Una despedida adecuada


—¿Urie?

(Mierda, no...)

Urie había aprendido a morderse la lengua hasta probar sangre, todo con tal de no decir el nombre de...

—¿Sasaki?

(No).

—Me preguntaba si vendrías.

(Vengo todos los domingos, eso lo sabes...)

—¿Qué haces aquí?

¿Tenían que tener esa conversación ahí? Haise era un hombre buscado, después de todo. Y Urie...

Él solo no quería hablar con su ex superior, Sasaki -Ken Kaneki- frente a la tumba de...

De...

—Shirazu siempre fue amable conmigo.

(Si, y justo te acordaste ahora, que medio país habla sobre ti en internet...)

—Shirazu era amable con todos —comentó Urie, a sabiendas de que eso no tenia nada que ver con Ken Kaneki en cuestión.

—Si, hasta con prostitutas ghouls, según sé —añadió Kaneki Ken, haciendo una mueca que pretendía ser una sonrisa.

Urie miró de reojo la tumba de Shirazu, como si le pidiera disculpas por tan extraño y desagradable espectáculo.

Mantuvieron silencio. Haise no llevó ofrendas a la tumba, eso hizo aún más inverosímil la mera posibilidad de que estuviera ahí por su pupilo muerto.

Urie quiso golpearlo.

...Haise no podía ser tan imbécil como para solo pensar en ese lugar para hablar discretamente con Urie.

O tal vez sí.

—¿Qué quieres? —volvió a preguntar, finalmente.

—Urie...

—Te hacía afuera del país. Varios periodistas apoyaban esa teoría.

—Estoy pensando...En qué hacer.

—Si te quedas por más tiempo aquí, tendré que informar al TSC.

—¿Frente a Shirazu, Urie?

Urie sintió un escalofrío. Como si la mano fantasma de Ginshi se posara en su hombro. Pero tenía que preguntar.

De nuevo...

—¿Por qué? ...Te dimos nuestro pésame.

(Y no solo eso).

Urie y Saiko reescribieron informes, borraron grabaciones de seguridad, amenazaron y sobornaron a testigos que eran capaces de dar problemas con las versiones más intensas de lo que sucedió con Tsukiyama Shuu.

—Yo no te dí ni eso cuando Shirazu murió. Si mal no recuerdo, te culpé y te hice llorar. Tenía otras cosas en la cabeza y eran lo único que me importaba.

(Basta).

Urie se alegró de ser Quinx. Solo una fuerza sobrehumana como la que conllevaba serlo, podía evitar que golpeara a Ken Kaneki.

—Tú...

—En ese punto no era yo. No ese yo. Haise...

—Ah.

Urie se mordió el labio inferior. Pensó en cómo mandar un mensaje de auxilio disimulado a Saiko pero, ¿era necesario?

Su orgullo no distaba mucho del que tuvo de joven. Había aprendido a las malas que era mejor rodearse de sus compañeros, mientras que aún los tenía.

Y Haise se lo había enseñado.

Haise Sasaki, no Ken Kaneki. Urie también había aprendido a diferenciarlos con años de reflexión.

No era la primera vez que Ken se le acercaba. Fue casi liberador aprender a llamarlo así. Ken. No "Haise".

Todo dolía menos de aquella forma. Eran noticias viejas. Ken se lo aclaró en diferentes instancias, durante encuentros donde el TSC hacía sociales con el Frente Unido. También en una que otra cena a la que Saiko arrastró a Urie.

Solo una copa de vino y Ken se sentía con derecho a abrir viejas heridas. Como si no pudiera permitir que al menos Urie terminara de sanar.

Como si quisiera que su recuerdo todavía escociera. Por años y años. Para siempre.

Causar dolor era más embriagador para Ken Kaneki que cualquier bebida alcohólica. Era obvio.

Y Urie...

No importaba si era Haise o no. Le quedaba a Ken Kaneki un dejo, como si se hubiera comido a Haise y Urie, por ende, no pudiera negarle ese nombre, excepto haciendo una gimnasia mental, que empezaba a funcionar hasta...

Que pasó eso.

—Haise se fue a dormir y para el Ángel Oscuro, Shirazu no era nadie. O mejor dicho...Él...era una aberración voluntaria. Todo lo contrario a nosotros. Un ser lleno de odio que había sucumbido a su propia violencia. Su muerte no me significó nada. Pero la exprimí...Supe que si te humillaba, Saiko y Tooru me escogerían. Y nadie sospecharía nada de mí. Solo verían una escena recurrente...Maximizada, si. Pero eso solo lo sabrías tú.

Urie apretó su puño.

—Ya lo sé.

—...Pero es curioso. Con los meses y años, si, fui recuperando algunos recuerdos de Shirazu. Cosas tontas. Como que me pidió que lo ayudara a arreglar su motocicleta y luego la destrozó durante una misión. Me dijo que quería ser como yo. Y ahora pienso...¿Te imaginas?

(No quiero imaginarlo).

—Sasaki...

—Haise se fue a dormir hace casi veinte años. Ustedes eran niños pero lo aceptaron. Antes o después.

Urie hizo una mueca. No era tan fácil, desde luego. Pero no iba a ser el que reclamara a un demente.

—No hay nada que te indique como culpable de la desaparición de Tsukiayama Shuu —añadió, finalmente.

El sol comenzaba a salir. Casi no había nadie en el cementerio. Urie casi agradeció que fuesen tan pocas las viudas y los hijos de los Quinx, lo suficiente como para que esa zona del camposanto estuviera vacía.

—¿Desaparición?

—Saiko habló con Touka.

—No he visto a Touka.

—¿No?

...Urie no quiso sonar esperanzado. No frente a la tumba de Shirazu. No frente a la fotografía de cuando lo ascendieron en una ceremonia formal y su colega estaba feliz, porque fue la primera y última vez que tuvo motivo de usar traje.

(No).

—No. No podía dejar que la relacionaran conmigo en eso.

—Pudiste hablarle en lugar de desaparecer.

—Es lo mejor —aseguró Haise, encogiéndose de hombros. Urie quiso golpearlo.

—Ichika no era tu única hija.

—Pero demostró lo bien que se me da ser padre. Touka puede casarse otra vez, es joven y muy codiciada entre los nuestros. Incluso afuera. Desde que preside tantas organizaciones de caridad y hace el reality de la cafetería, soy muy poca cosa para ella. Ahora tiene más material bizarro para sus horas en Ghoultube.

Saiko había obligado a Urie a ver varios videos de Touka, aunque él no seguía su canal. Si bien las palabras de Sassan no estaban excentas de un resentimiento muy íntimo, propio del que acaba de terminar con un matrimonio en el que había grandes expectativas sin satisfacer, entendía en parte lo que decía. Hasta a él le había costado creer que una mujer tan callada, que a lo sumo profería una que otra blasfemia en apariencia aislada, fuese capaz de proferir discursos tan venenosos en indirectas que sin lugar a dudas, estaban dirigidas a su propio esposo.

La situación era así. Antes...

—Perder a un hijo...

—No. Urie. Yo no "perdí" a Ichika. El mundo lo hizo. Ella era lo mejor que yo hice. Sin ofender.

—No me ofendo.

Parecían solo dos extraños, hablando. Hasta cierto punto, lo eran. Urie hizo lo que pudo por Sassan y su esposa. Denunciaron la desaparición de la joven a las pocas horas de que acaeciera. Su padre tenía sospechas y las comunicó. Ya había hecho su propia búsqueda. No pasaron ni las veinticuatro horas.

Urie mandó a llamar a Tooru, su colega había llegado a la capital justo para recibir la noticia de los últimos hallazgos. No estaba seguro de si tuvo algo que ver con la desaparición posterior de Tsukiyama.

La muerte de Ichika fue confirmada por su captor. Tsukiyama Shuu dijo en la estación del TSC que solo esperaba a Kaneki. Confesó secuestrarla, violarla y comerla. Tenía un video, grabado en una de sus propiedades subterráneas. Tsukiyama, un diplomático famoso, incluso había explicado a Urie que "tuvo que trazar ese plan ni bien supo que Touka estaba embarazada". En sus palabras había un deseo que solo cuadraba con el del viejo criminal a cuya familia el CCG cazó justamente.

(Tan justo como puede serlo un pequeño genocidio).

Urie no lo lamentaba. Ni la caída de la casa Tsukiyama originalmente, bien conocidos por cebarse en carne de humanos secuestrados y torturados entre subastas para los ghouls más ricos. Menos que menos lo que vino después de una ley de punto final creada exclusivamente para dictadores, caníbales y ambas cosas en todo el puto mundo.

¿Cómo no sentir superioridad moral ante eso? ¿Cómo? ¿Por qué?

Imposible.

Tooru era la que tenía más trato con Ichika, después de Saiko. Él solo se dejaba llevar por ese rol de (literalmente) "tíos sintéticos de la jovencita", como si ella no hubiera tenido una cuantiosa familia ensamblada cuidándola y por desgracia, un acosador que ya en la juventud de su padre hubiera querido degustarlo.

La primogénita de Sasaki era su viva imagen. Hija del diplomático ghoul más famoso, contra los deseos de sus padres, había decidido inscribirse en el TSC. Su conteo celular la hacía más humana que Urie incluso aunque eso era un misterio que el doctor Shiba ya no estaba para desvelar. La muchacha había sido un híbrido con menos de la mitad de su ascendencia como caníbal.

Urie vio a Ichika Kaneki caminar por los pasillos frente a su oficina en más de una ocasión. Su corazón casi se detuvo. La chica tenía los cabellos negros y blancos, una sonrisa fácil aunque contrariada, como si su legado le pesara inmensamente. Había llegado a la organización tal vez con la idea de que adaptarse le sería difícil pero recibía el visto bueno con más frecuencia que Urie mismo en los tiempos de Haise, ya que el ambiente se había vuelto tolerante.

Ichika se parecía tanto a Sasaki que dejaba muy atrás a Ken Kaneki. Su padre se había convertido en una criatura de ojos opacos y cabellos amarillentos, anciano antes de tiempo, demasiado flaco y de aire esquivo, como si no terminara de entender o de interesarse por la vida a la que había vuelto desde el estómago de un monstruo que era él mismo.

O así fue. Antes.

Saiko tuvo muchos problemas y poco interés en llevar adelante un embarazo. Su cuerpo favoreció su reluctancia y Urie se quedó sin descendencia. Tenían trabajos demandantes y a veces, al llegar el final del día, a ambos les sorprendía estar vivos. A medida que se hicieron más adultos, no tener hijos por los cuales redactar un testamento y pedir favores a colegas, era un alivio. Saiko compraba consolas y simuladores de realidad virtual con lo que decía que hubieran costado unos pañales, colegiaturas y universidades.

Urie...

Urie no la contradijo. Lo pensó y lo pensó. Había trabajado en su envidia por los padres. Como Takeomi y...Haise. Ken Kaneki.

Si.

Hasta que...

Veinte años pasan muy rápido. Dieciocho todavía más. Un día, la amante de Haise estaba embarazada. Al otro, era su esposa. Solo poco después, la niña caminaba por el parque con ellos. Ni tan poco después, la niña tenía ya aspecto de jovencita y mandó solicitud a la Academia del TSC.

Que la Muerte se asomara a mitad de esa historia para convertirla en el final, fue un golpe bajo. No se necesitaba ser padre para entender.

Urie y Saiko hicieron lo que pudieron. Como agentes del TSC no hubieran ido por una solución clandestina pero...No necesitaban hacerlo. Solo permitir que Haise lo hiciera y cubrirlo.

Si Urie hubiera tenido una hija y se la hubiesen quitado, ¿habría estado en la tumba de un colega, esperando la reacción de su...?

—Haise te echa de menos.

Urie quería preguntarle qué haría a continuación. Porque no tenía caso preguntar qué había hecho Ken Kaneki con el asesino de su hija. Su desaparición lo decía todo.

Los cabellos oscurecidos del ghoul también. La apariencia enrojecida de sus labios. El rosado repentino en sus mejillas. De nuevo parecía más joven que Urie inclusive. Esa impresión lo hizo sentir...

Extraño.

Al menos los noticieros daban información sobre un ghoul muy distinto a aquel en el que se había convertido Kaneki.

—¿Perdón? —no se le ocurrió qué más decir.

Kaneki sonrió. Tenía la vista perdida en la tumba de Shirazu.

—...No podía hacerlo yo. Eso que al final hice con Tsukiyama. Vengarme. Me afectaba demasiado porque va contra todo aquello en lo que yo creo. Siempre he pensado que podíamos convivir. Y en efecto, casi todos pudimos. Los que no, como Shikorae, solo se marcharon. Le dije, cuando éramos jóvenes, a Tsukiyama...Que si me fallaba otra vez, lo mataría. Pero fue tan leal conmigo, hasta cuando yo no era yo...Si no fuese Ichika...

(¿Si fuera Touka, no importaría?)

—¿Tú?

Kaneki asintió.

—Haise despertó. Porque mi vida parecía un sueño pero era una pesadilla. Él me mandó a dormir. Un rato. Lo suficiente. Sabíamos que no era cuestión de morir. Tsukiyama nos recibió con el afecto de siempre. A Haise. No lo entendía. O ya se había entregado a nosotros. Sin embargo, Haise era un cazador de ghouls. Más metódico de lo que yo nunca podría ser.

—Si.

Lo dejó desahogarse. Urie se dio cuenta, por las palabras abstraídas de Ken Kaneki, que su ex superior solo quería hablar con alguien. Y que cualquiera hubiera servido.

Tal vez Urie ni siquiera era el primero con el que tenía esa incómoda charla.

—Haise despertó para arrojar a Tsukiyama al vacío. Como yo nunca pude. Y esta vez, nadie entregó la vida para salvarlo. Ichika se dio a sí misma, tal vez, para condenarlo por fin. Tsukiyama dijo que eso nos uniría, pensé que eran patrañas pero...Haise era el único al que su daño no hizo mella. Porque Ichika no era su hija. Y yo no era él. No más que en los sueños donde yo era un niño y le hablaba desde el abismo.

—Ya veo.

Mantuvieron el silencio. Urie pensó que ya podría preguntar. Kaneki, no obstante...

—Él te mandó saludos.

—¿Tsukiyama?

La posibilidad más absurda. ¿Acaso Tsukiyama sabía que Urie solo lo recordaba por el tráfico sexual de su familia? ¿Por una emboscada donde una de sus vinculadas casi se lo comió?

...Para Urie era difícil disociar. La noche en la que perdió a Shirazu y a Haise. En cierto modo era culpa de Tsukiyama pero culparlo a él, no era muy diferente de culpar a todos los ghouls. ¿Lo enfermaba que trataran mujeres? Si. ¿Los odiaba por tocar a Tooru? Tanto más. ¿La muerte de Shirazu fue culpa de ellos? ¡Si!

Y sin embargo, las últimas palabras de Haise (si aún era él cuando despreció a Urie frente a sus colegas), todavía le infundían remordimiento. Porque si hubiera sido más fuerte...

—Haise. Haise te mandó saludos.

—Ah.

Nadie queda bien luego de que un "amigo" viola y mata a su hija. Urie se debatió mentalmente. Le diría a Saiko del episodio pero no harían informe formal. Podía ordenar que las cámaras cercanas borraran sus archivos, incluso ella podía encargarse...

—Él te amaba. A su manera.

(Ah, mierda).

—No podía. Contigo. ¿Sabes? Con nadie. Pero estuvo bien. Si se hubiera quedado, solo te habría tratado peor. Porque no encajaba en tu mundo, nunca lo hizo. Pero era injusto. Él te mostró las cuerdas, ¿y luego solo se iría? No era justo.

(Pensé que no te importábamos. Ni yo, ni los demás).

—Al principio le molestó que te acostaras con Shirazu. Pero sabía que era lo más correcto. Solo...juntarlos y desaparecer. Entonces, Shirazu murió y Haise supo que solo te había dado algo para que te lo quitaran. Sintió tanta culpa que prefirió desaparecer. Dormir...Soñar. En mi lugar.

Urie apretó el puño.

(Eso es demasiado, viejo).

—Me cogiste. Esa noche.

La sonrisa de Haise era triste. Él se encogió de hombros, incómodo.

—Fue la última vez. Estabas ahí, lo deseabas. Sabía que nunca más lo haría. Ni contigo ni con otro hombre. Por eso. Quería que entendieras lo mal que está dejar que aquel al que amas muera. Estaba enojado contigo y me pasé de la raya.

(Si).

—¿Y? ¿Qué tiene que ver con tu hija?

—...Todo. Ichika nació porque yo necesitaba que Touka se quedara conmigo. Ella era mi lugar seguro, contigo yo solo podía ver cómo perdías todo lo que te daba y te convertías en algo...Sin ofender, Urie...Peor que yo.

—¿Viniste aquí solo por eso?

(Vete).

Era como una mofa a la memoria de Shirazu. Él había tenido suficiente. Con el ghoul en su propia sangre y con otro arrodillado en su tumba, diciendo estupideces. Con los que lo mandaron a morir.

Con todo.

—¿Perdonarías a Haise, Urie? Él...no debió existir. Pero las raíces de Haise empezaron a echarse hasta el fondo de mi ruina mucho tiempo antes de lo que piensas. Se podría decir que mi futuro quedó decidido cuando un sádico me amarró a una silla y decidió que sería su juguete. Él me inspiró a ser mejor. Haise nació cuando creí que eso podía cambiar. Que un lado sería igual que el otro, en tanto protegiera a mi gente. Tú...eras parte del pensamiento de Haise. Hasta que recordó más. Y torturado por sus errores y culpa, me dejó a mi al mando. Para hacerme cargo de su pasado.Y crear un futuro tolerable. Donde ya no sintiéramos tanto dolor.

Urie estaba al borde. No iba a golpear a un padre que había perdido a su hija y que presuntamente, se comió a su asesino. No es que no quisiera.

Eran los sentimientos de cuando Haise se fue. Lo detestaba pero en efecto, él nunca pudo hacer otra cosa. No era humano ni lo intentaba. Desde mucho antes de conocer a Urie. Solo se dejaba caer.

Y al final, cayó en la traición. Lo cual era comprensible.

Urie se volvió fuerte soportando los abandonos de Haise.

Y eso...fue suficiente.

—No. Jódete. Vete y no vuelvas.

—Ya...

—Una cosa más.

—¿Si?

Urie suspiró.

(Esto es estúpido y no cambiará nada pero...)

—Discúlpate con Shirazu.

—¿Qué?

—Si.

—Pero...Él no puede escucharme.

—Con su Memoria.

—Ah...

—Si.

—Bueno...

Haise se volvió de nuevo a la tumba. Pero de inmediato le molestó a Urie el tono prepotente que adoptó.

—Lo siento, Shirazu. Lamento que Urie te dejara morir porque era débil y por eso no estás aquí para escucharme decir esto. Si de algo sirve, ahora tu ex es heterosexual, ustedes no iban a durar mucho más.

(Mierda).

Urie sacudió la cabeza. Hizo una anotación mental para hacerle mejores ofrendas a la tumba de su amigo.

Haise se volvió hacia él.

—¿Suficiente?

—Jódete, en serio.

—Obtener redención contigo no es fácil.

—No viniste a pedir eso.

—Si...

—¿Quieres dinero?

—Me sería útil.

—Puedo depositarte con GhoulCoins pero después tienes que desaparecer. Y de verdad. Tú, Haise, todos los que vivan dentro de ti.

—¿Y?

—No volver a la tumba de Ginshi. Nunca más.

El viejo ghoul puso los ojos en blanco.

—Ya.

Cerraron con la transferencia remota de Urie, quien usó un celular al que Saiko había pegado calcomanías de Pokemon.

Y fue la última vez que vio a Sassan o lo que quedaba de él. Para bien.