Dr. Stone no me pertenece es propiedad de Inagaki y Boichi, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.

~En alguna otra vida. ~

_._

—¿Puedes correr? —Kohaku miró con preocupación al humano que se encontraba aún en el suelo, él no le respondió y esa expresión indescifrable tampoco le dio la respuesta que necesitaba—. Tienes que irte de aquí cuanto antes, lo distraeré y esa será tu oportunidad. —examinó detenidamente al joven para comprobar cualquier herida posible, sin embargo y para su propio e inquietante alivio, no encontró nada.

El golpe durante el ataque no le había causado daño grave, salvo por un ligero aturdimiento y al parecer dolor en el brazo… nada que le impidiera huir de ahí.

—Es grosero de tu parte interrumpir mi cena, preciosa. Aunque puedo pasar por alto esto y compartir el premio de la cacería si te portas complaciente conmigo —Mozu aún se encontraba a espaldas de ella, observando con intriga el comportamiento de la mujer—. Pero es una presa demasiado escuálida, así que tal vez no logre satisfacernos. —ladeó la boca con evidente burla.

Kohaku frunció el entrecejo, no por el tinte de sarcasmo del vampiro sino por el descaro de llamar a ese humano como una simple presa. Los vampiros tenían prohibido tajantemente cazar humanos a diestra y siniestra (tal como Mozu parecía estar haciéndolo) más que nada para proteger su identidad, no eran totalmente inmortales después de todo y sólo algunos mortales (cazadores en realidad) conocían un par de métodos efectivos para asesinarlos.

¿Por qué estaba exponiéndose de esa manera? O en general poniendo en peligro la seguridad de su especie con un acto tan temerario. La sangre humana era exquisita, un manjar prohibido que muy pocos vampiros se atrevieron a probar alguna vez a menos que fuese por cuestiones de supervivencia.

—Sabes que no podemos cazar a los humanos, Tsukasa nos prohibió hacerlo para no levantar sospechas —ella le dio la espalda al joven para poder acercarse a Mozu y hacerle frente, Kohaku no le temía—. En especial a este, podría ser el hijo de uno de los clanes nobles de la región. ¿Tienes idea de lo que esto podría provocar?

Por supuesto que él no parecía saberlo, o incluso si sabía las consecuencias que eso acarrearía no parecía importarle. ¿Qué demonios pretendía?

—Lo sé, pero esto nada tiene que ver con esa absurda ley que impuso Tsukasa —los ojos ocres de Mozu se enfocaron en el humano con superioridad y arrogancia—. Se trata de un negocio, preciosa, los vampiros tenemos que adaptarnos y mezclarnos con los humanos ¿Recuerdas? Es lo que hago y este deplorable hombre no es más que una encomienda que debe ser eliminada. El clan de Ibara quiere muerto al heredero del Daimyo… es perfecto, es como matar dos pájaros de un solo tiro, ellos se deshacen del hijo de su enemigo para expandir su territorio y yo obtengo una cena gratis.

Al escuchar aquello, Kohaku no pudo más que arrugar la nariz con desagrado. Admitió que en parte Mozu tenía razón al decir que los vampiros tenían que mezclarse con los humanos e incluso ganarse la "vida" como ellos, pero la manera en la que él parecía estar haciéndolo le causó repulsión. Sí, sin lugar a dudas era una oferta tentadora en la que ambas partes saldrían beneficiadas, pero no valía la pena arriesgarse de esa manera y menos con la amenaza de la caza indiscriminada de vampiros que vendría si la verdad salía a la luz.

Entonces Kohaku cayó en otra cosa, miró por sobre el hombro al joven que por alguna razón todavía seguía ahí y se dio cuenta que en efecto él no se veía como un simple campesino que tuvo la mala suerte de caer en las garras del idiota de Mozu. El Montsuki con el escudo familiar del Daimyo Ishigami confeccionado en seda de alta clase o Habutae fue la prueba contundente de la identidad de ese joven.

Esto era malo y definitivamente tenía que detener a Mozu y ayudar a escapar al único heredero del gobernante de esa provincia.

—¿Entonces lo estás haciendo por dinero? —Bien, Kohaku tenía que ganar algo de tiempo.

—El mundo es despiadado incluso para nosotros y nuestra propia subsistencia ¿No crees? —Mozu miró fijamente a los ojos aguamarina, tan fríos y esquivos pero llenos de una preocupación que trataba desesperadamente de ocultar—. Tsukasa no pretende proteger a nuestra especie con esa absurda ley, nos está condenando y alejando de nuestra verdadera naturaleza. No beber la sangre de esas criaturas inferiores es lo mismo que morir a manos de ellos.

Ella no supo qué pensar con respecto a eso pues si bien esa ley existía para mantener la especie, también era cierto que no podían subsistir de manera exitosa sin ese prohibido manjar. La sangre de animales no tenía las mismas propiedades benéficas para su organismo como la humana. Las heridas tardaban incluso más días en curar y la sensación de saciedad era solamente una vaga y efímera satisfacción.

—Y aún así disfrutas cazándolos y hacerlos sufrir mientras te alimentas de ellos, eso es aún más repugnante —Kohaku escupió con un intimidante siseo, con la decisión tomada de lo que haría a continuación—. Pero no voy a dejar que toques a este humano.

La sonrisa de Mozu se desvaneció entonces ante tal desafío y contratiempo a sus planes ¿Quién se creía ella? Ni siquiera la tentadora oferta de compartir la sangre pareció convencerla.

—Bien, entonces veremos quién se queda con ese flacucho. Es una lástima que tenga que eliminarte, preciosa, pero me estás estorbando. —su sonrisa se hizo entonces más retorcida.

Kohaku asumió inmediatamente una pose defensiva, totalmente lista para el combate, o al menos lo que esa molesta Yukata le permitía.

—¡Ahora! —gritó sin apartar la vista de Mozu, no obstante, esperaba que el humano captara esto como la señal inequívoca para su huída.

Y él así lo hizo cuando torpemente se levantó y huyó hacia el espeso bosque que se cernía alrededor. Kohaku sabía que no habría nadie más en las inmediaciones ya que tenía la certeza de que en ese sucio trabajo Mozu no llevaría a ningún otro humano del clan de Ibara. A menos claro, que éstos supieran de su condición, pero dadas las circunstancias precarias de la seguridad de su especie dentro de la sociedad humana eso era realmente arriesgado.

Mozu se quedó donde estaba, mirando huir al humano desde su posición con absoluta diversión, como si pensara que eso no era realmente un gran problema.

Y ella lo sabía, pero aún así no lo permitiría.


Lo encontró después de un par de horas, acurrucado en el suelo y totalmente desfallecido de cansancio entre la oscuridad de la noche. Ella no estaba en mejores condiciones que él a decir verdad, las heridas en sus brazos y piernas tardarían en sanar pero a final de cuentas no eran más que simples rasguños.

Este joven, sin embargo, Kohaku esperaba que estuviera vivo.

Se arrodilló junto a él y lo observó con detenimiento gracias a la luz de la luna de esa despejada noche. Estaba sucio y con la ropa hecha un desastre, un contraste a su apariencia pulcra de antaño; Kohaku se dio cuenta también que ahora su cabello se había desatado de la improvisada coleta que tenía y se pegaba a su rostro debido a la suciedad y el sudor, ella apartó uno de los salvajes mechones oscuros que ocultaban parcialmente su rostro. De hecho, reconoció que él era… atractivo.

No, Kohaku sacudió la cabeza en desaprobación ¿En qué demonios estaba pensando? Todo lo que tenía que hacer era comprobar si ese humano seguía con vida, pero ¿Cómo? Él no se movía y sus ojos aún permanecían cerrados.

Extendió su mano y la puso sobre la húmeda frente del humano comprobando así que todavía conservaba la calidez de su cuerpo, pero eso no era suficiente. Entonces en medio de esa confusión Kohaku recordó algo importante.

—Su corazón. —susurró con nerviosismo.

Los corazones humanos latían y esa era la prueba de que estaban vivos.

Su mano entonces bajó hasta el pecho del joven, colocando la palma justo donde se encontraría dicho corazón. Y entonces lo sintió, el leve palpitar acompañado de la suavidad de su acompasada respiración… algo que no había experimentado jamás. Sin perder el contacto con él, Kohaku llevó su otra mano a su pecho para sentir su propio corazón, pero no hubo nada, ni un sólo débil palpitar.

El contacto se cortó cuando una mano tomó su muñeca con brusquedad y la apartó, los ojos carmín entonces la miraron con sorpresa y quizá también con un atisbo de temor.

—¿Qué demonios eres tú? —siseó el hombre apartándose de ella—. ¿Qué clase de monstruos son ustedes? —reformuló su pregunta.

Quizá él no podía verlo tan bien como ella lo hacía gracias a su excelente visión, pero su tono y el hecho de que tomara una distancia considerable de ella le dejó en claro que estaba asustado.

—No voy a hacerte daño, de ser el caso hubiera aceptado la propuesta de Mozu desde el principio y no te habría ayudado a escapar. Mira, de verdad no quiero dañarte, sé quién eres y sé lo que representas para los humanos. —y en cualquier caso, ella no se atrevería a lastimar a un humano a menos que fuese estrictamente necesario.

—Para los humanos… —él pareció saborear el significado de esa frase, llegando a la conclusión de que en efecto era algo completamente ajena a ella y que no se consideraba a sí misma como parte de ellos—. Claramente no eres una humana, entonces debo asumir que eres como esa otra criatura, el que me secuestró y atacó.

De nada serviría fingir, el humano escuchó gran parte de la conversación. Kohaku supo entonces que quizá su buena intención podría acarrear problemas y poner en riesgo su integridad. ¿Qué debería hacer? ¿Era prudente dejarlo con vida a esas alturas? No, ella no podría matarlo… no quería.

Sus ojos aguamarina se encontraron con los de él.

—No, como ya debes saber no soy humana. Soy un vampiro.

El silencio se prolongó lo suficiente y Kohaku observó el semblante anonadado del humano.

—¿Vampiro? —la ceja del heredero Ishigami se enarcó en confusión, sin entender del todo lo que esa palabra quería decir pues jamás oyó de algo como eso hasta ese momento—. ¿Qué clase de criatura es esa?

Ella torció los labios con fastidio, aunque no lo culpó por tal ignorancia ya que después de todo el objetivo de Tsukasa era ese en realidad, mantener a los humanos en la completa ignorancia de su existencia. Cosa que ella estaba quebrantando en esos momentos.

—Me alimento de la sangre, ya sea de animales o humanos. Puedo vivir por años sin llegar a envejecer, la luz del sol me molesta y mi corazón, si es que realmente tengo uno, no palpita.

Ante esto último él pareció genuinamente intrigado y asombrado. La miró de pies a cabeza buscando algo en ella, pero no lo encontró, esa mujer parecía genuinamente una humana y una muy hermosa, a decir verdad; cualquiera que la observara no dudaría de su inexistente humanidad. Entonces las palabras del otro sujeto cobraron sentido en su mente, esas criaturas estaban mezclándose entre ellos sin que nadie se diera cuenta.

—Eso… no tiene ningún sentido —dejando a un lado cualquier temor, se acercó a ella y llevó la mano al cuello de la mujer para palpar en busca de algo, pero no lo encontró—. Estás… estás muerta. —resopló, sacudiendo la cabeza sin poder creer lo que estaba sucediendo.

Kohaku entonces tomó su mano entre las suyas para apartarla de su cuello, la diferencia entre ambos se hizo notar en la calidez que la piel del humano desprendía y contrastaba con su toque frío.

—Te romperé la mano si sigues tocándome sin mi permiso —medio siseó mientras dejaba ir la mano del joven cuando se alejó un par de pasos de ella—. No puedes decirle nada a nadie ¿Entiendes? Los humanos no pueden saber de nuestra existencia.

—Son peligrosos, se alimentan de nosotros. Tu compañero iba a cenarme. —No se trataba de una simple venganza del clan de Ibara a su padre, al menos no en circunstancias normales, ese sujeto iba a alimentarse de él.

Él no dudaba que hubieran otros vampiros al acecho esperando por cualquier otra presa en el camino. Los humanos tenían que saber la verdad sobre esas criaturas.

—Mozu no es mi compañero —aclaró ella con evidente molestia en su semblante y su tono de voz, era casi una ofensa para Kohaku que llegaran a asociarla con ese desquiciado y sádico vampiro—. Y tenemos una ley que nos impide matar humanos injustificadamente, no somos animales salvajes. —sí, se sintió ofendida por esa comparación implícita.

Ishigami se sorprendió ligeramente al enterarse que una ley como esa existía y además pudo notar a la perfección la molestia en la mujer. No eran unas criaturas salvajes después de todo, pero aún así no podía sentirse del todo tranquilo.

—No hay nada que me garantice que eso sea verdad.

—¡Ja! El simple hecho de que no te conviertas en mi cena esta noche debería ser prueba suficiente de que estoy diciéndote la verdad —Kohaku se encogió de hombros—. Sea como sea, si abres la boca entonces realmente me beberé cada gota de sangre de ese escuálido cuerpo hasta dejarte seco. —gruñó con una expresión sombría que esperaba pudiera intimidar lo suficiente al humano.

Ishigami se quedó quieto observando el semblante de la mujer al tiempo que ella se acercaba a él y tocaba un punto exacto en su cuello, la sensación de frialdad de la piel de esa criatura le erizó los vellos de la nuca. Sus miradas entonces se conectaron por una fracción de segundo antes de que él le apartara la mano y se alejara un par de pasos.

—¿Es una amenaza? —cuestionó con precaución, tratando de ignorar los frenéticos latidos de su corazón.

—Es una advertencia —Kohaku ladeó la boca con burla, solamente quería asustar un poco al humano para que mantuviera el secreto. Pero el desconcierto y el ligero tinte de perturbación y miedo que reflejaba fue gracioso—. Y además estás en deuda conmigo por salvarte la vida.

Maldición, ella estaba apelando a una deuda de vida. Bien, fue astuto de su parte y él debió admitirlo.

—Eso es algo sucio de tu parte —se quejó—. Pero creo que puedo guardar ese secreto también para mi propio beneficio.

De hecho, podría ver esto como una oportunidad única, como el hombre erudito que era no podía dejar pasar este nuevo descubrimiento.

—¿Beneficio propio? —Kohaku no entendió a qué se refería y pudo ver en su semblante que él parecía estar considerando algo.

¿En qué rayos se había metido?


Pronto ella lo supo.

—¿Aprender a escribir? Soy un vampiro, no lo necesito. —Kohaku se quejó por enésima vez en esa mañana.

Estaba sentada en el suelo de madera con un montón de pergaminos extendidos en el suelo, así como montones de frascos de tinta a medio llenar, su mano sostenía aún un pincel que goteaba y dejaba diversas manchas por doquier.

—No sólo a escribir, sino también aprenderás a leer e incluso matemáticas básicas —Ishigami le explicó, tratando de no mostrar su desesperación—. Eres un vampiro Kohaku, lo que significa que vivirás muchos años e incluso siglos. La humanidad está avanzando así como el conocimiento, si quieres mezclarte con nosotros entonces necesitas las herramientas adecuadas…

Kohaku tuvo que admitir que él tenía razón (en parte), los humanos parecían avanzar constantemente en sus conocimientos y su sociedad ¿Cuánto más podría seguir ignorando aquello con la excusa de ser un vampiro que no necesitaba de ese conocimiento humano? Si, quizá no le sería útil para algunas cosas pero si quería seguir adaptándose a ese mundo entonces no le quedaba de otra.

—¿Acaso estás preocupado por mí, Chisora? —Kohaku estrechó la mirada hacia él con un aire de burla y sarcasmo—. ¿Vas a ser mi maestro humano? Déjame decirte que no puedo tener mejor maestro que tú… aunque con tus futuras obligaciones al reemplazar a tu padre, quizá no tengas mucho tiempo. —ella pareció considerar esto seriamente.

Él rodó los ojos al captar el tono sarcástico de la mujer, aunque no le sorprendió, al menos no después de tres años de convivencia. Tres años en los que había pasado tiempo con Kohaku, claro que al principio con la excusa de una recopilación de información sobre su especie (algo a lo que ella se negó al principio pero después accedió casi a regañadientes) aunque aquello se convirtió en una genuina amistad… y posteriormente en algo más.

—Tonta, no es seguro que asuma el puesto de mi padre. Es el Shogun el que designa a los Daimyo.

—Pues el shogun sería un completo idiota si no te designa a ti. Tu padre y tú han hecho crecer a esta provincia no sólo económicamente sino también en cuanto a educación.

El tono de Kohaku guardó cierto tinte de orgullo ante algunos de los logros que el clan Ishigami había logrado. Chisora no sólo consiguió que las cosechas fuesen productivas al aplicar su conocimiento sobre la tierra y los cultivos, sino que también sus años de investigaciones en otras regiones trajeron innovadoras ideas para el mejoramiento en la vida de los habitantes; sin mencionar su convicción en promover la educación en todas las clases sociales de la provincia, desde los hijos de los acaudalados hasta los hijos de los campesinos que trabajaban en esas tierras.

Kohaku no tenía la menor duda de que él sería un buen Daimyo para esa provincia… ella jamás se arrepentiría de salvarle la vida esa noche.

—No es algo que esté en nuestras manos. Ahora deja de poner excusas y termina las lecciones, Kohaku —le envió una mirada de fastidio, podía ver a través de esa fachada de holgazanería y al menos por el momento no se lo permitiría—. Tal vez obtengas un premio si terminas a tiempo. —una sonrisa de medio lado se formó en sus labios al notar la pequeña chispa de emoción en los ojos aguamarina.

Kohaku parecía asombrarse con cada cosa del mundo que Chisora le enseñaba, en el fondo sabía que apreciaba cada una de las enseñanzas y también de cada detalle que le daba.

Y eso pareció despertar el interés en ella y renovar sus ya decaídas ganas.

—Sabes que me gusta pasar el tiempo contigo… pero no de esta manera —se quejó ella con un evidente puchero en sus labios—. A veces de verdad pienso que eres un explotador.

Y era la verdad absoluta, Kohaku apreciaba los preciosos momentos que pasaba con él en esa pequeña casa. Cada una de las visitas en el escondite secreto que Ishigami construyó para ella y que ambos compartían desde hacía ya un año.


—¿Sabes dibujar, pero aún no dominas la escritura? —Chisora parecía realmente incrédulo con el retrato en sus manos, un exquisito dibujo de su rostro que Kohaku había dibujado en sus ratos libres.

Sus ojos carmín escanearon cada trazo en el pergamino y no pudo evitar sentir orgullo y aprecio por aquella obra, no por la complejidad y los detalles en sí sino por el significado de esa pieza. En especial por la mirada anhelante de Kohaku que podría decir más que mil palabras en ese momento… en ellos parecía haber un sentimiento tan humano.

—Cállate y acéptalo, me llevó meses terminarlo —ambos estaban sentados junto a la fogata a las afueras de la casa, a pesar de sus palabras Kohaku se acercó sólo un poco más a él—. Quería dártelo desde ayer pero no viniste ¿Pasó algo?

Lo esperó todo el día pero él no apareció y eso la preocupó. Lo sintió removerse levemente como si dicha cuestión lo hubiera perturbado y cuando lo miró pudo notar en su semblante que algo no estaba del todo bien, parecía como si estuviera preocupado.

—Chisora… ¿Qué sucede?

Ishigami pudo notar ese tinte de súplica en la voz de Kohaku, así como la preocupación en la misma. Él le devolvió la mirada y entonces la aflicción se hizo palpable en el rostro de Kohaku debido a su inusitado silencio, se sintió culpable. Sin importar cuánto intentara luchar contra ese sentimiento en su interior, se dio cuenta de que ya era demasiado tarde para seguir fingiendo que Kohaku no podía afectarlo como ya lo hacía.

—Encontraron a dos campesinos muertos esta mañana —dijo Chisora finalmente, su voz era tensa—. No son los únicos que han encontrado, ha habido más muertes en los últimos meses. Lo único común en todos ellos son las marcas en algunas partes de su cuerpo y la brutalidad con la que algunos fueron asesinados.

También estaba el detalle de que todos parecían ser campesinos de la clase más baja, también algunos ladrones o gente que parecía vivir a las afueras de la provincia. Oh, por supuesto, y el hecho de que a esos pobres desdichados no les quedaba ni una sola gota de sangre en el cuerpo.

—¡Fue Mozu! —Kohaku prácticamente saltó de su lugar, parándose frente a Chisora con una caliente furia intermitente en sus ojos aguamarina—. Está asesinando humanos y alimentándose de ellos… está quebrantando nuestras leyes. Tengo que detenerlo. —ella sabía que tenía que hacer algo al respecto pues los humanos no tardarían en darse cuenta de lo que estaba pasando—. Debo ir con Tsukasa y decirle lo que está pasando… yo… tengo que salir cuanto antes.

El viaje quizá le llevaría un par de días ya que Tsukasa se encontraba en una de las provincias más alejadas, pero no importaba, tenía que contarle lo que Mozu estaba haciendo. Partiría esa misma noche si era necesario.

Kohaku trató de entrar de nuevo a la casa pero en ese momento Chisora se levantó del suelo y la detuvo al apretarla contra su pecho en un cálido abrazo.

—¿A dónde crees que vas? Ni siquiera te atrevas a dejarme aquí Kohaku —él la miró con intensidad para dejarle en claro que estaba hablando muy en serio. Vio esa fiera determinación en sus ojos aguamarina y definitivamente tenía que detenerla—. Mi padre y yo nos encargaremos de esto, por ahora mantente lejos de los problemas ¿Quieres?

Ella se apartó de él lo suficiente a manera de rechazo por su petición.

—Esto no es algo que los humanos puedan resolver Chisora, Tsukasa debe enterarse de esto y capturar a Mozu, si es necesario también le ayudaré a atraparlo.

Hubo un murmullo de desaprobación por parte del joven, su agarre en los hombros de Kohaku se hizo entonces más fuerte.

—¿Por qué eres tan terca? Mozu no es solamente un peligro para los humanos y lo sabes.

Él lo supo desde el primer momento cuando lo conoció y fue peor aún al ver las heridas de Kohaku días después del enfrentamiento cuando le salvó la vida, ni siquiera ella podría librarse de semejante peligro. Lo último que quería era que ella se arriesgara de esa forma. Entonces ahora fue cuando realmente lamentó el momento de sinceridad sobre lo que estaba afligiéndolo.

—Lo sé, y es por eso que no puedo permitir que siga por ahí. Yo no temo por mí… yo tengo miedo por tí, Chisora —a ella se le quebró la voz cuando lo dijo—. Que Mozu… —dejó las palabras al aire sin poder pronunciar en voz alta lo que se había convertido en su mayor temor—. Incluso si no se trata de Mozu, no me gusta la idea de estar en mundo donde ya no estás… eres humano y sé que algún día tu vas a…

Esta vez sus palabras se vieron interrumpidas cuando él la besó. Duró apenas lo suficiente para que una extraña calidez se instalara en Kohaku, algo que jamás había sentido en esa fría y solitaria existencia.

Fue absolutamente glorioso.

Ella arqueó la espalda e inclinó la cabeza para tener una mejor posición y profundizar el beso, rodeando el cuello del joven con los brazos y dejándose ir completamente en ese beso. Kohaku se sintió mareada de una emoción que nunca antes había conocido.

Y fue Chisora quien rompió el beso para hablar:

—No te irás esta noche Kohaku, iremos juntos en un par de días —no fue una sugerencia sino una declaración—. También… —él pareció dudar—. Déjame quedarme esta noche… contigo. —pidió por fin, dejando atrás el último gramo de vergüenza que le quedaba.

Quizá era demasiado atrevido, pero ya no podía seguir ignorando lo que sentía por ella. Esos sentimientos ilógicos por Kohaku habían derribado cualquier buen juicio en esa mente racional.

Kohaku se sorprendió ante tal petición, intuyendo el posible significado de la misma. Algo que jamás creyó escuchar de él debido a su aparente reticencia a ese tipo de cercanía y afecciones. Sin embargo no pudo negar que ella también anhelaba esto. ¿Sería lo correcto? Un humano y un vampiro en esa clase de relación…

—¡Ja! Puedes ser un descarado y un atrevido cuando te lo propones ¿Sabías? —le dió otro suave beso y lo miró fijamente a los ojos a través de esa infinita oscuridad iluminada únicamente por la luz de la fogata al crepitar—. De todas formas no dejaré que vayas a ningún lado.

Con una sonrisa Kohaku tomó su mano y lo atrajo con ella mientras entraban a la pequeña casa, su lugar seguro.


El amanecer estaba por llegar pero ella no necesitaba dormir, esa era una necesidad que algunos vampiros habían desechado con el pasar del tiempo. Kohaku miró sus manos unidas, preguntándose por qué se sentía tan bien que se tocaran; se dio cuenta que no solamente estaba disfrutando del contacto de Chisora sino también deseándolo.

Un pequeño suspiro escapó de sus labios entonces cuando ella se acurrucó aún más cerca de él, la sensación de su calidez fue casi abrumadora. Lo observó dormir casi toda la noche, de esa manera tan pacífica y con la belleza inigualable que poseía; sin poder creer que ahora se pertenecían el uno al otro.

La manera tan posesiva y pasional en la que la había tomado permanecería grabada en su memoria.

En todos esos siglos Kohaku nunca estuvo íntimamente con ningún humano, ella nunca había tenido un amante. No era físicamente imposible ni tampoco existía una ley que hablara sobre ello, sin embargo, pocos eran los casos en los que los vampiros tomaban a humanos como amantes.

De nueva cuenta, los ojos de Kohaku lo miraron con tal apreciación y también otro sentimiento que ella ahora sabía a la perfección cuál era y que pensó que sólo los humanos podían experimentar. Lentamente acomodó su cabeza sobre el pecho desnudo de Chisora, cerrando los ojos para poder escuchar los acompasados latidos de su corazón.

Una hermosa melodía que despertó un millón de emociones en ella.

—No quiero que mueras… —sus palabras se apresuraron sin cuidado en un pequeño susurro—. Incluso yo… quiero convertirme en humana y pasar el resto de mi vida a tu lado.

Tenía que existir una manera y Kohaku lo averiguaría, Tsukasa tendría que saber sobre un método para abandonar la inmortalidad y convertirse en humano.

La decisión estaba tomada, ella también quería sentir latir su corazón por este humano.


Por desgracia las cosas no salieron como esperaban.

—¿Cómo puede usted estar involucrado con un monstruo como este, mi señor? —Magma, uno de los hombres de la guardia, siseó cuando al fin les dio alcance y los acorraló en esa tempestuosa mañana.

Chisora dio erróneamente por sentado que nadie en su sano juicio se atrevería a seguirlos con la amenaza de una nevada, sin embargo, Magma y su pequeña tropa de soldados parecían la excepción a la regla. Ellos no eran guardias de su padre y mucho menos de su provincia sino hombres de cacería, estaban tras Kohaku.

—Regresen por donde vinieron ¡Es una orden! —el rostro de Chisora se endureció durante un breve instante al tiempo que se interponía inútilmente entre ellos y Kohaku.

Magma inclinó la cabeza hacia un lado, la confusión llenando sus ojos.

—Es obvio que le ha puesto un maleficio a este pobre hombre —Mantle chilló a un lado, cubriendo a Magma y apuntando su arco al pecho de Chisora—. Sería mejor terminar con su sufrimiento de una vez por todas. —aconsejó con cierto toque de malicia en su atropellada voz.

—No podemos asesinarlo, es el hijo del Daimyo de la provincia del este. Sería un gran inconveniente. —Carb por su parte no estuvo de acuerdo con la sugerencia del molesto enano.

Los asuntos políticos no tenían nada que ver con esta encomienda pues el objetivo era acabar con aquella criatura, una de las tantas que podrían exterminar.

—No es más que un simple sirviente de ese demonio —insistió Mantle—. Tenemos que matarlo.

Ante esa simple mención, Chisora sintió a Kohaku removerse con violencia detrás de él y fue tan obvio que esa no era más que una provocación para hacerla atacar y así poder asesinarla. Él no lo permitiría.

—No tienen pruebas de nada de lo que la están acusando ¿Demonios? ¿Vampiros? —Chisora chasqueó la lengua a manera de burla—. Es increíble ver cómo aún a estas alturas todavía prevalece la ignorancia y las absurdas creencias que no pueden ser comprobadas. Dejen de una vez esa mentalidad del pasado, no existen tales cosas como los monstruos y criaturas ficticias que dicen perseguir.

Ishigami esperó al menos que con ese monólogo ellos desistieran, acusarlos de una mentalidad tan pobre y arcaica tenía que provocarles vergüenza y hacer que se marcharan.

Desafortunadamente la suerte nunca estuvo de su lado.

—¿Pruebas? Así que quieres pruebas de ese monstruo. Bien, entonces las tendrás. —tras decir aquello, Magma le apuntó con su propio arco y sin dudar un sólo segundo hizo volar la flecha en su dirección.

La punta rozó su brazo provocándole una herida poco profunda pero aún así lo suficientemente grave para hacerlo sangrar. Kohaku le dio alcance cuando una segunda flecha proveniente de Mantle le rozó la pierna y lo hizo perder el equilibrio.

—No subestimes a estos monstruos, chiquillo insolente, es su naturaleza la que actúa sobre ellos y tú o cualquier otro humano no somos más que una comida para ellos. —Magma se jactó con una despiadada sonrisa.

Kohaku se estremeció interiormente ante el olor de la sangre manando de Chisora, el deseo latente de su naturaleza estaba luchando por tomar el control. Los ojos aguamarina entonces adquirieron un brillo sobrenatural, como si estuvieran ardiendo desde el interior y consumieran por completo su juicio y su visión.

—¡Kohaku! —él la llamó, pero no pareció surtir efecto.

Kohaku se apartó inmediatamente de él como si su sola presencia quemara y le hiciera daño, aunque en realidad era todo lo contrario, ella estaba anhelando desesperadamente cada gota de su sangre y poco a poco comenzaba a perder esa lucha interna que le impedía lastimarlo.

Fue una derrota inminente.

Kohaku se abalanzó sobre él en apenas una fracción de segundo para presionar el cuerpo de Chisora sobre la nieve ahora manchada con su sangre, a pesar de los insistentes llamados ella no pareció responder a ninguno, dejando que su crudo instinto dominara ahora su actuar. Lentamente se acercó al cuello del humano, olfateando con deleite la fragancia férrica del delicioso manjar.

—Maldición Kohaku ¡Reacciona! —Ishigami intentó una vez más, pero de nueva cuenta pareció no surtir efecto—. Idiota, tienes que largarte de aquí cuanto antes ¡Kohaku! ¡Escúchame! ¡Kohaku! —la desesperación tocó fondo ante cada llamado.

La decepción le invadió en ese instante. Ambos iban a morir.

—Esto es tan deplorable… mátala de una vez Mantle. —Magma ordenó.

El pequeño soldado entonces apuntó su flecha nuevamente en la brevedad de lo posible y sin un ápice de duda en sus acciones. La sonrisa que surcó sus labios fue la prueba contundente de que incluso parecía estar gozando anticipadamente por lo que iba a hacer.

Era todo.

La flecha fue lanzada al aire con un solo objetivo en mente, sin embargo en una fracción de segundo los acontecimientos dieron un pequeño giro.

El cuerpo de Chisora se desplomó sobre Kohaku, la sangre brotando de su pecho justo a la altura de su corazón.

Una expresión de agonizante dolor y la mirada perdida fue lo que Kohaku alcanzó a percibir en esa neblina que opacaba su juicio.

—Te dije… que… te marcharas… huye…

Y todo se detuvo entonces cuando la razón volvió ante este crudo acontecimiento. Kohaku lo apartó de ella y tendió el cuerpo de Chisora sobre la fría nieve, él estaba mirándola pero sus ojos carmín comenzaban a perder la calidez y su brillo, dejando tras estos un manto gris sin vida.

Él estaba muriendo.

El estómago de Kohaku se revolvió violentamente mezclándose con la tristeza y la rabia… pero sobre todo con odio. Odio hacia los humanos que le habían arrebatado lo único que le daba sentido a su vacía existencia, y también en el fondo sintió rencor y desprecio hacia sí misma por dejarse dominar por su naturaleza en el peor de los momentos.

Un grito desgarrador escapó de sus labios antes de que una de las flechas impactara apenas en su antebrazo y le causara una quemazón insoportable. Kohaku palpó el área y encontró rastros de su propia sangre en la palma de su mano ¿Cómo era eso posible? Se suponía que las flechas o cualquier arma humana no podrían causarle tal daño.

—Tienen veneno —Magma aclaró con superioridad al notar el desconcierto de la criatura—. Un veneno que es letal para los vampiros. —su sonrisa se volvió incluso más retorcida.

¿Veneno? Por supuesto, una sustancia que algunos cazadores solían extraer de algunas plantas e incluso de algunos metales. Sumamente letales para ellos al parecer. No lo pudo negar, esa flecha estaba causando estragos en su cuerpo además del increíble dolor en su brazo.

Flechas envenenadas. Kohaku cayó en cuenta de otro detalle, si esas flechas eran para ella entonces la que Chisora había recibido al protegerla… la verdad fue aún más abrumadora al saber que no podría salvarle aún si lo intentara y eso sólo hizo acrecentar su furia.

No iba a perdonarlos, a ninguno de ellos.

Con la decisión tomada y dejando de lado la promesa de lealtad hacia esa ley "inquebrantable", Kohaku terminó con la vida de cada uno de esos cazadores sin mostrar un ápice de piedad o remordimiento así como ellos no lo tuvieron con el humano que significaba todo para ella.

Un baño de sangre tiñó el manto blanco de ese bosque.

Agitada y con la poca fuerza que aún le quedaba, Kohaku regresó junto al cuerpo de Chisora para acunarlo protectoramente entre sus brazos. Si tuviera un corazón latiente seguramente éste estaría rompiéndose en mil pedazos en ese instante.

—Perdóname —algo dentro del pecho de Kohaku se levantó y cayó violentamente, su labio inferior comenzó a temblar—. Quédate conmigo. —Había un velo desesperado y suplicante en su voz, sus ojos se cerraron entonces ante la picadura de repentinas lágrimas.

No quería dejarlo ir todavía.

Para su sorpresa las manos manchadas de sangre de Chisora la tomaron de las mejillas y la acercaron a su rostro, una pequeña esperanza nació en Kohaku al saber que él todavía seguía con vida; tenía que darse prisa y llevarlo a donde pudieran salvarlo.

—Es imposible… lo que pides —su voz fue apenas un murmullo sin aliento al responder su desesperada petición—. Tienes que irte Kohaku.

—¡No voy a dejarte! —Ahora fue ella la que se aferró a él, tomándolo del rostro y apartando los mechones oscuros de su cabello para poder mirarlo a los ojos—. Te voy a llevar a un lugar donde puedan salvarte y después iremos juntos con Tsukasa, como me prometiste… como lo planeamos, no puedes morirte. —le dio un efímero beso en los labios, pero él no correspondió.

Con el poco aliento y la poca fuerza que aún le quedaba, Chisora hizo a un lado la tela de su Haori y del kimono que tenía bajo éste para enseñarle la piel de su cuello.

—Bebe de mi sangre, no llegarás muy lejos en esas condiciones…

—¿Qué? No… —ella no podía comprender lo que él estaba sugiriendo—. Si hago eso entonces morirás… no puedo, yo no quiero que mueras.

—Moriré sin importar lo que hagas, pero yo quiero que tú vivas y me esperes, aún si esto no tiene nada de lógica, juro que regresaré a tí.

Kohaku lo miró dándose cuenta de repente de lo que Chisora estaba diciendo. Estaba desgarrada y rota pero aún podía aferrarse a esa promesa.

—Más te vale que lo hagas… te esperaré el tiempo que sea necesario.

Kohaku entonces descendió hasta su cuello y hundió los colmillos en la piel de Chisora, las espesas lágrimas cayeron por sus mejillas ahogando el dolor de su pérdida.

La nieve se tiñó de rojo mientras se llevaba su último aliento.

Ella lo esperaría hasta el fin de los tiempos y lo amaría en cualquier otra vida.


—¿Por qué te vas a dormir mientras nosotros tenemos que cuidar de este lugar? Y además tenemos que encontrar a ese… humano. —Ginro se quejó escandalosamente ganándose una certera mirada de reprobación de su hermano—. El país está en un momento de crisis después del ataque de Estados Unidos, incluso para nosotros esto significa problemas para encontrar solvencia económica. ¡Estás dándonos más trabajo!

Él tenía un punto. Japón era un caos después de la intervención de Estados Unidos para finalizar el estallido de la segunda guerra mundial, los americanos habían dejado un caos en el país y la situación tanto para los humanos como para los vampiros no parecía ser muy favorable.

Kinro por su parte simplemente asintió para darle a entender a Kohaku que había entendido y que estaba de acuerdo con las instrucciones que le dió.

Pasando del molesto Ginro, que aún se encontraba despotricando en el rincón junto al ataúd que Kohaku ocuparía esa misma noche cuando entrara en el sueño profundo, ella se acercó a Kinro para entregarle la llave de esa casa.

—Cuento contigo, Kinro. —miró la llave por última vez con cierto atisbo de tristeza y melancolía antes de ponerla en las manos del vampiro.

Era la primera vez en muchos años que delegaba el cuidado de su refugio a alguien más. Pero confiaba en Kinro (también en Ginro, de alguna inesperada manera, por supuesto) y sabía que podía pedirle ese favor.

—¿Estás segura de esto Kohaku? —Kinro le dedicó una mirada, buscando cualquier rastro de inseguridad en la que se convirtió en su amiga… casi su hermana en todos esos siglos—. No podemos garantizar cuándo lo encontraremos, si el humano renació en esta era, ni siquiera estamos seguros que sobreviviera a la guerra.

En realidad ella tampoco estaba segura de eso pero Kohaku jamás perdería la esperanza de volver a encontrarlo. La sola idea de que él hubiera muerto de nuevo antes de poder verlo fue desgarradora.

—Sí, lo he decidido.

Su convicción fue tal, que a Kinro no le quedó más que aceptar dicha decisión. Y en parte comprendía por qué estaba haciéndolo, a pesar de su férrea determinación e inquebrantable apariencia exterior, Kohaku aún sufría su pérdida y el dolor comenzaba a corroer su estabilidad.

Ella estaba sufriendo.

—Bien, cuidaré de este lugar y nos encargaremos de encontrar al humano. Kirisame y Amaryllis nos ayudarán con eso también. Te despertaré cuando el momento llegue.

Kinro esperaba que esas palabras la tranquilizaran un poco.

—Tanto alboroto por un humano…

—¡Ginro! Idiota cierra la boca. —Kinro lo regañó y le envió una certera mirada de advertencia.

Pero fuera de todo pronóstico o lo que él molesto rubio esperaría, Kohaku no lo golpeó o soltó palabras mordaces, pues en lugar de eso se le quedó mirando sin expresión alguna en su rostro. Oh, esa era una mala señal. Sí, quizá se había sobre pasado un poco.

—De acuerdo, tal vez fui un idiota… perdón Kohaku. Es sólo que no puedo entenderlo, al menos no del todo, ¿De verdad es tan importante para tí?

Esa duda surgió desde el día que ella les habló sobre lo acontecido siglos atrás, la manera en la que esos cazadores casi la asesinan y la muerte de ese mortal. ¿Tan importante fue? Él no podría saberlo con exactitud, Kinro y Ginro nunca tuvieron una relación tan estrecha con algún humano a lo largo de sus existencias.

—Por supuesto que eres un idiota Ginro —Kohaku se acercó a él y le golpeó la frente con uno de los dedos, como si fuera un niño pequeño que merecía ser castigo por una imprudencia—. Y, seguramente es algo que nunca entenderías.

Él se quejó cuando ella lo golpeó de nuevo.

Kohaku no esperaba que ellos lo entendieran pero definitivamente agradecía la ayuda de los que ahora eran como su familia.


—Esta es propiedad privada ¿Qué demonios hacías durmiendo en el sótano y en esa cosa? —gruñó el hombre con aspereza y de manera claramente acusatoria.

Kohaku por su parte aún estaba tratando de ubicarse y de despejar su mente del sueño inducido al que se había sometido. No sabía qué estaba ocurriendo, lo último que podía recordar era esa conversación con Kinro y Ginro para dejarles las instrucciones que debían seguir en su "ausencia". Por cierto ¿En donde estaba ese par? Todo era muy confuso.

—Llamaré a la policía entonces.

—¿Qué? ¿Quién demonios eres tú? Y ¿Dónde están Kinro y Ginro? Se supone que deberían despertarme cuando encontraran lo que les pedí. —Kohaku vociferó hoscamente al intruso desconocido.

Mirando alrededor se dio cuenta de que aún permanecía en el sótano de la que por siglos fue su casa, su pequeño refugio y su lugar de espera.

¿Quién era este hombre y por qué estaba en su casa? Más importante aún, ¿Cómo fue que él había podido despertarla de su sueño al abrir su ataúd? Por su olor podía saber que era un simple humano, de eso no tenía la menor duda. Y eso no tenía sentido. Se suponía que sólo Kinro y Ginro podrían despertarla, las instrucciones fueron claras, ellos la despertarían cuando encontraran a Chisora ¿Lo habían hecho ya?

—No sé quiénes son esas personas de las que hablas, pero esta es mi casa así que largo. —él gruñó de nuevo perdiendo la poca paciencia que le quedaba.

Aclarando aún más su mente y también su visión, Kohaku miró detenidamente al sujeto en cuestión que perjuraba (erróneamente) que esa era su casa. ¡Por supuesto que no! El único que saldría de ahí sería él.

Sin embargo al mirarlo con atención se dió cuenta de quién era él. Ese rostro y en especial esa mirada… ella no podría estar equivocada.

Sus sentimientos la golpearon repentinamente como una abrumadora ráfaga, y sus ojos se llenaron con espesas lágrimas de absoluta felicidad. Sin pensarlo un sólo segundo más, Kohaku se acercó a él y prácticamente se abalanzó sobre el chico.

—¡Chisora! —lo envolvió en un certero abrazo, hundiendo su rostro en el pecho del hombre para aspirar su aroma y sentir la calidez de su cuerpo—. Te he estado esperando por siglos.

—¡Oye! De qué demonios estás…

Pero ella no le dejó terminar, antes de que pudiera emitir cualquier otra palabra para concluir su oración, Kohaku lo tomó de las mejillas y lo besó en los labios. Un beso cargado de deseo y de añoranza, tan lleno de todos esos sentimientos que por siglos había estado guardando.

Pero él no le correspondió y contrario a lo que ella esperaría, incluso la apartó.

—Definitivamente llamaré a la policía, esto es acoso y allanamiento de morada. —Del bolsillo de su pantalón sacó su celular para buscar el número de emergencias.

Estaba conmocionado por lo que estaba sucediendo.

—Chisora ¿Qué sucede? ¡Soy yo!

Él la miró entonces sin aparente expresión alguna en su semblante, por supuesto algo que no fuese molestia e incredulidad.

—No sé con quién rayos estás confundiéndome, soy Ishigami Senku…. No ese tal Chisora. ¿Estás ebria acaso? —su mirada carmín se estrechó en ella con evidente acusación.

Un gesto que Kohaku ya conocía a la perfección y se le hizo demasiado familiar.

Su voz, su mirada, cada gesto y expresión (a excepción de ese raro y peculiar cabello) le gritaban que era él, el hombre que le juró volver con ella y a quién estuvo esperando durante todos esos siglos.

Chisora ahora era este joven… había renacido en esa época como Ishigami Senku. Incluso el apellido, todavía conservaba el apellido de su clan.

Sin embargo…

—¿No me recuerdas? —tenía miedo de la respuesta que él fuese a darle, porque en el fondo sabía cuál sería.

—Ni siquiera te conozco, no sé quién rayos eres. —y era verdad, Senku jamás la había visto en su vida. Aunque por alguna razón tuvo una extraña sensación de familiaridad en su interior que rápidamente desechó.

¡Era absurdo! Una tontería además. No la conocía de ningún lado.

No sabía qué era lo que hacía en esa casa, específicamente en aquel lúgubre ataúd. Lo último que esperó al visitar la nueva propiedad que Byakuya le compró como regalo por haber conseguido el trabajo en JAXA, fue encontrar a esa peculiar y loca mujer en su sótano.

Además, al observarla mejor se dió cuenta de que su atuendo era muy anticuado (una falda de color azul un poco larga y amplia en su caída pero estrecha en la cintura, un cinturón ancho café y una blusa ligera también azúl con solapas algo grandes, una cinta en el cuello y ¡Oh! ¿También llevaba unos guantes blancos en las manos?) ¿Qué carajos? Es como si hubiera salido del siglo pasado. Definitivamente estaba chiflada, parecía salida de los años cincuenta o incluso cuarenta… "Cosplayer", gritó la mente de Senku en ese momento.

La emoción y la felicidad pasaron a un segundo plano entonces, siendo reemplazados por una absoluta tristeza y decepción. Kohaku fue demasiado ingenua al pensar que las cosas serían tan sencillas en su reencuentro.

¿Había esperado en vano? El recuerdo de su muerte la atormentó por mucho tiempo pero también el recuerdo y la calidez de su amor la mantuvo en pie y le dió la esperanza que necesitaba para seguir existiendo.

Ahora él estaba aquí, a sólo unos pasos de distancia.

No, la espera valió la pena… él cumplió con su promesa.

—Soy Kohaku, mucho gusto Ishigami Senku —se presentó—. Te he estado esperando durante bastante tiempo, es un placer volver a encontrarte en esta nueva vida.

—Eso no tuvo ni un milímetro de sentido.

Bien, quizá las cosas no serían sencillas pero Kohaku no dejaría pasar esta segunda oportunidad. Anheló este encuentro por siglos y ahora al fin lo tenía frente a ella de nuevo.

Definitivamente no dejaría ir al único humano que ha amado y que le dió un sentido único a su existencia.

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.

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Fin.


N/A:

Y pues nada, hace ya algún tiempo que tenía ganas de escribir este AU basado en un KDrama llamado "HeartBeat" que comencé a ver y que me ha fascinado un montón… claro que este Fic tiene cambios pero me basé en la ideas de "reencarnación" y "Vampiro x Humano" que maneja el dorama (es genial, se los recomiendo 7u7)

Los datos quizá no sean del todo exactos y algunas cosas no tengan mucho sentido o sean confusas… oh y por supuesto tuve que cambiarle el nombre a Senku para el asunto de la reencarnación… en esencia Chisora es Senku con otro nombre y ligero cambio de apariencia (cabello negro y suelto) pero weno detalles técnicos XD

También disculpen todo ese Ooc (personajes fuera de carácter) uwu y por supuesto cualquier error ortográfico o de refacción que esto pueda tener u.u

Espero fuese de su agrado y si es el caso por favor ya saben que los comentarios ayudan un montón :3

La musa fue piadosa conmigo ayer y espero que también lo sea para los pendientes que me quedan…

Hasta la próxima!!! n.n)/