolor, el dolor es el nexo entre corazones... Lo que sientes, la amarga pérdida... No permitas que te domine... La gente miente... Todos mienten... ¡Despierta!..."

- ¡AHGH! Q- ¿¡Qué diablos!? Qui- ¿¡Quién me está hablando!? - pregunté enfurecida y asustada mientras salía de mi cama de un salto -. Estas malditas pesadillas... Terminarán por volverme loca...

El día finalmente había llegado, pero mi cerebro me jugó una mala pasada y terminé por despertarme antes que mi alarma. Todavía faltaba un buen rato para que la hora de ir a clases llegara, pero por más que intentase dormir, estaba segura de que me sería imposible luego de aquella pesadilla.

No quería ir al instituto, me negaba a la idea de sentarme y ver el pupitre a mi lado lleno de flores y velas, en lugar de Hanamaru sentada allí, sonriéndome cada tanto o llamando mi atención para que tomase apuntes. Ella ya no estaba, y no podía... Simplemente no quería recordar que ella ya no estaba allí. Al pensar en todo eso, el llanto nuevamente llegó y terminé por caer sentada en mi cama.

Necesitaba un respiro, necesitaba darme un descanso luego de todo esto antes de ir a Uranohoshi. Así que tomé una chaqueta y me la puse por encima de mi arrugado uniforme y caminé a la puerta de salida de mi casa mientras pensaba en algún lugar al que pudiese ir arreglar mis pensamientos.

Estaba a punto de abrir la puerta, cuando alguien tocó. Era extraño, apenas iban a ser las 6 de la mañana ¿Quién podría acercarse a esta hora? ¿Algún vecino? ¿La casera venía a cobrar la renta? Con cautela y duda abrí la puerta, esperando al menos que alguien me diese una señal, pero no escuchaba nada. Comencé a creer que lo había imaginado, hasta que abrí la puerta por completo.

Frente a mí una chica estaba de pie, saludándome con una sonrisa. Estaba contándome algo, al parecer disculpándose por haber venido tan temprano, pero no podía prestarle atención ni un segundo, estaba helada, estaba paralizada de miedo y sorpresa. Aquella chica... Su cabello, el color de sus ojos... Su inquietantemente tranquila y alegre voz... No podía ser cierto, era una broma, una broma cruel y perturbadora que estaba haciendo que el pulso se me acelere y que mis manos temblaran en sorpresa. Estaba a punto de desmayarme cuando al fin pude entender unas últimas palabras...

..."¿Eh? ¿Todo bien Yoshiko? *risita* Parece que acabas de ver un fantasma, zura~"...