Fulgrim llenaba los papeles frente a él a un buen ritmo, seguramente terminaría su trabajo antes de tiempo y podría salir antes. Tal vez si la suerte estaba de su lado podría planear una cita con Leman y seguir conociéndose ahora que su relación iba por buen camino.
—Pero es demasiado meloso...
Leman definitivamente era un buen partido y un objetivo ideal. Atractivo, de un buen cargo en la milicia y la imágen de lo que un verdadero alemán debe de ser. Pero lo más importante era su estatus socioeconómico. Era un hijo de la casa Russ, una de las familias más influyentes en el país. Si se une a él ante la ley nunca pasará hambre y siempre tendrá un techo bajo el cual resguardarse.
Apretó el agarré sobre la pluma con más fuerza. Estaba tan cerca de cumplir su más grande sueño pero el proceso había sido más tormentoso de lo que esperaba. Los besos, los abrazos y las caricias en la mejilla, todas esas acciones le provocaba un asco e incomodidad que no había esperado.
Había escuchado de muchas personas que ese tipo de cosas eran agradables cuando vienen de la persona que amas y Fulgrim llegó a la conclusión de que ese era precisamente el problema. Él no amaba a Leman. Amaba su estatus y la seguridad que este le ofrecía, ¿pero amarlo? No, definitivamente no lo amaba y no creía hacerlo alguna vez.
Su mano se detuvo y pausó su trabajo mientras mantenía su mirada perdida entre las letras del documento. —Es una molestia enorme, pero es lo que debo hacer —dijo para sí mismo—. Lo principal en una pareja es que pueda asegurar una vida sin carencias o dificultades. Después de todo, el amor no paga los gastos diarios.
Dichoso sea el amor. Todos hablan de él, lo presumen y lo engrandecen, sin siquiera pararse a pensar si lo vale siquiera. Fulgrim solo una vez sintió un genuino amor, el de su difunta madre que siempre vió por él incluso en los momentos más sombríos. Y aún así eso no los salvó de las noches con hambre o les consiguió una cama para no dormir en el piso sucio. Si un amor tán fuerte y desinteresado como el que una madre le tiene a su hijo no pudo proveerles de algo tan básico como el alimento ¿entonces que se podía esperar de algo tan frágil como el amor de una pareja?
Él también vió ese lado de la moneda. Muchos de los hombres que venían a ver a su madre tenían anillos en sus dedos y nunca mostraron ni un poco de remordimiento por sus actos. Por eso no era un gran problema el no amar a Leman, no era una apuesta segura después de todo, su herencia por el contrario sí que valía todo el esfuerzo.
Aún así todavía había un pensamiento que lo agobiaba cada vez que resonaba con más fuerza que terminaba pensándolo en voz alta. —Pero podría ser agradable experimentar el amor, aunque fuera una única vez...
Un pensamiento de lo más estúpido. Sacudió su cabeza para despejarse de todo eso, ahora no necesitaba distracciones, necesitaba hacer su trabajo, pues es su mayor sustento hasta que se una en matrimonio con Leman Russ.
Pasadas las horas alguien tocó la puerta de su oficina y un joven soldado raso ingresó con un saludo formal. —Buenas tardes, mayor Fulgrim, se me ha enviado a avisarle que en las próximas semanas será transferido a otro campo junto con otro comandante.
Fulgrim levantó la vista hacia el mensajero. —¿Hay alguna razón en específico para un cambio como este? —Su voz era tranquila y suave, pero por dentro maldecía a los altos cargos. Leman también estaba en este campo y era donde más se veían, si lo cambiaban su plan se retrasaría.
—El campo al que será trasladado ha sufrido algunos atentados recientemente. Los altos cargos quieren que usted junto al otro general mantengan el orden en la instalación.
—Así que es eso —parece que la decisión estaba tomada y no había nada por hacer—. ¿Y quién es el otro afortunado que será trasladado conmigo?
El joven soldado tragó seco de los nervios que le provocaba el tener esos ojos violetas tán hermosos sobre él. —Será el mayor Ferrus Manus.
