La espera los había estado torturando por lo que en su desesperación los tres capitanes irrumpieron en la habitación justo en el momento en que tomabas en brazos por primera vez a aquel recién nacido.
Para ninguno de los recién llegado paso desapercibida la pequeña cabellera rojiza que se recostaba en tu pecho. Law no dijo nada y abandono la habitación, Luffy bufo molesto al ver sus ilusiones desaparecer pero después te sonrió y siguió al pelinegro fuera de la habitación.
Kid se había quedado inmóvil observandote, se había estado mentalizado para aquello durante meses pero la realidad lo había golpeado en un segundo. Cuando recupero la calma se acerco lentamente mientras todos los que habían ayudado con el parto abandonaban la habitación para darles privacidad.
—Acercate mas— le dijiste y el pelirrojo dudo un segundo antes de obedecer, se sentó a tu lado.
—¿Es mío?— aún incrédulo pregunto lo obvio.
—Es tu hermosa y totalmente sana hija— acariciaste la pequeña melena del mismo color que la de su padre.
—¿Una niña?—
—¿Desepcionado?— preguntaste con algo de temor.
—¿Puedo cargarla?— ignoro tu pregunta.
—Claro— con cuidado lo ayudaste a colocar a la pequeña entre sus brazos, Kid al inicio se quedó estático nuevamente pero sin dejar de observar al pequeño ser que compartía su sangre.
—Sera una poderosa guerra— sonrió —es perfecta—
Kid se quedó a tu lado todo el día, aprovechaba cualquier momento para tomar a la pequeña en brazos y la admiraba como si de su más grande obra maestra se tratará. Las otras dos tripulaciones abandonaron aquella isla después de desearte lo mejor para la recién nacida.
Esa noche mientras te preparabas para dormir después de haber alimentado a ti hija, llamaron a la puerta de la habitación. Kid entro segundos después y sin decir nada se acerco a la cama y se quedo observando al pequeño bulto que se encontraba a tu lado.
—Nunca pensé que vería una expresión así en tu rostro— soltaste y el pelirrojo te miro confundido —te sienta bien ser padre— le sonreiste.
—¿Y ahora que?— te pregunto —¿Que sucederá con nosotros?— dijo refiriéndose a los tres.
—Pues realmente no hay un nosotros— le restaste importancia —mas bien sería un ustedes o un nosotras, pero sabes que no estás obligado a nada yo misma me haré cargo de mi hija—
—¿Que clase de idiota crees que soy?— respondió —¡Desde el momento en que tenemos una hija juntos existe un nosotros!—
—Tienes un punto en eso pero tú y yo no hemos sido nada más que aliados— refutaste —no vamos a jugar a la casita y fingir que somos una familia—
—¡Nadie está hablando de fingir o jugar!— la paciencia de Kid se había esfumado —¡Es cierto que la mayor parte del tiempo me pareces exasperante pero a pesar de que quisiera negarlo me vuelves loco y no de una mala manera!— te quedaste observandolo confundida —¡Aquella noche que me acerque a ti fue mucho antes de perder el control!— cambio su expresión por una más sería —no solo quiero que seas la madre de mi hija, ¡Quiero que seas mi mujer!—
—¿Lo dices enserio?— lo miraste incrédula.
—Nunca había hablado tan enserio en mi vida— mantuvo fija su mirada en ti —no importa que me respondas, a partir de este momento, para mí ustedes son mi familia y serán tratadas cómo tal—
—Me aleje de la vida de pirata por una razón, no quiero que mi hija crezca rodeada de peligros y escapando siempre de la Marina— dijiste —tu eres todos los problemas que quiero evitar sin mencionar que nunca te he visto como algo más que un compañero—
—Entonces está bastante claro— respondió con seriedad —lo único que tengo que hacer es asegurarme de no involucrarte con problemas de piratas y hacer que comiences a verme como hombre y pretendiente— cruzo su mirada con la tuya mientras sonreía —y ya se por donde empezar—
Sin decir más se puso de pie pero en vez de salir por la puerta rodeo la cama hasta estar a tu lado, lo observabas atenta. Entonces de un rápido movimiento Kid te atrajo hacia él y antes de que pudieras reaccionar unió sus labios con los tuyos, aunque al inicio no reaccionaste poco a poco lo seguiste profundizando aquel beso.
—Esto no me parece una negativa de tu parte— se burló y abandono la habitación con rapidez antes de que pudieras replicar.
—Tu papá es un idiota— le dijiste a la pequeña a tu lado, mientras escondías una sonrisa.
La verdad es que nunca habías tenido tiempo para pensar en el amor, tu vida siempre había sido robar, luchar y escapar, pero ahora todo era diferente. Kid siempre te pareció atractivo pero no como para considerarlo un interés romántico, simplemente su cuerpo era algo agradable para la vista.
Así que decidiste que no forzarias nada, si el destino quería que estuvieran juntos así sería.
La rutina de los siguientes días consistía en qué Kid se asegurara rigurosamente de que nada te faltara, estaba a tu lado para verte ingerir las tres comidas diarias y en ocasiones se escabullia para pasar tiempo con su hija mientras tú dormías un poco. Eso sí, se aseguraba de no abandonar la habitación sin unir sus labios con los tuyos.
Poco a poco fueron convirtiéndose en una familia pero seguías sin aceptar compartir tu vida con el pelirrojo, su relación había avanzado lo suficiente para que ambos se sintieran cómodos con la presencia del otro pero a pesar de que ya habían pasado unos meses del parto, te rehusabas firmemente a dejarlo entrar a tu habitación y compartir cama.
Una mañana mientras preparabas todo para empezar a servir a los clientes, un estruendo proviniente del puerto te sobresalto; Kid, quien tenía a la bebé en brazos inmediatamente se puso de pie y te la entregó.
—Pase lo que pase, no salgan de aquí— les dijo y seguido de sus hombres salió a ver que sucedía.
Con tu niña en brazos corriste a buscar tu espada, la cual era tu arma predilecta cuando aún tenías un barco. Ocultaste a la bebé en un compartimento especial en la cocina y te preparaste para defenderte.
Pero lo que sucedía en el pueblo no era más que una de las razones por las que te negabas a aceptar al pelirrojo, los Marines habían llegado en su búsqueda.
Kid rápidamente ordenó a sus hombres que se prepararán para zarpar, no es que le fuera un inconveniente empezar un combate ahí mismo pero no podía ponerlas en riesgo. Desde la ventana observaste como su embarcación se alejaba rodeada de enemigos. Sin embargo las cosas aún no terminaban, un grupo de Marines se dirigió a tu hogar guiados por algunos de los pobladores que les informaron que el pelirrojo se hospedaba ahí.
Trataste de mantener la calma pero aquellos oficiales parecían querer inculparte de algo, por suerte habías cambiado tu apariencia o te habrían reconocido de inmediato pues tú reputación de tus días en altamar no era la mejor. Entraron creando todo un espectáculo, gritando y arrojando cosas.
—¡¿Cómo te atreviste a hospedar a ese infame pirata?!— te gritaba uno de los recién llegados.
—Dinero es dinero— respondiste con tranquilidad —la vida cuesta y no creo que ustedes me vayan a pagar cada centavo que pierdo si rechazo a un huésped— esto enfureció al hombre quien se iba a lanzar hacia a ti sin saber que mantenías tu espada oculta.
Pero fue detenido por un Marin más joven de cabello rosa, quien los convenció de que no había nada que hacer ahi después de todo Kid ya se había marchado. En cuanto abandonaron el lugar corriste por tu hija pero en el momento que la tenías en brazos sentiste una presencia tras de ti y gritaste con la espada lista para atacar.
—No te preocupes— era el mismo joven pelirosa —no diré nada— dijo haciendo referencia al color de cabello de la pequeña —ella no es responsable de nada, solo quería darte esto por la molestias y las cosas que mis hombres destrozaron— coloco una bolsa con lo que parecía dinero en el suelo.
—¿Por qué?— preguntaste incrédula ante su amabilidad, si hubiera sido otro no dudaría en entregarte como carnada para atraer a Kid.
—Eso no sería correcto, además yo creo en las segundas oportunidades y tu estás viviendo muy bien la tuya— sonrió y en ese momento comprendiste que él sabía quién eras —continua viviendo asi— se dio la vuelta y se marchó.
Suspiraste aliviada al ver qué de alguna forma todo había salido bien, sin embargo ahora había una cuestión que resolver ¿Que harías con tu relación con Kid?
El pelirrojo navego hasta asegurarse que hubiera perdido a la Marina, en ese momento cambio el curso de regreso pero esta vez atracaron el barco lejos del pueblo donde permanecerían ocultos. Bajo el cobijo de la noche, Kid se escabullio hasta tu habitación sacandote un susto de muerte.
—¡¿Que haces aquí?!— dijiste una vez que recuperaste la compostura —¡¿Y si alguien te vio?!—
—Tranquila, me asegure de ser cauteloso— le resto importancia —¿Cómo está?— pregunto refiriéndose a su hija.
—Ella está bien— suspiraste —pero esto es a lo que me refería, quieres ser parte de nuestra vidas ¿pero cuántas veces nos pondrás en riesgo?—
—Yo me encargaré de protegerlas—
—¡No! Tu sola presencia nos mete en problemas— el pelirrojo estaba por replicar pero lo interrumpirte —no estoy diciendo que no puedas ver a tu hija, nunca le negaría eso sin embargo no podemos formar una familia— dijiste con firmeza —no puedo estar toda la vida preocupada de que alguien nos ataque o secuestre para usarnos contra ti—
—Si vienen conmigo nada de eso pasara—
—¿Ir contigo?— negaste —quiero estabilidad, tranquilidad y ambos sabemos que un barco pirata no me dará eso— Kid no tenía palabras para responderte —lo mejor será que te vayas, tengo tu den den mushi así que cuando las cosas se calmen idearemos un acuerdo para que veas a la niña—
—No solo quiero verla a ella—
—No puedo, tengo prioridades en qué pensar y mi vida amorosa no es una de ellas— Kid no se daría por vencido pero sabía que esa discusión estaba perdida, conocía tu mirada y sabía que no darías tu brazo a torcer.
Sin decir más se acerco a su hija, quien dormía en la habitación contigua y le susurro palabras de cariño mientras observaba su rostro. Después se dirigió hacia a ti y coloco su mano en tu mejilla, sabías cuál era su intención pero lo dejaste continuar, unieron sus labios con dos perspectivas diferentes, tu viste aquel acto como una despedida y él lo vio como un hasta pronto.
Los días pasaron sin saber nada el uno del otro pues los Marines seguían patrullando la isla con la esperanza de que Kid volviera a aparecer. Finalmente después de un mes las cosas se calmaron así que decidiste llamarlo; está vez no hubo discusión pues él acepto tus términos para reencontrarse con su hija. Acordaron que podría ver a la niña cuántas veces quisiera pero en una parte de la isla donde nadie los descubriera, siempre y cuando llamará con antelación para permitirles preparar todo.
El tiempo transcurrió sin que pasará un solo mes en el que no se reuniera con ustedes, siempre aparecía con regalos para ambas y con dinero para ayudarte un poco con los gastos. Realmente parecía disfrutar el hecho de tener una familia esperándolo aunque tú seguías negando una relación entre ustedes. Finalmente los meses se volvieron años, cuando su hija tenía cuatro años ya no era tan necesaria tu presencia así que solo la llevabas con su padre y volvías por ella más tarde.
—Papi, yo te amo a ti y amo a mamá— menciono la pequeña haciendo sonreir al pelirrojo —¿Tu y mamá también se aman?— la pregunta lo tomo por sorpresa pero no tardó en responder.
—Claro que la amo, ustedes dos son lo más importante que tengo en mi vida— dijo abrazando a la niña a su lado quien cada vez se parecía más a él.
—¿Entonces por qué no vives con nosotras?— el mayor está por decir que era un tema de adultos cuando fue interrumpido —si vivieras con nosotros mamá no lloraría cada vez que está tu foto en los periodicos—
—¿Ella llora por mi?— pregunto sorprendido.
—Si y luego dice un montón de malas palabras, también se enoja contigo pero yo se que si vivieras con nosotros ella estaría feliz— Kid sonrió al imaginar lo que la menor le decía.
—¿Y tú? ¿Quieres que viva con ustedes?—
—¡Si!— sonrió —¡Quiero que mamá y papá estén juntos! ¡Así seremos una familia de verdad!—
Kid se quedó con esas palabras en mente hasta que llegó el momento en que recogerias a la pequeña, se despidió de su hija pero antes de que te marcharas te tomo del brazo.
—Tengo que hablar contigo— dijo, estabas por negarte cuando la determinación en su mirada te hizo dudar.
—Ven a verme cuando cierre la taberna— fue tu única respuesta.
Regresaste a tus tareas habituales y cuando ya había pasado poco más de media noche el último de tus clientes se había marchado, así que subiste a tu habitación no sin antes asegurarte de que tú hija estuviera bien. La pequeña pelirroja dormía con una tranquilidad envidiable, acariciaste su mejilla y le diste un beso de buenas noches.
Entraste a tu habitación dispuesta a prepararte para dormir, estabas cepillando tu cabello cuando lo sentiste.
—Me sorprende que tus instintos sigan siendo tan buenos— menciono el pelirrojo entrando por la ventana.
—Tienen que serlo si quiero protegerla— respondiste sin girarte pues seguías ocupada con tu cabello —¿De que querías hablar?—
—De nosotros—
—Sabes que no hay un nosotros— respondiste con rapidez —tu estilo de vida y el mío no son compatibles—
—Voy a dejar la vida de pirata— soltó y te giraste sorprendida por sus palabras.
—¿Que?— fue lo único que lograste articular.
—Lo que escuchaste, ya hice todo lo quería hacer— Kid llevaba un tiempo pensando eso, los años habían pasado y el ya había recorrido todo el océano y vivido todo lo que quería —solo me falta una cosa— lo observaste incrédula mientras el se acerco a ti —solo me faltan ustedes— se coloco a centímetros de ti pero diste un paso atrás.
—¿Lo dices enserio?—
—¡Nunca he hablado más enserio! ¡Voy a dejar de ser un pirata para estar a tu lado y darte la vida tranquila que siempre has querido!— dejaste caer el cepillo al escucharlo.
—No lo creo— murmuraste.
De un rápido movimiento Kid te atrajo hacia él, te sujeto con fuerza entre sus brazos. Al inicio te resististe pero la calidez que te rodeo te pareció demasiado reconfortante por lo que terminaste por ceder.
—Lo digo enserio, en estos años me di cuenta de que ustedes son lo único que necesito—
—No quiero que juegues conmigo, con nosotras—
—No estoy jugando, mi vida no vale si no es al lado de ustedes— al escucharlo unas lágrimas comenzaron a correr por tus mejillas.
—Promete que no te irás—
—Prometo que estare a su lado todo lo que me reste de vida— levantó tu rostro —prometo que las amare y protegeré por siempre— acerco sus labios a los tuyos —prometo que te amare por siempre— sello sus palabras con un beso y entonces supiste que hablaba enserio. Ahora serían una familia de verdad.
