De todos los trabajos que padre le había encargado, este era sin duda el más difícil de todos. Hacerse responsable de su hermano Konrad Curze durante el año que estaría fuera de servicio, todo para encaminarlo por el camino correcto. La orden era más fácil de decir que de hacerlo.

—Konrad, por favor, padre me pidió que fuera tu tutor. No puedo dejar que te encierres de esta manera.

—¿Por qué? ¿No sería más fácil para ti de esta manera? —respondió al otro lado de la puerta.

Vulkan se frotó la frente exasperado. —No, al contrario, solo lo hace más difícil ¿cómo pretendes que te instruya correctamente si no me dejas acercarme primero?

Una risa rasposa se escuchó dentro de la habitación. —Se ve que te importa mucho la orden de nuestro padre.

—Lo que me importa no es padre, el que me importa eres tú —se hizo un momentáneo silencio y Vulkan se dio cuenta que sus palabras habían dado en el lugar correcto—. Lo digo en serio, Konrad. Estoy haciendo esto no por padre o por mera obligación. Lo hago por ti, porque eres mi hermano y me importas.

Otro silencio se formó, hasta que se escuchó el click del cerrojo de la puerta y su hermano finalmente salió de su cuarto. —Veo que te gusta hacer el rol del hermano ejemplar...

—Solo hago lo que es normal entre una familia.

Konrad se encogió de hombros. —No me consta que así sea. Nunca pertenecí a ninguna familia.

—Bien, entonces tendremos que empezar a trabajar en eso. Tu eres nuestro hermano, Konrad, y te queremos como tal.

—No creo que los demás compartan esa visión tan optimista de mí —la amargura en su voz era evidente.

—¿Eso crees?

—Es lo que sé.

—Muy bien, entonces al menos déjame asegurarte que por mi parte, te aprecio como mi querido hermano. Aún si tú todavía no confías en mis palabras.

Konrad lo miró con sus ojos entrecerrados y en su negro profundo Vulkan podía ver un resentimiento y desprecio absoluto. —Claro que no confío en tus palabras. Porque tú al igual que yo y todos nuestros hermanos eres un criminal.

Vulkan no respondió. Solo suspiró resignado a sabiendas que esto no sería nada fácil. —Si eso es lo que piensas no lo voy a discutir. Pero ahora voy a necesitar que me acompañes para que observes cómo trabaja mi legión.


—Así que los rumores de que Konrad está ahora a tú cargo eran ciertos —la proyección holográfica de Fulgrim miró atentamente a su hermano que había venido a buscar su consejo.

—Si, padre dijo que él no estaba en condiciones de dirigir su propia legión y que necesitaba nuevamente de un guía que lo llevará por el buen camino mientras que él se encargaba de volver a entrenar desde cero a los Amos de la Noche y mandaba a vigilar la selección de nuevos reclutas en Nostramo —Vulkan miró al suelo mientras pensaba en eso—. Pero es difícil. Él no deja de mantenerse distante y no me permite acercarme lo suficiente para poder trabajar en conjunto. Es por eso que necesito de tu ayuda, tú lo acogiste cuando fue encontrado y fuiste su tutor, tu debes de saber como podría al menos estar en la misma habitación que él sin que parezca que quiere atacarme en la yugular.

Fulgrim soltó una pequeña risita al oírlo. —Y eso que ahora es más relajado de lo que era en un inicio. Al menos ahora sí se preocupa por lavar la sangre de su cuerpo.

—Fulgrim, se serio por favor.

—Lo siento, no puedo evitarlo. Pero si lo que quieres es volverte algo cercano a Konrad será mejor que te olvides de ser tú quien decida eso. Es él quien tiene que decidir acercarse a ti —sonrió divertido al ver la confusión en el rostro de Vulkan—. Tienes que darle su espacio, dejar que él marque la distancia que considere necesario contigo. Tienes que entender hermano que Konrad no tuvo la misma suerte que nosotros. Él no fue acogido por ninguna familia que le enseñara a querer y confiar. Creció solo en un mundo sin luz luchando por su supervivencia desde temprana edad. Con una infancia como esa no es de extrañar que sea tan desconfiado sobre los demás, incluyendo a su propia familia.

Vulkan pensó en las palabras de Fulgrim y se dio cuenta de lo obvio que era. Era normal Konrad actuaría tan arisco. Lo poco que había escuchado del como solía ser Nostramo era horrible y al pensar en todas las atrocidades que Konrad debió de haber presenciado desde tan corta edad, aún siendo un primarca, seguro que lo habrían marcado de por vida.

—Pensándolo así... incluso me siento un idiota por no haber tomado eso en cuenta antes...

—No puedo juzgarte hermano, yo mismo no pensé en eso cuando padre lo llevó a mi nave para que yo le enseñara todo lo que sé. Pero no te tortures por eso, solo dale su espacio, deja que se tome su tiempo para confiar y puedan trabajar juntos.

—Gracias Fulgrim, realmente necesitaba de tu apoyo en este momento.

—No fue nada, me preocupo por Konrad y yo también espero que él pueda sanar las heridas que no podemos ver. Confío plenamente en que tú eres el más indicado para esta tarea.

El primarca de la XVIII solo le sonrió en respuesta. Pero por dentro no pudo evitar dudar sobre si estaría verdaderamente a la altura de poder ayudar a su hermano.


El señor de los Salamandras no estaba acostumbrado a trabajar así. Cuando el planeaba su siguiente campaña solía hacerlo en un cuarto bien iluminado, no como ahora que solo tenía una sola lámpara iluminando el centro de la habitación en la que estaba, mientras que el resto de la habitación permanecía en oscuridad total. Pero después de unas semanas aprendió que era la única forma en la que Konrad podía encontrarse mínimamente cómodo a su alrededor.

Incluso ahora podía percibir cómo se movía en la oscuridad. No emitía ruido alguno, pero sabía que estaba moviéndose, podía sentir su mirada fija en él.

—Te estás tomando molestias innecesarias —dijo Konrad desde las sombras—. ¿Por qué preocuparte tanto por las bajas enemigas?

—Porque no son nuestros enemigos, son humanos y por eso venimos a llevarlos a la luz del imperio.

—Puedes hacerlos aceptar la verdad imperial más rápido y cobrando pocas vidas. Si me dejarás...

—No —la respuesta de Vulkan fue severa—. Ya te lo dije antes, Konrad. Mi legión no trabaja así. Somos los protectores de la humanidad, su bienestar lo es todo para nosotros.

—¿Y si ellos no quieren tu protección, hermano? Aún después de que tú hayas luchado por su "bien".

—Entonces nos tomaremos el tiempo para enseñarles, hacer que ellos mismos se acerquen a la luz del imperio. Algo parecido a lo que he estado haciendo contigo desde que padre te trajo.

—Claro, porque eres así de bueno hermano. ¿Sabes cómo me llamaba en Nostramo? Acechante Nocturno. Soy todo lo opuesto a esa luz de la que tanto hablas.

—No tiene porqué ser así. Todos fuimos creados de la misma manera por nuestro padre y estábamos destinados a llevar a la humanidad a una era dorada. Como tal ninguno de nosotros es incapaz de vivir bajo el brillo que desprende la gran obra de nuestro padre.

Una carcajada seca sonó en la oscuridad de la habitación. —Ese pudo ser el plan inicial. Pero sabes bien como todo se torció y después de que terminamos desperdigados por la galaxia.

—Pero ahora volvimos a estar juntos, como siempre debió de ser.

—Eso no es lo mismo. Varios de nosotros terminamos arruinados más allá de cualquier esperanza de reparación. Si tan solo padre no fuera tan terco cómo tú... Tal vez hubiera tomado la decisión más lógica de destruir Nostramo junto conmigo.

—Basta —Vulkan golpeó la mesa con fuerza haciendo callar la voz de Konrad—. Tú no vas a morir hermano, no mereces ese destino.

—Viendo como acabaron nuestros hermanos olvidados no sería descabellado que un día yo también sea...

Vulkan lo interrumpió. —Si eso pasa yo lo evitaré. No importa si la orden viene de Malcador o incluso de nuestro padre, no pienso perderte a ti también.

—¡¿Por qué sigues insistiendo con eso?! ¡No tiene sentido pues no cambiará mi destino!

Se alarmó al escuchar eso último, pero aún así no dudó en responderle. —Te lo dije antes y te lo vuelvo a repetir. Porque te quiero como a mi hermano y no podría lidiar con otra perdida, otro pilar vacío en el palacio de Terra. Soy consciente de lo que has hecho y de lo que otros piensan de ti por estas mismas acciones. Pero aunque yo mismo odie tus métodos no te odio a ti en lo absoluto y no podría soportar tu pérdida.

No hubo respuesta. Konrad pareció finalmente quedarse quieto sin tener nada más que decir. Vulkan esperó un momento antes de volver a centrarse en su mesa de trabajo.

Pasaron unos minutos hasta que volvió a escuchar a Konrad, pero esta vez caminó hasta el borde del espacio iluminado en la habitación. Parecía vacilante intento dar ese último paso para salir de las sombras.

Vulkan volteó a verlo y se acercó lo suficiente como para extender y que él pudiera alcanzarla. —Ven, acércate con confianza.

Konrad dudó un momento, pero finalmente aceptó la mano de su hermano aunque por un momento sintió como tembló al tocar su piel, pero aún así no retrocedió. Vulkan sonrió feliz de que finalmente lo aceptara de buena gana y algo divertido al ver la mueca de Konrad a caminar bajo la luz. Sintió que finalmente estaban haciendo un avance juntos.


—¿Has dormido bien? —preguntó Vulkan sentado en el sofá tan grande de su sala privada.

—¿A qué viene eso ahora?

—Mis hijos me han informado que te ven vagar por la nave en horario de sueño, siempre. Por eso me preocupaba de que no duermas en lo absoluto.

—No somos como los humanos normales, no necesitamos dormir todas las noches como ellos.

—Pero todavía necesitamos descansar —replicó Vulkan—. ¿Qué es lo que te impide dormir? ¿No te sientes cómodo en tu habitación?

—No es nada de eso.

—¿Entonces qué es?

Konrad lo miró desde la esquina de la habitación y respondió indiferente. —Al dormir somos indefensos, incluso nosotros los primarcas. No puedo darme el lujo de permitir que otros usen esa oportunidad para acercarse a mí y se aprovechen de mi estado vulnerable.

La expresión del primarca de la XVIII legión se oscureció. —¿Alguien de mi tripulación ha intentado hacerte algo así?

—No todavía —desvió la mirada intentando ignorar la severa mirada de su hermano—. Pero he visto como me miran. El desprecio y el miedo en ellos es palpable. Si tuvieran la oportunidad de tomarme con la guardia baja más de uno intentaría acabar conmigo.

—Ya veo, me temo que tendré que hablar con ellos más tarde. ¿Y no te sientes cansado?

—... He pasado más tiempo sin dormir.

—Esa no fue mi pregunta —Konrad parecía reacio a contestar y guardó silencio—. Eres demasiado terco a veces. Ven, siéntate a mi lado.

Konrad ladeó la cabeza confundido. —¿Para qué?

—Para que te recuestes en mi hombro. Somos los únicos aquí y de todas formas nadie sería tan estúpido como para atacarte en mi presencia. Por fin podrías al menos descansar un momento.

El primarca lo miró perplejo pero su comportamiento se volvió hostil nuevamente. —¿Y se supone que debo de confiar en que tú no harás nada?

—Comprendo que todavía no te fies de mi. Pero te juro que nunca haría algo para dañarte mientras duermes, al contrario, deseo procurar tu sueño.

Aún sin parecer del todo convencido se acercó a él y lo miró seriamente. —Si intentas algo te mataré.

—No lo dudo.

Konrad se sentó a su lado y se recostó contra su hombro. La tensión era clara entre ambos mientras se mantenían en un silencio incómodo.

—Esto no está funcionando.

—No, no lo está. —Vulkan meditó un momento y preguntó— ¿Puedo intentar hacer algo que hacía mi padre adoptivo? Él solía acariciar mi cabeza cuando no podía dormir.

—¿Funcionaba?

—Bastante, son buenos recuerdos que tengo de mi vida en Nocturne.

—Mhmm... entonces adelante.

Con cuidado levantó su brazo y dejó a Konrad acostarse ahora contra su pecho para acariciar el cabello negro de su hermano menor, se sorprendió de lo suave que era a pesar de que se veía tan descuidado. Konrad se tensó al inicio bajo su tacto pero poco a poco sintió como se relajaba, acomodándose en una mejor posición contra él.

—¿Esto era algo que hacía normalmente tu padre?

—A veces, cuando tenía problemas para conciliar el sueño o simplemente cuando nos sentabamos juntos en días tranquilos. Aunque paró cuando yo crecí demasiado para que siquiera pudiera alcanzarme —río con ánimo al recordar a su padre bromeando con que era injusto que fuera más alto que él siendo tan joven.

—Suena a una buena vida. Tuviste suerte, mucha suerte...

—... Tú ¿tuviste algún recuerdo agradable en Nostramo...?

—Vivir algo agradable, no. Pero una vez tuve una visión, donde unía fuerzas con un chico y... ambos llevábamos a nuestro planeta a una era dorada y la vida en Nostramo mejoraría... Pero solo fue eso, una visión que nunca pasó.

El señor de los Salamandras casi pregunta porque es que no pasó, pero al ver como su compañero apretaba sus puños solo pudo asumir la respuesta. —Y en ese momento ¿sentiste felicidad al ver ese futuro?

—No lo sé... no tengo ninguna referencia para poder compararlo con lo que sentí en ese momento...

Quería decir algo. Asegurarle que podría encontrar ese momento de felicidad si tan solo se permitía ver más allá de lo peor de la gente y él mismo. Que todavía tenían tiempo para formar algún recuerdo agradable para él.

Pero no dijo nada. Guardó silencio pues sabía que no podía prometer cosas que no sabía si podría cumplir. Así que solo se limitó a seguir acariciando la cabeza de Konrad, pues ahora era lo único que podía hacer por él.

—Tu piel es muy cálida.

—¿Te molesta eso?

—... No, creo que se siente... bien.

Sus ojos se cerraron de a poco, el cansancio finalmente lo estaba sobrepasando y él finalmente se permitió quedar dormido. Vulkan al verlo así de agotado se aferró más fuertemente a su deseo de ayudar a Konrad. Mientras estuviera a su lado él lo cuidaría como su hermano mayor.


Las gotas caían por sus mechones negros y hacían ondear el agua de la amplia bañera. Para sus estándares él no se consideraba especialmente sucio pero Vulkan insistió en que tenía que cuidar su higiene personal.

Él siempre parecía preocuparse de más por él.

Konrad se sumergió más en el agua. El calor del baño le recordaba a la calidez de la piel de Vulkan y eso hacía que una parte de él quisiera rodearse con esa sensación.

—Es un calor agradable, no como el de la lava del núcleo de Nostramo —pensó en voz alta para él mismo.

Una de las primeras cosas que sintió al salir de su cápsula de gestación fue el calor ardiente de los ríos de lava y el metal líquido que había en el centro del planeta en el que cayó. Siendo un bebé tuvo que arrastrarse desde su núcleo hasta la superficie. Fueron dos años donde su piel fue quemada para regenerarse y volver a arder una y otra vez.

Cuando salió a una ciudad no menos oscura que el pozo del que había salido no pudo evitar pensar que no quería volver a sentir el calor así en su vida.

No había pensado en eso en mucho tiempo, hasta que tomó la mano de Vulkan por primera vez y sintió el calor de un volcán en él. Era como volver a tocar la lava una vez más, pero ahora no quemaba y sobretodo, no dolía.

Por puro instinto debió haberse alejado de él lo más posible. Pero aún así no se negó cuando Vulkan le ofreció dormir a su lado, más cerca de su pecho y con su mano acariciando su cabeza, rodeandolo con el calor que asumió que sería similar al de su natal Nocturne.

Incluso deseaba más de esa sensación.

Fulgrim había dicho algo así una vez. Recordó que durante su tiempo a su cuidado había mencionado que las manos de Ferrus eran frías al tacto y te hacían temblar con un solo toque. Pero para él su tacto era de lo más agradable y no podía dejar de querer sujetarlas entre sus propias manos.

¿Sería algo parecido con él y Vulkan? Aunque si lo fuera eso traería una nueva pregunta que atender.

—¿Siento por Vulkan lo que Fulgrim por Ferrus?

Amor. Así había llamado su anterior tutor a sus sentimientos por su hermano. Konrad había visto a personas quererse en Nostramo. Principalmente a jóvenes que se escondían en los callejones y se sonreían coquetamente mientras se desnudaban.

Pero él mismo nunca había experimentado tal cosa, mucho menos el amar a alguien, que según Fulgrim era muy distinto a solamente querer a otra persona.

Meditó sobre lo que Vulkan causaba en él. Al inicio era un profundo desagrado, luego se volvió tolerable y entonces... Es ahí donde perdía el sentido de sus propias emociones.

—Tal vez solo lo quiero.

No podía decir si amaba a Vulkan, pero sin duda quería más de él. Quería volver a tomar su mano, quería volver a acurrucarse contra su pecho y quería hacer más cosas así con él.

Si, definitivamente lo quería. Creé. Tendría que preguntar antes.

Saltó fuera de la bañera y fue a buscar su placa de datos a su cuarto. Importandole poco que estuviera empapando todo a su paso.

En cuanto encontró lo que buscaba se puso en contacto con Fulgrim a sabiendas de que siendo él le contestaría sin dudar. —¡Konrad, querido! ¿A qué debo el gusto de tu llamada?

—Necesito tu ayuda.

—Oh ya veo ¿En qué puedo ayudarte esta vez?

—¿Cómo sabes cuando quieres a alguien?

El rostro perfecto en la pantalla quedó congelado del impacto por su pregunta. —Uh, espera un momento, ¿lo dices en serio? Han pasado tres meses terrestres, me sorprende que Vulkan ya se haya ganado tu cariño así.

—¿Por qué asumes que es Vulkan?

—¿Podría ser alguien más? Konrad, te conozco, dudo que dejes a un miembro normal de la tripulación acercarse lo suficiente a ti como para decir que lo quieres. Y ya todos nuestros hermanos saben de lo decidido que está Vulkan en cuidar de ti.

Konrad se quejó con molestia. Ni siquiera estando en distintos puntos de la galaxia sus hermanos perdían la oportunidad de chismear entre ellos.

—Oh vamos no te molestes por eso. Yo creo que es maravilloso que de todos nuestros hermanos hayas escogido a Vulkan. Salta a la vista que él de verdad procura tu bienestar.

—¿A qué te refieres?

—Bueno para empezar ya no te ves tan demacrado como antes. ¡Tus mejillas incluso se ven más regordetas!

Konrad parpadeó incrédulo. Pellizco suavemente su mejilla derecha y se sorprendió al ver que era verdad. Ni siquiera él había notado que su condición había cambiado y ya no estaba tan en los huesos como antes.

—Eso es porque él insiste en que tengo que comer tres veces al día.

—Y eso demuestra tu favoritismo por él. A mi rara vez me hacías caso cuando te llamaba para comer juntos.

El menor de los hermanos se encogió de hombros. —Eso es lo de menos. Todavía no has respondido a mi pregunta.

—Ah cierto, dime ¿cómo te sientes cuando estás con él?

Lo meditó un momento, el cómo se sentía era algo extraño de explicar. —Me siento bien. Si estoy con él no estoy alerta esperando un ataque, puedo quedarme a su lado aún estando indefenso y todavía sentirme... Seguro.

—¿Y te ves a ti mismo siendo más cercano a él o deseando más de esos momentos a su lado?

Konrad pensó otra vez en el momento en el que se recostó en su pecho. Cómo disfrutó de su calor corporal y algo en él ansiaba volver a sentirlo otra vez.

Asintió en respuesta. —Si. Si, lo hago.

—Oh querido, de verdad estás experimentando el primer amor.

—¿Amor? Creí que eso era muy diferente de solo querer a alguien.

—Y lo es, pero con solo verte ahora puedo ver que lo que sientes por Vulkan no es un cariño cualquiera. Pareces realmente flechado por él.

—¿Y que se supone que debo hacer ahora?

—Depende de lo que quieras tú. ¿Quieres demostrarle lo que sientes o prefieres guardarlo para ti mismo?

—... No lo sé, no había pensado mucho en eso...

—Pues deberías aclarar primero qué es lo que quieres hacer con tus sentimientos. Pero te aseguro que sin importar que escojas contarás con todo mi apoyo —la sonrisa confiada de Fulgrim ayudó a tranquilizarlo un poco—. Ahora mejor te dejo para que te vistas y termines de secar tu cabello.

Oh cierto, seguía desnudo. —Casi había olvidado eso. ¿Si ocurre algo más puedo llamarte?

—¡Claro que sí! Estaré encantado de poder ayudarte y de paso saber cómo se desarrolla su historia en primera fila.

Konrad sentía que su hermano estaba exagerado al respecto. Pero al menos saber que contaba con su apoyo lo hacía sentir menos perdido sobre sus sentimientos.

Tal vez debería de demostrar y dejar claro lo que sentía.


El sonido del martillo golpeando el metal ardiente resonaba en la forja del Señor de los Salamandra. Ahora trabajaba en un regalo para su hermano Horus, por haber sido declarado el Señor de la Guerra. Pensaba hacer un arma magnífica que estuviera a la altura de su nuevo título.

—¿Vulkan?

Sorprendido levantó la vista y vio a su hermano parado frente a él. —Konrad, no te había escuchado llegar, ¿que te trae a mi forja, pasó algo?

—Nada, solo quería estar contigo.

Eso era inesperado. Él nunca había buscado abiertamente su compañía pero ese cambio era una buena señal. —Entonces siéntete bienvenido. Es un gusto tener algo de compañía mientras trabajo.

Konrad solo asintió antes de ponerse a su lado en silencio. Él siguió con su trabajo, dándole forma al metal al rojo vivo y con chispas ardientes saltando con cada golpe.

Para él no había nada mejor que esto. Era un arte y también una conexión con su pasado en Nocturne. Cuando su padre adoptivo lo instruyó en la herrería, siendo su maestro y luego incluso aprendiendo del propio Vulkan cuando ya se había desarrollado por completo, creando sus propias técnicas.

Una parte de él quería volver a esos tiempos, antes de ser encontrado por su padre y nombrado general de su propia legión. No porque no los quisiera. Amaba a sus hijos. Pero él no se veía como un guerrero, de haber tenido opción hubiera decidido nunca pelear en la cruzada y quedarse en su planeta para llevar una vida pacífica junto a su gente.

Tristemente no era algo sobre lo que pudiera decidir.

Un quejido doloroso lo sacó de su cavilación. Su hermano ahora se frotaba los ojos y las lágrimas caían por sus mejillas. —¡¿Konrad, qué ocurre?!

—Arde... Mis ojos me duelen por el brillo...

—Oh por el trono. Ven aquí solo espera un momento.

Lo sentó al fondo de la forja y luego corrió a apagar las luces para quedar casi en completa oscuridad. Solo quedando la luz de las llamas y el metal incandescente.

Vulkan caminó a oscuras conocido el lugar como la palma de su mano y se colocó frente a su hermano. —Está bien, ya no hay más luces molestas, ya está mejor.

Konrad seguía tallando sus ojos y Vulkan creyó escuchar sus uñas como garras arañar el piso. —Lo siento. Lo arruiné.

—No arruinaste nada —le aseguró Vulkan—. Pero si sabías que la luz podría lastimarte los ojos debiste de tomar una distancia segura.

—Pero es algo que te gusta y quería compartir eso contigo.

—Eso es... Muy considerado de tu parte Konrad, de verdad. Pero aún así tienes que pensar en tu seguridad también, por más que disfrute de tu compañía no quiero que te pongas en algún riesgo innecesario por eso.

—... ¿Por qué te preocupas tanto por mi?

—Ya te lo he dicho ¿no?

—Pero quiero oírlo otra vez —respondió casi suplicante.

El tono con el que lo dijo preocupó a Vulkan. Hasta ese momento nunca lo había oído de esa manera. —Porque te quiero Konrad.

Las manos delgadas tomaron sus mejillas y lo acercó más a él. —Yo también te quiero.

Vulkan sintió los delgados labios de Konrad sobre los suyos y pudo jurar que sus corazones se detuvieron del impacto.

El beso fue corto y Vulkan no hizo nada por continuarlo, lo que pareció desanimar a Konrad y lo hizo parar. Ni siquiera en ese momento pudo decir algo. No estaba enojado o al menos no se sentía así, solo estaba totalmente confundido más allá de las palabras. No fue hasta que escuchó la puerta de la forja abrirse de golpe que se dio cuenta que su hermano ya se había ido.

—Creo que todos nuestros avances se acaban de ir al demonio...


La imagen de su padre era imponente. Incluso como una proyección. —¿Cómo te ha ido siendo el tutor de Konrad? Confío en que a estas alturas habrán aprendido a llevarse bien.

—Ha sido... complicado. Pero he hecho lo mejor que he podido.

—Suenas muy poco convencido, ¿pasó algo que necesite saber?

—En absoluto padre. Pero si se me permite saber me gustaría preguntar sobre qué ha pasado con la octava legión. Konrad está teniendo un avance pero me preocupa que al volverlo a dejar con sus hijos pueda volver a caer en sus viejos hábitos.

—Es una preocupación razonable hijo mío. Hemos hecho las investigaciones necesarias y descubrimos que la legión había sido contaminada desde dentro. Los reclutas que llegaban desde Nostramo eran auténticos criminales que incluso habían atentado contra el imperio. Todos estos nuevos reclutas fueron enviados por las élites de su planeta natal los cuales habían hecho un golpe de estado y ocultaron la muerte del regente que había sido dejado a cargo del planeta. Este acto de Traición no se dejó pasar y todos los involucrados ya recibieron su sentencia.

Vulkan tragó seco. Sabía que las cosas estaban mal pero no lo suficiente para caer en la traición. Pensó que de haber dejado a Konrad más tiempo en esa situación terminaría por corromperse al completo o algo peor.

—¿Esto cómo afectó a los números de su legión?

—Las pérdidas no fueron exorbitantes pero sí se vió una reducción en sus números. Ya se ha iniciado el proceso de selección de nuevos astartes, esta vez con más vigilancia sobre la producción de los mismos para que no vuelva a haber corrupciones en el proceso.

—Ya veo, es un alivio. Por un momento temí que ya no quedará legión a la cual pudiera regresar.

—Pudimos intervenir a tiempo así que afortunadamente la VIII seguirá en pie por más tiempo —le aseguró su padre—. Ahora me gustaría que tú también respondas a mi pregunta.

—¿Cuál es padre?

—¿Qué ha pasado entre tú y Konrad?

Vulkan sudó frío, sabía que no podía ocultar nada de su padre. —Creo que se ha arruinado el avance que había tenido con Konrad.

—¿A qué se debe eso?

—Konrad... Me besó. Yo no correspondí el beso y creo que eso hirió a Konrad y ahora se ha vuelto a encerrar en su habitación. No se que debería hacer ahora.

Tal vez fue producto de su imaginación, pero podría jurar que su padre parecía querer cortar la conexión en ese preciso momento. —No había previsto este resultado. Aunque sabiendo la tendencia de tus hermanos de fijarse los unos en los otros debí haberlo esperado —su padre se masajeó la sien y suspiró resignado.

—¿Qué se supone que debo hacer ahora?

—Para empezar, ¿tú correspondes esos sentimientos?

Vulkan pensó en eso. En estos meses había visto a Konrad con otros ojos, ya no solo como alguien herido, sino como alguien que era genuinamente lindo. ¿Pero gustar de él? Esas ya eran palabras mayores. —No estoy seguro. No odié el beso tampoco. Solo no se como sentirme.

—Es normal hijo mío. Originalmente ustedes habían sido creados para no experimentar tales sentimientos. Pero parece que el criarse con humanos terminó haciéndolos sensibles a tales emociones.

—¿Y eso está mal?

—Para nada. Al contrario eso es aún mejor, pues así ustedes luchan por algo que les importe, por su gente. Pero podemos hablar de eso en otro momento, ahora es Konrad lo que nos importa.

—De verdad espero poder solucionar las cosas. Íbamos tan bien, no quiero que él se vuelva a cerrar ahora.

—Entonces deberías intentar hablar con Konrad lo antes posible. Pero cuida bien tus palabras, Vulkan, pues esta es una situación delicada.

—Lo sé. Gracias, padre, necesitaba hablar de esto con alguien.

—No hay nada que agradecer. Ustedes son mis hijos, lo más importante para mí. Siempre desearé su bienestar por sobre todas las cosas. Ahora lo mejor será que dejemos esta conversación aquí, ahora tienes otros asuntos que atender con tu hermano.


Decir que estaba nervioso era poco. Vulkan estaba caminando en dirección a la habitación de Konrad con sus corazones latiendo rápidamente. Ya había pensado en lo que iba a decir y tenía esperanza de que su hermano le permitiera empezar a hablar antes de lanzarle alguna cuchilla al cráneo o algo parecido.

Se paró frente a la puerta de su habitación, estaba a punto de tocar hasta que escuchó quejidos dolorosos y aullidos casi bestiales.

—¡¿Konrad?! —la preocupación desplazó los pensamientos de su plan original. Entró a la habitación de golpe y miró con miedo a Konrad abrazándose a sí mismo en el suelo. —¡Oh por el trono, hermano que sucede!

Quiso acercarse a él para ayudarlo, pero en cuanto notó su presencia saltó hacía él clavando sus uñas en su rostro, provocándole un gran dolor.

Como pudo lo sujetó de las muñecas intentando controlarlo. Pero él seguía retorciéndose y gritando como si estuviera pasando por un profundo dolor. Sus ojos incluso empezaron a llorar aún sin detenerse en su ataque contra él. Estaba fuera de sí y Vulkan no sabía cómo ayudarlo.

—¡Konrad, por favor escucha! ¡Soy yo, Vulkan, no quiero ni voy a lastimarte!

Sus palabras fueron ignoradas. Konrad volvió a intentar alcanzar su rostro una vez más pero Vulkan lo detuvo a tiempo y envolvió sus brazos a su alrededor en un abrazo forzado y del cual su hermano intentaba escapar a toda costa.

—¡Konrad hermano por favor escúchame! No se que te sucede, pero te pido que sigas mi voz.

Konrad seguía agitándose en su abrazo y al no poder atacar con sus brazos optó por morder su hombro hasta hacerlo sangrar.

Vulkan mordió sus propios labios intentando contener el quejido de dolor. Si él gritaba sus hijos vendrían enseguida y ellos se irían sobre su hermano sin pensarlo. No iba a permitir tal cosa.

Cuando pudo volver a hablar sin gemir del dolor comenzó a susurrar al oído de su hermano: "estoy contigo" "no temas, jamás te haría ningún daño" "se que esto no es lo que quieres" "me quedaré a tu lado, no te dejaré solo estando así".

Los colmillos en su hombro se retiraron de a poco, dejando la sangre caliente fluir sobre su brazo y su pecho. Juntos con unas lágrimas que salpicaron su piel.

—Suéltame...

—¿Ya no te harás daño a ti mismo si lo hago?

—¿A quién le importa?

—A mi me importa.

Un gruñido molesto delató que no le creía. —Claro. Porque padre te lo ordenó. Déjate de juegos, Vulkan, ya he tenido suficiente de eso.

—No es ningún... —guardó silencio, de nada serviría discutir. En su lugar respiró y lo miró con seriedad—. Por favor, vamos a hablar, creo que ambos lo necesitamos.

—Sí acepto, ¿me soltarás de una vez?

—Tenlo por seguro.

—Bien, hablemos ya que tanto te urge.

Cumpliendo con su palabra lo soltó y Konrad no dudó en apartarse más de él. Vulkan se sentó al borde de la cama que estaba hecha un desastre, como toda la habitación, pero Konrad se quedó parado viéndolo a cierta distancia.

—Primero que nada, quiero disculparme por lo que pasó en la forja. No era mi intención hacer que te sintieras rechazado.

—Yo fuí el que te besó. ¿No debería ser yo el que se disculpe?

—Pero yo fuí el que se quedó callado, no hablé cuando debía y eso solo empeoró la situación. Por eso ahora quiero preguntarte ¿por qué me besaste?

—Ya te lo había dicho —respondió secamente—. Porque me gustas. Pero ya veo que soy el único que se siente así.

—No es que seas el único. Definitivamente te quiero, pero... —Vulkan trató de ordenar sus ideas, estaba en un momento muy delicado y si se equivocaba con sus palabras podría fácilmente perder la cabeza— En realidad nunca he experimentado tal cosa como el amor. Así que no sé si el cariño que te tengo es romántico o platónico.

Su hermano no dijo nada y eso puso nervioso a Vulkan. Pensó que debió de haber medido más sus palabras, fácilmente lo que dijo podría mal interpretarse y hacerlo quedar como un idiota que no sabe lo que quiere y solo le dio falsas esperanzas.

Sus pensamientos iban a mil por hora hasta que Konrad contestó. —Yo me siento igual.

—¿De verdad? —la sorpresa era clara en su voz—. Pero entonces ¿por qué me dijiste tan seguro que me querías?

Konrad se encogió de hombros. —Hablé de eso con Fulgrim y él me dijo que era el primer amor.

—... ¿Por qué no me sorprende? —se frotó la frente frustrado—. Entonces ambos estamos en las mismas.

—¿Y solo viniste para decirme eso?

—En realidad vine para arreglar las confusiones pero te encontré... así —estaba incómodo, pues se imaginaba que este no sería un tema fácil de tratar—. ¿Puedo saber qué pasó?

—... Fue otra de mis visiones.

—¿Siempre pasa eso cuando tienes una?

—No —exclamó con severidad—. Solo eran molestas en un inicio. Pero ahora... No han dejado de empeorar...

—¿Quieres hablar de...?

Konrad lo interrumpió con un grito —¡No!

El silencio fue definitivo. Vulkan se quedó frío viendo a su hermano abrazarse a sí mismo temblando. Quería tanto ir y abrazarlo, confrontarlo. Pero sabía que era una pésima idea.

No dijeron nada. Vulkan esperó a que Konrad estuviera más tranquilo antes de decir algo.

—Otra cosa que quería hablar era sobre el beso. En realidad no me molestó ni nada —vió a su hermano levantar la vista con confusión—. Y también lo siento por no continuarlo.

—No. No intentes bromear con eso...

—No bromeo. A lo que quiero llegar con todo esto es... ¿Quieres que intentemos empezar algo entre los dos?

El primarca más bajo se quedó helado. Viéndolo como si le hubiera propuesto traicionar al imperio. —Acabas de ver lo que pasa cuando tengo una visión... Esta no será la última vez que pase eso.

—Lo sé.

—Puede que te vuelva a herir.

—Sanaré. Incluso ahora las heridas que me hiciste recién ya se cerraron —acarició su piel intacta sin cicatrices para probar su punto.

—¿Hablas en serio? ¿Tan desesperado estás por morir por mi mano?

—No quiero morir. Pero tampoco quiero perder la oportunidad de que intentemos algo. Entonces ¿qué piensas, podemos intentar con otro beso?

Konrad lo miró como si fuera un loco. Pero vió la determinación y honestidad en los ojos de Vulkan y supo que hablaba en serio. Avanzó con pasos cortos hasta quedar frente a él.

—¿Estás seguro de que no te arrepentirás de esto?

—Si, lo estoy.

Igual que como hizo en la forja, tomó el rostro de Vulkan y se acercó a él, uniendo otra vez sus labios en un beso. Pero esta vez Vulkan lo continuó. Fue un beso lento y algo torpe. Pero ambos pensaron lo mismo.

Que lo disfrutaron.


Habían pasado semanas desde que se dieron ese segundo beso y ambos decidieron darse una oportunidad para tener algo.

Y desde entonces no han hecho nada más.

Konrad se sentía frustrado, por decir lo menos. Pensaba constantemente en la relación que Fulgrim tenía con Ferrus y no podía evitar hacer la comparación. Ambos eran tan unidos, a donde iba uno el otro lo seguía. Además de ser tan físicos, parecía que no podían estar cinco minutos sin saltar a los brazos del otro.

Por otro lado él y Vulkan eran todo lo opuesto. Desde ese beso en su habitación ya no habían hecho nada más. No más besos, ni abrazos, carajo ni siquiera un apretón de manos. Konrad se estaba desilusionando rápidamente. De verdad había creído en Vulkan cuando le propuso darse una oportunidad para su relación pero ahora se daba cuenta de lo crédulo que fue.

Ahora solo lo miraba llenar papeles en su escritorio, mientras él se recostaba en el diván de su oficina. Tan aburrido, si quisiera ver procesos burocráticos todo él día hubiera empezado a salir con Guilliman.

Vulkan soltó los papeles que sostenía y lo miró directamente. —¿Hay algo que te molesta?

—Hmph, ¿qué me delató?

—No es momento de juegos, Konrad. Te estoy preguntando seriamente, ¿qué te molesta?

Se sentó derecho en el diván y lo miró con sus ojos negros. —Y todavía tienes el descaro de preguntar. Tú fuiste el que me propuso empezar a salir ¿y luego actúas como si nada hubiera cambiado? ¡Solo nos besamos esa vez en mi habitación y actuaste como si nunca hubiera pasado!

Lágrimas de ira y frustración se acumulaban en sus ojos. Estaba muy herido. Vulkan solo lo miró con sus ojos abiertos con sorpresa y luego su expresión cambió a una avergonzada.

—Lo lamento. De verdad lo hago. No era mi intención hacerte sentir así...

—¿Entonces qué pretendías con eso?

—Yo esperaba que fueras tú quien quisiera dar el siguiente paso —inundado por la pena su voz era más baja ahora.

—¿Cómo dices? ¿Por qué esperabas a que yo hiciera el siguiente avance?

—Pensé que era lo más lógico. Sé que no te gusta el contacto físico y todas las veces que tuvimos un acercamiento fue porque tú lo querías y tomaste la iniciativa. Creí que si ahora yo me acercaba a ti primero estaría violando tus límites y te incomodaría.

Tenía que admitir que tenía un punto. Los sentimientos antes desbordantes de Konrad se calmaron y ahora solo miraba a Vulkan con atención. —Entonces no quisiste hacer nada ¿por mí?

—Básicamente. Tomé esa distancia considerando tu comodidad, pero solo hice que te sintieras ignorado, lo siento de verdad.

—No, está bien... En realidad, te agradezco por pensar en eso, no creí que eso fuera tan importante para ti.

—Claro que lo es, quiero estar cerca de ti, pero también respeto tus límites y no pienso obligarte a hacer nada que no quieras. Eso es fundamental en una relación.

—No se que es "normal" en una relación. Mis únicas referencias son Fulgrim y... lo que aprendí en Nostramo.

—Supongo que lo que aprendiste en tu planeta no fueron cosas agradables —Konrad negó con la cabeza—. Ya veo. Hey, ¿quieres sentarte en mi regazo?

Esa fue una pregunta que no esperaba, pero la sonrisa amable de Vulkan hizo imposible negarse. Su hermano mayor sonrió cuando se dejó caer sobre sus piernas.

—¿Estás cómodo?

—Lo estoy, aunque tu piel sigue siendo caliente como un volcán.

—¿Pero todavía te agrada?

Por fin una pequeña sonrisa se formó en sus labios. —Si, me gusta mucho.

Konrad recostó su cabeza en su pecho, relajándose con el latido de sus corazones gemelos. Su hermano pasó su brazo izquierdo por su cintura sosteniéndolo en un abrazo.

Trabajar así iba a ser algo incómodo. Pero por tener a Konrad complacido y cerca de él lo valía.


Ya han pasado cinco meses desde que Konrad fue enviado a la nave de Vulkan, dos de los cuales ya se han establecido como una pareja. El primarca de la XVIII todavía se ríe al recordar el impacto en el rostro de sus hijos cuando lo vieron darle un beso en la mano a Konrad. Parecía que el cualquier momento iban a caer por un infarto fulminante.

Aún así su legión lo asimiló rápidamente, al menos la gran mayoría. Todavía sabía de las preocupaciones que tenían sobre su relación con Konrad debido a su largo historial de muertes a su nombre. Pero el paso de largo, había visto un gran avance en él, viendo como poco a poco aceptaba optar estrategias menos sangrientas e incluso ayudándole a planear sus futuras incursiones acoplándose a sus valores de no derramar sangre humana.

Estaba realmente orgulloso de ese cambio tan importante, pues con eso también vino una mejoría en su carácter. Aún mantenía su actitud sombría y algo agresiva, pero ahora ya no estaba siempre a la defensiva. Era más abierto a la hora de hablar y ya no se mostraba tan pesimista sobre absolutamente todo y todos los que le rodeaban.

Se podría decir que ahora era más "estable" por decirlo de alguna manera.