El silencio después del llanto que habían escuchó aumento la ansiedad de los tres capitanes quienes con rapidez se arremolinaron alrededor de la puerta, unos minutos después Chopper les permitió pasar. Pero Kid se mantuvo en el marco de la puerta.
—Bueno yo me marcho— dijo el pelirrojo al abandonar la habitación pues desde la entrada logro distinguir la cabellera negra que descansaba en tu regazo.
Law y Luffy se apresuraron a colocarse a tu lado curiosos por el pequeño ser que sostenias en brazos.
—Es una niña— dijiste alegre pues por fin la tenías en tus brazos después de tanta espera.
—Es obvio que uno de los dos es el padre— intervino Law —pero supongo que tendremos que hacer la prueba de sangre para saber de quién es—
—Es mia— dijo Luffy sonriendo mientras la observaba.
—No puedes saber eso con solo verla— se quejo Law.
—¿Eh? Pero siento que es mia— Luffy hizo un puchero.
—Pues hay que hacer la prueba— intervino Robin quien le estaba ayudando a Chopper apreparar lo necesario.
En cuestión de segundos dos recipientes estaban preparados con un extraño líquido, se le pido a cada uno de los posibles padres que vertiera un poco de su sangre en ellos. Luego, con mucho cuidado tuvieron que hacerle un pequeño pinchazo a la bebé para obtener unas gotas de sangre y vaciarla en los recipientes.
—La sangre del padre se volver azul, en caso contrario se separara del líquido como si fueran agua y aceite— explico Chopper y todos se quedaron en silencio observando con atención mientras pasaba el tiempo necesario.
Poco a poco uno de los recipientes fue cambiando de color, mientras que la sonrisa de Luffy se hacía más grande.
—Supongo que eso es todo— Law se marchaba de la habitación, los demás lo siguieron dándoles un poco de privacidad a los padres.
—¿Cómo lo supiste?— le preguntaste sorprendida.
—Mmm solo la vi y lo supe— le resto importancia el pelinegro —estoy feliz pero no sé lo que debo hacer como un padre—
—Podrias empezar por cargarla— le tendiste a la pequeña y él la tomo con un cuidado que jamás había mostrado.
—¿Cómo se llamará?— pregunto.
—Aun no lo he pensado pero si tienes alguna idea te escucho— Luffy negó.
—Si hubiera sido niño le hubiera llamado Ace— sonrió —pero ella es mejor que cualquier comida que haya visto— no entendiste del todo sus palabras pero sabías que se trataba de algo bueno por la forma en que observaba a la bebé —Nami y Robin me dijeron que ser papá era mucho trabajo, no se que debo o no debo hacer por qué nunca he visto a mi padre pero siento que haré cualquier cosa por verla feliz, no puedo esperar para llevarlas al Sunny—
—¿Llevarnos? ¿ Para que?—
—Por que ahora viajarán con nosotros— soltó.
—Creo que hay un malentendido, no iremos con ustedes— dijiste y la mirada del pelinegro se poso sobre ti.
—¿Entonces como voy a ser su padre?—
—Recuerda que cuando hablamos del embarazo les dije que no quería más problemas con piratas y tú esperas ser uno grande, no solo eso, quieres ser el rey de los piratas— respondiste —no podemos viajar contigo por qué es muy peligroso para una recién nacida, aquí estamos bien y podemos llevar una vida tranquila—
—¿Eh? ¡Pero yo quiero verla!— replicó.
—Y lo harás, todas las veces que quieras pero tendrás que venir a visitarnos—
—¡Yo las quiero llevar conmigo!— se quejo.
—Tal vez cuando ella sea más grande y tú seas el rey de los piratas podríamos hacer un viaje contigo— trataste de convencerlo —pero solo hasta entonces, cuando hayas cumplido tu sueño. Pero ahora lo mejor será quedarnos aquí, solo imagina lo que tus enemigo o la marina podría hacernos si se enteran de que tienes una hija— Luffy guardó silencio unos segundos.
—No dejaré que nada les pase— dijo con seriedad.
—Entonces déjanos vivir está vida, yo la cuidare y si llego a necesitarte te llamaré inmediatamente—
Luffy estaba por replicar cuando se comenzó a escuchar un caos por la ventana.
—¡Luffy!— le gritó Usopp —¡Los Marines están aquí!— a lo lejos de divisaban varios barcos, alguien debió dar aviso de que las tres tripulaciones se encontraban ahí.
En ese momento el pelinegro se debatia sobre que hacer, no eran un gran número como para que no pudieran hacerles frente pero en ese momento se giro a verte y recordó todo lo que le habías dicho.
—Estaremos bien— dijiste comprendiendo lo que pensaba —es probable que si se marchan ellos los sigan—
—Volvere— fue lo único que dijo antes de saltar por la ventana y gritarle a su tripulación que se marchaban.
Todos los piratas que estaban en la isla se esfumaron en cuestión de segundos, las tres tripulaciones zarparon tomando rutas diferentes buscando que no quedará un solo marin en la isla que te pusiera en peligro.
El resto de ese día se mantuvo la taberna cerrada y te quedaste al lado de tu pequeña admirandola, el parecido con su padre era innegable ahora que la observabas con detenimiento pero sin duda era lo más hermoso que tus ojos habían visto. Los siguientes días fueron iguales, te dedicaste a recuperarte y aprender a ser madre.
Cuando finalmente te decidiste a abrir la taberna nuevamente recibiste una gran cantidad de clientes, muchos de ellos eran pobladores curiosos por conocer a la recién nacida, por suerte nada se sospechaba del padre.
Al terminar tus deberes y dormir a la pequeña un intruso entro por la ventana.
—No vuelvas a hacer eso— lo regañaste —estaba por tomar mi espada—
—¿Dónde está?— Luffy te ignoro y fue directamente en la dirección que señalaste para observar a su hija que dormía plácidamente.
—¿Dónde están los demás?— preguntaste.
—En el Sunny— entonces te entrego algo —Franky dijo que con esto podríamos vernos— era un caracol de transmisión —Nami dijo que no podríamos volver pronto así que con eso podremos vernos todos los días—
—Es una excelente idea, así no tendremos problemas con nadie—
—Pero volveré— dijo con seriedad.
—Lo se— sonreiste —te estaremos esperando—
—Si necesitas algo solo llama— señalo el caracol y luego observo una vez más a la bebé —cuidala bien— soltó antes de saltar por la ventana y desaparecer.
A partir de ese momento establecieron una estricta rutina en la que todas las noches antes de dormir se llamaban, así Luffy y su tripulación podrían ver el crecimiento de la pequeña y ella aprendía a reconocerlos. Aún era muy pequeña pero solías sostenerla en brazos mientras el pelinegro le contaba su día. Así pasaron los días hasta que tu vida cambio drásticamente poco después de que la bebé cumpliera seis meses, pues las llamadas con Luffy se habían detenido unos días antes, esperabas que todo estuviera bien pero cuando los Marines arribaron a la isla tu corazón latió con preocupación.
Trataste de mantener la calma y actuar normal pero por si acaso preparaste tu espada y escondiste a la pequeña. Unos momentos después un grupo de Marines entro a la taberna liderados por un hombre mayor, quien le pido a sus hombres que los dejaran a solas.
—¿Tu eres la madre de la hija de Luffy?— pregunto directamente e inmediatamente negaste —no mientas, que si lo haces no podré ayudarte—
—¿Ayudarme?—
—Ese maldito idiota se metió en problemas y me habló de ti, si tan solo hubiera sido un Marin como yo quería nada de esto estaría pasando—
—¿Quién es usted?—
—Me llamo Garp y soy el abuelo de Luffy— respondió y abriste los ojos de la impresión pues no esperabas que un Marin fuera pariente del pelinegro —pero ese idiota no te dijo nada por lo que veo—
—¿Decirme que? ¿Él está bien?— preguntaste angustia —hace unos días que no logramos comunicarnos—
—Esta bien, pero al parecer alguien descubrió la existencia de la niña y pronto vendrán más marines a buscarla— soltó —asi que ese idiota me pidio que las cuidara por eso vine a llevarlas a un lugar seguro—
—Pero yo no quiero irme, decidí que este es mi nuevo hogar no quiero abandonarlo—
—Eras una pirata ¿no? Así que sabes bien que pasará si las encuentran— hiciste una mueca de aceptación —normalmente no me importaría lo que te pase pero esa niña es mi familia y me la llevaré para ponerla a salvo quieras o no, tu decides si nos acompañas o la abandonas— apretaste las manos de la frustración, no tenías opción pues si las encontraban lo mejor que podría pasarte es que terminarás encarcelada pero para como estaban las cosas temias de lo que fueran capaces de hacerle a tu hija, tampoco podías oponerte tu sola al anciano frente a ti pues algo te decía que no era un Marin cualquiera —me marchare al anochecer, tienes hasta entonces para decidir si nos acompañaras—
Cuando la puesta de sol se vislumbraba en el horizonte ya habías tomado una decisión, tus maletas estaban listas y te habías despedido de tu hogar. Abordaste aquel barco que en otros tiempos hubieras evitado y le dijiste adios a la vida que tanto habías deseado. Todo el viaje te mantuviste encerrada en tu habitación con la bebé, Garp las visitaba a cada momento pues parecía realmente encantado con la hija de su nieto.
Después de algunos días llegaron a una isla desconocida para ti, desembarcaron bajo el cobijo de la noche y cruzaron un pequeño pueblo con rumbo a las montañas. Cuando el solo volvía a iluminar el cielo habían llegado a una cabaña en medio de un bosque, Garp llevaba a la bebé en brazos justo en el momento que llamo a la puerta.
Una mujer de cabello naranja abrió claramente sorprendida por la visita del anciano.
—¿Que haces aquí, Grap?— preguntó.
—Te he traído a esta niña para que la cuides, Dadan—
—¡¿Que?! ¡¿No te basto con que criara a tu nieto?! ¡No tengo edad para criar otro niño!— entonces detuvo sus reclamos abruptamente al ver a la pequeña pues su rostro le pareció muy familiar, así que con rapidez la tomo en brazos para observarla mejor —Esta niña, es hija de Luffy— dijo sorprendida.
—Necesito que las mantengas ocultas pues aquel idiota está metido en algo grande y no tardarán en buscarlas para usarlas de carnada— explico el mayor.
—¿Las?— dijo confundida Dadan y en ese momento reparo en tu presencia —¿Eres la mujer de Luffy?— te pregunto.
—No— negaste rápidamente —es una historia complicada pero soy la madre de su hija—
—Entiendo, será mejor que pasen y me cuentes esa complicado historia—
—Las dejo en tus manos— fue lo único que dijo Garp antes de marcharse.
Dadan te recibió con gusto y a pesar de sus actitud inicial se mostró encantada de tener a la que consideraba su nieta en brazos. Le explicaste la situación y ella solo rió.
—Conociendo a Luffy puede que él no te considere solo la madre de su hija— te advirtió pero no estabas de acuerdo con ella pues habías sido muy clara con el pelinegro.
Unos días después lograste comunicarte con Luffy quien no te explico nada de lo que estaba pasando pero se veía feliz de verlas, fue inevitable que Dadan no soltara un par de lágrimas al verlo de nuevo a pesar de ser solo una transmisión. Ese fue el comienzo de una nueva rutina, todos los días ayudabas a Dadan con los quehaceres de la casa y por la tarde llamabas a Luffy para que viera a la bebé, el pelinegro siempre le hablaba y sonreía a la pequeña pero lo que tú ignorabas es que no era solo a ella a quien observaba.
Así pasaron un par de años, tu hija ya caminaba y empezaba a hablar por lo que ahora podía conversar de cierta forma con su padre aunque la mayoría de lo que decía eran balbuceos inentendibles el pelinegro hablaba con ella como si realmente supiera lo que decía. Mientras que tú te habías acostumbrado tanto a estar en contacto con el pelinegro que ignorabas la manera en que se había adentrado en tu ser, Dadan solo sonreía al verlos interactuar a ambos.
Una tarde mientras estabas fuera recogiendo fruta de unos árboles cercanos, te giraste bruscamente al sentir algo extraño solo para ser rodeada por unos brazos. Luffy apareció en tu campo de visión pues se lanzó directo hacia ti y antes de que pudieras razonar algo puso sus labios sobre los tuyos en un brusco e inexperto beso que te tomo de sorpresa por lo que gritaste empujándolo aún lado mientras tu rostro se cubría de rojo.
—¡¿Por qué hiciste eso?!— gritaste entre la vergüenza de lo que acababa de suceder y la felicidad de verlo de regreso.
—¿Por qué?— el pelinegro estaba confundido con tu reacción —Sanji dijo que esa era la manera en que debía saludarte al verte de nuevo—
—Con que Sanji, eso lo explica todo— murmuraste —eso es un saludo entre parejas, no entre tú y yo—
—Pero tu eres mi pareja— te quedaste inmóvil ante sus palabras —Nami y Robin hablaron muchas veces conmigo y estoy seguro de que somos una pareja, además tenemos una hija—
—¿Que? No, una pareja no solo es tener hijos juntos, necesitan conocerse bien, cuidarse y confiar mutuamente entre otras cosas—
—¡Eso ya lo se!— replicó un poco molesto —¡Por eso se que eres mi pareja! ¡Todo eso los tenemos tu y yo!— ibas a replicar pero no dio tiempo —Se que te gusta comer pasteles, te gusta leer a la hora del atardecer, no te gusta cocinar con especias por qué te molestan en la nariz, lo que más te gusta de ti son tus ojos, los días que tienes mucho trabajo no puedes dormir a pesar de estar muy cansada, ¡Te conozco lo suficiente para ser pareja!— te quedaste atónita al escucharlo, no tenías idea de que te conociera tan bien.
—¡Pero para ser una pareja primero hay que pedirlo!— dijiste sintiéndote avergonzada al ver la forma en que el pelinegro de miraba.
—¡Entonces se mi pareja!— soltó y nuevamente volvió a unir sus labios con los tuyos —¡Te he cuidado todo esté tiempo y lo seguiré haciendo!— en ese momento entendiste todo, era cierto lo que él decía, siempre estuvo ahí asegurandose de que nada les faltará incluso le pedía a su abuelo que volviera a la isla cuando creía que podrían tener problemas, sin mencionar que no había pasado un solo día que no te quedaste hablando con él hasta dormir. No importa cuánto lo negaras, Luffy tenía razón, se habían estado comportando como una pareja desde hace algún tiempo. Simplemente te habías negado a pensar en esa posibilidad por le habías dicho desde un inicio que solo serían padres de la bebé —Listo lo dije ¿Entonces ahora somos pareja?— asentiste sin poder creer lo rápido que había cambiado la situación entre ustedes con solo verse pero el pelinergo no lo pensó más y volvió a unir sus labios con los tuyos, desde que te vio su corazón se aceleró y al unir su rostro con el tuyo amo la sensación que lo invadió y quería volver a sentirla todas las veces necesarias.
Dadan salió a buscarte al ver qué no regresabas pero una enorme sonrisa se formó en su rostro al encontrarlos en medio de dicha muestra de cariño, Luffy la vio y se dirigió hacia ella quien no tardó en derramar algunas lágrimas al verlo de nuevo.
Esa noche, los Mugiwaras pasaron tiempo en compañía de la familia de su capitán, todos estaban encantados con la pequeña que ya caminaba y se veía bastante feliz al ver a su padre en persona. Pero a nadie le pasó desapercibido que no importaba que tan lejos estuvieran el uno del otro, Luffy se aseguraba de estar en contacto contigo mayormente tomandote de la mano.
Cuando todos estuvieron listo para dormir saliste a respirar un poco de aire fresco, Luffy fue tras de ti y rápidamente tomo tu mano.
—Ahora somos pareja— reafirmó —entonces ahora pueden viajar con nosotros—
—Hiciste algo contra el gobierno otra vez ¿Cierto?— dijiste suponiendo que era lo que todos te ocultaban y por respuesta solo obtuviste la risa del pelinegro —si vamos contigo estaremos en peligro, ella aún es muy pequeña—
—Las protegeré— dijo con seriedad —no dejaré que nada les pase— te miro fijamente.
—Tengo miedo— te sinceraste —tengo miedo de que algo le pase y no sea capaz de hacer nada—
—Somos fuertes, nadie podrá hacerles daño— te quedaste en silencio ante la forma en que te miraba, sabías que sus palabras eran ciertas pues había una promesa en sus ojos de que nunca les pasaría nada.
—Iremos contigo— dijiste finalmente reconociendo que era la mejor opción.
Luffy sonrió y te trajo hacia él para besarte nuevamente, a la mañana siguiente partirían de esa isla siendo una familia.
