Otra víctima

Ingrid insistía en decirse mentalmente la misma palabra, como si fuera la alarma de un despertador programado para saltar en el momento exacto. Inocente. No había sido ella la que lo había matado. En el momento en que la juez planteara la pregunta, ella diría: Inocente. ¿Pero de verdad sería tan inocente o seguía en vigor el beneficio de la propia duda? Pensaba mientras una turbia nube se extendía con flashes de lo sucedido la fatídica noche en que había muerto Daniel, junto con el sonido de la voz ahogada de la juez que daba comienzo a su juicio.

‒ ¿Cómo se declara la acusada?

‒ Inocente, señoría‒ respondió la propia Ingrid con más fuerza de lo que se creía capaz.

Isaac la miró de reojo y tuvo la impresión de que se habían dado las manos por debajo de la mesa en un intento de consuelo. La juez comenzó su alegato por tercera vez, presentando al jurado las razones por las que Ingrid Swan estaba acusada de homicidio, pero era poco probable que aquel tribunal estuviera atento a la voz impoluta de la jueza Úrsula, no sé sabe el apellido, cuando Ingrid y cualquier cosa que hiciera se volvía centro de las atenciones.

‒ …Por tanto, este tribunal cede la palabra al fiscal‒ anunció la juez

En medio minuto, Walsh se levantó, le dio las gracias a la juez y dirigió su atención a los miembros del jurado. Tenía la intención de salir victorioso de aquel tribunal, por más extraña que fuera su sensación desde aquella mañana cuando conversó brevemente con Isaac en los pasillos del edificio. Por lo que parecía, la defensa tenía una buena estrategia para coger desprevenido al jurado y hasta a la audiencia, y el fiscal tenía la ligera impresión de que se trataba de un testigo clave. ¿Qué podría hacer él para reafirmar todas las pruebas y testimonios si no tenía una prueba exacta ni la certeza de Emma de lo que había sucedido? En algunos casos, lo que parecía muy obvio no era así. Lo sabía como nadie y quizás aquel extraño caso en el pueblo de Way Village fuera el mayor desafío de su carrera.

‒ Es un hecho que Daniel, el señor Daniel William Colter, fue cruelmente asesinado. La investigación criminal, entonces, se encuentra con el siguiente cuestionamiento: tratándose de un homicidio, ¿quién, entonces, señores del jurado, tenía interés en acabar con la vida de Daniel Colter? Es lo que en este momento todos nosotros, incluido ustedes, tenemos que comprender. De entre las personalidades poco conocidas del círculo social del pintor, ¿quién sería tan cercano al pintor hasta el punto de entrar en su mansión de la calle Santa Bárbara Bay con la intención de asesinarlo? ¿Quién tendría un motivo concreto para acabar con la vida de un hombre condenado a muerte debido a su condiciones de salud? ¿Quién tendría una relación particular con la víctima para tratarlo de forma tan cruel? ¿Algún enemigo? No, nadie. Daniel nunca tuvo enemigos. ¿Desavenencias? Todo indica que ni siquiera con su ex esposa, la señora Regina Mills, con quien, por ventura, había firmado un acuerdo de divorcio pocos días antes de la muerte. Pues entonces, ¿qué queda de la hipótesis? ¿Alguna relación conflictiva? Sí, eso sí. ¿Con quién? se preguntarán. Todas las pruebas encontradas en la escena del crimen apuntan a una única persona, la señora Ingrid Elisabeth Swan - él detuvo estratégicamente la mirada en el jurado- La acusada Ingrid Swan asesinó a Daniel Colter y tenía motivos para ello. Se sentía rechazada, humillada en la perturbadora relación que había entre los dos que, por si ustedes no lo saben, tuvieron un pasado y un presente.

Regina tragó en seco, se sentía incómoda y afligida sentada entre el público. Si fuera a testificar, quizás estaría más nerviosa que Emma, no lo iba a negar. En la gente que asistía las sensaciones no eran las mejores, especialmente en el momento en que el fiscal Walsh comenzó a consultar las pruebas: algunas fotos eran terribles, horrorosas para gente más sensible. Ruby Lucas, en mitad de la audiencia y dos sillas alejada de la madre y de la srta. De Vil, sintió unas náuseas tremendas cuando vio la sangre derramada en el suelo al lado del cuerpo de Daniel en una de las imágenes mostradas. Archie balanceaba la cabeza constantemente, como si no creyese en el juego de palabras de la acusación. Mary agarró la mano de David, a su lado, notando cómo su marido sudaba. Hasta Zelena se llevó la mano a los labios, conmovida. Nadie escapaba a las malas sensaciones en aquel tribunal.

Le tocaba a la defensa hablar, e Isaac no midió esfuerzos para convencer de que Ingrid no había sido sino una mera espectadora en la escena del crimen. Él parecía muy confiado y extrañamente amable para ser un abogado de la defensa, para nada se mostraba apelativo. Sonrió débilmente a la juez cuando le concedieron la vez y se puso de pie, abotonándose la elegante chaqueta del traje, escogido a dedo para la ocasión.

‒ Señores del jurado, como pueden observar, las imágenes de ese terrible acontecimiento son solo una impresión errónea del suceso real. Ingrid Swan ha sido acusada de formar parte de la escena del crimen, pero en ningún momento se ha pensado que, quizás, lo ocurrido haya sido un triste accidente. Estar en la escena no incrimina a la acusada de forma inmediata como el departamento de policía y sus subordinados sugirieron a lo largo de la investigación. La señora Swan ha estado en las portadas de los periódicos locales durante semanas después de lo ocurrido, siendo tratada como la principal sospechosa, y esto sí lo afirmamos, de un bárbaro acontecimiento. Quizás fue una decisión desafortunada la elección por parte de Ingrid de tratar asuntos particulares aquella noche con Colter. O atender la petición de él de conversar sobre su relación, sin imaginar que podía ser metida en una trampa. Posibilidades, señores del jurado, posibilidades que a la acusación no le gusta cuestionar porque ansía la condena. Yo garantizo, señores, que Ingrid Swan es inocente, aunque ella misma tiene dudas sobre sus actos aquella noche. Porque si son sagaces en sus deducciones, una mujer, por su naturaleza, jamás dispararía a sangre fría al hombre que había amado. Aunque Ingrid había sido humillada por Daniel, el galante pintor, su conciencia jamás le permitiría atentar contra su vida. Antes que nada, Ingrid Swan amaba a Daniel Colter y seguirá amándolo a pesar de su muerte.

De Vil puso los ojos en blanco ante los argumentos de Isaac. Eran viejos enemigos y lo consideraba ridículo, aún más poniendo cara y expresión de conquistador barato hacia el jurado. Anita le dio un suave codazo queriendo entender la antigua confrontación entre ellos.

‒ Si convence al jurado con esa historia de la trampa, dejo penal y vuelo a los divorcios‒ le susurró ella a la sra. Lucas

‒ Pensé que ya hacías eso, Cristina‒ dijo Anita casi en un soplo

La juez declaró abierta la sesión de testimonios. Era la hora más esperada del tribunal o la más embarazosa. De repente, surgió un murmullo y Úrsula alzó la voz.

‒ Orden…Se considera abierto el comienzo de los testimonios. Señora Walsh, tiene permiso para llamar al primer testigo.

‒ Sí, señoría‒ Walsh se levantó y pidió la entrada del primer testigo. Era uno de los policías que estuvo en la escena a la mañana siguiente cuando Belle y Graham encontraron el cuerpo del pintor fallecido ‒ En primer lugar, ¿cómo se llama?‒ preguntó el fiscal, acercándose al testigo, cerca de la juez.

‒ Jack Peterson, señor‒ respondió el hombre vestido de civil y con mucha seguridad para responder lo que le fueran a preguntar.

‒ ¿Qué presenció aquella mañana al llegar a la mansión Colter?

‒ La policía fue avisada de que había un cuerpo de hombre, de cerca de cuarenta y dos años. Mi compañero y yo fueron designados al caso, y fuimos los primeros en llegar al sitio, encontrándonos en una de las estancias de la residencia el cuerpo del señor Daniel Colter bañado en sangre a la altura de su pecho.

‒ ¿Fue encontrada alguna arma en el sitio? ¿Alguna prueba concreta de que se trataba de un crimen?

‒ Ciertamente. Encontramos un revólver de calibre 32 cerca del cuerpo.

Entre el público, David no parecía estar cómodo, estaba inquieto, sudaba frío, pensaba en qué pensarían sus padres sobre tener una hija criminal. No quería creerse que ese juicio estaba teniendo lugar. De repente, se levantó y pidió excusas, ausentándose de la sala.

‒ ¿David? ¿A dónde vas?‒ preguntó Mary que terminó por seguirlo.

Mientras, el agente continuaba con su declaración.

‒ …el examen del revólver confirmó la presencia de dos huellas digitales en el cañón. Una de ellas correspondía a la víctima y la otra, al 99,9% de certeza, a la señora Ingrid Swan…Se comprobó junto con una prueba de ADN de los cabellos que también pertenecían a Ingrid Swan, encontrados en la ropa de la víctima, confirmándose así su presencia en la escena del crimen.

‒ Y de acuerdo con su experiencia, ¿cuántos metros pudo haber entre la víctima y la asesina cuando se produjo el disparo?

‒ Si me basara en mis cálculos, fue un disparo a quemarropa. En la policía se trabaja con dos hipótesis, una en que la víctima fue alcanzada de forma sorpresiva con la cercanía del asesino, y la segunda es que se produjo una lucha corporal que pudo haber desencadenado un disparo accidental.

‒ De acuerdo, agente Peterson, ¿y cuál de las dos hipótesis parece la más concreta?

‒ La primera

Un afligido silencio invadió la sala y Walsh de momento estaba satisfecho.

‒ Agradezco mucho su testimonio, señor Peterson. No hay más preguntas, señoría.

‒ El abogado de la defensa tiene la palabra‒ dijo la juez

Isaac, que no era tonto, tenía su estrategia. De nuevo, se desabotonó la chaqueta y se volvió a abotonar, caminando con calma hacia el agente.

‒ Señor Peterson, ¿es verdad que al día siguiente del crimen se le fue pedido a un familiar de la sra. Swan que reuniese pruebas de ADN para incriminarla?

‒ Protesto‒ Walsh declaró ‒ Pregunta indebida

‒ Denegado‒ rebatió Úrsula

‒ Sí, es verdad‒ dijo el policía

‒ ¿Puede decirme si ese familiar de la sra. Swan se trataba de su hija, una muchacha llamada Emma?

Por primera vez el agente no se sintió cómodo al responder una pregunta. Miró a Walsh de lejos, después a la juez.

‒ Responda, por favor‒ pidió la mujer

‒ Sí. Sin embargo, no fue la policía quien solicitó esa ayuda. Fue la propia Emma quien manifestó el deseo de cooperar con pruebas que ayudaran a inculpar a la madre.

El tribunal entró en un verdadero infierno. Una nueva avalancha de comentarios y murmullos comenzó.

‒ Ah no, quiere acusar a Emma‒ Zelena habló, balanceando la cabeza.

‒ ¿Por qué será que no me sorprende?‒ comentó Regina

El agente Peterson fue excusado cuando Heller consiguió lo que quería. Ingrid parecía que no estaba allí, había entrado en un mundo particular y hacía mucho tiempo que no miraba hacia los lados, ni siquiera cuando la juez golpeó con su mazo pidiendo orden.

Graham era el próximo en testificar, entró nervioso, agarrándose las manos y casi perdió el equilibrio cuando se sentó en la silla. Miró al tribunal y todas las miradas estaban volcadas sobre él.

‒ ¿…el señor jura decir la verdad, sola la verdad y nada más que la verdad?‒ Graham escuchó con la mano derecha levantada y la otra sobre la Biblia.

‒ Lo juro.

‒ Muy bien, por la información que tenemos, trabajaba para Daniel Colter como enfermero, ¿correcto?

‒ Correcto

Su testimonio duró menos de lo que se esperaba e Isaac no quiso siquiera preguntar nada. Quizás, Belle, su novia dijera algo más, pero antes de ella, otra persona podría dar información valiosa sobre la condición física de la víctima. El dr. Whale era muy respetado en la ciudad y debido a su fama, Daniel había decidido ponerse en sus manos para una cura a su parálisis transitoria. El hombre fue bastante sucinto en sus declaraciones y no se creía que el paciente se hubiera suicidado.

‒ en las condiciones físicas de mi paciente sería casi imposible que hubiera tenido fuerzas para entrar en una lucha cuerpo a cuerpo con nadie. Esa hipótesis no tiene fundamento.

‒ Dr. Whale, sin menospreciar sus conocimientos, ¿habría una posibilidad, aunque muy pequeña, de que la víctima consiguiera responder a un impulso desesperado?‒ Isaac movió dramáticamente las manos.

‒ Depende que lo usted llame impulso desesperado‒ Whale mantuvo la postura

‒ Una acción, doctor. Un movimiento brusco en el intento de impedir cualquier otra acción.

‒ Bien, aunque Daniel tuviera poco o casi ningún control sobre sus movimientos, con mucho esfuerzo tendría un veinte por ciento de posibilidad de moverse de esa manera.

‒ Un 20% es un porcentaje considerable, ¿no está de acuerdo, doctor?

‒ Sí, estoy de acuerdo.

A continuación fue el turno de Belle, ya había pasado una hora, y tan lenta que nadie dentro de la sala estaba satisfecho.

‒ La señorita Belle M. French‒ anunció Walsh, esperando que la muchacha se acomodara en el banco de los testigos.

Al contrario que su novio, Belle estaba calmada, atenta a Ingrid que no alzaba los ojos desde el comienzo. Si su comportamiento fue algo pactado con Heller, estaba actuando tan bien que casi nadie recordaba que estaba allí. Para Belle, testificar contra Ingrid valía más que confirmar que ella estaba en la escena del crimen, era una pequeña venganza particular que llevaba buscando hacía muchos años. Aquel era el momento y no podía perder la oportunidad, pues si salía mal, se culparía por no haberlo conseguido.

Walsh carraspeó. Anotó algo en una hoja en la mesa y se levantó enseguida. Miró a la señorita French y la saludó con la cabeza.

‒ Señorita Franch, agradezco su disposición y ofrecimiento para venir a testificar a este tribunal. Vamos a ser breves, pues todos sabemos lo que usted fue a hacer esa mañana en la que encontró el cuerpo de Daniel Colter en el taller de la mansión. La señorita trabajó como empleada en la mansión, junto con su novio, que ya testificó incluso. Muy bien, según su testimonio, usted fue la primera en divisar el cuerpo de su jefe. ¿Puede describir cómo se encontraba él?

‒ Fue terrible, si cierro los ojos, puedo recordarlo con detalle.

‒ ¿Y usted cree que se trató de un crimen?

‒ Es obvio‒ Belle parpadeó ligeramente sus ojos azul ceniza.

‒ Siendo empleada de la mansión, supongo que ha presenciado la afluencia constante de personas, aparte del enfermero y usted. Por casualidad, ¿el señor Colter recibió la visita de Ingrid Swan alguna vez?

‒ Más de una‒ confirmó Belle

‒ Entonces, ¿confirma que los dos tenían un romance?

‒ Sí

‒ ¿Podría precisar cuánto tiempo llevaban juntos Daniel e Ingrid?

‒ Hace exactamente cuatro meses antes del crimen mi jefe comenzó una relación con Ingrid hasta el punto de llevarla a dormir a la mansión. Una mañana me encontré a Ingrid, desnuda en su cama.

De repente, Belle se quedó callada y su testimonio pasó a ser muy interesante, haciéndose preguntar a la gente qué más iría a decir.

‒ ¿Sabría decir cuándo fue la última vez que Ingrid fue vista en la mansión?

‒ Sí‒ asintió y recordó todo ‒ Dos días antes del crimen.

Otra conmoción en la platea. David y Mary volvieron en aquel momento y se sentaron de nuevo.

‒ ¿Qué sucedió aquel día, señorita French?

Belle bajó la cabeza, reluctante, pero dispuesta a hablar.

‒ Una discusión entre ella, mi jefe y Emma Swan‒ en una pausa, Belle miró a Ingrid por el rabillo del ojo. Por primera vez, la mujer salió de su mundo particular y le devolvió la mirada a la empleada. Walsh asintió para que ella continuara, ya no había marcha atrás, tenía que contar ‒ A finales de la mañana, el timbre de la mansión sonó, mi jefe estaba leyendo el periódico en el comedor cuando Emma apareció queriendo tener una conservación con él. Al principio, no quise dejar que ella entrara, pues estaba muy enfadada y temía por la salud del señor Colter. Pero aún así, Emma me empujó y entró. No vi lo que sucedió, solo escuché una conversación nerviosa entre los dos, Emma quería saber del divorcio de Regina Mills y mi jefe. Minutos después fue Ingrid quien apareció y entró de forma más brusca incluso que Emma. Se gritaron la una a la otra, e Ingrid dijo que Daniel era el padre de Emma. Ella pasó por mi lado, aturdida, y se marchó. Ingrid se quedó en el comedor y le gritó a Daniel cosas muy feas, lo llamó canalla, desgraciado y muchas más cosas. Graham tuvo que controlarla y echarla de la mansión.

‒ ¿Entonces está diciendo que Ingrid agredió verbalmente al pintor?

‒ Varias veces

‒ ¿Por qué motivo cree que Ingrid tuvo la necesidad de decir esas palabras de tan baja calaña a la víctima?

‒ ¡Protesto!‒ Isaac alzó la voz

‒ Aceptada. Reformule la pregunta, sr. Walsh‒ pidió Úrsula, observando a Belle.

Walsh se metió las manos en los bolsillos y dio una vuelta sobre sí mismo, buscando las palabras adecuadas.

‒ ¿Cuál sería la razón para que la víctima fuera tratada de esa manera?

‒ Daniel la rechazó. Puede que no tuviera fuerza física, pero podía hablar muy bien cuando quería. Le dijo que ya no la creía. Que quería que se marchara y que todo lo que habían tenido estaba acabado.

El tribunal estalló en murmullos.

‒ Orden‒ dijo la juez ‒ Continúe, Walsh.

‒ Sí, su señoría‒ el fiscal respiró hondo ‒ La última pregunta que le tengo que hacer, señorita French, es algo especial. ¿Qué relación tiene Ingrid Swan con un cuadro de un pájaro que usted encontró en el taller de Daniel semanas después de haber comenzado a trabajar en la mansión?

‒ ¡Protesto! ¡Sin fundamento!‒ Isaac se levantó bruscamente.

‒ Denegada, Heller. Responda, señorita‒ la juez también tenía curiosidad.

Belle asintió y aceptó decir lo que sabía.

‒ Hace muchos años, mi padre entregó en la mansión de Ingrid Swan, la casa de la esquina de la calle Santa Barbara Bay, un cuadro con esas características. Supongo que los dos se conocían desde hacía más tiempo de lo que parecía, y que existía una réplica del cuadro.

‒ Y por casualidades del destino acabaron los dos de nuevo en la misma ciudad. ¡Increible!‒ miró a la juez ‒ No hay más preguntas, su señoría.

Isaac se mantenía en pie y le costó muy poco acercarse a Belle, en su sitio de testigo. No estaba muy contento con lo que ella había dicho, notó cómo ella miraba a su cliente y le iba a tirar del último cabello hasta conseguir demostrar el odio gratuito.

‒ Muy bien, señorita French, parece que tiene muy claro que mi cliente es culpable del asesinato de su jefe, ¿estoy en lo cierto?

‒ Sí‒ Belle no se intimidó

‒ ¿Y qué le lleva a creer tan ciegamente que fue Ingrid quien lo asesinó?

‒ Las pruebas del peritaje.

‒ ¿Solo eso? ¿Está segura? ¿O usted tiene alguna otra razón particular que este tribunal no puede conocer?

‒ Protesto‒ reclamó Walsh

‒ Denegada‒ respondió Úrsula.

‒ En mi fuero interno Ingrid es culpable, sí, pero hay una serie de factores que me conducen a pensar que es la asesina si usted quiere tanto saberlo‒ Belle lo desafió‒ Mi amiga, Emma, siempre fue la diana de las bromas en esta ciudad por culpa de esa mujer que dice que es su madre. Siempre fui testigo de lo que Emma pasó y pasa hasta hoy por culpa de su madre. Ingrid nunca hizo nada por cuidar de su hija, siempre se habló mal de ella en este lugar y siempre fue la vergüenza para su familia‒ la muchacha miró una vez más a la mujer, pero esta vez no lo soportó ‒ Esa mujer acabó con la vida de mucha gente y no satisfecha, casi acabó con la vida de su hija. Ella…Ella destruyó a mi familia…‒ Parpadeó, y dejó que dos lágrimas cayeran de sus ojos. Vio a Ingrid alzar el rostro hacia ella, indignada. Daba igual lo que Belle dijera, ella no recordaba, no lo conseguía y no lo comprendía ‒ Ingrid tuvo líos con casi todos los hombres de esta ciudad…Mi padre fue uno de ellos. Cuando mi madre lo descubrió, se enfermó y murió del disgusto.

‒ Siento mucho lo de su madre, señorita French, pero no se puede acusar a una persona sin pruebas. Su madre murió ciertamente a causa de una enfermedad, un mal repentino. Es muy triste, estoy de acuerdo, sin embargo nadie muere de disgusto porque su marido la traicione‒ gesticuló Isaac.

‒ ¡Claro que sí!‒ Belle gritó, en desacuerdo ‒ Está claro que murió de disgustó. Fue culpa de mi padre, pero ella…Ella pudo haberlo evitado.

‒ Mantenga la calma, señorita French‒ pidió la juez.

‒ Su señoría, quizás debamos dar por concluido el testimonio…

‒ ¡Espere, no entiende usted nada! ¡Ni usted ni la zorra de Ingrid!‒ ella se apoyó en la barandilla y saltó en dirección a la detenida ‒ ¿Y tú te enorgulleces, no? Te enorgulleces de ser una promiscua y haber destruido tantas familias. ¡Eran hombres casados, Ingrid! Era mi madre sufriendo porque mi padre te prefería a ti. Dejó a mi madre por tu culpa, ella entró en depresión por tu culpa, se mató por tu culpa.

Esta vez el tribunal estalló en murmullos ante aquella revelación. La juez demostraba sorpresa, pero necesitaba tomar una actitud, porque si no, Belle se lanzaría contra Ingrid.

‒ Orden. Señorita French, vuelva a su sitio, esto es un tribunal. Si desobedece, será detenida.

Belle sentía sus lágrimas resbalando por su rostro y su odio crecía tanto que era imposible que Ingrid no lo notara.

En un resuello, dijo de forma inaudible, y solo para Belle.

‒ Per…Perdón

‒ No hay más preguntas de la defensa, su señoría‒ concluyó Isaac.

‒ Puede retirarse, señorita French. Este tribunal hará un receso de media hora‒ la mujer golpeó el martillo y abandonó el lugar.

Mitad de la audiencia fue a esperar la media hora de receso fuera de la sala. Regina, David y Mary permanecieron sentados y asombrados con la historia contada por Belle. Había sido un desahogo muy intenso y quizás fuera la principal razón para haber querido ayudar a Regina y Emma. Algunas casualidades ayudaron a la empleada, pero también debieron torturarla.

Regina vio cómo la muchacha salía llorando del tribunal. ¿Acaso Emma conocía esa historia? Incluso a aquella muchacha Ingrid había perjudicado, aunque indirectamente. ¿En dónde se pararía aquella mujer? Pero lo que más asombraba era la falta de empatía de la madre de Emma. Al mirar hacia el otro lado, Ingrid salía acompañada de Isaac y no parecía menos indiferente, ni siquiera con las cosas extrañas que Belle había contado sobre su pasado.

Pobre muchacha, pensó Regina. También se acordó de Emma. En realidad, se acordaba de ella todo el tiempo, quería estar con ella y la aprehensión del juicio de Ingrid la ponía muy preocupada. ¿Y si Emma decidía soltar la rabia contra su madre en medio del tribunal? No lo sabía, no podía saber cómo Emma iba a reaccionar a las preguntas de Isaac, sobre todo. Regina juntó las manos en una plegaria y eso llamó la atención de David.

‒ Estás preocupada por ella, ¿no? Nosotros también‒ dijo él.

‒ Es imposible no pensar en cómo se estará sintiendo‒ se desahogó Regina.

‒ Emma es fuerte. Va a exponer lo necesario e Ingrid será castigada‒ dijo Mary

‒ Es eso lo que de cierta forma me preocupa. No tengo un buen presentimiento‒ Regina tomó aire y suspiró.

‒ Hasta ahora el fiscal está haciendo un buen trabajo, no puede ser que el jurado crea que Ingrid no disparó contra Daniel ‒ David habló y recordó cómo la hermana había permanecido en silencio en su sitio.

‒ No sabemos lo que pasa en la cabeza del jurado, David. Hasta yo comienzo a tener miedo de la sentencia ‒ Mary golpeó ligeramente la espalda del marido.


En la sala de espera, Emma andaba de un lado a otro, susurrando frases estudiadas. Estaba convencida de lo que respondería y más aún de que no se dejaría amilanar por la presencia de la madre. Mientras fuera de esa sala tenía lugar un pequeño caos, allí dentro no tenía idea de lo que los testigos habían dicho. Pero comenzó a tener una noción cuando la policía trajo a Belle a la sala para que se calmara y bebiera agua. Emma se asustó y tenía que saber lo que había ocurrido.

‒ ¿Belle?‒ dijo la muchacha, al ver cómo la amiga era ayudada con cautela. Le trajeron agua con azúcar, estaba temblando y se limpiaba su rostro sucio de las lágrimas derramadas.

Belle miró a Emma y movió de un lado a otro la cabeza, como si hubiera fracasado.

‒ Disculpa, amiga. Creo que lo he estropeado todo.

‒ ¿Qué ha pasado, Belle?‒ Emma se arrodilló delante de ella, preocupada, pero no podían hablar mucho. Era hora de que Emma, finalmente, testificara.

‒ Señorita Swan, será llamada ahora mismo para testificar‒ avisó Walsh, desde la puerta de la sala. Se detuvo y vio a Belle, quien no tenía valor para hablar de nuevo, no de momento ‒ Siento mucho lo de su madre, señorita French. No se preocupe, ha sido un testimonio conmovedor.

Emma se puso en pie y extendió una mano hacia la amiga en solidaridad, incluso sin saber lo que ella había dicho en el tribunal.

‒ Todo bien, ya pasó‒ dijo. Respiró hondo, miró al fiscal y asintió ‒ Estoy lista.


La media hora pasó tan rápido que parecieron quince minutos. El público retomó el mismo sitio de antes como si obedecieran una secuencia. Se hizo un silencio cuando la juez regresó, Ingrid e Isaac reaparecieron y Walsh se sentó. La juez tomó su sitio en el centro y finalmente dio inicio la segunda y última parte del juicio de Swan.

El corazón de Regina estaba incontroladamente disparado, sabiendo qué momento vendría ahora. Y tan rápido como sus pensamientos, recomenzó en el tribunal la acción.

‒ Señor Walsh, haga entrar al último testigo de la acusación‒ dijo la juez bien alto.

El hombre, ya preparado, caminó anunciando a la última persona capaz de segar el destino de Ingrid con algunas palabras.

‒ La señorita Emma Swan‒ las personas estiraron sus cuellos para mirar a la muchacha, la primera gran víctima de Ingrid, su propia hija.

Emma entró en el tribunal con irreconocible control. Se sentó en el lugar indicado y pudo percibir todas las miradas puestas en ella, incluso la de su madre a quien lanzó una mirada helada. Divisió a Regina antes de a cualquier otra persona, sus tíos, Archie Hopper, la señora Lucas y a otros rostros familiares preparados para escuchar. Regina dijo algo con los ojos, de lejos, y ella quiso responder, apenas parpadeó y todo estaba bien.

‒ Está tan seria, tan diferente…‒ comentó en voz baja Zelena al lado de los tíos y la mujer de la joven.

‒ Muy diferente‒ concordó Mary Margaret.

Las facciones de Emma se endurecieron, no se sabía si por miedo, rabia o incluso tristeza por tener que recordar la escena de ver a su padre muerto. Emma siguió el protocolo del juramento, que no llevo ni un minuto: "¿Jura decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad con la ayuda de Dios?"

‒ Juro decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad con la ayuda de Dios‒ sonó neutra, mirando al fiscal, entonces, con expresión suave, tomó aire.

Walsh se acercó a ella, tocó el espacio que los separaba y comenzó

‒ Antes de nada, estoy seguro de que todos aquí sienten su pérdida, Emma. Cuando encontró la gran oportunidad de conocer a su verdadero padre, le fue arrebatado de forma tan cobarde. Voy a intentar ser breve en mis preguntas, pero la señorita puede libremente expresar sus impresiones, si así lo desea‒ él miró al jurado rápidamente, todos parecían desinteresados, era una manera de mostrar pasividad. Se giró hacia Emma‒ ¿Puede describir cómo encontró el cuerpo de Daniel Colter la mañana siguiente al crimen?

‒ Aquella mañana había salido a trabajar temprano, sin embargo mi jefe me dio el día libre en cuanto llegué. Mi única opción era volver a casa y fue lo que hice en mi coche. El camino de vuelta me obliga a pasar por delante de la casa del pintor y aquella mañana noté algo extraño. Estacioné y vi a la empleada de la casa, Belle, al enfermero del sr. Colter, Graham y a la policía rodeando el sitio. Me preocupé mucho y cuando entré en la mansión, me encontré con su cuerpo en el suelo del taller.

‒ Hay testimonios que dicen que usted se quedó especialmente aturdida con el cuerpo de su padre tirado muerto, ¿es verdad?

‒ Ciertamente. En realidad, ahora, no recuerdo mi reacción, pero recuerdo cómo estaba él cuando llegué.

‒ ¿Qué es lo que más la conmovió y llamó la atención de la escena del crimen?

Emma se calló un momento, pensó y estuvo segura de lo que decir

‒ La expresión de sus ojos. Parecía que estaba vivo y asustado, terriblemente asustado.

Ingrid hizo un movimiento de irritación, como si intentara espantar una mosca. En el fondo, ella sabía que era verdad. Había dejado a Daniel con una expresión terrible y era de lo que más se acordaba en las noches en que intentaba dormir en la celda. Pobre hombre, pensó ella. Pobre Dani.

‒ Emma, ¿que la lleva a usted, hija de la detenida, Ingrid Swan, a creer que ha sido ella la asesina de su padre?

‒ Todo. Ingrid Swan es un ser humano ruin, una mujer capaz de las peores decisiones para sacar beneficio propio. No ahorra esfuerzos para conseguir lo que quiere, siempre ha sido así y siempre será así‒ Emma evitó mirar a la madre, aunque se estuviera muriendo de ganas de hacerlo.

‒ ¿Cuándo supo que su madre escondía el paradero de su verdadero padre?

‒ Cuando me lo contó en la mansión, dos días antes del crimen.

‒ Conocemos esa historia gracias a la señorita French. Según ella, se produjo una gran discusión, pero ¿por qué razón buscó a Daniel antes de saber que era su padre?

‒ Porque quería arreglar las cosas con él con respecto a Regina Mills‒ Emma respondió ‒ Estuvieron casados y se divorciaron algunos días antes de mi visita al sr. Colter.

‒ Comprendo, comprendo. Entonces, ¿entre usted y Daniel no hubo diferencias?

‒ Ninguna. Antes de saber quién era él, tenías mis dudas con respecto a él, después cuando descubrimos la verdad, todo estuvo claro y pude conocerlo brevemente‒ Sintió un pinchazo en el pecho al recordar la conversación que Daniel y ella habían mantenido antes de su muerte.

‒ Emma, ¿por qué cree que su madre le ha mentido durante años?

No aguantó más, miró a Ingrid con expresión enfurecida.

Isaac aprovechó para intentar impedir que hablara.

‒ Protesto. No debe usar la opinión personal del testigo.

‒ Creo que no solo se trata de una opinión personal, señor Heller. La pregunta quiere encontrar un fundamento en los motivos de la detenida. Denegado‒ Úrsula dijo bajándose las gafas ‒ Responda, por favor‒ le pidió a Emma.

Emma asintió y su trenza resbaló sobre su hombro izquierdo.

‒ Porque me odia. Siempre me odió por ser hija de un hombre que nunca estuvo enamorado de ella. Soy un fardo en la vida de Ingrid Swan, un fardo con el que nunca quiso cargar‒ dijo, finalmente, con voz serena.

Ingrid sintió las palabras de la hija y por primera vez demostró incomodidad. Lanzó a Emma una mirada lenta, carente, pero era muy tarde para convencerla solo con su actuación, si es que aquello era de verdad una actuación.